Disclaimer: Craig Bartlett es el creador y él y Nickelodeon tienen los derechos del programa.


29. El encanto de Dulcinea Milligan

– PS 118- Aula de 6to año —

- Entonces, estudiantes, este fin de semana, Hillwood estará celebrando un día muy importante, ¡nuestro bicentenario! es bastante emocionante, ¿eh?

Como siempre, los preadolescentes inexpresivos miraron al Sr. Simmons sin ninguna intención de escucharlo realmente.

- De todos modos… para valorar nuestra historia y el legado de nuestros fundadores, aprendamos algo sobre ellos…

Una serie de gemidos y suspiros generalizados se escucharon en toda la clase, a cualquiera de los estudiantes le gustaría estar en cualquier lugar menos allí... Los últimos dos meses de clases se sentían muy lentos a su percepción... excepto para una secreta pareja joven que se lanzaban miradas y notas el uno al otro.

- Tenemos al General Edwin Milligan, un famoso general que ayudó a liberar el territorio de los soldados ingleses, fue muy valiente e inteligente. Preparó un grupo secreto de mujeres soldado que lo ayudaron a ganar la guerra.

- ¿Edwin Milligan? - Los ojos de Gerald se abrieron con un repentino interés. -¿Era pariente de Dulcinea Milligan?

- ¿Quién fue Dulcinea Milligan? - Preguntó Sid, ahora llamando la atención de casi todos los presentes, excepto de Arnold y Helga.

- ¿Nunca has oído hablar de ella? Ella fue la peor traidora en la historia de Hillwood...

Fue hace casi 200 años… en la colonial Hillwood, en esos días llamada Elkville… La familia Milligan era muy importante y rica, los hermanos Dulcinea y Edwin crearon un batallón secreto para derrotar a los ingleses… Pero, a diferencia de los otros intentos fallidos de independencia , Dulcinea fue más allá, convenció a su hermano para que creara un ejército de solo mujeres... Las preparó en secreto como hábiles guerreras, y lograron derrotar a los ingleses.

- ¡Increíble! ¡Nunca lo hubiera imaginado! - dijo Harold, totalmente sorprendido.

- Pero Harold, lo acabo de decir…

- Por favor, Sr. Simmons, estamos tratando de aprender aquí.

El adolescente gordo lo silenció. El profesor puso los ojos en blanco, molesto, tomó sus láminas y decidió tomar asiento. Con todos los ojos puestos en él, Gerald continuó su relato.

Pero a Dulcinea no le bastaba vencer, se enamoró del poder, y cada vez deseaba más… Aumentaba su ejército, y ganaba cada vez más batallas, aunque eso significara sacrificar a muchas de sus guerreras. Su hermano estaba preocupado por ella, estaba enferma de poder… Los guerreros de Hill, como se autodenominaban, hablaron con Erwin, decidieron no ayudarla más. Erwin habló con ella, tratando de hacerla entrar en razón, y ella "prometió" detener sus planes…

Pero ella tenía otras intenciones… Reunió a su hermano y a los soldados en los que más confiaba, en una cena especial. En secreto, planeaba matarlos con una bomba… pero durante la cena, nunca sucedió, sorprendiéndola mucho.

Una vez que los invitados se fueron, la dama comenzó a repasar por qué su plan había fallado. Sin que nadie lo esperara... la bomba detonó, matándola instantáneamente y destruyendo la parte sur de la mansión que era su base de operaciones.

Clara Vine, una de sus guerreras, fue quien frustró sus planes y la asesinó.

Más tarde, se casaría con Erwin y fundarían la ciudad de Hillwood.

Ambos vivían en la calle que ahora llamamos Vine, en la gran casona abandonada embrujada, pues dicen que el espíritu de Dulcinea nunca salió de la casa y promete vengarse de cualquiera que se atreva a entrar en ella…

El fin…

Los estudiantes estallaron en aplausos ante otra brillante actuación del moreno.

