-¡Rayos! – se quejó el chico de cabello negro, moviendo de arriba hacia abajo su chaqueta roja para disipar el fuego.
-¡¿Trajiste todo un arsenal para acabar con una bruja, pero no empacaste nada para apagar una fogata?! – gritó Kagome, indignada.
-¿Acaso eres estúpido? – prosiguió Sesshomaru, abrazando a Rin para que no viera el fuego y se asustara más.
-¡No me molesten! – ordenó InuYasha, mirándolos enojado. - ¡¿Cómo iba a saber que terminaríamos en esta situación?!
De pronto, y para su gran fortuna, apareció ante ellos una flecha de color blanco, la cual, deshizo las llamas. No era fuego lo que los rodeaba realmente. Sino una ilusión.
-¡Kagome! – exclamó Kikyo, corriendo hacia la mencionada y arrodillándose a su altura para abrazarla.
-¿Hermana? – cuestionó con dudas, separándose de ella. - ¿Cómo...?
-Unos minutos después de que se fueran, sentí una abrumadora cantidad de energía maligna. – explicó, antes de voltear hacia los demás. - Me alegra haberlos encontrado a tiempo.
-Oigan... - habló Sesshomaru, viendo con sus ojos abiertos de par en par, en dirección al templo Yin Yang.
Los demás, al imitarlo, observaron horrorizados el gran camino de humo que subía hacia las nubes. Por ello, abandonaron las armas que InuYasha había tomado sin permiso y corrieron entre los árboles hasta llegar a la entrada del sitio.
La cantidad de fuego era descomunal, haciendo imposible que se vieran las señales de alguien que se encontrara en su interior, tratando de ser salvado.
En eso, Kikyo lanzó rápidamente otra flecha que llevaba consigo. Unos segundos después, esta fue consumida hasta las cenizas por el fuego. Ya no se trataba de una ilusión. El templo Yin Yang realmente se estaba incendiando.
-¡Hay que conseguir ayuda! – exclamó, tomando la mano de su hermana menor.
De pronto, InuYasha y Rin cayeron al suelo. Como si sus piernas fueran sujetadas por algo que se enredó a ellas.
Notando aquello, Sesshomaru los tomó de sus respectivos brazos, jalándolos hacia él para impedir que, lo que sea que los estuviera sujetando, se los llevara.
Por desgracia, esa cosa era tan fuerte que, no solo terminó por arrastrarlos al interior del templo; entre las llamas, sino que también lo hizo tropezar muy cerca del fuego, quemándole su brazo derecho.
-¡Sesshomaru! – lo llamó Kagome, corriendo hacia él junto a Kikyo.
Esta última, al ver la condición de su extremidad, no dudó en aplicarle primeros auxilios, usando sus poderes espirituales para sanarlo y luego, colocarle de prisa un vendaje que llevaba en sus ropas de sacerdotisa.
-Necesito entrar... - dijo el chico, mirando el templo en llamas.
-Entonces, iré contigo. – habló Kikyo, sorprendiéndolo. – Kagome, ve al templo Higurashi y diles lo que está pasando.
La niña asintió decidida. Se giró sobre sus talones y salió corriendo de nuevo hacia el bosque.
La joven de largo cabello negro, luego de ayudar a Sesshomaru a ponerse de pie, hizo un conjuro con un pergamino, apartando un momento el fuego frente a ellos, para poder entrar al interior del templo.
Una vez que terminaron en el vestíbulo en llamas, acordaron en separarse para buscar a InuYasha y Rin.
Kikyo optó por subir los escalones, mientras el chico de cabello plateado corría por el primer piso. El fuego se esparcía rápidamente. Hacía mucho calor.
-¡M-Mamá!
De repente, escuchó un grito de Rin. El sótano. Pensó. Corriendo hacia una puerta corrediza hacia su lado izquierdo, la deslizó como pudo y se asomó al interior, bajando algunos escalones de madera.
En aquella habitación, Hitomiko Hayashi, la madre de Rin, estaba inconsciente. La niña; arrodillada a su lado no dejaba de moverla y de gritar su nombre. Y, parada frente a ellas, estaba la misma mujer con la que se encontraron en el bosque.
