Dije que haría capitulos cortos... lo dije... pero no pude, este solo se alargo y se alargo y se alargo... ¡espero les guste¡
Las cortinas se abrieron dejando entrar el sol de la mañana.
-¡mamá¡- se quejó Mérida en voz alta tapándose la cara con la cobija, un frío repentino le atravesó la espalda y saltó despertándose de golpe.
-Si vuelves a confundirme con tu madre estoy segura de que vamos a tener problemas- dijo Elsa con la mirada en alto; llevaba algunas horas despierta y le empezaba a fastidiar que tanto Anna como Mérida siguieran acostadas.
La princesa le dedico algo entre un gruñido y un bostezo, le dolia la espalda a causa de la mala noche, por razones que ni ella misma entendía se había empeñado en que Anna y Elsa ocuparan las camas mientras que ella había hecho un tendido en el piso. Para hacer las cosas peores ambas hermanas se habían pasado hasta altas horas de la madrugada parloteando sobre los dilemas románticos de la menor.
Elsa la miro con señal de desaprobación y luego con una calma y ternura especial se acerco a la cama de su hermana y la movió con cuidado.
-Anna- la llamó – Anna despierta, ya es de mañana- la dulzura en su voz alerto a Mérida de sobre manera… ¿Qué rayos? Pensó Mérida.
La pequeña abrio los ojos lentamente con su alborotado cabello cubriéndole el rostro
-Dos minutos mas – susurro mientras se daba la vuelta
-Vamos, debemos partir temprano- contesto con el mismo tono dulce
-Esta bien – respondió bostezando la chica – ya voy – y se incorporo lentamente sobre la cama
Mérida las veía sin dar crédito a sus ojos
-¿Qué?- pregunto Elsa ante la mirada molesta de la pelirroja pero esta no respondió, solo recogió sus cosas del suelo y camino hasta el gigantesco armario.
Si bien Mérida no tenía ningún problema con demostrar su mal humor, si le causaba conflicto demostrar debilidad, o al menos lo que ella definía como tal; Elsa y Anna constantemente le recordaban lo lejos que estaba de su familia, sentía que habían pasado meses desde la última vez que vio a sus hermanos y a su padre, ni hablar de la angustia que le provocaba pensar en su madre, por un momento genuinamente había pensado que era la reina Elinor quien la despertaba, se esforzó porque las lagrimas no salieran de sus ojos, la última vez que la vio la había dejado malherida y en compañía de unos lunáticos, tal vez estaba entendiendo mal las cosas… tal vez debería hacer el esfuerzo por volver a casa.
Elsa empezó a ayudar a Anna con sus elaboradas trenzas, pero sus ojos se desviaron rápidamente hasta Mérida quien sin ningún tipo de descaro empezaba a cambiarse de ropa, solo era capaz de ver la dersa piel de su espalda pero eso basto para ponerla nerviosa.
-¿Disculpa?- exclamo en voz alta - ¿quieres hacer el favor de guardar algo de decoro y cerrar la puerta?- el rostro de Elsa termino de sonrojarse cuando ante la llamada de alerta Mérida giro para responderle, la reina desvio la mirada, asi que no fue capaz de observas la risa burlona de la princesa.
Al igual que Mérida Anna río ante la severa reacción de su hermana.
-no es para tanto Elsa, no tiene nada de malo- comento Anna intentando suavizar las cosas, Elsa siempre había sido demasiado apegada a la etiqueta, aunque Anna no tenía forma de saber que la molestia de su hermana no tenía nada que ver con los buenos modales.
Mérida le saco la lengua y se dispuso a entrar a la pequeña habitación designada para cambiarse. Sin pensarlo demasiado se puso el mismo vestido que traía el día anterior, las puertas eran tan delgadas que alcanzaba a escuchar la conversación de las chicas.
-¿entonces tu crees que todo va ha estar mejor? – susurraba Anna
-si claro, no te preocupes, estoy segura que todo lo que necesitan es tiempo, ya le dijiste que lo sientes, no puedes hacer nada mas… -
-pero no puedo dejar de pensar en todo lo que dijo y..-
-¡ya basta¡- se quejó Mérida saliendo precipitadamente - ¡no quiero volver a escucharlo¡-
Las dos la miraron ligeramente avergonzadas, la princesa estaba harta de escuchar a Anna quejarse al respecto.
