Kagami vio que tenía una llamada perdida de Marinette, pero no se la devolvió. Se limitó a poner su anillo Alliance en silencio, porque debía hacer importante aquella mañana, y no quería que nadie la interrumpiese.

Y mucho menos, Marinette.

Reprimió un suspiro. Estaba en la mansión Agreste, con Adrián. Su madre mantenía mientras tanto una reunión privada con el padre del chico. Acerca de la fecha del Baile de Diamantes, que Gabriel Agreste tenía intención de adelantar.

Mientras tanto, Adrián y Kagami charlaban en la cocina, ante sendos zumos. Él parecía animado en general, aunque no se mostraba especialmente entusiasmado por el baile en particular. Kagami lo observó, pensativa.

Desde el ataque de la villana akumatizada Ever After, había descubierto que en el fondo no había dejado de estar enamorada de Adrián. Y esto resultaba de lo más inconveniente porque, a pesar de que le constaba que sus respectivos padres no verían con malos ojos una relación entre ambos, lo cierto era que él no sentía lo mismo por ella.

No obstante, lo más problemático era sin duda el asunto de Marinette. Kagami había hablado con ella semanas atrás, y su amiga le había asegurado que no había nada entre ella y Adrián, que había renunciado a él y que Kagami tenía vía libre, por su parte, para tratar de reconquistarlo, si así lo deseaba.

Pero Lila le había dicho que aquello no era verdad; que Marinette seguía enamorada de Adrián, que él la correspondía y que los dos eran pareja en secreto. Y Kagami ya no sabía a quién creer.

Por esta razón había decidido sincerarse con Adrián. Y quería aprovechar aquel momento, porque estaban solos (a excepción del enorme guardaespaldas de él; pero no contaba, en realidad, porque era discreto como un mueble).

—¿Kagami? —dijo Adrián entonces, devolviéndola a la realidad—. Estás muy callada. ¿Te encuentras bien?

Ella se aclaró la garganta antes de hablar.

—Sí, yo… Hay algo que me gustaría preguntarte.

Adrián la animó con un gesto y una sonrisa. Kagami inspiró hondo y dijo:

—¿Es verdad que Marinette y tú… estáis saliendo juntos?

Él se sobresaltó.

—¡No, no, qué va! —se apresuró a responder. Pero se había ruborizado, y Kagami entornó los ojos, suspicaz—. Solo somos amigos.

—¿Me estás diciendo la verdad? —insistió ella.

Adrián hizo una pausa antes de responder. Habían tenido problemas en el pasado porque él parecía incapaz de sincerarse con ella. Ahora eran amigos y se llevaban bien, pero si Kagami volvía a pillarlo en una mentira, probablemente las cosas entre ellos se torcerían otra vez. Trató, por tanto, de separar ambas identidades, y de hablar con total franqueza acerca de lo que había entre Marinette y Adrián Agreste.

—Solo somos amigos, pero a mí… me gustaría que fuésemos algo más —confesó—. Así que seguí tu consejo y le dije lo que sentía por ella, pero… me rechazó. Porque está enamorada de otro chico.

Kagami lo miró con sorpresa.

—¿Hablas en serio?

—Eso fue lo que me dijo, sí. ¿No lo sabías?

—Me contó que vosotros dos habíais hablado, y que ella te había dicho que… no estaba interesada, sí. Pero no me dijo que hubiese otro chico —respondió ella, pensativa.

Adrián se sonrojó todavía más.

—Bueno, no están juntos-juntos, por lo que tengo entendido, y es complicado…, así que Marinette prefiere no hablar mucho del tema, porque quizá… no salga bien.

Kagami inclinó la cabeza, pensativa. ¿Quién podría ser ese chico que le gustaba a Marinette tanto como para rechazar a Adrián? En todo caso, si era verdad que su amiga ya no estaba interesada en él…, entonces ella podía mover ficha.

—Es una pena que lo vuestro no haya salido adelante —comentó—. Sé que a ella le gustabas mucho.

