Feliz día de San Valentin¡

cuando dije 15 de enero realmente quise decir 14 de febrero, lo se, lo se... soy una horrible persona, pero bueno.. la navidad me atrapo y el trabajo y la familia y en general muchas cosas fuera de mi control que no me permitieron entrar en animo para ponerme a escribir.

Gracias a toda la gente que me ha mandado mensajes, dejado review y revisado casi diario la pagina del fic por actualizaciones, su interés fue lo que realmente me hizo sentarme y escribir.

Prometo que no abandonare el fin, tal vez tarde un poco mas en actualizar pero no abandonare, uffff... gracias a cualquiera que aun lea esto y sigan adelante, supongo que no están aquí para leerme poner excusas.. ¡que disfruten el capitulo¡

Como nota al pie.. se que es larguísimo pero no pude cortarlo. Si cierta persona (euchan) va aquejarse por la extensión por favor ten en cuenta que es el capitulo enteramente dedicado a Hans y no pude evitar extenderme.


El gran salón del castillo de Maldovia era exquisito, piso de mármol pulido, vitrales en las ventanas, decorado sublime, casi era un pena como las paredes se sacudían con cada ataque del enemigo.

El ruido de los cañonazos era ensordecedor y agobiante, aun asi no era la amenaza de guerra lo que fastidiaba al treceavo príncipe de las islas del sur.

-Debemos fortificar las murallas-

-tendríamos que negociar con los atacantes primero-

-emitir un llamado a los ciudadanos.. alertar a nuestras fuerzas, que fortifiquen el castillo-

-Majestad… por favor..-

Los concejales le hablaban a un príncipe que no los escuchaba, Naveen estaba sentado en el trono de su padre, un trono que aun era demasiado grande para el, se notaba el miedo en sus manos nerviosas.

-Naveen, querido- hablo dulcemente la joven Bufond, intentando captar la atención de su prometido pero el joven noble solo tenia ojos para la mujer detrás de su futura esposa, lo veía con la desesperación de un niño que acaba de encontrar a su madre.

Hans no decidía que era mas absurdo, el drama romántico o el príncipe Naveen en si mismo. El heredero al trono de Moldavia era la persona mas irritante del mundo.

Primogénito, mimado, incompetente, irresponsable, le daban nauseas de solo observarlo, sentado en su trono, escuchando a sus concejales y cediendo el poder a un montón de interesados… ¡por que sus hermanos no eran como ese sujeto¡ ¡arrebatarle el trono a ese insensato debía ser lo mas fácil del mundo¡ ¡ lo pedía a gritos¡

No soportaba mirarlo por mas de unos minutos y la espera de la invasión lo tenia vuelto loco.

Giro hacia la ventana esperando distraerse, los sirvientes de Mérida lo siguieron con la mirada, la princesa de Arendelle había dado la orden explicita de que aquel trío de payasos lo mantuviera vigilado y de cierta forma el príncipe estaba complacido de tener personas a su servicio, aun así el panorama le resulto funesto, aquellos barcos… ¡Maldita sea¡ aquellos barcos eran iguales a los que había conocido en su infancia, se recupero pronto de su conmoción y sonrío pensando que no solo Michael estaría en aquella flotilla, quizás algunos de sus hermanos mayores se habrían unido a el, todos morirían cuando Elsa congelara la flota.

Escucharon otro ruido potente, pero no era perteneciente al ataque, provenía del pasillo y la piel se le enchino con el conocido grito.

Anna y Kristoff emergieron del pasillo seguidos por dos gigantescas criaturas de nieve, Hans calmo sus temblores; Elsa estaba percatada del peligro y estaba protegiendo a su pequeña hermana, era una señal de que estaba tomando la guerra en sus manos.

La pequeña princesa de Arendelle lucía aun mas pequeña entre aquella criaturas, era irónico que la protección la hiciera ver terriblemente indefensa, casi era delicioso el miedo en sus ojos.

El hombre de montaña no despegaba la vista de los monstruos de nieve, su rostro era entre fascinado y expectante, su aprecio hacia los monstruos de la reina era perturbador.

-¿que esta pasando?- Anna preguntaba lo obvio, rápidamente el salón volvió a llenarse de gritos y opiniones

¿por que discutían? ¡tenían a la reina de las nieves de su lado¡ ¡no tenían nada que temer¡

Otro cañonazo sacudió la habitación y la joven Bufond cayó al piso, rápidamente Tiana la sujeto para evitar el golpe

-Tenemos que hacer algo- exclamo la camarera- tenemos que defendernos- sus palabras eran fuertes, era extraño, no hablaba como lo haría la servidumbre, habia coraje en sus palabras, ella y el principe Naveen se observaron por un instante.

-si- exclamo el joven sentado en el trono - debemos... -

-llamar a la guardia- termino el almirante Hawkins ante la incompetencia del príncipe- organizar a los soldados- sin proponerselo el joven se había acercado hacia su amada doncella

Hans chasco la lengua impaciente, llamando la atención del almirante, no quería que un enamoramiento arruinara sus planes

-si- repitió Naveen- hagan eso-

Hans rodó los ojos por el techo, sacudió su pie contra el piso.

-Loti necesita descansar- la voz de Tiana hablaba por encima de las otras ignorando las miradas de reproche sobre ella

-estoy bien Tiana querida- suspiro la señorita Bufond entre temblores, intentando parecer tan fuerte como su amiga pero fallando miserablemente en el intento

-Te llevare a tu alcoba- continuo Tiana ignorando sus replicas, posando su mano sobre su frente - tienes fiebre, debes descansar-

-permitanme escoltarlas- replico Hawkins con preocupación en su voz, con cariño, con ansiedad - debo poner guardias en su puerta- recupero la compostura- los soldados enemigos podrían invadirnos propios y debemos proteger a la futura reina de Maldovia.

