Un mundo en desorden.
Las olas del mar se movían sin interrupción alguna, el azul profundo llenaba el océano, los rayos del sol les daba cierto brillo a la superficie del agua. Una sombra en movimiento se mostró cerca de las olas, un cuerpo de una criatura pequeña surcaba los vientos sobre indomables olas del mar en movimiento, dos extremidades se erguían para darle la capacidad de volar, plumajes de color blanco y partes de color que varia entre gris y negro al final de su cola. Un ave que surca siempre sobre el turbio mar, las gaviotas, nuestro emplumado animal volaba libremente sin nada que lo detuviera, pero como toda ave tiene que descansar y por eso es importante buscar tierra firme.
Como es común en su especie prefieren las costas de las playas y para su suerte había una cerca. Divisando la arena seca voló más cerca del suelo y aterrizó encima de un televisor…Sí, como oyen, un televisor. El dispositivo de entretenimiento se veía sucio y malgastado por la arena, de color gris muy oscuro, ya hacia alli, abandonado en la playa. Y no era el único.
La vista se amplía y muestra una playa repleta de televisores con unas cuantas gaviotas que graznaban. Uno que otro cangrejo se arrastraba por la arena, al lado de la playa curiosamente se encontraban unos edificios altos y con fallas en sus estructuras. La vista se vuelve a ampliar y se alza sobre los edificios mostrando tras de sí una inmensa ciudad. Repleta de otros edificios casi o en iguales condiciones que los antes mencionados, unos curvados hacia cierta dirección en particular, se hallaban tiendas, departamentos, una escuela y un hospital, pero lo extraño de todo era lo silencioso de lugar, los únicos sonidos que se escuchaban eran el viento ocasional y una que otra ave que volaba por ahí.
Todo se encontraba abandonado, no había nadie en el lugar.
CRASH-CLINK
Un estruendo se hizo oír por el lugar, los sonidos de caídas de cosas y botellas de vidrio característicos eran inconfundibles. En uno de los callejones de dos edificios separados se muestra repleto de basura y cajas con contenido de cualquier tipo, los mismos sonidos volvieron a repetirse y en unas cajas cercanas que hacían ciertos movimiento extraños, cuando de pronto, entre un montón de cajas se mostró una figura pequeña y bípeda, con ropajes harapientos y sucios.
Un niño, un niño de cabellos castaños oscuros andrajosos, vestido con una camisa roja desteñida, pantalones grises hasta por encima de sus pies descalzos y con rasguños que le cubrían. Por su altura debería tener unos diez años de edad, hurgaba en las cajas tirando unas que otras cosas sin utilidad, como comida mohosa, latas viejas, botellas, etc. Urgo con más desespero pero al no encontrar lo que buscaba solo gruño con enojo antes de salir de allí.
Saliendo de los oscuros callejones, caminaba sin rumbo pero siempre alerta por cualquier amenaza que se aproxime. El suelo le raspaba sus pies, aunque ya estaba acostumbrado nunca hacía falta una buena protección en los pies. Un rayo de sol le golpeó en la cara ocasionando que se cubriera la cara con una mano para tapar sus ojos, mirando el cielo ligeramente nublado de color azul claro y el sol brillando eternamente en horizonte. Sacudiendo su cabeza continuó su camino, debe llegar lo más pronto posible hacia su destino.
Camino unas cuadras más y llego a donde quería. Un edificio en mejor condición que el resto, no doblado hacia ningún lado y casi sin ninguna grieta, este era su santuario, su refugio. Si uno quisiera entrar tendría que cruzar la puerta pero estaba tapiada con tablones de manera, la ventanas estaban en iguales condiciones por lo que tampoco serían una opción. Rodeando uno de los lados del edificio buscó algo entre la pared y vio un contenedor de basura colocado junto a la pared .
Acercándose a un costado del contenedor, empujo el basurero y al hacerlo reveló un hueco en la pared de su mismo tamaño, casi entrando en él se volteo y con algo de esfuerzo volvió a colocar el contenedor a su lugar.
El lugar estaba en desorden, algo normal en un lugar como este. En donde se supone que es la entrada principal junto a las ventanas de frente había un sofá algo mugriento, en medio de todo una alfombra llena de polvo y descolorida y sobre ella una pequeña mesa de su mismo tamaño con algunos objetos de interés sobre la misma. El polvo viajaba por el aire, un olor a suciedad inundaba todo el espacio. Suspiro y se acercó a la pequeña mesa e inspeccionó sus objetos.
Sobre la mesa se hallaban diversas cosas: mapas un tanto estropeados, una pequeña brújula, un cuaderno de cubierta algo malgastada, un pequeño arco y algunas flechas hechas a mano y uno que otro papel. Mirando entre cual escoger optó por el viejo cuaderno, lo abrió y pasó página por página, su contenido varía entre escrituras y retratos hechos por él mismo. Llegó a una hoja en particular casi usada hasta por completo. Agarrando un lápiz cercano empezó a escribir.
[Bitácora: este es el…no recuerdo el tiempo exacto desde que llegué a la "ciudad prohibida".
Me encomendaron explorar este sitio para asegurar que es un lugar seguro donde establecerse.
Como dije en las primeras notas, soy parte de un grupo mediano de supervivientes de los momentos antes de la destrucción de la torre de señales, mi líder me designó esta tarea peligrosa a mi ya que soy de los exploradores con mayor éxito, él y los demás esperan noticias pronto.
También me contaron de un extraño sujeto que deambula por esta ciudad, cuando exploraba encontré cuerpos mutilados en ciertas partes de la ciudad. Me sorprende que haya alguien siquiera aquí, esta ciudad está infestada de "Sunken Faces", les decimos así por obvias razones.}
Son violentos y atacan a todo lo que se mueva incluyéndose unos a otros. Puede ser sencillo si van en solitario pero es recomendable esconderse y esperar a que se marchen cuando están agrupados, no tengo idea de como pueden ver sin ojos.
En fin se hace tarde y tengo que reponerme, aquí tienes que tener ojos en tu espalda literalmente, porque no sabes qué es lo que puede llegar a sorprenderte.]
Cierra el cuaderno y lo deja sobre la mesa. Suspira de cansancio, todo por nada. Este lugar no es seguro, tendrá que decirle al líder que abandone la idea de habitar aquí.
Se levanta y se va a un dormitorio que usaba para descansar, estaba medio limpio sin contar la mugre en el piso y cosas desperdigadas por ahí. Fue hacia la única cama que había, levantó las sábanas, se acostó y se arropo con ellas. Deseando que él y su grupo finalmente tengan un lugar al que llamar hogar, con eso en mente se entregó por completo al sueño, esperando que mañana sea mejor.
Sin saberlo en la azotea de ese mismo edificio, una persona estaba sentada en el borde mirando el horizonte estrellado de la noche en la ciudad, lo más curioso de esta persona fue esas extrañas partículas que desprendía su cuerpo.