—Ya, pero yo no me di cuenta en su momento, y supongo que ahora… ya es demasiado tarde —respondió Adrián, apenado.

Ella lo miró un momento, dubitativa, antes de proseguir:

—En ese caso…, hay algo que me gustaría decirte.

Él la miró con curiosidad.

—¿Sí?

—Nosotros… —empezó Kagami—, es decir, tú y yo…, estuvimos saliendo juntos, y no salió como habríamos deseado. Sé que fui yo la que decidió terminar, pero el caso es que… —Se sonrojó un poco— a mí todavía me gustas, y querría saber… si podría tener… otra oportunidad.

—¿Otra… oportunidad? —repitió Adrián.

—Otra oportunidad… contigo —especificó Kagami, bajando la mirada con timidez.

Adrián no supo qué decir, al principio. De todas las cosas que había imaginado que podría querer decirle Kagami… aquella era la última que esperaba. Se frotó la nuca, azorado.

—Yo… no sabía que aún estuvieses interesada en mí —farfulló por fin.

Ella sonrió un poquito.

—Yo tampoco, pero ya ves. Así son las cosas. —Se atrevió a mirarlo, aún con una tímida media sonrisa—. ¿Qué me dices?

Adrián inspiró hondo.

—Pues… me siento muy halagado, Kagami, y te tengo mucho cariño, pero sé que, por encima de todo, apreciarás que sea sincero contigo. Y el caso es… que estoy muy enamorado de Marinette. Gracias a ti, de hecho, descubrí lo que sentía por ella.

Kagami no dijo nada. Solo suspiró con resignación, y Adrián se sintió fatal.

—Lo siento muchísimo, Kagami.

Ella sacudió la cabeza.

—Pero, si Marinette ya no está interesada en ti —razonó—, ¿qué sentido tiene que sigas enamorado de ella? —Adrián no respondió, al principio, y Kagami se dio cuenta de que quizá había sido demasiado brusca—. Quiero decir que entiendo que necesites un tiempo… para superarla, y todo eso, pero…

—La voy a esperar —cortó él—. Marinette pasó meses esperando a que yo me fijase en ella, así que tal vez…

—¿Que la vas a… esperar? —repitió Kagami con perplejidad—. ¿Qué quiere decir eso exactamente?

—Pues es que Marinette y este otro chico no están… saliendo exactamente y, después de todo, sé que yo a ella le gustaba, así que… no he perdido la esperanza de que, tal vez…, cambie de opinión en un futuro. No es que quiera que les vaya mal —se apresuró a aclarar—. Es solo que…

—Te he entendido —cortó ella.

Desvió la mirada, turbada. Sabía que existía la posibilidad de que Adrián la rechazara, por supuesto, pero había esperado que lo hiciera con un «Ya no siento lo mismo por ti», o «Ya no me gustas de esa manera». No que le respondiera que prefería esperar a que Marinette volviese a prestarle atención.

—¿Y si ella no cambia de idea? —le preguntó sin embargo.

—Yo sé que lo hará, tarde o temprano —replicó él con seguridad—. Pienso que estamos destinados a estar juntos, y que todo acabará bien para los dos, de una manera o de otra.

Kagami lo contempló con cierta sorpresa. No era propio de Adrián mostrarse tan seguro de sí mismo en temas sentimentales. Sintió cierta envidia de Marinette, porque solo ella, al parecer, había conseguido acabar con las dudas de su amigo.

Lo cual hacía que toda aquella situación fuese todavía más injusta. Si Marinette se limitase a aceptar el afecto de Adrián, si los dos fuesen pareja por fin, Kagami se habría alegrado sin duda por ellos, a pesar de los comentarios de Lila. Pero Adrián la rechazaba ahora… ¿para ser rechazado a su vez por Marinette? Aquello no tenía ningún sentido.

—Me han comentado que os lleváis muy bien —dejó caer.