-Gracias- murmuro Loti y el joven prácticamente se derritió ante sus palabras

El almirante sujeto a la joven y la ayudo a caminar hasta la salida, ninguno de los dos pareció darse cuenta de que la camarera no los acompañaba

-Será mejor que nos unamos a los soldados- hablo Eugene, hasta ese momento el principe no se había percatado de la presencia de el... ¿que se suponía que era ese hombre? ¿prometido de la princesa? ¿era siquiera noble? lo miro con disgusto e ignoró su comentario - es hora de terminar con esta guerra de una vez por todas-

-¿y para que nos arriesgamos?- hablo el príncipe

-¿disculpa?- respondió Eugene

-no hay porque arriesgarnos - sonrió el joven noble- los barcos siguen en el mar, bastaría con que Elsa congelara los muelles para frenar el ataque-

-entonces nos quedamos aquí a escondernos como ratas-

-yo voy a resguardarme como un príncipe, creo que todos sabemos que la única rata aquí eres tu- respondió con una sonrisa, sabiendo perfectamente la reacción que sus palabras tendrían en él. Perro antes de que un molesto Eugene fuera capaz de acercarse lo suficiente para golpearlo uno de los chicos de los clanes le cerro el paso

-¿en serio?- se sorprendio el castaño

-ordenes de la princesa- exclamó Macintosh nada cómodo con la situación, Eugene sacudió la cabeza si dar crédito a sus ojos

-¿donde esta ella por cierto? - siguió el chico dando vuelta hacia Anna y Kristoff, ignorando la sonrisa en el rostro del príncipe - ella y Elsa ya deberían estar aqui-

-no lo se- hablo Anna - no me dijo a donde iri… -

-¿Elsa no esta en el castillo?- grito Hans y Anna se tapo la boca con la mano mientras emitía un chillido agudo

-yo… es decir- empezó a balbucear - ¡esta en su habitación¡ ya la conoces..- rió nerviosa- le.. le gusta estar sola

-¿Donde esta Elsa? - murmuró apretando los labios, giro hacia los jóvenes Lord- ¿donde esta Mérida? - Los jóvenes se vieron entre ellos - ¡no puede ser¡ - el pánico lo sacudió, sin la reina y la princesa esta era una lucha perdida.

Giró a tiempo para observar como el primer barco anclaba en el muelle, maldijo para si mismo, reconoció la embarcación, sin quererlo, sin poder evitarlo siquiera recordó la primera vez que vio ese barco.


Pisadas apresuradas a través de las baldosas , dos niños corriendo entre la multitud, un par de hermanos tomados de la mano, desesperados por abrirse camino entre el tumulto, ambos con el mismo rostro afilado, casi de la misma estatura, los mismos ojos, pero diferente mirada.

El más pequeño tropezo de cara al suelo, no tendría más de siete años, más delgado que la mayoría, con una mata de cabello pelirrojo creciendo entre sus orejas, con unos ojos verdes ansiosos por devorar al mundo mundo.

El mayor regresó sobre sus pasos, fastidiado por el retraso

-¡levántate Hans¡ ¡o no llegaremos a tiempo¡ - le gritó desde la distancia

El hermano menor se levantó rápido conteniendo las lágrimas, de un manotazo rechazo la ayuda y afirmó con la cabeza siguiendo a su hermano mayor de camino al muelle.

-¡Allá van¡- Exclamaron ambos con asombro, apuntando a un gran barco que zarpaba, un flamante navío nuevo, con velas blancas y proa de madera reluciente, en su cubierta tres jóvenes saludaban a la multitud, sus falsas sonrisas desaparecieron al divisar a los dos pequeños.

-¿¡Hans¡?¿¡Francis¡?¿ ¡que hacen fuera del castillo¡?¡no deberían estar aquí¡ - exclamaron los jóvenes desde la cubierta

-¡No te preocupes Andrew¡- gritó el mayor de los niños - ¡Venimos a despedirlos¡-

Los pequeños siguieron sonriendo mientras le hacían señas a sus hermanos mayores, no dejaron el muelle hasta que la embarcación se convirtió en un pequeño punto lejano.

La capital de las islas del sur era la pieza central en un gran archipiélago y su puerto era todo lo que podía esperarse de una nación dedicada enteramente a la navegación. Grandes malecones de madera al borde de la playa, enormes barcos con velas blancas zarpando todos los días, telas exóticas y especias en los mercados, tumultos, tráfico, ladrones, y piratas en las esquinas.

Poco a poco la gente que iba a despedir a los príncipes se fue disipando, dejando solitaria la vieja plaza..

-¿ crees que vayan a estar bien?- preguntó Francis mientras caminaban de regreso a palacio, su voz se quebró ligeramente -¿crees que regresen?

- Espero que no- contestó Hans mientras se iban acercando al gigantesco castillo de piedra, el calor tropical los hacía sudar demasiado, aun asi no tenían prisa por volver a casa.

-No lo dices en serio- se asustó Francis - un día nosotros podríamos ir en ese barco…-

-Espero jamás hacer enojar tanto a padre- susurró Hans en respuesta, sacudiéndose los pantalones mugrosos

-Ir a pelear no es un castigo- se ofendió el mayor de los hermanos- estamos en guerra, ¡lo mejor es que los príncipes den el ejemplo y vayan al frente¡-

-¿y porque no van Klaus o Victor? - replicó Hans y Francis hizo una mueca, la simple mención de los primogénitos hacía rabiar a cualquiera de los príncipes- padre envió a Andrew y los gemelos como castigo por… - guardó silencio evitando la mirada de su hermano

-¿porque? - reclamo Francis y Hans respondió susurrando

-No lo sé, tiene algo que ver con una sirvienta, Mari la moza que trae la fruta, algo con ella y unos niños- explico con cuidado- no lo se, los escuche hablar en la madrugada-

-Mamá dijo que era muy valiente de su parte ofrecerse para ir a la guerra - balbuceo Francis con recelo

-¡Eso es estúpido¡ ¿quien se ofrece para ir a la guerra? - siguieron caminando, adentrándose a los jardines - ¿cuando viste a mamá? - Hans hizo un esfuerzo por mostrarse sereno

-no la vi, entre las cartas para los gemelos una era de ella- el pelirrojo no se sorprendió, no es como si nunca se hubiera robado la correspondencia de sus hermanos mayores - podrían no regresar…- volvió a balbucear y golpeo a Hans en el hombro al verlo sonreír.

-ouch¡- se quejo el pequeño - ¿y eso porque? -

-¡tu sabes porque¡- le reclamó el castaño

Hans lo empujó de vuelta y salio corriendo de carrera por las puertas del castillo, Francis lo siguió apresurado, pero ambos se detuvieron apenas divisaron otra figura esperándolos en los jardines.

Su hermano Michael no era mucho mayor que ellos, apenas le llevaba dos años a Francis y tres a Hans pero era lo bastante corpulento como para aparentar unos doce, sus manos y pies eran grandes para un chico de su edad y sobre su cabeza crecía una mata de cabello pelirrojo exactamente igual a la del menor de sus hermanos.

