Separadores que encontrarás en esta historia:

FFFFF - Cuando se narra un flashback o algo relacionado con el pasado de un personaje.

PPPPP - Cambio de escena. Ya sea que los mismos personajes estén en un ambiente diferente o que se relate una situación distinta, con otros personajes y en otro lugar.

SSSSS - Un personaje está soñando.


SSSSS

La expresión que Miroku puso al recibir esa última llamada se lo dijo todo. Algo malo le había pasado a Kagome durante su misión. Para ser sincero, creyó que, otra vez, se trataba de una pierna rota. Sin embargo, sus sospechas cambiaron de golpe en cuanto vio el sanatorio destruido. Como Miroku no podía dejar el templo Higurashi en ese momento, Sango; su esposa, tuvo que acompañarlo.

Al bajar del taxi, caminaron por el lugar, observando trozos de concreto, vidrio y metal. Plantas aplastadas. Charcos de agua y uno que otro goteo que salía de tuberías rotas. Entonces, cuando alzó la vista hacia el frente, la reconoció. Cubierta por polvo de concreto y tierra, estaba siendo extraída de los escombros.

-¡Kagome! – gritó su nombre, corriendo hacia ella. Al verlo arrodillarse a la altura de la joven de cabello negro, los paramédicos se la entregaron en brazos, retrocediendo después para darles espacio. - ¡Kagome, Kagome!

-Me temo que ya es tarde, hijo. – aseguró uno de los hombres, acomodándose su casco. – Estuvo en esas condiciones por más de dos horas. - En ese momento, Sango hizo acto de presencia, parándose detrás del muchacho de cabello negro, quién no podía hacer otra cosa más que gemir con frustración y aferrarse al cuerpo de su amada.

-¡NOOOO, NOOOOOO! – gritó enloquecido, mientras las lágrimas se derramaban de sus ojos negros. - ¡NO PUEDE ESTAR MUERTA, ELLA NO!

-Sí, sí lo está. – de repente, la voz de una mujer lo sacó de su trance, haciéndolo voltear lentamente hacia atrás. Parada en un espacio oscuro, se encontraba una mujer de largo cabello negro, piel blanca y ojos castaños. - Así como no pudiste evitar mi muerte… - de la nada, sus ropas y el resto de su cuerpo comenzaron a quemarse. - tampoco pudiste evitar la suya.

SSSSS

-InuYasha, InuYasha… - lo llamó Sango, moviendo su hombro derecho. Unos segundos después, sus ojos negros se abrieron, reflejando la tristeza y el dolor que ha llevado consigo por más de 10 años.

-¿Ya llegamos? – preguntó confundido.

-No, todavía no. – respondió, sacando un pañuelo de su chaqueta negra y pasándolo sobre su frente. - Te desperté porque estabas sudando mucho, ¿Otra vez tuviste esa pesadilla? – InuYasha suspiró.

-No puedo evitarlo. – se sinceró, recargando su brazo en la ventana izquierda del taxi. - Cada vez que me duermo, sueño con lo que pasó ese día. Y también… - hizo una pausa, conservando en su mente la imagen de la mujer en llamas. - recuerdo el incendio del templo Yin Yang. – Sango se entristeció. Escuchar esa última frase, le dio a entender que todavía no podía superar la muerte de su madre.

Pasados unos minutos, en los que el taxi siguió derecho, llegaron al hospital Shikon, conocido en el distrito de Suginami por curar a pacientes con enfermedades que, en otros lugares, son difíciles de tratar. Como cada mes, cruzaron las puertas automáticas. Se dirigieron a un escritorio y la recepcionista les entregó un pase que los identificaba como "visitantes V.I.P". Acto seguido, fueron al ascensor, presionando el botón que los llevaría al quinto piso. Cuando las puertas se abrieron y salieron al pasillo, InuYasha miró fijamente el puesto de flores que se encontraba en una esquina.

Tenían de todo tipo y venían cuidadosamente envueltas en papel celofán. Sango, percatándose de que quería llevarle un ramo de flores a Kagome, se acercó al puesto y compró unas rosas blancas. InuYasha las recibió en silencio, para luego seguirla hacia una habitación. El número que indicaba la puerta era el 889. Sango giró el picaporte. La oscuridad y el sonido de las máquinas que tomaban su pulso, eran sus únicas compañías. InuYasha respiró. Dejó las rosas blancas en un florero vacío; que se encontraba en una mesita de noche, y se arrodilló a un lado de su cama, sosteniendo cálidamente su mano derecha.

-Quédate aquí. – le pidió la esposa de Miroku. - Buscaré al doctor para que nos de informes sobre su condición. – él asintió, sin molestarse en voltear a verla.

Como ahora solo tenía ojos para su prometida, no le importaba lo que sucediera a su alrededor. El mundo podía pudrirse si quería. A InuYasha solo le interesaba estar con Kagome, tanto como para querer intentar nuevamente contactarla mediante el mundo astral. Para ello, cerró los ojos y visualizó en su mente una puerta de color blanco.

