Mientras escuchaba lo sucedido con Sasuke y Mirai Nara; en palabras de Sakura, Naruto y Shikamaru, Kushina Namikaze conducía con precaución su camioneta todo terreno, por las vacías y, extrañamente, tranquilas calles de Tokio.

Saliendo del túnel, que conectaba su casa en el distrito de Suginami, con un edificio abandonado en el distrito de Toshima, no dudó en dirigirse hacia el distrito de Adachi, donde se encontraba la residencia Sabaku. Pasando el puente de concreto, condujo despacio y, finalmente, se detuvo frente al edificio de madera, dejando las luces encendidas.

Debido a la neblina que se presentó recientemente, los limpiadores del parabrisas se movían de un lado a otro, dejando ver los rostros de la mujer pelirroja y su hijo en los asientos del piloto y copiloto, respectivamente.

-Iré a revisar. – comentó Kushina, quitándose el cinturón y sacando un arma del cajón inferior de su asiento.

-Voy contigo. – dijo Naruto, con la intención de abrir su puerta.

Rápidamente, su madre lo detuvo, tomándolo por encima de su mano derecha y cerrando de nuevo la puerta.

-Tú te quedarás aquí y te asegurarás de que todos estén a salvo... - le pidió con una sonrisa. - ¿Puedo contar contigo?

El muchacho suspiró.

-Si lo dices así, no puedo negarme, de verás. – agregó, haciendo un puchero que a la mujer le pareció encantador.

-S-Señora Namikaze... - la llamó Sakura. - ¿Segura qué es una buena idea? El ambiente parece algo diferente a como lucía hace unas horas...

-¡Sakura-sama tiene razón! – gritó repentinamente una voz, saliendo disparada de la bolsa de la joven. - ¡Aunque sea muy ruda y sepa sobre los demonios, no debería exponerse al peligro!

Al ver a Koryu, volando por encima de los muchachos, Kushina soltó un grito, comenzando a seguirlo con sus manos para tratar de golpearlo. El pequeño dragón, entre peticiones escandalosas y nerviosismo, esquivaba a duras penas las manos de la mujer... hasta que se le ocurrió la idea de esconderse detrás del rubio, provocando que Kushina lo golpeara sin querer.

En uno de esos arrebatos accidentales, el chico salió de un salto del vehículo, terminando tirado en el suelo con bastantes moretones en su rostro. La Namikaze, enojada consigo misma por ello, también se bajó de la camioneta. La rodeó y, con su pistola, apuntó al dragón que recién se colocó a un lado del rubio.

-¡P-Por favor, no me lastime! – suplicó, levantando sus patitas a la altura de su cabeza. - ¡Le juro que soy más bueno que el pan! ¡Por eso les conté lo que le pasó a Sasuke-sama!

Parpadeando, Kushina pensó mejor sus acciones, guardando nuevamente la pistola que tenía consigo, en uno de los compartimentos de su cinturón.

-¿Q-Qué se supone que eres? – interrogó con dudas. - ¿Una lagartija?

-¡Soy un dragón! – exclamó Koryu, enojado.

El menor de los Namikaze, aunque se quejaba de dolor por los golpes, sonrió al sentarse en el piso, por ver que el malentendido con su madre se había aclarado. Para su mala suerte...

-¡Naruto!

Con el angustiante llamado de Sakura y Shikamaru, el gusto no le duró demasiado, topándose con una mujer mantis, parada detrás de él.

Kushina ya tenía de nuevo su arma en su mano, sin embargo, la fuerte patada de una chica desconocida, le quitó sus intenciones, sorprendiéndola, tanto a ella como a los jóvenes.

-¡TSK! ¡Qué basura! – exclamó, parándose como si nada sobre el cuerpo del demonio.

Un poco de su sangre manchó una parte de su playera rosa y su mejilla izquierda.

-¡¿M-Mirai?! – la llamó Naruto, parpadeando anonadado.

-¿La conoces? – le preguntó su madre, corriendo hacia él y arrodillándose a su altura.

Koryu volaba entre ellos, preocupado.

-Señora Namikaze... - habló Shikamaru, bajando de la camioneta, junto con Sakura. - ella es mi prima, Mirai Nara.

La mencionada volteó hacia ellos y les sonrió, algo que no le agradó para nada al rubio, ya que, al instante, frunció el entrecejo.

