Marinette no sabía qué hacer. Los primeros días después del Baile de Diamantes tuvo miedo de que Félix fuese a buscarla, puesto que sabía que ella había descubierto la identidad de Gabriel Agreste. Le preocupaba que él la espiase sin que se diese cuenta y acabase por descubrir sus dos mayores secretos: su identidad superheroica y su relación con Cat Noir.

Pero, para su sorpresa, resultó que Félix no estaba interesado en ella, sino en Kagami. Ladybug y Cat Noir tuvieron que intervenir cuando Argos la secuestró, lo cual provocó la akumatizacion de la madre de ella. Pero, en un inesperado giro de los acontecimientos, la propia Kagami les pidió a los superhéroes que dejaran marchar a Félix, cuando ya lo habían acorralado.

—No es vuestro enemigo, y todo el mundo se ha equivocado con él. Yo la primera —confesó.

Matagi Gozen los interrumpió en aquel momento, y tuvieron que enfrentarse a ella. Cuando todo acabó, y la madre de Kagami fue desakumatizada por fin, Félix…, Argos…, ya se había marchado.


Aquella noche, Ladybug y Cat Noir se encontraron en su punto de reunión habitual, con una magnífica panorámica de la Torre Eiffel.

—¿Tú comprendes lo que está pasando con Félix, milady? —preguntó él.

Ella suspiró. ¿Qué iba a decirle? Aquel rompecabezas era mucho más grande de lo que ninguno de los dos había imaginado y, cuantas más piezas reunían, más descubrían que les faltaban.

Ladybug había logrado encajar alguna de ellas. Si Félix era un sentimonstruo y sabía que el prodigio del pavo real estaba en manos de su tío, que era Monarca, tenía sentido que tratase de recuperarlo. Probablemente Gabriel Agreste daría cualquier cosa por los prodigios de Ladybug y Cat Noir; pero, si no conseguía obtenerlos, tampoco rechazaría el resto de las joyas de la caja, si alguien se las ofrecía.

Sin embargo, si Félix ya había conseguido lo que quería… ¿por qué había regresado a París? ¿Por qué había atacado a todo el mundo la noche del baile? ¿Por qué acosaba ahora a Kagami?

Sacudió la cabeza.

—Sé algunas cosas —respondió—, pero estoy lejos de comprenderlo todo.

Cat Noir la miró, intrigado y ligeramente sorprendido. Ladybug inspiró hondo. Eran ya demasiados los secretos que le ocultaba, pero no sabía por dónde empezar a contárselos…, ni si debía.

«Soy Marinette».

«Sé que tú eres Adrián Agreste».

«Tu padre es Monarca».

«Tu primo Félix es un sentimonstruo».

Dudó. Había una línea temporal en la que el amor de su vida sería akumatizado y destruiría el mundo. Ella siempre había dado por hecho que se debía a que aquel Cat Noir había descubierto la identidad de Ladybug. Pero tal vez hubiese otros factores.

Como, por ejemplo, que él fuese, para su desgracia, el hijo de su mayor enemigo.

Quizá hubiese un modo de prevenir aquello. Quizá lo más prudente sería poner a Cat Noir sobre aviso. Que él conociese la identidad secreta de su padre… antes de que este descubriese la suya.

Se estremeció.

—¿Milady?

Ladybug alzó la cabeza, decidida.

—Creo que sé quién es Monarca —anunció por fin.

Cat Noir la miró, perplejo.

—¿Qué…? ¿Quién…? ¿Cómo…? ¿Por qué no me lo habías dicho antes?

—Porque no tengo pruebas definitivas, solo… indicios. Y porque ya habíamos sospechado antes de él y no logramos probarlo. Pero la otra noche, Félix… me lo confirmó.

Se lo había confirmado a Marinette, y no a Ladybug. Pero su compañero no tenía por qué saberlo.

—¿De quién estamos hablando, exactamente?

Ladybug no se atrevió a mirarlo a los ojos.

—De Gabriel Agreste —respondió.

Él se quedó mirándola un momento y después estalló en carcajadas.

—Es una broma, ¿no? Ya lo investigamos en su momento y no descubrimos nada.

—Es lo que acabo de decir.

Cat Noir se dio cuenta de que ella hablaba en serio, y dejó de reír de golpe. Reflexionó.