-¡que hacen los dos afuera¡- les gritó desde lejos y caminó hacia ellos dando tumbos, estaba un tanto sudado y llevaba una espada de madera en la mano

-¡que te importa¡- respondió Hans pero Francis se coloco delante suyo

-fuimos a despedir los barcos- contesto muy serio pero con un ligero temblor en su voz

-¿querían ver por última vez a Andrew y los gemelos?- se burlo Michael con una mueca

-¡Van a volver¡- reclamo el castaño pero su hermano menor puso los ojos en blanco

-¡lo ves¡ ¡inclusive Hans cree que son un caso perdido¡- volvió a burlarse Michael - el instructor los estuvo esperando un buen rato… si siguen faltando a las lecciones padre podría enviarlos en el próximo barco- dijo agitando su espada

Francis y Hans se miraron intentando disimular su miedo

-Dudo mucho que dos debiluchos como ustedes duren tres minutos en una guerra de verdad..- agito su espada hacia ellos y Hans se cubrió la cara con las manos lo que provocó más risas de parte de Michael.

-¡que esta pasando ahí¡- escucharon un grito, los tres niños giraron hacia las escaleras y observaron a la nana, los tres retrocedieron un poco, era demasiado tarde para intentar huir

La mujer furiosa camino hasta ellos y los miro con desaprobación.

-¡Pero mira nada mas que desastre¡- se quejo la nana - ¡los tres traen mugre hasta debajo de las orejas¡ ¿pero donde se metieron¡ -

-¡tuvimos clase de esgrima¡- se apresuro Hans

-¡ No es cierto¡ - exclamo Michael mientras lo empujaba

-¡cállate¡- grito Francis

-solo yo fui a clase- siguió Michael ante el enfado de sus hermanos menores- ellos fueron a ver los barcos -

Los pequeños empujaron al mayor y este respondió con un par de manotazos, la nana se abalanzo sobre ellos pero los niños no cedían, daban patadas y se emberrichaban en seguir peleando.

-¡pero que vergüenza¡ - se escucho otra voz a la lejanía

La nana se tiro al suelo y los niños se soltaron inmediatamente

-¡Majestad¡- exclamo la pobre nana con horror - no la escuche llegar -

La reina se acerco a ella con paso elegante, era una mujer mayor y muy hermosa, sin duda alguna la dueña del castillo, su vestido relucia al igual que sus joyas, su rostro afilado quedaba envuelto por las capas de cabello dorado y entre ellas resplandecían unos ojos esmeralda que no se molestaban en esconder su desprecio.

-¿que es todo esto?- miraba fijamente a la nana mientras los niños detrás suyo bajaban la frente avergonzados -explicate- exigió

-los niños mi reina- comenzó la mujer tartamudeando - estaban peleando y yo…-

-¡y tu no estas permitida a ponerles una mano encima¡- la interrumpió indignada - son príncipes, si les da la gana sacarse los ojos entre ellos que asi sea… no esta en ti decidir que es correcto o no para ellos-

-si.. si majestad- contesto la nana apenas murmurando

-¡no te escuche¡-

-¡lo que ordene majestad¡- chillo sin despegar el rostro del suelo

La reina saco su abanico y suspiro con fastidio

-muy bien, ahora deja de malgastar mi tiempo, sube y prepara el baño para los príncipes- La nana obedeció al instante y por primera vez desde su llegada la reina aprovecho para mirar a sus hijos -¿Y ustedes tienen alguna excusa para su deplorable aspecto?-

Los niños dudaron, Hans y Francis vieron a Michael con temor… ¿se atrevería a acusarlos ante su madre? antes de que pudiera hacerlo Francis se decidio a hablar

-Hans y yo fuimos a ver salir el barco- Hans volteo angustiado

Esperaron un segundo, parecía que la reina no los había escuchado

-Hans y yo fuimos a… -

-Escuche- explico la reina- pero eso no es excusa para su aspecto- hablaba muy despacio, mirándolos por encima

Michael emitió un raro sonido, algo entre un bufido y un quejido, parecía molesto de que sus hermanos se llevaran toda la atención

-yo fui a clase de esgrima- exclamó con altaneria, la reina lo examino de arriba a abajo, se dio aire con su abanico y giro hacia los jardines

-Retírate Michael- ordeno suavemente, el niño abrió la boca para reclamar pero se detuvo, su madre ni siquiera lo estaba mirando, se giro hacia a sus hermanos amenazándolos con los puños y se alejó murmurando

Hans y Francis se sonrieron entre si pero se detuvieron ante la fría mirada de su madre

-queríamos despedir a nuestros hermanos- balbuceo Hans

-con aun mas razón debían estar bien vestidos - La reina se abanicaba con pereza, camino alrededor de los niños y se agacho junto a ellos - ¡son principes¡ siempre deben lucir como tales, mas cuando están frente a una multitud-

-¡pero ellos no sabían quienes eramos¡- se defendió

-¡aun peor¡- se ofendió la mujer y tomo el rostro del pequeño Hans entre sus manos- somos realeza hijo, cuando la gente lo olvida es nuestro deber recordarselos-

Hans sonreía cuando Francis se arrojo a los brazos de su madre

-¡ahg¡ - grito la reina apartándose - ¡Francis¡ ¡mi vestido¡ - empezó a sacudirse la suciedad y los miró con reproche -¡largos de aquí¡ ¡vayan con la nana a que los tenga listos para la cena¡-

Se alejo moviéndose sobre sus zapatos altos y los niños se mantuvieron quietos hasta que ya no escucharon el repique de sus tacones

Esta vez fue Hans quien golpeo el hombro de su hermano

-ouch¡- Francis imito la voz Hans- y eso por que-

-tu sabes por que- respondió fingiendo a su vez la voz de Francis -Vámonos- se quejo Hans jalando el brazo de su hermano - hay que subir -

-Podría volver- dijo volteando hacia las escaleras donde su madre había desaparecido

-dijo que nos vistiéramos para la cena- le recordó - tal vez este en la cena-

-Si podría ser…- Francis rió con complicidad -Michael va a hacernos puré en cuanto nos encuentre-

Ambos volvieron a reir y Hans imito la forma en que su hermano mayor los amenazaba con los puños…

-mama dijo mi nombre - Francis hablo después de un rato -dijo mi nombre…- susurro - no recuerdo la ultima vez que me llamo por mi nombre -

Esta vez fue Hans quien suspiro con fastidio y lo obligo a moverse, ya tendrían toda la vida para hablar sobre su madre.


