-Koryu, ¿Qué tanto sabes sobre esa mujer llamada Kagura?
-Tal y como ella te lo explicó, se trata de la sirvienta más devota del rey del inframundo. – respondió. - Como su mano derecha, tiene el control absoluto sobre los otros sirvientes del palacio real. Algunos dicen, que si llegas a escuchar silbidos misteriosos, es porque ella los está provocando, ya que representa el viento. Incluso existe una leyenda que gira a su alrededor. Cuando su majestad hacía una de sus breves visitas en la tierra, se encontró con el abanico abandonado de una concubina humana, transformándola en un demonio para que siempre le fuera leal. Esto mismo se repite con la niña que funge como su mano izquierda. Solo que, en lugar de un abanico, es un espejo.
-Si el abanico representa el viento, ¿Qué es lo que representa el espejo?
-La nada. Lo que sea que se arroje a ese espejo, termina en un espacio desconocido del inframundo. A excepción de las almas, las cuales, van a la nada, para detener su ciclo de reencarnación. Aunque, esto último en realidad se trata de un castigo para quienes hayan hecho cosas muy malas en sus vidas. Y también es una leyenda.
-COF, COF... - de repente, la joven tosió.
-¡Himawari! – exclamó Sasuke, arrastrándose de rodillas hacia el borde izquierdo de la cama. - ¡Himawari! ¡¿Puedes escucharme?! ¡¿Estás bien?! – interrogó, escuchando preocupado como no dejaba de toser.
Luego de unos segundos, la mencionada reaccionó, abriendo despacio sus ojos antes de encontrarse con el rostro angustiado del muchacho.
-Sasuke... - murmuró. - ¿D-Dónde estamos?
-Te traje a mi habitación en la residencia Sabaku. No quise arriesgarme a convertirte en una estatua como Tokajin.
FFFFF
-Hasta el momento... solo te han atacado demonios que eran leales al rey. – comentó Enju, sentada en su cómodo sillón rojo. - Por lo tanto, los que son más peligrosos y que no dudarán en matarte si tienen la oportunidad, son aquellos que no forman parte de sus dominios. Los exiliados.
FFFFF
-Ese malnacido... - pensó enojada, llevándose su brazo derecho por encima de su cabeza para cubrirse los ojos. – ¿Cómo pude bajar la guardia? - recordando como el ermitaño mordió a Sasuke, apretó los dientes para evitar sollozar y derramó lágrimas llenas de frustración.
Verla así, tan molesta consigo misma, por algo que ni siquiera fue su culpa, hizo que Sasuke se acercara a ella. La tomara en sus brazos; invitándola a sentarse, y la abrazara con cuidado.
-Ah... yo... iré a vigilar la puerta. – dijo Koryu con nerviosismo, volando al otro lado del cuarto para darles privacidad.
-Tranquila, ya pasó. – le susurró con comprensión. - Todo está bien.
-No... no está bien. – replicó, sin parar de llorar. - Casi te matan por mi descuido, por querer vivir una vida que no puedo tener. Enju tenía razón... - en su mente, repitió la bofetada que la mencionada le dio a Kiba hace años. - ¡Soy una estúpida! – quiso apartarse del joven, pero él no lo permitió, moviéndose para juntar con cuidado su cabeza con el lado izquierdo de su pecho. Al oír los latidos de su corazón, Himawari abrió los ojos como platos.
-Puedes escucharlo, ¿Verdad? – comentó. - Si mi corazón sigue latiendo, es porque sobreviví gracias a tu fuerza. - Ella sollozó.
-No hagas esto... - murmuró acongojada, cubriendo su rostro con sus manos. - No merezco tu amabilidad...mucho menos tu perdón...– buscando sus ojos carmesí, Sasuke dejó de abrazarla y apartó sus manos con delicadeza, quitándole una lágrima de su ojo izquierdo. - Porque... porque yo...
-¡Sasuke! – de pronto, escucharon unos golpes en la puerta, haciéndolos saltar por el susto. - ¡Sasuke! ¡¿Estás ahí?!
-¿Puedes levantarte? – cuestionó el joven.
Himawari asintió. Se puso de pie; cubriéndose con la sábana blanca de la cama y entró al baño. Pensando rápidamente en una excusa para justificar su tardanza, Sasuke se mojó el cabello en el lavabo y tomó una toalla de una repisa cercana.
