Hola a todos! Espero se encuentren muy, muy bien. Originalmente, este capítulo debió estar arriba hace algunos días, para concluir con la maratón que estaba haciendo... pero se me atravesaron algunos pendientes y ya no pude continuar :( Lo siento mucho! Por favor, disfruten el capi de esta ocasión y, si el tiempo me lo permite, también estaré subiendo otro este viernes :) Cuídense mucho, saludos a todos!


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-¡Estate tranquilo, volverá cuando menos te lo esperes!

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-Ya han pasado 3 días y no he sabido nada de Himawari o Kiba.

-¡TEMEE! – de pronto, Naruto; sentado a su lado izquierdo, en la mesa del comedor de la residencia, le gritó en su oído, descolocándolo.

-¡Maldición! – se quejó enojado, dándole un buen golpe en la cabeza al rubio. - ¡Odio que hagas eso!

-Lo sé, por eso lo hice. – comentó como si nada, logrando que lo viera con una gotita de sudor bajando por su nuca. - Desde hace días que has estado como en la luna o algo así. ¿Estás seguro de que no necesitas ir al doctor?

-Me encuentro de maravilla. Solo... - hizo una pausa, recordando los besos propinados por Himawari la otra noche y como se vio forzada a detenerse por su repentina fiebre. - ...estoy algo ansioso por entrar a la universidad, es todo.

-¿Tú, ansioso? – interrogó una voz ajena, haciéndolos voltear hacia atrás. - No es tu estilo, Sasuke.

-¡Hola, Shikamaru! ¡¿Qué cuentas?! – exclamó Naruto.

-Finalmente terminé de desempacar. – respondió, rodeando la gran mesa para sentarse frente a ellos. - Fue todo un fastidio, pero valió cada maldito segundo. – apoyando su cabeza, en los nudillos de su mano derecha, les sonrió. - ¿Y? ¿Tienen planes para hoy?

-Sí, yo... volveré a mi casa por unas cosas que olvidé. – confesó el rubio, llevándose una mano por detrás de su cabello. - Sakura se ofreció a ayudarme, así que estaremos juntos todo el día.

-Ahora que me doy cuenta, has estado mucho tiempo con ella, ¿No? – comentó Sasuke, alzando la vista.

-JIJI. – Naruto se burló. - ¿Estás celoso?

-Ya quisieras. – replicó, volteándose y haciendo una mueca.

Su amigo de la infancia los vio con una gotita de sudor bajando por su nuca.

-¿Y tú, Sasuke? ¿Tienes planes para hoy? – volvió a preguntar Shikamaru.

-Sí, estaré ocupado.

-Si... - se burló Naruto. - ocupadísimo con su estúpido libro de anatomía.

-¿Entrarás a la carrera de medicina? – Shikamaru se sorprendió.

-¡Claro, deberías verlo! – exclamó el rubio, con el ceño fruncido. - ¡Se la pasa estudiando como loco todo el día a pesar de ser vacaciones! ¡Ya ni siquiera salimos juntos, de veras!

Sasuke agachó la cabeza. Sin terminarse su desayuno, se levantó en silencio y se fue del comedor.

-Oye, ¿No crees que fuiste un poco infantil? – Shikamaru regañó a Naruto. - Cada quien tiene derecho de hacer con su tiempo lo que se le pegue la gana.

El Namikaze, frunció más el entrecejo. Como si deseara que su antiguo compañero de la primaria no tuviera razón.

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-¡¿En dónde demonios estabas anoche?! ¡Karin y yo te estuvimos esperando por horas, de veras!

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-¡Temari casi se mete en problemas por tu culpa! ¡Si yo no hubiera llegado, quién sabe lo que esa chica sospechosa y ese fulano de cabello plateado le hubieran hecho!

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-¡Claro, deberías verlo! ¡Se la pasa estudiando como loco todo el día a pesar de ser vacaciones! ¡Ya ni siquiera salimos juntos, de veras!

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-Solo un poco más. – pensó Sasuke, acostado en el piso de madera, en medio de su habitación. Para protegerse del rayo de sol que se asomaba por las ventanas, se colocó encima de su frente su brazo derecho. - Si la poción de Enju funciona, prometo que te compensaré por todo el tiempo perdido.