- ¡Genial Gerald! Sin duda, sigues siendo el guardián de las leyendas urbanas.

- Gracias Stinky, es un placer.

- Estudiantes, solo recuerden, Dulcinea no era real, ningún historiador ha podido encontrar registros sobre ella, es solo una leyenda urbana, ahora conozcamos la verdadera historia de…

El timbre de salida interrumpió al profesor, un segundo después los jóvenes habían salido del aula.

- Tengo que pedirle a Gerald que me ayude en las clases de historia. - Suspiró el profesor. Resignado, comenzó a guardar sus cosas.


– Autobús escolar–

- Creo que Simmons está mintiendo. Yo creo que Dulcinea es real, pero los adultos odian las historias graciosas. - El adolescente gordo abrió su bolso y sonrió al encontrar un sándwich en él.

- Estoy de acuerdo contigo esta vez. - Agregó la chica más inteligente.- Algunos registros no oficiales hablan de una chica sin nombre que ayudó en esas batallas.

Harold y Sid voltearon atrás para mirar a Gerald y Phoebe, que estaban sentados juntos.

- Bueno, creo que la única forma de comprobarlo es entrando en la casa.

- ¿Estás loco Sid?. - Gerald casi se atraganta con su jugo. - Ese lugar se está cayendo a pedazos. No creo que sea una buena idea, ¿verdad, Arnold?

Phoebe, Gerald, Sid y Harold giraron a su derecha donde estaban sentados los rubios, dándose pequeños golpecitos en sus pies y coqueteando entre ellos... Cuando ambos sintieron que todos los miraban, Helga lo empujó contra la ventana y frunció el ceño.

- ¡Cabeza de balón, Criminal! ¡Déjame en paz! ¡Estoy tratando de escuchar la historia, pero no me dejas!

- ¿Yo? ¡Estabas cruzando a mi espacio, Helga!

El cabeza de balón se puso de pie, todavía con las mejillas rojas. Se sacudió la ropa y se sentó.

- Pero como dije, estoy de acuerdo con los chicos.

- ¿Qué? - Dijeron Phoebe y Gerald con sorpresa.

- ¡Perfecto! ¡Así que Arnold acepta el reto!- gritó felizmente Harold. - ¡Nos vemos esta noche chicos! Vamos Sid, necesitamos algunas linternas y comida.

- Ehm… Pheebs, por favor explícame… ¿Qué acaba de pasar aquí?

- Bueno Helga, Arnold aceptó entrar a la antigua Mansión Milligan… esta noche…

- Arnoldo… ¿estás loco? - Helga estaba totalmente sorprendida.

- Caramba… no sabía de lo que estaban hablando…

- Porque estabas muy ocupado, ¿eh, amigo?

- Geraldo, no estás ayudando… No puedes hacer eso, sería peligroso.

- Si Arnold, Helga tiene razón, no tienes que probar nada.

- Si no voy Phoebe, sería peor… la gente podría sospechar de nosotros… tengo que hacerlo…

- Oh no, dije no, no puedes hacer eso… prefiero… romper contigo…

- ¿Qué? olvídalo Helga... He hecho cosas más peligrosas que esto antes, no te preocupes.

- Sí, pero sobreviviste solo porque yo estaba allí ayudándote.

- No, he hecho las cosas por mi cuenta… ¡sin ti y sobreviví!

- ¡Oh no Arnold, confía en ella, ella estaba allí!... ¡Auch! - Luego de la nada sutil intervención del moreno, Helga lo detuvo con un puño poco amistoso en su hombro.

- Lo siento chicos, pero ahora estoy decidido... lo haré...


– Mansión Milligan - 11:50 pm

A pesar de que era una noche de primavera, las nubes invadían el cielo y un viento frío movía los cabellos de Arnold y su amigo. La enorme mansión se encontraba en perfectas condiciones, tan elegante y con arquitectura de la época.

