Separadores que encontrarás en esta historia:

FFFFF - Cuando se narra un flashback o algo relacionado con el pasado de un personaje.

PPPPP - Cambio de escena. Ya sea que los mismos personajes estén en un ambiente diferente o que se relate una situación distinta, con otros personajes y en otro lugar.

SSSSS - Un personaje está soñando.


Hola a todos! :D Espero que disfruten el nuevo capi de "Haunted and lost". Y ya que estoy por aqui, quiero darle las gracias ENORMES a cherrymarce quien me dejó varios comentarios, no solo en esta historia, sino también en mi fic "De mí para tí", un SasuHina que terminé hace poquito y pueden encontrar en mi perfil :3 Ahora si, sin más, disfruten el capi! BYE!


Sasuke estaba perdido entre la realidad y sus pensamientos. Podía verla. A la niña que quiso matarlo hace 10 años, parada al otro lado de la calle y usando un hermoso vestido blanco manchado con la sangre de su familia. Jadeó. Quería escapar de ella, pero su cuerpo se negaba a moverse. Fue entonces, que la joven de cabello negro; quien lo había salvado la noche anterior, lo despertó de su trance, saltando hacia su lado derecho y rompiendo con sus largas uñas unos cabellos transparentes que querían adherirse a su cuello. El muchacho respiró hondo. Por un segundo, creyó que lo tiraría al suelo y rasgaría su piel, haciéndole cortes que tardarían semanas en curarse.

-¿No crees que estás muy lejos de tu casa, fruta? – le preguntó la joven en un susurro. No podía ser la misma persona. Aunque sus ojos rojos se le hicieran familiares, el color de su cabello era diferente al de la niña.

-¿Q-Quién eres? – se atrevió a preguntar, mirándola de pies a cabeza y tratando de controlar el temblor en sus rodillas. - ¿Cómo me encontraste?

-Mi nombre es…

FFFFF

-No debes decirle tu verdadero nombre. Si lo haces, terminará odiándote y no podrás ver de nuevo a tu familia.

FFFFF

-Me llamo Himawari Otonashi. Conseguí localizarte gracias a la marca que llevas en el hombro izquierdo. – explicó, haciéndolo recordar el incómodo beso de la noche anterior. – Cada vez que te lastimen, al grado de que tu sangre se derrame por tu piel, acudiré a tu auxilio. – Sasuke miró sus brazos, tratando de encontrar el por qué a sus palabras. Entonces, ahí fue cuando la vio. Una cortada en su mano derecha que estuvo goteando sangre, por los escasos minutos en los que exploró Konoha.

-¿Cómo…?

-Te lo hizo la mujer de la estación. – respondió con frialdad, sosteniendo su mano y envolviéndola delicadamente con un trozo de tela limpia. – Cuando te dio esa hoja de papel, te hirió con uno de sus cabellos. De esa forma, podría capturarte al entrar en un espacio aislado de este pueblo. – al amarrar con firmeza el trozo de tela, sus piernas fueron atrapadas por un conjunto de cabellos, arrojándola a unos metros delante de él.

-¡Lo lamento, chiquilla embrujada! – dijo una mujer de corto cabello negro, piel blanca y ojos rosas, apareciendo por encima de unos cabellos que se encontraban amarrados en las casas cercanas, haciendo la ilusión de que flotaba en el aire. - ¡Pero no estoy interesada en pelear con un triste intento de demonio mitad humano!

-¡Es la mujer que me dio las indicaciones! – pensó Sasuke, recordando su amable sonrisa al momento de despedirse de él. Mientras estaba perdido en sus pensamientos, la desconocida dio una voltereta, acercándose por unos centímetros a su rostro y con su cuerpo siendo sostenido al revés, en el aire.

-Hola, cariño… - se presentó ante el joven. Como su traje de cuero era minúsculo y provocador, era difícil no fijarse en su escote. – Mi nombre es Yura Sakasagami. – agregó, con una sonrisa. – Y a diferencia de los imbéciles de Hiten y Manten… - llevó su mano derecha a su mejilla y lo acarició con un oscuro deseo en sus ojos. – a mí me gusta tratar a mis victimas con más delicadeza antes de arrancarles el cuero cabelludo.

-Así que también es como esos dos… - volvió a susurrar en su mente, añadiendo una imagen de los sujetos que lo lastimaron la noche anterior. - ¿Qué quieren de mí y por qué me llaman "fruta"?

-Verás, cariño… - respondió, girando su cuerpo y sentándose sobre un conjunto de cabellos que estaban amarrados en los postes de luz. – Hace 18 años, alguien le robó al rey del inframundo una fruta mágica que le permite mantenerse con vida por la eternidad. Desde entonces, nosotros los Youkai hemos viajado a distintas partes del mundo para encontrarla y devolvérsela. Incluso ofreció una jugosa recompensa para aquel que se la diera sin un solo rasguño.