Al notar su presencia, volteó hacia él y le sonrió, desapareciendo después como si fuera un fantasma. Para su mala suerte, Sesshomaru no tenía tiempo para quedar impresionado por algo así, ya que una de las vigas del techo, estaba a punto de caer en los escalones donde se hallaba.
Sin dudar, bajó al interior del cuarto y unos segundos después, el techo colapsó, asfixiándolo un momento con el humo y el fuego que desprendieron.
-¡S-Sesshomaru! ¡Mi mami no despierta! – exclamó Rin entre lágrimas.
El chico frunció el ceño. Corrió hacia ellas y se arrodilló al otro lado.
-¡Hitomiko-sama! – gritó desesperado. - ¡Hitomiko-sama! ¡Despierte!
Las llamas consumieron uno de los muebles grandes, provocando que otra viga de madera cayera cerca de ellos. Los niños tosieron por el humo. Fue en ese momento, que la mujer abrió los ojos.
-Sesshomaru... - lo llamó, asombrándolo. - por favor... llévate a Rin...
-¡No, mami! – dijo la niña, asustada. - ¡N-No voy a dejarte! ¡Me quedaré aquí contigo!
-Fue esa mujer. – pensó el chico. – La arrastró aquí a propósito para que viera morir a Hitomiko-sama... - sobre su pierna, apretó con fuerza su puño derecho. - qué cruel...
-Pequeña... ya es demasiado tarde para mí. – dijo entre jadeos, apoyándose en sus brazos para arrodillarse en el piso. En el corazón, tenía una flecha rota, contaminada por un rastro de energía maligna. - Tsubaki me devolvió y envenenó mi conjuro. Moriré dentro de poco.
Otra viga del techo estaba a punto de colapsar.
-Tienen que salir de aquí. - la mujer levantó su brazo derecho y señaló una esquina donde todavía no había fuego.
Sesshomaru se giró y corrió hacia el escritorio que aún continuaba en pie.
-¡M-Mamá! ¡Mamá! – gritaba Rin, con sus ojos llenos de lágrimas.
Hitomiko, haciendo un último esfuerzo, aún en sus deplorables condiciones, tomó a su hija en sus brazos y se aproximó al lugar a donde había ido el chico, quien ya había abierto la pequeña ventana del sótano, para saltar al borde y salir, empujándose a sí mismo hacia adelante.
Se volvió de nuevo. Abrió la ventana y, entre gritos, patadas y llantos, recibió a Rin en sus brazos, siendo entregada por la sacerdotisa. En ese instante, una tercera viga de madera cayó del techo, interponiéndose entre ellos.
-¡MAMAAAAAAAAAAAAAAAAA! – exclamó la niña, anonadada por haber visto como Hitomiko había sido aplastada, tanto por la madera, como por el humo y las llamas.
Sesshomaru, furioso consigo mismo por permitir que viera aquello, se arrastró en la tierra para apartarse más del templo. La obligó a voltearse hacia él y la abrazó, escondiendo su pequeña cara en su pecho, mientras bramaba y lloraba.
PPPPP
-¡M-Mamá!
InuYasha gritaba con desesperación, observando el cuerpo inerte de Izayoi, sobre el piso de madera del ático. Las llamas rodeaban los alrededores, a excepción de la puerta de salida y una ventana.
-¡Mamá, despierta por favor! – le pidió, moviéndola de su hombro izquierdo.
-Ella ya no puede oírte.
Escuchó de repente, alzando la mirada para encontrarse con una diabólica sonrisa por parte de Tsubaki.
-Ha perdido la vida por tu culpa.
-No... - negó aterrado, cerrando con fuerza los ojos. - ¡Eso no es cierto! ¡Mi mamá sigue viva! ¡Estoy seguro!
-¡InuYasha!
Lo llamó otra voz, llegando a tiempo para tomarlo en brazos y esquivar una parte del techo en llamas que estuvo a punto de caerle encima.
-¿P-Papá? – cuestionó incrédulo, observando su ceño fruncido.
-¡JAJAJAJAJAJAJA! ¡Ya es tarde, Toga! – gritó Tsubaki, triunfante, viendo como padre e hijo volteaban a verla. - ¡Tú querida esposa se ha ido al otro mundo!
Mientras soltaba otra risotada, una flecha pasó por su lado izquierdo, haciéndole una pequeña cortada en su mejilla. Sus ojos verde esmeralda fulminaron a la joven de largo cabello negro. Parada junto a la puerta, Kikyo sostenía decidida su arco.
