La luz de la habitación era escasa, el hielo no había traspasado las paredes pero causaba goteras en el techo, dándole un ambiente húmedo y hostil, una vieja lámpara de aceite iluminaba causando sombras retorcidas, fantasmas postrados detrás de los muebles.

Acostado sobre la cama el príncipe las miraba apenas abriendo los ojos.

Sin el traje, la colonia y las botas casi parecía otro hombre.

En la mente de Anna Hans siempre estaba bien vestido, elegantemente peinado; algo le molestaba de verlo herido, le fastidiaba pensar que podía sentir dolor, que era vulnerable, algo en el tendido sobre la cama lo hacia parecer mas humano.

Tenia el ojo golpeado y el labio inferior hinchado, los vendajes pasaban por su hombro, su torso y una rodilla, nada lo cubría mas que una vieja sabana blanca y un par de pantaloncillos.

Sin poder evitarlo la princesa de Arendelle paseo la mirada sobre el, ciertamente Hans parecía mas humano que nunca, en mas de una forma.

Pero no iba a postrarse a sus pies a mostrarle compasión

-¿y eso? – Dijo apenas moviendo los labios para después hacer una mueca de desprecio -¿a qué debo el honor de su visita? –

-¡déjate de tonterías Hans¡ - grito Mérida furiosa y Anna se obligo a recordar que aun estaba en la habitación - ¿Dónde está mi madre?-

El príncipe intento pararse pero se mostró lastimado, se sujeto el vendaje del torso lamentándose.

No lo se, no recuerdo las cosas correctamente, ¿mi cabeza esta un poco confusa saben?... y estoy algo sediento, si pudieran acomodar mis almohadas también sería fantástico- empezó a toser quedamente esperando que alguna se moviera.

Ninguna de las dos supo si estaba fingiendo o si su reacción era real, cansado el príncipe señalo la jarra con agua pero se mantuvieron quietas.

Volvio a toser, esta vez un poco mas fuerte pero las dos princesa siguieron observándolo.

Su mirada se torno oscura y agrego con cierta malicia

Asi que .. ¿tu novio casi me mata y vienes a acabar el trabajo Anna?-

Mérida se cuestiono su decisión de llevar a la princesa de Arendelle cuando un leve sonrojo apareció en sus mejillas.

-te merecias cada uno de los golpes que te dio- replico Anna – después de todo lo que nos has hecho-

-¿Qué les he hecho disculpa? – contestó – recientemente… - se apresuro

-¡incendiaste nuestro palacio¡ - grito la joven

-Mi hermano incendio tu palacio- corrigio- por si no lo recuerdas yo te saque del fuego- esa voz profunda que la ponía nerviosa – además – sonrio de lado, con esa malicia inherente en el- tu campesino no me golpeo por eso, se molestó porque pude distinguirte de una impostora y el no-

Las palabras hirieron a la princesa, se mordio los labios furiosa sin saber que contestar

-Kristoff no… -

-Krisoff no pudo reconocerte de otra joven vestida como tu …- después agregó lentamente ladeando la cabeza – el amor verdadero está tan sobre valorado-

-¿Dónde tienes a mi madre?- repitió Mérida arrastrando las palabras, intentando que la conversación dejara de centrarse en Anna, como la joven le había advertido el príncipe trataba de desviar el tema.

-ya te lo dije no lo…- se movio un poco y el dolor lo detuvo, se volvió a sujetar las costillas mientras apretaba los ojos, esta vez ninguna tubo duda de que su dolor era real. Se dejó caer de nuevo en la cama respirando con dificultad – si quieres respuesta tendrás que esperar a que pueda levantarme-

-¡o podría quebrarte los huesos que te quedan¡- lo amenazo sujetando su espada

A pesar de todo el príncipe volvió a reir

-adelante, quiero verte intentarlo- la retó con seguridad, Mérida se abalanzo empuñando su arma pero Anna la detuvo del vestido, evitando que perdiera la compostura.

