-¡Hija! – exclamó Kurenai Nara, al ver a Mirai cruzar la puerta del departamento. Estaba tan feliz de verla que la abrazó con fuerza. - ¡Kagura me contó lo que pasó, qué bueno que estás bien! – agregó aliviada, tomándola de los hombros y abrazándola nuevamente.

La joven de ojos rojos, quedándose quieta, observó con su ceño fruncido a la mujer del abanico. Conociéndola, seguramente le había inventado una mentira para no preocuparla de más. De repente, los muebles y las paredes comenzaron a temblar. Kagura, extrañada por ello, movió su abanico con gracia para hacer a un lado las cortinas de las puertas de cristal en el balcón. En un cielo de color morado rojizo, miles de demonios volaban en una sola dirección.

-Tsubaki. – pensó, girándose sobre sus talones. – Por favor, quédense aquí. Y bajo ninguna circunstancia, se atrevan a salir. – dijo seriamente, antes de cerrar la puerta y sellarla con un conjuro del inframundo.

Mirai, percatándose de aquello, gracias a sus poderes demoniacos, trató de girar la perilla.

-Maldita... - susurró. - ¡Kagura, vuelve aquí! – ordenó malhumorada, aferrándose a la perilla y golpeando la puerta. - ¡¿Cómo te atreves a encerrarnos?! ¡¿Ya se te olvidó quienes somos o qué?!

-Hija, tranquilízate. – le pidió Kurenai, tomándola del hombro izquierdo y llamando su atención. – La señorita Kagura debió tener un buen motivo.

-¡Mamá, abre los ojos! – exclamó enojada, deshaciéndose de su agarre. - ¡Esos demonios a los que llamas "tu esposo" y "sus sirvientas" no son lo que tú crees!

La mujer, al ver su expresión, retrocedió y se sentó en un sillón. Al verla, Mirai se sintió mal por haberle levantado la voz.

-Lo lamento. – se disculpó, sin tener el valor de verla a los ojos.

Kurenai sonrió.

-Acabas de volver del inframundo, ¿No? – le preguntó, sorprendiéndola. - Debió ser un viaje muy agotador.

Se recorrió al asiento a su izquierda y le hizo un ademán para que se sentara a su lado. La joven, apenada y avergonzada, asintió y se aproximó al sillón de tres asientos. Después de sonreírle de nuevo a su hija, Kurenai tomó el control de la televisión y la encendió. El canal donde se ubicaba no tenía señal y el sonido también se había perdido.

Apretó un botón para cambiarle. Sucedía lo mismo. Sin importar cuantas veces cambiaba el canal, no había señal en ninguno. Entonces, Mirai recordó la misteriosa caravana de demonios dispersa en el cielo purpura. Se levantó del sillón y caminó hacia el balcón.

-¿Mirai? – su madre la vio con extrañeza.

-Necesito salir. – comentó seriamente. - Quiero saber lo que está pasando.

Notando la determinación en sus ojos rojos, Kurenai dejó a un lado el control de la televisión y se levantó del sillón. Acto seguido, caminó hacia el librero; junto a las puertas de cristal del balcón, y sacó de ahí un pergamino, escondido detrás de un álbum de fotos.

Con extremo cuidado, se acercó a una de las puertas y pegó el pergamino. Al instante, el conjuro de Kagura se congeló en esa parte del departamento, negando su activación. Mirai quedó atónita. No sabía que su madre era capaz de hacer ese tipo de cosas.

-Hija... - en eso, la mujer llamó su atención. - por favor, ten mucho cuidado.

Ella asintió. Besó su frente y se colocó al otro lado del barandal del balcón.

-Volveré pronto, lo prometo. – aseguró con una sonrisa, guiñándole su ojo izquierdo.

Después de eso, saltó por varios barandales de los departamentos inferiores, hasta llegar al suelo y correr en dirección al este.

PPPPP

-¡MALDICIÓN! - exclamó Tsubaki con enfado, haciendo desaparecer las líneas que rodeaban su ojo derecho.

Con la mayoría de sus sirvientes Youkai en condiciones lamentables, fue incapaz de saber a dónde se habían ido Rin, InuYasha y Sasuke.

-No sé qué clase de truco usaron, pero juro que me las van a pagar. – se dirigió a los demonios que continuaban con vida y los señaló con el ceño fruncido. - ¡Vayan a los lugares frecuentados por la fruta! ¡Si la ven, avísenme de inmediato!

Las criaturas asintieron. Tomaron vuelo y se separaron en varias direcciones desde el cielo morado rojizo.

