Aceptación Forzosa.
Nada...no había nada. No sentía nada, no olía nada, no escuchaba nada y no huele nada. Eso era lo que él "PODÍA" sentir, NADA. Todo lo que hizo, todo lo que él alguna vez quería hacer; ya no le daba sentido alguno. Lo que sí sabía, era que...posiblemente esté muerto. Tiene sentido, arriesgo su vida por salvar a todos de "La Torre", que no pensó en su propio existir. No. Tenía que ser…el "Héroe" de la historia, el salvador que destruyó al mal de este mundo y dar paz a todos sus habitantes...que cruel ironía.
Y para colmo, pensó que estar acompañado por una chica misteriosa que salvó de un cazador loco, haría su vida menos solitaria de lo que ya era. Que con ella, llenaría ese vacío que tanto anhelaba llenar…el ya no estar...solo. Fue un estúpido, confió en alguien y mira las consecuencias. Todos los momentos de confianza y respeto mutuo, solo para ser tirados al vacío...bueno, técnicamente, él fue arrojado a un obscuro y casi infinito vacío, del cual no tendría salida alguna. Así que si, su castigo sería, estar completamente solo en una habitación iluminada por una luz púrpura y el único objeto que portaba dicho cuarto. Una silla, una pequeña y simple silla de madera, no le dio nada, salvo un lugar para descansar. Estaba cansado, tanto física como mental, realmente nunca se concentró en cuan cansado se sentía. Recordó por qué razón estaba en ese lugar tan solo, recordar todo lo que vivió alguna vez; cada acción tomada, lo llevó a estar aquí.
He...reiría si pudiera, pero eso claro no era posible, estaba en la "Nada". Como su nombre indica, no había nada para él, solo la leve sensación de que este era su fin. …Fue injusto...¿Que fue lo que hizo mal?…, ya no importa. En ese momento, solo podía aceptar su realidad...su fin lego. Preparándose para entregarse a los oscuros brazos de la muerte…el...cerró sus ojos.
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-¿Es todo?-
Eso...fue...¿una voz?. Con lentitud...Mono abría sus ojos, tratando de ver y acostumbrarse a la luz brillante que lo alumbraba. Todo lo que alcanzó a ver, antes de cubrirse con sus brazos; fue una figura alta y larguirucha frente a él. El miedo volvió a él, por lo que, esta figura podría hacerle; más ahora que esta luz le quitaba visión. Siseando por el esfuerzo de ver, se atrevió a lanzar una pregunta.
-¿¡Quien eres!?- Preguntó con fuerza pues la luz se intensificó con la pregunta.
-Hace tiempo que lo olvidé, pero la pregunta aquí es; ¿TU, quien eres?- Respondió y contrarrestó la figura.
-Tampoco lo sé…- Su respuesta bajó un poco la intensidad de la luz.
-Hmm...¿Sabes porqué estás aquí?- Volvió a interrogar la extraña figura.
-N-no.- Dijo simplemente, pues no sabia que hace aquí. Con ese pensamiento una pregunta se le vino a la mente.
-¿Que es aquí?- Pregunto mirando para otras direcciones y lo único que vio fue blanco puro y brillante.
-Es lo que tu creas que es.- Su respuesta fue muy sencilla.
-Entonces...¿Estoy en el cielo?- Volvió a mirar los alrededores.
-Si lo fuera, ¿que esperabas ver?- Preguntó.
-Pues...no lo sé...ángeles y más personas, sin sufrimiento alguno.- Dijo decepcionado, había escuchado relatos sobre esa religión sobre un Dios que perdonaba los pecados de los hombres y dependiendo los pecados que cometiste y tu fe hacia esa Deidad, serias llevado a un lugar llamado paraíso.
-La realidad es desalentadora.- Le dijo.
Si lo sabía. Toda la vida se basaba en las acciones de las personas; las decisiones que tomamos...definen nuestro ser. En toda su vida, lo único que la dicha le enseñó y los eventos que vivió, le recalcaron que; todos se valen por sí mismos. No hay dioses que nos protejan. Solo niños y monstruos.
-Entonces...si no es el cielo...¿debo estar en el infierno?- La suposición sería válida, este lugar debía ser el lugar donde sus pecados serán castigados.
