Marinette se había metido ya en la cama y estaba a punto de dormirse cuando oyó una llamada desesperada en la ventana. Alzó la mirada y vio la silueta de Cat Noir al otro lado del cristal. Le pareció raro, pues no habían quedado en verse aquella noche, pero le abrió para dejarle paso.
El chico aterrizó a su lado. Marinette se volvió hacia él con una sonrisa, pero se puso seria de pronto al ver que estaba muy pálido y temblaba como si acabase de ver un fantasma.
—¡Cat Noir! ¿Qué es lo que pasa? ¿Te encuentras bien?
Él no respondió al principio. Pero la abrazó con fuerza, y Marinette le devolvió el abrazo, turbada. Pensó de pronto que quizá aún estaba asimilando la revelación de que su padre podría ser Monarca. Después recordó que, cuando se había despedido de él como Ladybug, su compañero se mostraba bastante tranquilo. Serio, pero sereno.
Algo tenía que haber sucedido justo después, y él se lo confirmó cuando le confesó en voz baja:
—Tengo miedo, Marinette.
Ella lo estrechó entre sus brazos, cada vez más preocupada.
—¿Qué ha pasado? —le preguntó en el mismo tono.
Cat Noir cerró los ojos un momento, sin saber por dónde empezar.
—Monarca ha descubierto mi identidad secreta —le soltó entonces, sin más.
Marinette se quedó congelada en el sitio. ¡No podía ser! ¿Cuánto tiempo había pasado desde que le había revelado que Gabriel Agreste era su padre? ¿Media hora, tal vez…? Como mucho un poco más…
¿Acaso había ido Adrián a confrontar a su padre? ¿Había tratado de espiarlo para confirmar si lo que le ella le había contado era cierto… y él lo había descubierto?
—¿Cómo… cómo ha sucedido? —se atrevió a preguntar.
—Me ha sorprendido destransformándome. Pero eso no es… no es lo peor.
Marinette tragó saliva. ¿Qué podía ser peor que aquello? Recordó entonces a Cat Blanc.
—¿Ha intentado… akumatizarte?
Cat Noir se mostró un momento sorprendido, como si no se le hubiese ocurrido. Después negó con la cabeza.
—No, no. No sé lo que ha hecho, en realidad, ni cómo. Pero me ordenó que… le diera el anillo. Y yo estuve a punto de obedecer. Como si fuese un robot, o un coche teledirigido. Como si mi cuerpo no me obedeciera. Fue tan extraño… —prosiguió, sin darse cuenta de que Marinette palidecía, sumida en un silencio horrorizado—. Estoy acostumbrado a obedecer, porque en mi familia… son bastante estrictos, pero esto ha sido algo completamente distinto. Traté de pronunciar las palabras para transformarme, pero él me dijo que me callara, y de pronto ya no fui capaz de hablar, como si me hubiese quedado sin voz. —Se estremeció—. Y entonces me ordenó que le diera el anillo… y empecé a quitármelo, como si mi cuerpo… ya no me obedeciese a mí. —Sacudió la cabeza—. No dejo de pensar en cuál de todos los prodigios produce un efecto parecido. Creo que no hay ninguno que te otorgue el poder de manipular a la gente de esta forma. Ni siquiera el de la mariposa.
A Marinette le daba vueltas la cabeza. No podía dejar de pensar en lo que había descubierto acerca de Félix. «Con el prodigio del pavo real se pueden crear copias perfectas de otras personas», pensó. «¿Y si Félix no es una copia de Adrián? ¿Y si es… al revés?».
Empezó a hiperventilar. Cat Noir se quedó mirándola, alarmado.
—Marinette, ¿te encuentras bien?
«No puede ser. No puede ser».
Recordó entonces lo que Argos le había dicho justo después de hacer desaparecer a Gabriel Agreste: «He liberado a Adrián de ese hombre. Ya no controlará su vida nunca más, igual que ya nadie controla la mía tampoco».
Cerró los ojos, mareada.