-¿Sasuke-sama? – Koryu se acercó a él con curiosidad, volando encima de su cabeza. – Sus ojos brillan mucho.

Al escuchar aquello, se inclinó hacia adelante para sentarse y se llevó su mano derecha al borde de sus parpados. Sin darse cuenta, estaba llorando.

Al tener las lágrimas impregnadas en las yemas de sus dedos, recordó lo que Naruto le dijo hace rato en el comedor y sonrió con tristeza.

-Tal vez... - musitó. - si me he sentido mal.

De repente, ambos escucharon unos golpes en la puerta. El pequeño dragón rojo salió volando disparado de ahí, volviendo al closet para esconderse.

Mientras tanto, Sasuke se levantó, quitándose lo que quedaba de sus lágrimas, y giró el picaporte de la puerta.

Era su hermano, rascándose la cabeza y sin tener el valor de verlo a los ojos.

-¿Qué quieres? – preguntó molesto, recargando su lado derecho en el marco de la puerta, al mismo tiempo que se cruzaba de brazos.

Naruto finalmente lo miró.

-Escucha... lamento lo que dije en el comedor. No debí expresarme así de tu libro de anatomía, mucho menos reprocharte por querer seguir siendo un buen estudiante. – Sasuke suavizó su expresión. – Es solo que... desde que llegamos aquí, siento que ya no has sido el mismo conmigo. Casi no te veo y cuando nos encontramos, intercambiamos muy pocas palabras. – suspiró, esforzándose por sonreír. - En fin, era todo lo que quería decirte. – levantó el brazo derecho en señal de despedida y caminó por el pasillo. - Volveré más tarde.

Luego de escuchar 5 pasos sobre la madera...

-Naruto. – Sasuke lo llamó, consiguiendo que lo observara por encima de su hombro derecho. - Cuando regreses... - dijo, apartándose de la puerta y parándose en medio del pasillo. Ahora era él el que tenía vergüenza de verlo a los ojos. - ...podríamos desvelarnos con una maratón de películas... y-ya sabes, como en los viejos tiempos.

Los ojos del rubio brillaron por la emoción.

-¡De acuerdo! - exclamó, girándose y corriendo por el pasillo. - ¡Volveremos antes de la cena!

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-¡Naruto!

Unos minutos después de tomar un taxi, Naruto y Sakura se bajaron en el gran portón de madera de la mansión Namikaze, siendo primeramente recibidos por Karin, quien abrazó a su hermano menor como si no lo hubiera visto en años.

Después de que el rubio le comentara a la pelirroja que Sasuke no estaba con ellos por sus ocupaciones, le presentó a Sakura, cuyas mejillas sonrojadas le hicieron pensar que eran novios.

Obviamente, ambos negaron de inmediato, dándole un gran entretenimiento a la mujer. Dejada esa conversación, Karin abrió las puertas para ellos, deslumbrando a Sakura con el magnífico jardín que tenían.

Una vez atravesado el sendero de piedras que conducía a la gran casa, se quitaron los zapatos en el vestíbulo y se sentaron a conversar en el comedor.

-¡Oye, Karin! – la llamó Naruto, con las manos detrás de su cuello. Sentada a su lado izquierdo, Sakura disfrutaba una galleta casera. - ¡¿Mi mamá no está en casa?!

-¿Cómo? ¿No te enteraste? – preguntó anonadada, mientras él negaba. Suspiró. Dejó en la mesa el tazón que tenía en las manos y se sentó frente al rubio. – Hubo una fuga de gas en la estación de policía de Suginami. El edificio explotó y dejó a varias personas heridas.

-¡¿C-Cómo?! – bramó atónito, levantándose de la silla. - ¡¿Mamá está bien?!

-¡Claro! – exclamó. - La mayoría lo están, pero... los únicos que quedaron graves son el jefe de mi mamá y el jefe Taisho. – Naruto parpadeó confundido.

-Ese nombre no me suena.

Al escucharlo, Karin casi se cae de la silla.

-Fue el jefe de la estación de policía de Adachi. – explicó, acomodándose sus lentes carmesí. - Se retiró hace años, pero mi mamá me contó que a veces, se reunía con su jefe a jugar cartas, porque siguen siendo buenos amigos.

