Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.

Parte 1

"Infancia"

Capítulo 13

El alivio y la calidez que envolvieron a Yugi y Anzu tras la partida de su compañero de clases no duro demasiado. Dos días después se cumplió el mayor temor de los niños: inició la guerra.

La radio comunicaba sólo noticias de bombardeos, listas de decesos, ciudades destruidas y pánico por las calles. En poco tiempo la armada avanzaba y se acercaba a la ciudad más próxima al internado, por lo que el temor de los niños crecía. Había varios niños que seguían en la espera de que sus padres los recogieran y aún no tenían noticias de ellos.

La directora tuvo que hacer un plan de emergencia cuando se le informó la cercanía de los ataques.

-Tenemos que sacar a los niños de este lugar.

-No podemos enviarlos con sus padres. Tendríamos que pagar lo que nos corresponde como colegio para mandarlos a sus respectivos países.

-Directora, la seguridad de los niños debe ser primero. Tienen que salir de aquí, antes de que nos alcancen los ataques.

La profesora más joven de todas, Akiza Izayoi, era la más consciente del peligro que corrían los jóvenes, motivo por el que su prioridad era poner a salvo a los niños.

-Creo que tendremos que tomar medidas preventivas mientras encontramos la solución para sacar a los niños del internado.-contestó la directora.

Akiza no dijo nada, su mirada era perdida y pensativa.

-Creo que tengo la solución.

La directora miró inquisitivamente a la educadora.

-Cerca de la ciudad hay un refugio donde podemos alojar a los niños durante al menos 3 días mientras los enviamos a sus países.

-No podemos ayudar económicamente para que se marchen a sus países.

-Se equivoca, directora.

La mujer lanzó una mirada furibunda al sentirse retada por alguien inferior a ella.

-Pueden permanecer en el refugio por ese periodo de tiempo, después los llevaremos en tren al puerto y de ahí los transportaremos en barco al país más cercano, donde un internado nuevo los cuidara mientras los envía a sus respectivos países.

-¿Considera eso fiable?

-Si otro internado se encarga de ellos usted no tendrá que cooperar para protegerlos.

-Sus padres deben de recogerlos.

-No tenemos tiempo de localizar a todos los familiares. Tardaremos menos tiempo si hacemos esto, las rutas son rápidas y estarán a salvo en un país donde la guerra no los puede tocar.

-Si es así, debemos avisarles a sus padres cuando llegue el momento de que sus hijos estén a salvo.

-Eso lo haremos en su momento, por ahora sólo importa sacarlos de aquí.

-Hay un problema con su plan, señorita Akiza.

Con sus ojos grandes la aludida pidió que le dijeran el inconveniente.

-Si no podemos pagar el viaje de regreso a sus hogares natales ¿cómo espera que se pague el transporte para llevar a los niños en tren y barco? No hay posibilidades.

-De eso yo me encargo.

Los ojos de la directora se entornaron con sospecha.

-El refugio le pertenece a mi prometido. Justamente hoy hablé con él sobre la situación en la que nos encontramos y accedió que los pequeños se refugien en el sótano de su granja. Además, él tiene contacto con trabajadores del servicio ferrocarrilero y embarcadero, así que ellos apoyaran para que los niños sean llevados a otro lugar más seguro.

La directora miró con fiereza a la maestra.

-Si su plan falla mi internado puede ser cerrado para siempre por no cumplir con su deber. Más vale que busque una excusa para decir que no los enviamos a sus hogares.

-No se incomode con eso. El país a donde los enviaremos tiene un transporte económico para llegar allá y los pasaremos sin que nadie lo note.

-¿Cómo piensa que podremos llevar a tantos niños sin ser vistos?

-El servicio por el que los enviaremos lejos se dedica a transportar cosas valiosas sin ser descubiertas. Lo mismo será con los niños.

Fue en ese instante que la directora entendió lo que trataba de decir Akiza con "servicio de transportar cosas valiosas a otro país". Estaba impactada del tipo de mujer que tenía como educadora, sin embargo ya no había vuelta atrás; debían llevar a cabo su plan.

Un sonido ensordecedor se filtró en la sala haciendo que los muebles y las paredes vibraran. Ambas mujeres se pusieron alerta mirando alrededor cuando de pronto, por la ventana, vislumbraron una explosión que conmocionó a todos los habitantes del internado. Los niños se abrazaron entre ellos desde sus salones, Yugi estaba atónico y Anzu estaba atemorizada.

Akiza y la directora se asomaron por la ventana sólo para localizar en la lejanía dos aviones del ejército que sobrevolaban por la gran nube de polvo y humo que se formó tras dicha explosión.

La guerra los había alcanzado por fin.

Con un semblante frío e inexpresivo, Akiza lanzó una mirada penetrante a su jefa que causó miedo en la mujer mayor.

-Tenemos que sacar a los niños hoy mismo.

.

.