Salió del gran salón presa del pánico, tal vez si tenía suerte podía escapar del castillo, los demas tenían posibilidades, podrían ser capturados como rehenes, ¿pero el? el había asesinado a dos de sus hermanos, si era capturado probablemente lo decapitarían al instante en el mejor de los casos podría vivir un par de días mas si su padre quería estar presente para la condena.

Escucho unos pasos detrás suyo, con el temo a flor de piel se escondió para no ser visto

-suéltame- era el grito de una mujer, la voz de la camarera

-Tiana... por favor te lo suplico- era obvio que la mujer no estaba interesada en escuchar al príncipe y Hans rió para si mismo, Naveen no tenía ni la menor idea de como tratar a una dama, pronto sería rey y no era capaz de enamorar a una joven, jamas había conocido a nadie mas incompetente y tomando en cuenta que había pasado los últimos días en compañía de la escolta de Escocia era mucho decir.

-suéltame en este instante- repitió Tiana - no quiero escuchar nada de lo que tengas que decirme, aléjate de mi-

-Te estoy suplicando, por favor... que mas quieres de mi?- grave error pensó el príncipe,Naveen no podría escoger peor sus palabras

- ¡¿que más ?! - la camarera grito ofendida - que más!? tienes que estar jugando... - los dientes de la chica rechinaban con impaciencia y el príncipe de Maldovia retrocedió algunos pasos- ¿que te parece ser honesto? ¿que te parece haberme dicho la verdad? ¡que te parece ser algo menos que un mentiroso inútil¡

-¿yo te mentí?- para sorpresa de Hans el principe de Maldovia opto por una actitud defensiva - ¿yo te mentí Tiana? desde el primer momento en que nos conocimos tu no me dijiste nada mas que mentiras-

La camarera se quedó sin habla

-te entregue mi corazón Tiana, renunciaría a todo por ti... ¡a todo¡ ¡Te pedi matrimonio y tu no fuiste capaz de darme una respuesta¡-

Un silencio los envolvió, parecia que la camarera estaba a punto de llorar

-no te dije que no- dijo como apenas un suspiro

-Tampoco dijiste que si- respondió el como si cada palabra le doliera, Tiana lo seguía mirando fijamente como si de verdad lo estuviera escuchando - ¿porque estas aquí Tiana? ¿si no quieres verme que haces en mi palacio? -

-Rapunzel y las demas me ayudaron, mi posada se destruyo, Jade me quiere en prisión- Naveen rio inesperadamente - ¿que es tan divertido?-

-Jade- respondió y ella alzo una ceja- a veces cuando me deprimo lo suficiente pienso: bueno, al menos no estoy comprometido con Jade-

Tiana rió aguantando el llanto y el caminó al rededor de ella, con ese paso cadente, con esa presencia que la atrapaba

-no lo hubieras hecho - dijo el príncipe sin mirarla - no lo hubieras dejado todo por mi, por esto - abrió los brazos señalando el palacio- ibas a decirme que no, ibas a decirme que me fuera y me hiciera cargo de mis responsabilidades y necesitaba casarme para poder hacer eso

La camarera se mordió el labio tensa

-y decidiste que la mejor manera de decírmelo era pidiendo la mano de Loti- esta vez no había duda de que contenia el llanto

-yo no... - Naveen se sacudió el cabello nervioso- se que no fue la mejor de las formas pero, estas aqui ahora, creo... - balbuceaba- creo que significa algo-

-significa que tengo una pésima suerte-

-o que tu y yo..- se acerco lo suficiente como para disfrutar lo hermoso de sus ojos- que debemos... - su lengua lo traicionaba- no puedo olvidarme de ti Tiana-

-Tendrás que - se alejó unos pasos - vas a casarte -

-pídeme que la deje- suplico el príncipe- dime que me amas y lo dejare todo, solo pídelo y...-

-cállate- gritó dejando que las lagrimas la invadieran - solo- respiraba con dificultad - solo cállate de una maldita vez-

Volvió hacia ella, cubriéndola con sus brazos, dejando que llorara sobre el, si tan solo ella no fuera tan terca, si tan solo el no fuera tan descuidado.

Hans los escuchaba desde su escondite

Promesas de amor eterno, era tan fácil prometer amor, admiró la ligera duda en la voz de Naneen, la tensión en el aire, la había envuelto y capturado; tal vez el príncipe no era un completo inútil.

Después de todo mentir era un deporte de príncipes


De la primavera le siguieron muchos veranos, ese en particular era el más caluroso en varias décadas, no había caído una gota de lluvia en todo mayo y los secos campos amenazaban con arder.

Pese a todo el joven Hans, para su desdicha aun treceavo príncipe de las islas del sur se esforzaba por mantener la etiqueta, su chaqueta cafe ajustaba perfectamente sobre su espalda y a sus pantalones había tenido que agregarle unos cuantos centímetros debido a lo rápido que crecía. A diferencia de otros adolescentes el joven príncipe mantenía una piel envidiable, casi como la de un niño, su voz había cambiado casi de la noche a la mañana y sus ojos verdes resplandecían casi idénticos a los de su madre causando la rabia de sus hermanos y la admiración de las jovencitas.

El calor lo sofocaba mientras subía los escalones, ya era tarde para la gala y no tenía intenciones de llegar con retraso pero tampoco estaba dispuesto a llegar solo.

Abrió la puertecilla al final de la escalinata, un viejo escondrijo en la parte trasera del castillo y tuvo que cubrir su rostro debido a mal olor.

-¡pero que¡- exclamó retrocediendo algunos pasos - ¡Francis¡- se dirigió a su hermano tendido en el piso, molesto tomó una cubeta del piso y vertió el agua sobre el.

El doceavo príncipe se despertó precipitado y maldijo en voz alta

-¡Hans¡- musitó sorprendido - ¿como? ¿que haces?-

-te despierto - dijo paseando la vista por el cuarto - la gala empezó hace un rato y padre quiere que todos estemos allí para recibir al embajador- con cuidado de que su chaqueta nueva no se manchara levantó a Francis del piso - date prisa-

El joven se recargo en su hermano y se puso de pie, Hans no debatía entre la lástima y la repulsión al acercarse a Francis.

