-¡¿POR QUÉ TUVISTE QUE MATARLOS A TODOS?! – gritó Sasuke enfurecido, dándole paso a un incómodo silencio, en medio de una feria cubierta por cadáveres y charcos de sangre.
Tokajin lo miró fijamente.
-¿Por qué? – repitió la pregunta, sonriendo con crueldad.
Entonces, con las enredaderas de su brazo izquierdo, acercó súbitamente el rostro del muchacho hacia él, dándole un escalofrío.
-Porque la fruta Tsuchigumo trae desgracias a donde quiera que vaya, JIJIJI. – dijo entre risas.
Y su rato de diversión hubiera durado un poco más, si Himawari no hubiera llegado de pronto, cortando las enredaderas que tenían prisionero a Sasuke. Como algunas de estas estaban espinadas, tenía algunas cortadas a lo largo de sus brazos y piernas.
-¡Vete de aquí! ¡Rápido! – ordenó la joven, volteando un instante hacia él.
En eso y sin previo aviso, una enredadera con espinas la atacó, golpeando su vientre y perforándolo de a poco. El impacto fue tan agresivo que la obligó a escupir unas gotas de sangre. Por si fuera poco, esa enredadera funcionó como una especie de imán, ya que, en cuestión de segundos, Tokajin ya estaba sobre ella, listo para aplastarla con su gigantesco cuerpo.
-¡Himawari! – la llamó Sasuke, preocupado y asustado.
-¡JIJI! ¡Está muerta! – Koryu se burló, angustiándolo más.
Sin embargo, y contrario a las suposiciones que los rodeaban, Himawari consiguió quitarse a Tokajin de encima, usando su fuerza para arrojarlo lejos de ella. Le había costado la mayor parte de su energía, pero, al menos, podía seguir presumiendo que estaba de pie.
-Qué interesante. – dijo el ermitaño, levantándose y transformando su cuerpo gelatinoso en uno más fuerte que el acero. - Pero eres una impura, así que solo es cuestión de tiempo.
El corazón del muchacho comenzó a latir más rápido. No estaba seguro si soportaría ver a Himawari luchando en sus condiciones actuales.
-Sasuke. – en eso, su voz lo despertó de sus pensamientos, asombrándose con sus mechones que se movían por el viento y sus ojos rojos. - Tienes que irte.
-Hima...
-¡VETE!
Tokajin contraatacó. Usando solamente la fuerza de su puño derecho, destruyó el suelo a su alrededor, haciendo un gran agujero. Himawari pudo esquivarlo. Pero no pasó mucho tiempo antes de que terminara en el fondo.
-Maldición...
Y como si su situación ya no pudiera ser más caótica que antes, el ermitaño la atrapó con un conjunto de enredaderas espinosas, para luego escupir una gran cantidad de ácido en el fondo del agujero. La joven estaba tan afectada por el aplastamiento anterior del ermitaño, que apenas le quedaban fuerzas para mantenerse consciente.
-Mientras espero a ver qué te matará primero... - dijo sonriente, usando una nueva enredadera para levantar a Sasuke y atraerlo hacia él. - ¡TOMARÉ UN PEQUEÑO BOCADO!
Al clavarle sus filosos dientes en su hombro derecho, el joven soltó un alarido ensordecedor.
-¡No! – exclamó desesperada, intentando zafarse de las enredaderas. - ¡Maldición, MALDICIÓN!
-¡JAJAJAJAJAJAJA! – el gigantesco Youkai de acero; con sangre cubriendo la mitad inferior de su rostro, soltó una carcajada demencial.
Por otra parte, el muchacho estaba tan enojado que, aprovechando que el demonio se había distraído, zafó su brazo izquierdo de las enredaderas que lo tenían preso. Tomó una de sus enormes espinas y se la clavó en el ojo derecho.
-¡WAAAAAAAAAAH! – el dolor en su rostro fue tan intenso y brusco, que Tokajin se vio obligado a soltarlo, momento en el que Sasuke, aun con nuevas cortadas en sus piernas, se dispuso a correr hacia un callejón. - ¡VUELVE AQUÍ, MALNACIDO...! – en eso, su corazón dio un latido rápido.
Himawari, reaccionando por sus instintos sobrenaturales, desgarró una parte de sus brazos con tal de salir del agujero. Sasuke se giró, viendo sorprendido; al igual que el pequeño dragón rojo, como el ermitaño se transformaba en una estatua de piedra.
Una tan horrenda que, arrodillada en el piso, suplicaba piedad al cielo para no morir. Aliviado y espantado, jadeó. Cayó de rodillas al piso y se aferró a la herida en su hombro. Aun no podía creer lo que había pasado.