-No olvidaré esto, maldita... - le aseguró, usando el fuego a su favor para marcharse de ahí. - ¡Y MÁS VALE QUE USTEDES TAMPOCO, PORQUE ESTO SOLO ES EL COMIENZO!
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-Está en coma. – declaró un doctor del hospital Shikon. – Lamento decirle, que en sus condiciones actuales, será difícil que vuelva a despertar.
Al escuchar aquellas palabras, Toga cayó de rodillas al piso, derrumbándose por completo.
Por otro lado, sus hijos, parados frente a la gran ventana, que mostraba el interior del cuarto de su madre, observaban con frustración y tristeza, como todo su cuerpo estaba atado a cables y máquinas.
Gracias al incendio, ella ya no despertaría. Se quedaría postrada en la cama... hasta el día en que decidieran despedirse de ella y dejarla ir en paz.
PPPPP
-¿Qué...?
Una hora después, Toga se reunió con "A", su compañero en la estación de policía de Suginami. Para ese entonces, había dejado a InuYasha y Sesshomaru a cargo de la sacerdotisa Midoriko, en el templo Higurashi.
-Por favor, dime que es una broma.
-No sé qué voy a hacer. – confesó, agachando la cabeza y llevándose las manos por detrás de su cuello.
La cafetería en la que decidieron desayunar, no tenía encendidos los cálidos focos de sus lámparas. Solo recibía de los ventanales en las paredes, la grisácea y desesperanzadora iluminación del exterior.
-Izayoi lo era todo para mí. Tal vez... lo mejor sería pedir que la desconecten y... seguirla...
Armando un gran alboroto al levantarse de su sillón, A tomó con fuerza el cuello de las ropas de su compañero.
-¡No digas tonterías, Taisho! – le gritó enfurecido, sorprendiéndolo. - ¡Si haces eso...! ¡¿Quién se ocupará de tus hijos y los ayudará a salir adelante?!
Toga abrió desmesuradamente sus ojos dorados.
-¡Si quieres honrar realmente la memoria de Izayoi, no les des la espalda! ¡Ellos te necesitan tanto como tú los necesitas a ellos!
Y con eso dicho, lo soltó. Dejó el dinero de su café sobre la mesa y salió del establecimiento.
Toga, mientras tanto, se quedó pensando en silencio, al mismo tiempo que las lágrimas amenazaban con salir una vez más de sus cansados ojos.
PPPPP
Días después, en la nublada mañana en la que sepultarían el cuerpo de Hitomiko Hayashi, la anciana Midoriko, recibía seriamente; y con un gran pesar, a todos aquellos que querían ofrecer sus condolencias.
Rin, sentada en un rincón; en la sala donde se ofrecía el funeral, no podía parar de llorar, sabiendo que nunca más volvería a ver la hermosa sonrisa de su madre.
Por ese motivo, Kagome y Kikyo estaban con ella. Para apoyarla en lo que les fuera posible, abrazándola en silencio.
-Creí que Hitomiko era poderosa.
En eso, escucharon hablando a una de las señoras que recién había llegado, acompañada por otra mujer y un anciano. Usaban ropas que los identificaban como asistentes del templo Higurashi.
-¿Cómo pudo pasarle algo como eso?
-Morir quemada... - dijo la otra mujer, frunciendo el ceño. - debió ser horrible.
-Hum. – bufó el hombre. – Seguramente Dios la castigó por ser madre soltera. Andar por ahí sin un hombre a su lado. Por eso fue que...
-¡ESO ES UNA MENTIRA! – exclamó Rin enfurecida, poniéndose de pie y llamando la atención de los adultos. - ¡MI MAMÁ ERA MUY BUENA, VALIENTE Y GENTIL! ¡INCLUSO DIO SU VIDA POR SALVARME! ¡USTEDES NO SABEN NADA DE ELLA!
Acto seguido, se giró y salió corriendo del lugar.
-¡Rin! – la llamó Kagome, comenzando a seguirla, junto con Kikyo.
Sin dejar de correr y llorar, la niña de cabello castaño consiguió llegar a la salida del lugar, topándose un momento con los Taisho, quienes, extrañados, voltearon hacia ella hasta que desapareció de sus vistas.
