-¡Akamaru!
Llegando a la gran mansión de la que disponía el clan Inuzuka en el inframundo, Kiba y Enju fueron recibidos por un gran perro blanco, tumbando al joven al brillante piso de madera y haciéndolo reír con las lamidas que le daba en el rostro.
-Los estábamos esperando. - dijo Hana Inuzuka; la hermana mayor de Kiba, haciendo una reverencia. - Por favor, síganme.
Enju asintió. El castaño se levantó, dándole un par de palmaditas en la cabeza al perro blanco, y la siguió. Al fondo del pasillo principal, se encontraba el gran salón. Hana, parándose frente a sus invitados, abrió para ellos las puertas corredizas de par en par, dejando salir el humo del tabaco que fumaba su madre.
Tsume Inuzuka, conocida en el inframundo por ser una inquebrantable domadora de bestias, se hallaba acostada sobre un futon, vistiendo un elegante kimono verde oscuro y siendo acompañada por su amigo y camarada, Kuromaru. Un enorme perro con pelaje negro y blanco, y un parche en su ojo derecho.
-Qué sorpresa que nos visites, Enju. - dijo la mujer, sentándose en el piso y haciendo un ademán.
Hana se retiró, haciendo una reverencia y cerrando las puertas corredizas. La bruja alfarera y su sobrino se sentaron frente a Tsume. En medio de ellos, había una mesa rectangular de madera, donde descansaban varias tazas de té recién servidas. Sabían que llegarían en ese preciso instante.
-Díganme. ¿A qué debo el honor de su visita?
En silencio, Enju sacó de sus ropas el pergamino que Kiba encontró en su hogar.
-Necesito que me digas si la información escrita ahí es verdadera.
Tsume dejó escapar una nube de humo de sus labios. Hizo a un lado su larga pipa dorada y tomó el pergamino, abriéndolo de golpe para leerlo.
Era la letra de su bisabuelo, dando con lujo de detalle los pasos para realizar un antiguo ritual conocido como "intercambio de corazón". Al igual que una pequeña advertencia, en caso de que un humano quisiera realizarlo con un hibrido mitad demonio.
La mujer sonrió. Guardó el pergamino y lo colocó de nuevo sobre la mesa.
-La información es real. - aseguró. - ¿Le pedirás a tu protegida que lo haga?
-No estoy segura. - dijo Enju, agachando la mirada y frotándose las manos sobre sus piernas. - El precio a pagar es alto para ella. Y lo que es peor, no sabemos quién terminará perdiendo algo al final del ritual.
-Si... - asintió Tsume, tomando de nuevo su pipa dorada. - es un detalle minúsculo, pero desconcertante.
De repente, las huecas varillas metálicas que colgaban en la pared, comenzaron a moverse por cuenta propia.
-Ay, no... - dijo Kiba, nervioso.
Su madre rio a carcajadas.
-Parece que una catástrofe interesante sucederá en el mundo humano. - comentó, relamiéndose sus labios pintados de púrpura.
-Hermana. - la llamó Enju. - ¿Aún conservas los sellos especiales del bisabuelo?
-¡Claro! - sonrió, poniéndose de pie. - Tratándose de ti, estoy segura de que podrás controlarlos para ir a donde quieras.
-Bien. - la bruja también se levantó, seguida por Kiba. - Porque tenemos que regresar con Hinata lo más pronto posible.
PPPPP
Dando vueltas en el pasillo, Hinata tragaba saliva constantemente y se revolvía sus largos cabellos negros. En el interior del comedor; del templo más grande del clan Higurashi, Sasuke y los otros jóvenes se encontraban cenando, acompañados por Toga, Kushina y los demás adultos. Incluso Koryu, luego de haber sido descubierto por Sango, en la mochila que Haku le entregó a Sasuke horas atrás, estaba con ellos, degustando una gelatina de frutas.
Los únicos que no se hallaban presentes, eran Sesshomaru y Rin. Desde su llegada, la pequeña sacerdotisa continuaba inconsciente, por lo que el detective se negaba rotundamente a abandonarla en su cuarto. Aun si eso significaba no comer nada por horas.
Su padre había suspirado al principio. Le gustaba que fuera tan dedicado cuando se trataba de proteger a su amiga de la infancia, pero tampoco le parecía justo el convenio que se daba a sí mismo.
Fue entonces, que Kagome apareció como una salvación, dejándole una bandeja con comida recién hecha, en la mesita de noche. De ahí en adelante, no han sabido nada ni de él ni de Rin, llegando a la conclusión de que aún seguía sin despertar.
