Los hermanos Uchiha quedaron impactados con la historia de sus acompañantes. Saber que también habían tenido una infancia difícil, gracias a los caprichos de Tsubaki, hizo que de inmediato conectaran con ellos.
Sasuke en especial, ya que no podía dejar de pensar en querer darle su merecido a esa mujer, por todo lo que lo obligó a vivir durante años. Con ese pensamiento en mente, se levantó de la cama de Kagome y se paró frente a la ventana, observando, tanto su reflejo, como el de los demás.
-No sé por dónde empezar. - comentó seriamente. - Desde la noche en la que murieron mis padres, mi vida se convirtió en una montaña rusa. - apretó los puños. - Aunque nunca pude llegar a la cima. Siempre permanecí en un nivel inferior, sufriendo por los chismes, las pesadillas, las humillaciones...
InuYasha, Rin y Sesshomaru agacharon sus cabezas. Claro que sabían a lo que se refería. Conocían mejor que nadie ese dolor, por estar tan expuestos, a un ambiente donde solo importaba el poder y las conexiones con la herencia de sus respetivos antepasados.
-...y aunque mi familia adoptiva intentaba protegerme de esas situaciones y más... es imposible cambiar la mentalidad de la gente.
Rin asintió.
-Algunos, tendrán empatía. Llorarán contigo y te dirán que puedes contar con su apoyo. Pero otros, se lo toman como una broma y te destruyen sin darse cuenta. - agachó la cabeza un momento. Y luego, volteó hacia los otros. - Los ayudaré a romper las maldiciones de sus seres queridos. Pero tengo una condición.
-¿Cuál? - interrogó Sesshomaru, apoyando la espalda en una pared y cruzado de brazos.
-Primero quiero que mi hermano vuelva sano y salvo a su cuerpo.
-¿Pero realmente sabes cómo hacerlo? - preguntó repentinamente una anciana de ojos saltones, haciendo que Itachi y Sasuke saltaran por el susto, al estar parada entre ellos sin que se dieran cuenta.
-¡¿S-Señora Urasue?! - preguntó InuYasha, anonadado.
-¿Urasue? - interrogó el detective, volteando de su hermano menor hacia la recién llegada. - ¿Entonces ella es...?
La anciana hizo una reverencia para saludarlo.
-¡Un momento! - pidió el menor de los Taisho. - ¡¿Cómo fue que entró aquí si hay un campo de fuerza afuera?!
-La barrera que rodea el hospital deja entrar a los seres que no sean malignos. - explicó Urasue. - Por eso fue sencillo que yo, al tener poderes vinculados a la sanación y al bien común, consiguiera entrar con facilidad.
InuYasha cayó con los pies hacia arriba por la impresión y Rin soltó una risita nerviosa. Jamás pensó que su campo de fuerza tuviera una característica tan peculiar como esa.
-Pero, dejando eso de lado... - sus enormes ojos se dirigieron hacia Sasuke. - he venido a ayudarte para que puedas usar los poderes de la fruta Tsuchigumo, en su máximo potencial.
Sin salir de su sorpresa, el muchacho asintió. Con el paso de los minutos y gracias a las explicaciones simples que le daba la bruja, pudo comprender mejor, la manera más rápida para romper las maldiciones.
Y una vez preparado para realizarla, salió del cuarto de Kagome, acompañado por Urasue, Rin, InuYasha y Sesshomaru. Itachi, mientras tanto y por instrucciones de la anciana, se recostó en la cama, empezando a relajarse hasta quedarse profundamente dormido.
-Ahora que me doy cuenta... - dijo el Uchiha de pronto, caminando al lado de Urasue. - ¿Por qué el hospital está tan vacío? ¿Qué pasó con el personal?
-Es por el conjuro de Tsubaki. - respondió Rin, encontrándose detrás de él.
Sesshomaru estaba a su lado izquierdo e InuYasha los seguía por detrás.
-Cuando el cielo cambió de color, atrapó en un espacio diferente, a las personas involucradas con la fruta Tsuchigumo. Es posible que cualquiera que conozca su existencia, se encuentre aquí.
Al saber aquello, el corazón de Sasuke latió con inquietud. Desde su punto de vista, Hinata no estaba en condiciones para estar envuelta en esa trampa. De forma irresponsable, había dañado la extraña relación que ambos tuvieron por algunas semanas. Para su mala suerte, ahora no tenía tiempo para preocuparse por ello.
