Día 2 en la noche.
Jean sollozó en el regazo de su Ma, mientras su Perè le daba pequeñas caricias en su espalda y después en su cabeza.
Otras lágrimas salieron de sus ojos cuando el cielo volvió a sonar con más fuerza, escondió su cabeza en el pecho de su Ma.
Dio un grito.
—As-as que deje de sonar—Jean murmuró intento hacerse más pequeño y quería taparse los oídos, pero sentía que, si soltaba a su Ma, entonces el sonido se volvería peor. —Tengo miedo.
—Jean es un fenómeno natural de la naturaleza, no hay nada porque preocuparse—Su Perè dijo con simpatía—Te puedo asegura que pasara…
—Erwin—Su Ma dijo tono cortante, Perè guardo silencio—Jean. Son truenos y relámpagos, a veces pueden ser peligrosos si estamos en zonas no adecuadas—Jean lloro con más fuerza—Pero estamos en el bosque las posibilidades son pocas. Hey mírame—Jean levanto la cara con un gemido lloroso, su Ma le sonrió y tomo su cara con sus manos y con los pulgares seco unas lágrimas—Está bien tener miedo. Sé que el ruido puede ser intimidante, y puedes llorar toda la noche si quieres. Solo quiero que sepas que papá y Ma, estarán contigo.
Jean asintió… No sabía si asintió para confirmarle o confirmase que ellos estarían.
Lloro cada vez que el trueno hacia su sonido con fuerza, pero su Ma seguía abrazándolo y su Perè seguía dándole pequeñas caricias en el pelo.
—Nooo—Jean se estremeció cuando su Ma intento abrir la carpa. Si Ma abría la puerta, entonces monstruos podía entrar—Ma—dijo lastimosamente.
—Levi…
Su Perè parecía dudoso.
—Quiero que veas que estamos bastante lejos de la tormenta—Jean soltó otro torrente de lágrimas. —Solo será un momento, si aun tienes miedo lo cerrará.
Cuando la carpa fue abierta, Jean se acurrucó más cerca de su Ma… Pero lo único que pudo ver a lo lejos, fue una gran nube de colores oscuros. Si bien Jean pensaba que eran de colores muy deprimentes y nada bonitos como el verde y azul. Tenía que admitir que el color café, y algo morado se veían bien como si fuera esponjoso.
Pero ese tipo de esponjosidad no le gustaría tocar.
Aun así, era bonito.
Jean se sobresaltó y grito cuando del cielo callo un gran luz, no cerca de ellos, pero sí pudo verlo de lejos. El sonido hizo que su corazón se agitara como loco…
Pero el cielo se había prendido por unos segundos, y una ráfaga de aire había llegado a la cara haciendo a que Jean cerrara los ojos. De pronto como si ese hubiera sido el último sonido. Todo parecía con mucha calma.
Hasta escucho pequeños goteos en la carpa, como también vio gotitas de agua en la tierra…
—Nos vamos a ahogar—murmuró.
—No, porque tu Perè es precavido y trajo una carpa aprueba de agua, y está bien instalada—Su Ma respondió con calma y calidez. Jean tenía los ojos casi cerrados —¿Quieres comer algo?
—Si—Jean se separó un poco de su Ma, pero miro con duda—Pero la comida está afuera… En el auto.
—Quédate con tu Perè, iré a buscar comida—Su Ma, salió de la carpa.
Jean se acurrucó en el costado de su Perè, haciendo que su Perè pasara su brazo por su hombro. Cubriéndolo por completo. Aún no era su hora de dormir, pero Jean se sentía muy cansado, recién se estaba oscureciendo.
Aunque tenía que admitir que había hecho mucho ejercicio hoy, con su Ma y Perè habían ido a una pequeña cascada, y Jean se había mojado y nadado. Por lo que estaba cansado.
Sobre todo, había caminado todo el trayecto.