Hace una hora, no tenía ningún tipo de preocupación. Podía divertirse como en los días en que su familia seguía viva. Sin embargo, desde que se enteró de que la fruta Tsuchigumo se encontraba en su cuerpo, se sentía atrapado en una enorme espiral de tragedias y muerte.
La cual, no hacía otra cosa más que crecer. De repente, el cielo despejado se convirtió en un cielo nublado. Minutos después, la lluvia inundó la zona, empapándolo a él y a la increíble masacre cometida por Tokajin.
-Qué patético. – el cielo volvió a tronar, logrando que el joven levantara de golpe su cabeza.
Frente a él, se hallaba la figura de una mujer de piel pálida y cabello negro. Vestida con un elegante kimono de colores fríos y sosteniendo un abanico, examinaba con desdén y decepción la repugnante estatua del ermitaño.
-Aun siendo un antiguo guardián, no pudo resistir las ansias de probar un bocado.
-¿Q-Quién eres? – Sasuke se atrevió a preguntar.
Gracias al dolor ocasionado por su herida, era incapaz de moverse del suelo. Los ojos rojizos de la mujer voltearon hacia él, examinándolo de una forma diferente.
-Mi nombre es Kagura. – respondió, refugiando sus brazos en el interior de las mangas de su kimono. – Soy la sirvienta más devota de su majestad Naraku, el rey del inframundo. – volteó de nuevo hacia la estatua de Tokajin. – Aun en contra de su voluntad, quería comprobar por mí misma los asombrosos poderes de la fruta Tsuchigumo.
Sasuke quería moverse. Al menos, arrastrarse un poco hacia atrás. Pero la herida en su hombro derecho no se lo permitía, lo que hacía que su estado de pánico se volviera insoportable.
-Tranquilízate. – comentó seriamente, dándose cuenta del miedo que lo carcomía con lentitud. - No tengo permitido lastimarte. – mirando su frio semblante, el muchacho se dio cuenta de que no mentía. – Sin embargo...
Cerca de ahí, una figura arrastraba los pies, haciendo un gran esfuerzo por interponerse entre ambos.
-¿Himawari? – Sasuke la llamó en un susurro, mirando perplejo como se había parado frente a él para protegerlo.
-Está inconsciente. – pensó Kagura, estudiando su rostro. - Aun con la gravedad de sus heridas, está dispuesta a seguir luchando por el bien de ese chico.
Abrió su abanico y con un solo movimiento, cortó el cuello de la estatua de Tokajin, haciéndola polvo. Koryu, quien volaba cerca de ahí, soltó un chillido y trató de escapar. Para su mala suerte, la mujer consiguió atraparlo con un lazo en su muñeca.
-¿A dónde crees que vas, renacuajo?
-Y-Yo... - musitó nervioso. - ¡A-A ninguna parte, lady Kagura!
-Más te vale... - Kagura sonrió. Lo lanzó por los aires con su lazo y guardó su abanico. El pequeño dragón rojo terminó en los brazos del muchacho. - Yo respondo por esa lagartija con alas. – habló con confianza. - Así que, si no les es muy útil, háganmelo saber para venir a matarlo.
Koryu se subió al hombro izquierdo de Sasuke, asomando solamente su cabeza. La Youkai, con cierta gracia, dio media vuelta. Tomó una de las plumas en su peinado y se marchó, combinando sus poderes de viento con las gotas de lluvia. En ese instante, la chica de cabello negro tosió sangre y cayó hacia atrás.
-¡Himawari! – exclamó Sasuke, arrastrándose en el piso para poder atraparla en sus brazos. Tenía tres grandes cortadas que lo hicieron entrar en pánico. No por cómo estaban abiertas, sino por la cantidad de sangre que derramaban. – Dios... ¿Qué hago?
-¡Dale tu sangre! – dijo Koryu, llamando su atención. - ¡Eres la fruta Tsuchigumo! ¡Puedes curar a quién tú quieras con el poder de tu sangre!
FFFFF
-Si te enojas, tienes miedo o si sientes algo negativo, la fruta Tsuchigumo convertirá tu sangre en un poderoso veneno que asesinará a quien lo beba. Pero si sientes amor, confianza o algún otro sentimiento positivo, tu sangre funcionará como un elixir medicinal, tan puro y poderoso, que curará cualquier tipo de herida.
FFFFF
-En este momento, no soy capaz de describir mis emociones... - pensó, recordando la plática que tuvo con Enju, luego del incidente con Yura Sakasagami. – Si me arriesgo y le doy a Himawari una gota de mi sangre, puedo convertirla por accidente en una estatua o algo peor.
-¡¿Qué estás haciendo?! – cuestionó Koryu, viendo exaltado como la subía a su espalda y comenzaba a correr.
-No tengo otra opción. – habló decidido, siendo seguido por el dragón rojo. En medio de la lluvia, era difícil distinguir la banqueta, los postes y el resto de los edificios y letreros. – Voy a tener que curarla con lo que he aprendido estos meses.
