Agradecimiento especial para Fran Sanchez! Quien siempre me apoya con sus hermosos comentarios :3 Muchas gracias!

Disfruten el capi de esta ocasión! nwn Saludos a todos!


-18 años antes. Distrito Suginami.-

-¡Gracias a Dios que está aquí! – comentó Hiashi Hyuga con una gran sonrisa, abriendo la puerta de su hogar. - ¡Pase por favor, sacerdotisa Tsubaki!

La mujer de ropas negras hizo una reverencia, antes de entrar a la gran residencia de los Hyuga. Se quitaron los zapatos en el vestíbulo y luego, se encaminaron de inmediato a las escaleras, permaneciendo en completo silencio... hasta que el hombre de largos cabellos negros abrió la puerta de una habitación.

Acostada en una cama, se hallaba una mujer de ojos blancos, largo cabello azulado y piel blanca. Tenía puesto un extenso vestido blanco, cubierto por una bata de color azul grisáceo.

-Querido... - susurró, sonriéndole a su esposo mientras acariciaba su vientre, el cual, mostraba con orgullo que el bebé que esperaban estaba a muy poco tiempo de nacer.

-Mi esposa Harumi no se ha sentido bien en estos días. – explicó Hiashi, aproximándose a la cama y tomando la mano izquierda de su mujer. – Hemos ido con varios doctores, pero ninguno ha sabido explicarnos los motivos.

-Entiendo. – comentó Tsubaki, parándose al lado derecho de la cama. Levantó las manos sobre el vientre de Harumi y cerró un segundo los ojos. – Hum. Tal y como lo sospeché. – pensó, tratando de no sonreír, al sentir la concentración de energía maligna que emanaba del bebé. – Minato Namikaze nunca deshizo la maldición. Solo la desvió con su conjuro. – abrió los ojos. Bajó los brazos y se dirigió a la pareja. – No hay de qué preocuparse. El bebé se encuentra saludable. – anunció con una sonrisa, quitándoles un gran peso de encima a Hiashi y Harumi, cuyas lágrimas se derramaban por alegría y alivio.

A la sacerdotisa le enfermó presenciar aquello. Sin embargo, si quería que sus palabras fueran convincentes, debía soportarlos unos minutos más.

-¿Cómo podemos pagarle este favor? – cuestionó Hiashi.

-Descuide. No será necesario. - aseguró, haciendo una reverencia para salir de ahí. - Ya que su bebé se convertirá en mi preciado y próximo esclavo.

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-Presente. 8 horas después de la masacre en la feria.-

-Maldición... - susurró un muchacho castaño, agobiado por los cadáveres esparcidos a lo largo y ancho de la feria de Adachi y con los reporteros dando a conocer la noticia. A esa hora de la noche, la lluvia continuaba cayendo, pero con menos intensidad. - …esto es un desastre.

-¡Kohaku! – al escuchar su nombre, volteó hacia atrás.

-¡Sesshomaru, ¿Dónde estabas?! – le preguntó, mientras el mencionado movía hacia arriba la cinta amarilla de seguridad.

-Estoy ocupado con un caso. – explicó seriamente, volteando de un lado a otro. Ni siquiera con las grandes lámparas proporcionadas por el gobierno japonés, se alcanzaba a distinguir por completo los horrores hechos por Tokajin. – Kakashi no me dio detalles. Solo me dijo que debía venir lo más rápido posible. – giró hacia su compañero. - ¿Qué fue lo que pasó?

-Eso es lo más raro. – se sinceró, cruzándose de brazos. Al otro lado, los forenses tomaban fotografías. - Es como si hubiera aparecido una especie de monstruo y los hubiera atacado a todos porque sí. No quedó ningún sobreviviente.

FFFFF

-Hace 18 años, la sacerdotisa Tsubaki selló en un niño recién nacido un objeto conocido como "la fruta Tsuchigumo". La razón por la que me pidieron protegerlo, es porque el sello que hacía a la fruta invisible ha comenzado a debilitarse. Por consecuencia, todos los seres sobrenaturales de Japón querrán matarlo para obtenerla.

