Hola!

No puedo creer lo rápido que se han pasado las semanas DX

y el capitulo solo se alargaba y se alargaba. Como tenía aparte el flashback y la historia principal, no me dí cuenta de la extensión hasta que los uní.

En fin! solo estoy a dos semanas de terminar el dichoso entrenamiento y tener tiempo para mí, y por extensión para las historias y ustedes uwu


Capítulo IX

"Citas y verdades"


Adora estaba a punto de entrar al supermercado cuando una polilla anciana salía, y se le cayeron sus recibos y papeles, la rubia se agachó para ayudarla y al incorporarse a contra luz de la plaza comercial, el recuerdo de la noche le llegó. El vago reflejo de mirar a alguien directamente hacia arriba. Entre sonrojos se apresuró a devolverle sus cosas a la polilla, que le sonreía dulce y agradecida, y Adora se retiraba un momento a las grandes columnas de los costados de la entrada.

¿Por qué veía a Catra desde abajo? ¿Qué había pasado?

El fondo del recuerdo era borroso. Adora no podía ubicarse ni en el tiempo ni en el espacio. Pero la idea de ver a Catra hacia arriba, no era del todo desagradable. Nada desagradable.

Ahora ya no sabía como enfrentarse al desayuno que tendría dentro de poco más de una hora.

Glimmer siguió viendo a Catra para trabajar en su propuesta. Se veían en los descansos y Catra le estaba enseñando todo lo que ya sabía de la compañía en el que estaba siendo su segundo año de trabajar ahí. Le caía tan mal a veces. Era divertida, sarcástica, apasionada, y una niña berrinchuda. Catra atacaba constantemente su falta de experiencia en el mundo real, el dinero de mami y papi, sus mil cursos y ningún trabajo.

Glimmer se reía siempre, se mofaba de vuelta y presumía algún estúpido cliché de niña rica que solo confirmaba las bromas ácidas de Catra. Cómo cuando la gata le preguntó cuál había sido más difícil de decidir; si un pony o un nuevo cuarto de juegos en su mansión. Y Glimmer, con ese brillo picaresco en su mirada, le respondió que lo más difícil fue decidir cómo llamar al pony y qué tan grande sería el cuarto de juegos.

Catra de verdad no la toleraba.

Y más cuando en medio de las bromas, sacó a relucir que aunque no venía en su curriculum oficial, Glimmer no tenía experiencia en ningún trabajo pagado. Pero tenía un montón de experiencia administrativa ofreciendo sus servicios voluntarios a fundaciones y organizaciones sin fines de lucro de todo tipo, pero en especial los que atendían marginalidades y animales.

Por eso es que había sabido identificar la problemática en su departamento. Aunque según Glimmer, cualquiera con dos dedos de frente tendría que ver que unos caprinos no podían trabajar a la misma temperatura que unos úrsidos ni lagartos.

Las bromas seguían, la picardía iba y venía entre las dos.

Catra tenía una amiga caprina, una advenediza que toleraba porque la alababa, que pronto señaló lo pesada que era Glimmer, leyendo incorrectamente el fuego en la mirada bicolor que quería incinerar a tal gerencilla.

Adora se alistó cuando llegó a su casa, con los ingredientes para un desayuno principesco. Había avanzado un poco con su investigación auto impuesta sobre los magicats, por lo que ya sabía que la proteína era esencial en su dieta. Y a ella también le sentaba excelente para mantener esos bíceps que tanto le gustaba flexionar. Dejo a medias las cosas en la cocina y fue a cambiarse. No estaba segura de qué ropa usar. Quizás le estaba dando muchas vueltas al tema.

El Sol le daba una caricia placentera desde la ventana y en vez de unos jeans, para no recaer completamente en unos shorts, se le antojó algo que ya tenía una época sin usar. Un ligero y hermoso vestido blanco, con flores entrecruzadas en el diseño, pintadas suavemente como si fueran una acuarela sobre la vaporosa tela blanca. Las flores eran azules y lilas y amarillas, muy suaves. Con un escote delicado, le dejaba los brazos desnudos desde el hombro y se notaba su espalda fuerte y su figura general se veía más femenina solo por el corte del vestido a la cintura, que le llegaba unos centímetros debajo de las rodillas. Se dejo el cabello suelto, sujeto solo un poco al lado con un broche dorado. Unas sencillas sandalias de meter complementaron el atuendo.

La rubia regresó a la cocina, sintiéndose graciosa y ligera. Pocas veces lograba sentirse así. Se sentía bien haciendo algo por sus vecinas y por un momento se preguntó cuántas veces tendría que salir con Catra al gimnasio, a correr, ahora incluso por un trago para dejar de verla solo como la hermana de Kate.

La magicat de color durazno, al otro lado de unas cuantas paredes, dudaba frente al espejo sobre que ropa usar ante la inesperada invitación. Kate tocó a la puerta y Catra bufó frustrada, sabía que ya era hora de ver a Adora, pero seguía en ropa interior con el resto de su ropa desperdigada alrededor. Estaba consciente de que tampoco era una cita pero con las revelaciones de la noche previa era complicado no querer impresionar a la casi siempre ecuánime pediatra.

Ante los apuros de Kate, que usaba unos sencillos shorts de mezclilla clara y una blusa con olanes, se decidió por una blusa de tirantes roja que alguna vez le había cubierto el ombligo y unos leggins negros. Era un vestuario muy asiduo para ella pero sabía que le sentaba muy bien.

Después de ese primer almuerzo, se les hizo costumbre compartirlos. Catra no tenía muchos amigos por principio, y aunque Glimmer era descarada con ella, le sorprendió encontrar que con otros era formal y hasta tímida. ¿Quién iba a pensar que era tímida si le lanzaba tales miradas que la encendían?

La idea era ir a cenar.

Catra salió de su casa bajo la mirada acusadora de su madre. Ni siquiera tenía claro cuál era el problema. Solo saldría con una amiga. Su padre era más tranquilo pero poco importaba contra lo que su madre tuviera qué decir.

Con todo, saludó a Glimmer con una sonrisa ladina y auténtica. Estaba en sus usuales jeans, pero en vez de tennis, traía unas botas y una blusa de cuello alto, lila, con un par de brochecitos a la altura de la unión de las clavículas para después abrirse en zendo escote y dejar casi todo su pecho al descubierto. Nada más cerrarse la puerta, se quedaron calladas. Fue Catra la que le invitó.

Disfrutó del escote de su acompañante y subió la mirada, para encontrarse con esas orbes violetas, satisfechas.

Los segundos se extendían, y después las dos se gatillaron al mismo tiempo. Glimmer se echó para atrás un poco para recibir a Catra con los labios y los brazos abiertos. Cuando la gata le mordió un poco el labio, gimió entre los besos y se giró más hacia ella. Era su primer beso, y prometía mucho.

¿A cenar? —Preguntó en un respiro.

Catra le contestó con un gruñido.

¿Hotel? —Y un ronroneo empezó.

Ya nos estamos entendiendo.

La pelirosa le sonrió mientras bajaba su mano por el muslo enfundado en cuero. Siguieron con los besos.

No podemos irnos si no me sueltas. —Otro gruñido le respondió. —Vamos, Catra.

Mueve ese trasero entonces —Glimmer sonrió complacida. —No debería sorprenderme que hasta tu auto sea rosa.