-Perdón- susurro Anna – es solo que…-
-Te estuviste quejando toda la noche… ¡es suficiente¡- exclamo mientras se colgaba su arco y flechas.
-Es mas complicado de lo crees- la reprendio Elsa, fuera quien fuera no soportaba que alguien le gritara a su hermana.
-¿En serio?- contesto Mérida –no desde mi punto de vista- levanto las manos en el aire y apunto a Anna – eres una princesa –
-Eso ya lo se- se molesto Anna
-Bueno…- continuo Mérida – como princesa debes estar conciente que va haber competencia por tu mano – Anna la miro sin comprender - ¡competencia¡ ya sabes… tipos presentándose, retos¡ cosas así, Kristoff no puede esperar ser el único contendiente si no tiene intenciones siquiera de comprometerse¡-
-¿de que diablos estas hablando? – se sorprendio Elsa
-De que… ¿tus padres nunca organizaron competencias por tu mano?- se sorprendió Mérida
-Noo- contesto Anna extrañada – los tuyos?-
-Si, claro - ¿no era eso normal en todas las princesas? ¿no todas las princesas tenían que soportar ese tipo de cosas? ¡diablos que tendría que hablar muy seriamente con sus padres cuando volviera a verlos¡, si es que volvia a verlos… sacudió la cabeza intentando no pensar en ello – lo que digo es que tenias a dos tipos cortejándote por tu mano, elegiste a uno y rechazaste a otro , no veo porque Kristoff este tan molesto-
-¿Porque uno de ellos intento matarme? – interrumpió Elsa - ¿Cómo dos veces?
-Entonces tu eres la que debería estar molesta no el- dijo como si fuera lo mas obvio del mundo.
Anna miro a Elsa esperando que dijera algo
-¿lo estas? – pregunto ante el silencio de su hermana, Ella no supo que contestar, su nerviosismo fue evidente en la pequeña capa de hielo que empezaba a formarse en la pared.
-¿Qué? No¡- balbuceo vagamente- ¿molesta?… ¡no¡, solo un poco… sorprendida – divago mientras se frotaba las manos
-¡estas molesta¡- acusó Anna levantándose de la cama
-bueno…- Elsa apretó los labios , no valía la pena ocultarlo - ¡ si un poco¡ es decir… ¡por dios Anna¡ ¿en que diablos estabas pensando?-
Anna se quedo sin respuesta, ya se sentía bastante estúpida y dolida como para que su hermana se lo reclamara
-tu no lo entiendes - se defendió sin mucho éxito
-¿no?- se indigno Elsa - ¿Qué tengo que entender? ¿Cómo es posible que sigas cayendo es su trampa? ¿como se te ocurrio siquiera? ¡te dije que no hablaras con el¡ que no te acercaras a el¡ ¿Cuántas veces tiene que intentar matarme para que deje de gustarte?