Lo único que había querido era poder llegar a comer y dormir en la carpa. Pero la bonita y tonta tormenta había decidido asustarlo.
—Ma trajiste muchas cosas—Jean comento viendo que su Ma había traído una maleta y una bolsa.
—Nuestros piyamas, cepillos. Como mantas, porque va a hacer frío. Y toallas.
—Me voy a bañar afuera—Jean miró la lluvia que parecía calmada.
—No, niño tonto—Su Ma se rio—Es para secarte el pelo cuando vayas al baño.
Jean abrió un poco la boca sorprendió. Pero eso le gano un bostezo involuntario. Sentía sus ojos cansados, casi se sentía obligado a dormir...
—Jean abre la boca—Jean parpadeo cuando su Ma lo movió un poco, miro a su Ma que tenía una mamadera…—No me mires así, niño. Estas que te caes del sueño, no quiero que te atragantes con la comida.
—Yo no soy un bebé—Aunque su voz no salió muy segura. Quizás por el sueño, quizás porque tenía hambre.
—Claro que no —Su Perè acaricio su cabello —No es una mamadera, es un vasito con sorbete, que tiene un rico batido.
—De leche de chocolate, puede que esté más espeso…
—¿Por qué tiene más chocolate? —Jean pregunto esperanzado.
Su Ma puso los ojos en blanco
—Si, Jean porque tiene más chocolate—Jean recibió feliz el vasito con sorbete.
—Levi…
—Cállate—Su Ma miro fijamente a su Perè—Va a estar insufrible si le dices lo contrario.
Cuando termino su leche… Jean se sentía lleno, muy lleno como si hubiera comido demás. Sin contar que su leche estaba muy espesa. Pero tenía tanto sueño que quizás dejaría pasar la pregunta por qué tenía grumos su leche.
—Ahora si no abres la boca, no puedo levarte los dientes—Jean mordisqueo el cepillo en su boca, tenía los ojos cerrados. Su Ma soltó un suspiro entre fastidiado y divertido mientras lo tomo en brazos, y le quito el cepillo de dientes—Abre la boca y saca la lengua.
Escucho la risa divertida de su Perè.
—Quiero un cuento—Jean dijo cansando.
—Qué te parece una pequeña historia—su Ma dijo acostándose a su lado, y beso su frente—había una vez, un pequeño niño que se recostó entre sus padres… Y se durmió.
Si Jean no hubiera estado tan cansado, y con los ojos a punto de cerrarse. Él hubiera dicho a su Ma que era el segundo cuento peor que había escuchado de su Ma. El primero era de un niño que estaba en su cama… Y se durmió.
Por mucho que quería refutar y decirle a su Ma que era una mala historia, se acurrucó más cerca de su Ma para cerrar sus ojos… No antes de tomar el piyama de su Perè y saber que él no se iba a alejar.
Por mucho que ahora solo había un sonido de lluvia, Jean aún tenía mucho sueño y tenía que saber que Perè se iba a quedar cerca.
Él tenía que saber.
Día 3
Arrugo la nariz cuando sintió que picaban su mejilla, un sonido de una risa le hizo bufar molesto porque ahora le estaban picando su nariz.
—El desayuno está listo—la voz de su Ma, le hizo parpadear soñoliento—Tu Perè te hizo panqueques, ¿No vas a querer que las ardillas se las coman?
—Las ardillas son malas—Jean aún no se había movido, pero se dio cuenta de que aún estaba acostado con las mantas hasta el cuello. Jean sentía su nariz helada—ya no me gustan.
—No te gustan cuando te quitan las cosas que te gustan, pero bien que estabas contento cuando les diste tus verduras a esas ratas.
—No le digas así Ma—Jean negó—Son ardillas, y yo no se las di a ellas, salto a mi plato. Me quito mi brócoli.
—Dijiste que te comerías las verduras—Su Ma levanto una ceja. Jean intentó esconder su cara en el pecho de su Ma, pero él no lo dejo—Quizás podemos llegar a un acuerdo.