Y salieron disparadas al hotel lujoso más cercano que encontró la hija de mami y papi. No muy lejos había otro hotel de los que Catra estaba acostumbrada a usar, cuando lo pasaron de largo, las orejas le temblaron un poco pero no dijo nada. Más adelante existía otro. Pero antes de llegar, el estacionamiento de un edificio todo metal y cristal las engulló.

Solo unos minutos después de la hora, las hermanas tocaron a la puerta con el arco y la flecha. Catra volvía a preguntarse qué representaban para Adora, o si era solo por Lancer.

—Tanto tiempo para que te pongas lo mismo de siempre —Susurró Kate mientras movía una oreja al unison de Catra, porque se escuchaban los suaves pasos de Adora acercándose a la puerta.

—Cállate si no vas a decir nada útil —Le respondió entre dientes, con una mueca. Su hermana le respondió solo con una risita, ya que la puerta se abrió.

La cara de las dos fue de sorpresa.

Kate había visto ya antes de vestido a Adora, y con ropa formal, por los eventos de la escuela, pero nunca así de relajada. Su mueca de sorpresa cambió rápidamente a una gran sonrisa de gusto, mientras Catra no recordaba ni cómo respirar. La tímida sonrisa de Adora se acentuó un poco ante el recibimiento de las hermanas.

—¡Wow, Adora! Te ves excelente. —Kate dijo las palabras en el tono exacto de amistoso placer que Catra hubiera querido poder expresar, y no quedarse solamente con la boca abierta como una quinceañera.

Era el segundo golpe que recibía del cabello suelto de Adora en menos de doce horas. Y era la primera vez que la veía con un vestido. Se miraba tan hermosa, relajada, que de pronto tuvo ganas de pintarla en medio de un parque. O de tener una cita en el parque con ella.

Era una preciosura.

—Gracias —Sonrió. —Pasen, ya tengo casi todo listo.

Se hizo a un lado para que las hermanas pudieran ingresar y cerró la puerta. El aroma del café recién hecho llenaba el ambiente. Catra lo necesitaba con urgencia para distraerse. Se concentró en el lugar: era la primera vez que veía la mesa sin utensilios de estudio, y ya no estaban los juguetes que normalmente adornaban el piso de la sala.

Se notaba que Adora se había puesto a la acción desde que le mandó el mensaje, o incluso antes. Por un momento, deseó que su pequeña ayuda con el agua y los analgésicos le sirvieran a su anfitriona.

La fachada entera del edificio era funcional y austera, la única fuente de color, el logotipo de "Golden Rose" en letras bold. Y la rosa dorada, abierta y magnífica, con algunas hojas y espinas. Sin embargo, solamente entraron y luces en tonos cargados de rojo, violeta y azules, empezaban a crear el ambiente. Las recibió un mayordomo con uniforme negro.

Los hoteles a los que Catra había ido ni siquiera tenían uniformes, aunque claramente pedían a su personal buena presentación, pero no uniforme. De pantalón negro y la parte de atrás del chalequillo también negra, la camisa era blanca y almidonada. El frente del chaleco y la corbata de moño eran dorados.

Buenas noches, señoritas. ¿Tienen reservación?

Buenas noches. No, no tenemos —Dijo Glimmer con ligereza.

El mayordomo no varió su amable y atenta expresión para nada en su rostro joven de fauno.

En ese caso, tenemos solo unas habitaciones disponibles. ¿Prefiere una suite o una villa? —Respondió amablemente.

Una villa, por favor —Catra entonces recordó desde otro ángulo todas las bromas acerca de lo asquerosamente rica que era la familia Moonrose.

Excelente elección, señorita. Pase al siguiente módulo para que la atiendan —Hizo una pequeña reverencia cuidando sus cuernos y Glimmer le sonrió y piso el pedal.

¿Una villa? —Preguntó con cierto recelo Catra.

Quiero escuchar fuerte y claro tus maullidos —Y la gata se abochornó tanto que no le importó sentir en su muslo la mano caliente de su compañera.

Llegaron a una ventanilla con una combinación que despertaba emociones en Catra. Las maderas finas resaltaban en sus colores naturales contra paredes oscuras forradas en tela. Los cuadros que se veían ofrecían imágenes sensuales y sugestivas sin caer en lo explicito e involucraban gran cantidad de therians y corporalidades.

Las atendieron igual de amables y diligentemente. Les pidieron esperar más adelante en lo que tenían lista la villa. Glimmer ni siquiera se molestó en preguntar el precio, se limitó a poner su huella dactilar sobre el lector y el cobro estuvo listo. Catra se debatía entre dejarse consentir o mostrarse aprensiva. Todavía no conocía lo suficiente a Glimmer como para saber si iba a tener que compartir algo de los gastos. Posiblemente pudiera cubrirlos pero también le dolería a su cuenta.

Les ofrecieron una bebida en lo que esperaban y Glimmer pidió un vino rosado y la sonrisa autosuficiente que le entregó a Catra, le hizo saber que otra vez la estaba provocando. Pero el vino estaba delicioso y fresco, por supuesto, con su toque frutal le encantó a Catra, que casi siempre iba por las bebidas más fuertes, un buen whisky, un vodka que quemara la garganta.

Después de tan solo diez minutos, les permitieron el paso y la niña consentida manejó con cuidado hasta la villa abierta y la puerta levadiza se bajó sola. Le dio un último apretón al muslo de la gata y salieron por fin. Catra decidió que se preocuparía después, por ahora solamente se dejaría sorprender para variar, porque ella solía ser quien cazara.

No le importaba dejarse llevar un momento.

¿Has venido aquí? —Preguntó de la manera más casual que pudo.

Solo a la sede en Mystacor —Sonrió Glimmer.

Eres una descarada —Sonrió también Catra mientras terminaba de subir las escaleras en una ligera curva para encontrarse con todo a media luz, incluso para su excelente visión, Glimmer no debería de ver nada.

Adora las invitó a sentarse mientras ella terminaba de llevar las cosas a la mesa y aunque ella no bailaba como Kate al desplazarse por su espacio, sí se notaba que se encontraba a gusto y Catra se encontró por segunda vez arrepintiéndose de la ropa que traía puesta frente a Adora.

—¿Lancer no está? —Preguntó la pelirroja de esa manera horriblemente obvia que tienen los adultos de abordar un tema.

—No. Ayer lo llevé con Bow —Dijo Adora sin pesar. De verdad tenía un animo muy distinto a sus sábados.

La familiaridad con la que Adora se refería a su ex, seguía intrigando a Catra, y además el modo en el que también se dirigía con Kate acerca de él. Se preguntó ahora si habían vivido los dos en ese departamento. Si habían compartido la misma cama en la que solo unas horas atrás quiso dormir con ella. Los celos reptaron, traicioneros, por Catra. Por un momento pasaron a segundo plano al darse cuenta de que los sentía, porque Catra normalmente no era celosa.

No le importaba que alguien que acabara de besar, fuera a besar a alguien más inmediatamente después.

Ya se había encontrado con Astrid, la otra rubia con la que se había acostado, otra vez en el club, e intentó ponerla celosa, lo cual era una técnica sin efectividad con Catra, que consideraba que querer conseguirla en base a esas trampas, era impropio de ella, por lo que si en algún momento pensó en compartir cama otra vez con la chica, pasó totalmente a mejor vida esa posibilidad.