-¿Qué quieres?- pregunto con toda la seguridad que pudo fingir y Hans la miro levantando una ceja – tu siempre quieres algo… ¿Qué es lo que quieres ahora?- demando Anna

- ¿a corto plazo? Ya te lo dije Si fueran tan amables de servirme un vaso de agua y acomodarme las almohadas, también agradecería que se me fuera devuelta mi ropa, lavada y planchada debidamente si me hacen el favor… ahora que si hablamos de un futuro mas lejano- su mirada se poso en Mérida – la princesa de Dunbrogh sabe cuales son mis demandas –

-no voy a seguir haciendo tu trabajo sucio- refunfuño en respuesta, dramáticamente tirando su espada el suelo

Un escalofrío recorrio la espalda de Anna y le dio crédito a Hans por no flaquear ni un poco, con la escasa luz y las cicatrices en su cuerpo la verdad era que Mérida se veía bastante amenazante.

-por supuesto que lo harás - cerro los ojos con autosuficiencia – no es como si tuvieras otra opción, ahora se buena y sírveme ese vas de agua- fastidiado agrego – ¿ustedes vienen a ver a un herido y no tienen la decencia de atenderlo? – apoyo ambas manos sobre la cama – ¿tu madre no te enseño modales acaso?

Ante la mención de Elinor la princesa flaqueo, y mientras le deseaba una muerte lenta y dolorosa se acerco a la jarra de agua.

-Buena chica- susurro Hans enseñando esos dientes perfectos que por simple milagro seguían adheridos a su boca, Mérida temblaba de coraje, la seguridad de su madre dependía de que controlara su temperamento.

Viéndola en dificultades Anna le quito la jarra de las manos y ella misma le llevo el vaso al príncipe.

-vaya que te cuesta estar lejos de mi princesa –

Esa hermosa sonrisa, ese tono de burla

Antes de que pudiera pensarlo correctamente le arrojo el agua al rostro

-¡dios santo Anna¡- se quejo molesto, Mérida empezó a reir abiertamente y Hans le dedico una mirada de desprecio –¡ tu madre se pudrirá en el bosque solo por eso¡-

-¿En que bosque?- se apresuro Anna

-¿vaya que te gustaría saberlo cierto? – dijo con arrogancia mientras se limpiaba el rostro

Anna maldijo mentalmente observando los mechones de cabello pelirrojo quedar pegados a su frente, las gotas de agua caia sobre su torso desnudo. Mérida la golpeo en el hombro

-¿quieres hacer el favor de concentrarse?- le susurro molesta

-¿Qué?- exclamo ofendida y ligeramente avergonzada, ambas voltearon cuando Hans empezó a reir

-ustedes de verdad que no tienen remedio- dijo mientras se acomodaba en la cama- ¿Cuánto tiempo crees que te lleve encontrar a Michael y desacerté de el?

Mérida se atraganto ligeramente, recordaba al hermano mayor de Hans, de casi dos metros, de la anchura de tres hombres y la resistencia de pocos, le había clavado una flecha en la espalda y el maldito ni siquiera se había inmutado … ¿Cómo se suponía que se deshiciera de el?

-No lo ara- hablo Anna – lo que estas haciendo no tienen nombre Hans y se detendrá en este momento-

-Lo que estoy haciendo se llama chantaje Anna, ahora si quieres guardar silencio, los adultos estamos hablando-

La joven levanto el puño iracunda pero Mérida la detuvo, en verdad cuestionándose su decisión de meter a la princesa en todo eso.

No estaba funcionando

Mérida tenia que cambiar de estrategia

¿Qué haría mamá? Se pregunto de nuevo, con cierta desesperación

No tenia que usar su imaginación, solo su memoria; Elinor ya se había ganado la confianza del príncipe antes, tenía que ganarse su confianza, miro las mejillas sonrosadas de Anna y tuvo una idea, tal vez la princesa de Arendelle se fuera de ayuda después de todo.

-sal de aquí- dijo en un tono que no le gustaba usar en absoluto

-¿Qué?- exclamo la princesa de Arendelle

-te traje para que me ayudaras y estas estorbando, ¡largo¡- pudo ver algo pequeño romperse dentro de la princesa, la tomo del hombro y la llevo hasta la puerta, Anna forcejeaba lamentándose.

Se sorprendió del empuje de la chica, no hacia menos de un par de horas había arrastrado de igual manera a su hermana sin ninguna dificultad pero Anna era realmente fuerte, ¿o es que ella estaba demasiado cansada?