—Pero… ha sido akumatizado varias veces. Y lo vi… lo vimos hablando con Monarca. Los chicos del Françoise Dupont grabaron un vídeo, ¿no te acuerdas? Ese mismo día, Monarca nos atacó también, mientras el señor Agreste estaba akumatizado.

—Tiene el prodigio del zorro —le recordó ella solamente.

—¿El prodigio del zorro le permite akumatizarse a sí mismo? —preguntó él, escéptico.

Ella lo miró a los ojos.

—¿Tú podrías cataclismarte a ti mismo? —le preguntó sin más.

Él inclinó la cabeza, reflexionando sobre sus palabras.

—¿Crees que… lo descartamos demasiado rápido por el hecho de haber sido akumatizado? —preguntó, tras un momento de silencio.

—Eso creo, sí. ¿Tú nunca has recurrido a trucos y engaños para proteger tu identidad secreta?

—Sí que lo he hecho. Varias veces.

—Yo también. No es tan extraño que nuestro enemigo actúe igual.

—Pero… ¿cómo lo has descubierto?

—Llevo tiempo investigando, en realidad, y tenía mis sospechas…, pero algo que dijo Félix mientras peleábamos me dio la pista que necesitaba. Él conoce la identidad de Monarca. Le dio los prodigios robados, y a cambio pidió el del pavo real.

—Habíamos llegado a la conclusión de que no necesitaba conocer su identidad para eso.

—Pero el caso es que la conoce. Gabriel Agreste es su tío. Y ya sabemos que no se llevan demasiado bien.

Cat Noir sacudió la cabeza.

—Intentó robarle una reliquia familiar, provocó el caos en su fiesta privada y en su baile de gala… Si Gabriel Agreste fuese Monarca, no parece que Félix tuviese demasiados motivos para colaborar con él.

—No trabajan juntos, según me dijo. Solo fue una colaboración puntual porque… convenía a sus intereses. Pero Félix trabaja por libre.

Cat Noir miró a Ladybug a los ojos.

—Me estás diciendo, de todos modos, que no tienes pruebas, salvo la palabra de ese ladrón intrigante.

—Eso es. Y es la razón por la que no te lo había contado hasta ahora. Pero creo que es importante que los dos estemos alerta…, por si acaso.

Cat Noir no dijo nada. Había bajado la cabeza otra vez, y a Ladybug le rompió el corazón verlo tan serio.

«Lo siento muchísimo, Adrián».

—Podemos esperar más, si quieres —le dijo—. Seguir reuniendo pruebas, hasta asegurarnos de…

—No —cortó él—. No podemos esperar más. Si Gabriel Agreste es Monarca…, tenemos que detenerlo cuanto antes.

Ladybug asintió.

—Pero no cometeremos el mismo error de la última vez —decidió—. No nos presentaremos en su casa sin más. Necesitamos un plan para pillarlo por sorpresa. Y que no sospeche que lo hemos descubierto.

—Me parece bien. ¿Qué necesitas que haga?

Ladybug se quedó mirándolo, con el corazón repleto de amor por él.

—De verdad, no te merezco —murmuró. Él la miró, sorprendido, y ella se apresuró a añadir—: Quiero decir… como compañero. Porque no puedo mostrarte pruebas de lo que digo y, sin embargo, estás dispuesto a apoyarme, sin más. Como siempre.

—Sabes que confío en ti —se limitó a responder Cat Noir, con suavidad—. Ciegamente.

Ella sonrió, emocionada. Probablemente se le notaba en la expresión lo enamorada que estaba, porque él le preguntó con delicadeza:

—Y tú, ¿cómo te encuentras?

La superheroína pestañeó con desconcierto, hasta que recordó que se le había declarado, como Ladybug, bajo los efectos del poder de Ever After. Y él le había dicho que estaba enamorado de otra, sin saber que las dos chicas eran la misma persona.

No habían vuelto a mencionar el tema desde entonces, pero Ladybug se sintió conmovida. Cat Noir acababa de enterarse de que era muy posible que su padre fuese Monarca, su más temido enemigo, con todo lo que eso implicaba. Y, aún así, se preocupaba por los sentimientos de su compañera.

—Estoy bien —le respondió, con una sonrisa tranquilizadora—. Feliz, porque puedo enfrentarme a este reto contigo a mi lado.