-Vuelvo enseguida. – ella asintió de nuevo, sentándose como si nada en el piso de azulejos.
Luego de cerrar la puerta, se dirigió a su closet, poniéndose la primera playera negra de manga larga que encontró.
-¡Sasuke-sama! – lo llamó Koryu, volando del picaporte de la puerta hacia él.
-Escóndete en el closet. – dijo seriamente, dándole tiempo al dragoncito para cumplir su petición.
Un segundo después, abrió la puerta, encontrándose con una mueca por parte de Naruto.
-¡Cielos! ¡¿Por qué tardaste tanto?! – se quejó, entrando a la alcoba sin el consentimiento de su hermano. - ¡Casi salgo a la calle a buscarte!
-Uy, perdón por mantenerme limpio. – comentó enojado, cerrando la puerta y apoyando su espalda en la pared. – ¿Qué quieres? – el rubio resopló.
-Hace como 3 días, unas personas vinieron a buscarte y me pidieron que te diera esto. – respondió, buscando algo en el bolsillo derecho de su pantalón naranja. – Tardé tanto en entregártelo porque siempre se me olvidaba.
En sus manos, le entregó una cajita de color rojo. Parecía el estuche de un anillo de compromiso.
-¿Qué es?
-¡¿Cómo voy a saberlo?! – cuestionó molesto, con dos círculos blancos en lugar de ojos. - ¡Está prohibido revisar las pertenencias de otros, de verás!
-Querrás decir "correspondencia".
-¡Lo que sea! ¡Solo ábrelo! – el joven de cabello negro se encogió de hombros. Abrió la cajita y levantó su contenido con su mano derecha. - ¡¿Qué?! ¡¿Tanto escándalo por una pulserita?! – se llevó una mano a su frente. - ¡Esto es el colmo!
-¿De qué estás hablando? ¿Quién te dio esto?
-¡Temari casi se mete en problemas por tu culpa! – respondió con una mueca de fastidio. - ¡Si yo no hubiera llegado, quién sabe lo que esa chica sospechosa y ese fulano de cabello plateado le hubieran hecho!
-¿Cabello plateado? – pensó, abriendo los ojos como platos.
FFFFF
-Al fin despiertas. Creí que tendría que dar otra vuelta para tener tu testimonio.
FFFFF
-¿Habrá sido el detective Taisho el que vino a verme? – pensó angustiado, apretando las cuencas negras de la pulsera en su mano.
-¡Oye, di algo! – le reclamó Naruto, pasando por alto su repentino nerviosismo. - ¡Al menos me gustaría que te disculparas con Temari!
-Necesito que te vayas.
-¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! – Sasuke abrió de nuevo la puerta de su cuarto. Tomó a su hermano de los hombros y lo sacó a la fuerza. - ¡O-Oye, espera...! – azotó la puerta en su cara.
Y a pesar de que lo estuvo llamando alterado, no volvió a abrirle, perdiéndose en sus pensamientos mientras deslizaba su espalda en la pared para sentarse.
PPPPP
-¡AAAGH! ¡Es inútil! - exclamó InuYasha, sentado al lado derecho de la cama de "Kagome" y revolviendo sus cabello negros. - ¡Todo lo que veo es esa maldita niebla!
-Vamos, InuYasha, tienes que descansar. – comentó Rin, parada al otro lado de la cama, mirándolo con preocupación. - Llevas 3 días usando tus poderes al límite. – volteó hacia el suelo con tristeza. - Sé que es importante traer de vuelta el alma de Kagome, pero si te excedes, solo conseguirás estar más perdido de lo que ya te encuentras.
-¡KEH! – dándose por vencido con su pequeña amiga, se dejó caer en el respaldo de la silla, con la cabeza dirigida al techo. - ¡De acuerdo, descansaré!
Entonces la giró a su lado derecho, mirando la televisión que estaba a unos metros de ellos. Tomó el control remoto y presionó el botón de encendido, cambiando varios canales.
-El otro día, me sorprendió gratamente que pudieras levantarte como si nada de la cama. – confesó Rin, mirando a "Kagome". – Me pregunto si la conexión que hizo InuYasha con tu alma estará relacionado.
-Totalmente. – agregó el mencionado, soltando un momento el control remoto para voltear a hacia la sacerdotisa. - Parte de mi energía pasa al cuerpo del alma que estoy buscando en el mundo astral, así que no sería tan loco que pudiera saltar y hablar como si nada.