- Entonces… cuando hablábamos de la leyenda en el salón de clases, todo el último período, y luego en el autobús… nunca nos prestaste atención, ¿en serio?

- Para ser honesto contigo... ni una palabra... - Arnold miró a su mejor amigo sorprendido.

- ¡Sí que estás mal viejo! Ahora tienes que ir adentro.

- Oh no, Arnold no lo hará… este basurero se está desmoronando, incluso cuando lo odiaba, nunca lo hubiera obligado a hacer algo tan peligroso como esta estupidez.

- Sí hermana, pero su honor está en peligro…

- Además… si no voy, los demás sospecharán de nosotros… no te preocupes Helga… Sé lo que hago, créeme…

- Hola Arnold, estás aquí, ¡increíble! - Dijo Sid y Harold continuó entre risas.

- Entonces, ¿estás listo para enfrentar el desafío?

- En realidad Harold... yo...

- No me digas, melenudo, que te estás echando atrás… ¡cobarde! - Helga se metió en su papel de matón.

- ¡No soy cobarde y lo haré! ¡Dame la linterna!

Arnold agarró su mochila y arrebató la linterna de las manos de Harold.

- Pensé que la idea era convencerlos de que se rindieran, no inspirarlos, Helga, ¿qué estás haciendo?

- Honestamente, Pheebs, me dejé llevar...

- ¡Te acompaño hermano, espera! - Gerald corrió hacia su amigo.

- ¡Esperaremos aquí para asegurarnos de que no se asusten! - Gritó el chico de la uniceja cuando Gerald y Arnold finalmente entraron.


– Mansión Milligan - Sala de recepción

El sonido de la madera crujiendo se escuchaba con cada paso que daba el rubio. La oscuridad reinaba a su alrededor. Se le puso la piel de gallina ante el extraño frío que se sentía en el antiguo lugar.

-¡Arnold! ¡Espérame!

-¿Gerald? ¿Qué estás haciendo aquí?

- ¿Pensaste que te iba a dejar solo en la casa embrujada? Ni en sueños, si morimos, ¡es juntos!

Ambos hicieron su clásico saludo y comenzaron a caminar lentamente por la habitación.

Para ser una casa tan vieja y abandonada, estaba en tan buen estado como el exterior.

Las paredes estaban llenas de retratos de paisajes, que parecían ser la ciudad de entonces.

En los armarios del comedor se exhibían finos juegos de té.

- Es extraño. - habló el moreno, rompiendo el silencio sepulcral. - Todo está tal como lo dejaron los antiguos dueños, solo que cubierto de polvo y telarañas.

- Lo sé y es extraño que ningún ladrón lo haya saqueado.

- Es por la leyenda hermano, nadie es tan estúpido como para molestar a los espíritus...

- A excepción de ustedes, por supuesto.

Los dos chicos gritaron tan fuerte como sus pulmones se lo permitieron ante la intrusión de la misteriosa voz femenina.

Después de dejar caer sus linternas, Arnold levantó la suya y apuntó temeroso a la enorme sombra frente a ellos.

-¿Helga? Phoebe? ¿Qué están haciendo?

- ¿Pensaste que los dejaríamos solos? Sabemos que no podrían sobrevivir sin nosotras. - Declaró la chica del lazo rosa, ajustando una de sus coletas.

- Claro que no, somos hombres, fuertes, valientes y sabemos... ¡ah!...

Fue lo que logró decir el moreno antes de que el suelo se abriera y él cayera por el agujero.

-¡Gerald! - Su novia gritó preocupada.

- ¿Ves? ¡Vamos a por el chico aventuras!

Bajaron las escaleras, con cuidado, tratando de no cometer el mismo error que Gerald.

Mientras Arnold y Phoebe se adelantaban un poco, Helga sintió una mirada pesada sobre ella, detuvo su camino y miró hacia un cuadro antiguo, por un segundo, sus ojos quedaron hipnotizados por los ojos color ámbar de la dama de ese cuadro. La chica de ojos azules caminó hacia ella y la tocó y sin que ella se diera cuenta, la pared giró, llevándola a una habitación secreta.

