En el restaurante a donde habían llegado, la mayoría de las mesas estaban unidas a sillones de cuero pegados en la pared, mientras que las que quedaban eran de madera, y cada una contenía un total de 4 sillas, colocadas al revés por la falta de clientes. Ya eran más de las 11, pero el sitio estaba casi muerto.
-¿Segura qué podemos comer aquí? – preguntó Sasuke con sospecha, Himawari asintió y, con una sonrisa, se acercó a la recepción para pedir un paquete de desayuno. La mesera, reconociéndola por ser la hija adoptiva de Enju, anotó su petición y fue corriendo hacia la cocina.
-¿Dónde te gustaría sentarte? – interrogó, volviendo con el joven y moviendo la cabeza de un lado a otro, como si estuviera buscando algo. Sus ojos negros señalaron unos enormes sillones junto a la ventana, por lo que no dudaron en caminar hacia allí y tomar asiento, quedando sentados frente al otro.
-Cuando estuve paseando por aquí con mis hermanos, para ver las residencias, jamás nos topamos con este lugar. – se sinceró, estudiando cada pared, cuadro y lámpara con los que se encontraba.
-Eso es porque apenas lleva 1 semana en funcionamiento. – comentó, apoyando su cabeza sobre sus manos. – Le pertenece a unos amigos de Enju. – al escuchar aquello, y recordar el horrible olor que salía de las ollas burbujeantes de la mencionada…
-¿O sea que la comida que preparan es…? – al ver su frente azulada, Himawari negó con las manos.
-Tranquilo, es comida normal. – le explicó con una sonrisa. – Los amigos de Enju solo quieren vivir como los humanos. Por eso, protegen el restaurante con un campo de fuerza que ahuyenta a los demonios. – Sasuke asintió. Jamás creyó que escucharía una historia así. Aunque, tomando en cuenta que en su interior se encontraba un objeto del inframundo… no se le hacía algo tan descabellado.
-¡Aquí está tu pedido, Himawari! – dijo de repente una joven de piel morena, ojos y corto cabello rojo, parado hacia arriba. Vestía una playera blanca, unos pantalones negros y unas sandalias negras. Alrededor de su cuello, llevaba atado un pañuelo rojo. Luego de servirles a cada uno un plato de panqueques con miel y un vaso de leche, hizo una reverencia y sonrió. - ¡Buen provecho!
-¡Gracias, Karan! – exclamó la joven de cabello negro, viendo cómo se devolvía a la cocina. Sasuke, siendo el primero en probar la comida, sintió que estaba en el cielo. Himawari sonrió. Tomó su tenedor y también comenzó a degustar su desayuno. No sin antes echarle una última mirada al muchacho.
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-Rin, ¿Por qué le dejaste el amuleto a ese chico? – cuestionó Sesshomaru, volteando un instante hacia ella, sin soltar el volante de su auto. – Pudimos haber regresado más tarde.
-Hay algo muy extraño en esa residencia. Como si un aura maligna la estuviera rodeando en todo momento. – respondió seriamente, estudiando en su mente cada aspecto del vestíbulo y la apariencia de Temari. – Si Naruto no hubiera aparecido, creo que habría cometido la tontería de revelar que soy una sacerdotisa.
-¿Y eso es malo?
-Si un demonio se encontraba en los alrededores, sí. Al revelar mi verdadera identidad, corro el riesgo de que te lastimen a ti o a cualquier humano ordinario que este cerca de nosotros. – Sesshomaru asintió, volteando sus ojos dorados de ella hacia el frente. De pronto, su pie izquierdo presionó con fuerza el pedal del freno, deteniendo el auto de golpe y asustando a su acompañante. - ¡¿Q-Qué pasa?! – su amigo de la infancia no respondió. Estaba más ocupado mirando a la figura borrosa de una mujer que escuchando lo que pasaba a sus lados. Segundos después, el coche volvió a moverse, dando una vuelta en "U" y marchando a gran velocidad. -¡¿S-Sesshomaru?! ¡¿A dónde vamos?!
-¡Ese imbécil de InuYasha!
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En su súbita llegada al hospital Shikon, una de las enfermeras, fue muy amable al recibirlo y llevarlo a la habitación de Kagome. En cuanto salió; para ir a buscar al doctor que atendía su caso, cerró la puerta con seguro. Sabía que su amada seguía con vida. Siempre lo supo, pero los demás se negaban a creerlo porque no querían seguir sufriendo emocionalmente.
Con solo recordar esos actos de hipocresía, se sentía molesto. Tanto por la actitud de los otros, como por la suya, por no saber controlarse cuando debía hacerlo. Suspiró, tranquilizándose. Fue por un banco de madera y se sentó al lado derecho de la cama. Cerró los ojos y comenzó a concentrarse en la puerta blanca que lo llevaría al mundo astral.
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-¡Kagome! – volvió a gritar, una vez que llegó al sitio cubierto por la neblina. - ¡Kagome! ¡Soy yo! ¡Te llevaré a casa! – en ese momento, la neblina se despejó, ayudándole a encontrar al alma que estaba sentada en la roca. La misma que había visto durante su visita pasada y, de la cual, solo tenía el presentimiento de que sería su prometida.