-Si fuera un infierno...esto sería un pozo de lava y dolor, con personas que pecaron toda su vida. ¿No crees?- Le dijo negando su pregunta.
Esto ya empezaba a molestarlo, ¿si no es el cielo, pero tampoco es el infierno, entonces qué demonios era este lugar y que se supone que debe hacer?
-Entonces señor "Sabio", ¿que es este lugar si se puede saber?- Mono le reprendió enojado, sus ojos juzgaban a la alta figura del hombre.
-Ya te lo dije, es lo que tu quieras que sea…- Le respondió con toda la calma del mundo. Esto molestó a Mono.
¡Esto era el colmo!, no solo está atrapado en un lugar que ni siquiera reconoce, sino que también está con un sujeto cualquiera que lo sacaba de quicio. Está considerando seriamente que esto es su propio infierno personal.
-No digas tonterías, esto no es tu propio castigo personal, se por experiencia propia que el destino solo esta en tu contra- Le reprendió el extraño sujeto.
¿Como?...¿cómo se atreve?...¿¡COMO SE ATREVE!?. La ira de Mono alcanzó su límite, tanto fue su coraje que se lanzó de la silla con un brazo hacia atrás. A Mono no le importaba que la luz lo cegara o saber cómo tuvo la fuerza para saltar tanto como para llegar hasta donde creía que estaba este extraño hombre irritante. Solo se concentró en descargar su ira.
-!AAAAHHHHH¡- Grito en enojo. Lanzando su brazo hacia el cuerpo del adulto.
El puño solo tenia unos centímetros de distancia antes de tocar la cara del hombre. Pero justo cuando parecía darle de lleno, su puño solo traspasó su rostro sin forma, el resto de su cuerpo siguió el trayecto. Cuando traspasó el cuerpo del extraño una sensación de frío recorrido todo su ser, como si su cuerpo fuera el de un muerto.
-!AARGHH¡- El frío paraliza su cuerpo, lo que evitó que se protegiera de la caída que le esperaba al lanzarse imprudentemente. El frío fue reemplazado con dolor, lo que pareció ser un suelo en todo el brillo se manifestó ante él con su cuerpo tendido en él.
Mientras el intentaba recuperarse del dolor, el espectro...se volteó en su posición hacia el joven tendido en el piso mientras se retorcía por la dolorosa caída. El fantasma solo negó con la cabeza, parecía haber esperado esa reacción del niño.
-Tan impulsivo, esto y mucho más fue lo que nos puso aquí en primer lugar...- El hombre siguió regañandolo, claramente se estaba burlando de él, aunque no lo parezca.
Mono recuperó un poco de movilidad, solo pudo ponerse de rodillas con los brazos de soporte mientras su cabeza estaba mirando el suelo.
-...Tu...no sabes...- Lo que dijo captó la atención del adulto que procedió a preguntar por tal afirmación.
-¿Qué es lo que no se…?- Preguntó buscando explicación. Mirando como el cuerpo del muchacho comenzaba a temblar.
Mono no lo escucho, solo siguió diciendo; no sabes, una y otra vez. Su voz quebrada revelaba su estado de ánimo. Roto y sin consuelo alguno.
-No…que vas a saber...tu...Tu…!TU¡…!TU NO SABES NADA¡- El dolor de todo lo que le paso, fue mostrado cuando levantó su rostro lleno de lágrimas en forma de cascadas que caían de sus mejillas, pero el sufrimiento también se convino con dolor y odio.- !Crees que sabes lo que siento¡ !pero no lo sabes¡- Su dolor e ira lo llevaron a golpear el suelo con su puño sin importarle el dolor que le causó, pues sentía algo más doloroso.
Aquel hombre miraba como el pequeño niño, golpeaba su puño contra el suelo, repitiendo el proceso hasta que la sangre se presentó en pequeñas cantidades que iban en aumento. Con calma se encaminó hacia el joven, se arrodilló y con una mano debutó los golpes de mono. El chico trató de zafarse pero no tenía ni la fuerza ni la voluntad de seguir. El cansancio vino de lleno en él, su cuerpo se desplomaba en el suelo como incontables veces, solo que en vez de un suelo duro y frío; sería una mano suave pero fría que lo detendría en su descenso al piso.
