-Esa noche lo perdí todo. - dijo Tsubaki, reflejando en su voz la rabia que le generaba volver a sus días de juventud. - Pero, al igual que una serpiente, mudé de piel para convertirme en alguien intimidante y poderosa. Alguien que nunca más, volviera a ser humillada ante quien sea.

-¿Eso incluye a Naraku, el rey del inframundo? - preguntó Sasuke, ganándose su atención.

-Realmente será una lástima deshacerme de alguien tan inteligente y perceptivo como tú. - lo halagó con una sonrisa. - Al principio, las cosas con Naraku marchaban de maravilla. Él me encargaba maldiciones específicas, para ciertos enemigos que se refugiaban en el mundo mortal, entregándoselas como si se trataran de medicinas, en frascos de cristal. Mi mente estaba tan enfocada en eso, que no me di cuenta de que pasaron más de 40 años... hasta que vi a Naraku relacionarse con una mujer humana. - apretó los puños bajo las mangas de su camisa negra.

El muchacho la interrogó con la mirada.

-Mirai Nara es la hija de Naraku.

-Claro... - susurró, recordando su último encuentro. - eso explica muchas cosas.

-El día de su nacimiento, aproveché el descuido de Naraku y me escabullí en sus aposentos para robarme la maldición del sharingan y la fruta Tsuchigumo. - Tsubaki prosiguió con su explicación, introduciendo su dedo índice derecho en la mezcla turquesa del caldero. - Mi plan original, era llevarme el collar Meidou y el cuerpo de Madara. Pero, por desgracia, no pude encontrarlos por ninguna parte.

-De haberlo hecho, ¿Nos habrías dejado en paz?

-Ni siquiera los hubiera tomado en cuenta. - respondió como si nada, llevándose su dedo a la boca y probando su creación. - Lo único que me interesa, es traer a mi esposo y a mi hija de regreso. Gracias a la desaparición del collar Meidou, mi plan se distorsionó, por lo que no tuve más alternativa, que llevarme unos sustitutos. - tomó un pañuelo en su escritorio y se limpió la mano derecha. - Mientras tanto, planearía mi venganza contra Midoriko, deshaciéndome poco a poco de todo lo que fuera importante para ella. Incluyendo a sus patéticas aprendices y a su mediocre intento de templo.

-¿La señora Izayoi y la señora Hitomiko?

Tsubaki afirmó con la cabeza, haciendo aparecer una hoja de papel con un movimiento de su mano izquierda. El titulo decía en letras grandes y claras "poción para extraer la fruta Tsuchigumo de un ser vivo".

-Enju jamás se dio cuenta de que mi serpiente la hurtó para mí. - de pronto, su palma la quemó, volviéndola cenizas y perturbando al joven. - Ahora ya no existe NADA que pueda liberarte de la fruta Tsuchigumo. - dijo complacida, acercándose a él y tomándolo de su cabello. - Y si alguien intenta quitártela por otros medios... terminarás perdiendo la vida.

-¿Eso es lo que vas a hacerme? - cuestionó enojado, mirándola fijamente a los ojos. - ¿Matarme para quedarte con mi cuerpo, y poner en su interior el alma de Madara?

La sacerdotisa se relamió los labios. Se acercó más y le robó un beso en la boca. Sasuke, cerrando los ojos con asco, le mordió el labio inferior con fuerza, haciéndola sangrar y separarse bruscamente.

-¿Sabías que al beso de una sacerdotisa oscura...? - preguntó entre risas, limpiando la sangre de la comisura de su labio con el dorso de su mano izquierda. - ¿...también se le conoce como el beso de la muerte?

En eso, unas manchas negras se mostraron en la piel del muchacho.

-¡¿Pero qué...?! - interrogó asustada, acercándose para verificar lo que más temía.

Sin embargo, Koryu la detuvo en el proceso, transformándose en una pequeña nube, al darse rápidamente tres golpes en la cabeza.

-¡TOME, TOME, TOME, TOME...! - exclamó, lanzándole varias flechas doradas que la tiraron boca arriba al suelo... y la hicieron reír a carcajadas.

-¡LAGARTIJA MEDIOCRE...! - gritó sonriendo, poniéndose de pie y tirando las flechas de luces doradas. - ¡...AHORA SABRÁS LO QUE ES EL VERDADERO PODER! - extendiendo su brazo derecho hacia adelante, invocó a su shikigami.