Y ahora estaba sintiendo celos de nada más menos que un hombre, y uno que ni siquiera conocía. No sabía si tendría las agallas de preguntarle a Kate mejor sobre el trasfondo de Adora. Necesitaba el contexto con renovadas ganas. Pero no quería irrumpir en su privacidad.

Kate asintió con aires de entendida.

—Adora, huele increíble. Ya quiero probar lo que preparaste —La mencionada se sonrojó un poco, de gusto. Los suaves halagos de Kate le estaban sentando de maravilla.

Catra seguía con la lengua frenada. Admirando a la anfitriona con mal disimulo.

—En serio espero que les guste. Cocinar no es mi fuerte —Adora fue por ultima vez a la cocina por una fuente con diversas hojas para acompañar la guarnición de atún frito con papas y Kate le dio un coletazo a Catra.

Había un ligero olor frutal, pero nada cítrico. La habitación era enorme. Tenía una mesa donde podían comer cómodamente cuatro personas en un rincón. Una piscina, por todas las estrellas. Podrías dar aunque sea unas brazadas y pronto al aroma frutal se impregnó además olor fresco del agua, que subía gracias a que estaba maldita caliente, caldeando el espacio, ya que la división de cristal hacia esa área tenía una de las puertas abiertas. Y del otro lado había un jacuzzi con sauna.

Una cama enorme reinaba sobre el espacio más amplió y contrario a la mesa y las otras amenidades, de todos modos, había un tocador con otros dos bancos, y en otra esquina, además de un potro del amor, un maldito columpio con correas.

Catra no sabía si estaba pasmada o terriblemente excitada.

Glimmer disfrutó de su reacción, lo sabía por esa sonrisita insufrible. Glimmer fue directa a la mesa, donde con un pase, se desplegó un holograma con el menú y empezó a escoger. Como ya siempre comían juntas, estaba bastante segura de lo que le gustaba a Catra, y simplemente lo pidió. Para cuando se volvió, la gata examinaba con mirada neutra todos los artículos de higiene personal que se exhibían en el tocador, junto a una jarra de agua con hielos con sus vasos. Había espumas para baños en seco para distintos tipos de pelaje.

Su expresión cauta e impasible era demasiado para Glimmer, que regresaba después de pedir la comida. La inseguridad la empezó a hacer dudar. El silencio se extendía. Con la recién ganada confianza del contacto físico, se le acercó desde atrás a la gata.

¿Está todo bien? —Preguntó con voz pequeña, como si no quisiera sobreponer su voz al ligero sonido del agua.

Creí que todo el tiempo estabas jugando con lo del maldito pony —Soltó la magicat.

Bueno, no todo el tiempo —Glimmer se llevó una mano a sus labios para contener una pequeña risita nerviosa. —Pero no creo que esto sea de lo que estamos hablando.

No —Catra se giró para encontrarse con la mirada cariñosa de Glimmer. El corazón le empezó a latir más fuerte en el pecho. La niña mimada le miraba como si ella supiera algo que Catra aún no descubría. —No tenías que hacer esto —Le dijo con voz pausada a Glimmer, porque ahora no estaba segura de cómo sentirse, es decir estaba segura que esto había sido para impresionarla pero Catra lo detestaba. Y también detestaba no saber cómo reaccionar.

¿Qué dices? —Glimmer se alejó unos pasos, dando espacio a la otra para girarse y encararla.

Podíamos ir a cualquier otro sitio —Le dijo escueta. El calor que Catra sintiera antes se borraba poco a poco.

La pelirosa cerró con cautela el espacio hasta la gata, para no generar una respuesta más adversa.

¿Tiene algo de malo? —Preguntó sin entender cuál era el punto en sí.

No, Glimmer. No tiene nada de malo. No necesitabas impresionarme con algo así —Fueron las palabras ardidas de Catra, que empezaba a perder los nervios.

No. Yo no quería impresionarte —Glimmer abrió los ojos, nerviosa, llegando a ella de a poco el entendimiento. Se mordió los labios mientras la cola de Catra latigueaba. —Lo siento, no me mires así —Susurró Glimmer. —No tenía intención de herir tu orgullo.

¡¿Qué?! No estás entendiendo nada — ¿Era eso? ¿Era Glimmer la que no entendía o era Catra la que no se explicaba? No se sentía intimidada por su dinero, sino por lo que pudiera haber detrás. Su pelaje se esponjó levemente y Glimmer no contuvo una sonrisa dulce.

También tengo una dosis generosa de soberbia —Dijo la pelirosa, que no terminaba de captar el tono de las quejas de Catra pero sabía cuando se equivocaba, y si esto no era sobre el orgullo de la psicóloga, tendría que ver con otras expectativas —Y me encanta hacer algo bueno con ella de vez en cuando. —Catra no sabía si sentirse aliviada o temerosa de las palabras de su acompañante.

Ahora estás cambiando la conversación. ¿Siempre tiene que ser todo sobre ti? —Bufó Catra, pasando su desconcierto por molestia. La cita había sido por una cena, y con el fuego de las dos, encendido desde que se conocieron, el resultado del hotel era obvio a ojos de la magicat. Pero ella supuso por un lugar donde poder sacar el calor acumulado, no para tener una noche mágica.

No, no es eso —Dijo Glimmer con una voz serena y cálida, al tiempo que acariciaba suavemente el cuello de Catra, que no se movió pero no se dignó a mirarla —Es que veo que no estás acostumbrada a esto —Movió sus dedos para subir un poco la camisa de Catra, sin aclarar qué era "esto" —Si quieres, lo dejamos. No debemos pasar la noche aquí si no quieres —Le dijo Glimmer, conteniendo su frustración. Catra no le respondió, su mirada seguía fija en la piscina. —Solo quiero que estés a gusto —Añadió Glimmer.

Estoy bien —Exclamó Catra rápidamente, negando con la cabeza —Realmente siento que esto es demasiado lujoso para lo que vamos a hacer. —Glimmer no pudo contener una sonrisa por el comentario. —¿Por qué estás sonriendo? —Preguntó Catra con un tono mezcla de enfado y molestia.

Porque eso es lo que me encanta de ti —Contestó Glimmer, sin dejar de acariciarle el cuello —Aun cuando estamos aquí, en este lugar lleno de lujos y comodidades, tú sigues siendo una gata rebelde a la que le gusta desafiar normas y ponerse a la defensiva —Ya estaba otra vez con ese tono altanero que tanto odiaba Catra, se sentía más a gusto. Pero no sabía si le terminaba de gustar que Glimmer la conociera tanto. Solo llevaban un mes desde ese almuerzo, el proyecto ni siquiera había empezado a implementarse, sumidas en la burocracia empresarial.

Bueno, yo nunca me he caracterizado por ser manejable —Catra además se volvió para verla a los ojos —Ni por ser obediente —Agregó con una sonrisa. Glimmer la miró fijamente. Estaba tan cerca, que podía sentir el calor de su cuerpo. Glimmer se acercó más y le acarició el rostro con una de sus manos. —Por tanto, no entiendo por qué te sorprendes tanto. —Catra sonrió y se recostó en la mano de Glimmer.

No estoy acostumbrada —La gatita comentó en voz menuda, decidiendo fluir. Glimmer le guiñó un ojo.

Tienes razón, no debería sorprenderme. Eres una reina del drama —Catra siseó levemente, sin despegarse de la mano de Glimmer, más cómoda ahora que regresaban a su provocación y juegos habituales —¿Podemos pasar una noche agradable? —Dijo Glimmer, tímida otra vez, esperanzada incluso.

