Agradecimiento súper mega especial para Fran Sanchez, quien me comentó en el capi anterior :3 Muchísimas gracias! nwn


Gente hermosa! Disculpen la demora, espero que les guste el capi de esta ocasión! (Personalmente, disfruté MUCHO escribiendo las escenas de InuYasha y Sesshomaru jajaja XD). Saludos a todos y cuídense mucho!


Pasando varias horas en la calle, Sasuke y Himawari fueron y vinieron; de un lado a otro, por las diferentes avenidas y parques de Tokio. De vez en cuando, en callejones vacíos, eran perseguidos por algún Youkai debilucho que tuvo la suerte de toparte con la fruta Tsuchigumo.

Por fortuna, la joven no tardaba en deshacerse de ellos. Y aunque de pronto sus golpizas se convertían en un carnaval sangriento, el Namikaze fue capaz de tolerarlo. Porque, después de todo, lo estaba protegiendo a su manera.

Luego de que los colores en el cielo se tornaran en una exótica mezcla de morados y azules, por el anochecer, decidieron que era hora de regresar a la residencia Sabaku. Mientras caminaban al lado de varias tiendas de tela, de pronto, la hibrida se detuvo frente a un poste, llamando la atención de Sasuke. Con sus ojos rojos fijos en el cartel de una feria, apretó los puños por lo bajo.

FFFFF

-¡Kiba! ¡Te advertí que no debías llevar a Hinata a esa feria! – gritó enojada la bruja de cabello escarlata, propinándole una bofetada en su mejilla izquierda.

-¡Pero, tía Enju! – con lágrimas en sus ojos rasgados, fue capaz de enfrentar su dura expresión. - ¡Ella tiene tanto derecho de divertirse como los otros chicos de nuestra edad!

-¡Hinata no es humana ni demonio! – replicó. - ¡Y si Tsubaki se entera de que sigue viva, volverá a utilizarla para seguir matando familias! ¡¿Eso quieres?! – el chico enmudeció. Apretó los labios con frustración y dejó que las lágrimas cayeran a sus mejillas. La pequeña de corto cabello azulado, quien había estado escuchando aquella conversación, detrás de una pared, se abrazó a sí misma, y comenzó a llorar en silencio.

FFFFF

-¿Te gustaría ir? – la voz del muchacho la despertó de sus pensamientos, por lo que volteó confundida hacia él. – A la feria de Adachi. ¿Quieres ir? – sus ojos carmesí observaron de nuevo el cartel. Ahora que estaba cerca de la madurez, podía hacer lo que quisiera. Incluso ir a un lugar que, hace mucho tiempo, Enju consideraba rotundamente prohibido.

-¿Cuándo?

-Si te parece bien, podría ser el próximo sábado. – sugirió Sasuke.

-De acuerdo. – devolviéndole el gesto, se encogió de hombros. – Pero, con una condición. No saldrás de la residencia Sabaku a menos que sea absolutamente necesario.

El joven la vio confundido... hasta que recordó lo que le dijo en el restaurante. ¿Y si la residencia estuviera protegida por un campo anti demonios?

PPPPP

-InuYasha, ¿Me ayudarías a poner la mesa? – cuestionó Rin, dejando sus zapatos en el vestíbulo y corriendo directamente a la cocina.

-S-Seguro... - susurró con dudas, dejando sus propios zapatos en el piso y entrando a la sala. – Qué raro. – comentó, viendo lo espacioso que era el lugar y siendo escuchado por el mayor, quién estaba colgando un paraguas en un perchero de madera. – Estaba seguro de que encontraría un basurero. – cuando escuchó aquello, Sesshomaru lo fulminó con la mirada.

-Al menos... - musitó sonriente. – ...yo tengo mi propia casa.

InuYasha también tenía buen oído, así que se giró hacia él y le dedicó una expresión salida de una película de miedo.

-¡¿Qué?! ¡¿Acaso quieres pelear?! – cuestionó molesto, con un tic en su ojo izquierdo.

Su hermano mayor bufó, tronándose los nudillos y caminando hacia él mientras lo observaba desafiante.

-Sesshomaru, ¿Dónde...? – en eso, Rin salió de la cocina, alcanzando a ver como se sostenían de las ropas, listos para darse los primeros puñetazos. - ¡¿Se están peleando?! – gritó indignada, separándolos.

-No, no para nada... - comentaron al unísono.

-¡Mentirosos! – exclamó de nuevo. Se acercó a ellos y les entregó la cazuela y la cuchara de madera que llevaba en sus manos. – Ahora ustedes serán los que prepararán la cena.

-Rin... - InuYasha rodó los ojos. Le dio la cuchara de madera a Sesshomaru y corrió tras ella, deteniéndola al pie de las escaleras. - ¡Rin, espera! – sintiendo su mano, se giró hacia él. – Es cierto. Nos estábamos peleando. – confesó con tristeza. – Sesshomaru y yo no somos los mejores hermanos, ¿Sabes? Y desde que mi madre murió, nuestra relación ha sido mucho peor con los años. – la fuerza en su mano disminuyó, acariciando el dorso de la suya con sus dedos. – Lo que menos queremos, es involucrarte en nuestros problemas o faltarte el respeto. Así que, ¿Podrías perdonar a este par de tontos por ser unos perros gruñones?

Rin suspiró. Si no tuviera unos adorables ojos negros de cachorro, quizás no sería tan voluble con él.

