Cuando subí el capítulo anterior, me di cuenta que desde el capítulo 15, no aparecían las frases que debían aparecer en Negrita! X.X Afortunadamente, tuve un poco de tiempo y pude corregir este problema :) Muchas gracias por continuar leyendo este fic! n.n! Espero les guste el capi de hoy! :3 Y antes de irme, le mando un saludo súper especial a Fran Sanchez, quien me comentó en el capi anterior. Muchas, muchas gracias! nwn BYE!


El reloj antiguo en su habitación sonó. Ya eran las 9 de la noche y Sasuke continuaba sentado frente a su escritorio, repasando una y otra vez, los nombres de cada hueso del cuerpo humano. Agotado, se estiró un par de veces y se levantó de su silla, recorriéndola por debajo de la mesa de madera para guardarla.

Acto seguido, acarició la cabeza de Koryu, quien dormía cómodamente en uno de los sillones, y salió de su cuarto. Una vez que cruzó el pasillo del tercer piso y bajó las escaleras, se encontró con Temari y Gaara. Ambos cargaban con algunas bolsas de tela e iban más arreglados de lo normal.

-Buenas noches. – los saludó con una sonrisa.

-¡Ay, Sasuke! ¡Qué bueno que bajaste! – exclamó la castaña. – Ya estaba a punto de subir para avisarte que vamos a ir al hospital.

-¿Al hospital? – preguntó, confundido y un poco asustado.

-Nuestro hermano mayor está internado. – respondió Gaara, poniéndose encima una gabardina rojo oscuro. – En caso de que nos tardemos mucho, les dejé sus cenas en el refrigerador junto a la mesa.

-¡Uy! ¡Se nos hace tarde! – dijo Temari, tomando dos paraguas de un perchero, junto a la barra de la recepción. - ¡Buenas noches! – se despidió con una reverencia; al igual que su hermano, y se encaminaron hacia la puerta corrediza de la residencia.

Sasuke suspiró. De pronto, escuchó un sonido de su celular, por lo que lo sacó de su pantalón. Había dos mensajes en su bandeja de entrada. Uno era de Shikamaru y el otro, de Naruto. Viendo la pantalla con atención, apretó un botón y abrió el primer mensaje.

-"Esto de las reuniones familiares es un fastidio". – bufó con una sonrisa. – Típico de Shikamaru. - apretó el botón con la flecha de abajo y siguió leyendo. – "Puede que regrese como a las 12 o a la 1". – volviendo a tener una mirada seria, salió del mensaje de su antiguo compañero y abrió el de su hermano. – "Lo lamento, Teme. Parece que nuestra maratón tendrá que esperar. Mi mamá y Karin confabulan en mi contra y quieren que nos quedemos a dormir". – al terminar de pronunciar la última palabra, su celular se resbaló de sus manos. Tratando de mantenerse de pie, se apoyó en la gran barra de la recepción. – Maldición… - susurró con temor. - …estoy solo.

PPPPP

-Gracias por ayudarme Sakura, de veras. – comentó Naruto, entrando nuevamente a la habitación de Sasuke. - Y perdón por molestarte con esto aún después de la cena.

-Tranquilo, no pasa nada. – afirmó la joven, con una sonrisa.

Luego de que el rubio volviera a su labor de revisar los cajones y el closet de su hermano adoptivo, Sakura siguió revisando otros muebles. Como el antiguo escritorio de Sasuke, por ejemplo. En ese último sitio, encontró un curioso libro, el cual, tomó en sus manos para hojearlo.

Sonrió un poco al saber que se trataba de un antiguo álbum de fotografías. Se encogió de hombros. Se aproximó a una de las maletas y lo colocó sobre la ropa limpia que ya estaba guardada, para luego cerrarla. Naruto no se percató de nada, ya que se había metido de lleno en el closet.

PPPPP

SSSSS

El viento soplaba, levantando con suavidad sus largos mechones negros. Al abrir los ojos, se dio cuenta de que ya no estaba en la residencia Sabaku, sino dentro de un inmenso campo de flores. El cielo azul brillaba arriba suyo. Cuando se inclinó a un lado, para levantarse, sus ojos se abrieron como platos.

Parados a unos metros de él, se encontraban sus padres y su hermano mayor, dándole la espalda. El viento siguió soplando. Se puso de pie y los llamó. No podían escuchar su voz. Y cuando notó que ya estaban por marcharse, quiso gritar más fuerte. Aun así, nunca consiguió llamar la atención de los tres. Lo habían dejado. Lo habían abandonado. Lo habían destruido por dentro.

SSSSS

-Ábrenos.