Catra asintió de nuevo, sonriendo. Estaba ansiosa por ver qué otras sorpresas le tendría la niña malcriada. Se dejaría consentir.

Si te sientes de la talla —Bromeó llevando sus manos también al cuello de la gerente.

—Ya podrías cerrar la boca aunque sea un poco —Le susurró Kate lo suficientemente bajo como para que Adora no escuchara.

—Tengo la boca cerrada —Gruñó Catra sin poder formular una mejor respuesta.

—No te preocupes, querida. Yo tengo que comer por cuatro y no soy exigente —Le dijo en voz clara a la anfitriona.

Adora miró directamente a Catra por primera vez en la mañana. Y se sonrojó sin razón. Pero como Catra estaba ocupada tratando de evitarle la mirada, no se dio cuenta. Pero Kate sí. Ya estaba lista para platicar de todo en cuanto regresaran a su propio apartamento. La rubia seguía sin saber en qué momento de la noche había visto hacia arriba a Catra, que era agradablemente pequeña a su lado.

Comieron entre una charla entrecortada. Catra seguía sin encontrar su lengua y Adora sus recuerdos de la noche previa. Kate no se apiadaría de ninguna de las dos.

—¿Y cómo te la pasaste anoche, Catra? —Ante eso, la cola de la mencionada se detuvo y se esponjó.

No le había dicho que había salido con Adora. Y la rubia, obtusa como ella sola, queriendo mantener un ambiente ameno, respondió.

—Nos encontramos anoche en el estacionamiento y Catra me invitó por un trago. Tenía mucho tiempo que no salía así —Ofreció Adora. Lo único que hizo Kate fue expandir un poco sus ojos, y Catra ya podía sentir la emboscada que iba a sufrir después de esto. Ojalá Kate se quedara en sus propios asuntos.

—¿En serio? No tenía idea. Como Catra regresó bastante tarde, no hemos podido platicar —Algo en el tono de la magicat pelirroja hizo sonrojar a Adora, que todavía no sabía bien bajo qué condiciones había llegado a su cama. Pero no había encontrado evidencia de nada condenatorio. Ni siquiera parecía que Catra hubiera encontrado su litio, metido hasta el fondo de la pequeña cajita con medicamento en lo alto de la estantería de su baño personal. Pero el hecho de que dejara los analgésicos sobre la mesita auxiliar indicaba que Catra sí había pasado hasta su habitación.

—La verdad es que no lo recuerdo del todo bien. El alcohol nunca ha sido mi mejor amigo —Se rio un poco nerviosa la rubia.

—¿Entonces que tal estuvo, hermanita? —La sonrisa iba en el mismo tono de la magicat, más que en su rostro.

Una vez más fue la gata la que se acercó. Sus labios se encontraron con una mezcla de cansancio y deseo. Había algo en ese lugar, la energía que irradiaba, el calor que les rodeaba, que despertaba en los dos una pasión diferente. Catra estaba más relajada, abierta, desinteresada por el deseo que le quemaba y Glimmer estaba más segura de sí misma, sin la necesidad de confrontarse en cada palabra. Catra se separó después de un tiempo y Glimmer le regaló una caricia en la mejilla.

Notó cómo sus pupilas se dilataban levemente, como si estuviera lista para devolver el beso. Se acercó lentamente, sus labios apenas separados, para luego fundirse en un beso hambriento. Catra abrazó más fuerte a Glimmer, quien no pudo evitar soltar un suspiro. Se separaron para tomar aire, sus auras eran cálidas y brillantes, sus bocas humedecidas por el beso.

Ahora, ¿serías tan amable de mostrarme el resto de la villa? —Preguntó Catra, coqueta y arrogante.

Podemos empezar por acá —Sonrió y asintió Glimmer con brillo en los ojos. Catra sintió el calor de la presencia de Glimmer, que se veía reflejado en su entrepierna. Se dirigían a la cama.

—Muy interesante. No sabía que Adora jugara tan bien al billar —Pudo decir Catra después de comerse un siseo para su hermana.

—¡Tú me dejaste ganar! —Adora reprochó, su competitividad haciendo una pequeña aparición.

—Solo me estaba divirtiendo un poco —Sonrió Catra.

Si para algo era buena al final Catra, era para evitar las situaciones incomodas, por lo que llevo la conversación a otro terreno, donde Kate no pudiera abusar tanto, ya que su blanco principal tendría que ser Adora, y la estimaba mucho al parecer para molestarla.

Y Catra se ablandó, para entonces abrazarla por la cintura. Pero no se quedó ahí, le besó el cuello y exploró este con su lengua, con sus dientes. Glimmer se entregó a estos besos. Y los dos se rieron cuando la gata se tiró a la cama como si no hubiera un mañana. Era una invitación a que la siguiera, y ella lo hizo. Glimmer se sentó a horcajadas sobre el cuerpo de Catra y comenzó a desabotonar su blusa, liberando ese pelaje naranja y suave que tanto quería tocar con libertad desde hace semanas, y el pecho que estaba deseando desde aquella primera mañana. Entonces Catra se levantó para desabrochar la blusa de Glimmer que casi se le desprendía, dejando al descubierto sus senos en un sostén de encaje violeta muy sensual.

Y así llegaron al límite, besos cariñosos, roces, dientes, gemidos. Catra no quería dejar de mirarla aunque sabía que debía cerrar los ojos para sentir todo. Su boca se había convertido en la pura entonación de lo que quería. El momento se hacía eterno, cada toque, cada beso, eran reconocidos por la otra, y su unión era desesperada, apasionada, cada roce presa de la competitividad que habían explotado desde el inicio. Su antagonismo se vio reflejado en sus lenguas, en sus besos ávidos, ni siquiera terminaron de quitarse la ropa.

Glimmer, aún sobre Catra todo el tiempo, luchó contra su pantalón apretado y la gata apenas la ayudaba. Sentía su lengua y sus colmillos sobre su piel. El fuego que se inició en su auto, regresó con toda su potencia. La gerente, en medio de un gruñido triunfal, logró meter su mano y sintió los pliegues calientes y húmedos de su compañera, quien siseó presa del placer, no queriendo asumir en lo bien que se sentía la emoción. La necesitaba adentro, pero la posición era poco favorable y Catra todavía no estaba dispuesta a rogar ni ayudar, por lo que Glimmer se concentró en su botón y aprendió pronto gracias a los gruñidos o sonidos ahogados de Catra que mucha presión y movimientos rápidos es lo que necesitaba.

Cuando terminó entre los dedos de su amante, Catra se relajó y se encogió, ronroneando sin reparos. No pudo conocer la sonrisa de ternura que despertó en su compañera.

Lo del pony no fue una broma. Y esto tampoco —Susurró Glimmer mientras rodeaba a Catra con sus brazos. Una sonrisa se abrió en la gata y se volteó para encontrarse con los brazos de Glimmer aún alrededor de sí.

Todo está bien. Mucho mejor de lo que pensaba. Ya deja al maldito Pony. Glimmer le sonrió como un rayo de sol y deslizó su mano con suavidad por las mejillas suaves de Catra, la besó, tímida.

En eso tocaron a la puerta y las dos se sobresaltaron, con una sonrisa cómplice, la gerente bajó de la cama y Catra pudo ver por vez primera las marcas como alas en los hombros ajenos, parecían un tatuaje. Interesante. Así, en sostén y con el pantalón semiabierto, la pelirosa atendió y a través de una puertecita y una bandeja, le deslizaron los alimentos al interior. El apetitoso aroma llenó la habitación.