-Ya casi... - pensó la sacerdotisa, observando hacia arriba y con el viento moviendo sus largos mechones blancos.

Un instante después, el brazo que había sido cortado hace poco por InuYasha, le creció de nuevo, con un viscoso liquido morado oscuro, derramándose desde el codo.

-...pronto nos veremos de nuevo...

PPPPP

-Auch... - se quejó Sesshomaru en voz baja, al mismo tiempo que varias barras de chocolate, caían de la máquina expendedora.

Rin suspiró. Se apartó del detective y caminó tranquilamente hacia el aparato. Una vez que sacó las golosinas, las guardó en una bolsa de tela que tenían ahí mismo, en el suelo.

Después de que Sasuke Uchiha cayera desmayado, InuYasha lo subió a su espalda, para llevarlo a la habitación de Kagome. Y mientras subían por las escaleras que daban al 4to piso; ya que el elevador no funcionaba, Sesshomaru sugirió ir con la sacerdotisa a buscar algo de comida.

Ella quería oponerse a la idea. Pero, con el joven que debía proteger, en una irremediable crisis mental causada por sus descuidos, no le quedó más alternativa que aceptar. No sin antes, pasar por una habitación vacía y llevarse consigo un botiquín de primeros auxilios.

Volvió a suspirar. Cosechas lo que siembras. Pensó. Apretó unos botones de la máquina expendedora. Dio media vuelta y regresó con su amigo de la infancia. Las cuatro cortadas que la bestia zangetsuha le hizo en la espalda eran profundas, haciéndolo derramar en su trayecto una gran cantidad de sangre.

Sin embargo, aun así, Sesshomaru no parecía estar tan afectado como lo estaría cualquier otra persona. Lo que la hizo preguntarse, por unos segundos, si aquello estaba relacionado con alguna habilidad especial que hubiera heredado, por parte de su madre.

-Rin... - la llamó, sintiendo nuevamente sus manos sobre sus heridas. - ¿Podemos hablar sobre lo que pasó?

-No hay nada de qué hablar. – respondió, seriamente. – Es obvio que tienes sentimientos escondidos hacia Kagome y por eso la besaste.

-¿De dónde sacas eso? – interrogó indignado, volteando hacia ella. - Sabes que solo tengo ojos para ti.

Al escuchar aquello, la joven se apartó.

-¡Eres increíble, Sesshomaru! – exclamó enojada, frunciendo el ceño. - ¡¿Por qué no solo admites que me quieres utilizar como su reemplazo y me dejas en paz?!

Ya estaba a punto de dirigirse de nuevo a la máquina expendedora, cuando, de repente, su brazo derecho fue jalado por la mano del mencionado, haciéndola girar y pararse justo frente a él. Con ello, consiguió ocultar su rostro en sus ropas de sacerdotisa y abrazarla con fuerza.

-Te lo juro por el recuerdo de mi madre, tú eres la única a la que amo. – habló arrepentido, estrujando la prenda con sus dedos. - El estúpido de InuYasha no hizo las cosas como lo acordamos. Itachi estaba desesperado. Yo también. ¿Y si los demonios los hubieran alcanzado? ¿Y si la barrera no era colocada a tiempo? – unos segundos después, tomó valor y se separó de ella. - Por eso lo hice. Porque... tenía miedo de perderte.

La mirada que le dedicaba; teñida en tristeza, le hizo revalorar de nuevo su situación. Después de todo lo que habían hecho juntos desde su regreso, ¿Cómo pudo ser tan tonta como para desconfiar de él? Resentida con sus pensamientos maliciosos, rodeó su cuello con sus brazos y se aproximó a su rostro para darle un beso en los labios.

Luego de unos segundos, se separaron y se miraron fijamente a los ojos. Aprovechando ese breve lapso de tiempo, Sesshomaru la sentó en sus piernas; rodeando su cintura con su brazo derecho, y volvió a besarla en la boca. Poco a poco, Rin se sonrojaba, haciendo lo posible por contener los jadeos involuntarios que salían de su garganta.

Al menos, hasta que los labios del detective comenzaron a recorrer de a poco su cuello. Y justo cuando estaba a punto de abrirle la camisa y bajar a sus pechos, el sonido de la máquina expendedora los hizo saltar del susto y abrazarse fuerte. Suspiraron aliviados.

-¡H-H-H-Hay que volver! – dijo la joven, nerviosa y sonrojada. - ¡Y-Y-Ya sabes cómo se pone InuYasha cuando tiene hambre!

Mientras la escuchaba reír, el Taisho llevó uno de sus mechones castaños por detrás de su oreja izquierda. Una vez que obtuvo su atención, volvió a abrazarla como antes, acomodando su cabeza en el lado izquierdo de su pecho.