El dragoncito sonrió. Y justo cuando la serpiente estuvo a punto de tocarlo con sus colmillos, Hinata apareció entre ellos, devolviéndosela a su verdadera dueña, con una patada envuelta en llamas azules, y haciéndola bramar de dolor.

-¡N-No es cierto! - pensó anonadada, arrodillándose y cubriéndose su ojo derecho, con varios caminos de sangre derramándose en su mejilla. - ¡Una maldita hibrida me devolvió mi conjuro!

Mientras continuaba atrapada en su trance, Koryu devoró los grilletes que sometían a Sasuke, masticando el metal sin mucho esfuerzo. Una vez que quedó libre, la joven lo tomó de su brazo derecho, levantándolo, y haciéndolo correr hacia la puerta abierta de la cabaña y a lo profundo del bosque. El Youkai los seguía de cerca, volando entre ellos.

-Desgraciada... - murmuró la sacerdotisa, poniéndose de pie y caminando hacia la puerta. Apoyándose en el borde izquierdo, su mano derecha continuaba sosteniendo su ojo y la sangre seguía burbujeando. - ¡JURO QUE ME LAS PAGARÁS MUY CARO, HINATA HYUGA!

PPPPP

-¡Eso fue increíble, señorita Hinata! - la agasajó Koryu, después de que terminaran parados en los límites del bosque, para llegar a la entrada de un antiguo pueblo.

-Tú fuiste el que me sorprendió... - replicó con una sonrisa, soltando al Namikaze. - no sabía que podías comer metal.

-E-Es una cualidad que heredé de mi familia. - dijo avergonzado, con un pequeño sonrojo en sus mejillas, chocando sus patitas.

-Oigan...

Sasuke llamó la atención de ambos.

-¿Exactamente qué pasó allá atrás? - volteó confundido, primero hacia Hinata y luego hacia Koryu. - ¿Cómo llegaste a ella?

-Aproveché que Tsubaki estaba distraída, contándole su historia, para escabullirme entre sus cosas y liberar de sus grilletes a la señorita Hinata. - explicó el dragoncito.

-Gracias a la marca que te puse en el hombro izquierdo, pude despertar y obtener un poco de tu energía. - continuó la joven. - Es un mecanismo de defensa que solo aparece cuando alguien intenta hacerte un daño espiritual.

-El beso de una sacerdotisa oscura le arrebata el alma a su objetivo, convirtiéndola en lo que ella deseé. - comentó Koryu, cerrando los ojos y asintiendo. - Si Tsubaki hubiera conseguido su cometido, su cuerpo sería como un cascarón vacío, Sasuke-sama.

El muchacho agachó la mirada.

-Entonces... - habló en voz baja, con sus ojos negros dirigidos a su temblorosa mano derecha. - ...si quería utilizarme para traer a Madara...

Levantó su rostro. Hinata lo había estado contemplando en silencio, con sus inmensos ojos blancos. Al verlos, recordó de golpe lo sucedido en casa de Enju.

FFFFF

-Agradezco que hayas sido sincera conmigo. Pero no quiero que te vuelvas a acercar a mí.

-Sasuke... ¡¿Por qué no quieres matarme?! ¡Si todavía sientes tanta agonía por lo que hice, ¿Por qué no acabas conmigo y te deshaces de ella de una vez?!

-Porque... yo... aún sigo amándote.

FFFFF

Tragó saliva. Se aproximó a Hinata y la rodeó gentilmente con sus brazos, apoyando su cabeza en su pecho. Ella, abriendo los ojos como platos, se quedó paralizada, escuchando los fuertes latidos de su corazón. Koryu se giró en el aire, tapándose también los oídos para darles más privacidad.

-Perdóname. - pidió, cerrando sus ojos con arrepentimiento. - Me enfoqué tanto en mis sentimientos, que olvidé por completo los tuyos.

La hibrida, al escucharlo, derramó un par de lágrimas. Permaneciendo callada, levantó sus brazos y se aferró a su playera blanca, arrugando su espalda.

-¿Ya no estás enojado conmigo?

-Jamás lo estuve. Solo me sentía confundido. Revolviste tanto mis pensamientos, que no supe qué hacer. Por eso, creí que lo mejor era irme y dejarte. - frunció el ceño y agachó la mirada. - Ahora veo que soy un estúpido.

Ese último comentario la hizo sonreír un poco.

-Pero, hay algo que no comprendo... - se separó de ella y, tomando sus manos, la miró fijamente a los ojos. - ¿Cómo fue que terminaste siendo prisionera de Tsubaki?

El semblante de la joven cambió, tornándose inquieto.