-Síganla. – pidió Toga, notando la preocupación en los rostros de sus hijos. - Estoy seguro de que los necesita.
Ambos asintieron, agradeciéndole en silencio que les permitiera marchar. Unos segundos después, el hombre se topó con Kagome y Kikyo, comentándoles enseguida la dirección a la que se habían marchado los tres.
PPPPP
-¿Rin?
Ya en el bosque que rodeaba el templo Higurashi, en una colina apartada, ocupada únicamente por un árbol sin hojas, InuYasha y Sesshomaru encontraron a la mencionada. Parada junto al tronco, no hacía otra cosa más que temblar asustada, sollozar y llorar.
-Quiero a mi mamá... - susurró dolida. Instantes después, se giró hacia sus amigos y gritó con todas sus fuerzas: - ¡Quiero a mi mamá! ¡QUIERO UN ABRAZO DE MI MAMÁ!
Sesshomaru apretó los puños por lo bajo. Recordando lo sucedido con Hitomiko, sentía remordimiento por haber dejado que la viera morir.
-¡Vamos, Rin, no llores! – exclamó InuYasha de pronto, despertándolo de sus pensamientos, al mismo tiempo que sonaban un par de truenos en el cielo. - ¡Nuestra mamá tampoco va a volver y no estamos llorando!
-¡¿Y qué es lo que sale de tus ojos?! – le bramó de vuelta, con sus manos en su rostro.
-¡Es lluvia, tonta! – replicó.
-¡No me mientas, tonto!
Justo en ese momento, Kagome apareció y los abrazó a ambos, rodeándolos gentilmente de sus hombros con sus brazos. Más truenos se escucharon en la distancia, soltando después una imparable lluvia que podía reflejar por completo sus emociones.
Kikyo, al llegar al lugar, vio enternecida como su hermana pequeña consolaba a Rin e InuYasha, soltando gritos y lágrimas de agonía. A un metro de distancia, Sesshomaru solo los miraba, conteniendo su furia y tristeza en sus puños.
La joven, al darse cuenta, se aproximó a él. Lo tomó de su brazo derecho y lo ayudó a acercarse a los tres niños, pidiéndole en silencio que los abrazara junto a ella, rodeándolos en un círculo de amor.
-Saben... - musitó Kikyo, separándose de ellos unos segundos después. - ...cuando Kagome y yo perdimos a nuestros padres, tuvimos ese mismo vacío con el que ahora ustedes están lidiando. Sin embargo, algo que nos ayudó a recomponernos, fueron las palabras que nuestra abuela nos dijo ese día.
Volteó hacia el cielo nublado y brillante, recibiendo en sus mejillas las gotas de la lluvia.
-"No lo parece, pero sus almas siguen aquí". – agachó la cabeza y observó a los niños con una sonrisa cálida. - "Y seguirán aquí, hasta el día en que puedan acompañarlos".
Esas últimas palabras, despertaron un gran interés en InuYasha. ¿Y si consiguiera utilizar su habilidad para traer de vuelta el alma de su madre?
PPPPP
-Lo lamento.
Unos meses después, Miroku; primo de Kikyo y Kagome y líder actual del templo Higurashi, citó a su oficina a Toga y a Sesshomaru.
-InuYasha no puede seguir usando su habilidad para viajar al mundo astral.
Los Taisho lo vieron con desconcierto.
-Durante su última visita, me informaron que ha estado yendo y viniendo a ese lugar, con tal de recuperar el alma de su esposa, señor Toga. – explicó, dejando más que boquiabiertos y sorprendidos a los presentes. - Si continua exponiendo su alma para seguir buscando a Izayoi-sama, tarde o temprano, será atrapado por una entidad demoniaca y no podrá volver a su cuerpo.
-Esto era lo último que me faltaba... - pensó Toga, agachando la cabeza y llevándose una mano a su frente.
FFFFF
-¡¿Una mujer que incendia templos?! ¡No nos hagas reír, Taisho!
-¡En lugar de querer atrapar fantasías, mejor ocúpate de casos reales!
FFFFF
-Sesshomaru, InuYasha... - apretó con fuerza su puño derecho sobre su pierna y su mandíbula, sin tener el valor de mirar a su hijo de frente. - por favor... no me odien por dejar ir a su madre.
Fin del capítulo.