FFFFF

-¡Mirai-sama es una hibrida! – fue lo que Koryu les advirtió, una vez que encontraron el cuarto destrozado de Sasuke. - ¡Por eso, haría lo que fuera para convertirse en una humana completa! ¡Aunque eso signifique tener que herir sin piedad a Sasuke-sama, por ser el portador de la fruta Tsuchigumo!

FFFFF

-¡Oigan! ¡¿Por qué me miran así?! – dijo Mirai, dirigiéndose a los jóvenes con una sonrisa prepotente. - ¡Acabo de salvarles la vida de esta escoria! – con el dedo índice de su mano izquierda, señaló el cadáver ensangrentado de la mujer mantis.

-¿Cómo fuiste capaz? – la cuestionó Naruto, enojado, apretando sus puños por encima de sus piernas. - ¡Lastimaste gravemente a mi hermano y ahora no sabemos dónde está!

FFFFF

-Para serte sincero, me sorprendió que llegaras muy lejos con tal de conseguir la fruta Tsuchigumo. Pero sé lo que hago y esperaré pacientemente a que esos niños me la traigan.

-¿"Niños"? Sé que uno de ellos es Sasuke, pero... ¿Y el otro?

-Su nombre es Hinata Hyuga. Hace 18 años, Tsubaki le lanzó la maldición del sharingan. Bueno, ya que lo sabes, te pediré que los dejes tranquilos.

FFFFF

-Hum. - la joven sonrió. - Parece que tengo una nueva oportunidad. – con confianza, llevó sus manos a su cadera. - ¡Hagamos un trato! – sugirió. - ¡Gracias a mi sentido del olfato, yo puedo llevarlos a donde se encuentra Sasuke! ¡Incluso me encargaré de los próximos demonios que quieran lastimarlos!

Los presentes la miraron sorprendidos.

-¡A cambio de eso, solo quiero que me dejen unos minutos a solas con él!

-¡Naruto-sama, no la escuche! – pidió Koryu en voz baja. - ¡Recuerde lo que sucedió en la residencia! ¡Si permite que Mirai-sama se acerque de nuevo a Sasuke-sama, ahora sí podría asesinarlo!

Ante aquella posibilidad, el rubio volteó la mirada del pequeño dragón hacia la chica de corto cabello negro, cambiando su expresión.

-¡Tengo una condición! – gritó. - ¡Lo que quieras decirle a Sasuke, lo harás frente a mí! ¡De lo contrario, no hay trato!

-¡Frente a nosotros! – agregó Shikamaru, sorprendiendo a los Namikaze. - ¡Por ningún motivo, permitiré que vuelvas a lastimarlo!

-¡Y-Yo también! – se sumó la chica de cabello rosa. - ¡Aunque yo no conozco tanto a Sasuke, haré esto por la tranquilidad de Naruto!

-Sakura... - susurró el muchacho rubio, con sus mejillas levemente sonrojadas.

-Bola de borregos... - pensó Mirai, resoplando fastidiada. - ¡De acuerdo, lo permitiré!

Los muchachos celebraron, intercambiando sonrisas entre ellos. De vuelta en la camioneta, permitieron que Mirai se sentara en medio de Shikamaru y Sakura. Esta última, al verla con la mancha de sangre en su rostro, sacó un pañuelo de su bolsa y se lo ofreció.

La joven, sin entender bien sus intenciones, aceptó el trozo de tela. Fue cuando volteó al espejo retrovisor, que entendió el motivo por el que debía usarlo. Se veía horrible manchada de sangre... porque eso no era propio de una chica común y corriente. Frunció el ceño. Llevó el pañuelo a su rostro y comenzó a limpiarse.

Koryu, mientras tanto, no dejaba de fulminarla con sus ojos, encontrándose sobre el hombro izquierdo de Naruto. Por mucho que dijera que los ayudaría a encontrar a Sasuke... ¡Él simplemente no podía confiar en ella!

PPPPP

Tsubaki sonrió. A través de los ojos de la mujer mantis, pudo apreciar el reciente encuentro entre la hija de Naraku y los conocidos de la fruta Tsuchigumo. Por ello, de su ojo derecho, invocó a un cuervo Youkai, dándole la ubicación de la camioneta de Kushina y ordenándole que los siguiera con discreción desde las alturas. El ave, graznando, partió de inmediato para cumplir los deseos de su ama, sobrevolando los edificios solitarios de Tokio.

PPPPP

-La fruta Tsuchigumo realmente es increíble... – comentó Kagome, examinando con sus poderes el cuerpo de Itachi.