Jean miró curioso. Normalmente Jean no tenía ese privilegio de llegar acuerdos con sus padres, o al menos no cuando se trata de su comida, y bebidas. O algo que fuera divertido como subirse a los árboles.
—¿Cuáles son las verduras que te gustan?
Jean hizo una mueca.
Todas las verduras sabían desabridas…
—La zanahoria sabe dulce. Y también me gusta esa de color morado.
—Bien—Su Ma asintió—Que te parece un poco de lechuga en tu plato.
—… Me gusta la ensalada—Jean admito. Tenía sabor.
—Bien, entonces zanahoria y para las comidas. Lechuga, beterraga para ensalada… Quizás guisante.
—Nooo—Jean lloriqueó—no me gusta. Parecen bolitas de mocos.
—¿Pepino? —Jean intento recordar la verdura larga y verde… No era mala.
—Si…
—Necesito más verduras para tu comida Jean. No te puedo dar solo zanahorias.
—… Papa—su Ma le pico la pancita su pancita. Jean chilló—Me gustan los tomates bebes, pero no los adultos.
Su Ma soltó una risa, pero asintió
—Qué te parece si asemos algo—Su Ma soltó suspiro—te are arbolitos verdes y arbolitos blancos.
Jean frunció el ceño intentando comprender, lo que decía su Ma. En la escuela ya le había pasado los vegetales, no conocía ninguno que fuera arbolitos verdes y blanco… Quizás era una nueva especie.
—Está bien.
Después de que Jean fuera vestido, e intento esconderse varias veces de abajo de las mantas porque hacía frío. Jean salió para comer...
Se quedó mirando como había un gran sol, pero del suelo salió humo. Cuando abrió la boca también salió humo… Ho.
—Se te van a helar los panqueques, y vas a estar lloriqueado Jean—Su Ma dijo ya sentando en la mesa. —Puedes jugar después.
—Soy un dragón—Jean soltó una bocada de humo, se rio cuando su Perè le alboroto el cabello. Volvió a soltar bocadas de aire, mientras masticaba los panqueques de su Perè, que había preparado. Ahora que recordaba…
—¿Por qué cambiamos de auto? —Jean se llevó a la boca su chocolatada… Estaba menos espeso que ayer.
—Para traer más cosas, le pedimos un auto a tu abuelo Uri—Jean asintió comprendiendo, comió su último trozo de panqueque.
—¿Qué vamos a hacer hoy? —Jean mordisqueo la boquilla de su vasito—¿Puedo tener una mascota?
Jean observó a sus padres como parecía incómodos con lo último, llevaba quizás como un mes haciendo la misma pregunta. Siempre que preguntaba sus padres decían que era aún muy pequeño para cuidar un animal, pero Jean había cuidado muy bien de su pez y siempre lo alimentaba. Se acordaba que tenía que limpiar la pecera.
Pero su pececito había enfermado, cuando fue alimentarlo en la mañana… Estaba con la panza flotando.
—Jean no puedes llorar para conseguir lo que quieras, sabes que las cosas no funcionan así—Jean olfateo, y negó con la cabeza—¿Qué pasa cariño?
—Roberto—Jean se secó sus lágrimas.
—Ho cielo, siento mucho eso. Pero aun podemos comprarte otro pez—Jean negó—Un pez es más fácil de cuidar, que un perro. Lo hiciste tan bien cuando tenías pez.
—Pero yo no quiero un perro Perè—Jean miro a su Ma. Mientras su Ma puso los ojos en blanco. Se llevó la mano a la cara—Yo quiero un pato.
—Ya te dije que los patos no son mascotas—Su Ma negó. —Ellos necesitan espacio y una laguna. Nos sale más conveniente un perro o un gato.
—Yo no quiero un perro ni un gato, yo quiero un pato o una gallina.