-Bien, los perdono. – al escucharla, los hermanos celebraron para sus adentros. – Pero, de todos modos... - siendo ella la que tomaba su mano, le sonrió con dulzura. – ustedes harán la cena.

-Rayos... - InuYasha, dándose cuenta de su lado perverso, la miró con la frente azul. – dije ese discurso tan cursi porque no sé cocinar.

PPPPP

-¡Sakura! – abriendo la puerta corrediza del comedor, Naruto sonrió al encontrarse con la cabellera rosada de la joven. Sentada en la gran mesa, parecía estar leyendo una revista. - ¡Qué bueno que...! – cuando se aproximó, enmudeció unos segundos, percatándose de que estaba llorando. – Oye, ¿Estás bien? – cuestionó, sentándose a su lado derecho.

-S-Si... - se limpió las lágrimas y se giró hacia él. - ...no me pasa nada. – se esforzó por sonreír, fijando la vista en la mesa. - ¿Y eso?

-¡Ah! ¡Me lo entregó una chica cuando fui a comprar unas papas! – explicó, pasándole el volante de una feria que se organizaba por unos días, en el distrito de Adachi. - ¿T-Te gustaría ir conmigo mañana?

PPPPP

-¡Señor Tokajin, señor Tokajin! – el dragoncito rojo entró volando a toda prisa a sus aposentos.

-¡Koryu! ¡¿Dónde demonios estabas?! – cuestionó enojado, retirando su vista un momento de un elixir que preparaba. - ¿Y Gamajiro?

-¡Ese sapo cochino quiso pasarse de listo! – respondió alterado. - ¡Gritó que se quedaría con la fruta y me arrojó su veneno para debilitarme!

-¿Entonces la perdiste de vista?

-¡No se preocupe! ¡Tengo su aroma bien grabado en mi olfato! – exclamó, haciendo aparecer en sus patitas el cartel de la feria. - ¡Incluso alcancé a ver que leían esto! ¡Estarán ahí el próximo sábado!

-¡Excelente! – teniendo el papel en sus manos, sonrió de una forma desagradable. - ¡Pronto obtendré la valiosa recompensa de su majestad!

PPPPP

-WAAAAH...

Con su cabello negro esponjado y una piyama prestada, InuYasha salió del cuarto de invitados, dirigiéndose de forma automática a la sala de la casa de Sesshomaru. Para su sorpresa, él ya estaba despierto, sosteniendo una taza de café, mientras miraba absorto unos documentos esparcidos por toda la mesa del comedor. Y en el piso. InuYasha sonrió. Sabía que, sin importar cuantos años pasara, él seguiría siendo desordenado.

-¡Buenos días! – gritó, tratando de asustarlo con su escándalo.

Pero nada. Aunque pasara una estampida de elefantes, él continuaría leyendo con calma y serenidad. InuYasha volvió a sonreír. Peinándose su largo cabello negro; en forma de una cola de caballo, caminó hacia la cocina y abrió la alacena, encontrando varios sabores exóticos de sopas instantáneas. De solo pensar a qué sabrían, se le derramaba un camino de baba en sus labios. Para su mala suerte, un golpe en su cabeza dado por una manzana, le dio una advertencia de lo que temía desde un principio.

-Ni siquiera lo intentes. – dijo Sesshomaru, fulminándolo a través de los cristales de sus lentes negros.

InuYasha gruñó. Resignado, se apartó de la alacena y se recargó en el refrigerador, pensando en qué otra cosa podría comer.

-Oye.

-¡¿Qué quieres?! – interrogó enojado.

El mayor se quitó sus lentes, dejándolos un segundo sobre unos papeles.

-¿Lo que dijiste anoche es cierto? – preguntó, volteando hacia su hermano. - ¿Crees que nuestra relación empeoró por la muerte de nuestra madre?

InuYasha no supo cómo reaccionar. Por eso, volteó sus ojos negros al piso y se quedó callado. Sesshomaru tomó sus lentes de nuevo. Se los colocó en el rostro y hojeó otros documentos que le faltaban revisar.

-Sé que tienes ideas diferentes a las mías, pero no te odio por eso.

-Entonces... - habló con más calma, sintiéndose avergonzado por darle la espalda. - ¿Por qué te fuiste del templo sin despedirte?

-Traté de hacerlo. – respondió, anotando algo con un bolígrafo negro. – Pero todavía estabas triste... y me fue difícil acercarme a ti.

De pronto, su celular comenzó a vibrar en la mesa. Lo tomó con su mano derecha. Presionó un botón y se lo llevó al oído.

-Hola, papá. – al escuchar aquello, InuYasha se giró de golpe.

-¿Estás en tú casa?

-Sí, ¿Por qué?

-Hay algo que tengo que contarte sobre el caso de Sasuke Namikaze.

Sesshomaru guardó silencio un momento, viendo, como frente a él, Rin se paraba a un lado de su hermano menor.

-¿Tiene qué ser ahora? – cuestionó, devolviendo su vista a los documentos en la mesa del comedor.

-Entre más pronto mejor.

-Espera un segundo. – pidió, bajando el celular y dirigiéndose a sus acompañantes. – No voy a poder llevarlos al hospital. – anunció seriamente. – Mi papá necesita verme con urgencia.

-Tranquilo. – Rin le sonrió. – Podemos tomar un taxi, ¿Verdad, InuYasha?el mencionado, recibiendo un pequeño codazo de su parte, asintió.

Sesshomaru sonrió por un efímero segundo, antes de poner su celular de nuevo en su oído.

-Aquí voy a estar.

Fin del capítulo.