Cat Noir sonrió a su vez. Siguiendo un impulso, Ladybug lo abrazó con fuerza. Por un momento temió haberse excedido con su afecto, pero él le devolvió el abrazo de buena gana.

Ladybug cerró los ojos y, con un suspiro, se acomodó entre sus brazos, apoyando la cabeza en su hombro, como solía hacer como Marinette. El gesto le resultó tan natural que apenas se detuvo a pensarlo.

Cat Noir se mostró un poco sorprendido, al principio, pero no se movió, y mantuvo los brazos en torno a ella.

—No quiero molestarte —dijo Ladybug—. Si no estás cómodo, dilo, y me apartaré.

—No, no pasa nada —respondió él—. Somos amigos, ¿no? Y creo que los dos necesitamos un poco de apoyo esta noche.

—Sí —asintió ella.

Permanecieron unos momentos abrazados, contemplando la torre Eiffel, hasta que Cat Noir dijo:

—Creo que no te lo había contado antes, pero… hay una chica…

—Lo sé —respondió Ladybug con suavidad.

—¿Lo sabes? —se sorprendió él.

—Es decir, no lo sabía seguro, pero lo sospechaba —mintió ella.

—No vamos en serio, todavía —explicó Cat Noir—. Es decir, mis sentimientos son sinceros, y creo que ella me quiere también, pero… —Sacudió la cabeza—. No quiero tener secretos con ella. Así que prefiero esperar… hasta que pueda decirle quién soy realmente.

—Bueno, tal vez ese día esté más cerca de lo que crees. Si de verdad hemos descubierto la verdadera identidad de Monarca…

—Ese es el problema. Tal vez no le guste… mi otro yo, ¿comprendes?

—Estoy segura de que sí le gustarás.

Pero él negó con la cabeza otra vez.

—Es complicado —se limitó a responder—. Mucho más complicado de lo que pensé que sería.

Ladybug estaba pensando en cómo asegurarle que Marinette aceptaría a Adrián, sin revelar que ella conocía toda la historia, cuando de pronto se dio cuenta de cuál era el problema: Cat Noir había empezado a asimilar que Marinette se sentía también atraída por su compañero de clase y estaría encantada de descubrir que ambos eran la misma persona…, pero eso había sido antes de enterarse de que Monarca era Gabriel Agreste.

Es decir, que el rostro que se ocultaba tras la máscara de Cat Noir era el del hijo del supervillano que llevaba tanto tiempo aterrorizando a París.

Lo abrazó con fuerza.

—Todo saldrá bien, gatito. Y cuando todo esto acabe, yo seguiré aquí, a tu lado —le prometió—. Con máscara y sin ella. A mí nunca me vas a perder, pase lo que pase.

Estaban los dos contemplando la Torre Eiffel, así que no se miraban a la cara. Pero Ladybug pudo notar que él sonreía.

—Gracias, milady.

Permanecieron en silencio un rato más, abrazados. Ladybug era consciente de que quizá en aquel momento deberían estar trazando planes, elaborando estrategias para acabar con el reinado de terror de Gabriel Agreste. Pero parecía claro que Cat Noir necesitaba asimilarlo todo aún. Y, sobre todo… necesitaba de su apoyo, para reunir valor para la batalla que estaba por llegar.

—¿Alguna vez piensas… en el sueño? —le preguntó él de pronto.

Ladybug se sorprendió, porque no esperaba que Cat Noir volviese a mencionarlo, y menos en aquellas circunstancias. Porque sabía perfectamente a qué «sueño» se refería. Y él era consciente de que ella lo sabía.

«Todo el tiempo», pensó.

—A veces —respondió sin embargo.

—Yo también —le confesó él.

Ladybug no supo qué pensar. Sabía que su compañero aún albergaba algún tipo de sentimiento hacia ella, pero había dado por hecho que había renunciado a él, por Marinette.

¿Tal vez había… cambiado de idea?

Esperó, conteniendo en aliento. Cat Noir tardó un poco en hablar otra vez, y cuando lo hizo, dijo:

—¿De verdad te gustaría tener cuatro hijos?

—¡Por supuesto que no! —respondió Ladybug—. Pero tres, sí —añadió, tras un instante de reflexión.

Cat Noir se volvió para mirarla, perplejo. Entonces, los dos estallaron en carcajadas.

—Todavía pienso que sería una vida maravillosa, milady —dijo entonces él, más serio.

Ladybug suspiró.