-Solo unos minutos. – le pidió con tranquilidad, cerrando los ojos, al mismo tiempo que escuchaba los latidos de su corazón. - Déjame estar así, solo unos minutos más.

PPPPP

-Esta energía...

-¡No puede ser! ¡¿De verdad es...?!

-Solo hay un modo de averiguarlo.

Habiendo descargado toda la tristeza que había acumulado durante años, Hinata se acostó de lado en el piso de madera de su habitación. Ya no tenía ganas de levantarse o de hacer algo. Solo quería quedarse ahí. Y esperar a que los insectos se la comieran, mientras continuaba observando las cosas que había debajo de su cama. Lamentándose por el momento en el que le contó la verdad a Sasuke.

Hinata.

De pronto, su voz resonó en lo más profundo de sus oídos, por lo que se levantó de golpe y volteó hacia la ventana.

¡Hinata, ayúdame!

En eso, fue testigo de cómo el cielo se tornaba de un color morado rojizo. En palabras de Enju, ese era un presagio de "desgracia" y "muerte". Asustada, invocó sus alas de murciélago; volviendo su cabello azulado de color negro, y salió por la ventana de su cuarto. Con compromiso o sin él, ella aún debía cumplir con su deber de guardiana y hacer todo lo que estuviera a su alcance para mantener a salvo la fruta Tsuchigumo.

Mejor dicho. Para mantener a salvo a la persona que más amaba. Como volaba a una velocidad, difícil de distinguir para el ojo humano, solo le llevó unos minutos aterrizar en el distrito de Suginami. Podía sentirlo en su nariz. El inconfundible aroma de sangre humana. Tragó saliva. Apretó los puños y comenzó a correr entre las calles vacías, volteando de un lado a otro para dar con el muchacho.

No estaba. Sin importar a donde fuera, a donde volteara, era incapaz de verlo. Agotada, se dejó caer de rodillas en medio de una calle; con vista a un gran rio, y agachó la cabeza. Comenzó a llorar de nuevo. ¡¿Cómo pudo permitir que las cosas se dieran de esta manera?! Mientras seguía perdida en sus pensamientos culposos, las nubes tronaron, dándole paso a una intensa lluvia que la empapó por completo.

Resignada, levantó la cabeza y cerró los ojos. En ese momento, anhelaba fusionarse con las gotas y simplemente desaparecer. Al menos, hasta que un paraguas la protegió, devolviéndola a la realidad... solo para encontrarse con la amable sonrisa de un hombre de ojos blancos y largo cabello castaño, atado en forma de una cola de caballo.

-¿Se encuentra bien? – le preguntó, agachándose un poco para resguardarla mejor, sin importar que su bata blanca se estuviera mojando.

Hinata no reaccionó. Solo se reservaba a verlo fijamente en silencio. Por otra parte, Neji Hyuga solo podía sonreírle con calidez, ya que algo en ella le parecía familiar.

PPPPP

SSSSS

-¡¿Qué?! ¡¿Otra vez perdí?! – se quejó un pequeño Sasuke de 8 años, viendo la última partida de un videojuego, en la pantalla de la televisión. - Creo que mi control está descompuesto. – enojado, arrojó el control en el piso y se cruzó de brazos para hacer un puchero.

Sentado en la alfombra; al igual que él, en su lado derecho, se encontraba su hermano mayor, quien, al verlo hacer ese berrinche, sonrió de lado.

-Solo necesitas practicar más, es todo. – le comentó con comprensión, abandonando el otro control de la consola en el suelo, para luego ponerse de pie.

-¡Espera! – pidió el menor, viendo como su mano izquierda se apoyaba en el marco de la puerta. - ¡Juguemos una vez más, por favor!

Su hermano mayor se giró hacia él y, con un ademán, le pidió que se pusiera de pie y se acercara. Con ilusión, el chico lo obedeció... solo para recibir en su frente el golpe de sus dedos índice y medio.

-Lo siento, Sasuke. – dijo con una sonrisa. - Otro día te diré el secreto para ganar, lo prometo.

Mientras se sobaba la frente, el niño hizo otro puchero.

-Tú siempre dices eso... - murmuró, con la puerta de la habitación haciendo un chirrido mientras se cerraba.

SSSSS

Abrió despacio sus ojos negros. El impecable techo de la habitación, fue lo primero que vio Sasuke al regresar a la realidad. ¿Dónde estaba? ¿Cuánto tiempo había pasado? Si quería responder sus preguntas, tenía que levantarse de la cama. Algo que hizo sin mucho esfuerzo. Él era el único dentro de aquel espacio. Hacía frío y el ambiente era demasiado silencioso. ¿De verdad había despertado o se encontraba dentro de otro sueño?