-Bien.. bien..- se quejó el castaño- pero no tienes que gritar-

-Si esto te molesta no se como vas a soportar la banda de allá abajo- se burlo Hans mientras buscaba ropa apropiada, intencionalmente haciendo el mayor ruido posible

-ughh.. basta- se quejó Francis, pero sólo le provocó risas a su hermano

-debiste haber pensado en ello antes- respondió con una sonrisa - por cierto que tus amigos pasaron a verme - Francis lo vio con preocupación- les pague lo que les debías -

-¡no les debía nada¡- gritó el castaño

-nada que pudieras recordar- exclamó Hans pateando unas botellas - como sea, ahora me lo debes a mi -

-anótamelo- dijo Francis al aire mientras se sentaba de mala gana

-dijiste que no volvería a pasar -

-cállate- le espetó su hermano

-si sigues así padre podría…-

-¡si quisiera enviarme a la guerra ya lo hubiera hecho¡ - suspiró con fastidio buscando entre los bolsillo de sus pantalones- no sabe siquiera que existo… pero- sonrió con cierto cinismo mientras sacaba una caja de cigarrillos y encendía uno con una vieja vela en lo alto del estante - ser el doceavo debe tener alguna ventaja -

-Apaga eso Francis- dijo Hans muy serio

-tranquilízate hermanito-

-Apaga eso y vístete- - debemos llegar a la gala-

-¡nadie se dará cuenta que no estamos¡- replicó molesto pero fueron interrumpidos por unos golpes a la puerta

-¡Francis¡ ¡Hans¡- ambos rodaron los ojos al escuchar la tenue voz de Albert, el onceavo príncipe llamaba a la puerta

-¡lárgate Albert¡- grito Hans fastidiado, distrayéndose por un momento de su discusión con Francis

-Padre los está buscando, mejor dense prisa o Michael vendrá por ustedes-

-¿Se supone que eso nos asuste?- se burló el treceavo príncipe -¡lárgate y dile a Michael que se meta en sus propios asuntos¡-

-yo solo vine a decirles- siseo Albert y escucharon sus pasos bajar por las escaleras

-maldita sea- suspiro Francis -¿me acompañas hermanito?- dijo extendiendo una botella, Hans chascó la lengua y buscó un vaso sobre la mesa, se sentó con cuidado, de nuevo con los modales impecables de la realeza

-¡por la paliza que nos pondrá Michael¡- grito chocando la copa con su hermano

-pedazo de simio…- Francis se levantó y caminó hacia la puerta- deberíamos largarnos de aquí antes de que venga a buscarnos-

-Deberías vestirte e irnos a donde se supone que debemos ir- replicó Hans haciendo gestos por lo amargo del licor- ¿que se supone que estamos tomando?-

-no quieres saberlo hermanito- se burlo Francis y Hans volvió a molestarse

-vístete y vámonos- murmuró con los labios apretados

-si tanta prisa tienes vete - dijo abriendo la puerta - de paso te puedes encontrar a Michael y decirle dónde estoy… ¡o contarle a padre de mis deudas¡ -

Hans negó con la cabeza, dándose cuenta que no era la primera copa del día para su hermano

-yo no…-

-¡por lo visto estas demasiado ocupado pretendiendo ser perfecto¡-

-¿de que diablos estas hablando? -

-¡¿crees que no lo se?¡ - tiró la botella al piso - ¡el príncipe Hans¡ - se pavoneo burlesco - ¡el mas apuesto de los príncipes de las islas del sur¡- el pelirrojo se levantó de su silla incrédulo- nadie se cansa de hablar de tus habilidades con la espada o de lo encantador que te has puesto "al menos no es un bueno para nada como el doceavo príncipe"- imitó la voz de su nana - "tal vez no llegue a ser rey pero aún es un buen partido"-

-Basta Francis- Hans tomó a su hermano del brazo antes de que pudiera continuar

-¿o que?- lo retó - ¿que vas a hacer? ¿vas a acusarme?-

-no haría eso- se ofendió Hans- vine por ti Francis, a sacarte de… ¡de lo que quiera que estés haciendo¡ basta…-

Escucharon unos ruidosos pasos por la escalera y ambos perdieron un poco de color

-Michael- susurro Francis mientras cerraba la puerta y Hans se apresuró hacia la ropa de gala que había encontrado, se la aventó a su hermano que apenas alcanzó a cacharla.

-¡Vístete¡- le ordeno pero el castaño apenas se mantenía en pie -¡maldita sea Francis¡- grito Hans ayudando a ponerle la chaqueta

-Padre dice que bajen ahora- la gruesa voz de Michael los hizo saltar un poco

-ya vamos- respondió Hans intentando sonar seguro

-Ahora- la autoridad en su voz era palpable, aventó la puerta y ambos hermanos lo vieron con resentimiento

-dije que ya vamos- Recalcó el mas pequeño de los príncipes, con los labios apretados y un resentimiento que rozaba en el odio

Michael lo reviso con la mirada, la chaqueta mal puesta de Francis, el olor a alcohol en el aire.

-ustedes ni siquiera valen la pena- se rió para sí mismo y dio media vuelta, Hans suspiro entre aliviado y expectante

-¿que se supone que significa eso?- se enfureció Francis pero Michael no respondió, a pesar de la oposición de su hermano menor el doceavo príncipe se abrió camino hasta Michael y lo empujo de lo hombros, el décimo príncipe volteó a verlo como si no pudiera creer su imprudencia

-Estas mal Francis- su respuesta sorprendió a Hans - no sabes lo que estás haciendo -

-¡Se muy bien lo que estoy haciendo¡- gritó fuera de sí

-Cálmate Francis - exclamó Hans interponiéndose entre ambos pero lo empujaron hacia el cuarto, el licor tirado en el piso lo hizo resbalar hasta el estante y sin poder evitarlo tiró las velas encendidas.

El fuego se propagó rápido, el calor golpeó al menor de los príncipes y cayó desmayado casi al instante, Francis apenas podía mantenerse de pie, Michael actuó rápido, justo como su entrenamiento le había enseñado.

Con ambos hermanos a cuestas bajo las escaleras de prisa, pese a su tamaño le llevó un gran esfuerzo, Hans estaba inconsciente por lo que cargarlo era un trabajo sencillo, pero Francis estaba histérico, pataleaba y chillaba ante el contacto con las llamas, no tenía resistencia al dolor ni preparación para actuar bajo presión.