En eso, InuYasha llamó la atención de Kagome, poniendo una mano sobre su hombro derecho y señalando con sus ojos negros una dirección. En una puerta corrediza entreabierta, alcanzó a distinguir los ojos rojizos de Hinata. Sonriendo, se levantó de la gran mesa donde todos comían y se encaminó con tranquilidad al pasillo, abriendo una puerta corrediza detrás de ella, para llegar con la joven por el otro lado.
La hibrida, al verla llegar, dio un respingo, pensando que se trataba de alguna aparición demoniaca o algo parecido. Solo cuando la vio bien, gracias a las luces que traspasaban la abertura de la puerta corrediza, consiguió respirar con calma.
-¿Por qué no entras? - cuestionó la sacerdotisa. - ¿No tienes hambre?
-C-Casi no... - dijo, antes de que su estómago la delatara, gruñendo fuertemente.
Mientras bajaba la mirada avergonzada, Kagome comenzó a reír.
-Si quieres, puedes sentarte con InuYasha y conmigo. - comentó, una vez que se tranquilizó y limpió una lágrima de su ojo izquierdo. - Así no te sentirás tan preocupada por lo que los demás piensan de ti.
Hinata la vio en silencio.
-¿Por qué eres tan amable conmigo? - preguntó apenada.
A Kagome le extrañó la interrogante, por lo que, meditando un poco, se llevó un dedo a su mentón y observó las uniones de madera del techo.
-Creo... - musitó. - ...que es porque siento que eres como nosotros.
La joven la cuestionó con la mirada.
-Alguien... que tiene un poder que los demás no entienden. Que a veces se siente sola y rechazada. Pero... que al encontrar a alguien que la ama profundamente, puede seguir adelante y notar lo maravilloso que es el mundo en realidad.
Los ojos de la hibrida se abrieron como platos, quedándose callada por unos minutos. Tragó saliva. Se aferró a su brazo izquierdo y luego, juntas abrieron la puerta corrediza, llamando la atención de los presentes.
Todos, a excepción de Itachi y Sasuke, masticaban algo de lo que tenían a su disposición en la gran mesa, expresando una incomprendida sorpresa por su presencia. Ese detalle la puso más nerviosa de lo que ya estaba, sonrojándose de golpe.
-Vamos. - dijo Kagome, devolviéndola a la realidad y sonriéndole con calidez.
La menor asintió, intentando esconderse detrás de ella, sin éxito alguno. Mientras caminaba, podía sentir con fuerza las miradas de quienes la rodeaban.
Toga, A y Kushina estaban anonadados. Naruto, Sakura, Karin, Temari y Shikamaru también compartían ese mismo sentimiento, pero no eran tan obvios como los mayores. Mirai la miraba con una mueca, tragando lo que tenía en la boca, para luego darle un gran mordisco a una pata de pollo frito. Itachi y Sasuke, sonreían, al igual que la anciana Urasue, InuYasha, Miroku, Sango, Tsukuyomaru y Shiori.
Llegando a su lugar, se sentó al lado derecho del prometido de Kagome. Este, sin dejar de sonreír, le pasó de inmediato un plato y un vaso con agua. Después, la sacerdotisa, sentándose a su derecha, le sirvió con gentileza un poco de arroz.
-E-Espero que te guste. - la pequeña Shiori rompió el hielo con una gran sonrisa. - Yo misma lo preparé.
Hinata quedó asombrada ante su declaración. Tomando finalmente los palillos a su derecha, tomó un poco de arroz y se lo llevó a la boca. Estaba tan delicioso que varias chispas de emoción se mostraron en el interior de sus ojos rojizos.
De ahí en adelante, fue tomando varios alimentos con los que se encontraba, divirtiendo a los miembros del clan Higurashi. Mirai, sentada junto a Shikamaru, en los asientos que estaban frente a ellos, hizo otra mueca y se cruzó de brazos.
Si eran tan parecidas, ¿Por qué a ella la apreciaban tanto? ¿Por qué le daban tanto amor y cariño? No era justo...
Posando de nuevo sus ojos carmesí sobre Hinata, frunció el ceño.
Más tarde la haría pagar. Solo debía ser paciente y esperar.
PPPPP
Un rato después, en el que la cena ya había concluido sin inconvenientes y ya todos los invitados se hallaban en sus respectivas habitaciones, cobijados por la tranquilidad y la penumbra de la noche, Sango se dirigió a uno de los tantos talleres de armas de los que disponían, para limpiar su gran boomerang. El cual, al igual que las mochilas de Sasuke y Hinata, también había traído de la camioneta negra.
Poniéndolo sobre una gran mesa de hierro, sacó un trapo limpio del cajón de un mueble y una crema especial para lustrar. Impregnó el trozo de tela con el líquido y lo pasó de un lado a otro sobre su arma. Cuando consiguió ver su reflejo, recordó con nostalgia el día que la recibió de parte de su padre.