-Tal vez...eres tú quien necesita saber qué es lo que es el sufrimiento verdadero...- El hombre le dijo, poniendo su otra mano sobre su cabeza. De inmediato, Mono sintió una sensación electrizante recorrer todo su ser, sus ojos se abrieron con un brillo intenso que nos ciega por un momento.
-Pov desconocido-
Cuando Mono recuperó la visión; se encontraba sorprendentemente de nuevo en el bosque. Específicamente en el mismo lugar que comenzó su aventura, ¿pero como?, cuando trato de mirar hacia la izquierda su cuerpo hizo lo contrario. Sin tener tiempo para preguntar, su cuerpo se levantó del suelo pastoso y se dirigió hacia un lugar que él recordaba perfectamente. Repentinamente, su entorno cambió. Ya no estaba en medio del bosque, sino en la cabaña del cazador, justo en el momento que encontró a Six y la sacó de la cabaña. Vio como él le ofrecía la mano para sacarla de allí, asegurando la seguridad, Six salía lentamente de abajo de la mesa y acercaba lentamente su mano a la suya. Pero cuando las dos iban a tocarse la imagen volvió a cambiar y todo más intenso.
Ahora ambos se encontraban en aquella puerta que los guiaba hacia la ciudad pálida, surcando el oscuro río con innumerables desechos y televisores. Cuando vieron a la ciudad dándoles la bienvenida con un aura tétrica y oscura, como si aquí fuera el último lugar donde se verían de nuevo.
-¿!Qué es esto!?- le preguntó a alguien, nadie respondió.
La imagen cambió a los momentos de la escuela, cuando recorrían los pasillos terroríficos del edificio teniendo cuidado con la sombra de quien dirigía el lugar. El casi siendo asesinado bajo un casillero mientras tenebrosos niños de porcelana se llevaban a Six mientras él no pudo hacer nada. Cuando fue a rescatar a su compañera de viaje y tuvo que pasar por la "Maestra" y su extraño cuello largo. El comedor en caos por muchos niños porcelana haciendo desastres y el pasando desapercibido por una cabeza que él mismo le arrancó a un muñeco. Todo eso para desatar a una Six tendida cabeza abajo en el techo por dos de esos mini monstruos. Por último cómo se las contaron para escapar de la maestra persiguiendolos en las ventilaciones que los llevaban hacia fuera del edificio.
-¿!Que se supone que significa esto¡?- Él volvía a preguntar -!Solo son los momentos que me llevaron a esto¡- Él replicó llamando a aquel hombre.
Otra vez, la imagen cambió a hospital. Pasillos fríos y medio oscuros, algunos sin luz. Encontrando una linterna funcional que les daría iluminación en la oscuridad, manos vivientes desprendidas de sus cuerpos y arrastrándose con sus dedos para atraparlos. Puertas y elevadores que se abrían con fusibles, maniquíes que cobraban vida de la nada. Un cuarto con un abismo muy peligroso con camas colgadas en el aire entre sí con sábanas y el terrible y loco doctor que se movía en el techo como una araña experimentando con los maniquíes. Él y su compañera huyeron de él, para luego encerrarlo en un incinerador escuchando sus gritos de súplica y dolor. Este recuerdo le dio pena.
El y ella recorriendo la ciudad, teniendo cuidado con gente de cara hundida en sus rostros que solo se enfocaron en los televisores pero que si se desconectaban de estos llegaban a ser una verdadera amenaza, algunos de ellos suicidándose desde las alturas, estructuras a veces confusas e inestables y lo peor vino cuando se encontraban en esa habitación y el momento donde emergió esa...cosa. El vio como se escondía cobardemente en esa cama mientras Sis prefirió esconderse en una mesa de luz, tropezando, trato de llegar a él pidiéndole ayuda; pero el solo se encogió por el miedo que le generaba en particular esa criatura. Al final solo vio a un vestigio de su amiga desapareciendo poco a poco viéndolo como si estuviera juzgando.
-no...no...por favor…basta...Basta.- Suplicó al extraño que terminara estos tortuosos recuerdos.