Ya está la comida —Le dijo llevando la gran bandeja con cuidado al comedor y regresando hasta la cama, Glimmer le acarició el cabello con suavidad. —Vamos —Y susurró en el oído de Catra algo que la hizo estremecer. Catra se rio.

—Sí, fue genial. Realmente disfruté muchísimo —Adora dijo con una sonrisa, después de dejar sufrir un segundo a Catra. Estaba contenta de poder compartir esta experiencia con Catra y Kate.

—Bueno, ¿y qué fue lo mejor de la noche según ustedes? —Kate preguntó con expectación.

—Oh, hay muchas cosas que se podrían mencionar —Adora comenzó con entusiasmo. —Definitivamente fue divertido jugar con Catra... y también fue interesante encontrarme con una vieja amiga.

Las orejas de Kate se movieron con interés, estaba atenta a las expresiones de su hermana, que estaba consciente de ser inspeccionada. Pero logró mantener la fachada desenfadada que tenía hasta el momento.

—Sí, fue una noche divertida —Catra agregó, con una mirada de complicidad hacia Adora, pero sin querer ahondar en el tema de Huntara.

—¿Y qué más? —Kate insistió, tratando de sacarles algo más, con una sonrisita que su hermana fingía no ver.

—Bueno, fue agradable poder charlar y reír un rato —Adora dijo, encogiéndose de hombros. Apenas se daba cuenta de lo mucho que había hablado de sí misma en la noche. Contándole datos sueltos a Catra de diferentes asuntos de su vida. Desde como conoció a Huntara, su gusto por el ejercicio, pasar por más detalles que confirmaban su temprana orfandad, mencionar a Bow y no dejar de ensalzar a su hijo, aunque procuraba no ser de esas madres cuyo único tema de conversación fuera el niño. Y Catra la escuchaba, y le preguntaba, haciendo muy sencillo que Adora no se diera cuenta que había acaparado la conversación.

—Sí, fue realmente bueno —Catra dijo con una sonrisa, mirando a Adora con una expresión complacida.

—Parece que pasaron un buen rato —Kate señaló con una sonrisa, dirigiéndose tanto a Adora como a Catra. Kate notaba algo diferente en el ambiente, pero no estaba segura de adivinar el motivo. Era obvio que estaban tratando de llevarse un poco mejor.

—Sí, la verdad es que fue interesante volver a salir —Adora dijo con una sonrisa. Catra asintió con la cabeza, estando de acuerdo con Adora.

—Espero que tengamos otra noche así pronto —Se atrevió a decir Catra, con una sonrisa pequeña para la rubia.

La situación se había relajado un poco, y la tensión entre ellas se había desvanecido. Adora pensó que aunque no eran exactamente amigas, estaba intentando llevarse un poco mejor, y eso era un buen comienzo.

—Me gustaría mucho —Se sorprendió Adora de responder sinceramente y la cola de Catra bandeo con gusto.

Kate dejó de molestarlas y se dedicaron a comer y charlar de otros temas, como siempre regresando invariablemente al tema del embarazo. Cuando llegaban a ese punto, Catra no estaba segura de cómo aportar a la conversación. Ahora siempre le gustaba escuchar de las tribulaciones de Adora, que se cuidaba muy bien de no poner mucho contexto a sus peripecias. Pero le gustaba como a todas quejarse de sus pies hinchados, del dolor de espalda, de la incomodidad de dormir siempre en la misma posición en los últimos meses.

—Pero Bow siempre era muy atento. Me dejaba todas las almohadas que quisiera y me daba masajes en los pies cuando regresaba del trabajo —Ahí estaba de nuevo, el susodicho que Catra estaba cada vez más interesada en conocer, o saber más, pero no estaba segura de preguntarle en sus momentos a solas a Adora, así que estaba feliz siempre de escuchar un poco más.

—El director Rider siempre es muy amable. Mi precioso Jack regresa muy cansado de la escuela y el trabajo, pero procura atenderme también. —Sonrió Kate, agradeciendo a las buenas parejas que les había tocado durante sus respectivos embarazos, aunque justo después de decirlo, sintió la pesada mirada de Catra. —Así que apreció mucho tu ayuda, Catra —Trató de compensarlo.

—¿El director Rider, ese no es tu jefe? —Preguntó Catra sin reparar en la expresión de su hermana.

Kate movió sus orejas, incómoda. Pero Adora seguía calmada y de momento ocupada masticando. La hermana pelirroja supuso que no había tocado ninguna fibra sensible entonces.

—Eh, sí, el director es el ex esposo de Adora —Clarificó Kate.

—Pero creo que Bow te ha dicho un millón de veces que no le digas así —Dijo la rubia con una sonrisa despreocupada.

—Es la costumbre por el trabajo —Respondió Kate mientras se servía otro café.

Ya sabía que Glimmer era diferente a lo que todos pensaban, pero le estaba agradando conocerla más. Se sentaron a la mesa y comieron, bebieron, se rieron. Por un momento parecían estar en la misma burbuja que en sus almuerzos en la oficina. Después de un par horas, comiendo y siendo, medio desnudas, Catra estaba tan a gusto que simplemente le preguntó:

¿Y ahora?

¿Qué te parece un baño? —Respondió Glimmer sugerente.

Se quitó el sostén, el pantalón y los zapatos, y los dejó en una de las butacas. Después de todo, era un lugar para entregarse al placer. Subieron al jacuzzi y se quedaron ahí un ratito, hablando de todo un poco. Luego, se echaron al agua de la piscina.

Catra no esperaba tanto de aquella salida. No esperaba que Glimmer fuera tan distinta a como se habían presentado. Esperaba esa pizca de picardía que la hacía pasarla tan bien en sus almuerzos, pero no tanto. Glimmer también disfrutó la compañía. Estaba feliz de haber encontrado a alguien con tanto en común. Catra era atenta y tenían el mismo humor sugerente en ocasiones, les gustaba discutir y ninguna daba a torcer su opinión sin buenas bases.

Se quedaron en el agua hasta que el placer pidió por terreno más firme. Catra todavía estaba un poco confundida debajo de todo, aunque no tanto como antes. Y Glimmer; estaba contenta. Se metieron al jacuzzi otra vez, mucho más bajo y con el agua más caliente, y empezaron a besarse.

Solo quiero seguir besándote —Dijo Glimmer antes de besar a Catra, deslizando sus manos por su espalda, quien se dejó llevar por el momento, dejando que el calor de Glimmer la envolviera.

Se ayudaron a salir y Catra disfrutó de las caricias de Glimmer mientras la secaba. El ronroneo volvió. Con el pelaje esponjoso y el cabello salvaje, la gerente conoció otro lado de la gata, uno sensual y al que le encantaban los mimos.

Se apretó más, correspondiendo el beso de la niña rica, que sí, había vivido mil aventuras, pero que ahora solo deseaba estar a su lado. Y la magia las envuelve a las dos, una magia que empieza en el sabor dulce de un beso y que se extiende más allá de la villa, que se extiende a los recuerdos de una noche que jamás se olvidará.

El beso fue más intenso, y Catra se dejó caer entre los brazos de Glimmer. Después de muchos besos y toques intensos, la gata estaba más que lista para tener una experiencia total fuera del agua.