FFFFF

-Tal vez sí lo hay.

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El pequeño beso entre ambos fue escalando a un ritmo peligrosamente alto para sus corazones. Sasuke se recostó en el piso, dejando que Himawari hiciera con él lo que quisiera. Mientras lo besaba con la boca entre abierta, jugando con su lengua, pasaba su mano por su torso, subiendo de a poco su playera negra de mangas largas, hasta que se la pasó por encima de la cabeza para quitársela.

La joven se relamió los labios, anhelando que disfrutara cada muestra de afecto que le hiciera con su boca, sus manos y el resto de su cuerpo. Por desgracia, los planes de sus heridas fueron otros, obligándola a apartarse del muchacho y sentarse en el piso. Recuperando el aliento de golpe y abriendo los ojos como platos, Sasuke también se sentó, viendo confundido el temblor en su cuerpo.

-Ups... - suspiró entre jadeos, cubriéndose el pecho con sus brazos. - ...creo que me emocioné demasiado. – sin dejar de verla preocupado, el joven llevó su mano derecha a su frente.

-Estás ardiendo. – declaró, tomándola inmediatamente en brazos, para luego acostarla en su cama.

Regresó al otro lado del cuarto y tomó la sábana. Volviendo con Himawari, se la colocó encima, junto con otra cobija gris que tenía ahí mismo. Una vez que se aseguró de que estuviera bien abrigada, corrió al baño, mojando una toalla chica que le quedaba por ahí y regresando una vez más. Se sentó en el borde izquierdo de la cama y le puso la toalla sobre su frente. Mientras iba y venía, sus mejillas se habían puesto rojas y no paraba de jadear.

-Tal vez debería llevarla con Enju... - pensó seriamente. - pero el clima...

Al voltear hacia la puerta corrediza del balcón, se encontró con un alto joven de corto cabello castaño y piel bronceada, que le sonreía mientras lo saludaba. No se estaba mojando gracias a que su cabeza estaba resguardada con la capucha de su chamarra gris. También vestía una playera blanca, pantalones y botas negras. Extrañado, Sasuke se levantó de la cama y se acercó a la puerta corrediza, abriéndola de un solo movimiento.

-¡Hola, me llamo Kiba! ¡Soy el primo de Hima! ¡¿Puedo pasar?! – se presentó, sin dejar de sonreír.

El muchacho de cabello negro asintió, haciéndose a un lado para que diera el primer paso a su habitación.

-Si, tal y como me lo temía... - declaró, poniendo sus manos en sus caderas y observando a Himawari jadeando en la cama. - definitivamente, fueron las espinas del ermitaño Tokajin. Debieron estar envenenadas.

-¿Viste su pelea con ese sujeto? – preguntó con curiosidad, cerrando la puerta del balcón y caminando hacia Kiba.

-Para nada. – respondió. – Gracias a la tía Enju, aprendí a identificar los efectos que tienen las habilidades de algunos demonios en el inframundo. – suspiró, llevándose una mano por detrás de la cabeza. – Me sorprende que ese regordete fuera detrás de ustedes. Creí que por ser un sádico abusivo, lady Kaguya se había deshecho de él hace años.

Al escuchar eso último, Sasuke se estremeció, recordando a la mala como fue que su hombro derecho terminó gravemente lastimado.

-¿Crees que puedas llevarla con Enju? – interrogó, con la mirada desviada hacia el closet.

-¡Claro, cuenta con eso! – exclamó Kiba con una gran sonrisa, acercándose a la cama para quitarle las cobijas. - Y te agradezco por cuidarla mientras... ¡SANTA MADRE DE NARAKU! – gritó asustado, cubriéndola de nuevo y apartándose hasta una esquina. - ¡¿Por qué no me avisaste que estaba en ropa interior?!

Sasuke lo vio con una gotita de sudor bajando por su cabeza.

-Un momento... - parpadeó. - si ella está así y tú... - viéndolo de pies a cabeza, se sonrojó. - ¡¿A-Acaso...?! – el joven solo lo miró atónito. - ¡No! ¡No me digas, no quiero detalles! – negó de inmediato, agachando la cabeza y moviendo las manos de un lado a otro.