—Yo también, gatito. Pero ahora mismo, y pase lo que pase en el futuro…, lo único que deseo es que tú seas feliz. —Él la contempló de nuevo, con una media sonrisa—. Hablo totalmente en serio —insistió ella. Le tomó de la mano y lo miró a los ojos—. Y lucharé hasta el final para que todo salga bien. La batalla contra Monarca. Lo que suceda después. Tu futuro. Y el mío.

Él no supo qué decir. Se había quedado mirándola fijamente, prendido en su mirada. Y Ladybug detectó de nuevo el amor que latía en el fondo de sus ojos, y que hacía tiempo que parecía haberse apagado. Se le aceleró el corazón.

Pero desvió la vista, rompiendo la magia del momento. Sabía muy bien que su compañero estaba profundamente enamorado de Marinette. No tenía sentido confundirlo para nada, y el hecho de que estuviesen tan cerca de desenmascarar a Monarca y, por consiguiente, de ganar la guerra y poder revelar sus identidades por fin, no lo justificaba tampoco.

Suspiró, apartándose un poco de él.

—Creo que deberíamos volver a casa —dijo—. Nos reuniremos aquí otra vez, mañana. Con un poco de suerte, uno de los dos tendrá ya un plan de acción.

—Serás tú, probablemente —respondió Cat Noir, sonriendo—. Pero sí, me parece bien.

Se puso en pie. Ladybug se levantó a su vez.

—Todo saldrá bien —dio él, y le tendió el puño.

Ella sonriendo, alzó el suyo para chocarlo con el de su compañero.

—Hasta mañana, pues.

—Hasta mañana.

Ladybug fue la primera en marcharse. Cat Noir se quedó un momento en el sitio, contemplándola mientras se alejaba sobre los tejados de París.

Su corazón aún latía con fuerza. «¿Es posible estar enamorado de dos personas al mismo tiempo?», se preguntó.

Sacudió la cabeza. No tenía sentido pensar en ello, decidió. Su historia de amor con Ladybug podría haber sido perfecta, un maravilloso cuento de hadas.

Pero era junto a Marinette donde había encontrado su verdadero hogar.


—Marinette Dupain-Cheng —murmuró Gabriel Agreste.

Estaba en su estudio, revisando por enésima vez los vídeos de seguridad de la noche del Baile de Diamantes. Marinette se había colado en la fiesta para reunirse con Adrián e incluso había bailado con él delante de todo el mundo… Al final, había resultado que se trataba de Félix, pero ella no lo sabía.

Activó su Alliance.

—Nathalie —dijo, y la imagen de su asistente apareció en la pantalla—. ¿Has seguido investigando a Marinette Dupain-Cheng?

Ella tosió antes de hablar. Estaba ya en la cama, en pijama, porque cada vez le costaba más mantenerse en pie, a medida que su enfermedad la debilitaba más y más.

—Dejé de hacerlo porque quedó claro que ella ya no está enamorada de Cat Noir —le recordó—. Durante el ataque de Ever After, Cat Noir y Ladybug demostraron que son pareja en secreto. Y en cuanto a Marinette…

No concluyó la frase, pero no hizo falta. Gabriel sabía perfectamente que el poder de Ever After había reunido a Marinette… y a su propio hijo.

—Sé que Adrián tiene sentimientos por ella —admitió—. Pero le dijo a Kagami Tsurugi que Marinette estaba enamorada de otro.

—¿Piensa… que podría tratarse de Cat Noir? Pero…

—No. Lo que pienso es que esos dos niños nos están mintiendo a todos, y que es cierto que se ven en secreto —interrumpió él—. Kagami lo sospechaba también. No me importa, en el fondo, porque Adrián hará lo que yo le diga, cuando llegue el momento, así que su relación no llegará a ninguna parte. Pero que Marinette Dupain-Cheng tuviese la audacia de dejarse ver en el Baile de Diamantes…, que bailara con él delante de todo el mundo…, eso no lo puedo tolerar.

Nathalie carraspeó de nuevo.

—Pero no bailó con Adrián, sino con Félix…

—Me es indiferente. Ella entró en la sala para reunirse con Adrián. No permitiré que ninguno de los dos vuelva a desafiar mi autoridad.

—¿Gabriel? ¿Qué es lo que pretende?

