Separadores que encontrarás en esta historia:

FFFFF - Cuando se narra un flashback o algo relacionado con el pasado de un personaje.

PPPPP - Cambio de escena. Ya sea que los mismos personajes estén en un ambiente diferente o que se relate una situación distinta, con otros personajes y en otro lugar.

SSSSS - Un personaje está soñando.


-10 años después.-

Cuando el tren comenzó a moverse en dirección al este, la estación fue haciéndose cada vez más pequeña y distante. Ese día, había empacado una valija lo suficientemente grande como para resistir por una semana. Ya pasaría otro día a la casa de su familia adoptiva para recoger el resto de sus pertenencias. Por ahora, lo único que le importaba, era no causar más problemas de los necesarios. En especial, si su estadía en la universidad comenzaba dentro de dos meses. Suspiró, nublando con su aliento un pequeño tramo de la ventana, donde se atrevió a dibujar una carita sonriente. Se colocó sobre la cabeza la capucha de su chaleco azul oscuro y le subió el volumen a su reproductor de música. Como todavía faltaba un largo camino por recorrer, se dormiría un rato. Sin embargo, antes de poder cerrar por completo los ojos, tanto él como los otros pasajeros, sintieron que la velocidad del tren disminuía.

-¡Atención, atención! – exclamó uno de los encargados de la locomotora. - ¡El personal de la estación de Itabashi, acaba de informarnos que hubo un accidente unos metros más adelante! ¡Lamentamos los inconvenientes, pero tendremos que dirigirnos hacia Toshima!

-Lo que faltaba… - pensó, dejando escapar un suspiro de inconformidad. Al golpear su cabeza con el respaldo de su asiento, las luces parpadearon unos segundos. Sin embargo, no se percató de ello porque estaba más concentrado en visualizar un paisaje diferente al que tenía previsto la tarde anterior. Cuando decidió irse de la mansión Namikaze.

PPPPP

Después de una hora y media, finalmente consiguió llegar a la residencia Sabaku, ubicada en el centro del distrito Adachi. De frente, el edificio se veía muy diferente al que se mostraba en el anuncio por internet. Aun así, le pareció un sitio muy agradable, en comparación con los que había visitado a las afueras de Suginami, junto con sus hermanos adoptivos. Respiró hondo. Tomó la valija; que el chofer del taxi había bajado amablemente antes de retirarse, y se encaminó hacia la recepción. No importaba a donde volteara, todo estaba hecho de madera. El piso, las puertas corredizas, las paredes… ¡Vaya! Era como haber regresado en el tiempo y entrar por primera vez a la casa de su familia adoptiva.

-Buenas noches. – lo saludó una joven de cabello rubio; atado en cuatro coletas, y ojos de color verde azulado, haciendo una reverencia. La ropa que usaba le dio curiosidad, ya que no se trataba de un aburrido y elegante uniforme que solían utilizar en hoteles lujosos. Sino de un kimono de color purpura, acompañado por un listón rojo en su cintura, medias y guantes de red. - ¿En qué puedo ayudarte?

-Buenas noches… - devolvió el saludo. – Mi nombre es Sasuke Namikaze. Ayer hice una llamada para apartar un cuarto.

-Encantada de conocerte. – dijo con una sonrisa, tomando su valija con ambas manos. – Yo soy Temari Sabaku y estaré acompañándote durante tu estadía. Por favor, sígueme. – ambos caminaron por un largo pasillo, decorado con pinturas de bellos paisajes, hasta dar con las escaleras.

-¿Estás bien? – cuestionó preocupado, al ver como tardaba en subir por el peso de su maleta.

