Marinette pasó el resto del fin de semana investigando sobre Gabriel Agreste, bajo la atenta mirada de Tikki. Tenía un libro sobre él, que le habían regalado sus amigos en su último cumpleaños. Ya lo había leído entonces, pero ahora volvió a repasarlo, esta vez con mayor atención.
Gabriel Agreste había sido un completo desconocido para el mundo de la moda hasta que se había cruzado en el camino de Audrey Bourgeois, una de las críticas más influyentes del mundo. Ella lo había sacado del anonimato y le había dado la oportunidad de compartir su talento con los demás.
Marinette pasó las páginas del libro, que repasaba la trayectoria de Gabriel Agreste, sus colecciones más famosas, los hitos de su carrera, los premios que había recibido… No hablaba mucho de su vida privada, sin embargo. Se mencionaba brevemente su matrimonio con Émilie Graham de Vanily y poco más. Dado que el libro había sido publicado antes de la muerte de ella, no mencionaba aquella circunstancia.
Marinette se detuvo en una de las páginas del final, donde había una foto de Adrián posando con uno de los modelos de su padre. En su día le había encantado encontrarlo allí, pero ahora fue consciente de lo jovencísimo que parecía. (¿Cuántos años debía de tener en aquella imagen? ¿Diez? ¿Once?). Ahora que sabía que aquello no era algo que él hubiese elegido, y que en el fondo no le gustaba ser modelo, Marinette volvió a contemplar la fotografía con el corazón encogido. El padre de Adrián había estado manipulándolo desde niño para que hiciese lo que él quería, sin que el chico fuese consciente de ello, muchas veces en contra de sus deseos, sacrificando incluso su propia felicidad.
Eso era algo típico de Monarca también, pensó Marinette.
Cerró el libro, dispuesta a seguir buscando información en otra parte. Como ya era de noche, se llevó la tableta a la cama para navegar por internet con comodidad.
Buscó noticias sobre Gabriel Agreste, especialmente de los últimos años. Las más recientes tenían que ver con su colaboración con Industrias Tsurugi para la creación de los anillos Alliance, pero Marinette estaba interesada en la época en la que había aparecido Hawk Moth por primera vez. Tal como ella recordaba, por aquel entonces Gabriel Agreste estaba recluido en su casa y había dejado de asistir a eventos públicos, desolado por la pérdida de su esposa.
Marinette retrocedió un poco más en el tiempo, hasta encontrar las noticias que relataban aquel suceso. Describían cómo, tras caer enferma, Émilie se había ido apagando poco a poco, y finalmente había fallecido, a pesar de todos los esfuerzos de su esposo para evitarlo. Al parecer, habían consultado a los mejores médicos y acudido a las clínicas más prestigiosas; pero nadie había sido capaz de descubrir el origen de la misteriosa enfermedad de Émilie ni, por supuesto, encontrar una cura para ella.
Marinette contempló, pensativa, una fotografía del funeral de Émilie, en la que se veía a Gabriel y a Adrián, los dos vestidos de luto. El chico se mostraba desolado y muy perdido. La mano de su padre reposaba sobre su hombro, en un gesto que pretendía parecer consolador, pero que a ella se le antojó posesivo, casi de una cierta agresividad pasiva. Se estremeció.
Tuvo una idea de pronto.
—Tikki —murmuró.
—¿Sí, Marinette? —preguntó ella.
—Si alguien combinase los prodigios del gato y la mariquita para pedir un deseo… ¿podría hacer que una persona que murió… volviese a la vida?
—Sí —respondió Tikki con prudencia—, pero habría consecuencias. Para empezar, que otra persona debería morir en su lugar…
—Sí, sí, eso lo sé —interrumpió Marinette—. Es solo que… ¿sabes por qué me costaba creer que Gabriel Agreste pudiese ser el Monarca? Porque es un hombre que ya lo tiene todo, así que… ¿para qué iba a necesitar los prodigios? Pero se me acaba de ocurrir… que perdió a su esposa hace algo más de un año, y que Adrián siempre ha dicho que él no había vuelto a ser el mismo desde entonces. Si fuese la identidad secreta de Monarca… ¿crees que esto sería lo que está intentando hacer? ¿Resucitar a… la madre de Adrián?
Tikki y Marinette cruzaron una mirada.
—Y si fuera así —planteó el kwami, verbalizando lo que estaban pensando las dos—, ¿cómo se lo vas a explicar a Adrián? También él echa mucho de menos a su madre, ¿verdad?