-el ya no me gusta…- respondió ofendida, era verdad no sentía amor por el, pero no podía olvidar lo que se sentía amarlo - solo me cuesta trabajo olvidar lo que pasó…-
-parecer olvidar fácilmente como su espada casi corta mi cuello- grito Elsa agitando el aire a su alrededor
-necesitaba hablar con el¡- explotó Anna - ¿eso es tan malo? Necesitaba saber porque hizo lo que hizo, necesitaba algo que me explicara sus acciones-
-¿Explicarte? – repitió Elsa –¡ es un maldito manipulador mentiroso hambriento de poder Anna¡ no entiendo como puedes perdonar a alguien que te lastimo tanto –
-¡no lo he perdonado¡ solo quería entenderlo¡ -
-¡sus razones estaban claras¡ - volvió a gritar la reina, hizo un esfuerzo por dejar de congelar su alrededor – no te culpo hermana, es solo que no entiendo tus acciones –
-por supuesto que no lo entiendes– contesto Anna con el semblante tenso – jamás vas a entenderlo-
-¡ayudame¡ ¡explícame¡- rogo Elsa
-¡tu nunca te has enamorado¡ ¡tu no sabes lo que es que te rechacen-
-¿en serio? – el poco viento que se había calmado volvió a agitarse - ¿no lo se? ¡o por favor¡ ¿alguien alguna vez te ha llamado monstruo Anna? ¿alguna vez te han perseguido con ballestas? ¡Papá jamás te dijo que ocultaras tus emociones¡ ¡jamás te ordeno que dejaras de sentir¡-
-no, jamás lo hizo, De hecho jamás se molestó en decirme nada¡ de menos tu sabías lo que pasaba ¿te molesta recordar a papá diciéndote que hacer? ¡que afortunada¡ por que lo único que yo recuerdo es a el estando demasiado ocupado como para dirigirme la palabra¡
-Anna- exclamo Elsa ante las lagrimas que corrian por el rostro de su hermana
-¿y que si Hans me mintio y me rechazo? ¡no es como si absolutamente todo el mundo no lo hubiera hecho antes¡ -
Se miraron la una a la otra, como pocas veces.
-no todos…- susurro Mérida sin querer, ambas la observaron con ojos vidriosos – bueno… que yo sepa Kristoff jamás te ha engañado o rechazado- Anna empezó a llorar mas fuerte y Elsa le dedico una genuina mirada de furia a la escocesa quien las miraba muy quieta, tratando de fingir que no existía y haciendo un enorme esfuerzo por camuflagearse con la pared.
Anna quebró en llanto y Elsa corrió a abrazarla
-lo siento…- sollozo un poco en el hombro de su hermana mayor- no.. no quise decir nada de eso-
-shhh- la tranquilizo Elsa – basta ya… tranquila…-
Mérida salió rápidamente de la habitación, demasiado drama para una mañana, se quedo esperando junto a la puerta un par de minutos, un delicioso aroma emanaba de la cocina y estaba impaciente por bajar a desayunar, supuso que se quedarían adentro mucho rato así que se sorprendió de sobremanera cuando Anna salió de repente, saltando y corriendo escaleras abajo, detrás de ella Elsa caminaba con un poco mas de calma, se detuvo al ver que Mérida la esperaba en el pasillo, se encontraban prácticamente solas.
-Lamento que hayas tenido que ver eso- se disculpo Elsa – pero te habría venido bien guardar silencio por una vez en tu vida – le replico con cierta molestia
-La mimas demasiado- susurro Mérida volteando hacia abajo donde Anna había tropezado con el ultimo escalón – asi que… ¿nunca te has enamorado? – continuo acercándose unos pasos hacia ella.
-o cállate¡ - exclamo Elsa evitando sonrojarse.
Mérida volteo hacia ambos lados y sin darle tiempo de asimilarlo le plantó un pequeño beso en la mejilla.
-bueno días majestad -murmuro en su oído y después corrió a toda velocidad, salto de tres en tres los escalones y alcanzo a sacudir el cabello de Anna - ¡te apuesto tu postre a que te gano¡ - le gritó, Anna se apresuro detrás de ella mientras reía a carcajadas.
Elsa las vio correr y chocar con algunos de los muebles, acaricio su mejilla con ternura y sacudió la cabeza.
-¡buenos días¡- la voz de Rapunzel la saco de sus pensamientos – mmmm… huele delicioso¡ ¿Qué haces?-
-me cuestiono sobre mis gustos personales – contesto enigmática
-¿Qué?- se sorprendió la castaña
-nada¡¿desayunamos?- y sin esperar una respuesta se sujeto el vestido y empezó a caminar con elegancia.
Para cuando llegaron al comedor Anna y Mérida ya estaban devorando la comida.