«Los dos», comprendió. «Son los dos. Y Adrián no tiene ni idea». Inspiró hondo un par de veces más, tratando de reunir valor para enfrentarse a todo aquello. Abrió los ojos de nuevo y alzó la cabeza para mirar a Cat Noir, que la contemplaba con preocupación.
—No debería haber venido, ¿verdad? —dijo él, creyendo comprender—. Te he puesto en peligro. Si Monarca va tras de mí, este será el primer lugar donde me buscará. Lo siento muchísimo, Marinette.
Se incorporó para marcharse, profundamente arrepentido. Ella trató de detenerlo.
—¡Espera!
Él se volvió un momento para mirarla, interrogante. Marinette buceó en la mirada de sus ojos verdes como si tratase de leer su alma.
Fuera quien fuese, decidió por fin, seguía siendo Cat Noir. Adrián. Su gatito. El amor de su vida.
—Por favor, no te vayas aún…, Adrián —murmuró.
Él abrió mucho los ojos, sorprendido, y se quedó mirándola como si no diese crédito a lo que acababa de escuchar. Ella dejó escapar una risa nerviosa.
—Supongo que…, puesto que Monarca ya lo ha descubierto…, no tiene sentido que siga ocultándote que yo lo sabía también.
Cat Noir volvió a sentarse, aún perplejo.
—Pero ¿cómo…?
—No lo he sabido desde el principio —se apresuró a aclarar ella—. Es decir… cuando fuimos juntos a tomar un helado y… nos besamos —recordó, sonrojándose—, no lo sabía aún. Tampoco cuando me dijiste lo que sentías por mí…, sin la máscara. Ni cuando nos afectó el poder de Ever After. Me di cuenta después, con el tiempo. Porque empecé a conocerte mejor… como Adrián, y como Cat Noir. Y simplemente… até algunos cabos… Pero no hice nada por intentar descubrirlo, te lo juro. Las cosas… simplemente pasaron así.
—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó él a media voz.
Marinette aún no sabía si estaba enfadado, triste, decepcionado… Tragó saliva antes de responder:
—Era consciente de que no debía saberlo. Tenía miedo de que alguien más lo descubriera por mi culpa y te pusiera en peligro, así que, simplemente…, hice como que no lo sabía. Supongo que fue una tontería. —Parpadeó, porque se le habían llenado los ojos de lágrimas—. También tenía miedo de estropearlo todo —le confesó—. De que ya no pudiésemos estar juntos…, por lo que había descubierto.
Cat Noir le tomó el rostro entre las manos y le hizo alzar la cabeza para mirarla a los ojos.
—No has estropeado nada, Marinette —le aseguró con dulzura—. Quizá yo no debería haber iniciado esto, en primer lugar. Fui muy egoísta, porque quería acercarme a ti y no sabía cómo, y descubrí que era más fácil hacerlo como Cat Noir… que como Adrián —concluyó en voz baja—. Fui yo quien te puse en peligro a ti.
Marinette negó con la cabeza.
—No me importa. Yo también quería estar contigo, y me hace muy feliz que tú seas… tú. Porque te quiero —le confesó—, con máscara y sin ella.
Los ojos de Cat Noir se humedecieron de la emoción.
—Marinette —dijo, aún sosteniéndole la cara con delicadeza—. Yo también te quiero. Muchísimo.
Los dos sonrieron con timidez. Se acercaron, depacio, sin dejar de mirarse a los ojos… y se besaron suavemente.
Marinette cerró los ojos, mientras el afecto que sentía por su compañero se expandía por todo su pecho en cálidas oleadas. Cuando él se separó de ella, lo hizo con suavidad, sin romper el beso como había hecho la noche en que se habían enfrentado a Glaciator. Marinette abrió los ojos y lo miró, insegura. Pero él la contemplaba con cariño, sonriendo. Y ella sonrió también.
—Gracias —le dijo el chico—. Ahora me siento mucho mejor.
—¿Ya no tienes miedo?
—Sí que lo tengo, pero ahora estoy seguro de que conseguiremos encontrar una solución para todo este lío —respondió él, sonriendo.
Marinette se puso seria.
—Tienes que hablar con Ladybug y contárselo todo. Cuanto antes.