-Fue mi culpa. - dijo seriamente, con la mirada agachada. - Sabía que era una trampa y, aun así... deseaba con todo mi corazón que fuera cierto. Que realmente me había encontrado con mi hermano mayor. Que me había invitado a su casa, que había conocido a su esposa, que estaba cenando con ellos... - sollozó y derramó una lágrima, cerrando con fuerza los ojos. - Pero no era nada más que una ilusión... - sus hombros empezaron a temblar. - una farsa para romperme más de lo que ya estoy...

Sasuke suavizó su expresión y volvió a abrazarla... hasta que escucharon un aterrador lamento en las cercanías que los sorprendió.

-¿Q-Qué fue eso? - cuestionó Hinata, quitándose las lágrimas con su brazo derecho y volteando anonadada hacia las casas, cubiertas por una espesa neblina.

-¡D-Debió ser el fantasma de una aldeana! - exclamó Koryu, ocultándose rápidamente en el hombro izquierdo de Sasuke.

-HMP. - se quejó enseguida. - Los fantasmas no existen.

-E-Está bien tener miedo, Sasuke-sama. - replicó el dragoncito, nervioso.

La hibrida lo vio con una gotita de sudor bajando por su cabeza.

-Yo no le temo a los fantasmas. - afirmó con una mueca. - Naruto, por otra parte, ya estaría temblando como un gatito si estuviera aquí.

PPPPP

-¡ACHÚ!

-¿Fue mi imaginación o acaba de estornudar? - preguntó Itachi; parado en el pasillo del segundo piso del hospital Shikon, mirando a Naruto.

-Yo también lo vi. - comentó Kagome, parpadeando curiosa a su lado derecho.

-¿Cómo va, señora Urasue? - cuestionó InuYasha, arrodillándose a su altura, por encontrarse concentrada en la banca de madera. - ¿Aún no hay contacto?

-Estoy cerca... - afirmó, con los ojos cerrados y las manos juntas, a la altura de su cabeza. - un poco más... ¡Lo tengo! - abrió los ojos de golpe y con un par de movimientos de sus huesudas muñecas, hizo aparecer ante el muchacho un teléfono de color blanco. - ¡Pero no durará mucho, así que date prisa!

InuYasha asintió. Tomó el teléfono y lo llevó a su oreja izquierda, llamando la atención de los otros.

-¿Diga? - se escuchó una voz en la otra línea.

-¡Miroku!

-¡¿InuYasha?! - cuestionó alterado. - ¡¿De verdad eres tú?! ¡¿Dónde estás?!

-¡Pásame a Tsukuyomaru! ¡Él te dará todos los detalles! ¡Rápido!

-¡¿Qué ocurre, InuYasha?! - interrogó su compañero.

Por suerte para él, se encontraba en la oficina del primo de Kagome.

-Tsukuyomaru, ¿Shiori está contigo?

-Sí, ¿Qué necesitas?

-Escucha con atención. - pidió, viendo las muecas que Urasue hacía por mantener la llamada con su magia. - No me queda mucho tiempo y necesitamos su ayuda lo más pronto posible...

PPPPP

Caminando por el lugar, Sasuke y Hinata veían con curiosidad, y con algo de inquietud, los objetos abandonados fuera de las casas vacías de madera.

Redes de pescar, barriles, escombros, ropas sucias, carretas, cuerdas, una campana a punto de colapsar... incluso manchas de sangre en las paredes y la tierra.

En ese instante, la joven supo de inmediato donde se encontraban, por lo que, anonadada, se detuvo en medio del camino de tierra. El Namikaze y el Youkai voltearon hacia ella, observándola confundidos.

-Aquí... - susurró. - ...es el pueblo de bambú, ¿Cierto?

-Aguarda. - pidió Sasuke. - ¿El mismo lugar donde Tsubaki...?

Koryu asintió con la cabeza, confirmando sus peores temores.

De repente, otro lamento se escuchó más adelante, haciendo temblar al dragoncito.

-Váyanse... - pidió la voz de una mujer, susurrando cerca de sus oídos.

-Nuestro hogar está prohibido... - continuó un señor de mediana edad.

-Nadie debe entrar aquí... - le siguió un anciano.

-De lo contrario, habrá consecuencias... - habló una niña.

-¡Déjennos en paz! - gritó Hinata, girándose de un lado a otro. - ¡Nosotros no les hemos hecho nada!

-¡NO NOS IMPORTA! - exclamó la mujer, azotando los alrededores con una ráfaga que los obligó a cerrar los ojos y a protegerse con sus brazos. - ¡LARGUENSE!