-Tranquilo. – respondió. – No lo parece, pero soy una chica muy fuerte. – Sasuke sonrió. De alguna manera, su actitud le recordaba un poco a la de su hermana adoptiva. – Bien, ya llegamos. – anunció alegre, sacando una llave de su kimono e introduciéndola en el picaporte. Cuando vio su habitación, se quedó asombrado al ver el gran espacio que tendría para el solo. – En ese librero puedes colocar los libros que vayas a necesitar para la universidad. – sugirió, señalando un mueble cercano, con una maceta vacía como decoración. – Por acá se encuentra el baño… - dejó la maleta junto a una silla y señaló un pasillo a su lado derecho. - y de este lado hay un closet con el espacio suficiente para guardar tus cosas. – caminó hacia el mueble y abrió una de sus puertas. - Incluye un espejo de cuerpo completo. – cerró la puerta y volvió con Sasuke. – Como son vacaciones, el desayuno se sirve entre las 8 y las 10 de la mañana. Mi hermano Gaara es el chef. Pídele lo que quieres y él te lo preparará. Siempre y cuando, tenga disponibles los ingredientes. – ya iba a cerrar la puerta, pero se le olvidó mencionar un detalle, por lo que sostuvo la perilla unos segundos más. – Por cierto, mi habitación está frente a la tuya. Si necesitas algo, no dudes en tocar mi puerta, estoy a tus órdenes. – y con esa última frase, la joven le dedicó una última sonrisa y lo dejó solo.

PPPPP

SSSSS

Aunque la noche era fría y las nubes amenazaban con soltar una fuerte lluvia, tenía otros motivos para ponerse a temblar. A unos metros de distancia, algo lo estaba persiguiendo. Quiso saber de qué se trataba, pero, al ver como sus familiares se encontraban hundidos en charcos de sangre, por su bien, tuvo que ahuyentar a su curiosidad y salir corriendo de su casa. Jadeaba. Las manos y las piernas le temblaban. Entonces, cuando se vio forzado a salir de su escondite, la vio a lo lejos. Usando un elegante vestido blanco bañado en sangre, la niña de piel pálida no hacía otra cosa más que verlo fijamente con sus ojos rojos. Llenos de una rabia y rencor que no alcanzaba a comprender. A sus 8 años de edad.

SSSSS

-¡Ah! – Sasuke despertó, abriendo de golpe sus ojos negros y moviéndose en el interior de la tina como un pez que llevaba un anzuelo en su boca.

Tener ese sueño, hizo que dudara si estaba bien quedarse en ese lugar. Por cobardía y egoísmo, no fue capaz de avisarle a su familia adoptiva que se alejaría de ellos. Porque, por una parte, no estarían de acuerdo que se fuera en esas circunstancias. Y, por otro lado, seguramente tendrían miedo de que algo malo fuera a sucederle, en especial, si se encontraba solo en un lugar que ni siquiera conocían. De pronto, un relámpago tronó en el cielo, despertándolo por completo y obligándolo a voltear hacia la ventana superior en la pared. Respiró. Salió de la tina y tomó una toalla para secarse. En una repisa de acero inoxidable, había dejado su pijama: una camiseta de mangas cortas color gris y un pants negro. Una vez que terminó de vestirse, salió del baño, secándose su cabello con una pequeña toalla blanca. En eso, las luces comenzaron a parpadear, apagándose luego de unos inquietantes segundos de silencio. Suspiró molesto. Primero el accidente en las vías del tren y ahora la falla eléctrica. Por si fuera poco, escuchó como un objeto se rompía, seguido de unos pasos. Mientras se escondía debajo de una mesa que estaba en el pasillo, un trueno apareció en las nubes, iluminando los restos de la maceta que se había caído junto con dos siluetas extrañas.

-¿Estás seguro de que es aquí? – escuchó la voz de un hombre. Ahora si se sentía agradecido por la falta de la luz.

-No hay duda. – respondió el otro sujeto, dando pasos cortos. – El olor de esa fruta escurridiza está por todo el lugar. – con el rechinar de la madera, se percató de que los desconocidos que entraron a su cuarto se dirigían a la sala de estar. Por lo tanto, si se escabullía entre las sombras y abría con cuidado la puerta, podría salir para buscar un teléfono y avisar a la policía. Para su mala suerte…

-¡La encontré! – sus tobillos fueron atrapados por un par de manos, arrastrándolo en el suelo y levantándolo de cabeza. – Rayos, que mala suerte… - dijo un muchacho; de ojos rojos, piel morena y largo cabello negro, atado en forma de trenza, poniendo una mueca de indignación. - creí que la fruta se trataba de una hermosa chica. – tomándolo solamente con su mano derecha, lo lanzó hacia el centro de la habitación.

-Pero, Hermano Hiten… - habló la criatura que lo acompañaba. - tú ya tienes a muchas Youkai en tu posesión.