Marinette enterró la cara entre las manos.
—Esto es muy complicado, Tikki. Ojalá estemos equivocadas. Porque, si el señor Agreste resulta ser Monarca…, Adrián va a sufrir muchísimo. Pase lo que pase.
—Sí —murmuró Tikki, abatida—. Pero tal vez no sea así, ¿no te parece? Adrián te dijo que su padre estaba cambiando. Que estaba ahora más animado, y pasaba más tiempo con él… Y ha vuelto a dejarse ver en público. Si por fin está superando la muerte de su esposa… no puede ser Monarca, ¿verdad? Porque él sigue akumatizando gente y buscando los prodigios.
—Hum. —Marinette volvió a buscar en internet las noticias sobre el lanzamiento de los Alliance—. Es verdad que está trabajando mucho últimamente. Y este proyecto conjunto con la señora Tsurugi… Un momento —se detuvo.
Tikki la miró con curiosidad.
—¿Qué?
—Estos anillo que todo el mundo lleva…
—¿Sí?
—Si Gabriel Agreste fuese Monarca, y los hubiese creado él… ¿crees que lo habría hecho… con algún propósito?
—¿Qué quieres decir? Su trabajo es diseñar cosas, ¿verdad?
—Lo plantearé de otra manera: si supieses seguro que los anillos Alliance han sido creados por Monarca… ¿tú usarías uno?
Tikki se estremeció.
—La verdad es que no.
Marinette frunció el ceño.
—Yo no llevo porque sé que tienen geolocalización. ¿Recuerdas cuando me probé el Alliance de Soqueline? Ese cacharro registró todo el trayecto que hice como Ladybug. Imagina que toda esa información… estuviese al alcance de Monarca.
—Pero los datos de los aparatos electrónicos son privados, ¿no? —preguntó Tikki tras un instante de reflexión.
—Deberían serlo, pero… ¿y si de verdad Monarca está detrás de los anillos Alliance? Bueno, tal vez la señora Tsurugi no le permitiría acceder a esos datos, pero…
Frunció el ceño, pensativa. Acababa de recordar que Darker Owl se había presentado en la tienda de Socqueline, creyendo que ella era Ladybug, justo después de que Marinette hubiese usado su Alliance. Era verdad que su amiga solía disfrazarse como Ladybug y se hacía pasar por ella, pero, ahora que lo pensaba, eso solo no explicaba cómo la había descubierto Monarca.
Sacudió la cabeza.
—Me estoy volviendo paranoica. ¿Sabes una cosa, Tikki? Les preguntaré a Max y a Markov el lunes en el colegio. Seguro que entienden mejor que yo cómo funcionan esos anillos. Y mientras tanto…
Se detuvo un momento, asaltada por una súbita idea. Se preguntó de pronto qué pasaría si Cat Noir llevase uno de aquellos anillos, y Monarca lograse localizarlo a través de él. Después recordó, aliviada, que Adrián nunca se había puesto un Alliance, que ella supiera, probablemente porque no le gustaba la idea de que el asistente virtual fuese exactamente igual que él. Entonces pensó en Luka. Había hablado con él hacía un rato, por teléfono, para agradecerle todo lo que estaba haciendo por ellos, y por París. Ella nunca había dejado de usar su móvil, pero si Luka…
—Luka tampoco usa Alliance —recordó de pronto, con un suspiro de alivio.
Tikki la miró con preocupación.
—¿Crees que Monarca podría espiaros a través de esos anillos?
—No lo sé, pero, si que los ha creado él…, no podemos confiarnos. Y también tendría que hablar con Cat Noir al respecto. Para que tenga cuidado. Si…
Tikki se escondió súbitamente bajo la almohada, justo antes de que sonaran unos tímidos golpes en el cristal. Marinette alzó la cabeza con sorpresa. Como si acabara de invocarlo, su compañero felino acababa de presentarse en su balcón.
Ella apagó la tableta y le indicó que podía pasar. Cat Noir abrió la ventana y se dejó caer a su lado, con una sonrisa de disculpa.
—¡Hola! —saludó Marinette—. No te esperaba hoy. ¿Ha pasado algo?
—No, no, solo… venía a ver cómo estabas. —Ella le dirigió una mirada interrogante, y él añadió—. Por lo de Luka. Porque se ha tenido que ir… por nuestra culpa.