El viento y la neblina ya estaban a punto de tomar a Sasuke, elevándolo unos centímetros del suelo. Fue entonces, que una flecha apareció de repente, purificando los alrededores y bajando al muchacho. Hinata, al ver aquello, se agachó a su altura.

-Efectivamente.

Habló de pronto un hombre de edad avanzada, presentándose ante ellos con un arco y llevando una larga capa con capucha, la cual, le cubría la cabeza.

-Ustedes no deberían estar aquí.

Koryu, dandose cuenta de que era un humano, se escondió detrás de su amo.

-¿Y usted es...? - cuestionó Sasuke.

El individuo se retiró la capucha.

-Mi nombre es Haku. - respondió, mostrando su piel arrugada y pálida. Su largo cabello blanco y sus ojos castaños. - Soy el sacerdote que protege este pueblo maldito de los intrusos.

-¡¿Entonces esas voces y esa ráfaga fueron cosa suya?! - preguntó Hinata, enojada. - ¡Sasuke pudo...!

En eso, un dolor punzante la molestó en la cabeza, obligándola a sostenérsela con las manos y a caer de rodillas.

-¡Hinata! - exclamó Sasuke, alarmado.

Haku corrió hacia ellos y se agachó a su altura, examinándola con el paso de su mano derecha, de un lado a otro.

-Esta chica... - dijo seriamente. - tiene la maldición del sharingan, ¿Cierto? Está sufriendo el rebote de una de sus técnicas.

El joven agachó la mirada, recordando la forma en la que se interpuso en el camino del Shikigami de Tsubaki, para devolvérselo.

-Súbela a tu espalda y sígueme. - ordenó el sacerdote, poniéndose de pie.

Sasuke asintió. Acató su petición y luego, se marcharon de ahí, desapareciendo en el interior de la neblina.

PPPPP

Unos minutos después, los cuatro llegaron a una pequeña casa, en los límites del pueblo. Con un apetecible caldo de verduras hirviendo sobre una fogata, Haku se acercó gustoso a él, sirviéndole un plato a Sasuke, mientras acostaba con cuidado a Hinata, para luego sentarse a su lado en el suelo. Notando el cambio de posición, Koryu se trasladó de nuevo a la camisa de su amo, aguantando un grito al ver al sacerdote volver con ellos.

-Aquí tienes. - comentó, entregándole al muchacho de cabello negro un tazón y una cuchara.

-Gracias... - dijo, recibiendo las cosas en sus manos.

El caldo estaba tan caliente que casi lo suelta por accidente. Por ello, lo dejó en el suelo y le sopló de lejos, haciendo reír a su acompañante.

-Ahora revisaré a tu novia...

De pronto, escuchó como el chico escupía su primer bocado, por lo que volteó extrañado hacia él.

-E-Ella no es mi novia... - dijo avergonzado, limpiando los restos de caldo en su barbilla y volteando a otra parte.

-¿De verdad? Se ven muy bien juntos. - sonriendo, pasó su mano por la frente de Hinata, quien respiraba con dificultad.

Sabiendo lo que necesitaría, se apartó de ella y caminó de un lado a otro de la habitación, reuniendo varias hierbas que aplastó con un mortero, para luego ponerlas en un vaso con agua.

Tomó una cuchara de madera y las sacudió hasta que cambiaron el color del líquido, pasando a ser rosado claro. El muchacho lo miró asombrado, viendo cómo se acercaba de nuevo a la hibrida.

-Esto te ayudará con el dolor de cabeza. Bébelo completo. - le explicó, tomándola de los hombros con su brazo izquierdo y apoyándola en su pecho.

Con sus ojos blancos entreabiertos, la joven bebió despacio el elixir, sin dejar ni una gota en los bordes del cristal.

Haku sonrió. Dejó a un lado su vaso y la acostó de nuevo.

-Si se siente mejor, puedes servirle un poco de caldo de verduras. - comentó, levantándose.

-¿Irá a alguna parte? - cuestionó, observando cómo cubría de nuevo su cabeza con su capucha y tomaba su arco.

-Solo será por unos minutos. - afirmó con una sonrisa. -Por favor, disfruta la comida.

El joven asintió, dándole la señal que necesitaba para caminar de vuelta a la oscuridad. Unos metros alejados de la casa, pasando un breve sendero cubierto de árboles, se encontraba un teléfono público. Lo tomó con su mano derecha. Colocó unas monedas y marcó un número, esperando a que contestaran del otro lado.