Para ese entonces, Sasuke ya se había separado de él, encontrándose junto a la anciana Urasue.

-...con un poco de reposo, estarás caminando como si no hubieran pasado 10 años.

-Me alegra poder conversar realmente contigo. – dijo Itachi, sonriendo.

-Lo mismo digo. – replicó, antes de girar un momento hacia su prometido. – Espero que InuYasha no haya sido una molestia para ti.

-Al contrario. Me ayudó mucho cuando desperté.

Gracias a ese comentario, el joven de largo cabello negro soltó un suspiro de alivio.

-Yo en cambio, fui el que les dio problemas a todos... - sobre las sábanas de la cama, Itachi apretó con fuerza sus puños. - por no ser la persona que esperaban ver.

-¡Por favor, no digas eso! – exclamó Rin. - ¡Que tu alma terminara por error en el cuerpo de Kagome, fue culpa de InuYasha, no tuya!

Al escuchar aquello, el ambiente en el cuarto se puso más que oscuro... gracias a la extrema aura demoniaca que la joven de cabello negro mostraba sobre sus hombros.

-¡I-NU-Y-A-SHAAA! – lo llamó enojada, consiguiendo que se pusiera más tenso y nervioso que antes.

-¡N-No es lo que parece! – intentó explicar, sudando como loco y agitando sus manos de un lado a otro. - ¡Rin está cansada, por eso...!

Kagome respiró hondo y gritó con todas sus fuerzas:

-¡ABAJOOOOOOOOOO!

Al instante, el rosario de cuencas negras en el cuello del muchacho se iluminó, forzándolo a caer con la cara al suelo de azulejos. El fuerte estruendo sorprendió y asustó a los presentes.

-¡ABAJO! ¡ABAJO! ¡ABAJO! ¡ABAJO! ¡ABAJO!

-¿Q-Qué fue eso? – interrogó Itachi, viendo atónito a un InuYasha aniquilado.

-Un conjuro de obediencia. – contestó Sesshomaru. - Kagome solo lo utiliza cuando InuYasha hace algo que a ella no le parece bien.

-Lo crearon para dominar a la bestia zangetsuha cuando se sale de control. – agregó Rin. - Pero, por alguna razón, también le afecta teniendo su verdadera apariencia.

-Entonces... - al escuchar nuevamente la voz enojada de Kagome, la mayoría de los presentes se tensaron de nuevo como tablas. - ¿Qué más hizo InuYasha en mi ausencia? – preguntó con una sonrisa que, por fuera, era adorable, pero, por dentro, era siniestra.

-¡S-SOLO ESO! ¡LO JUROOOO! – gritó InuYasha, levantando su sucia cara del piso.

-Hum... - el mayor de los Taisho bufó. - ¿De verdad?

-¡Tú cállate, Sesshomaru! – exigió su hermano, enojado.

Itachi y Rin los vieron con una gotita de sudor bajando por su cabeza.

-Oigan.

En eso, Sasuke los llamó, saliendo del cuarto con Urasue.

-¿No querían despertar al detective Toga y a su compañero?

PPPPP

-¡WOOOOAAAAHHH! – fue lo primero que exclamó A, al despertar de su letargo. - ¡¿DÓNDE ESTOY?! ¡¿QUÉ PASÓ?! ¡¿Y MI BOLETO DE LA LAVANDERIA?!

-Por favor, mantenga la calma. – pidió la bruja, sonriendo. - Se encuentra en el hospital Shikon. Acaba de despertar de un coma inducido por un repentino ataque de parte de la sacerdotisa Tsubaki.

El hombre de piel oscura puso una mueca... antes de encontrarse de frente con el hijo adoptivo de Kushina. Parado al pie de la cama, no hacía otra cosa más que mirar sus manos.

-¿Sasuke Namikaze? – cuestionó con curiosidad. - ¿Tú qué haces aquí?

-Realmente es un muchacho muy talentoso. – habló Urasue. - Las maldiciones de Tsubaki palidecen ante sus poderes.

Poniendo otra mueca, A vio como la mujer hacía aparecer ante ellos una silla de ruedas. ¿Debía preocuparse o algo similar? Un instante después, su cuerpo flotó en el aire, haciéndolo gritar... hasta que terminó sentándose en la silla.

-Y uno, dos, tres, cuatro... - cantó la bruja, para empujar la silla con sus conjuros.