—Sí, sí, somos muy buenos amigos. Marinette siempre se ponía nerviosa cuando estaba cerca de mí, porque no sabía cómo decirme lo que sentía, pero, ahora que eso ya no es un problema…, pues tenemos mucha más confianza.

Kagami lo observó con atención. Adrián parecía radiante, feliz y profundamente enamorado. Costaba creer que la chica de sus sueños lo hubiese rechazado por otro.

Había algo que no encajaba. ¿Y si Lila tenía razón? ¿Y si ellos dos estaban juntos, y Marinette no era la única que mentía al respecto? ¿Y si Adrián lo estaba ocultando también?

No tuvo tiempo de seguir interrogándolo, sin embargo, porque su madre le avisó de que debían marchase ya. De modo que se despidió de Adrián y de su padre y la acompañó de regreso al coche.

Durante el viaje de vuelta, Tomoe abordó el mismo asunto que Kagami había estado hablando con Adrián, lo cual le llevó a pensar que había estado escuchándolos. No le sorprendió, ni le molestó tampoco. Sabía que su madre tenía muy buen oído y, además, sentía la necesidad de controlar cada aspecto de la vida de su hija.

—¿Qué ha pasado entre Adrián y tú? Y no intentes convencerme de que ya no lo quieres.

Kagami se tomó unos segundos para contestar. Resultaba irónico, pensó, que hubiese tenido que mantener en secreto su breve romance con Adrián porque estaba convencida de que su madre no lo aprobaría. Y allí estaba ella ahora, jugando a las casamenteras, precisamente cuando ya no había nada entre ellos dos.

—Él está enamorado de Marinette —se limitó a responder.

No creía estar cometiendo ninguna indiscreción. Después de todo, estaba bastante segura de que su madre ya estaba al tanto de la conversación que habían mantenido los dos en la cocina.

Tomoe negó con la cabeza.

—Marinette no está a su altura. Adrián y tú sois perfectos el uno para el otro.

—Algunos nudos no se pueden deshacer —murmuró Kagami.

Su madre empezó a hablar sobre samuráis que debían cortar los nudos que no se podían deshacer, pero ella apenas la escuchaba. Porque acababa de encontrar la solución al rompecabezas.

Naturalmente: el Baile de Diamantes, el interés de sus respectivos padres por verlos juntos… Gabriel Agreste y Tomoe Tsurugi verían con muy buenos ojos que sus hijos iniciasen una relación sentimental. Sería bueno para sus negocios, también, ahora que ambos estaban inmersos en varios proyectos conjuntos. Y seguro que el padre de Adrián lo presionaba también en el mismo sentido.

Y por eso él mantenía en secreto su relación con Marinette.

Apretó los puños sobre el regazo. ¿Cómo no lo había visto antes? Ahora le parecía tan evidente que se sentía estúpida por no haberlo comprendido.

Pero también se sentía herida, porque sus amigos no habían confiado en ella lo suficiente como para contarle la verdad. Si lo hubiesen hecho… ella lo habría comprendido. Los habría encubierto, los habría ayudado a verse en secreto. Habría mentido por ellos sin dudar.

Pero Adrián y Marinette habían preferido mantenerla fuera de su círculo, como si Kagami no formara parte de su grupo de amigos, como si no pudiesen compartir las cosas importantes con ella.

Y, ahora que lo pensaba, probablemente Alya sí que lo sabía. Porque ella y Marinette siempre andaban con secretitos, hablando a escondidas. Estaba claro que Marinette confiaba en Alya muchísimo más de lo que jamás confiaría en Kagami.

Sintió un nudo en la garganta pero, por descontado, no iba a llorar delante de su madre. No obstante, necesitaba desahogarse con alguien. De modo que, en cuanto pudo, envió un mensaje a Lila para quedar con ella.


Mientras tanto, Adrián, por su parte, también estaba manteniendo una incómoda conversación con su padre. Estaba claro que había escuchado su conversación con Kagami, y Adrián descubrió con cierta sorpresa que Gabriel lamentaba que ellos dos ya no estuviesen juntos.