Cat Noir se mostró un poco abatido.
—Lo haré, por supuesto que lo haré. Es solo que…
No completó la frase, y Marinette comprendió entonces cuál era el problema.
—No tienes ganas de decirle que Monarca te ha descubierto, ¿verdad?
Cat Noir desvió la mirada.
—Ahora que él conoce mi identidad, soy vulnerable. Ya no le sirvo como compañero a Ladybug. Tendrá que elegir a otro Cat Noir.
—¿Qué? ¡No! Si tomáis la iniciativa y atacáis antes de que pueda reaccionar…
—No lo entiendes. Él tiene poder sobre mí. Puede controlarme y no entiendo cómo, ni por qué. No puedo enfrentarme a él. Podría echarlo todo a perder. Podría…
No completó la frase, pero Marinette entendió lo que quería decir. «Podría traicionar a Ladybug». Se estremeció.
—Pero no le diste el anillo, ¿verdad? —le recordó ella—. Fuiste capaz de resistirte a su orden, así que tal vez…
—No —interrumpió él—. No fui yo. Otra persona… dio una contraorden y… me liberó.
Marinette frunció el ceño con extrañeza. Si la voluntad de Adrián estaba ligada a un amok, tal como parecía, y el objeto estaba en poder de su padre…, nadie más podría haberlo «liberado» sin recuperar dicho objeto primero. Sacudió la cabeza.
—Tienes confiar en Ladybug —insistió—. Ella sabrá qué hacer.
Lo cierto era que no lo tenía tan claro, pero sí sabía cuál era el paso que debían seguir a continuación. Y era algo que no podía llevar a cabo como Marinette.
Cat Noir asintió por fin, decidido.
—Eso haré. Gracias, Marinette. Siempre encuentras las palabras adecuadas —le dijo, sonriéndole con cariño.
Marinette sonrió también, porque aquello era algo que también le había dicho como Adrián, tiempo atrás.
Él se despidió con un beso, salió por la ventana y, momentos después, había desaparecido.
Fue entonces cuanto Tikki salió de su escondite.
—¡Marinette! —le reprochó—. ¿De verdad conocías la identidad de Cat Noir? ¿Por qué no me lo dijiste?
—¿Y que Bunnyx me viera desde su madriguera y decidiese presentarse aquí para corregir la línea temporal otra vez? ¡Ni hablar!
—No estoy segura de que las cosas funcionen así… —empezó el kwami, pero Marinette no la dejó terminar.
—Hablaremos más tarde, Tikki. Esta noche tenemos muchas cosas que hacer. ¡Puntos fuera!
Nada más transformarse en Ladybug, salió a la terraza y miró a su alrededor. Cat Noir ya no estaba por los alrededores, y supuso que no tardaría en llamarla para reunirse con ella en su punto de encuentro habitual.
Tenía que darse prisa.
Abrió el yoyó y marcó el número de Kagami.
Su amiga respondió a la llamada, muy sorprendida y con cara de sueño. Parecía claro que estaba ya en la cama, y a Ladybug le supo mal despertarla. Pero era urgente.
—¡Ladybug! —exclamó Kagami—. ¿Cómo…? ¿Qué es lo que pasa?
—Kagami, escúchame: necesito hablar con Félix cuanto antes.
Ella se encerró en un silencio reservado.
—Es importante —insistió la superheroína—. No quiero luchar contra él, ni voy a intentar recuperar el prodigio que guarda. —Hizo una pausa, recordando de pronto que la vida de Adrián…, de Cat Noir…, estaba en manos de su díscolo primo. Se estremeció. Tendría que arriesgarse y confiar en él—. Necesitamos a Félix para enfrentarnos a Monarca. Para salvar a Adrián —añadió.
Kagami entornó los ojos.
—¿Qué es lo que sabes, Ladybug?
—¿Qué es lo que sabes tú? —contraatacó ella.
Las dos se miraron un momento a los ojos, desafiantes. Finalmente, Kagami se rindió.
—Muy bien. ¿Qué es lo que quieres de Félix?