Las constantes sacudidas hicieron a Michael tropezar en el último escalón , estampándolo con la puerta de entrada, el movimiento despertó a Hans, quien confundido hizo un esfuerzo por levantarse, sofocado y mareado abrió la puerta solo para encontrarse con una multitud curiosa.

Toda la gente que asistió a la gala se había alarmado con el fuego, tomó la mano de Francis y lo sacó de la torre en llamas y entre los dos arrastraron a Michael fuera del peligro.

El doceavo príncipe estaba en su límite y cayo rendido sobre el hombro de su hermano menor quien apenas tenía unos rasguños y quemaduras leves.

-¡es un héroe¡- exclamó la multitud- ¡el mas pequeño de los príncipes los ha salvado¡-

Feliz del reconocimiento el joven Hans empezó a saludar, con sumo cuidado de no sonreír demasiado, pidiendo que curaran primero a sus hermanos, dijo no saber como se había propagado el incendio, fue por su hermano para ir a la gala y se encontró con el fuego.

Se sorprendió a sí mismo con lo fácil que era mentir y aun mas de lo mucho que lo disfrutaba.


¿y ahora?- la voz de Kristoff denotaba preocupación, aunque aun seguía un poco distraído observando los hombres de nieve que acompañaban a Anna

no lo se… supongo que Elsa tuvo alguna buena razon para ir a - balbuceo un poco- a donde quiera que aya ido..Tal vez debería ir a buscarla- dijo asomandose por la ventana

-Me parece que el mensaje que quiso dejar con los muñecos de nieve es que te quedaras en el palacio- susurro con cariño e hizo sonreír a la pelirroja

¿Crees que piense volver pronto?-

-con Elsa nunca se sabe..- siguió Kristoff- pero donde este seguramente puede escuchar los cañonazos- grito tapando los oidos por el ruido- tal vez ella y Mérida solo fueron a dar un paseo o algo-

- volverá pronto - suspiro Anna- estoy segura -

- Hace literalmente dos segundos no tenias idea si…-

- ¡regresara pronto¡- exclamo la princesa alzando los brazos - esos barcos no sabrán que los golpeo¡- una vez se giro hacia el enorme ventanal - ¿como cuantos serán? -dio saltitos contándolas con los dedos, los cañonazos cesaron por un momento y le pareció escuchar pisadas por las escaleras -Regresara pronto…- suspiro de nuevo Anna, mas para ella misma - donde quiera que este, se que volverá pronto- se asomó por la escalinata y le parecio distinguir un par de botas.

-¿pasa algo? - susurro con cariño

-no, nada- contesto ella - necesito un momento - no le dio tiempo de contestar - ¿te quedas con los hombres de nieve? solo, necesito un segundo para... ham.. - volteo de nuevo a la escalera - solo un segundo - gritó mientras corría.


Corría escaleras abajo, esconderse en la jungla mientras todo pasaba era la mejor opcion, intentó mantenerse calmado, pensar con claridad.

Intentaba respirar cuando escucho alguien acercándose, pisadas apresuradas que tropezaron en el último escalón, la reconoció sin necesidad de mirarla.

-¿Al final no puedes alejarte de mi verdad princesa? - El rostro de Anna lo recibió con cansancio

-Estas huyendo - tenía fuego en los ojos - ¿y todas esas tonterías de que querías detener a tus hermanos? ¿y toda esa…? - se quedó callada y apretó los puños

-¿en verdad te sorprende?- no entendía a donde iba todo eso- a estas alturas Anna, ya deberias conocerme lo suficiente como para… -

-¡Eres un cobarde¡ - gritó como si fuera el peor insulto del mundo- ¡sabía que eras mentiroso pero esto¡ te la pasas quejandote de lo horrible que tus hermanos te trataron y de como odias ser el último en la línea al trono, ¡pero cuando tienes la oportunidad de hacer algo sales corriendo como un perro asustado¡ siempre crei que.. que.. -

-¿que? - una risa amarga - lo que sea que hayas pensado estas mal, ¿no te cansas de estar equivocada?-

-crei que querías ser rey - murmuro como si sus labios se quemaran solo de pronunciarlo- creí que harías cualquier cosa por ello, crei que al menos.. que de todas las cosas horribles sobre ti, creí que al menos tenías ambición, pensaba que al menos tenias la suficiente confianza, que te respetabas, ¡que al menos creías en ti mismo¡-

-Creo en mi Anna, me respeto lo suficiente como para evitar una muerte segura-

-pero todo era parte de tu acto- continuo ignorandolo - no solo tus palabras son mentiras, todo tu eres una mentira, estas tan lleno de falsedad que ni tu mismo sabes quien eres-

-no tengo ni la menor idea de que estas hablando-

-que no eres tan vanidoso como aparentas, no amas a nadie Hans, ni siquiera a ti mismo-

-Estoy salvando mi vida.. ¿como puedes decir que no..-

-¡no¡ te estas dando por vencido, estas aceptando que no vales nada, no vales ni siquiera el esfuerzo, temes enfrentar a tus hermanos-

-¡He asesinado a dos de ellos por si no te has dado cuenta¡-

-no, has hecho que Mérida los mate- no quería seguir escuchandola, quería que se callara- no te atrevez a hacerlo por ti mismo porque crees que fallaras, estas vació, tienes tanto miedo de..-

-¡no tengo miedo¡-

-¡demuéstralo¡ ¡pelea¡ por una vez en tu vida no tomes la salida fácil- parecio dudarlo por un momento- por una vez en tu vida haz lo correcto, ya no tienes nada que perder-

-tengo mucho que perder- levanto los brazos exasperado por el horrible monologo de la princesa- mi vida por ejemplo-

-si bueno- una pequeña pausa - tampoco es como si eso fuera demasiado-

Se aproximo al primer escalón y se acerco a ella

-¿porque estas aqui entonces? yo pienso que vas a extrañarme- una sonrisa, otra batalla que no valia la pena luchar

-Alejate- le sorprendió lo rudo de su voz, no habia duda en ella

-Hace un segundo me rogabas para que no me fuera, ¿a que estas jugando Anna?-

-a proteger el castillo, a tener la mejor oportunidad de…- puso su dedo entre sus labios pidiendole silencio pero ella lo alejo con un manotazo - ¡alejate¡- era una advertencia

-¿o que?-

-o te noqueare escaleras abajo, sabes que puedo hacerlo- levantó las manos en el aire y volvió a bajar los escalones sin dejar de mirarla

-Te sigue costando estar lejos de mi-

-observame- dio media vuelta y comenzó a subir

-¡vamos a morir Anna¡ ¡Todos en este castillo¡ ¡Tu hermana y Merida lo sabían por eso se fueron¡- ¿por que el veneno aun salia de su boca? ¿por que atormentar a Anna era tan facil ?