Después de todo, debía estar enfocado en traer de vuelta a su hermano, al padre de InuYasha y Sesshomaru, y a su compañero. Luego de dar unos pasos más, llegaron al cuarto de al lado. Urasue, de manera automática, giró la perilla de la puerta y la empujó hacia adentro.
Sasuke tragó saliva. En el interior, hacía mucho frío. Sin embargo, eso no era lo peor. Al disiparse la neblina, vio anonadado el estado en el que se encontraba el cuerpo de su hermano. Inmovilizado en la cama, se hallaba conectado a varias máquinas que le permitían respirar de manera artificial... un caso similar al de la sacerdotisa Izayoi. Ante esto, los Taisho solo se reservaron a cerrar los puños.
-InuYasha. - lo llamó Urasue. - Sasuke necesitará tu apoyo para traer a Itachi de regreso.
El muchacho asintió. Rodeó la cama y se paró, al lado izquierdo.
-Buena suerte. - le sonrió a ambos y retrocedió, quedándose junto a Sesshomaru, frente a la puerta abierta de la alcoba.
Sasuke cerró un momento los ojos. En palabras de la bruja, lo que debía hacer era sencillo: recordar buenos momentos que haya pasado durante su , no estaba nervioso ni ansioso. Se sentía en calma absoluta al tener en su mente imágenes de su infancia.
Instantes reconfortantes que pasaba junto a Naruto, Karin, Kushina y Nagato. Una vez que estuvo listo, abrió los ojos y, del bolsillo derecho de sus pantalones de mezclilla, sacó la navaja que Hinata le había dado hace tiempo. Con la hoja, se hizo un pequeño corte en su dedo índice derecho.
Acto seguido, lo condujo a la boca de Itachi, quitándole la máscara de oxigeno, para colocarlo encima de su labio inferior y que bebiera la sangre. Un instante después, sus ojos se abrieron de golpe, mostrándose blancos y resplandecientes.
-¡Ahora! - exclamó InuYasha en su mente, poniendo su mano derecha sobre la frente del joven y cerrando los ojos para visualizar la puerta blanca que lo conduciría al mundo astral.
SSSSS
-¡Itachi debió volver al mismo sitio donde lo encontré! - dijo en sus pensamientos, corriendo a toda velocidad por un campo abierto, envuelto en una neblina espectral. - ¡Tengo que darme prisa!
De pronto, su pierna derecha fue envuelta en un pegajoso hilo que lo volteó bruscamente y lo levantó unos metros del suelo. Un gran monstruo de muchos ojos y cuerpo escamoso, lo miraba con curiosidad y sed de sangre.
-¡Maldición!
-Un humano con rasgos Youkai... - señaló la criatura, llevándolo a su boca con los zarcillos que conformaban su brazo derecho. - ¡Hoy en día no es muy común encontrar especies tan exóticas y estúpidas!
En eso, una intensa luz de color amarillo claro lo cortó a la mitad, liberando a InuYasha y dejándolo caer por los aires, hasta llegar a la fría hierba que conformaba el suelo. Cuando se giró, sus ojos dorados se abrieron como platos.
-¿Mamá? - pronunció con incredulidad, al mismo tiempo que Izayoi corría hacia él y lo abrazaba.
Se veía tal y como cuando él era un niño. Su largo cabello negro. Sus ropas de sacerdotisa del mismo color, representando al templo Yin Yang. Una sonrisa envuelta en un colorido y frágil labial carmesí.
-Has crecido, mi querido InuYasha. - le habló con el mismo cariño que él recordaba, reconfortándolo. - Siento tanto que nuestra despedida ocurriera de la peor manera posible. - agregó, separándose, pero sin dejar de tomarlo de los hombros.
-¡N-No digas eso! - exclamó, sorprendiéndola. Al darse cuenta de que había gritado, trató de tranquilizarse, concentrando su rabia en sus puños. - En realidad... todo fue culpa de Tsubaki. Si ella no hubiera aparecido ese día, tú y la madre de Rin...
De pronto, los horribles alaridos de otros monstruos; atrapados en ese mundo, sonaron en la distancia.
-Hay que irnos. - dijo Izayoi, tomando la mano derecha de su hijo y conduciéndolo por otro camino. - Viniste a buscar a Itachi Uchiha, ¿Cierto?
-¿Lo conoces? - interrogó, asombrado.
-Cuando ocurrió lo del incendio, separé mi alma en dos fragmentos, para acompañarlos a donde sea. - explicó. - Gracias a eso, he conseguido ver lo que ha sido de sus vidas, desde que mi cuerpo dejó de existir.