Su Perè parecía incrédulo, miraba su Ma y después lo miraba a él.
—¿Pato? ... ¿Jean por qué quieres un pato?
—Porque los patos son bonitos, y me gustan sus plumas. Hacen cuack, cuack.
Su Perè se llevó ambas manos cerca de la cara, y entrecruzo sus dedos, apoyo su barbilla un poco en sus manos… Parecía estar meditándolo.
—Lo hablaremos con tu Ma—Su Ma, miro feo a su Perè, frunció el ceño—Veremos si es conveniente para la casa y si podemos tener… Ese tipo de animales. Y si estás dispuesto hacerte responsable de ese tipo de animal, no son tan sencillos de cuidar como lo parecen. No puedes jugar con ellos como te gustaría…
—Con los peces tampoco puedes jugar—Jean se cruzó de brazos.
—… Supongo que tienes razón, pero aun así tenemos que conversarlo—Jean asintió más conforme. Hasta momento solo había recibido negativas de parte de su Ma. Por lo que había esperado el momento adecuado para decirlo junto a con su Perè. —Bien, con lo que haremos hoy. ¿Qué te parece ir a pescar? —Jean negó.
—Roberto no va a estar feliz, que nos comamos a sus amigos.
—Podemos atraparlos y después dejarlos ir—Su Ma aporto levantándose para tomar su plato verde. Probablemente para lavarlo—Estoy seguro de que Roberto no le molestara que hicieras eso.
—Ho verdad, ya no comes pescado—Su Perè suspiro divertido—Está bien entonces que te parece hacer lo que dijo tu Ma.
Jean miró sus manos unos segundos, estaba en conflicto. Su Perè le había dicho que no podía sacar a Roberto de su pecera porque eso le hacía daño, pero ahora su Ma le decía que podía sacar los peces y dejarlo en el agua…
¿Cuál es la diferencia…?
—Jean, no te pondrás jugar con los pescados. Solo vos pescar unos segundos y después lo vas a dejar en el agua. Puede que ni siquiera pesques nada. Pero podremos andar en el bote. Ahora come tu pastilla—Jean abrió la boca cuando su Ma introdujo la pastilla trasparente… Jean no la mordía porque sabía a pescado.
Su Ma dejo un puñado de almendras para que comiera, mientras esperaba que sus padres limpiaran todo. Normalmente en la casa Jean limpiaba su plato y su vasito cuando terminaba, pero aquí no podía ayudar porque estaban lavando en una fuente. Su Ma parecía muy serio como para ayudarlo.
Parecía más perseverante en dejar todo limpio. Tanto Perè como él sabían que, si su Ma tenía esa mirada, eso solo decía que no iban a aguantar errores.
Cuando se terminó su última almendra se bajó de su silla. Miro como aun su Ma estaba limpiando y Perè estaba volviendo a desarmar…
Quizás podía salir a explorar…
—Adonde crees que vas mocoso—Su Ma paso sus brazos por su pancita, como darle una abrazo y lo levanto para caminar hacia el auto. Jean tenía sus piernas colgando —¿Que dijimos de salir por ahí, sin ninguno de nosotros?
—… Que no podía—Jean murmuró bajando la cabeza. Pero su Ma con su dedo levanto su cara, empujando su barbilla—Que no podía.
—Bien, ¿Por qué ibas a salir sin ningún de nosotros?
—Porque estaban ocupados, en la casa puedo ir a jugar cuando ustedes están ocupados. —Jean empezó sentirse frustrado.
—Es diferente—Su Ma puso los ojos en blanco.
—No lo es, Ma estaba lavando al igual que en la casa, y Perè estaba ordenando como en la casa…
—En la casa hay paredes, en la casa hay puertas. Y en la casa está limitado hasta donde puedes ir. Aquí no. —Su Ma dijo con más dureza—Si te pierdes como voy a saber a dónde mierda te fuiste.