-Soy yo. - dijo seriamente, revisando sus alrededores. - Sasuke Uchiha está conmigo. Lo llevaré mañana, así que prepara todo.

Colgó el teléfono y se marchó de ahí.

PPPPP

Después de volver y servirse su propia porción del caldo de verduras, Haku preparó dos futones en el suelo. Uno para Sasuke y otro para Hinata, quien se hallaba dormida. Apagó las luces de las velas y se retiró de ahí, escondiéndose en la copa de un árbol.

Koryu lo acompañó, ocultándose en un arbusto cercano al árbol, para mantenerlo vigilado.

Mientras tanto, en el interior de la casa, el muchacho de ojos negros no podía dormir. Había sido un día demasiado largo para él. Tantas cosas que procesar en tan poco tiempo.

De repente, escuchó como a su lado izquierdo, Hinata se quejaba, abriendo sus ojos que, habían pasado de ser blancos a ser rojos de nuevo.

-¿Qué pasó? - interrogó inquieta. - ¿Dónde estamos?

-Tranquila. Todo está bien. - afirmó, mirándola con una sonrisa. - El sacerdote Haku nos prestó su hogar para descansar.

-Ya veo... - musitó, relajando su expresión y apoyándose en su brazo izquierdo para levantarse. - ...resultó ser una buena persona.

En eso, un dolor punzante comenzó a molestarla en su costado.

-¡¿E-Estás bien?! - preguntó preocupado, acercándose más a ella.

-Es una de las heridas que Tsubaki me hizo. - respondió seriamente, mostrándole la sangre en su palma derecha. - Esa malnacida... - gruñó. - juro que cuando la vuelva a ver, la haré trizas.

El muchacho, sin cambiar su semblante, le acercó su brazo izquierdo, confundiéndola.

-Desde el principio, fuiste clara y dijiste que no lo harías. - habló, recordando una de sus primeras conversaciones, mientras caminaban por el silencioso distrito de Adachi. - Sin embargo, ¿No podrías hacer una excepción y beber un poco?

La hibrida parpadeó atónita. Con timidez, levantó su mano manchada y la colocó sobre el lado izquierdo de su pecho. Aun después de haber vivido esa escalofriante experiencia con los espíritus, estaba tranquilo.

-¿Puedo...? - interrogó, tragando saliva. - ¿...hacerlo de tu cuello?

Sasuke, en lugar de responder, se quitó la playera, dejando ante su vista su torso desnudo. Ella no esperaba algo así, ocasionándole un brusco cambio en su ritmo cardiaco que la hizo sonrojar de golpe. Volvió a tragar saliva. Odiaba sentirse nerviosa, pero no podía evitarlo. Se acercó con lentitud a su hombro izquierdo.

Rodeó su torso con sus brazos; llevando una a su nuca y otra a su cintura, y enterró sus colmillos sin usar mucha fuerza. El joven se quejó un poco, respirando agitado y apretando los puños. Sus jadeos entrecortados la emocionaron tanto, que tampoco pudo evitar jadear, bebiendo más, abrazándolo más.

-H-Hinata...

Fue su voz lo que la hizo reaccionar, separándose unos centímetros de su hombro, antes de limpiar sus heridas y los caminos de sangre a su alrededor. Cuando sus ojos se encontraron, se miraron fijamente por unos segundos... hasta que él sonrió de lado.

Llevó sus dedos a los labios de la joven y limpió de a poco la sangre que le quedó. Al no quitarse por completo, se inclinó hacia ella y la lamió. Mientras cambiaba de lado, su vista se nubló de repente.

-Qué raro... - musitó, siendo silenciado por los labios de Hinata, quien, volvió a tomarlo en sus brazos, para recostarlo sobre su futon y colocarse encima de él. Dándole pequeños besos, bajó a su cuello y a su pecho. - ...de pronto... me siento cansado...

La hibrida se detuvo, viendo atónita como cerraba los ojos y se quedaba dormido. Sonrió. Tomó la manta del futon y los cubrió a ambos, recostándose sobre su pecho.

-Perdóname, Sasuke. - susurró en la oscuridad, mirando su mano derecha completamente curada. - Mientras yo me recupero, tú te debilitas.

Cerró los ojos y, a los pocos minutos, también se durmió.

Fin del capítulo.


Con este capítulo, ya sentía que estaba padeciendo "bloqueo de la escritora" XD jajaja. Espero que les haya gustado! Muchas gracias por leer, nos vemos en el próximo! ;)