El muchacho de ojos negros se encogió de hombros. Abrió la puerta del closet; viendo como Koryu dormía plácidamente entre unas cobijas que se encontraban en las repisas superiores, y tomó una chamarra de color negro.

De uno de los cajones de la cama, sacó un pants de color gris claro. Kiba, sin atreverse a ver a su prima, la levantó de la cama, tal y como se lo había indicado Sasuke, y le ayudaron a ponerse las prendas que le consiguió.

Cuando estuvo lista, la subieron a la espalda del joven castaño, quien abrió la puerta corrediza del balcón.

-Ojala pudiera hacer algo más por ella. – comentó el Namikaze, pasando sus dedos por encima de la mejilla derecha de Himawari.

-Créeme, ya hiciste más que suficiente. – aseguró Kiba, sonriéndole al cielo cubierto por nubes ennegrecidas. - Por ser una chica mitad demonio, Enju siempre la limitaba a hacer cierto tipo de cosas. No podía salir mucho y tampoco podía acercarse a otros niños. Tenía miedo de que Tsubaki la encontrara.

-¿Por qué? – cuestionó, impresionado por haber escuchado lo último. El joven de cabello castaño, al darse cuenta de lo que dijo, se puso nervioso.

-¡Q-Quién sabe! – dijo de prisa. - ¡La verdad yo no sé mucho al respecto, JAJAJA! – dio un paso al frente y saltó hacia el borde del balcón. - ¡Estate tranquilo, volverá cuando menos te lo esperes! – sujetando con fuerza a su "prima", dio un gran salto hacia el asfalto de la calle, corriendo en medio de la lluvia.

-Gracias... - murmuró Sasuke, al verlos desaparecer de su vista.

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-¡¿Y ahora en qué lío se metió esta niña?!

Kiba miró con demasiado nerviosismo a Enju, quien, como si no tuviera tanto trabajo qué hacer, aún debía curar a una desmayada Himawari. Mientras reunía todo lo que necesitaría para tratarla, le ordenó a su sobrino que la subiera a su alcoba y la acomodara en su cama. No le quitó la ropa de Sasuke. Solo la cubrió con una manta ligera.

Pese a todo lo ocurrido esa tarde, dormía plácidamente sin ningún tipo de preocupación. Eso le dio una buena señal. De pronto, la puerta de la habitación se abrió, dejando pasar a Enju con unas pócimas y un libro flotando encima de su cabeza.

-¿Hace cuánto que está así? – cuestionó seriamente, revisando su pulso.

-No lo sé. – se sinceró. – Me mareé un segundo y fui a buscarla.

-Tienes que mejorar tu hechizo de vinculación. – le pidió, sin siquiera mirarlo. - No estás sintiendo todos sus síntomas en el momento correcto. Solo tienes "mareos repentinos" y "malos presentimientos".

-Nunca quise encariñarme con ella. Mucho menos ahora, cuando está cada vez más cerca de irse con su familia.

-Esto no se trata de encariñarse o no. - siguió revisándola, quitándole la frazada que tenía encima y una parte de la chamarra. - Se trata de protegerla y asegurarse de que...

Sus ojos carmesí se abrieron desmesuradamente al ver las gasas y vendas en su vientre. Sin importar que su sobrino estuviera detrás de ella, la despojó de la chamarra y el pants. A lo largo y ancho de sus brazos y piernas tenía vendas y gasas. Apretó los labios. Con su corazón latiendo con fuerza por el pánico, se atrevió a quitarle una de las vendas, revelando las heridas de tonos morado oscuro. Kiba se quedó sin aliento.

-Esto es obra del bastardo de Tokajin... - susurró Enju con furia. – ojalá su alma agonice en el inframundo.

-Créeme, lo pasará peor que eso. – al escuchar una voz ajena, ambos voltearon al a puerta de la recámara.

-¡Lady Kagura! – exclamó el muchacho, con sus ojos brillando por la emoción de verla.