Pero él no le hizo caso. Cortó la conexión y salió de su estudio para dirigirse a la habitación de su hijo. Era ya muy tarde, pero había tomado una decisión, y no tenía la menor intención de aplazarla. Obligaría a Adrián a contarle la verdad sobre su relación con Marinette Dupain-Cheng… y después le ordenaría que no volviese a verla bajo ninguna circunstancia.

Y él obedecería, porque no tendría otra opción.


Cat Noir aterrizó en su habitación con un suspiro de preocupación.

—Plagg, garras dentro —murmuró, y volvió a transformarse en Adrián.

Necesitaba hablar con Plagg acerca de lo que le había contado Ladybug. Aún le costaba creerlo. Su propio padre… ¿era Monarca? Sacudió la cabeza. No era posible. Convivían bajo el mismo techo. Si él fuese su enemigo, lo habría descubierto mucho tiempo atrás. O habría sido el mismo Gabriel quien…

—Adrián —dijo entonces la voz de su padre en la penumbra. Sonaba sorprendido y… furioso.

El corazón del chico se detuvo un breve instante.

La luz se encendió. Y allí estaba Gabriel Agreste, en medio de la habitación, mirándolo como si lo viese por primera vez.

—¡Adrián, transfórmate! —lo urgió Plagg.

El chico dudó. Si su padre era realmente Monarca, los dos estaban en grave peligro. Pero, si no lo era, le debía una explicación.

Finalmente decidió que no podía arriesgarse.

—¡Plagg, garras…!

—Silencio —ordenó Gabriel.

Y de pronto, Adrián fue físicamente incapaz de hablar, como si algo estuviese atenazando férreamente su garganta. Boqueó, horrorizado, luchando por recuperar la voz.

—Qué sorpresa. —La voz de su padre era fría como un témpano y, al mismo tiempo, afilada y venenosa como el colmillo de una víbora—. Así que este era el secreto que ocultabas. Cuando dabas esquinazo a tu guardaespaldas, cuando desaparecías sin avisar… Todo este tiempo me has estado burlando… y bajo mi propio techo.

Adrián retrocedió, horrorizado.

—No voy a molestarme en ofrecerte ninguna explicación, ya que insistes en rebelarte contra mí. —Alargó la mano hacia él—. Y ahora, entrégame tu prodigio.

Y, como si no fuese más que un robot manejado por control remoto, Adrián empezó a quitarse el anillo. Luchó contra aquel impulso contra todas sus fuerzas.

«¿Qué me está pasando», se preguntó, aterrorizado.

—Ahora —insistió Gabriel. Y su voz inundó su cerebro como un tsunami, ahogando cualquier pensamiento discordante.

Hasta que otra voz irrumpió en su percepción, como un rayo de sol hendiendo las nubes.

—¡No!

Adrián abrió los ojos. Descubrió la silueta de Nathalie apoyada contra el marco de la puerta.

—¡Adrián, huye! —gritó ella—. ¡Transfórmate, márchate de aquí y no permitas que nadie te lo impida!

Y, de pronto, la niebla que nublaba el entendimiento del muchacho se evaporó, y su voz regresó de golpe. Inspiró hondo, anonadado.

—¡No! —exclamó Gabriel, pero era demasiado tarde.

—¡Plagg, garras fueras!

Adrián se transformó de nuevo en Cat Noir y saltó hacia la ventana.

—¡No! ¡Te ordeno que vuelvas aquí inmediatamente! —oyó la voz de su padre tras él.

Pero en sus oídos aún resonaban las palabras de Nathalie: «¡Márchate de aquí y no permitas que nadie te lo impida!». Se aferró a ellas y comprobó, con sorpresa, que por primera vez en su vida le resultaba sencillo ignorar una orden directa de su padre.

No se detuvo a pensar en ello. Porque lo único que deseaba era escapar, escapar…

Dejó de oír la voz de su padre tras él, pero siguió corriendo por los tejados con desesperación.

Hacia la casa de Marinette, comprendió de pronto.


NOTA: Hasta aquí, la historia iba paralela al canon de la serie. Se desviaba tras "Exaltación" porque Marinette y Cat Noir decidían seguir juntos y, por tanto, había cosas del canon que ya no sucedían, y otras que sí que pasaban, aunque no exactamente de la misma manera. A partir de ahora, ya todo es nuevo. Independientemente de lo que suceda en la serie, esta historia tendrá su propia "season finale" :).