—Necesito que se reúna con nosotros. Conocemos la identidad de Monarca —le reveló—. Sabemos que Félix la conoce también. Y que se han enfrentado en otras ocasiones. Necesitamos que luche a nuestro lado. Si no lo hace por París, si todos nosotros no le importamos nada…, que lo haga al menos por Adrián. Para liberarlo. —Utilizó esta palabra a propósito, porque era la que había empleado Félix al hablar de su primo—. Es muy importante, Kagami. ¿Se lo dirás? —Kagami desvió la mirada, y Ladybug añadió—: Has peleado otras veces con nosotros antes, como Ryuko. Ahora ya no te puedo entregar un prodigio, al menos hasta que derrotemos a Monarca. Pero puedes seguir ayudándonos de otras maneras.
—Veré qué puedo hacer —respondió Kagami por fin.
Ladybug se sintió muy aliviada.
—Gracias, Kagami.
Le envió una localización, rezando interiormente para que Argos acudiese a la cita. Estaba bastante segura de que Kagami tenía algún modo de comunicarse con él, y le transmitiría su mensaje. Otra cosa era que el chico se dignase presentarse.
Suspiró. Con un poco de suerte, lo haría.
Con un poco de suerte.
En aquel momento recibió una llamada de Cat Noir.
—¡Milady! —dijo él, muy aliviado—. Necesito hablar contigo. Es muy importante.
—Yo también tengo cosas que contarte, gatito. Voy de camino hacia nuestro punto de encuentro.
—¡Perfecto! —Cat Noir le dedicó una deslumbrante sonrisa—. Te espero aquí.
Ladybug cortó la comunicación, se ajustó el yoyó a la cintura y se dirigió hacia el lugar de la cita.
Aterrizó momentos más tarde junto a su compañero, que la aguardaba allí, paseando nerviosamente sobre el tejado.
—¡Milady! —la saludó él—. Menos mal que he podido contactar contigo esta noche. Escucha, tengo que contarte algo importante.
—Yo también —cortó ella. Ya sabía lo que tenía que decirle Cat Noir, y necesitaba compartir su plan con él antes de que llegase Argos—. Escucha, he enviado un mensaje a Félix a través de Kagami. Le he pedido que se reúna aquí con nosotros.
—¿Félix? —se sorprendió Cat Noir—. ¿Por qué?
—Porque creo que puedo convencerlo para que nos ayude a derrotar a Monarca. A su tío —le recordó.
Cat Noir desvió la mirada.
—Acerca de eso… hay algo que tengo que decirte. Monarca… sí que es Gabriel Agreste. Y ha descubierto mi identidad secreta.
Ladybug fingió sorpresa. No podía permitir que él sospechara que ya lo sabía. Si la identidad de Cat Noir había quedado al descubierto, ella debía proteger la suya propia a toda costa.
—¿Qué? Pero ¿cómo ha podido suceder?
—Es una larga historia. Lo siento mucho, Ladybug.
Ella colocó una mano sobre su hombro, tratando de tranquilizarlo.
—No pasa nada, gatito. Si todo sale bien, esta misma noche derrotaremos a Monarca. Y entonces ya no importará que te haya descubierto.
—Hay otra cosa más —añadió él, incómodo—. Cuando me enfrenté a él…
Pero no terminó de hablar. Porque justo entonces ambos oyeron que algo aterrizaba suavemente por encima de ellos.
Alzaron la cabeza de inmediato. Allí, encaramado a una chimenea, estaba Argos. Había desplegado el abanico ante él, como barrera de protección. Sus ojos relucían bajo la capucha con un brillo de advertencia.
—Ya estoy aquí —anunció—. ¿Qué es lo que queréis?
Cat Noir alzó su bastón de inmediato, y Ladybug se llevó la mano al yoyó. Pero la apartó enseguida, recordando que habían acudido allí para parlamentar. Dirigió una mirada significativa a su compañero y este bajó el bastón, aunque un poco a regañadientes.
Ladybug alzó las manos en señal de paz.
—Solo queremos hablar —anunció—. ¿Nos escucharás?