-Claro... - dijo con una mueca. - ahora entiendo mejor porque el otro día, Sesshomaru estaba con Miroku y Sango.
-Lamento haberte causado problemas con ellos. - habló apenada. - Tenía que evitar a cualquier costo que tu alma no fuera devorada.
-¿Por eso estás aquí? ¿Para protegerme?
-Sé que aún no dominas bien tus poderes espirituales. Mucho menos, portando la marca de la bestia zangetsuha.
Al escuchar aquello, agachó la cabeza, pensativo.
-Además... - deteniéndose cerca de una gran roca, se giró hacia el joven y le sonrió. - también quería pasar tiempo contigo, porque no puedes verme como lo hace Sesshomaru.
-¡InuYasha!
En eso, Itachi apareció, corriendo entre la neblina hasta reunirse con ellos. Al ver a Izayoi, le mostró su respeto haciendo una reverencia.
-Cuando volvamos... - comentó el muchacho de cabello plateado. - ¿Qué pasará contigo?
-Ayudaré a Kagome a cruzar este plano... - respondió seriamente la antigua sacerdotisa. - y les entregaré a ambos, una parte de mis poderes espirituales restantes, en este fragmento de mi alma.
-¡P-Pero, si haces eso...!
Sin dejarlo continuar, la mujer dio un paso hacia él y lo abrazó como antes.
-Me dio gusto ver... al hombre tan fuerte y valiente en el que te has convertido, hijo. - acarició por última vez su largo cabello y se separó de él, mirándolo con una gran sonrisa. - Estoy muy orgullosa de ti. - un segundo después, se transformó en un haz de luz que brilló a su alrededor, cegándolos brevemente. - Por favor, cuida a tu padre y a tu hermano.
SSSSS
-¡InuYasha!
La voz de Rin lo despertó. Gracias a su trance, terminó cayendo en el piso de azulejos.
-¿Estás bien? - cuestionó Sesshomaru, ofreciéndole su mano para que se pusiera de pie.
El joven aceptó su gesto.
-La vi... - habló aturdido. - me reencontré con mi mamá. - su hermano mayor y su amiga de la infancia lo vieron asombrados. - Dijo que estaba orgullosa de mí... - sus manos temblaban. - pero no estoy seguro de merecer esas palabras.
-COF, COF...
De repente, Itachi comenzó a recobrar el conocimiento, dirigiendo sus ojos de forma automática a su lado derecho, donde su hermano menor estaba parado.
-¿Sasuke? - lo llamó débilmente, apoyando sus brazos en el colchón para inclinarse hacia adelante.
-¡Espera, Itachi! - exclamó Urasue. - ¡No tan rápido!
Sasuke frunció el ceño. Se dejó caer en el colchón y abrazó con fuerza a su hermano. Apretando la mandíbula, dejó escapar de sus ojos, grandes ríos de lágrimas, al mismo tiempo que sollozaba.
Itachi bufó con una pequeña sonrisa. Fue incapaz de alentarlo con su voz, pero llevó su mano a su cabeza y la acarició como si quisiera que se durmiera en su regazo... algo muy común cuando eran tan solo unos niños, al quedar exhaustos en el jardín de su casa por tanto jugar.
Presenciar ese momento, hizo que el corazón de Rin se suavizara tanto, como para empezar a llorar. Sesshomaru también sonrió, al igual que Urasue. Sin embargo, la mente de InuYasha no estaba 100% conectada en el presente.
FFFFF
-Ayudaré a Kagome a cruzar este plano... - las palabras de su madre no dejaban de hacer eco en sus recuerdos. - y les entregaré a ambos, una parte de mis poderes espirituales restantes, en este fragmento de mi alma.
FFFFF
-Kagome... - murmuró, pasando entre Rin y Sesshomaru.
-¡InuYasha, espera! - pidió la pequeña sacerdotisa, consiguiendo que volteara... para recibir de su parte su rosario de cuencas negras. Al instante, su apariencia cambió, volviendo a ser humano. - Ella no puede verte convertido en la bestia zangetsuha. Necesita más al chico que conoce. - dijo, para luego sonreír.
InuYasha asintió.
-Gracias. - le besó la frente y, finalmente, pasó al lado de la anciana Urasue para salir al pasillo.