A, sin entender bien lo que pasaba, se sujetó fuerte mientras volteaba a todos lados. Sasuke suspiró. ¿En serio era muy necesario asustarlo de esa manera?

Saliendo del cuarto y atravesando el pasillo del segundo piso, entraron a la alcoba de Toga Taisho. Ahí, se hallaban Kagome, InuYasha y Sesshomaru, quienes, al ver al jefe de la policía de Suginami, no dudaron en sonreírle o saludarlo con un ademán.

A estaba perplejo. Los hijos de su amigo Toga estaban bajo el mismo techo... ¡Acompañados por Kagome Higurashi! ¡¿No se suponía que ella estaba en coma?! ¡¿Cómo era posible que ahora estuviera despierta?!

Sin poder salir de su sorpresa, volvió sus ojos hacia los movimientos de Sasuke. Colocándose al lado derecho de la cama de su compañero, se abrió una herida que tenía en su dedo índice derecho y lo llevó a su labio inferior. ¡¿Acaso le había puesto sangre?!

-¡COF, COF!

Unos segundos después, Toga abrió los ojos, dejándolo más que asombrado. ¡¿Qué era exactamente lo que les hacía?! ¡¿Esto también había pasado con él?!

-¡Padre!

-¡Viejo!

Escuchando el llamado de sus hijos, Toga volteó a su lado izquierdo.

-Muchachos... - musitó débilmente, sonriendo.

-¡Ay, señor Taisho! – exclamó la anciana, abalanzándose hacia él, hecha un rio de lágrimas. - ¡Qué bueno que está bien!

-¿U-Urasue? – parpadeó anonadado, al mismo tiempo que la mencionada se apartaba y asentía.

-Viejo sinvergüenza... - dijo InuYasha, enojado. - ¡¿Cómo te atreves a preocuparnos de esa manera?! ¡¿Acaso no te importan nuestros sentimientos?!

De pronto, sintió un fuerte golpe en su cabeza.

-Si vas a ponerte a reclamar, hazlo en voz baja. – habló el hombre de cabello plateado, con su puño derecho alzado. - Me aturdes.

-¡Ay, Sesshomaru! – se giró hacia el mencionado y le gruñó enfadado.

-InuYasha.

La joven de cabello negro lo llamó tan seriamente, que lo dejó pasmado y quieto, pareciendo un soldado que espera órdenes.

-¿Kagome? – Toga la llamó anonadado. - ¿Eres tú?

-Me da mucho gusto verlo despierto. – replicó sonriente, haciendo una pequeña reverencia.

-Lo mismo digo. – sonrió de vuelta. - ¿Cómo llegué aquí? – confundido, se llevó una mano a su cabeza y se inclinó hacia adelante para sentarse.

Urasue, al ver aquello, acomodó sus almohadas para que apoyara su espalda.

-Lo último que recuerdo... es haber visto a una de las serpientes de Tsubaki.

-Es por ese asunto que necesitábamos despertarte, padre. – habló Sesshomaru, cruzándose de brazos. - Kohaku y yo llegamos a la conclusión de que esa mujer les tendió una trampa. Tal y como lo hizo con mi madre y con la sacerdotisa Hitomiko hace 15 años, en el templo Yin Yang. Lo que no nos quedó claro, fueron los motivos. Por eso queremos saber, de parte de ambos... - volteó un momento hacia A. - ¿Qué era lo que estaban haciendo, el día en que explotó la estación de policía de Suginami?

-Antes de llegar a esa parte, deben saber que, desde que ocurrió el incendio en el templo Yin Yang, no he parado de investigar y de seguir los pasos de Tsubaki. – explicó Toga. - Aunque en la estación de policía de Suginami me tacharan de loco, mis compañeros que me creyeron en aquel entonces, me apoyaron en su momento, descubriendo detalles que a mí me hubiera costado trabajo averiguar por mi cuenta. Para mi mala suerte... Tsubaki los descubrió, asesinándolos con sus maldiciones. Por ese motivo, me vi forzado a renunciar a la estación de policía de Suginami y transferirme a la estación de policía de Adachi.

-Entonces, cuando ocurrió el ataque hacia Sasuke... - continuó el hombre de piel oscura. - Karui, una de mis subordinadas, encontró y me mostró documentos de casos sin resolver, con la etiqueta de que la iglesia no permitió que se siguieran investigando. - hizo una pausa. - Ahora que lo pienso, no sé cómo consiguió sacarlos de su cajón, ya que incluso tenía una cadena con candado.