Quiero sentirte en la cama —Suspiró esta vez la magicat en los oídos de su compañera.

Al fin sobre la cama, empezaron despacio, construyendo de nuevo la pasión. Pero Catra no quería ternura. No se la había pasado semanas fantaseando con ese trasero para tener una sesión de sexo tranquilo.

Glimmer se dio vuelta con Catra bajo su cuerpo, y comenzó a jugar con sus senos. La mirada de Catra se apagó un poco y su boca se abrió en un pequeño suspiro al sentir la mano de Glimmer sobre su abdomen. Esta sintió el miedo a la desnudez en Catra, y la besó una último vez suavemente, sin mostrar ningún indicio de extrema necesidad. Catra respondió al beso tímidamente, dejando que Glimmer guiara la situación. Se besaron profunda y lentamente. Glimmer se permitió dejar de lado todo pensamiento que no fuera el roce de sus lenguas y el calor que se generaba entre ellas.

Luego ayudó a Catra a levantar un poco las caderas, para deslizarle un muslo entre sus piernas y apoyarse y tomar entre sus manos los pechos de su compañera. De pronto la emoción se hizo mucho más intensa. El aire se llenó de suspiros de Catra, se amarraron con sus manos, con sus brazos. El beso se hizo más profundo, desesperado, y a pesar de los gemidos que salían de la gata, Glimmer se sentía plenamente segura de saber que estaba haciendo un buen trabajo. Catra embriagada de placer, se descubrió soltando una expresión que la tomó por sorpresa.

El muslo de Glimmer presionó mucho más duro y Catra volvió a gemir, esta vez libremente. Ya se había cansado de pretender y la rosadita solamente la había calentado toda la noche con sus besos, sus palabras, sus besos húmedos y las caricias atenuadas por el agua.

Quiero tus dedos, adentro —Al escuchar a Catra, necesitada y demandante, más allá de toda pretensión, Glimmer ahogó un suspiró y sin tener en mente presionarla más, simplemente le dio lo que pedía.

Apartó solo un poco su muslo, y lo uso al mismo tiempo para tenerla abierta y con sus dedos índice y medio jugó con sus pliegues hasta encontrar la entrada y sentirla deliciosamente mojada, apenas entrando, esparció la humedad hasta su centro y de vuelta, las caderas de Catra la seguían y sus suspiros eran encantadores, y cada vez que se alejaba de su entrada, un gruñido crecía en su pecho.

Deja de jugar, maldita sea, Glimmer —Apenas pudo articular.

Me encanta escucharte. Quiero más —Gruñó la gerente a su vez. Para acentuar el "más" introduciendo los dos dedos, todo el cuerpo de Catra se tensó al sentir la invasión y gimió su placer, se abrió más y se impulsó hacia los dedos para sentirlos más profundo.

Glimmer se acomodó para seguir penetrando a Catra, rápido, fuerte, entre suspiros y gemidos, palabras de sucio encanto y pronto un tercer dedo se unió. Catra hundió sus garras en la almohada y su compañera las deseaba en su espalda, pero sintió las contracciones crecer, los movimientos erráticos, no diría nada para no cortar el momentum. Los movimientos de Catra se hicieron pequeños, rápidos, concentrados, contuvo el aliento y se detuvo un maravilloso instante para sentir el grito ahogado crecer en su garganta conforme el orgasmo crecía, la recorría de su mismo centro a las extremidades.

Y Glimmer, tan glotona y arrogante como era, no la dejó hasta sacar la última gota. Catra era solo cuerpo y placer, que se retorcía entre los dedos y la mirada de Glimmer. Ella misma levantaba las caderas para clavarse más hondo. Ola tras ola. Hasta sujetar el antebrazo de su torturadora pidiendo por un descanso. Y le fue concedido, pidiendo como tributo otro beso largo y perezoso, de lenguas que envuelven y aprisionan entre suspiros.

Catra estaba en manos de una amante provocativa y atenta. Glimmer era increíble. Sus dedos y lengua encontraban los puntos clave sin esfuerzo aparente, y su maldita sonrisa arrogante era irritante. Pero Catra se lo estaba empezando a perdonar cuando sus lenguas se envolvían y la saliva de la niña mimada le daba escalofríos.

Prodiga en sus atenciones, procuraba que Catra recuperara el aliento. Le traía agua, bajaba la presión de sus caricias para descansar entre orgasmo y orgasmo.

Que bien guardado se tenía ese pequeño dato Kate. Ya sentía la energía radiando desde Catra. Tendría que encontrar un modo de que no se la cobrara muy caro.

—Está bien, en realidad creo que ya está acostumbrado. —Adora le quitó importancia con un movimiento de la mano. —¡Es verdad! Tengo un pastel que Perfuma preparó ¿quieren un poco? —Sonriendo mientras asentían las hermanas, Adora se levantó para ir al refrigerador por el postre.

No era de lo más común que Perfuma preparara algo, pero siempre que lo hacía, lo hacía con abundancia y procuraba que la mayor cantidad de personas recibieran. Adora siempre estaba entre sus primeras opciones para llevarle o compartir algo. Adora lo tomaba con diplomacia porque la cocina de Perfuma era mucho mejor que la propia y la pediatra no privaría a su hijo de esas exquisiteces, que además probaba cada que iba con su papá. Pero un pastel casi entero para ella sola, durante un fin de semana sin Lancer, era mucho para Adora.

Catra se sentía fuera de contexto otra vez. Por la forma en la que la rubia decía el nombre, era claro que Kate entendía. Aunque recordó un poco.

—¿Perfuma... No es esa una de tus compañeras? —Dijo en voz baja, pero no lo suficiente para que Adora no lo escuchara, que ya regresaba con el pastel. Olía a chocolate y nuez.

—Eh, sí. Ella trabaja con niños más pequeños que yo y... —Kate exclamó indecisa.

Adora se sorprendió. No se dio cuenta de lo que dijo. Estaba muy relajada. O quizás es que no encontraba nada raro en mencionarlo. Casi todo mundo sabía el papel que Perfuma tenía en su vida. Tal vez hasta fue una descortesía mencionarla sin más estando Catra, sin aclarar nada. ¿Es que pensó que Kate le habría contado los pequeños y escrobosos detalles a su hermana? Era probable. No se lo tomaba a mal, y ahora que veía a la pelirroja no estar segura de qué decir, cuando normalmente era tan vivaracha, sintió una repentina simpatía por Kate. Adora no sabía que tenía esa lealtad de su parte. Quizás por eso era amiga de Perfuma, para empezar. Quizás también fuera su propia amiga.

—Perfuma es la nueva pareja de Bow, trabajan juntos —Aclaró Adora sin mucho más.

Las hermanas se miraron entre sí, un poco incomodas. No sabían qué decir. Kate lo sabía porque había estado ahí de algún modo. Los rumores empezaron hace dos años, y un año después, los esposos estaban divorciados. Y solo un par de meses después Bow y Perfuma estaban juntos. Fueron la comidilla durante semanas. Pero muchos temían en secreto a Perfuma y sus duras y asertivas, aunque siempre serenas, palabras. Y otros muchos adoraban al amable director.

El vibrador del celular de Kate las espantó a las tres, ella lo revisó y una sonrisa se pintó en su faz.

—Yo solo las acompaño con este pastelito y ya. Jack quiere ir a ver cunas —Y el derrotero regresó a los bebés, niños y panzas abultadas.