-Sí, lo sé Manten. – comentó aburrido. – Pero la mayoría de ellas resultaron ser unas mujerzuelas malagradecidas y eso no me hace ninguna gracia.

-Tengo que salir… - pensó Sasuke, arrastrándose por el piso de madera y extendiendo su mano hacia la puerta. - necesito… llamar a la policía…

-Oye, ¿A dónde vas? – preguntó Hiten en tono burlón, agarrando su cuello y alzándolo unos centímetros. - El hecho de que no seas una indefensa mujer humana… - nuevamente lo lanzó al piso, pero esta vez, usó su fuerza sobrenatural para estamparlo violentamente contra la madera. - ¡No significa que no estemos interesados en ti, fruta! – de pronto, la ventana detrás de ellos; la cual iluminaba la mayor parte de la habitación, se rompió de golpe, dejando entrar a otra entidad que los puso en apuros.

-¿Qué diablos…? – cuestionó Manten, al escuchar como los trozos de vidrio caían al suelo.

Sin embargo, antes de que consiguiera voltearse por completo, su armadura y su pecho fueron atravesados por un brazo. Hiten, mirando la escena con horror, se apartó de Sasuke y levantó su pierna para darle una patada a su nuevo oponente. Con lo que no contó fue con el hecho de que lo esquivaría, para luego darle un puñetazo en su rostro, enviándolo al estante vacío y destruyéndolo de golpe. Ya con los demonios en el suelo, la silueta se movió rápidamente en la oscuridad, llevándose a Sasuke en sus brazos y corriendo por el largo pasillo de la izquierda hasta llegar al baño.

-¡Maldita sabandija, vuelve aquí! – ordenó Hiten enfurecido, siguiéndolos junto a Manten. Su oponente no lo escuchó. Cerró la puerta y la aseguró con un campo de energía transparente, lo que significaba que, sin importar cuanto la golpearan, no podrían romperla. - ¡Oye! ¡Abre la puerta o sabrás quién soy! - dentro del baño, Sasuke sintió como unos brazos lo envolvían con gentileza. Al igual que Kushina Namikaze, durante la noche en la que fue atacado por una niña violenta y enojada.

-¿Quién es? – pensó confundido, mientras un relámpago iluminaba a su salvador. En esos pocos segundos, supo que se trataba de una chica, por el par de mechones de cabello negro que caían por encima de una capucha del mismo color. - ¿Por qué no dejó que esos tipos me…? – antes de poder asimilar de forma correcta lo que sucedía, sus labios fueron aprisionados por los de la joven, mediante un beso tranquilizador pero, al mismo tiempo, posesivo. Cerró los ojos. Como no podía moverse bien; gracias al fuerte golpe que Hiten le dio, no le quedó más opción que aguantarse las ganas de apartarse de ella y soportar las caricias que le daba con su lengua. Un instante después, se separaron. Esa había sido la manzana podrida que marcó el final de su pésimo día. Si es que así se le podía llamar.

-¡Te daré hasta la cuenta de tres! – advirtió Hiten, golpeando la puerta con su puño derecho. - ¡Si no nos abres, colgaré tu cabeza en mi pared de trofeos! ¡¿Escuchaste?! ¡Uno, dos…! – ya estaba listo para invocar su arma especial; una lanza capaz de controlar relámpagos, sin embargo, la chica le ganó, explotando la puerta y arrojándolos hacia el centro del cuarto, donde cayeron sobre una vieja alfombra roja con forma ovalada.

-Tres. – murmuró, parándose en el mismo lugar donde estaban ellos y con un trueno iluminando su silueta. Pisando los vidrios de la ventana que rompió y los restos del librero, la joven se agachó a la altura de Hiten. Lo tomó del cuello, levantándolo unos centímetros del piso, y lo estampó contra una pared. – Díganle al rey del inframundo, que si quiere recuperar su fruta… - dijo desafiante, observándolo con unos inquietantes ojos rojos que lo desconcertaron. - primero tendrá que vencerme. – lo soltó. Una vez que estuvo libre, apoyó a Manten en sus hombros y usó una nube grisácea para salir por la ventana rota, perdiéndose en la lluvia. La joven de largo cabello negro hizo lo mismo, dejando a Sasuke con muchas preguntas sin resolver y con un primer beso bastante amargo.

Fin del capítulo.