-¿Alguien ha visto a Kristoff?- pregunto Anna en voz alta
-¡si¡- respondio Tiana con entusiasmo mientras calentaba un guiso en el fuego - se levanto muy temprano, creo que lo he de haber despertado mientras lavaba la losa sucia, se ofreció a ayudarme y fue a buscar leña para el fuego, después arreglo algunas vigas rotas en el techo y creo que dijo que iría a limpiar el establo…-
-¡wow¡- se sorprendio Eugene – realmente nos hace quedar como holgazanes-
-¡para nada¡- exclamo Tiana- no se supone que la gente que se hospeda deba hacer ese tipo de cosas…-
-Debe tener hambre si no ha desayunado- se lamento Anna
-me parece que comio un par de zanahorias al levantarse- respondio Tiana pensativa
-eso no cuenta como desayuno- murmuro Anna molesta… no estaba segura de cuantas veces se había quejado de los hábitos alimenticios del chico, se asomo a la ventana y lo vio acarreando heno dentro del pequeño establo, su corazón se aceleró, no estaba acostumbrada a verlo con ropa tan ligera, y lo saludo con una radiante sonrisa.
Kristoff No pudo evitar devolver el saludo, algo dentro de él brillaba cuando Anna le sonreía, sacudió su cabeza y volvió al trabajo que lo ocupaba, el trabajo físico lo ayudaba a distraer sus pensamientos.
Sven le empujo ligeramente del hombro
-¿Qué? – se sorprendió el chico – ya te dije que no tengo hambre, desayunaremos algo mas tarde-
-No deberías seguir evitandola- hablo con la voz del reno
-¿yo? No, no la estoy evitando solo…-
-por supuesto que la estas evitando¡ ya se disculpo no deberías seguir molesto-
- ya no estoy molesto- refunfuño apilando una considerable cantidad de heno- ¡no me veas asi¡- suspiro profundamente – en todo caso ya no estoy molesto con ella –
-¿entonces?-
-no me hagas decirlo amigo- dio acariciando la cabeza del reno – solo porque paso lo que ambos sabíamos que iba a pasar-
-¿a que te refieres?-
-vamos¡ solo era cuestión de tiempo- dijo con cierta melancolía- todos sabían que la princesa de Arendelle no podía andar con un tipo como yo, solo faltaba que ella se diera cuenta-
-Sabes que Anna te quiere mucho-
-pero no soy… no soy lo que una princesa debiera…-
-A Anna no le importan los títulos-
Kristoff volteo de nuevo a la ventana, Anna seguía mirándolo con una sonrisa, avergonzado desvio la mirada.
-puede decir que no le importan, pero salta de emoción cada vez que conoce a algun príncipe- hablo con desgano
-y cada vez que come pastel de chocolate pero eso no te molesta-
-¡no es lo mismo¡ - le fastidiaba tener discusiones con el reno – no se puede casar con un pastel y los pasteles no son estúpidos niños mimados –
-y ese eres tu estando celoso-
-¿Cómo se supone que este? Quiero estar con ella pero se que no debería estar con ella, Anna merece algo mejor-
-pero ella te quiere a ti-
- A veces me cuesta trabajo creerlo- dijo mientras pateaba la pila de heno que acaba de apilar.
Suspiro con fastidio y reviso los amarres de los caballos, le sorprendía lo bien cuidados que estaban, se tomo la molestia de cepillar el caballo de Anna antes de ponerse a cortar la poca madera que le faltaba. Observo a una grupo de hombres que paseaban por el pueblo, eran cerca de diez y tenían mala pinta, los saludo con la cabeza y notó que señalaban los caballos.
-¿se les ofrece algo?- hablo alto, con amabilidad pero contundente
-no – contesto un hombre robusto, por mucho el mayor de todos- solo estamos de paso… ¿sabe si hay lugar en la posada? – había algo amenazador en su voz
-no – contesto toscamente – estamos llenos –
-Si, eso veo- los hombres se miraron los unos a los otros, Kristoff noto que traían papeletas en las manos, la adrenalina recorrio su cuerpo al reconocer el rostro de Anna en ellas. – solo entraremos a dar un vistazo –
Sin decir nada Kristoff les cerro el paso, todavía con la pesada hacha en la mano.