-Déjanos pasar, somos tus amigos.

-Abre la ventana, querida fruta.

-Ábrenos… ábrenos ya.

Los truenos del cielo iluminaron la silenciosa habitación. En medio de un tumulto de murmullos, Sasuke abrió los ojos y, sobre su cama, se inclinó hacia adelante. Respiró. Tomó su celular y observó la pantalla. 10:30 de la noche. Maldijo por lo bajo. Gracias a los mensajes de Shikamaru y Naruto, no podía pensar en otra cosa, que no fuera él, en medio de la oscuridad, rodeado por demonios que querían devorarlo a cualquier costo. Y como si sus pensamientos se trataran de un imán de mala suerte… volteó hacia su izquierda y los vio.

Detrás de la puerta corrediza del balcón, un sinnúmero de demonios lo miraban fijamente. Ogros. Serpientes. Sirenas semidesnudas con cuernos de cabra en sus cabezas. Al verlos; con sus ojos negros abiertos como platos, creyó que seguía soñando. Sin embargo, una pequeña bofetada que se dio a sí mismo, en su mejilla izquierda, le hizo ver que no era así. Se sentía confundido, aterrado… y lo peor del asunto, es que no sabía qué hacer. Si decidían entrar a la fuerza, estaba muerto.

-¡Es la fruta, es la fruta!

-¡La impura no se encuentra con él!

-¡Es nuestra oportunidad!

-¡El rey nos recompensará con un bocado!

-¡No se preocupe, Sasuke-sama! – dijo Koryu, posicionándose en frente suyo. - ¡La residencia está protegida por un campo de fuerza anti demonios! ¡No podrán entrar a menos de que usted les permita la entrada!

-Ya veo. – pensó. - Por eso Kiba me preguntó aquella vez si podía pasar.

FFFFF

-No saldrás de la residencia Sabaku a menos que sea absolutamente necesario.

FFFFF

-Y también, eso explica porque Himawari me puso esa condición aquella vez.

-¡Déjanos entrar, DÉJANOS ENTRAR! – gritaban los demonios.

-¡LA FRUTA, LA FRUTA!

Por la insistencia de las criaturas, una grieta apareció en los cristales de la puerta corrediza, haciéndolos entrar en pánico. Sin embargo y para su gran sorpresa, las cabezas de algunos monstruos comenzaron a sangrar, recibiendo fuertes golpes que los apartaron de la ventana, para luego terminar moribundos en alguna parte de la calle.

-¿Himawari? – cuestionó Sasuke en voz baja, identificando en medio de la lluvia la figura de una chica, protegida con una chamarra negra con capucha.

-¡No, Sasuke-sama! ¡No es ella! – replicó el dragoncito rojo, subiéndose a su hombro derecho; ya recuperado. - ¡Su aura demoniaca es completamente diferente!

Ambos estaban más que anonadados. La joven que los protegía, tenía una fuerza sobrenatural tan escalofriante, como para destazar de un solo golpe a los demonios que los acosaban, derramando ríos de sangre por la ventana, el balcón, la calle y los edificios más cercanos a la residencia Sabaku.

Ver aquella escena, hizo que el muchacho se diera cuenta de lo peligrosa que se estaba volviendo su situación actual. Y que, si su familia adoptiva o sus amigos, quedaban involucrados de alguna manera, para ese puntojamás se lo perdonaría. Y todo porque, en su interior, aún se encontraba la maldita cosa que le pertenecía al rey del inframundo.

-¡La fruta es nuestra! – alcanzó a exclamar una lagartija monstruo, antes de que su cabeza fuera atravesada por el brazo derecho de la misteriosa chica.

Cuando su cuerpo cayó, junto al de los otros demonios que habían ido con él, otro trueno cayó en la distancia, iluminando la escena. La joven, parada en el techo de una barda de concreto; que protegía la residencia Sabaku, lamió sus dedos cubiertos con sangre de Youkai.

Al quedar satisfecha, volteó la vista hacia el balcón de la habitación, dándose cuenta de que Sasuke se había parado frente a la puerta, buscándola.

Bufó con una sonrisa. Dio un pequeño salto y flotó hasta ahí, aterrizando en el piso de madera cubierto de sangre y agua de lluvia. Koryu tenía razón. No era Himawari. Pero le sorprendió ver que también tenía ojos rojos, con la diferencia de que le faltaban las aspas negras.

-¿Quién eres? – se atrevió a preguntar. La misteriosa chica leyó sus labios y soplando vapor en el vidrio, le escribió un mensaje al revés.

"Pronto lo sabrás. Hasta entonces, me debes un favor".

Fin del capítulo.