-¿Karui? – preguntó Toga. - ¿Una mujer de piel oscura y largo cabello rojo?

Su amigo asintió.

-Puede que yo haya tenido que ver en eso sin querer.

-¿Por qué?

-Antes del asesinato de los Uchiha, me pidió reunirme con ella en un restaurante. Me contó que 6 meses atrás, su prima quedó huérfana, luego de que unos ladrones entraran a su casa y asesinaran a sus padres y a sus dos hermanos mayores. Sin embargo, ella no creía en eso. Estaba segura que la familia de su prima había sido asesinada por algo más. Incluso la niña llegó a contarle, antes de desaparecer, que lo que entró a su casa no era humano.

-¡¿Y por qué demonios no me dijo nada?! – exclamó molesto, con dos círculos blancos en lugar de ojos. - ¡Yo soy su jefe! ¡Al menos debería mostrarme más confianza y respeto!

-Al igual que yo, no quería involucrarte. – respondió, dejándolo perplejo. - De hecho, en un inicio, iba a apoyarme en ella para seguir investigando a Tsubaki. Por eso, le entregué la llave de mi antiguo archivero. El cual, casualmente, estaba arrumbado en su oficina.

-Maldición... - se llevó una mano a su rostro y frunció el ceño. - sabía que no era buena idea dejarlo ahí.

-Si. Pude notarlo cuando tuvimos que bajar al sótano, para buscar esos documentos. – suspiró, acomodándose en las almohadas. - Pero bueno. Lo hecho, hecho está.

-Entonces... - dijo Sesshomaru. – examinaron a fondo los documentos de los casos sin resolver, ¿Y qué encontraron?

-Nada agradable. – afirmó su padre. - Por muchos años, Tsubaki consiguió evadir a la policía, asesinando en consecuencia, a varias familias del distrito de Suginami. – al escuchar aquello, los ojos de InuYasha, Kagome y Sasuke se abrieron como platos. - Los únicos que sobrevivían a estos eventos, eran los hijos menores. Sin embargo, al poco tiempo, estos desaparecían de los orfanatos a donde los llevaban.

-Por eso... - musitó el muchacho de cabello y ojos negros, girándose hacia A. - ¿Hicieron hasta lo imposible para que me quedara con la familia Namikaze?

-Necesitábamos protegerte. – explicó seriamente. - Al sobrevivir aquella noche, te convertiste en la pieza clave de este caso. Él que nos ayudaría a completar el rompecabezas detrás de las nefastas acciones de Tsubaki.

-Así que dinos la verdad, hijo. – pidió Toga, sonriendo. - ¿Tú eres el bebé al que Tsubaki le dio la fruta Tsuchigumo, hace 18 años?

Sasuke, sintiendo todas las miradas sobre él, solo respondió con un tímido "si".

-Entonces, es tal y como lo imaginé. – su semblante se volvió más serio que antes. - Al conectar los asesinatos de las familias de Suginami, con el encuentro que la subordinada de A, Kushina Namikaze, tuvo con Tsubaki... confirmamos que los niños que desaparecían de los orfanatos, eran maldecidos y convertidos en híbridos, mitad humanos, mitad demonios, para ser forzados a buscar la fruta Tsuchigumo.

-Aguarde... - pidió el muchacho. - ¿A qué se refiere con el encuentro entre mi madre adoptiva y esa mujer?

-Cuando fui a visitarla a su hogar para buscar información, me contó que hace 18 años, mientras estaba dando a luz a su segundo hijo, fue visitada por Tsubaki, con la intención de imponerle una maldición a su bebé.

Ese dato le sorprendió tanto que no pudo evitar recordar a Naruto.

-Afortunadamente, su esposo estaba en casa y consiguió detenerla a tiempo. Por desgracia, la maldición era tan fuerte, que sus poderes espirituales no pudieron deshacerla. Solo transferirla a alguien más.

-¿A quién? – interrogó InuYasha.

-A Hinata Hyuga. – contestó Kagome, ganándose la completa atención de los presentes. - Minato-sama me lo contó... cuando nos reunimos en el sanatorio Akasuna.

Fin del capítulo.


Feliz inicio de año 2023 para todos! :3 Espero que el capi de esta ocasión haya sido de su agrado! Muchas gracias por su continuo apoyo con esta historia, cuidense mucho y nos leemos en la próx. actualización!