Argos no respondió, pero replegó el abanico. Ladybug dejó escapar el aire que había estado reteniendo hasta el momento.
—Hemos descubierto la identidad de Monarca —anunció entonces.
Pero Argos se limitó a mirarla con frialdad.
—Felicidades. ¿Y qué queréis? ¿Una medalla? ¿Un pin?
Ladybug no se dejó provocar por su tono burlón.
—Queremos salvar a Adrián —respondió.
Notó que Cat Noir daba un respingo a su lado, sorprendido, pero no le prestó atención. Sus ojos estaban fijos en Argos.
Este entornó los ojos.
—¿Salvar a Adrián? —repitió, con voz cuidadosamente neutra.
Ladybug asintió.
—Sabemos que el prodigio del pavo real estaba en manos de Gabriel Agreste, hasta que tú te hiciste con él —rememoró—. Sabemos también que luchas por un mundo donde nadie controle a nadie. Y que ahora eres libre.
Le pareció que Argos vacilaba un poco. Hizo una pausa, pero él no dijo nada. Ladybug sintió que Cat Noir la miraba con curiosidad, y le pidió perdón en silencio por lo que estaba a punto de hacer.
—Podrías marcharte muy lejos, pero has vuelto a París para enfrentarte a tu tío. ¿Por qué?
—Dímelo tú —murmuró Argos. Pero la observaba con interés.
—Para liberar a Adrián. Porque Gabriel Agreste posee un siniestro poder sobre él. Tú lo sabes, pero él todavía no. ¿Me equivoco?
—Ladybug —murmuró Cat Noir, sorprendido.
Ella no le hizo caso, porque Argos le preguntó:
—¿Por qué quieres salvar a mi primo? ¿Acaso tienes algún interés especial en él?
—Puede que sí, puede que no. Puede que solamente quiera ayudarlo porque es mi trabajo como protectora de París y de todos sus habitantes. Pero Adrián es tu primo. ¿Qué vas a hacer tú? ¿Quieres ayudarlo, sí o no?
Argos alzó la barbilla con orgullo.
—Por supuesto que quiero. Pero no estoy seguro de que sepas a qué clase de peligro se enfrenta.
—Te sorprendería descubrir lo mucho que sé —replicó ella—. Por ejemplo, sé que el hecho de que tú poseas el prodigio del pavo real es un seguro de vida para Adrián.
Oyó que Cat Noir inspiraba hondo a su lado. «Lo siento muchísimo, gatito», pensó. Odiaba la idea de que tuviese que enterarse así. Pero no tenían tiempo de suavizar las cosas.
Argos se había puesto a la defensiva otra vez.
—¿Qué es lo que pretendes, Ladybug?
—Quiero recuperar los prodigios que robaste, y que están ahora en manos de Monarca. Quiero derrotarlo, para que París sea libre. Y quiero salvar a Adrián. Y para eso necesitamos tu ayuda. —Argos no dijo nada, y ella insistió—: Vamos a enfrentarnos a Gabriel Agreste esta noche, porque sabemos quién es, y porque él ha descubierto la identidad secreta de Cat Noir. No podemos esperar más. —Argos miró al superhéroe con curiosidad, pero este no hizo el menor gesto. Se había puesto pálido y observaba a Ladybug en silencio—. Te pido que luches a nuestro lado —prosiguió ella—. Pero, si no estás dispuesto a hacerlo, dinos al menos cómo podemos salvar a Adrián. Qué objeto tenemos que buscar para liberarlo.
Argos le dirigió una mirada evaluadora.
—Si os lo digo, y lo recuperáis —respondió—, ¿qué haréis con él?
—Se lo entregaremos a Adrián, que es el único que debe tenerlo —respondió Ladybug al punto.
Detectó una sonrisa de aprobación en el gesto de Argos, pero no se sintió particularmente satisfecha por ello. Si aquello había sido una especie de prueba, desde luego era muy fácil de superar. Porque no existía otra respuesta posible.
—Son los anillos de boda los Agreste —les reveló Argos por fin—. Uno de ellos lo lleva mi tío siempre puesto. En cuanto al otro… la última vez que lo vi, lo tenía Nathalie, su asistente.