El alboroto se hizo presente en el internado donde todos los prefectos, profesores y tutores visitaron cada salón organizando a los niños para salir en orden. Entre gritos y ajetreos, los guías entregaron a cada niño una placa, similar a las usaban los soldados, con los nombres, edades, tipos de sangre y nacionalidad de cada niño.

Yugi examinaba cada dato sobre su persona escrito en letras legibles en la superficie de la placa, asegurándose que todo estuviera escrito correctamente. Comprendió, aún en su mente de niño, que el peligro acechaba y que el internado podría ser víctima de la guerra que había llegado a ellos. El temor por su amiga Anzu se apoderó de él, ojala pudiera verla.

En los dormitorios femeninos, las niñas pasaron por la misma situación en las que les fueron entregadas placas con sus datos personales. Anzu no dejaba de ver la suya preguntándose cómo se encontraría Yugi y sintiendo malestar por no poder estar con él en un momento tan crítico como aquellos justos instantes.

Ambos tomaron su fragmento de corazón tallado y lo ocultaron perfectamente entre sus vestimentas. Yugi dentro de su pantalón, bien protegido. Anzu, en el interior de su calceta, entre su tobillo y su pie.

Siguiendo las indicaciones de los tutores y prefectos, los niños salieron ordenadamente de sus dormitorios o de cualquier lugar donde se encontraban y se dirigieron a la salida del internado. El miedo los consumía, pero no podían mirar atrás, su única opción era obedecer a los mayores.

Caminando entre la multitud de estudiantes, Yugi y Anzu se buscaban con la mirada sin apartarse de su grupo correspondiente. Tras varios estirones de cuerpo para ver mejor el panorama, lograron localizarse mutuamente. Se sonrieron cuando sus miradas azules y violetas se cruzaron, se dedicaron unas sonrisas sin embargo no podían acercarse para estar juntos.

Guiados por la directora, Akiza y el resto de profesores, los pequeños salieron a campo abierto apresurando el paso con los ojos puestos en sus superiores. Los adultos les hablaban a los niños pidiéndoles que no los perdieran de vista y que mantuvieran el orden, lo cual era algo innecesario ya que todos los pequeños estaban conscientes del peligro que corrían si se separaban.

De repente, el sonido ensordecedor de aviones surcando los cielos hicieron que se taparan los oídos al tiempo que miraban arriba. Aviones del ejército dejaron una columna de humo y lanzaron misiles en los campos muy cerca del internado donde antes estuvieron. Al contacto con el suelo, los misiles explotaron y algunos edificios de la ciudad se derrumbaron mientras que el polvo de los campos se dispersó. Aterrados, los niños salieron corriendo despavoridos mientas los profesores hacían esfuerzos inútiles por controlar el orden de las filas.

-¡Esto está saliéndose de nuestras manos!-gritó la directora en medio del ruido causado por las voces de los pequeños.

-¡Estamos cerca! ¡Hay que apresurarnos!

Akiza indicó a los tutores que la siguieran y estos hicieron lo posible para que la mayoría de los niños, que ya se habían dispersado, siguieran nuevamente a los maestros.

-¡Anzu!

Yugi buscaba en medio del lío a su amiga, estaba más preocupado por ella que por su propio bienestar. Su cuerpo era golpeado por sus compañeros que corrían atemorizados mezclándose niños con niñas entre el pánico y el tumulto.

-¡Yugi!

Anzu también buscaba a Yugi con desesperación. Lo único que pasaba por su mente era encontrar a Yugi entre la muchedumbre, localizarlo y estar a su lado en estos momentos tan difíciles.

Con dificultad, se localizaron con la mirada.

-Anzu.

-Yugi.

Se aproximaron el uno al otro a pesar de los golpes recibidos por el resto de los niños, estiraron sus manos con la intención de agarrarse y sostenerse, pero no podían alcanzarse.

-Yugi…

-Anzu…

Los compañeros de clases chocaban contra ellos, pero eso no impidió que los dos niños japoneses se encontraran y se esforzaran por tomarse de las manos para no separarse.

-Yugi…

-Anzu…

Sus manos estaban a unos cuantos centímetros, casi se rozaban sus dedos, casi estaban por entrelazarse. Yugi trató del alcanzar a Anzu, Anzu trató de alcanzar a Yugi,el estar juntos los podía ayudar a superar el entorno tan terrible en el que estaban ahora.

Sólo unos pocos centímetros para tomarse de las manos que seguían estiradas esforzándose por alcanzarse.

Continuará...

Annima: Gracias por el aviso. Intentaré revisar mejor la ortografía (regularmente no lo hago). Hoy no pude tampoco. Efectivamente, es complicada la relación de Kaiba y Anzu. Gozaburo es un gran reto cuando se trata de escribir sobre él. Me alegra ver sí estoy logrando el interés lector, porque mi idea es que la historia se desarrolle mejor cada vez ;)