Vio como él mismo viajaba con el objetivo de llegar a esa torre y salvar a su amiga raptada, esquivando más espectadores y tele transportarse por televisores para llegar más cerca de su misión. El huyendo del hombre larguirucho por los edificios hasta llegar a aquel tren, donde sería herido y obligado a pelear.
-!Basta, basta, te lo suplico. Detente¡- Le suplico a gritos pero nada sucedió.
Se vio moviéndose adolorido de un brazo mientras esa Six oscura aparecía y desaparecía a su alrededor. Subiendo unas escaleras que lo llevaron hacia un camino recto y allí estaba...La Torre de señales...el principal mal de este mundo, parándose imponentemente desde los cielos. Él caminaba lentamente con las pocas que le quedaban hacia esa maldita torre. Pero se vio, detenido otra vez por el larguirucho parado más adelante de él. Eso era todo, no había esperanza, no había fuerza. Quiso rendirse pero...cómo podría dejar a Six sola allí, después de todo lo que pasaron...no...no se rendirá, !No AHORA¡.
Con fuerzas que ni el sabia que tenia, se saco la bolsa de papel de su cabeza. Su santuario que lo mantenía a salvo del mundo se alejaba por la lluvia hacia una dirección que él no se preocupa por seguir, ya no. Levantándose con su nueva voluntad renovada, se enfrentó a la pesadilla frente suyo. Cada vez que el hombre larguirucho intentó agarrarlo, él lo detenía y debilitaba con una extraña energía que lo ayudó a tele-transportarse por toda la ciudad y unas cuantas veces mas y el hombre delgado fue derrotado.
-!Basta...basta¡- El suplico llorando, ya no quería ver esto.
Se vio dirigirse hacia la torre y esta le abrió sus puertas, dándole su bienvenida hacia su propia condena. Las imágenes pasaron más rápido, para su infortunio. Las escaleras, las puertas, el encontrando a Six comprimida de la señal, el y ella por la lucha de una caja de música. El logrando salvarla y la torre rodeándolos con carne y ojos, él y ella huyendo. Ella esperándolo del otro lado ofreciendo su mano, el salto para salvarse del abismo…y...ella soltándolo.
-ha...ha...ha- Mono respiraba entrecortadamente, esas imágenes le afectaron demasiado, se secaría las lágrimas si pudiera, al menos se acabó.
Pero todo volvió a empezar, de principio a fin, todo volvía y empezaba de nuevo. El lloro más fuerte y con su llanto los recuerdos dieron paso a un recuerdo que él no poseía. El estaba sentado en la silla dentro de esa habitación extraña, sin fuerza y sin motivo para seguir. La imagen cambio mostrándolo un poco mas grande y sin su gabardina café, la imagen cambio y ahora era un adolescente, la imagen volvió a cambiar y era un adulto joven con piel muy pálida y la ultima imagen daría paso al entendimiento...ahora...el era un hombre muy alto con un traje de su talla, sombrero que ocultaba su rostro superior, zapatos negros y camisa blanca debajo. La imagen se iba alejando de la habitación mostrando cómo la misma era cerrada por una puerta con un ojo estampado.
-Pov Mono-
Mono se despertó sobresaltado y con su respiración agitada, miró sus manos temblorosas, no lo creía...no podía creerlo...no quería creerlo. Volvió a llenarse de lágrimas y se echó en el suelo en forma de bola sujetando sus piernas con fuerza.
Aquella extraña entidad miraba como aquel que desafió a la torre, lloraba cual niño que era al enfrentar su cruel realidad.
-¿Ahora sabes quien soy…?- Preguntó impasible como siempre.
-Er-somos..snif...el...Hombre delgado...snif.- Dijo con voz quebrada, ahora vio la verdad, el...era un monstruo.
Niño y adulto corrompido. Se miraban a los ojos, uno con dolor de tener que afrontar otra vez a sí mismo y otro se mostraba al fin, el hombre delgado o Mono o quien fuera que era miraba a su yo más joven con una mirada sin emoción pero por dentro sentía una gran empatía. Ambos iguales pero muy diferentes, ¿que le esperara a ambos?, pues eso se verá pronto.