-En este momento, me encuentro en el distrito de Adachi, donde hace unas horas, ocurrió una masacre indescriptible. – anunció una reportera en la televisión, captando también la atención de los jóvenes. – Muchas de las familias que habían venido a divertirse a la feria que está a mis espaldas, fueron encontradas desmembradas cerca de los puestos de comida. Incluso el personal que estaba a cargo de los juegos mecánicos fue atacado y hallado en las mismas condiciones. – mientras se transmitían las imágenes de las personas, tiradas en charcos de sangre, Itachi comenzó a jadear, recordando de golpe lo que pasó en su casa hace 10 años. - Las autoridades apuntan a que esto fue obra de un grupo satánico que está en contra de los ideales del gobierno actual...
-¡InuYasha, apágala! – gritó Rin, haciéndolo reaccionar y presionar el botón de encendido en el control remoto. "Kagome" se llevó las manos a la cabeza, agachándola para que no la vieran llorar. – Tranquilo, todo está bien. – lo consoló la joven de cabello castaño, rodeándolo gentilmente con sus brazos.
InuYasha se levantó y, para darle apoyo y decirle que también estaba ahí, colocó su mano sobre su hombro derecho.
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Parecía que la lluvia nunca se detendría. Ni en la realidad, ni en su corazón. Después de haber salido del sanatorio, no recordaba nada de lo que hizo recién, ni como había llegado a ese oscuro callejón, abrazándose a sí misma mientras lloraba y temblaba.
Pasados unos minutos, en los que la luz de una lámpara de farol iluminó un camino de sangre y su figura, se encontró con una hermosa joven. Ella le ofreció su mano. Y desde entonces, han estado juntas para investigar a fondo las fechorías de Tsubaki.
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Himawari abrió los ojos. Con el paso de los minutos, se había quedado dormida en el piso del baño. Al levantarse, se talló su ojo derecho y estiró los brazos hacia arriba. Aferrándose a la sábana blanca; porque se encontraba en ropa interior, se puso de pie y abrió la puerta del baño.
El otro chico al que escuchó hace poco se había marchado, dejando al muchacho de cabello negro sentado en el piso, con la espalda recargada en la pared junto a la puerta. Al verlo con su cabeza entre las piernas, protegida por sus brazos, salió del baño y caminó hacia él.
-¿Sasuke? – lo llamó, consiguiendo que levantara la mirada hacia ella. Sin soltar la sabana, se arrodilló a su lado izquierdo y estudió su expresión. - ¿Qué tienes? Estás muy pálido.
Al instante, levantó la pulsera de cuencas negras y se la mostró.
-¿Sabes qué es esto? – con curiosidad, la joven acercó sus dedos a la pulsera, electrocutándose por accidente. Sasuke, al ver aquello, arrojó el brazalete a uno de los sillones.
-No hay duda. Es un rosario. – concluyó, volteando sus ojos rojos de sus dedos quemados hacia el joven. - ¿De dónde lo sacaste?
-Mi hermano Naruto me lo dio. - explicó seriamente, peinándose su cabello negro hacia atrás con su mano derecha. - Dijo que hace 3 días vinieron a buscarme un par de personas.
La joven silenció unos segundos.
-Uno de ellos debió ser una sacerdotisa. – ese dato lo dejó atónito. – Tal vez sería mejor que ella te proteja. Si yo lo sigo haciendo...
-¡Por supuesto que no! – exclamó enojado, tomándola de los hombros. - ¡Tú eres la más indicada para esto, lo que pasó hoy fue...!
-¿Por qué? – lo interrumpió en seco. - Casi mueres por mis errores. ¿O es que...? – se quitó la sábana; mostrando su ropa interior color turquesa, se subió sobre sus piernas y colocó un brazo sobre su hombro izquierdo, obligándolo a levantar la cabeza. - ¿...sientes otro tipo de atracción hacia mí?
Sasuke le retuvo la mirada. ¿Qué sentía exactamente? No lo sabía... pero era un hecho de que si se sentía atraído hacia ella. Tanto por su loca personalidad, como por su cuerpo. Llevando su mano derecha a su cuello, la incitó a agacharse para que lo besara en los labios.
-No merezco tu amabilidad... mucho menos tu perdón... porque yo... fui la que asesinó a tu familia.
Fin del capítulo.
