Separadores que encontrarás en esta historia:

FFFFF - Cuando se narra un flashback o algo relacionado con el pasado de un personaje.

PPPPP - Cambio de escena. Ya sea que los mismos personajes estén en un ambiente diferente o que se relate una situación distinta, con otros personajes y en otro lugar.

SSSSS - Un personaje está soñando.


Hola a todos! :D Espero se encuentren súper bien y que disfruten mucho el capi de esta ocasión nwn Voy a tratar de actualizar también el próx. viernes, para que estén atentos ;) Y antes de irme (y de que pase otra cosa XD jajaja) Quiero enviarles un agradecimiento súper especial a Fran Sanchez y a Cherrymarce por apoyar esta historia con sus comentarios :) Muchísimas gracias! Ahora si, los dejo, cuídense mucho, BYE!


Al terminar la limpieza de su hogar, Sesshomaru salió por unos minutos para conseguir una cena casera. Cuando regresó, notó que el piso de madera estaba más deslumbrante de lo que recordaba. Tanto las bolsas, como los papeles que había acumulado en días, desaparecieron. En la cocina, los platos se encontraban limpios. Tampoco había basura y las puertas y cajones correspondientes a cubiertos, tazas, sartenes y otros utensilios, brillaban con la luz, al mismo tiempo que desprendían un fresco olor a lavanda.

Ambos habían hecho un excelente trabajo. De eso no le cabía la menor duda, sobre todo porque su pequeña amiga siempre sonreía sin importar que tipo de suciedad encontrara tirada por ahí. Incluso llegó a asustarse cuando su escoba dio con la cola de una rata que, al final, terminó siendo solo el hilo de un viejo guante.

Sonrió, recordando ese momento como algo único y especial. Pasaron 10 años desde que se divirtió tanto con ella de esa forma. 10 años en los que no pudo reírse de sus comentarios, escuchar su voz o tocarla, abrazarla. Tal vez, hasta… besarla. Se llevó unos dedos a su boca. Con solo imaginar tocar sus labios, sentía que el tiempo estaba detenido, a tal grado en el que ya no tendría que preocuparse por resolver los numerosos casos que; tanto él como Kohaku, clasificaron como "pendientes".

Suspiró. Ojala todo fuera tan fácil como para que pudiera descansar tranquilamente. Mientras tanto, debía dejar las bolsas con comida en la mesa del comedor; impecable y reluciente, y subir al segundo piso para darse un baño. Como tenía una muda de ropa preparada en un estante cercano, lo único que hizo fue cerrar la puerta. Abrir la llave de la regadera y quitarse la ropa.

En cuanto las gotas de agua caliente tocaron su piel, sus músculos se relajaron. Y si a eso se sumaba el masaje que se daba en el cuero cabelludo, era como estar tocando un pedazo de cielo. Respiró. Se enjabonó el cuerpo y su largo cabello plateado. Al retirar las últimas burbujas, cerró la llave y salió de la regadera. De la repisa donde se hallaba su muda de ropa, tomó una toalla blanca, la cual, utilizó para secarse. Una vez que la dejó encima de la tapa del inodoro, buscó su piyama.

Para su gran sorpresa, la única prenda que estaba doblada ahí, era un pants blanco con rayas azul oscuro. Se encogió de hombros y se lo puso. Creyó que la última vez, había dejado también una playera sin mangas de color azul oscuro. Luego de dejar la toalla en un extremo de la ducha para que pudiera secarse, salió del baño, llevando en sus hombros una toalla más pequeña para secarse la cabeza y el cabello.

Dando unos pasos a su lado izquierdo, dio con su habitación, por lo que solo le bastó con acercar su mano a la manija y moverla hacia abajo para abrir la puerta. Sin embargo, y para su gran sorpresa, Rin se encontraba dormida en su enorme cama. Su cuerpo descansaba a su derecha, por lo que sus brazos también estaban doblados a esa dirección. No llevaba sus sandalias. Y sus rodillas le llegaban al vientre. Sesshomaru sonrió con comprensión.

Claro que después de haber limpiado su desastre acumulado por meses, era obvio que acabaría más agotada de lo que ya estaba, en especial, si ese mismo día había llegado de un vuelo desde Roma, Italia. Tirada a un lado de la cama, se encontraba la escoba, junto con una caja con bolsas de basura. Las recogió, poniéndolas junto a un mueble donde guardaba su ropa interior, y luego, se sentó en el otro extremo de la cama.