Kate cumplió, solamente se quedo el tiempo suficiente para terminar su pastel, su café y escuchar la opinión profesional y personal de Adora en cuanto a diferentes tipos de cunas y materiales de colchones.

—Tú te quedas a ayudar a Adora a limpiar —A Catra se le esponjó el pelaje. —No es como que estés ocupada hoy, hermana —Se volvió a reír Kate. Adora enrojeció.

—¡No hace falta! —Soltó en tono de disculpa.

—No, no. Sí te voy a ayudar, pero no porque ella lo diga —Kate se rio más —¡O porque no tenga otra cosa que hacer!

Kate se despidió sin dejar de molestar a Catra.

—A veces no la soporto —Bufó la magicat.

—Creo que es lindo, se nota que te quiere mucho —Se rio un poco Adora.

—Aunque no siempre me guste, es mi única hermana —Se quejó Catra, moviendo la cola y levantándose de la mesa para empezar a limpiar.

—No, por favor, en serio no es necesario. No hagas nada —Adora también se levantó para impedir que Catra hiciera algo.

—Solo son trastes, Adora. —Dijo restándole importancia.

Adora volvió a sonrojarse y se alejó de Catra. Olía muy bien. A algo floral. Además de que no estar segura de por qué la había visto desde abajo, eso la seguía poniendo un poco nerviosa.

Ya no habló unos momentos y entre las dos limpiaron todo el lugar. Sobre la encimera de la cocina, Adora tenía una pantalla mostrando el calendario y de vez en cuando, el fondo se cambiaba por fotografías familiares. Principalmente de Lancer, en diferentes eventos y otros niños también. Adora ya no dijo nada cuando Catra se puso a lavar los trastes, más como una excusa para poder seguir mirando las fotos, que por ser amable. Pronto apareció una donde aparecía un joven apuesto y moreno, de quien Lancer tenía toda la faz.

No estaba segura de la sensación que tenía en el estomago. La imagen era del padre cargando al hijo en un fondo boscoso. No pudo durar más de tres o cinco segundos en la pantalla. La siguiente imagen era ahora de Adora cargando al niño, con tantas sonrisas como en la imagen previa. Adora estaba tan feliz como siempre lo estaba con el niño. Con una blusa blanca de botones, el cabello suelto (tercer golpe) pantalones rojos y tennis blancos, se veía linda y denotaba que fue una ocasión especial. La siguiente foto era de los tres juntos sonriendo a la cámara. Lancer no se veía mucho más joven de lo que Catra lo conocía, por lo que esa foto no podía tener mucho tiempo.

El niño era la imagen clara del padre, pero algo en su estructura general recordaba la energía de Adora, eso lo sabía bien Catra de las pocas veces que habían convivido. Así que ver el parecido físico con su padre fue un golpe casi tangible. La imagen volvió a cambiar al calendario y el agua corría sin que Catra pudiera recordar qué estaba haciendo.

Adora se acercó nerviosa, preguntándose cuál sería el problema de la magicat. A lo mejor sí estaba solo ayudándola porque Kate la había molestado.

Quería preguntarle directamente qué es lo que había pasado la noche previa pero no se atrevía del todo. Sentía que sería abusar de la amabilidad de Catra, porque nada en su cuerpo, en su casa o en su cama, indicaba que se hubiera sobrepasado de cualquier modo. Solo había algunos flashes que le gustaría dilucidar.

Como la sensación familiar que la asaltó cuando sus manos se rozaron al entregarle los vasos sucios. El aroma al que antes no le había prestado atención y ahora fue tan fácil reconocer. El recuerdo vago de estar entre sus brazos.

Sin duda su nula resistencia al alcohol y como podía hacer burla de sí misma no eran buena combinación con la magicat. Y con nadie en particular. A los amigos de Adora les encantaba invitarla a tomar porque siempre generaba las mejores anécdotas para contar al siguiente día, e incluso años después.

Adora dirigió su mirada en la misma dirección que Catra y vio su calendario, con una fecha resaltada digitalmente solo con un pequeño punto. ¡No podía creer que no lo recordara! La siguiente semana era el cumpleaños de Lancer.

—Tengo que empezar a preparar algo —Dijo para sí misma pero regresó a la realidad a Catra.

—¿Eh, dijiste algo, Adora?

—Es solo qué... La próxima semana es el cumpleaños de Lancer. Casi lo olvido. Soy pésima con las fechas, por eso pongo recordatorio para todo. —Compartió sin pensar.

—¿La otra semana? —Catra de hecho miraba por primera vez el calendario en sí. Diez de mayo era el siguiente domingo.

—Sí. No tengo idea de qué preparar —Siguió con el tema con sencillez, sin reparar en que Catra seguía un poco ida, todavía insegura sobre su impresión de la pequeña familia.

Solo estaba convencida al ciento por ciento ahora de que tenía que hablar bien con Kate para enterarse de los detalles que no le había interesado conocer hasta este momento. Un movimiento de los trastes, ya que el agua se empezaba a juntar, le llamó la atención.

—Puede ser sobre algo que le guste —Fue lo primero que se le vino a la cabeza.

—¡Una fiesta temática! Gracias, Catra —El gesto amable de Adora se incrustó hondo otra vez en la magicat. —Aunque no sé de qué le gustaría esta vez a Lancer.

—¿Tal vez los dragones? —Ofreció después de recordar la otra visita donde el niño no dejaba de molestar e insistir con los libros sobre dragones que tenía su hermana en casa.

—Es que ese niño cambia de intereses como el viento —Se quejó Adora con una sonrisa. —Pero sí, los dragones han sido su interés más grande los últimos meses. No estaría mal. Aunque salió una nueva caricatura de vaqueros y creo que también le gusta tanto como los dragones.

—¿Si tú no estás segura, entonces quién? —Contratacó Catra.

Pensar en vaqueros, montar, lazos y cuerdas cerca de una Adora tan hermosa con un vestido veraniego no era lo idóneo para tener la mente de Catra al cien.

—Le preguntaré a Bow también. No estoy segura que tenga libre el siguiente domingo —Dijo pensativa, sin tomarse a pecho el comentario de Catra.

—Por su hijo, podría hacerse un espacio —Comentó con veneno y hasta ella misma se sorprendió.

—Es que el cumpleaños de Lancer coincide con otras fechas importantes. Bow nunca se perdería ningún evento de Lancer sin una buena razón. —Catra de pronto no podía con esta... charla, con esta lealtad. El deseo vehemente de conocer más de Adora estaba presente, sin embargo.

Sabía que no tenía ningún lugar la sensación que le consumía las entrañas. La noche previa, cuando conoció el nombre de Bow, no sintió nada en especifico hacia el sujeto, solo la llana emoción de la nueva información. Pero mientras terminaba de lavar los trastes, no entendía por qué se tomaba como un ataque personal el claro cariño que existía en la voz de Adora.

El calendario volvió a borrarse para cambiar a otra imagen. Adora sostuvo la pantalla y sonrió ante la fotografía, en la que Catra solo alcanzó a ver a dos rubias, al hombre y al niño.

—Esto fue el año pasado —Dijo Adora sin perder la sonrisa. Volvió la pantalla para mostrarla a Catra mientras la apretaba para mantener la imagen sin cambiar.