PPPPP
Aunque la lluvia siguiera cayendo y el viento soplara con fuerza, Sasuke y Koryu consiguieron llegar sin problemas a la residencia Sabaku. Resguardándose en la barda de madera frente al edificio, esquivaron con facilidad la vista de Temari, quién se hallaba sentada en la recepción, revisando unos documentos.
Entraron a un callejón y se acercaron a un enorme contenedor de basura. Una vez ahí, el joven lo cerró con cuidado. Colocó a Himawari encima, y luego, se subió para tomar la mitad de unas escaleras metálicas, haciéndolas descender automáticamente.
-Voy a necesitar tu ayuda. – se sinceró, volteando hacia el dragón rojo. - ¿Crees que puedas subirla hasta el tercer piso?
-¡Lo intentaré! – exclamó el Youkai.
Se acercó a Himawari y, con sus pequeñas manitas, la sujetó de los gruesos tirantes de su vestido blanco, subiéndola con gran esfuerzo hasta un balcón. Sasuke sonrió. Subió las escaleras de emergencia y saltó con cuidado al balcón donde estaba Koryu, agotado.
De las pocas pláticas que tuvo con Temari, recordaba con claridad que muchas de las alcobas del tercer piso estaban vacías. Gracias a eso, ya no tuvo que preocuparse por seguir empapándose.
Casi en silencio, deslizó la puerta corrediza. Subió a Himawari de nuevo a su espalda y entraron a la habitación, cerrando de nuevo la puerta de cristal a como estaba antes.
Con la oscuridad, se sentía más tenebroso el ambiente creado por la lluvia y los truenos. Se acercaron a la puerta de madera. Con su mano derecha, el joven giró el picaporte, dejándola entreabierta para asegurarse de que no hubiera nadie en el pasillo.
Suspiró. Abrió la puerta por completo; con cierta prisa, y la cerró. Koryu volaba encima de su cabeza, así que no lo notó hasta que estuvo caminando sobre la alfombra de cuadros. Unos segundos después, llegaron a su cuarto.
Con su llave; colgada en su cuello, quitó el seguro. Abrió la puerta y entraron. Sabía que todavía no era el momento adecuado para cantar victoria. Por lo mismo, se apresuró en ir a su cama y acostar a Himawari.
Fue al baño y regresó con ella, teniendo en sus manos un botiquín de primeros auxilios. Respiró hondo. Si quería curarla, necesitaba quitarle el vestido. La sentó, pidiéndole a Koryu que deslizara la prenda por encima de su cabeza.
Viéndola en ropa interior, pudo darse cuenta de que la herida en su vientre era la más grave. Del botiquín, tomó una gran cantidad de algodón y agua oxigenada. El dragón, volando al otro lado de la cama, miraba anonadado como la fruta Tsuchigumo se esforzaba por curar a una mera imitación de un demonio, limpiando y cosiendo algunas partes de sus heridas.
Ya con la última venda puesta; en su brazo derecho, y habiéndola cubierto con una frazada, Sasuke cayó agotado al piso, apoyando su cabeza y su espalda en la pared y jadeando con tranquilidad.
-Oye... - lo llamó el Youkai, apuntando su hombro derecho. - …yo en tu lugar también curaría esa herida...
-Es cierto... - suspiró, llevándose una mano por encima de su brazo cubierto de sangre. – Estaba tan preocupado por Himawari que olvidé lo que me pasó. – el dragón rojo también suspiró. Tomó el botiquín y se lo acercó, poniéndolo a un lado de su pierna. - ¿Cómo te llamas?
-Mi nombre es Koryu. – se presentó con una reverencia, sentándose de cuclillas en el suelo. – Sino mal recuerdo, usted es Sasuke-sama, ¿No?
-Je... solo llámame por mi nombre. – sonrió, como si su última frase hubiera sido un chiste. - No es necesario que seas tan formal.
-¡Imposible! – replicó enojado. - En todos mis años de servidumbre, nunca se me ha dado el derecho de tratar a mis amos con tanta confianza.
-Si insistes... - acercándose al botiquín, sacó todo lo que necesitaría. - …dime como quieras. – Koryu, al verlo moverse con tanta dificultad, le quitó el agua oxigenada de su mano.
-¡Yo lo voy a curar, así que quítese la camiseta!
Asombrado y confundido, Sasuke obedeció, arrojándola al piso y apartándose un poco de la pared. Con solo haberlo observado unos minutos, Koryu era capaz de repetir su procedimiento, limpiando primero con agua oxigenada, para luego colocarle la venda con cuidado.
-Koryu, ¿Qué tanto sabes sobre esa mujer llamada Kagura? – interrogó de pronto, haciendo eco en la habitación.
Fin del capítulo.