—Hacíais una pareja perfecta —comentó.

—Kagami es perfecta, es verdad. Pero no es perfecta para mí —respondió el chico.

Gabriel siguió hablando, tratando de convencerlo de que Kagami era mucho mejor para él; llegó a decir que Marinette era una chica mediocre y que esa era la razón por la que le gustaba a Adrián: porque así destacaba más junto a ella.

Él no se lo tomó a mal. Sabía que su padre tenía un carácter difícil, y que miraba por encima del hombro a las personas que no estaban en su mismo círculo. Pero Adrián estaba convencido de que cambiaría de idea cuando conociese mejor a Marinette. Después de todo, le dijo, sus propios padres procedían también de mundos diferentes, y eso no les había impedido enamorarse, casarse y tener un hijo.

El argumento no convenció a Gabriel.

—Adrián… —empezó, pero el chico lo interrumpió:

—De todos modos, no tiene sentido hablar de esto. Porque Marinette no es mi novia y ni siquiera siente lo mismo por mí. Está enamorada de otro chico.

Gabriel entornó los ojos.

—Eso tenía entendido. ¿Y tienes idea… de quién puede ser?

Adrián sonrió un poco.

—Alguien como ella, probablemente —respondió, contraatacando con el mismo argumento.

Su padre dijo solamente:

—Hum.

Y abandonó la sala sin más comentarios.

—¿Por qué a tu padre no le gusta la idea de que veas a Marinette? —le preguntó Plagg a Adrián cuando estuvieron a solas.

—No lo sé, pero no me preocupa. Todavía no podemos estar oficialmente juntos. No hasta que pueda revelarle mi identidad, al menos. Y ni siquiera sé si ella me querrá después. Así que no vale la pena pensar en eso, ¿no crees? De aquí a entonces tengo tiempo de sobra para hacerle cambiar de opinión. Y estoy seguro de que lo hará, en cuanto conozca a Marinette un poco mejor. Solo lo siento por Kagami —añadió con cierta tristeza—. Porque he tenido que rechazarla y no he podido decirle que Marinette y yo ya estamos juntos, o casi.

—Ni siquiera se lo puedes decir a la propia Marinette —observó Plagg—. A mí todo esto me parece un lío monumental.

—Saldrá todo bien, ya lo verás. ¿Sabes qué? Se me ocurre que, como ya tenemos la mañana libre, podemos ir a ver a Marinette. ¿Qué te parece?

—¿Qué? ¿A plena luz del día? ¿Te has vuelto loco?

—No como Cat Noir, sino como Adrián. ¿Qué pasa? Los amigos pueden visitarse unos a otros, ¿no? Y podemos pasar por la panadería primero. Y comprar unas chouquettes.

—Bueno, vale —se rindió Plagg.

Adrián sonrió.


Momentos después estaba en la panadería de los Dupain-Cheng, preguntando con timidez si Marinette estaba en casa y, en tal caso, si podía bajar un momento. Los padres de ella cruzaron una mirada significativa, y Adrián se ruborizó un poco. Se preguntó si no estaba yendo demasiado lejos. Parecía evidente para todo el mundo que estaba loco por Marinette, pero ella no podía corresponderlo; no, al menos, mientras siguiese viéndose en secreto con Cat Noir.

En ese momento comprendió que probablemente Marinette no bajaría a reunirse con él, que rechazaría la propuesta con cualquier excusa. Por eso se sintió agradablemente sorprendido cuando la vio aparecer, sonriente.

—¡Hola! —dijo ella—. ¿Qué haces por aquí?

Él se frotó la nuca con timidez.

—He venido a comprar la merienda y… ya que estaba, he pensado…, que podía pasar a verte también, si no te molesta. ¿Te apetece que… vayamos a dar una vuelta?

Ella asintió, sonriente.