-Hazte a un lado chico¡- le grito el hombre pero el muchacho no se movió
Antes de que pudiera reaccionar la puerta de la posada se abrió
-¡hey¡- grito Tiana - ¡no quiero maleantes en mi posada¡ ¡largo¡- llevaba una cacerola en la mano y se miraba realmente intimidante -¡no quiero repetirlo¡ ¡ya los he corrido demasiadas veces caballeros¡-
El hombre arrugo el rostro
-¡vamos cariño solo buscamos un lugar para almorzar¡ -
-¡pues búsquenlo en otra parte¡ apenas repare el desastre que hicieron en el techo la ultima vez… ¡largo¡ - los hombres comenzaron a retroceder.
-¿pasa algo?- la curiosa voz de Anna consiguió que Kristoff entrara en pánico, casi en cámara lenta alcanzo a ver su pequeño cuerpo asomándose por la puerta y los hombres señalándola, sin pensarlo demasiado golpeo a uno con el mango del hacha y corrió hacia el portico
Empujo a una muy asustada Tiana del marco de la puerta y sujeto a Anna del brazo
-¡tenemos que irnos¡ - Grito ante la sorpresa de todos justo antes de que un sujeto estampara una silla en su espalda, callo al piso soltando a la princesa.
Se escucharon gritos y jaloneos.
Anna se resistia mientras unos tipos la sujetaban de los brazos pero el aire se congelo a su alrededor y columnas de hielo los dejaron atrapados contra la pared, la princesa suspiro aliviada mientras se inclinaba sobre Kristoff quien trataba de levantarse del suelo.
Elsa comenzó a congelar el lugar pero Mérida sujeto su brazo con fuerza.
-¡no¡ - le advirtió – puedes derrumbarlo-
El sonido de Rapunzel golpeando con la sartén las distrajo, Tiana gritaba intentado entender que rayos estaba pasando.
Mérida alcanzó a observar como uno de los vándalos salía del lugar con las ganancias de Tiana e intentaba robar un caballo, su caballo.
-¡NO¡ no¡ no¡ no¡ - grito la princesa al observar como el sujeto tomaba las riendas de Angus y salía en dirección a la montaña, el pánico la hizo correr fuera de la posada, apunto con su arco pero no se atrevió a disparar, el hombre sigzageaba y no quería herir a su propio caballo…. Soltando maldiciones desato a Max, lo había visto correr lo suficiente como para saber que tenía la velocidad suficiente para alcanzarlos.
El caballo protesto un poco pero accedió a llevarla, la princesa quedo sorprendida por la velocidad del corcel, que con relativa facilidad pudo alcanzar al ladrón, quien para su sorpresa había ido hasta un callejón sin salida, se mantenía contra la pared de cara a ella con los brazos en alto; sin bajarse del caballo Mérida le apunto con su arco.
-Tu debes ser la princesa Mérida de Dumbrogh- dijo el hombre con voz aspera
La chica quedo sorprendida ante el conocimiento de su identidad
-nos mandaron a buscarte – exclamó el ladrón ante la mirada de sorpresa de la princesa
-Devuelve lo que robaste – gruño Mérida intentando ganar un poco de seguridad
El hombre le arrojo la bolsa con el oro
-¿Qué quieres?- pregunto ella sin bajar su arma
-te traigo un mensaje, me ordenaron separarte de los demás y darte esto para que me creyeras – le arrojo un objeto pequeño y metálico que Mérida reconoció en instantes: uno de los tantos anillos de su madre.
-¡SI LE HAS TOCADO UN SOLO CABELLO TE JURO QUE VOY A ¡- grito mientras lo miraba con ira
- él dijo que reaccionarias así – contesto asustado
-¿el?- pregunto Mérida
-Un príncipe, alto, patillas, dientes muy blancos..-
-¡Hans¡ – adivino ella con rencor
-Si – el ladrón parecía arrepentido de haber tomado aquel trabajo – pri..primero debo decirte que van en la dirección correcta- Una veloz flecha se clavo al lado de su cabeza
-Mas propiedad- exigió Mérida – se encuentra frente a una princesa-
-Si..si- tartamudeo – lo lamento – hizo una pequeña reverencia – majestad… lo lamento¡ - repitió con verdadero temor - el doceavo príncipe le agradece por el gesto – Mérida lo miró sin entender
-¿Cuál gesto?- la princesa empezaba a desesperarse
- ¡solo memorice lo que el me pidió¡ - gritó con angustia – do-doce es mejor que trece- tartamudeo
¡Le agradecía por matar a su hermano¡ ¡que pedazo de escoria¡
-¿Cuál es tu mensaje?- exigio la princesa con autoridad, de reojo vio la columna de fuego que se formaba detrás suyo, aquellos sin vergueza seguramente habían prendido fuego a la posada de Tiana pero si Hans tenía algo que decirle seguramente no era algo bueno.