La magicat cerró el agua e hizo tiempo secándose las manos con la toalla blanca con figurines que tenía ahí Adora, quien esperaba tranquila. Respirando profundo, Catra dirigió su mirada a la imagen. Aunque estaban posando, la imagen no era estática: es decir, los cuatro ahí claramente intentaron posar pero los rizos de Lancer estaban elevados en el aire, como si hubiera saltado, Bow a su lado tenía las rodillas dobladas y sonría, haciendo ademán de atraparlo por la cintura, Adora estaba a la izquierda, con el cabello también en movimiento y con una gran sonrisa por voltear a ver la acción en el centro, y del otro lado, la otra rubia, de tono más claro, un poco más alta y con pecas en su gracioso rostro y sobre los hombros desnudos por el vestido verde y abierto, también sonriendo.

—Fue el cumpleaños de Bow. Ella es Perfuma. Estábamos intentando tomar una fotografía pero los primos de Lancer lo llamaron y saltó de los brazos de Bow —El hombre estaba a media mueca entre una sonrisa y la sorpresa del movimiento de su hijo. Traía jeans y una camisa de botones, que dejaba al descubierto sus impresionantes abdominales y brazos. Adora soltó el dedo de la pantalla y la imagen cambió, mostrando a un montón de niños de diferentes colores y especies corriendo en pos de Lancer.

Catra casi podía escuchar las risas y los gritos de los niños. Adora regresó la pantalla a su lugar de la encimera y siguió observando esa foto y la siguiente. No había sombra alguna en su mirada, solo amor, brillante y refulgente amor. Para alguien como Catra, que venía de una familia seria y con problemas emocionales (lo cual entendía ahora después de años de estudiar la psique), donde el amor se mostraba como cariño, juegos o premios, el amor llano que la rubia demostraba simplemente en su faz era algo atrayente y temible, un fuego fatuo.

—Entonces... ¿Entonces tú y él... realmente están bien? —Catra se pateó mentalmente de inmediato.

Las cejas de Adora se fruncieron en disgusto un momento y su cara regresó a la usual mueca amable, amigable, lista para el mundo vano a su alrededor. Y al final una pequeña sonrisa triste y lánguida se quedó.

—Bow es y siempre será mi mejor amigo —Dijo sin responder en verdad. Pero Catra lo tomó.

—Cuando las circunstancias lo permiten, una buena relación entre los padres es mejor para los hijos en general —Comentó con aire profesional Catra, cruzando los brazos y alejándose a la sala. Adora la miró, curiosa.

—Es cierto. Eso ayuda a reducir el estrés de la separación —Respondió Adora también con aire profesional. —¿Cuál es tu ramo, Catra?

Ella no recordaba si lo había especificado anteriormente.

—Psicología Industrial u Organizacional —La tristeza se fue de la faz de Adora y se acercó a la cafetera.

—Debe ser interesante. ¿Quieres otro café? —La invitación a seguir conversando era flagrante.

—Me encantaría.

Estaba a punto de no poder contenerse. El nacimiento de algo más grande estaba a la espera.

La noche se convirtió en una madrugada sin límites donde Glimmer descubrió a Catra en su real magnificencia, volcando sobre ella toda una nueva cantidad de emociones que no sabía ni que existían. La niña malcriada experimentó una libertad que ni siquiera le había dado el escape a Mystacor.

Sí, porque con los gruñidos y risas de placer, encontraba que Catra sabía jugar de formas que ella desconocía. Que Catra en ningún momento midió el tiempo. No buscó su celular. La escuchaba, la observaba y aprendía deprisa.

Se quedó quieta con Glimmer todavía dentro, respirando, expandiendo por el ambiente sus ronroneos satisfechos. Su amante no quería esperar, no bien estaba regresando a la conciencia, sintió los dedos contraerse de nuevo dentro de ella, alcanzando ese punto que ya había aprendido, llevándola a un nuevo orgasmo en la estela del anterior.

Glimmer siguió y siguió con esa dinámica hasta que Catra fue un manojo de placer, hasta que tuvo que clavar las garras en el cuerpo de su amante para sostenerse a la realidad y solo después de haber cambiado de mano, y siguiera, bajó sus garras de la espalda con alas, para ponerlas en la mano que la penetraba. Glimmer entendió en silencio y con una sonrisa tierna y arrogante, dejó vacía a Catra. Regresó a su lado y le acomodó el cabello con caricias como plumas.

Glimmer rió un poco mientras acariciaba los hombros de Catra.

Puedo ser descarada de vez en cuando, pero eso no significa que no tenga corazón. Si no fuera por mi altivez, ¿crees que tuviera el valor de invitarte a algo? —Catra giró para quedar frente a ella. Catra le dio un beso suave, más como una forma de decir gracias.

¿Y ahora, qué? —Preguntó Catra con una expresión divertida.

Todo lo que tú quieras.

Catra se dio la vuelta y se dejó abrazar, con mucha más confianza que antes.

Pienso que lo que quise decir es que llevo toda mi vida jugando en otras ligas. Y ahora que estoy contigo, me siento como si estuviera jugando de verdad. —Glimmer la abrazó con más fuerza. De verdad me encanta cada vez que estamos juntas, Catra —Susurró en su oído, inquieta.

Glimmer la besó en la mejilla y la gata volvió a darse la vuelta, acomodandose para encontrarse con su mirada, su sonrisa y sus ojos llenos de complicidad. Catra estaba flotando tanto que podía sentir que sus orejas calientes, y su cola, sin control de su voluntad, se movía al ritmo de su propia emoción. La pelirosa se quedo ahí, recibiendo el abrazo con el corazón a mil por hora. Catra se estremeció cuando sintió lo suave de la piel de los senos. Glimmer le tomó la cara suavemente en sus manos.

No hay juego, solo te quiero consentir —Susurró Glimmer. —Y me gusta hacerlo.

Catra suspiró, se quedó tranquilamente en el abrazo y sonrió.

—¿Sabes? Siempre creí que los ricos eran más arrogantes.

Bueno, yo no lo soy. —Glimmer se echó para atrás un poco, para poder enfrentar la mirada de Catra, que le rodó los ojos —No en ese sentido, por lo menos. Siempre fui buena con el dinero. Es un recurso para crear exactamente el ambiente que uno quiere.

Y ese ambiente es...

¿Qué crees tú? —Glimmer se acercó lentamente y le dio un beso suave, entreabriendo los labios para compartir sus sabores, Catra se acurrucó un poco más a la pelirosa, buscando más. Glimmer hizo lo mismo y se acurrucó más de lo que pensaba que era posible.

No. Dímelo tú, niña consentida —Murmuró Catra, pícara.

Glimmer se separó, dibujando una sonrisa tímida en su rostro, y llevó su nariz a la de Catra, alentándola a un beso tierno.

Quisiera algo romántico —Soltó Glimmer, quien se estaba derritiendo—. Ese es el ambiente que quiero generar para nosotras. —Dijo con voz pequeña.

Catra sonrió y volvió a besar a Glimmer. Esta vez con un poco más de pasión. Estaba disfrutando de la forma en la que Glimmer la consentía, de la enrarecida atmósfera de su romance. Catra suspiró para contener el suspiro de Glimmer, la cual la abrazó mejor y la besó de nuevo.


N.A.

En el siguiente capítulo le toca a Adora, y creo que seguiremos en este mismo día y ya después habrá un salto.

Siempre me hacen el día con sus votos y comentarios, en cualquier historia.

Excelente semana.

Carpe Diem