—¿Cuál de los dos anillos es el que tenemos que recuperar, entonces?
—Los dos.
Ladybug reflexionó. Aquello explicaba la extraña historia que Cat Noir le había contado a Marinette. Su padre le había ordenado que le entregase su prodigio, y él se había visto obligado a obedecer. Pero después alguien (Nathalie, probablemente) le había dado una contraorden. Aquello significaba que no había solo una persona que controlaba la voluntad de Adrián…, sino dos.
No obstante, Nathalie lo había ayudado a huir. ¿Podría ser… una aliada?
—Ladybug. —La voz de Cat Noir la sacó de sus pensamientos, y ella se volvió por fin hacia él para enfrentarse a su mirada, repleta de temor e incertidumbre—. ¿De qué estáis hablando? ¿Qué es esa historia de los anillos?
—¿No lo sabe? —preguntó Argos con curiosidad.
—No he tenido tiempo de contárselo —respondió Ladybug.
—¿Qué es lo que pasa con Adrián Agreste? —insistió Cat Noir; trató de mostrarse indiferente, pero Ladybug percibió con claridad un punto de desesperación en su voz.
Argos, no obstante, no lo conocía tan bien como ella, y no se dio cuenta. De modo que se encogió de hombros y respondió:
—Mis tíos no podían tener hijos. Mis padres, tampoco. Así que usaron el prodigio del pavo real. Y crearon dos niños perfectos… y muy obedientes. Extraordinariamente obedientes.
Ladybug se dio cuenta de que a Cat Noir le fallaban las piernas, y lo sostuvo para que se apoyase en ella.
—Todo va a salir bien —le susurró al oído—. Te lo prometo.
—¿Cómo va a salir bien? —murmuró él, atormentado—. Milady, tú no sabes…
—Confía en mí —le pidió ella—. Por favor, confía en mí.
Se miraron a los ojos. Había muchas cosas que Ladybug no podía decirle, pero trató de transmitirle todo su amor y su apoyo en aquella mirada.
Cat Noir cerró los ojos por fin, derrotado.
—No tiene sentido —murmuró—. Nada tiene sentido.
—Derrotaremos a Monarca —le dijo ella al oído—. Recuperaremos esos anillos. Y tú serás libre —añadió tras una pausa.
Cat Noir la miró con sorpresa. Iba a decir algo, pero entonces Argos los interrumpió:
—Se acerca alguien. Y parece muy enfadado.
Ladybug alzó la mirada y descubrió una figura saltando por los tejados. Por un momento creyó que se trataba de Monarca, pero después la luna lo iluminó, y ella lo identificó como un villano akumatizado.
—¡ADRIÁAAAN! —bramaba—. ¡Estés donde estés, te encontraré y te llevaré de vuelta a casa!
Ladybug reprimió una exclamación.
Era Gabriel Agreste, lo cual significaba que… sí, se trataba de Monarca.
Ladybug y Cat Noir cruzaron una mirada de alarma.
—No puede encontrarnos —dijo ella—. Aún no estamos preparados para enfrentarnos a él, necesitamos un poco más de tiempo.
—Yo lo entretendré —se ofreció Argos—. Buscad un lugar seguro para esconderos y pon en marcha tu plan, Ladybug. Trataré de ganaros un poco de tiempo.
—Gracias —respondió ella de corazón—. Te vamos a necesitar más tarde, Félix. Por favor, reúnete con nosotros en cuanto lo hayas despistado.
Argos no respondió, pero Ladybug confiaba en que seguiría sus instrucciones.
Se volvió para mirar a Cat Noir.
—¿Listo, gatito?
—Siempre, milady —respondió él.
Y los dos superhéroes se alejaron, protegidos por las sombras, mientras Argos se quedaba atrás para cubrirles la retirada.
NOTA: Hay un montón de cosas que pasan en la serie y no van a pasar en el fic. Básicamente porque aquí Marinette es más proactiva y empieza a desvelar secretos muy pronto, así que Gabriel no tiene tiempo de poner en marcha su master plan.