SSSSS

-¡Kagome! – gritó, parado en un lugar cubierto por una densa neblina. - ¡Kagome, soy yo! ¡¿Puedes escucharme?! – a lo lejos, vislumbró una silueta, sentada encima de una enorme roca. Como pensó que se trataba de la sacerdotisa, no dudó en correr hacia ella. Sin embargo, cuando estuvo a punto de saber su verdadera identidad…

SSSSS

-¡InuYasha! – Sango lo despertó, interrumpiendo su conexión con el mundo astral y haciéndolo jadear de pánico. - ¡¿Estás loco?! ¡Miroku dijo que si abandonabas tu cuerpo otra vez…!

-¡Miroku no te perdió! – gritó enojado, sorprendiéndola. - Y como tú tampoco lo has perdido a él, no tienes idea de cómo me siento. – se giró, dedicándole unos ojos fríos y distantes.

-InuYasha…

-Sé que su alma está en alguna parte. – dijo con seguridad, volteando de nuevo hacia su prometida y tomando su mano. - Y no descansaré hasta encontrarla, aunque me cueste la vida.

PPPPP

Temprano por la mañana, Sasuke había dejado la residencia Sabaku para tomar un tren. Según las viejas noticias que había encontrado en internet, el único sanatorio que coincidía con el de la historia del blog, era el sanatorio Akasuna, ubicado a las afueras de Konoha. Le llevó más de dos horas y media llegar al lugar. Pero, al menos, no hubo ningún accidente que lo obligara a tomar un taxi.

Bajándose de la estación, lo primero que hizo fue pedirle indicaciones a una mujer que trabajaba ahí. Con su ruta marcada en un pedazo de papel, se puso su capucha de color azul oscuro sobre su cabeza; para protegerse del sol, y caminó en dirección al oeste. El pueblo estaba lleno de artesanías basadas en demonios de épocas antiguas. Desde máscaras de ogros, hasta figuras de serpientes y dragones. Incluso había algunas que estaban basadas en zorros, conejos y gatos.

Sin embargo, la que más le llamó la atención, fue la de un humano con alas de murciélago. Con curiosidad, se aproximó al puesto que lo vendía y lo tomó en sus manos. Estaba arrodillado sobre un pedestal, con la mirada levantada hacia el cielo. Sus alas eran grandes y, a juzgar por la posición en la que estaban talladas, se notaba que tomarían vuelo en cualquier segundo. Sonrió.

Dejó la figura en su lugar y continuó su trayecto. Cuando dobló una esquina, la campana de una iglesia cercana sonó un par de veces. El viento sopló. Escuchando el movimiento de unos papeles, dio con una pared de ladrillos repleta de anuncios. Algunos eran de jugosas recompensas. Otros, de personas perdidas. Se acercó, estudiando cada contenido de los volantes y deteniéndose en seco.

Detrás de un cartel de lavadoras, se encontraba la foto de una niña perdida. Arrancó el papel de la pared y lo tomó en sus manos. Ese cabello azulado, esa piel pálida… ¡Esos ojos…! ¿Blancos? En eso, la campana de la iglesia volvió a sonar, haciéndolo dar un respingo involuntario y dándole un buen susto. Regresando su atención al cartel, se dio cuenta de que a la niña de la fotografía se le había visto por última vez en el sanatorio Akasuna.

Por lo tanto, la información que encontró en el blog era verdadera. Pero, por si las dudas, decidió guardar el anuncio en uno de los bolsillos de su pantalón de mezclilla. Dio un paso al frente. Sin embargo, se vio obligado a detenerse otra vez, ya que alguien lo miraba fijamente.

La campana no había dejado de sonar. Al otro lado de la calle, se encontraba una chica vestida con una chamarra morada oscura, pantalones rotos de mezclilla y tenis de color blanco. No podía ver su rostro, ya que estaba cubierto con la capucha. Lo que si veía, eran los mechones de cabello negro que sobresalían por encima de sus hombros. Era ella. La chica que lo había salvado la noche anterior.

Pero, por algún motivo, no podía verla como tal. Sus recuerdos y la realidad se distorsionaban en el presente, mostrando en su lugar a la niña que quiso matarlo hace 10 años. Jadeó. Y cuando creyó que lo iba a tirar de nuevo al piso; como la última vez, su silueta se transformó en la de la joven, quien había saltado para protegerlo de unos cabellos que planeaban amarrarse a su cuello.

-¿No crees que estás muy lejos de tu casa, fruta?

Fin del capítulo.


Tal parece que el capítulo 1 no es el único que va a quedar dividido (ay, ay... ay XD). Por cierto, olvidé comentarles que las palabras en negrita, si las combinan, forman frases secretas :0! Espero que, además de leer la historia, también disfruten buscando las frases secretas XD Muchas gracias por leer, saludos a todos! :D