-¿Qué se supone que estas haciendo?- grito la princesa de Arendelle postrándose en el marco de la puerta, sujetándose con ambas manos

-Ganándome su confianza- murmuro muy cerca de su oído

Anna volteo a verla al mismo tiempo que Mérida le guiñaba el ojo

-aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…- exclamo con una sonrisa que se apresuro a quitar ante la severa mirada de la arquera - ¡que mala eres¡ - grito en un tono nada convincente provocando que Mérida pusiera los ojos en blanco, la sujeto de los hombros y aventó fuera del cuarto.

-Anna- la llamó el príncipe desde dentro de la habitación y ambas giraron en su dirección – no se supone que mis hermanos tomaran tu castillo – su voz era profunda y grave- vine hasta aquí porque supe que te habían capturado, cuando dije que lamentaba todo – levanto el rostro y la miro a los ojos con un ligero titubeo- lo decía en serío, lamento que ya no aya oportunidad para lo nuestro-

La princesa de Arendelle apretó los labios con fuerza, negó con la cabeza y giró sobre si misma, sus manos temblaban ligeramente y sus rodillas de alguna forma se sentían frágiles

-Tarde Hans, no estoy interesada – cerro la puerta con fuerza y se fue caminando, casi corriendo.

Odiaba lo que la hacia sentir, odiaba que fuera tan encantador y retorcido, debía alejarse de el, debía correr en dirección contraria y esconderse de esos ojos verdes.

-¿Cómo haces eso?- se sorprendió Mérida recuperándose de la puerta estampada en su rostro

-¿Qué?- respondió el, levantándose con cinismo de la cama y sirviéndose agua el mismo, la sopresa se dibujo en el rostro de la princesa y el compuso una mueca burlona – tengo doce hermanos mayores – explico- ¿crees que es la primera vez que algún monigote me golpea? – torcio el cuello con cierto orgullo- no es un dolor del que vaya a quejarme-

El estaba jugando, ella tendría que jugar también.

Solto un silbido al aire, meneo su cabello con fuerza y se sento con desfachatez sobre la silla

-No se Hans, tengo tres hermanos menores y jamás le he puesto la mano encima a ninguno de ellos-

-¿tres?-

-trillizos – rodo los ojos por el techo – a tu favor no creo que tengan intenciones de pelearme el trono, si lo hicieran supongo que estaría en serios problemas – río con ligereza, con esa nostalgia que le daba cada vez que recordaba su hogar - ¡ellos siempre se salen con la suya¡ lo cual totalmente injustos… yo nunca me salgo con la mia - se detuvo un momento para fijar su vista en la puerta que hacia poco se había cerrado- pero ya en serio, ¿Cómo lo haces? – repitió pero el no entendío a que se refería – digo… es obvio que no lo lamentas pero cuando lo dices parece verdad y ¡dios¡ le has mentido a esa chica como cinco veces y sigue sonrojándose cada vez que dices su nombre-

Hans se encogió de hombros ligeramente confundido por su cambio de actitud

-Anna es… poco intuitiva- agrego expectante – por decirlo menos, además- sonrio una vez mas – ayuda ser muy bien parecido-

-no me lo creo- respondio con rapidez- he hablado con ella y la verdad es que no es tan tonta como parece, haces algo mas para confundirla -

-observadora- replico - el truco esta en la forma en que lo dices, inmediatamente después de que me disculpo le recuerdo cuando las cosas estaban bien, asi a ella le cuesta trabajo separar la ira de sus sentimientos por mi-

-ella ya no te ama-

Hans rio con fuerza

-¡por supuesto que no me ama¡ si me amara ya estaríamos planeando la boda, a una mujer enamorada se le puede convencer de cualquier cosa – agrego a la ligera- pero Anna aun siente algo por mi, para empezar cree que soy apuesto, le gusta mirarme-

-no soy quien para juzgar eso-

-¿tendrás algo de comer? –

La princesa rebusco entre sus cosas saco un par de manzanas y le arrojo una, le sorprendio que los reflejos del príncipe le permitieran cacharla en el aire, espero a que el príncipe siguiera hablando pero este se limito a comer.