FFFFF
-El Hiraikotsu ha pasado de generación en generación, entre los primogénitos del clan Kuwashima. Y a partir de hoy, será tuyo, hija querida. - dijo el hombre con una gran sonrisa, entregándole el arma a Sango, que, en el aquel entonces, tenía 16 años. - En cada batalla, asegúrate de honrarlo, tal y como lo harías conmigo y tus antepasados. De eso dependerá su poder.
-Así será, querido padre. - afirmó, reverenciándolo.
PPPPP
Ese mismo día, al anochecer, Sango se reunió con sus amigas, afuera de una discoteca. Solo debían esperar a que dos personas más entraran, para disfrutar de la música estridente de la época y relajarse con unas deliciosas bebidas en la barra.
A su padre no le agradaba mucho la idea de que fuera a ese tipo de lugares. Pero, tratándose de una exterminadora de demonios en entrenamiento, confiaba en que si algo grave sucedía, ella podría lidiar con la situación sin exigirse demasiado.
Para su gran sorpresa, al entrar al sitio, sus pensamientos se hicieron realidad, ya que encontró a Miroku Higurashi; su prometido, peleando con un hombre físicamente más fuerte que él, ocasionando pánico entre las chicas que lo acompañaban.
Rodó los ojos. Se disculpó con sus amigas y saltó por encima de unas barras metálicas, para posicionarse delante del joven y darle su merecido al hombre que quería golpearlo, sosteniendo con fuerza su puño hasta hacerlo arrodillarse en el piso.
-¡Oigan, ustedes! - en eso, un guardia de seguridad los señaló al otro lado.
Sin perder el tiempo, Sango tomó el brazo de Miroku y lo sacó del lugar.
PPPPP
-Si no aguantas el alcohol, no deberías beber tanto. - le recriminó al joven Higurashi, dándole palmadas en la espalda mientras vomitaba en la taza del baño.
Afortunadamente, no tuvieron que correr mucho para encontrarse con un hotel, donde rentaron una habitación para descansar. Una vez que Miroku terminó, Sango le pasó una botella de agua para que se enjuagara y una toalla pequeña.
Después de limpiarse bien y de bajar la manija de la taza, el muchacho se levantó. Sin embargo, en lugar de caminar hacia la cama, como Sango lo tenía previsto, la terminó arrinconando en la pared, tocándola y besándola a la fuerza. Obviamente, ella no se dejó, empujándolo afuera del baño y tirándolo al piso alfombrado.
-Estás muy equivocado si crees que soy como una de esas mujerzuelas con las que te acuestas todas las noches. - dijo la joven con frialdad, cruzándose de brazos y viéndolo desde arriba.
-Aprende a divertirte, muñeca. - Miroku se burló. - Tarde o temprano seremos marido y mujer. Algún día tendremos que hacer el amor.
-Sí, seremos marido y mujer. - Sango se agachó a su altura y lo golpeó en la frente. - Pero eso no significa que deba entregarme a alguien tan inmaduro que no se respeta a sí mismo. - se levantó y se retiró de la habitación.
Miroku bufó, acostándose en la alfombra.
-Supongo que no tengo opción. Si queremos que esto funcione, tendré que convertirme en un hombre decente para ti.
FFFFF
-¿Sango?
Unos golpes a la puerta del taller la trajeron de vuelta al presente, girándose inexpresiva.
-Dime, InuYasha.
-Necesito que me acompañes. - comentó seriamente. - Se trata de algo importante que tú también deberías escuchar.
Confundida, dejó a un lado el trapo que estaba usando para limpiar a
Hiraikotsu y se permitió ser guiada por el muchacho de largo cabello negro.
PPPPP
Dentro de la habitación de Rin, no había otra cosa más que un silencio absoluto.
Sesshomaru, sentado a un lado de su cama, sostenía su mano, rezando y pidiendo que volviera a su lado.
Hace años que no hacía algo parecido. No desde que su madre quedó en coma.
De repente, escuchó un par de golpes en la puerta, abriendo de golpe sus ojos dorados.
-¿Sesshomaru? - Kagome lo llamó, abriendo la puerta y asomándose al interior. - Miroku y Sango ya están aquí.
-Tal vez deberíamos hablar en otro cuarto. - sugirió. - Rin podría despertar y entrar de nuevo en shock.
-Yo puedo quedarme con ella. - dijo InuYasha, empujando más la puerta para entrar. Sesshomaru volteó a verlo por encima de su hombro derecho. - Si despierta o pasa algo, te avisaré de inmediato.