Elsa sintió el calor de las llamas y sin siquiera pensarlo dio un pisotón en medio del salón, el hielo empezó a cubrir el piso y el fuego se apago con rápidez.
El horror se dibujo en el rostro de Tiana al observar su amada posada cubierta de nieve.
Los hombres que atacaban la posada se dispersaron rápidamente cuando observaron los poderes de Elsa.
-¿Qué rayos?- Exclamo Tiana ante la majestuosidad de la reina, se quedó estática mientras todos se reunían a su alrededor.
-¿Estas bien?- se apresuro Kristoff acercándose a Anna con preocupacion, la chica asintió con la cabeza, tenia una raspadura en la mejilla y el muchacho la acaricio con ternura.
-no es nada- susurro ella ante su mirada de desconcierto
-¿Dónde esta Mérida? – pregunto Elsa con cierto tono de alerta
-Creo que un tipo trato de robarse a su caballo, la vi llevarse a Max – dijo con cierto desden-¡aya viene¡-
Mérida venía cabalgando de regreso sobre Angus, Maximus corria cerca de ella, se bajó del caballo con cara de preocupación.
-¿estas bien?- pregunto Elsa tratando de disimular la angustia en su voz, Mérida solo asintió sin decir nada – tienes… dijo señalando un poco de sangre en la mejilla de la princesa.
La pelirroja se apresuro a limpiarse el rostro.
-Sabian quienes somos – exclamo con severidad - las islas los mandaros a buscarnos-
Aun con cierta rudeza camino hasta las cubetas de agua de donde bebían los caballos y comenzó a limpiar los restos de sangre de su espada, evito el contacto visual con los demás, sus manos aun temblaban.
-¿Qué es todo esto? ¿Quiénes son ustedes?- a pesar de estar asustada, la voz de Tiana no tartamudeaba
Mérida volteó a verla y le arrojo la bolsita con el oro que el ladrón había robado.
-¿te dijeron algo más?- pregunto Eugene acercándose a la princesa
-no- respondió rápidamente – solo les interesaba la recompensa por capturarnos bueno, por capturar a Anna… -
-¿Qué?- salto la joven princesa
-parece que no están interesados en todo el grupo-
-¿dijeron porque?-
La princesa de Dumbrogh se detuvo un momento, Kristoff la miraba a la cara, solo había preocupación en su rostro
-No – mintió ella con rapidez – pero supongo que ya que dan a Elsa por muerta es lógico que empiecen a preguntar por Anna-
-Me sorprende que tu madre no te esté buscando- susurro Rapunzel con un hilo de voz
-Mi madre sabe donde encontrarme- Mérida se sentía mareada, necesitaba un momento para pensar y reorganizarse, tanta charla la estaba abrumando, no estaba segura de poder inventar tantas mentiras tan rápido.
-¿Algo mas?- pregunto Elsa acercándose a una distancia prudente
-no- mentirle a Elsa fue mas fácil de lo que le hubiera gustado – pero lo mejor será apresurarnos a salir de aquí –
-¡que rayos esta pasando¡- grito Tiana sintiéndose ignorada
-Lamentamos mucho lo que paso con tu posada- contesto Rapunzel con suavidad acercándose a la camarera
-¡ooo van a lamentarlo¡ créanme que van a lamentarlo¡- parecía al borde de un ataque de nervios
Avergonazada Elsa disipo la nieve que aun cubría el piso, como si fuera premeditado las tablas que Kristoff había colocado en la mañana cayeron del techo sobre la mesa de la cocina.