-¿R-Recompensa? – interrogó, teniendo más consciencia de su problema.

-¡Así es! – dijo con una sonrisa. – Su majestad comentó, que si la fruta no estaba golpeada, rasguñada o algo similar, el que se la devolviera podría darle un mordisco y unirse a su personal de élite, junto a lady Kagura y lady Kanna. Sin embargo… - hizo una pausa, inquietándolo un poco con sus ojos rosas. – si la fruta se encontraba en el interior de un humano, tenemos la libertad de llevárnoslo al inframundo y comérnoslo como a un corderito asustado. – al escuchar esa última frase, Sasuke comenzó a correr. Para su mala suerte, Yura fue más rápida, amarrando sus piernas con sus cabellos.

-¡Suéltame! – exigió, mientras era elevado al cielo, con la cabeza en dirección a la tierra.

-¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! – se burló la Youkai, usando sus cabellos como escalones para llegar con él. - ¡Te ves muy lindo cuando…! – antes de poder terminar la frase, Himawari consiguió partirla a la mitad con una patada, lanzándola hacia una casa cercana y desmoronando una de sus paredes. En cuanto los cabellos en las piernas de Sasuke se aflojaron, los cortó con sus uñas y lo ayudó a bajar al suelo.

-¿Estás bien? – cuestionó, sosteniéndolo de los hombros. Él asintió.

-Maldición… - pensó enojado, jadeando con nerviosismo. – No me asustaba tanto desde que era un niño.

-Pequeña alimaña… - rugió Yura, uniendo su cintura con sus piernas y saliendo de los escombros que la sepultaron. - ¡Te torturaré hasta matarte! – movió hacia arriba una peineta roja que llevaba en su mano derecha; manipulando un conjunto de cabellos que los amarraron a ambos. Mientras que a Sasuke lo dejó en el piso, atrapado de los hombros hasta los tobillos, Himawari fue sometida en el aire, con sus brazos y piernas completamente inmovilizados. - ¡¿Ya no te sientes tan valiente, verdad basura?! – la joven frunció el ceño. - ¡Ahora mismo te haré pagar por…! – en eso, fue interrumpida por una llama azul, la cual, apareció debajo de sus pies y comenzó a quemarla con intensidad.

Su grito fue tan ensordecedor, que rompió sin querer las ventanas de las casas que estaban en los alrededores. Jadeó agotada, cayendo de rodillas y fijando sus ojos rosas en una figura que la miraba desde un callejón. Al reconocerla, frunció el ceño y corrió. Sin embargo, a medio camino fue detenida nuevamente por las llamas azules, las cuales, la quemaban a un grado más fuerte que el ataque anterior. Instantes después, los cabellos de Himawari se aflojaron, momento que ella aprovechó para quitárselos de encima; dejándose caer al suelo, y correr hacia Sasuke. Yura soltó un último grito de dolor, antes de convertirse por completo en cenizas. Aferrándose a las manos de Himawari, el muchacho no podía creer lo que miró hace un momento. Incluso pensó que estaba teniendo otra pesadilla. Pero no. Un sendero marcado por llamas azules sirvió como un recordatorio de que se encontraba en la realidad. Y, al parecer, atrapado en una intensa búsqueda hecha por los mismísimos demonios del inframundo.

-Qué bien… - se quejó Himawari. – Parece que va a darme otro sermón.

-¿Quién? – susurró Sasuke, teniendo grabado el último grito de Yura. La joven se puso de pie y luego, estiró su brazo derecho hacia él.

PPPPP

-Así que desobedeciste mis órdenes y te aventuraste de nuevo en el mundo astral… - comentó Miroku Higurashi, sentado detrás de un escritorio y arrojando de paso un pergamino sobre el mismo. InuYasha volteó hacia Sango, quien solo se limitó a levantar el mentón, indignada. A veces le costaba trabajo creer que la mujer que tanto lo ayudaba también fuera la que más lo delatara cuando hacía algo "incorrecto". - ¿Tienes algo que decir en tu defensa?

-Sí. – habló con resentimiento. – Tu esposa es una exagerada. Si no me hubiera sacado a la fuerza del mundo astral, Kagome ya habría vuelto con nosotros. – Miroku suspiró. Se quitó los lentes purpuras que llevaba y se levantó de su cómoda silla.