Momentos después salían los dos de la panadería con una bolsa de chouquettes, bajo la mirada de los padres de Marinette, que seguían cruzando sonrisitas cargadas de complicidad. Adrián no había esperado ver a su amiga aquel día en realidad, y tampoco por la noche, como Cat Noir, por lo que se sentía muy feliz por tener la oportunidad de pasar un rato con ella.

Caminaron juntos por la calle, en silencio, compartiendo las chouquettes.

—¿A dónde vamos? —preguntó entonces ella.

Adrián no tenía pensado nada especial. Simplemente le apetecía estar a su lado.

—¿Qué te parece si nos sentamos en el parque?

A Marinette le pareció bien, de modo que se dirigieron hacia allí. Se sentaron en el mismo banco que habían ocupado aquella vez que habían quedado para practicar para el torneo de videojuegos. Marinette sonrió con cierta nostalgia. ¡Cuántas cosas habían pasado desde entonces!

Contempló con cariño a Adrián, sentado a su lado. Parecía radiante de felicidad, y ella se sintió conmovida. No había nada que deseara más en el mundo que darle todo el cariño que merecía.

Permanecieron en silencio unos instantes, disfrutando de su mutua compañía. Entonces Marinette se acordó de que tenía que preguntarle por el Baile de Diamantes, y él recordó que quería hablarle a ella acerca de Kagami.

—Hay una cosa…

—Me gustaría…

Se callaron a la vez y se miraron, azorados. Y se echaron a reír.

—Habla tú primero.

—No, tú.

—Vale. —Aún sonriendo, Marinette empezó—. He leído en internet que tu padre va a organizar un gran evento, el Baile de Diamantes, o algo por el estilo.

—Ah, eso.

La sonrisa de Adrián se debilitó un poco. En otras circunstancias, Marinette lo habría tomado como una señal para cambiar de tema. Pero necesitaba investigar a Gabriel Agreste sin despertar sospechas.

—Es un acontecimiento importante, ¿verdad? —siguió diciendo—. Y supongo que, aparte de tu padre, y de la madre de Chloé, habrá más gente influyente del mundo de la moda. ¿Sabes si hay alguna manera de comprar una entrada, o algo parecido?

Marinette sabía muy bien que no, pero debía seguir fingiendo que era una simple aspirante a diseñadora que tenía interés en ese tipo de cosas.

—No, no, es un evento cerrado solo para determinadas personas… y sus hijos. Me encantaría que pudieses venir conmigo, pero no me permiten invitar a nadie que no esté en la lista. Lo siento mucho, Marinette.

Ella sonrió y colocó una mano sobre la suya, tratando de animarlo.

—No pasa nada, ya sé que tu padre es muy estricto con esos temas. —Suspiró—. Me encantaría ir, pero no quiero ponerte en un compromiso.

—Me cambiaría por ti encantado —le aseguró él—. No me apetece mucho asistir, la verdad. Aunque estará Kagami, así que al menos no será mortalmente aburrido, espero.

—¿Sabes algo de ella, por cierto? Llevo toda la mañana llamándola, pero no me responde.

—Ella y su madre han estado en mi casa esta mañana. Oh —murmuró, recordando los detalles de su conversación—. Es curioso, porque precisamente… hemos hablado de ti.

—¿De… mí?

—Kagami creía que tú y yo estábamos saliendo juntos. —Le dirigió una mirada avergonzada—. Lo siento mucho. Ya le he dicho que solo somos amigos, incluso le he comentado que te gusta otro chico, pero le ha costado creerme. —Al ver que Marinette abría mucho los ojos, alarmada, se apresuró a aclarar—: ¡No le he dicho quién es! Comprendo lo importante que es que lo mantengáis en secreto.

—Pero ¿por qué Kagami…? —empezó Marinette, pero se interrumpió de pronto.

Acababa de recordar una conversación que había mantenido con ella, semanas atrás. Kagami le había confesado que aún le gustaba Adrián. Y Marinette le había respondido que no había problema por su parte, porque ella ya no estaba interesada en él.

Porque estaba enamorada de Cat Noir, aunque eso no se lo había dicho.