Marinette tenía tantas cosas en la cabeza que apenas había tenido tiempo de asimilar que tardaría mucho en volver a ver a su amigo. Le pareció muy tierno que Cat Noir hubiese pensado en ella, y en lo mucho que lo echaría de menos. Después recordó que él era Adrián, que también era amigo de Luka, y que sin duda necesitaba hablar con alguien de lo que había sucedido el día anterior.
—Sí, yo… Todo ha pasado muy deprisa —murmuró—. Todavía no entiendo cómo pudo suceder. ¿Es verdad que Luka descubrió tu identidad… y la de Ladybug?
—Sí, eso parece —respondió él. Todavía se mostraba perplejo, y Marinette podía comprender muy bien por qué—. Se debe al poder que tenía como Viperion. El de manipular el tiempo. Entonces… —Se detuvo un momento, confundido—. Espera, tú sabías que Luka era Viperion, ¿no?
En realidad, en teoría Marinette no debía saberlo. Pero no tenía sentido preocuparse por eso ahora.
—No importa, porque de todos modos ya no lo es, ¿verdad? —respondió con un suspiro—. Porque todos los prodigios los tiene Monarca, así que, aunque Luka pudiese quedarse en París, ya no volvería a ser un superhéroe.
Cat Noir le tomó la mano con una sonrisa tranquilizadora.
—No tiene todos los prodigios —le recordó—. Y algún día lo derrotaremos, y recuperaremos todos los que faltan. Y entonces Luka podrá volver.
Marinette le devolvió la sonrisa, pero seguía preocupada. Luka podría volver cuando Monarca fuese derrotado, pero… ¿qué sucedería con Adrián, si su enemigo resultaba ser Gabriel Agreste?
Clavó su mirada en la de Cat Noir. Él le sonreía con cariño, y sus ojos verdes estaban repletos de ternura. Marinette le echó los brazos al cuello y lo estrechó con fuerza contra ella. Un poco sorprendido, él la abrazó a su vez.
—Todo saldrá bien —le dijo al oído—. Te lo prometo.
Ella sintió ganas de llorar. Había muchísimas cosas que quería contarle, pero su necesidad de protegerlo era mayor que su deseo de sincerarse con él.
—Ya que has venido —le dijo, sin embargo—, ¿te quedarás un poco más?
Cat Noir vaciló. Había corrido un gran riesgo acudiendo a visitarla, y ambos lo sabían.
—De acuerdo —dijo por fin, y se sentó a su lado.
Marinette se acomodó junto a él. A ambos les pareció natural que el chico rodease la cintura de ella con el brazo.
—Siento de veras lo de Luka —dijo Cat Noir—. Sé que sois muy buenos amigos. Y que estuvisteis…
—¿Saliendo? —completó Marinette—. Sí, es verdad. Y me da mucha pena que se marche. Pero me preocupa mucho que estuvieron a punto de akumatizarlo, y él conocía tu identidad, y la de Ladybug. Si no hubiese sido lo bastante fuerte…
—Somos afortunados, entonces. Porque era Luka, y no otra persona que hubiese podido rendirse antes, aunque no tuviese la intención de traicionarnos.
—Es difícil resistirse —murmuró Marinette—, cuando lo oyes hablar en tu cabeza. Yo misma…
No terminó la frase, pero recordaba muy bien que había estado a punto de quitarse los pendientes, solo porque Monarca se lo había pedido. Si Cat Noir no la hubiese besado en aquel mismo momento…
Se ruborizó ligeramente. No habían vuelto a besarse desde entonces, y a veces Marinette pensaba que no hacía falta, mientras pudiesen estar juntos, aunque fuese como amigos. Pero en otras ocasiones echaba de menos poder mostrarse más cariñosa con él. Sobre todo cuando se mostraba ante ella bajo la máscara de Cat Noir, porque como Adrián aún la intimidaba un poco.
—Todo estará bien —repitió él, y la besó con ternura en la cabeza—. Yo estaré siempre a tu lado para protegerte.
Marinette sonrió y apoyó la cabeza en su hombro con un suspiro. No sabía cuándo habían dejado de quedar para charlar, para ver películas o jugar a videojuegos… y habían empezado a verse simplemente para estar juntos, así, abrazados.
«A quién queremos engañar», pensó. No eran simplemente amigos. Ni remotamente.
No lo eran ni siquiera cuando ella aún no sabía que Adrián y Cat Noir eran la misma persona.
—¿Te encuentras bien? —dijo él entonces, haciéndola volver a la realidad.