El mayor suspiró, agachando un poco la mirada, antes de levantarse de la silla y apartarse de Rin.
No quería dejarla.
Así que, para armarse de valor, se repetía a sí mismo que solo serían por unos minutos.
Solo unos minutos y volvería con ella.
PPPPP
-¿Qué era ese asunto que querías contarnos sobre Kikyo, Kagome? - preguntó Miroku, sentado en una silla junto a la pared de aquel oscuro cuarto.
Sango estaba parada a su lado derecho, apoyando su espalda en la pared. Sesshomaru también estaba en una silla, acompañando a Kagome en la mesa redonda, donde reposaban varias velas, encendidas y derretidas, que eran su única fuente de iluminación.
-Tsubaki... - hizo una pausa. - ...la convirtió en una marioneta de barro y huesos.
Al escuchar aquello, los corazones de la pareja y del detective se estremecieron.
-¿C-Cómo? - preguntó el sacerdote, con los ojos nublados.
-Ocurrió durante su misión en el sanatorio Akasuna. - explicó Kagome. - Tsubaki engañó a la señora Chiyo y a su personal, disfrazando su muerte como un suicidio. -suspiró. - Pero, lo que en realidad pasó, fue que Tsubaki empujó a mi hermana desde un precipicio. Luego, se la llevó a su cabaña para retirar su alma de su cuerpo original y colocarlo en uno hecho de barro y huesos. - hizo otra pausa y agachó la mirada. - Tal vez, esto no tenga mucho sentido para ti, Miroku. Ya que los sacerdotes y sacerdotisas, estamos obligados a llevar a cabo un riguroso entrenamiento para suprimir nuestras emociones. Por eso, que una sacerdotisa de poderes oscuros pueda quitarnos nuestra alma, es impensable, incluso hasta ridículo. Pero mi hermana era diferente. Jamás pudo deshacerse del amor y el aprecio... que sentía hacia Sesshomaru. - las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. - Ni siquiera cuando nuestra abuela ya le había dicho con quien se casaría en el futuro. Por eso, por lo que le pasó, quiero hacer algo. - apretó con fuerza los puños y levantó la mirada. - ¡Quiero convertirme en suma sacerdotisa para evitar que algo así vuelva a suceder!
-Kagome... - Sango la vio con tristeza y comprensión.
En silencio, Miroku se levantó de su silla y se acercó a su prima, posando su mano sobre su hombro derecho.
-Lo lamento. Pero este cargo lo ocupará mi primogénito cuando llegue el momento.
Los ojos castaños de Kagome dejaron escapar un par de lágrimas más.
-Sin embargo, tomaré en cuenta lo que acabas de decirme y haré modificaciones al reglamento del templo Higurashi.
-¿Eso es posible? - interrogó Sesshomaru.
Miroku asintió.
-Hacer matrimonios por conveniencia es algo anticuado. - comentó, volteando hacia Sango. - Nosotros seremos los últimos en cumplir con esa regla y sepultarla para siempre.
La mujer de cabello castaño sonrió. Kagome, conmovida, se levantó de su silla y abrazó a su primo con fuerza.
-Gracias, Miroku. - dijo entre sollozos, ocultando su rostro en sus ropas. - De verdad... te lo agradezco...
De pronto, la puerta se abrió de golpe.
-¡Sesshomaru! ¡Rin despertó! - anunció InuYasha, sujetando la perilla.
Al instante, el mencionado se levantó y corrió de vuelta a la habitación de la joven. Asomándose al interior y recargando su mano en el borde de la puerta, comprobó que las palabras de su hermano eran ciertas.
Rin tenía abiertos sus hermosos ojos castaños.
Sin dudarlo, se acercó a la cama. Se sentó en la orilla y se dejó caer encima de ella, procurando no aplastarla con su peso, mientras la sostenía en sus brazos. Poco después, InuYasha y los demás lo alcanzaron, quedándose en el umbral de la puerta.
-¿Estás bien? ¿Te duele algo? - preguntó Sesshomaru, apartándose y juntando sus frentes.
-Vi... a mi mamá... - susurró con esfuerzo, sorprendiendo al detective y a los demás. - me dijo... que una desgracia está... - sus ojos se llenaron de lágrimas. - a punto de ocurrir...
Fin del capítulo.
A partir de este capítulo, me vi obligada a llevar a cabo algunas correcciones, ya que el contenido se estaba volviendo apresurado. La verdad, me alegra haberlo hecho, porque el resultado quedó mejor que el anterior.
Espero que a ustedes también les haya gustado este capítulo! Muchas gracias por seguir leyendo mi historia, nos estamos leyendo! :) ❤