Al bajar las escaleras, encontraron al moreno boca abajo en lo que parecía un viejo sofá.

- Gerald, cariño, ¿estás bien? - Phoebe se arrodilló para estar a su altura y lo abrazó.

- Si nena, creo que sí... pero me dolerá en la mañana...

- Creo que es suficiente chicos... será mejor que regresemos, ¿verdad Helga?...

Pero el silencio fue su respuesta.

-¿Helga? No es gracioso, vamos.

- Arnold, creo que Helga no está.

- ¿Crees que está bromeando?

- No lo creo, Gerald, mira al suelo. - Señaló el rubio y sus amigos se giraron. - Aquí se pueden ver mis huellas y las de Phoebe, pero no hay rastro de ella.

- Pero ella venía detrás de nosotros, y no escuchamos ningún ruido de caída... ¿dónde podría estar?

- No sé, lo mejor es que vayamos a buscarla, antes de que le pase algo.

Sin ser notado por los chicos, un líquido rojo y viscoso comenzó a salir debajo de la silla, acercándose lentamente por detrás de ellos.


– Mansión Milligan - Sótano secreto

- ¿Hola? ¿Chicos? ¿Están aquí? ¿Alguien puede oírme? - Gritó la chica, pero estaba totalmente sola. - ¡Perfecto! ¡Simplemente perfecto! Y yo estoy aquí, otra vez, en problemas, cortesía de Arnold Shortman...

Tocó un poco la linterna para encenderla y comenzó a inspeccionar su entorno.

De repente, una extraña melodía comenzó a sonar en la habitación, que parecía ser un dormitorio subterráneo con una pequeña biblioteca en el lado izquierdo.

Helga comenzó a caminar buscando la fuente del sonido. Aunque algo dentro de ella le decía que no lo hiciera, algo externo a ella la instaba a ir.

Llegó a la biblioteca y encontró una vieja caja de música.

- Entonces eso fue... Tengo que dejar de ver esas estúpidas películas porque...

Pero un olor espeso de perfume rancio llenó la habitación. Estaba cada vez más cerca de ella.

- Ok, esto no me gusta y no quiero ser la primera estúpida en morir, mejor me vuelvo por donde vine.

La preadolescente volvió a tocar la pared, pero esta vez no se giró.

- ¡Perfecto! Estoy atrapada aquí... ¡Mataré a esos dos idiotas cuando los vea! ¡Voy a dejarle el otro brazo peor a ese chico rosa!


– Mansión Milligan - Cocina 2:50 am

- ¡Arnold, esto está mal! Hemos caminado por todas partes y Helga sigue desaparecida… Traté de llamarla pero su celular está fuera de servicio…

- Sí, amigo, esto es tan extraño... más que las otras veces en las que tuvimos que probar la veracidad de las leyendas urbanas.

- Lo sé chicos y estoy de acuerdo con ustedes... Estoy tan preocupado, ella entró solo para ayudarme... solo para mí...

- No te sientas mal Arnie, conociendo a Helga, ella está bien, quizás esté afuera, tranquila, esperándonos.

– Mansión Milligan - Sótano

- ¡Odio este lugar! ¡Odio este lugar! ¡Quiero ir a casa! No sé cómo liberarme y… -

La claustrofobia de Helga comenzaba a apoderarse de ella, cuando una vez más, cayó al suelo. - Aquí en el suelo, es mi final... Oh Arnold, mi amado, mi príncipe... nuestro destino no será estar juntos, la vida nos separa y... ¿Qué es eso?

Un relicario de plata llamó la atención de la niña e interrumpió su soliloquio.

"Mi querida hermana Dulcinea, feliz cumpleaños, gracias por toda tu ayuda

en esta batalla, siempre tuyo, tu hermano Edwin".