—¿Cómo dices?
Cat Noir dudó un momento antes de seguir hablando, como si no estuviese seguro de si debía abordar la cuestión o no.
—Últimamente, pareces un poco distante —planteó por fin—. Más callada, más seria. Como si te preocupase alguna cosa. No tienes por qué contármelo, si no te apetece —se apresuró a añadir—. Pero quería que supieses que, si necesitas hablar… de lo que sea… puedes contar conmigo.
Ella le dirigió una mirada repleta de cariño.
—Gracias, gatito. Es verdad que últimamente tengo mucho en qué pensar, pero… estoy bien. De verdad.
Él le sonrió, algo más tranquilo. Se puso serio de nuevo, sin embargo, antes de responder:
—Si has… cambiado de idea… con respecto a nuestro… acuerdo… Podemos hablarlo sin problema.
—¿Nuestro acuerdo?
—Si no quieres esperarme…, o, si hay otra persona…, lo entiendo perfectamente. De verdad.
Marinette se quedó mirándolo, perpleja.
—¿Crees que hay otra persona?
Él desvió la mirada, un poco ruborizado.
—Comprendo que siguen pasando los días y que no parece que estemos más cerca de derrotar a Monarca. Ayer estuvo a punto de descubrir nuestras identidades, y nosotros no tenemos ninguna pista acerca de él, ni tenemos idea de cómo recuperar los prodigios perdidos. Y no sabemos cuánto tardaremos. Podrían ser semanas, o meses… incluso años. —Suspiró, abatido—. Así que, si prefieres que… dejemos de vernos… e intentarlo con otra persona… como Adrián, por ejemplo…
Marinette seguía mirándolo, desconcertada.
—¿Crees que… no estoy dispuesta a esperarte?
—No, no es eso. Es que… me siento mal por pedírtelo.
—No me lo has pedido. Es algo que hago por propia voluntad. No tienes por qué sentirte mal. De verdad. —Entonces le pareció comprenderlo—. ¿Preferirías que estuviese saliendo con… Adrián? —le soltó.
Cat Noir levantó la cabeza para mirarla, sin saber qué responder. Naturalmente, para él no habría ninguna diferencia, y Marinette lo sabía. Pero resultaría extraño que le dijese que sí, que prefería que la chica de la que estaba enamorado fuese la novia de un tercero.
Ella, no obstante, se detuvo también a pensarlo. Cuando Cat Noir y Marinette habían acordado que empezarían a verse en secreto, ella había tomado la decisión de esperarlo a él, y renunciar a Adrián a cambio. Había elegido a su compañero de aventuras, a su mejor amigo, por encima del chico de sus sueños, a quien nunca había sido capaz de confesarle lo que sentía. Pero, ahora que sabía que no tenía que escoger en realidad… ¿no sería mejor para ambos iniciar una relación sin máscara? ¿Como Adrián y Marinette?
Se imaginó a sí misma como novia de Adrián. Lo había hecho muchas veces, en el pasado, pero ahora no solo sabía que era posible, sino también que él era Cat Noir. Su dinámica había cambiado desde entonces, por descontado, porque ella se sentía más segura a su lado. Pero… ¿sería capaz de comportarse con Adrián como lo hacía con Cat Noir, con aquella seguridad y confianza? Suspiró para sus adentros. Él tampoco la trataba de la misma manera con máscara y sin ella, pensó. Probablemente se debía a la forma en que Marinette se había comportado con Adrián desde que lo conocía. Ahora, el pobre chico tenía siempre mucho cuidado de no asustarla o molestarla. Como Cat Noir, no obstante, se mostraba mucho más relajado y natural. Los dos lo hacían, en realidad.
Marinette se visualizó a sí misma diciéndole a Cat Noir que lo había pensado mejor, y que iba a aceptar la propuesta de Adrián. Una parte de ella todavía se negaba a rechazar a su gatito una vez más, como si todas las veces que lo había hecho como Ladybug no hubiesen sido suficientes. Aunque ahora sabía que probablemente a él no le molestaría, porque, después de todo, ambos eran la misma persona, a Marinette la simple idea de renunciar a Cat Noir aún le producía angustia. Se los imaginó a ambos como pareja, Adrián y Marinette, empezando otra vez desde cero. Ella tendría que fingir que no sabía quién era él en realidad, y los dos se verían obligados a actuar como si todo lo que había pasado entre ellos durante las últimas semanas… no hubiese sucedido en realidad.