-Qué horror... - habló Sakura con tristeza. - reunirte con un amigo después de tanto tiempo y verte envuelto en algo así.

-Mamá fue a visitarlos ayer al hospital Shikon. – agregó la pelirroja. - Tuvieron que operarlos de emergencia. Y a pesar de que todo salió bien, siguen inconscientes.

-Espero se recuperen pronto. – comentó la joven de ojos verde jade, dándole otra mordida a su galleta.

-¡U-Un momento, Karin! – dijo el rubio. - ¡Si mi mamá no fue afectada por ese incidente, ¿En dónde demonios está?!

De repente, alguien colocó una caja encima de su cabeza.

-Aquí. – comentó Kushina, apareciendo de la nada con una gran sonrisa.

-¡B-Buenas tardes! – la joven de cabello rosa se levantó de inmediato. - ¡Soy Sakura Haruno, encantada de conocerla!

-¡Hola, mucho gusto! - dijo con una sonrisa, dejando la caja en la mesa. - La verdad no esperaba que volvieras tan pronto, Naruto.

-¡E-Es que...! – habló con nerviosismo, llevándose una mano por detrás de la cabeza. - O-Olvidé algunas cosas el otro día.

-Bueno, mientras preparo la comida puedes ir a buscarlas. – comentó su madre, tomando de nuevo la caja para dirigirse a la cocina. - Karin, ¿Podrías ayudarme? – la mencionada asintió, adelantándose para abrirle la puerta de la cocina.

Mientras tanto, los jóvenes subieron al segundo piso y se adentraron al cuarto que se encontraba al fondo a la izquierda.

-¿Esta es tu habitación? – interrogó Sakura, impresionada por lo impecable que se encontraba.

Conociendo un poco al rubio, supuso que se toparía con un lugar desordenado y un poco sucio.

-En realidad, es la habitación de Sasuke. – se sinceró, apoyando la espalda en la puerta del closet y cruzándose de brazos. - El día que se fue a la residencia Sabaku, solo empacó cosas para 1 semana. Me di cuenta cuando lo vi con la misma playera el otro día, de veras.

La joven sonrió.

-Reitero lo que dije la otra vez. – comentó, unos segundos después. - Es genial tenerte a ti como hermano. – Naruto, sin poder comprender del todo sus palabras, se sonrojó de golpe. - ¿Y? ¿Por dónde comenzamos? – preguntó, volteando a los lados con curiosidad.

De forma automática, él se giró al closet y lo abrió, revisando las pertenencias que le llevaría a Sasuke. Sin embargo, en medio de su búsqueda, se encontró con un objeto que no veía hace años.

Extrañada por su repentino congelamiento, la joven dio unos pasos hacia él, viendo por encima de su hombro derecho la pequeña bolsa de tela amarilla con el kanji "rayo", que tenía en su mano derecha.

-¿Qué es eso?

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-Hasta pronto, Naruto. – lo último que recordaba, era su mano revolviendo sus mechones, antes de tomar una maleta y marcharse por el portón.

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-Papá... - murmuró, llamando la atención de Sakura. El rubio, encontrándose con sus orbes verde jade, se puso nervioso. - ¡Ah, es...! ¡Es... un amuleto que Karin, Sasuke y yo solíamos llevar a la escuela! – rascándose la mejilla izquierda, sonrió con nostalgia. - Mi mamá siempre se aseguraba de que colgara de nuestras mochilas o nuestras ropas cuando teníamos que salir.

-Naruto... - lo llamó seriamente. - ¿Tú familia cree en la existencia de demonios?

-B-Bu... - balbuceó, perplejo. – B-Bueno...

-¡Naruto, Sakura! – justo en ese instante, Karin les gritó desde las escaleras. - ¡Ya está lista la comida!

El rubio suspiró aliviado. Lo había salvado la campana. Y aprovechando la confusión de su acompañante, se guardó el amuleto en el bolsillo de su pantalón y salió enseguida del cuarto, no sin antes dedicarle una sonrisa zorruna. La joven se cruzó de brazos y arqueó una ceja.

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-Papá...

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-Ahora que lo pienso, Naruto casi no habla de su padre. – pensó, saliendo de la alcoba y cerrando la puerta. - ¿Le habrá ocurrido algo malo?

Fin del capítulo.