-a lo que entiendo tienes aun 10 hermanos mayores cierto? – exclamo algo fastidiada y el afirmo con la cabeza – bueno, si planeas obligarme a matarlo a todos entonces asumo que pasaremos algún tiempo juntos, podemos pasarlo mientras yo planeo formas de matarte o podemos conversar sobre la estúpida hermanita de Elsa, tu decides- Hans la miro por un momento, intentando decifrar que era lo que se traía entre manos - ¡vamos príncipe¡ - exclamo ella, sacando una botella de licor de debajo de la mesa – cuéntame.. ¿ que es lo que tiene la pequeña princesa contigo?-

-siente lastima por mi, cree que he sufrido demasiado – Mérida puso los ojos en blanco y Hans formulo esa mueca burlona que le sentaba de maravilla – Anna es una niña que creció en soledad, es soloo un reemplazo para Elsa…- mordió la manzana esperando ver la reacción de Mérida pero esta se contuvo de insultarlo- esta desesperada por atención, le gusta que la persiga, que le ruegue, aunque no lo admita la alaga- camino por la habitación tomando algunas prendas de la comóda, las inspecciono con los dedos y negó con la cabeza, no parecía feliz - ¿esperan que un príncipe vista esto? – acto seguido se miro las manos, casi como si creyera que se había ensuciado - ¿Dónde esta mi traje?-

-¿eso importa demasiado?-

Hans la miro con la misma decepcion con que había visto la ropa, resignado entro al armario cerrando las puertas detrás suyo.

-¿Cuál es el plan ahora?- le grito Mérida después de un rato pero no hubo respuesta - ¡Hey¡principito¡- grito de nuevo dando golpes en la puerta - ¡¿Tienes un plan verdad?-

El joven salió con paso firme, visiblemente ofendido, la chaqueta y el pantalón hacían juego, blanco inmaculado, con ligeros adornos dorados en las mangas, el cuello y la línea de los botones. Sobrío y elegante.

-las jóvencitas suelen emocionarse mas cuando me cambio de ropa-

-no yo- contesto Mérida señalándose – y si el plan es emocionarme es mejor que vayas cambiando de idea, ahora, ¿podemos dejar tu vanidad de lado por un maldito segundo? ¿o te falta peinado y maquillaje? – Hans la miró confundido – ¿Cuál es el plan? – repitió fastidiada

Hans chasco los labios y sus ojos rodaron por la habitación, Mérida sonrio complacida

-No tienes un plan- Mérida fingio sorpresa- no tienes una maldita idea de que hacer ahora-

-Callate-

-¿o que? A menos que tengas a mi madre atada en ese armario no hay forma en que puedas amenazarme…- la princesa dudo un poco- ¿no la tienes atada en ese closet verdad?- se levanto un poco del asiento y Hans nego con la cabeza

-¿Qué rayos pasa contigo?-

-Estoy arta de esto, de todo- levanto los brazos en el aire pero el príncipe no parecía reaccionar ante sus palabras- estoy cansada de pelear, de discutir contigo, ¡de discutir con todos¡ ¿quieres que mate a tus hermanos? ¡perfecto¡ matare a tus hermanos pero tienes que asegurarme que mi madre estara bien, no quiero ninguno de tus juegos –

-¿Crees que puedas matar a Michael?-

-que tu no puedas hacerlo no significa que nadie pueda-

Vio el orgullo del príncipe romperse un poco, sujeto con fuerza la manzana entre sus dedos

-¿por eso me estas obligando cierto? – fanfarroneo la princesa- tienes miedo de enfrentarte a el – vio la ira a través de sus ojos- Francis y Albertfueron el acto de apertura, el verdadero espectáculo aquí es Michael verdad? ¿te escondías de el cuándo eras pequeño?

-cállate- le advirtió

-eres un niño asustado-

-¡que te calles¡- grito exasperado

– ¿siempre fue tan grande? ¿te daba miedo que entrara a tu cuerto mientras te escondias bajo las sabanas? –

-¡no tienes idea de lo que dices¡ espero que lo intentes, espero que lo enfrentes, quiero verte fallar, quiero estar ahí para ver como te atraviesa las entrañas…. y solo cuando ayas dado tu ultimo aliento le llevare tu engreído y frío cadáver a tu madre….-

Mérida sientio la sangre hervirle, pero pudo reconocer el terror en los ojos del príncipe, eso era: estaba asustado, era su terror el que hablaba, tenia una forma de llegar a el

-puedo matarlo…. Puedo…-

- no tienes la fuerza ni la habilidad…. –

Una veloz flecha rozo sus dedos y clavo la manzana en la pared

-no se trata de fuerza- declamo sosteniendo el arco todavía pegado a su rostro – y jamás cuestiones mi habilidad –