—Levi… —Su Perè dijo desaprobadoramente. —Sin groserías. Pero Jean lo que te dijo tu Ma, es cierto. Estamos en un espacio libre. Por lo que te puedes perder.
—Quiero explorar—Jean dijo molesto.
—Mira mocoso...
—Jean, primero baja tono—Su Pa dijo serio. Jean soltó un bufido frustrado y aparto la cara—Segundo no está bien que nos contestes así, entiendo quieras verás ver lugares, pero te puedes perder sino estas con ninguno de nosotros. Así que te vas a quedar en el auto hasta que terminemos, y saldremos.
Jean aún estaba molesto, porque se acomodó mejor en el auto para ignorar a sus padres y darles la espalda. Pudo escuchar el bufido molesto de su Ma, pero lo ignoró. No paso mucho cuando sintió que dejaban al lado algo. Jean le dio una mirada de reojo lo que le habían dejado.
Era sus mandalas para que pintara, con su tele pequeña. Tenía puesto en la pantalla tanto como sus caricaturas, como también la opción de escoger música.
Apretó el lado de la música, para que se produjera sonido, normalmente era música de instrumentos. Por qué su Perè dijo que era buena música. Tomo sus mandalas y empezó a pintarlas. También noto que le habían dejado un vaso con agua y que tenía boquilla para que no tirara nada.
Estaba dibujando en una de las hojas en blanco que también le había dejado, cuando su Ma aparecía levanto una de sus cejas…
—… Lo siento—Jean hizo mueca—Pero yo soy muy inteligente. No me voy a perder.
—… Ven aquí—Su Ma lo levanto en sus brazos, Jean lo tomo del cuello. Jean estaba en los brazos de su Ma, su Ma se apartó un poco para que ambos se queden mirando la cara—Incluso un adulto se puede perder, si no pone atención.
—Pero los adultos son inteligente—Jean dijo con duda, su Ma estaba avanzando hacia el bosque.
—No todos los adultos son inteligentes—Su Ma dijo divertido—No se trata de inteligencia, se trata de recordar como volver y tener buena orientación—Jean miro hacía a su alrededor—Ahora ¿Dime como volvemos al campamento?
Jean miró a su alrededor… Todo se veía igual. Solo había árboles y mucho verde…
—Ey no llores—Su Ma dijo con un suspiro secando sus lágrimas—No estamos perdidos sé cómo volver al campamento, pero como vez aun eres muy pequeño para recordar como volver solo o dejarte explorar por tu cuenta. Pero ¿Sabes qué? —Jean negó —Te voy a enseñar como, no vas a prender enseguida, eso está muy bien. Por qué no necesitas aprender todo rápido. Aprenderás después.
Jean asintió. Aun deprimido porque no podía volver solo, pero tuvo que admitir que todo se veía igual, claramente no podía estar solo ahí, su Ma le tomo la mano, Jean observo a su rededor.
Ma dijo que podía aprender con el tiempo.
—Ni se te ocurra lanzarte al agua, porque vamos a tener una buena pelea, niño—Jean estaba seguro de que no estaba mostrando su cara, por lo que rodó los ojos. Sintió que le pellizcaba su oreja
—Ay, Ma—Jean se dio la vuelta viendo mal a su Ma que tenía los brazos cruzados, y lo veía con burla.
—Cuanta veces te he dicho que no me hagas caras. —Jean aparto la cara bufando. Arrugo la nariz—Ahora aléjate del borde del bote. —Su Ma lo tomo en brazos. Jean observó como su Perè remaba para llevarlos más lejos de la orilla. Jean volvió a mirar al agua, aunque estaba bien sujeto por los brazos de su Ma.
—Pez, pez, pez, —Jean intento tocar uno que había asomado la cabeza, pero se escapó—Se fue—Jean dijo incrédulo—No me lo iba a comer.
—Dudo que el pescado sepa eso—su Ma lo acomodo mejor para que tocara el agua.