-Elsa va a regresar- esa fe ciega, Anna no dejaba de ser una tonta

-Elsa se fue y …-

-¡Va a volver¡ y vamos a mandar el barco de tu hermano convertido en un tempano de hielo de regreso a las islas del sur y tu… no vas a estar aqui para verlo- termino con voz cantarina

-sigueme rogando que me quede y tal vez acepte- sonrio acercandose pero retrocedio en cuanto vio el semblante de la chica

-te estoy pidiendo que te quedes y pelees- contesto muy seria - que hagas lo correcto, por una vez Hans, por una vez quedate del lado correcto-

-¿no lo entiendes Anna?- estaba arto de esto - el lado correcto siempre es el que gana-

-¡entonces quedate¡ ¡pelea¡ conoces la flota, conoces a tu hermano, tenemos mas oportunidad contigo aquí-

- ¡van a matarme¡-

-no - la princesa suspiro- no si haces lo correcto, no si peleas con nosotros, si estas con nosotros en esta batalla no te dejaremos morir-

El principe se cruzo de brazos y bajo las escaleras, la princesa lo vio con decepción y corrio al piso de arriba.

Es por eso que no dejas en paz a Anna, porque ella te amaba, porque es la unica que te ha amado

Hans maldijo en voz alta, no era la primera princesa que lo llamaba cobarde

Podía huir, la puerta estaba allí.

Huir, huir a la selva ¿y después? regresar a casa no era una opción, se perdería en la villa y nunca lo encontrarían… ¿y después? se quedaría a vivir allí, como cualquiera.

Paseo de un lado a otro de la habitación.

Prefería morir a vivir como cualquiera, prefería…

Las alarmas volvieron sonar, el enemigo estaba en la puerta. Se le estaba acabando el tiempo para escapar.


Una ceremonia sencilla, no más de tres docena de invitados, la orquesta real estaba a cargo del entretenimiento, unos cuantos embajadores entre los presentes, toda la corte real asistió, todos para felicitar al mas pequeño de los príncipes, el mas joven en tres generaciones en recibir una medalla.

El príncipe jamas había usado un traje mas fino, lo cual era mucho decir para alguien de su posición; tela traída de oriente, hecho a la medida, botones de oro, el mismo no creía su suerte.

La medalla al valor, un alto honor, estaba ansioso a medida que subía hacia el trono donde su padre lo esperaba para condecorarlo, un asiento de oro para un rey, frente a ellos la multitud.

-Inclínate- le advirtió su padre y el obedeció, colmado por la expectación - yo, el rey Peter, gobernante de este reino te hago entrega a ti, príncipe Hans, treceavo descendiente de mi linaje la medalla al valor-

Dicho esto se agacho sobre su hijo y le coloco el pequeño broche sobre su solapa.

La multitud aplaudió, algunos gritaron, la banda empezó a tocar.

Hacía un esfuerzo por no unirse a los gritos y las exclamaciones, estaba intoxicado por el éxito, se sentía mayor, invencible, orgulloso. Sintió la mano de su padre sobre su hombro, su presencia rodeándolo.

-Que no se repita niño- susurro a su oído, con la suficiente determinación como para romper su burbuja pero tan quedó que solo el alcanzó a escucharlo.

Hans giró hacia su padre y se conmociono, vio directo a sus ojos y no tuvo duda de que su padre sabía la verdad.

No había decepción en su mirada, ni siquiera ira o amenaza, el viejo rey se veía cansado, fastidiado.

Con desesperación giro hacia su madre, su rostro mostraba una sonrisa pero sus ojos estaban mas allá de todo eso, lejos de esas paredes ¿que es lo que miraba su madre? no a el, eso era seguro.

El piso tembló un poco, su respiración se aceleró, la orquesta empezó su canción favorita, se obligo a si mismo a seguir sonriendo.

Después de la ceremonia siguió el banquete, con desicion se dirigió a su lugar asignado en la mesa principal, sus tres hermanos mayores ya estaban en ella, charlando entre ellos como si cualquier cosa.

-¿y bien? - dijo pavoneándose un poco,buscando un poco de satisfacción, limpiando la medalla en su uniforme - ¿no tienes nada que decir?- Michael estaba frente a él pero ni siquiera volteo a mirarlo -¿ vas a ignorarme? muy bien - rió un poco y giró hacia Albert que estaba a la derecha de Michael - ¿que opinas tu de la ceremonia Albert? - pero el onceavo príncipe también optó por menospreciar lo -¿puedes creer a estos tipos?- dijo sentándose al lado de Francis - ahora fingen que soy invisible, y dicen que yo soy el infantil-

No hubo respuesta, su hermano inmediato se quedo quieto, sin mirarlo siquiera

-¿Francis?- preguntó incrédulo, conteniendo la respiración, escucho las risas silenciosas de Michael y Albert del otro lado de la mesa -¡Francis¡-

El castaño se levantó de la mesa aun sin mirarlo, rígido como una estatua, haciendo un enorme esfuerzo por no romper el silencio.

-Dije que lo sentía Francis, ¡Francis¡ - Fue tras él - aun si hubiera dicho la verdad nadie me hubiera creído- susurro a su lado, pero su hermano no reaccionó, era como si no existiera.

Desesperado Hans empezó a balbucear, a exigir aunque fuera un poco de su atención.

Francis dio media vuelta y salió del comedor.

Pensó en seguirlo pero se detuvo, la indiferencia de Alber y Michael era de esperarse, pero Francis era diferente, la suya no era una broma: era traición.

Se sintió solo, solo en un cuarto lleno de gente.

Maldijo para sí mismo y se obligo a no llorar, no esa noche, no en su noche, no a la vista de todos, debía aparentar que lo tenía todo, aunque no poseyera nada.

Tres años pasaron a para que alguno de ellos le dirigiera la palabra, tres años para calarlo por el resto de su vida.

Gran parte de el murió con el silencio de su único aliado.