Hans miro la manzana clavada en la pared y camino despacio por entre las sombras que proyectaba la lámpara, como si el mismo fuera uno de los fantasmas en los muros

-Soy la ultima aliada que tienes- dijo muy seria, parafraseando la voz de Anna y pudo ver la cabeza del príncipe ladearse con ligera sorpresa solo para después volver a su fingida indiferencia – puedes confiar en mi-

-¿puedo? No me hagas reir niña- Hans volteo de espaldas a ella, aun sin mirarla a la cara – me quieres muerto-

-NO – dijo muy seria- si tu vives mi madre vive, estoy muy segura de que has dejado instrucciones para matarla si no volvías- Hans levanto una ceja exceptico- es lo que yo haría –

-Eso no significa que pueda confiar en ti-

-no solo no te matare, te puedo proporcionar seguridad-

El príncipe río de nuevo

-¿seguridad?-

-no soy la única aquí que podría matarte, no llevas aquí ni un día y ya te dieron una paliza, quizás no lo admitas nunca pero de haberle dado mas tiempo Kristoff te habría matado, el pobre estaba realmente perturbardo cuando decidiste fastidiarlo-

-no creo que el sea un problema, puedo manejarlo-

-siempre que te alejes de su princesa, de lo cual creo eres incapaz-

-su princesa- repitió con desprecio – fue mia antes de ser suya

Mérida se detuvo un momento, Hans era el tipo de hombre que hablaba de las mujeres como posesiones, siento repulsión, quería golpearlo y salir corriendo, pero no podía, necesitaba de su ayuda, para su fortuna el también necesitaba de la suya-

-¿ese es todo el problema? – siguió como si nada- ¿alguien mas tomo algo que tu dejaste? Eres un niño malcriado

-no es el nuevo niño de Anna el que mepreocupa-

No, por supuesto que no pensó triunfal Mérida

-cumpliré mi palabra- continuo – puedo garantizarte…

-Elsa va a matarme apenas salga de aquí- la interrumpió, su voz sonaba apagada, no había emoción alguna en sus palabras

-no, no lo ara- Hans rio incrédulo y Mérida respiro hondo – yo me encargare de eso-

-¿Cómo?-

La princesa camino hacia el

-¿Dónde tienes a mi madre? -

-¿Cómo convencerás a Elsa de que no me mate?-

La princesa suspiro con resignación

-a decir verdad… esperaba contar con un poco de tu ayuda para eso- se tambaleo de un lado a otro sosteniéndose el brazo herido, con cierta resistencia.

El príncipe se mostro exceptico mientras por fin se giraba a verla

-retomando nuestra conversación anterior – Mérida camino por la alcoba, dirigiéndose a la pared, quitando la flecha clavada y tomando la manzana- ¿Cómo le haces para que Anna crea tus disculpas? –

Hans la seguía mirando y de pronto volvio a sonreir, de lado con un gesto triunfal

-Había escucado los rumores, no crei que fueran ciertos-

la princesa trago saliva y se odio a si misma por varios minutos.

-Elsa esta enamorada de mi – no se atrevio a mirarlo a los ojos – según tu, cuando una mujer esta enamorada puede creer cualquier cosa, entiendo si crees que sobrepasa tu habilidad es decir, no creo que sepas mucho sobre el amor-

-no se trata de amor- dijo con un nuevo brillo en los ojos- y jamás cuestiones mi habilidad-

Un minuto de silencio, ambos habían combatido al monstruo de hielo, ambos sabían de lo que Elsa era capaz, entendía que Hans estuviera asustado de la magia, ella conocía muy bien los peligros de jugar con fuerzas que no conocía; pero había algo más, mas alla del chantaje y los juegos de poder, ella sabia lo que era sentirse fuera de lugar, lo que era aborrecer tu posición, lo que era desear con todas tus fuerzas cambiar tu destino.

Pero el príncipe estaba torciendo demasiado su camino, lamentablemente a ella no le quedaba otra opción mas que ayudarlo.

Solo quedaba una duda, una pieza mas que debía encajar para que las cosas siguieran su rumbo.

-¿Dónde tienes a mi madre?-

El príncipe dejo de sonreír, la miro de arriba abajo, hablo muy despacio y por primera vez en mucho tiempo dijo la verdad.