Su Perè le explico cómo poner la trampa para los peces.
—¿Tengo que atravesar a un gusano? —Jean miro al gusano retorcerse. Su Ma parecía asqueado—así.
—Si así—Jean miro a aun gusano retorcerse…
—¿Le duelen? —Jean pregunto a sus padres. Su Ma tomo el palo de la pesca, y la tiro. Se lo entrego—Ma…
—No pienses en eso—Jean frunció el ceño—has tu propio juicio cuando vayas creciendo.
Miro el palo de pesca y sintió que tiraban despacio…
Jean miró feo el pescado que tenía en las manos, porque sus padres querían que se tomara una foto con el pez.
—Vamos Jean una sonrisa—Su Perè le sonrió.
—El pescado me mojo—Jean siseo molesto viendo al pescado—Roberto no era tan malo.
—Roberto era pequeño. —Su Ma rodó los ojos—te lo vas a comer, o lo vas a dejar libre—Jean miro serio al pescado.
—Tonto pez—Jean lo soltó para que nadara… Pero él condenando pescado lo salpico—Ma, Perè. Lo hizo a propósito—Jean miro incrédulo. Sus padres se estaban riendo—No es gracioso. No se rían.
—Lo siento, lo siento—Su Perè se acercó y le dio un abrazo—Mejor.
Jean se quedó en los brazos de Perè, sabía que estaba refunfuñando. Pero de todas formas se quedó en su refugio.
El pez fue el tonto.
Jean había disfrutado de un buen almuerzo, había comido fideos con arbolitos verdes, muy pequeños, su Ma le explicó que eran los hijos del brócoli, por lo que sabían mejor.
Sabían muy ricos.
Ahora estaba con su Perè en la hamaca que habían instalado. Jean estaba acurrucado en un costado se sentía que su cuerpo como una masita, sobre todo sus ojos parecían cerrarse involuntariamente.
—¿Qué vamos a hacer mañana? —Jean murmuró apretando la polera de su Perè entre sus manos—¿Qué vamos a hacer mañana?
—Bueno—Su, Perè acaricio su pelo y le sonrió—Vi en el mapa una cueva, no está muy lejos de aquí, pero si es una caminata larga. —Jean asintió—Así que pensaba que podríamos comer durante el camino.
—A Ma, no le gusta que me pierda mis comidas—Jean dijo preocupado. Desde que tenía memoria Jean recordaba que su Ma era muy estricto con las comidas. Nunca había comido fuera de sus comidas, los bocadillos están prohibidos, solo podían consumirlos como una merienda.
—Si, eso lo sé—Su Perè miro hacia cielo, Jean siguió su mirada, vio la luz del sol atravesar los árboles para justo llegar a ellos—traje un pequeño termo en cuál podrás echar tu comida, nosotros podemos comer bocadillos…
—Yo quiero comer lo mismo que Ma y Perè—Jean miro serio a su papá. La mirada azul de los ojos de su Perè estaba entre divertido y exasperado.
—¿Me hacen un espacio? —Su Ma lo empujo, un poco para ganarse a su lado, Jean estaba al medio de sus padres—¿Ahora por qué estás peleando?
Jean frunció él y se dio la vuelta para esconder su cabeza en cuello de su Ma.
—Yo no estoy peleando, Perè me quiere engañar para que ustedes coman cosas ricas, mientras yo no—su Ma bufo contra su pelo—A mí nadie me va a engañar.
—Qué te parece esto—Su Ma lo aparto un poco y apretó sus mejillas, —Vamos a llevar el termo con harta comida para que los tres podamos comer, y un poco de bocadillos por si quedamos con hambre—Su Ma le levanto una ceja como preguntarle si estaba de acuerdo.
—Está bien —Jean se acomodó mejor para dormir porque sus ojos no parecían obedecerlo sobre quedarse despierto, tomo la polera de su Ma, cerro los ojos.