Con incertidumbre, abrió la puerta y se asomó al pasillo. Hacía más frío que en el interior del cuarto y las luces estaban apagadas. Tragó saliva. Despegó su mano derecha de la perilla de la puerta y comenzó a caminar hacia su lado derecho. Sus pasos eran lo único que hacía eco, a lo largo y ancho del tenebroso pasaje.

Al menos, hasta que, a sus oídos, llegó un sonido curioso. Una máquina que medía el pulso. Volteó su mirada a la habitación contigua. Una gran ventana ocupaba una parte de la pared, haciendo posible que cualquiera que pasara por ahí, consiguiera asomarse al interior. Pero no en ese momento. Ya que el vidrio estaba empañado, por la baja temperatura del sitio.

Y aunque quiso limpiarlo con sus ropas, fue imposible. De pronto, la puerta a su lado izquierdo se abrió por su cuenta, haciéndolo dar un respingo. ¿Alguien lo invitaba a entrar? Más por curiosidad que por nervios, aproximó su mano derecha al picaporte. Sin embargo, para su gran sorpresa, una mano ajena lo detuvo, obligándolo a voltear hacia su izquierda.

PPPPP

-Adelante, estás en tu casa. – comentó Neji, abriendo la puerta de su departamento y quitándose los zapatos. Hinata, llevando encima su bata blanca, entró con timidez, mirando anonadada los adornos que estaban acomodados, en una pequeña repisa del vestíbulo.

-¡Bienvenido a casa, amor! – exclamó una mujer de cabello; atado en forma de dos moños, y ojos castaños, apareciendo ante ellos mientras limpiaba un plato con una toalla. – ¡Acabo de terminar de...!

Antes de continuar con su frase, se dio cuenta de que su marido no estaba solo. Su acompañante era una chica de largo cabello negro, extraños ojos rojos y piel pálida. Su ropa, que consistía en una playera sin mangas de color lila claro, pantalones de mezclilla rotos y tennis negros, estaba completamente empapada.

-Cariño, ella es Himawari. – Neji las presentó. – Himawari, ella es Tenten, mi esposa.

La menor hizo una pequeña reverencia. Colgó la bata en el perchero a su izquierda, se quitó los zapatos y entró al resto del departamento, con los ojos de la pareja sobre ella. Casi no se movía. Y si lo hacía, era para examinar las cosas que sus ojos encontraban.

Como la lámpara sobre un pequeño mueble, junto a uno de los sillones... o un conjunto de fotos enmarcadas, colocadas cuidadosamente sobre una repisa de cristal.

Las imágenes mostraban una parte de la infancia de ambos. Entonces, al toparse con la foto familiar del hombre, los ojos de Hinata se abrieron como platos. Esa era la misma foto familiar que ella tenía.

-¿Himawari? – la llamó el castaño, al mismo tiempo que ella se giraba con asombro hacia él. - ¿Quieres llamar a tu casa?

-¿Neji?

-¡Debes estar congelándote con esa ropa! – exclamó Tenten, apareciendo de la nada junto a ella y entregándole algo en sus manos. - Puedes ponerte esto. El baño se encuentra por allá. – agregó con una sonrisa, señalando una alcoba al fondo.

Himawari asintió. Se dirigió al lugar que le indicó, abriendo y cerrando con seguro la puerta, para luego comenzar a cambiarse la ropa. Unos minutos después, salió al pasillo, vistiendo una acogedora piyama de dos piezas, de color azul oscuro, con detalles blancos.

-Amor, esto está delicioso. – escuchó hablar a Neji, mientras salía del oscuro pasillo del fondo.

-Gracias, querido. Me alegra saber que te gustó. – respondió Tenten, sentada junto a él en el comedor y llevándose una cuchara con arroz a su boca.

En cuanto sus ojos castaños se encontraron con los de la joven, se levantó de la mesa y se aproximó a ella.

-¡Adelante, Himawari! – exclamó sonriente, rodeándola con su brazo derecho. - ¡Siéntate junto a Neji!

Luego de obedecerla; quedando frente a ella, recibió de su parte un plato lleno de comida caliente. Trozos de pescado, arroz y verduras. A su lado izquierdo, un plato hondo con sopa. Y a su lado derecho, un vaso de té.

-Esto... - musitó, sin apartar sus ojos del vapor que salía de la comida.

-¡¿Si?! – replicó Tenten, conservando su gran energía y ánimo.