Después de volver a la habitación de Kagome, quedó embelesado al verla despierta, sentada en la cama y con la vista dirigida a la ventana, mostrando el espantoso cielo morado rojizo. La muchacha de cabello negro, sintiendo su presencia, se giró. En su rostro, podía ver con claridad el miedo, la confusión y el anhelo guardados en su corazón. Sonrió. Volteó su cuerpo por completo al lado derecho de la cama y se sentó en la orilla.
-Ya regresé, InuYasha. - dijo, con calidez y felicidad.
Él, es respuesta, corrió en silencio hacia ella. La abrazó con fuerza y la besó en la boca. Hace años que quería vivir ese momento. Y, por fin, gracias a la fruta Tsuchigumo, se había hecho realidad. Cuando se separaron, volvieron a besarse, intercambiando roces apasionados hasta que juntaron sus frentes, jadeando por la falta de aire.
-Perdóname, te dejé esperando mucho...
-No... - murmuró. - ...yo soy el que debe pedirte disculpas. - sin dejar de abrazarla, también se sentó en la orilla de la cama. - Confiaste en mí y en mi habilidad para guiar a las almas. Y aun así, no fui capaz de ser más decisivo y traerte de vuelta lo más pronto posible.
Kagome le dio un beso en la mejilla izquierda. Cuando volvieron a quedarse en silencio, mirándose el uno al otro, los ojos del joven derramaron sin querer, un par de lágrimas de sus ojos negros, revelándole la felicidad y la tristeza que sentía al mismo tiempo. Ella le volvió a sonreír. Alzó sus manos a su rostro y, con sus dedos, limpió sus lágrimas.
-¿Podrías...? - le preguntó. - ¿...llevarme a donde se encuentra Itachi?
PPPPP
-¡MALDICIÓN! - sin importar a donde fueran sus demonios; a través de sus ojos, Tsubaki era incapaz de localizar a Sasuke. - No sé qué clase de truco usó esa malnacida, pero juro que cuando la encuentre...
-¡Tsubaki-sama!
De repente, el primer grupo de Youkai al que había enviado, volvió con ella, inclinándose en su presencia.
-Hemos traído un obsequio para usted. - habló una gran serpiente con alas de murciélago, enseñándole a la joven de largo cabello negro que tenía atada en su cuerpo.
Sonriendo de lado, la sacerdotisa de poderes oscuros se acercó.
-Interesante... - pensó, examinando de cerca el rostro de Hinata. - ...a pesar de saber que está atrapada en una ilusión, no quiso deshacerla para reconfortar su patético corazón. - se apartó de ella y les dio la espalda a sus monstruos. - Buen trabajo. Creo que me divertiré mucho con este gran obsequio.
PPPPP
-¡Kagome! - exclamó Rin, corriendo hacia ella cuando la vio parada, en la puerta de la habitación de Itachi, acompañada por InuYasha.
Por encima del hombro izquierdo de su amiga de la infancia, la sacerdotisa de cabello negro vio a Sesshomaru con una sonrisa. Él, para devolverle su pequeño saludo, solo hizo un ademán.
-Nos alegra tanto que estés de regreso, querida Kagome. - comentó la bruja, llamando su atención, al mismo tiempo que Rin se separaba de ella.
-Ella es la abuela Urasue. - le explicó InuYasha. - Trabajó con mi madre hace mucho tiempo.
-Encantada de conocerla. - comentó, haciendo una reverencia.
-¿No te cuesta trabajo moverte? - interrogó con curiosidad, estudiando de un lado a otro el estado de su cuerpo. - ¿Quieres una silla? Puedo construirte una ahora mismo.
-¡N-No será necesario, gracias! - replicó nerviosa.
InuYasha las vio con una gotita de sudor bajando por su cabeza. Después de dar un par de pasos hacia la cama, Kagome se aclaró la garganta, llamando la atención de Itachi. Al encontrarse con sus grandes ojos castaños, sonrió agradecido y apenado... ya que, desde su despertar, su hermano menor se había negado a separarse de él. Pensando que, si se atrevía, volvería a caer en estado de coma. Que todo lo que estaba sucediendo a su alrededor, se trataba de un sueño.
Sonrió con comprensión. Encontrándose en sus zapatos... hubiera actuado de la misma forma si se hubiera separado tanto tiempo de su hermana mayor. Con su silueta en sus pensamientos, su sonrisa se desvaneció. Su hermana mayor, a quien despidió hace 10 años en la entrada del templo Higurashi. Su hermana mayor, de quien supo su destino, pero que nunca pudo encontrar. ¿A dónde habrá ido a parar, el cuerpo de su querida hermana mayor?
Fin del capítulo.