Pero aquello había sucedido antes de que descubriese que Adrián y Cat Noir eran la misma persona.

Y, como Adrián y Cat Noir eran la misma persona, y ella se estaba viendo en secreto con Cat Noir…, también estaba… medio saliendo con Adrián. Por lo que él se vería obligado a rechazar a Kagami, si a ella se le ocurría declararse.

Y Marinette la había animado a que lo hiciera.

—¿He sido indiscreto? —preguntó Adrián, preocupado, malinterpretando su expresión—. Probablemente no debería haber mencionado que te gusta otro. Lo siento mucho.

—No, no, no es eso. Es que creo que ya sé por qué Kagami quería saber si hay algo entre tú y yo.

—Ah. Sí, creo que yo lo sé también —respondió él, abatido.

Ella lo miró de reojo.

—¿Te ha dicho…?

—¿Que yo le gusto todavía? Sí, pero… he tenido que decirle que yo no siento lo mismo, y me sabe fatal por ella.

—Oh, no. Lo siento de verdad.

Marinette hundió la cara entre las manos, abrumada.

—No es culpa tuya —la animó Adrián que, obviamente, no sabía que sí lo era—. Probablemente es por todo lo del Baile de Diamantes. Los dos somos los anfitriones y tenemos que hacer el baile de apertura, y hemos ensayado, y todo eso… Y, además, nuestros padres creen que hacemos buena pareja, así que…

—Yo también lo creo —murmuró ella—. Que hacéis buena pareja, quiero decir.

O eso había pensado… antes de descubrir que era Adrián quien se ocultaba tras la máscara de Cat Noir. No pudo evitar preguntarse qué opinaría Kagami del lado oculto de su compañero, de su parte bromista y descarada, de aquel peculiar sentido del humor que había aprendido a reprimir como Adrián Agreste. Después de todo, a ella misma tampoco le había gustado al principio.

—Pero eso no importa, en realidad —dijo él, sacudiendo la cabeza—, porque yo sigo enamorado de ti.

Marinette alzó la mirada, sorprendida. Adrián se ruborizó un poco.

—Lo siento —se disculpó—. Probablemente no debería decirte esto, porque ya hablamos del tema y me quedó claro que tú no sientes lo mismo, así que…

—No —lo cortó ella.

Lo miró a los ojos. Sabía perfectamente que todavía lo quería, y lo había sabido antes de descubrir que él y Cat Noir eran la misma persona. Era consciente también de que Adrián tenía miedo de que ella lo rechazara cuando le revelara su verdadera identidad, y Marinette necesitaba que él supiera que no la estaba esperando en vano. Que iba a quererlo igual, con máscara y sin ella.

—Sí que siento lo mismo —le confesó en un susurro—. Pero también… estoy muy enamorada de Cat Noir. Es extraño, ¿verdad? Porque no se puede estar enamorada de dos personas a la vez…

Adrián se sonrojó todavía más, y ella detectó un brillo de profunda emoción en su mirada.

—No sé —murmuró a su vez—. Tal vez sea posible, ¿verdad? Pero a ti… ¿te van bien las cosas con Cat Noir? Si se puede preguntar…

Marinette sonrió.

—Puedes preguntarlo, y te responderé. Después de todo, eres el único que sabe lo que hay entre nosotros. No somos oficialmente pareja, pero sí que nos vemos, de vez en cuando. En secreto. Por seguridad. Oh, no, probablemente no debería estar contándote esto…

—Puedes confiar en mí, ya lo sabes. Y espero que os vayan bien las cosas. Deseo de verdad que seas… feliz con Cat Noir —añadió con timidez.

Ella le dirigió una dulce sonrisa.

—Sí que lo soy —le confesó—. Mucho. —Él sonrió, y ella sintió una cálida emoción por dentro—. Por eso, no estaría bien por mi parte… darte esperanzas…, a pesar de lo mucho que me importas. —Frunció el ceño—. Oh, no, esto que acabo de decir… ¿no cuenta como «darte esperanzas»?