Himawari pasó de estar preocupada a mostrar una pequeña sonrisa en sus labios y negar con la cabeza. De la mesa, tomó los palillos que le correspondían y comenzó a degustar el platillo, en bocados pequeños. Los adultos la miraban sonrientes.

-Sé que estoy atrapada en un genjutsu. – pensó, volteando sus ojos rojos de sus acompañantes al próximo bocado de arroz que se llevaría a la boca. – Caí cuando miré el cielo morado rojizo por la ventana. Pero, aunque sea por poco tiempo, quiero disfrutar este momento.

PPPPP

-Deberías estar en cama. - comentó "Kagome", apartando con gentileza a Sasuke de la habitación, para luego cerrar la puerta. - No es bueno que estés aquí, caminando tu solo.

-¡JA! ¡Mira quién habla! – exclamó otra voz, llamando la atención de ambos y haciéndolos voltear al extremo izquierdo del pasillo. - ¡El que se desapareció hace unos minutos y lo dejó a su suerte!

Sasuke parpadeó anonadado, estudiando en silencio los rasgos físicos de InuYasha. ¿Cabello plateado? ¿Ojos dorados? ¡¿Y qué demonios tenía en la cabeza?! ¡¿Orejas de perro o de gato?!

-¿Qué eres exactamente? – se atrevió a preguntar, aprovechando el silencio.

El joven Taisho, sin hacer ningún gesto en particular, comenzó a quitarse las dos camisas; una negra y una blanca, que llevaba encima.

-Normalmente soy un humano. – explicó, mostrándoles a los hermanos Uchiha la marca de una luna menguante de color rojo que tenía en su hombro izquierdo. - Pero gracias al hechizo maligno de una bruja, obtengo los poderes de un Hanyou. – volvió a colocarse la ropa y la estiró un par de veces hacia abajo para acomodarla. - El único inconveniente, es que no puedo controlarlos por mi cuenta. Para eso, una sacerdotisa necesita ocupar el papel de "médium" y así, mantener a la bestia zangetsuha a raya con su poder espiritual.

Entonces, los recuerdos de lo que pasó en la calle, invadieron su mente de golpe. Una sacerdotisa llegando a su rescate. El brazo de Tsubaki cortado velozmente. Miles de monstruos siguiéndolos de cerca. El detective Taisho siendo gravemente herido en su espalda.

Unos intimidantes ojos rojos observándolo como su presa. Una joven de largo cabello negro sonriéndole... asegurando ser su hermano mayor. Con esa última imagen en su cabeza, se soltó del agarre de "Kagome", apartándose para apoyar su espalda en la pared y sostenerse la cabeza.

-Todo esto es tan confuso... - comentó agobiado, permaneciendo con sus ojos negros fijos en el suelo. - ...para empezar, ni siquiera sé en donde me encuentro o por qué estoy aquí.

-Estamos en el hospital Shikon. – aclaró Sesshomaru, apareciendo con Rin por el lado derecho del pasillo. – Cuando vimos a un ejército de demonios, sospechamos que Tsubaki iría a buscarte.

-¿Usted conoce a esa mujer?

-Es responsable por la muerte de varios de nuestros conocidos. Incluyendo a mi madre.

Al escuchar aquello, Sasuke lo vio atónito, recordando su propia historia. Jamás imaginó que alguien como él hubiera pasado por algo así.

-Además, atacó la estación de policía de Suginami y le puso una maldición a mi padre y a su compañero.

-Por eso te trajimos aquí. – prosiguió Rin, cargando una bolsa en sus manos. - Tú, al ser el portador de la fruta Tsuchigumo, eres el único que puede deshacer sus maldiciones. Pero eso no es todo...

Quedándose unos segundos en silencio, señaló a su amiga con sus ojos castaños.

-¿Qué? – interrogó Sasuke, siguiendo su mirada. - Itachi, tú...

-Gracias al error que InuYasha cometió, al transferir su alma en el cuerpo de mi amiga Kagome, descubrimos que Tsubaki le puso una maldición hace 10 años. Cuando su familia fue atacada por Hinata Hyuga. – volteó la mirada hacia él. - Y mientras siga vigente, será imposible que pueda volver a su cuerpo.

-¿Y exactamente qué tengo que hacer?

-Por ahora... - introdujo una mano al interior de la bolsa que llevaba y le entregó una barra de chocolate. - escucharás nuestra historia mientras recuperas tus fuerzas.

Fin del capítulo.


No quería dejarlos con tanto suspenso antes de que terminara el año. Espero que este capítulo haya sido de su agrado :) Cuídense mucho y felices fiestas!