Verla desde su hombro derecho, ahí, acostada sobre las cobijas, hizo que se diera cuenta de lo importante que era su presencia en su vida. Si no la hubiera conocido, durante su estadía en el templo Higurashi, tal vez sería un detective más desastroso de lo que ya era ahora. Sonrió de nuevo. Debía estar loco como para querer llevar a cabo una idea tan arriesgada como la que imaginaba en ese momento. Aun así, anhelaba arriesgarse. Anhelaba sentirse vivo por primera vez en 10 años.

Respiró hondo. Se giró con lentitud, apoyándose en la cama, y se acercó al rostro de Rin. Con ese minúsculo rubor que se asomaba en sus mejillas; sumado al hecho de que se marchó a Roma para continuar con sus estudios de exorcismo, parecía un ángel. Un espíritu bondadoso que solo quería tener para él. Tragó saliva. Acercó sus dedos a su cuello y se aproximó a sus labios, entregándole un roce que hizo que su corazón se detuviera por unos segundos. Al menos, hasta que sus ojos se encontraron con los suyos, mostrando bastante sorpresa y demasiada confusión para un solo día.

-Rin… - musitó, comenzando a congelarse por el pánico. – Ah… yo…

Ya estaba comenzando a apartarse de ella, pero sus delicados brazos, rodeando su cuello, no lo dejaron. De hecho, al pegarlo más a su rostro, fue capaz de darle otro beso en los labios. Mientras seguían intercambiando pequeños roces, sus manos aprovecharon para recorrer su espalda desnuda, como si estuvieran buscando algo. Gracias a la falta de aire, se separaron, mirándose fijamente por unos segundos de silencio.

-Rin…

-He querido hacer eso desde hace 10 años. – se sinceró, sin ser capaz de verlo a los ojos. – L-Lamento si te sorprendí. En aquel entonces, lo que menos quería era asustarte, por eso…

-¿Asustarme? – dijo con incredulidad. – Yo creí que tú serías la que se iba a espantar. Ya sabes, porque me veías como tu hermano mayor y…

-¿Puedo dormir contigo? – interrogó de repente, con todo el coraje que pudo reunir en ese momento. Sesshomaru la miró atónito por unos minutos, antes de que ella se viera en la necesidad de desviar sus ojos y cubrir su rostro por la vergüenza.

-C-Claro, pero… - contestó rápidamente. - ¿No quieres cenar antes?

-¡Ah, es verdad! – exclamó nerviosa, poniendo sus manos sobre sus hombros para empujarlo con cuidado y levantarse. - ¡O-Olvidé que íbamos a cocinar juntos! ¡Vamos! – tomó su mano y ambos se apartaron de la cama, caminando automáticamente hacia la puerta.

PPPPP

-¡Enju! – gritó Himawari, azotando enfurecida la puerta de la casa en ruinas. En respuesta a su escándalo, la mencionada sostuvo unos segundos una torre de libros que se iba a caer, al mismo tiempo que continuaba moviendo el cucharon de una gran olla que burbujeaba. - ¿Por qué le dijiste eso a la fruta? – interrogó, teniéndola a tan solo unos centímetros de su rostro.

-¿Qué? – cuestionó de vuelta. - ¿Lo de tu maldición o lo de que conocí a tus padres? – al escuchar eso último, la joven frunció el ceño. Enju suspiró. – Vamos, Hinata. ¿En serio querías que le dijera la verdad? ¿Qué tus padres te abandonaron en el sanatorio Akasuna porque no podían lidiar contigo? ¿Qué tú eres la niña que trató de matarlo hace 10 años? – dejando los libros y la olla, se acercó a ella y sostuvo su rostro con sus manos. – Lo que quiero es que se enamore de ti, no que te guarde rencor por lo que le hiciste a su familia.

-¿Por eso dijiste que debía protegerlo? – interrogó enfadada. - ¿Para que pase más tiempo con él? – la bruja asintió.

-Con su corazón cautivado, hará cualquier cosa por ti y será imposible que su sangre te envenene.

-No estoy de acuerdo. – comentó, apartándose de sus manos y abrazándose a sí misma. – Quiero volver con mi familia. Pero, si lo utilizo de esa forma… ¿Qué me haría diferente a los demás demonios?

-Tus decisiones. – replicó, señalando su corazón. – Lo de enamorarlo solo es una sugerencia. Así que, si quieres intentar otra cosa y tardarte más tiempo para volver con tu familia, está bien, puedes intentarlo.

-¡No es justo y lo sabes! – gritó enfadada, viendo como la rodeaba.

-Bueno, tampoco fue justo que Tsubaki los embrujara a ambos, ¿Cierto? – se acercó a la gran pizarra que seguía cada movimiento de la mencionada y observó fijamente una fotografía. – Esa malnacida… por una vez quisiera darle su merecido. Que sepa que no todo tiene que pasar cuando ella lo escriba.

Fin del capítulo.