- Parece que por una vez, estos idiotas tenían razón… Ella era real… Tal vez… si muevo algún otro libro puedo encontrar otra pista…

Helga comenzó a mover cada uno de los libros del gabinete que estaba junto a la pared por donde entró, todos parecían ser de la misma época de la casa y sus muebles.

De repente, uno bastante grande cayó al suelo y de él salieron varios mapas antiguos.

- Esto parece ser... planos y planes de guerra...

Los tomó en sus manos y miró las iniciales en todas las hojas: "DM".

- Sí… es oficial… Ella era real y los historiadores limpiaron la imagen de los Milligan, ¡qué desastre! Una potencial mujer dictatoria y una cuñada asesina... interesante. Pero la pregunta es... ¿¡cómo saldré de esta habitación!?

El relicario cayó de sus manos y de él apareció una pequeña llave junto con una nota:

General Miligan:

Espero que encuentres esta nota a tiempo, tu hermana se ha vuelto loca, y planea volar el ala sur de la mansión, evita a toda costa ir a esta cena, estoy confinado y no podré ayudarte, pero he enviado a mi mejor soldado, el cadete Vine vendrá a ayudarte, ten cuidado. En caso de que quieras salir, el sótano, nuestra base secreta, puedes encontrar una puerta detrás de la cama..."

- Bueno, esto es bastante útil... Será mejor que me vaya de...

Helga miró hacia arriba y sintió que sus ojos azul cielo se agrandaban, el reflejo de una dama en el espejo estaba justo detrás de ella.

Ni siquiera pudo gritar, antes de que sus piernas se paralizaran, tomó la llave y encontró la pequeña puerta, su mano se acercaba y la habitación se sentía más fría.

- ¡Caramba! ¡Vamos, vamos!

Su mano temblando de miedo hizo que la tarea fuera aún más difícil, hasta que finalmente vio que la puerta se abría en el segundo en que algo helado tocó su hombro.

Rápidamente salió y cerró la puerta de golpe y suspiró un poco más tranquila.

- Escuché algo en la habitación. - Dijo Gerald desde lejos, y las voces de sus amigos comenzaron a acercarse.

-¡Helga! ¡Aquí estás! - Arnold acortó la distancia entre ellos y, aliviado, le dio un fuerte abrazo. - ¡Te estás congelando! ¿Qué pasó?

- Te diré cuando estemos fuera de aquí, será mejor que salgamos de aquí... ¡ya!

Sin intención de querer averiguarlo, los tres la siguieron hasta la puerta principal, salieron y respiraron aliviados. Harold y Sid se despertaron y se acercaron a ellos.

- Bueno, pequeños llorones, ¿Encontraron algo? ¡O su miedo no les dejaba ni abrir los ojos! - se burló Harold, hasta que Helga restregó el viejo relicario que había encontrado en su frente.

- ¡Aquí está tu prueba, chico rosado! ¡Ella era real! Ahora, si me disculpas, es la hora maldita y prefiero estar en la tienda de mi papá que un segundo más aquí. ¡Helga fuera!

Los chicos miraron con asombro la vieja fotografía del relicario mientras ella se alejaba a toda prisa, todavía con la cara pálida como una nube.

-¡Helga! ¡Espera! - Su novio corrió unos pasos, para dejar atrás a los demás. - ¿Estás bien? Te ves mal…

- Arnold, solo voy a decir... Nunca más te desafiaré a fingir algo... ¿Puedes caminar a casa conmigo?

- Claro… no te preocupes, estoy aquí y todo está bien. - Le tomó la mano y le sonrió, ignorando la espeluznante sombra dentro de la mansión que la seguía con la mirada.

FIN


Tenía ganas de escribir una nueva leyenda urbana de la ciudad, y debo confesar que fue un poco difícil, es decir, en el programa vimos muchas perfectas y tenía que hacer algo similar pero no peor y esto es el resultado, fue una aventura muy divertida de escribir y género con el que no suelo trabajar. ¿Qué opinas?