El sudor, el calor, la marea.

Dos hombres peleaban sobre la proa, dos principes se golpeaban el uno al otro, dos hermanos se manchaban de sangre.

Hans no estaba seguro de como había llegado hasta allí, podía culpar a Anna, era lo mas sencillo, pero la princesa de Arendelle no había corrido hasta el muelle, no se había escabullido hasta la nave insignia y definitivamente no había amenazado al mejor espadachín del reino.

Michael le rozo el brazo con el filo de su espada, sintio el ardor, la sensación calida de la sangre empapando su camisa, giró a tiempo para esquivar un corte en el cuello.

Calló al suelo, lo vio aproximarse y le pateó el estómago apenas estuvo a su alcanze

-Vaya- gruñó su hermano mayor escupiendo al piso - parece que el pequeño Hans finalmente aprendió a pelear sucio- Michael bufaba como un buey.

El menor aprovechó su ligera ventaja y corrió lejos pero Michael era demasiado rápido.

Se empezó a marear por la pérdida de sangre, nunca debió enfrentarlo, debió seguir su primer instinto y huir.

Maldita seas Anna - pensó en un desvarío , si lograba escapar con vida tendría que acordarse de matar a la princesa de Arendelle.

Vió la sonrisa en el rostro de su hermano, reconoció la mueca que tantas veces habia visto en si mismo, sabia que iba a morir, sabía que Michael no mostraría piedad.

El mismo le había negado la piedad a los suyos.


No era que hubiera bebido demasiado, aun era bastante consciente de si mismo no, era la gruesa bolsa de lana que cubría su cabeza la que lo molestaba, por las voces podía adivinar que eran cuatro o cinco sus captores, por el movimiento y el olor que lo llevaban a caballo y por lo rápido de sus movimientos que eran profesionales.

El hombre forcejeaba tratando de librarse, lo arrojaron a un frío piso de madera y se esforzó por mostrar sorpresa cuando le descubrieron el rostro y se encontró ante su hermano menor

-gusto de verte hermanito- susurro Francis ignorando el dolor de su cara golpeada, pero no hubo respuesta alguna, Hans solo le dedico una mirada de desprecio y luego busco la mirada de los bandidos

-¿donde lo encontraron? - pregunto con autoridad

-Afuera de una cantina, en el pueblo majestad- respondió el hombre que sujetaba las cuerdas de Francis

-como era de esperarse- exclamo el pelirrojo con una sonrisa, sus ojos verdes destellaban complacidos

-que piensas hacer conmigo?- insistió Francis tratando de que su nerviosismo no fuera evidente, pero una vez mas su hermano lo ignoro - o ya veo- entendió - finges que no existo... ¿todavia estamos jugando a eso Hans? ¿esto una especie de venganza o algo así?- silencio - suéltame de una maldita vez, esto dejo de ser divertido cuando tus matones me golpearon-

Quizo buscar su mirada pero no pudo, el pánico poco a poco lo consumió, ese era su hermano pequeño, su unico hermano pequeño, el único hermano que no era una amenaza.

El único hermano a quien había traicionado

El hermano que se fue lejos he intento asesinar a la reina de Arendelle

El hermano que río ante la muerte de Albert

Pero el no era Albert

-¿Vas a matarme? …-

Le pareció que Hans lo miraba, que dudaba

-Mantengalo atado hasta que la encuentren- ordeno Hans entregándole un paquete al líder de los bandidos - denle esto cuando estén solos, díganle que es un obsequio de parte mía, ella sabrá que hacer-

-Hans- suplico Francis mientras aquellos hombres empezaban a cargar nuevamente los caballos - ¡Hans! ¡hermano! ¡escúchame... suéltame! esto no tiene ningún sentido... yo.. yo puedo desaparecer, no volveré a casa si tu me lo pides no quiero...- no pudo continuar con la mordaza sobre su boca, con la bolsa sobre su cabeza.

Las horas siguientes fueron de completa oscuridad, la venda impedía que viera a donde lo llevaban, pero sintió el galope de los caballos y el cambio de ambiente, supo que habían dejado Arendelle cuando el calor lo sofoco.

Lo tiraron al piso y le quitaron la venda, la princesa de Escocia estaba de pie frente a el sosteniendo su arco, estaba llorando, con el coraje atravesado en la mirada, le apuntaba a la cabeza con una flecha, le temblaban los labios y las piernas, sus manos temblorosas apenas si podían sostener el arco.

-piedad- suplico- por favor.. piedad-

La chica arrojo su arco al piso, sus sollozos se escuchaban por todas partes

-gracias - lloro a sus pies- gracias -

-no me lo agradescaz- respondió con arrojo mientras sacaba su espada

-¿que?- susurro el, intentando retroceder -¿que haces? no por favor-

- muestro piedad- sus manos habían dejado de temblar- esto sera mas rápido-

Sintió el espadazo en su estomago, vio la cara de la chica desencajarse, sintió el calor de la herida por alguna razón le recordó a aquella mañana en que había corrido a los brazos a su madre, ese mañana en que se escapaba de la mano de su hermano.


Una flecha atravesó la proa del barco y se clavó entre ellos

-¡pero qué¡- exclamó Michael volteando hacia el castillo, en la torre mas alta alguien los observaba.

No necesitaron mucho para reconocerla, su roja cabellera ondeaba al aire y su vestido verde se veía a la distancia.

Por un momento Hans se sintió a salvo

-¿que estas esperando?- susurró pero ninguna flecha le respondió

La princesa de Escocia nunca fallaba ¿por qué la primera flecha no dio en la cabeza de su hermano? tal vez Michael no era su objetivo.

si estas con nosotros en esta batalla no te dejaremos morir - Una vez mas Anna se había equivocado

Mérida estaba allí de pie, observando como cumplía una batalla perdida. No quería ayudarlo, solo quería que supiera que estaba mirando.

Hacía mucho tiempo que no tenía ese sentimiento, hacia tanto que no se sentía traicionado, porque hacía demasiado que no se permitía confiar en nadie.

Ya casi no podía sentir sus dedos, su camisa estaba empapada de sangre, una vez más la ira lo hizo estremecerse, pero esta vez no odiaba a su hermano, ni siquiera odiaba a la princesa… se odiaba a sí mismo, se odiaba tanto que casi estaba agradecido por los constantes golpes, casi se sintió aliviado cuando de una vez por todas perdió la conciencia.