-Cariño. Déjanos solos, por favor. – le pidió a Sango, sin molestarse en verla. Ella hizo una reverencia y salió del despacho en silencio. – InuYasha. La razón por la que te pedí que no volvieras a perderte en ese mundo, es porque tu alma corre peligro de ser consumida por un Youkai. – explicó seriamente, aproximándose a la ventana detrás de su sillón y mirando el jardín que rodeaba, tanto su casa tradicional como el templo Higurashi. – Creí que ese tema ya había quedado lo bastante claro cuando trataste de traer a Izayoi-sama. – un escalofrío recorrió la espalda del joven. – Sin embargo, ahora me doy cuenta de que sigues siendo el mismo niño malcriado y obstinado de esa ocasión. Así que no tengo más alternativa, que privarte por un tiempo de las visitas al hospital.

-¿C-Cómo? – interrogó, atónito y enojado. - ¡¿Quieres quitarme el derecho de ver a Kagome?!

-Lo lamento, InuYasha. – dijo con tranquilidad, girándose hacia él y observándolo con tristeza. – Pero no voy a arriesgarme a romper la promesa que le hice al señor Toga. – InuYasha frunció el ceño.

Frustrado por el castigo del sacerdote principal de la familia Higurashi, salió del despacho y corrió por los pasillos hasta salir de la casa, ignorando por completo la mirada que Sango le dedicó al bajar las escaleras. Se sentía tan solo y atrapado, que no sabía si podría seguir con vida por mucho tiempo. Por fin, lejos de los jardines, entró al templo por una puerta corrediza y se escondió en una esquina; con una columna protegiendo su presencia.

De un bolsillo interior de su haori rojo, sacó una navaja de bolsillo; que su padre le había regalado hace años por sus buenas calificaciones, y llevó su filo a la parte inferior de su pantalón, descubriendo su pierna. Jadeó. Apretó los dientes y deslizó suavemente la navaja por encima de su piel, haciéndose un pequeño corte que derramó un ligero camino de sangre. El dolor lo calmó. Pero no lo suficiente como para contener su llanto.

PPPPP

El aeropuerto de Tokio estaba tan lleno de personas que era una locura total. Había ruido por todas partes. Si no lo hacían las personas; conversando sentadas o hablando por sus celulares, eran las máquinas las que dominaban en ese aspecto, trayendo con cuidado el equipaje de los pasajeros o transportándolo a la parte trasera del avión. Sesshomaru Taisho miró por el gran ventanal la cantidad de aviones que despegaban en el cielo, al mismo tiempo que se tomaba un pequeño respiro. Desde que salió de la estación de policía de Adachi, su corazón había estado latiendo con frenesí, esperando ansioso el momento en el que, luego de 10 años, pudiera reunirse finalmente con su amiga de la infancia. La ansiedad lo estaba matando. Y aun así, tenía las fuerzas suficientes como para seguir en pie y, lo más increíble, seguir corriendo para buscarla. Aunque…

-¿Sesshomaru? – su intención fue opacada con facilidad por la chica que tenía en frente, cuya sonrisa lo hizo sonrojarse por unos efímeros segundos. Llevaba un uniforme diferente de sacerdotisa; al que usó el día en que se despidieron, y cargaba una gran mochila amarilla en sus hombros.

-R-Rin… - musitó, volteando hacía ella y con el temor de trabarse en un ataque de nerviosismo. La mencionada, sin dejar de sonreír, se deshizo de su mochila y saltó hacia él, rodeando su torso con sus brazos. Estaba tan alto que su rostro quedaba a la altura de su estómago.

-Me da mucho gusto verte. – dijo de forma cariñosa, percibiendo con claridad el aroma de su colonia. Sesshomaru sonrió.

-A mí también. – admitió unos segundos después, revolviendo sus cabellos castaños antes de separarse.

-Espero no haber interrumpido algo importante. – dijo preocupada. – Sé que estás muy ocupado con tu trabajo en la estación de policía.

-Descuida, no lo hiciste. – habló despreocupado, tomando de forma automática su mochila amarilla y llevándosela al hombro izquierdo. – ¿Tienes hambre? Si quieres puedo llevarte a un restaurante.

-Me encantaría, pero… - murmuró, con una sonrisa nerviosa. – tengo que encontrar primero un hotel donde quedarme. – al escuchar aquello, Sesshomaru iba a pegar el peor de los "gritos en el cielo", de las historias románticas vividas en el aeropuerto de Tokio. Pero se vio forzado a contenerse porque, en primer lugar, era un detective. Y en segundo lugar, había niños paseando con sus padres en los alrededores.

-¿No te gustaría quedarte mejor en mi casa? – preguntó, vigilando a un chico con una camiseta anaranjada.

-¡¿D-De verdad?! – interrogó la joven; con estrellitas en el interior de sus ojos, volviendo a captar su atención. Él asintió. - ¡Muchas gracias! ¡Qué lindo detalle de tu parte! – exclamó emocionada, rodeándolo de nuevo con sus brazos. La palabra "lindo" no era compatible con él, pero, si Rin lo pensaba de esa forma, podría aceptarlo sin ningún inconveniente.

Fin del capítulo.