-Kiba Inuzuka, ¿Cierto? – comentó la mujer. - ¿Cómo está tu familia?

-¡Bien, muchas gracias por preguntar! – asintió con una gran sonrisa. - ¡Si mi hermana se entera de que usted me saludó, se morirá de la envidia! – Enju se levantó del borde de la cama y se colocó delante de su sobrino.

-¿Qué estás haciendo aquí? – cuestionó con seriedad.

-Quiero conversar contigo a solas. – Enju frunció el ceño. Le dio una indicación a Kiba, para que no saliera de la habitación, y ambas caminaron hasta el medio de la sala, siendo rodeadas por torres de libros y papeles tirados en el piso. - ¿Exactamente, qué estás planeando? – preguntó, volteando hacia la bruja. - Hace unos años, le aseguraste a su majestad que te encargarías de proteger a la fruta Tsuchigumo por tu cuenta.

-Y es justo lo que estoy haciendo.

-Te equivocas. En lugar de estar al pendiente de ella como lo prometiste, le cediste esa carga tan pesada a una niña que ni siquiera pertenece a nuestro mundo. – abrió su abanico y cubrió con él la mitad inferior de su rostro. - Sin darte cuenta, la estás hundiendo en un agujero. Y este continuará haciéndose más grande y más profundo, hasta que pase una de las siguientes cosas. Que Sasuke Uchiha acepte su destino o que tu niña muera en manos de Tsubaki, como debió haber sido hace 10 años.

-¡Jamás! – bramó enojada. - ¡No lo permitiré!

-Entonces, por tu bien y por el de ellos, espero que sepas preparar la legendaria poción que los liberará a ambos.

-Puedo hacerla. Solo necesito tiempo.

-Tiempo es lo que menos tienes, querida. – y con esa última declaración, la mujer de ojos rojos desapareció ante ella, creando una pequeña ventisca que desacomodó un poco sus pertenencias.

-¿Qué he hecho? – pensó Enju, a punto de colapsar en el mar de papeles a su alrededor.

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-Taisho... - lo llamó A, encerrado con él en su oficina, dentro del distrito de Suginami. Los truenos iluminaron un segundo la mesa cubierta con carpetas y documentos de casos anteriores. - …esto es una locura... ¡Una locura, te digo!

-Si Kushina no hubiera sacado ese tema, yo tampoco podría creerlo. – comentó, igual de anonadado que su antiguo compañero.

-¡MALDICIÓN! – exclamó enfurecido, golpeando su puño contra unos papeles en la mesa. - ¡¿Por cuantos años esa Tsubaki nos ha visto la cara?! ¡Y la maldita iglesia lo sabía todo!

De repente, Toga escuchó un cascabel. Sorprendido, volteó hacia atrás, encontrándose con una serpiente negra de ojos rojos que los miraba fijamente... hasta que empezó a resplandecer.

-¡Cuidado! – gritó, antes de que la oficina explotara.

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-¡Ya voy, ya voy! – exclamó una mujer anciana de ojos saltones y largo cabello blanco, antes de abrir la puerta de su residencia. - ¡Ay, pero qué jovencito tan apuesto! – dijo emocionada, con dos corazones en lugar de ojos. - ¿Tú eres el detective del que me habló la señorita Shizuka?

-Lamento molestarla tan temprano, señora Urasue. – se disculpó Sesshomaru, haciendo una reverencia. - Estaba por aquí cerca y quise aprovechar.

-¡Descuida, no pasa nada! ¡Adelante! – comentó, negando con la mano y haciéndose a un lado para dejarlo entrar. - ¿Gustas un café? – cuestionó con una sonrisa, una vez que llegaron a la sala.

El detective Taisho asintió.

-¿Podría contarme sobre la noche en la que Itachi Uchiha llegó al hospital? – preguntó, mientras la anciana terminaba de servirle su bebida.

-Pobre, pobre muchacho... - dijo entristecida. – venía muy grave. Sufrió un fuerte golpe en la cabeza, tenía algunas costillas rotas... y una extraña marca en su tobillo izquierdo.

Fin del capítulo.