Adrián se rio.

—Es posible, pero no me molesta en absoluto.

Marinette se dio cuenta entonces de que estaban muy cerca el uno del otro, aún tomados de las manos y mirándose a los ojos. Estaba a punto de retroceder, azorada, cuando una voz los interrumpió:

—¡Qué conveniente! Todas esas dudas y tartamudeos tan encantadores… ¿desaparecen de repente, en cuanto consigues lo que quieres?

Los dos se separaron, alarmados… para descubrir ante ellos que Kagami había sido akumatizada otra vez.


A pesar de que Riposte Prime contaba con el poder del prodigio de la tortuga, Ladybug y Cat Noir no tardaron en derrotarla, porque ya se habían enfrentado a ella en otras ocasiones. Lo peor fue después, cuando Kagami, muy avergonzada, les pidió disculpas por su comportamiento. Primero a ellos, como superhéroes. Y después a Adrián y Marinette.

—A pesar de que me hayas mentido y manipulado —le dijo a Marinette—, no tenía derecho a atacarte de esa manera. Lo siento mucho.

—¿Mentido y manipulado? —repitió ella con perplejidad.

—Sé que estáis saliendo juntos, en secreto. No pasa nada, lo puedo entender. Pero no teníais ninguna necesidad de ocultármelo a mí, ni de mentirme al respecto.

Los dos cruzaron una mirada azorada. La realidad era mucho más compleja, pero no se lo podían explicar.

—No estamos saliendo juntos —dijo Marinette—. Adrián y yo solo somos amigos.

«Por el momento», pensó. Llegaría un día en que pondrían las cartas sobre la mesa, y ya no habría secretos entre ellos. Y entonces serían libres para confesar al mundo que se amaban, también sin la máscara.

Pero aún no había llegado la hora.

Kagami sonrió amargamente.

—Lila dijo que dirías eso —se limitó a responder.

—¿Lila? —repitió Adrián con sorpresa.

Pasaron un rato hablando con Kagami, aclarando las cosas. Adrián y Marinette acabaron abrazando a su amiga, que se echó a llorar, muy afectada. Cuando se despidieron, y el coche de las Tsurugi se alejó de ellos, Adrián se ofreció a acompañar a Marinette a su casa.

—Siento mucho todo lo que ha pasado —murmuró ella—. Tengo la sensación de que es culpa mía, por no ser capaz de elegir.

—No eres tú la única que tiene que elegir, ni tampoco Kagami —replicó él—. También es asunto mío, y yo ya he tomado mi decisión.

Marinette alzó la cabeza para mirarlo. Los ojos de Adrián estaban fijos en ella, y su expresión, extraordinariamente seria y decidida, le llegó al corazón. Evocó los tiempos en los que creía que no tenía ninguna oportunidad con él, especialmente si Kagami andaba cerca. Ahora sabía que él siempre la había amado sincera y profundamente. Como Ladybug, primero, y ahora como Marinette.

Sintió ganas de abrazarlo una vez más, pero no se atrevió. Pensó que, si se hubiese tratado de Cat Noir, sí que lo habría hecho, sin dudar. A pesar de que sabía que ambos eran la misma persona, a veces le costaba tratarlos de la misma manera. Se preguntó por qué.

Alzó la mano para acariciarle la mejilla, sin embargo. Y él cerró los ojos un momento para disfrutar de la caricia.

—¿Nos vemos mañana, en el colegio? —dijo ella.

Adrián abrió los ojos.

—Claro. Hasta mañana, pues.

—Hasta mañana.

Se separaron, con un extraño peso en el corazón. Marinette aún se sentía mal por Kagami, y tenía la sensación de que las cosas se habían estropeado entre ellas, y tardarían en solucionarse, a pesar de todo. Y no era únicamente por causa de Lila.

«En fin», pensó, «supongo que ya no tiene sentido que le pida ayuda para colarme en el Baile de Diamantes, en estas circunstancias. Tendré que buscar a otra persona».