-¿eres la reina? – entendió por fin Tiana apuntándola con el dedo índice - ¡eres la reina de Arendelle¡la reina de las nieves¡-
-me avergüenza un poco que la gente lo diga asi, pero si – respondió Elsa
-entonces…- siguió Tyana sujetándose la cabeza y girando su mirada por el cuarto – ustedes son… realeza- su rostro mostro una decepción y un enfado poco común
-Tenemos que salir de aquí- se apresuro Mérida
-Te juró que te pagaremos lo que dañamos- Anna intento acercarse pero Tiana levanto los brazos deteniéndola
-¡no me interesa que me paguen nada¡ - exclamo molesta- ¡por dios santo¡ por supuesto que si hay realeza cerca tengo que invitarlos a mi posada… estúpida¡ estúpida¡ estúpida¡- parecía estarse gritando a si misma
-¿te pasa algo malo?- la vocesita de Rapunzel no le hizo nada bien al temperamento de Tiana
-Perfecta gracias¡- contesto caminando hacia ella y arrebatándole la sartén que sujetaba en la mano- ahora si quieren hacerme el favor de salir seria genial- empezó a acomodar las hoyas caídas y a levantar las sillas del piso.
-De menos dejanos ayudarte a limpiar aquí- se apresuro Kristoff sujetando las tablas que habían caído del techo – puedo volver a clavar esto en el techo y…-
-¡no gracias¡ - lo interrumpio arrebatándole las tablas –si un príncipe hace el trabajo con toda seguridad se volverá a estropear¡-
Kristoff empezó a reir, a pesar del esfuerzo no pudo contener las carcajadas.
-por favor¡ ¿parezco un príncipe acaso?-
Tina fingio estar pensativa
-debo decir que el cabello me despisto un poco pero los príncipes no suelen siquiera saber cómo agarrar un hacha, estúpidos niños mimados-
-Eso suena muchísimo mejor cuando alguien a parte de mi lo dice-
Ambos rieron tranquilamente como viejos amigos…
-Bueno, supongo que puedo aceptar que me paguen los daños – dijo por fin con cierta condecendencia – y si quieren terminen de desayunar-
-no- exclamo Mérida tajante – tenemos que irnos AHORA¡ -
-pero ¿Qué?- se quejo Rapunzel
-Mérida tiene razón- para la sorpresa de todos era Eugene el que hablaba – algunos de ellos escaparon, la noticia de que estamos aquí se dispersara pronto, no será difícil saber que ruta seguimos, si queremos llegar a Agrava antes de que nos encuentren debemos darnos prisa-
-¿Van a Agrava?- el tono agresivo en la voz de Tiana casi había desaparecido
- ¡eres estúpido¡ - le grito Mérida – nadie sabia a donde vamos¡ - levanto los brazos en el aire, la desesperación se podía notar en su voz – tu – dijo apuntando a Tiana – vienes con nosotros-
Elsa la miro con angustia
-Mérida tranquilízate – le susurro con premura
-¡no me digas que me tranquilize¡ no podemos dejar rastro¡ - Elsa se sorprendió del razonamiento de Mérida – ¡no podemos dejar que sepan a donde vamos¡-
-Yo no le dire a nadie…- interrumpió Tiana pero Mérida la miro con desconfianza
-¡estamos perdiendo el tiempo¡ ¡hay que irnos¡-
Elsa la sujeto de los brazos
-Tranquilizate, estas histérica – le llamo lentamente
- no me digas que me tranquilizate – gruño la princesa – no sabes lo que puede pasar…-
-solo cálmate- dijo mirándola a los ojos, había fuego en sus ojos azules, Elsa tuvo problemas para sostenerle la mirada
-no me digas que me calme- respondió lentamente
-puedo ir con ustedes – todos voltearon hacia Tiana – no hay ningún problema, hace algún tiempo que quiero viajar a la ciudad-
-¡perfecto¡- exclamo Mérida soltándose de los brazos de Elsa, el ambiente se calmo un poco, aun con prisa empacaron lo que pudieron y se acomodaron sobre los caballos.