SSSSS
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-¡InuYasha! – afuera de la habitación, Miroku golpeaba enojado la puerta de madera blanca. Tanto su esposa, como la enfermera que había estado hace poco con el mencionado, estaban detrás de él. - ¡InuYasha, te ordeno que abras la puerta en este instante!
-Lo volvió a hacer… - pensó Sango, recordando como lo había encontrado inclinado en la cama anteriormente. - ¡Está dentro del mundo astral!
-¡L-Lo siento mucho! – habló la enfermera, preocupada y con los ojos llorosos. - ¡De haber sabido que él no tenía autorización para venir a verla, no lo hubiera…! – Miroku la tomó del hombro.
-Descuide. – dijo con comprensión. – Solo estaba haciendo su trabajo. En realidad, la culpa es nuestra por no haberles dicho antes. – Sango volteó hacia la puerta del cuarto. Si algo le pasaba a InuYasha, jamás podría perdonarse el hecho de no haberlo vigilado.
-¿Qué está pasando aquí? – cuestionó de pronto la voz de un hombre, llamando la atención de los presentes.
-Sesshomaru… - lo llamó Miroku, sorprendido. Hace años que no lo veía y encontrárselo tan de golpe lo tenía pasmado. A un lado suyo, Rin los saludó con una reverencia silenciosa.
-¿Dónde está InuYasha? – al escuchar la pregunta, Sango señaló de forma automática la puerta de la habitación de Kagome. Aparentando tranquilidad, pero estando sumamente furioso por dentro, Sesshomaru tomó la perilla, usando toda su fuerza para tratar de abrirla. – Así que a esto se refería mi madre… - pensó, recordando el llamado de auxilio que le hizo Izayoi Taisho en plena calle. Estando todavía en su estado de ira, dio unos pasos atrás y pateó la puerta, rompiéndola en su cuarto intento.
-¡InuYasha! – gritaron Miroku y Sango al unísono, siendo los primeros en entrar. El joven de cabellos negros estaba parado junto a la cama, mirando con desconcierto a Kagome, quien no paraba de revisar sus manos, con una expresión de temor profundo.
-¿Q-Qué es esto? – cuestionó asustada, tratando de no perder la cordura en ese instante. - ¿U-Un sueño?
-InuYasha. – la voz de Sango resonó en la habitación. Él, reaccionando apenas, volteó con lentitud hacia ella, percatándose de la mirada angustiante que le dedicaba. - ¿Qué fue lo que hiciste? – tragó saliva.
-Yo… - suspiró, antes de que el puño derecho de Sesshomaru lo tumbara en el piso. La enfermera gritó asustada.
-Te lo advirtieron miles de veces. – dijo enfadado, agachándose a la altura de su hermano menor y tomándolo del cuello de sus ropas. - ¡¿Por qué no lo entiendes de una vez, imbécil?! – InuYasha estaba pasmado. Tanto como para no molestarse en limpiar el camino de sangre que tenía en la comisura de sus labios.
-Sesshomaru, por favor. – Miroku se acercó a ambos. – Déjame hablar con él, seguramente tuvo un motivo muy fuerte para desobedecerme. - Mientras se desarrollaba la discusión, Rin se acercó a Kagome, reconfortándola con sus manos y sonriéndole con calidez. Ella pareció corresponder el gesto, ya que sus dejó de temblar.
-Siempre ha sido así desde que tengo memoria. – el detective no vio al sacerdote. Siguió fulminando a InuYasha con sus ojos dorados. Ojos que le recordaban la tristeza que su padre tuvo durante el funeral de su madre. – Nunca sigue las reglas, nunca se preocupa por las consecuencias de sus actos, siempre… - de repente, el florero junto a la mesita derecha de noche se rompió, dejando escapar el agua y el pequeño girasol que tenía.
-¿Cómo? – preguntó Rin, aturdida. - ¿Podrías repetirme tu nombre?
InuYasha abrió los ojos como platos. Durante su estadía en el mundo astral, habría jurado que detrás de la neblina estaba la figura de una mujer. Sin embargo, puede que gracias a su obsesión y necedad, haya estado equivocado todo el tiempo, trayendo consigo el alma equivocada. Y tras unos segundos de agobiante silencio… se dio cuenta de que el destino le había jugado, como en otras ocasiones, una broma pesada.
-Itachi Uchiha…
Fin del capítulo.
Sip, es lo que se están imaginando. Itachi regresó... pero en el cuerpo de Kagome! XD jajaja Espero les haya gustado el capí de esta ocasión nwn Por cierto, me complace anunciarles que ya terminé de publicar mi fic Fragmento de mi corazón, por lo que ya está disponible en mi perfil la segunda parte: Luna de demonios. Espero se animen a darse una vuelta por esas historias :) (aunque... no tengan nada que ver con el sagrado SasuHina XD porque son crossovers de InuYasha, D. Gray Man y hasta xxxHolic! XD jajaja) Muchas gracias por su atención y por su apoyo! TwT Saludos a todos!