«No seré capaz de hacerlo», comprendió. Y decidió que solo aceptaría salir con Adrián si, como mínimo, podía decirle que había descubierto su secreto. Solo si se le permitía hacerle saber que ella era muy consciente de que, eligiendo a Adrián, estaba eligiendo también a Cat Noir.
La única manera de arreglar aquello, decidió, era derrotar de una vez por todas a Monarca, para que ambos pudiesen sincerarse el uno con el otro y, si todo iba bien, estar definitivamente juntos, con máscara y sin ella.
«Ya falta menos», pensó. «Estamos estrechando el cerco en torno a Gabriel Agreste. Por una vez, nosotros vamos un par de pasos por delante».
—Yo prefiero estar contigo —le dijo por fin a Cat Noir—. Adrián también es muy importante para mí, pero todos estos momentos que estamos pasando juntos… no los cambiaría. Te quiero, Cat Noir.
Él se sobresaltó ligeramente, y ella recordó, demasiado tarde, que habían acordado que no hablarían de eso hasta que fuese el momento adecuado.
—Lo siento —se apresuró a decir—. Habíamos quedado en que seríamos solo amigos, y no debería…
—No —la cortó él; se quedó mirándola con tanta ternura que Marinette se quedó sin respiración un momento—. Yo también te quiero, Marinette.
Permanecieron así unos instantes, mirándose a los ojos, emocionados. Cuando se dieron cuenta de que empezaban a acercarse el uno al otro, como atraídos por un imán invisible, desviaron la vista, ruborizados.
—Esto… no está saliendo como habíamos planeado —murmuró él.
—Lo estamos haciendo bien —lo tranquilizó ella—. Solamente hemos aclarado que los dos estamos… interesados en seguir juntos. Como amigos, hasta que podamos ser algo más. ¿Es así?
—Supongo que sí —respondió Cat Noir—. Es solo que… no me gusta hacerte esperar tanto tiempo por culpa de esta estúpida máscara.
—Es lo que yo he elegido, gatito —le recordó Marinette.
Y lo había elegido a conciencia, pensó. La primera vez, sin saber que él era también Adrián. Y ahora, de nuevo, teniendo muy claro lo que estaba haciendo.
Charlaron un rato más, de cosas sin importancia, hasta que Cat Noir se quedó dormido. Marinette tomó entonces de nuevo la tableta, y continuó con su investigación. Era ya muy tarde, pero tenía tantas cosas en la cabeza que se veía incapaz de conciliar el sueño. Mientras acariciaba el cabello de su compañero, que ronroneaba suavemente a su lado, la chica encontró una noticia interesante y la leyó con curiosidad: «Gabriel Agreste convoca un año más su tradicional Baile de Diamantes, al que asistirán las personas más importantes y poderosas de París, acompañadas por sus hijos».
Marinette terminó de leer el texto y se volvió para mirar a Cat Noir, que seguía dormido a su lado. Si pudiese contárselo todo…, pensó. Sería muy práctico poder pedirle que, ya que debía acudir a aquel evento como Adrián, aprovechase para espiar al señor Agreste y…
Sacudió la cabeza para desechar aquella idea absurda. No le podía pedir que espiase a su propio padre. Se dio cuenta de pronto que, si no hubiese descubierto su identidad secreta, probablemente habría compartido aquella información con Cat Noir, incluyendo sus sospechas sobre Gabriel Agreste. Si no lo había hecho todavía era solo porque sabía que su compañero era Adrián…, el hijo del que, muy probablemente, se ocultaba tras la máscara de su enemigo.
Aquel Baile de Diamantes, no obstante, podía ser una oportunidad perfecta para descubrir qué estaba tramando el señor Agreste, si era cierto que se trataba de Monarca. Pero necesitaría encontrar a alguien que estuviese invitado al evento. Alguien en quien pudiese confiar.
Volvió a leer la noticia con atención y reparó en un detalle que antes había pasado por alto: el baile estaría presidido por el heredero de Gabriel Agreste y la única hija de Tomoe Tsurugi.
«Kagami», pensó Marinette, mientras en su mente comenzaba a germinar la semilla de un nuevo plan.
NOTA: ¡Ya estoy aquí otra vez! Dije que ahora tenía tiempo para seguir con esta historia, ¡y así es! De manera que espero actualizar a menudo, a lo largo de todo el verano y hasta que la termine, salvo imprevistos. Muchísimas gracias por vuestros comentarios ❤ .
