Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.
Parte 2
"Reencuentro"
Capítulo 5 (20)
Arrebató del perchero su abrigo colocándoselo con una ira visible en su cara y en sus movimientos bruscos con violencia.
-¡Tea! ¿Qué piensas hacer?
Martha lucía preocupada, angustiada al suponer lo que su hija adoptiva pensaba hacer.
-Iré a esa compañía y hablaré directamente con el jefe para gritarle en su cara lo desgraciado que es.
Tomó las llaves y se dispuso a abrir la puerta cuando la mano de Martha la detuvo.
-Tea, no tiene caso que te esfuerces en balde. Ya fue acatada la orden; en unas semanas nos iremos de aquí.
Con brusquedad, Tea soltó el agarre de Martha apretando los dientes con gran furia que opacaba su belleza.
-¿Quieres permitir que eso suceda? ¿¡Qué nos corran cuando tenemos años de estar establecidos en este terreno!?
-Tea, el terreno fue comprado por la empresa KC. Ahora nosotros no tenemos ningún poder sobre este lugar. Ya no hay nada que podamos hacer.
-No sé cómo lo haré, pero me aseguraré de convencerlo. No pienso dejar que arruinen nuestras vidas sólo por el capricho de ese ricachón engreído.
Enfurecida y sin agregar más, Tea salió con paso apresurado del orfanato al tiempo que Martha trataba en vano de detenerla.
Corrió, sabía la dirección de esa empresa, no era necesario revisar a donde se dirigía: Kaiba Corporation. Llevaba tiempo que escuchaba sobre esa compañía dedicada a la creación de juegos en general; era poseedora de diversos parques de diversiones, locales y tiendas que trabajaban en la compra-venta de juegos. Seguramente ese era el motivo por el que planeaban acabar con el refugio para niños sin hogar; hacía años que el terreno aparecía como si no tuviera dueño. Aceleró la velocidad de su marcha consciente de que debía encontrar las palabras correctas para usar con el dueño de aquella compañía.
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-¿Estas queriendo jugar una broma de mal gusto?
-Temo que no, señor Kaiba.
Con la mano, golpeó la mesa que vibró con el porrazo y Ishizu brincó del susto.
-Tras 5 años de servicio conmigo simplemente te irás. Suena estúpido lo que tratas de decirme.
Con la cabeza gacha y los hombros temblando de coraje, Kaiba levantó poco a poco la vista para fijarla en Ishizu.
-¿Acaso crees que pienso perderte ahora?
Los gritos del CEO penetraron los oídos de la rubia que se sentía incómoda con su jefe: era la primera que se comportaba agresivo con ella.
-Señor, llega un momento en que se debe cerrar círculos. Ese momento ha llegado, ya no podré continuar trabajando con usted.
-¿Puedo saber el motivo o es algo personal?
Ishizu pensó para contestar.
-Es algo personal, pero creo que tiene el derecho de saberlo.
Kaiba guardó silencio esperando la respuesta de la chica.
-Me voy a casar.
Un balde de agua fría cayó sobre Seto Kaiba, la sangre se congeló en sus venas y sintió un vértigo que lo hizo ver doble por unos segundos.
-Así que de eso se trata.
La mujer no respondió, sólo se dedicó a mirar el vacío perdidamente. Kaiba se movía de un lado a otro recorriendo la oficina con los brazos en la cintura; apretaba la mandíbula intrigado.
Finalmente, tras mucho reflexionar, miró a la mujer fríamente.
-¿Cuándo sucederá?
-Dentro de 6 meses, pero pienso trabajar 2 meses más si me lo permite.
Kaiba supo que estaba con la espada en la pared. No era correcto impedir algo así y menos por asuntos que no llevaban al caso.
-De acuerdo, pero tendrás que buscar alguien que te reemplace.
-Eso haré. Le puedo asegurar que será alguien aptó para usted, señor.
-Más vale que lo sea o lo lamentarás.
Ishizu lo conocía muy bien. Podía sonar amenazador pero nunca le haría daño; mucho menos a ella.
-Con su permiso, creo que debo retirarme.
La mujer se levantó de su asiento, se encaminó a la salida cuando oyó la voz de su jefe.
-Oye, no te he terminado contigo.
Se detuvo, giró a él estando frente a frente.
-He comprado más terrenos para la construcción de nuevos parques de diversiones. Si te vas tienes que asegurarte de que la nueva chica sepa de estos asuntos.
-¿Qué clase de terrenos compró?
Kaiba sonrió maliciosamente.
-Uno es un terreno baldío ideal y con espacio para el parque. El otro es un terreno donde hay estorbos.
-¿Qué es estorbo para ti?
La voz de Ishizu se volvió severa; conocía perfectamente cuando Kaiba usaba el término "estorbo".
Él también adquirió un tono y una mirada severa.
-Un orfanato será derrumbado.
-¿Sabes que eso significa dejar sin hogar a niños indefensos?
-Eso es lo menos importante. Estoy al tanto de las consecuencias.
-¿Estas al tanto de que te ganaras el odio de muchos?
Kaiba cruzó los brazos dándose la vuelta de una forma elegante, pero indiferente.
-No renunciaré a mis planes sólo por la gentuza que no está de acuerdo con mis ideales.
Ishizu sintió lástima, lo miró resignadamente al saber que sería inútil tratar de discutir con él.
-Yo no estoy de acuerdo.
Salió del despacho al tiempo que Kaiba la seguía con la mirada llena de desilusión.
La única persona en la que, podría decirse que confiaba, no lo apoyaba en su plan de construir nuevos parques acabando con los espacios inservibles de la ciudad. ¿Qué importaba si unos torpes niños se quedaban sin hogar? De todos modos no tenían familias, por eso estaban en un orfanato.
De repente la palabra "familia" trajo un sabor amargo de boca a Seto que se sentó sosteniendo su mentón entre sus manos entrelazadas con los puños recargados en la mesa.
Sabía que esto sucedería; era obvio, lo veía venir. Ishizu llevaba dos años comprometida por lo cual era lógico que llegara el momento en que se casaría.
Ya no podría nunca más volver a sentirla con él, compartir el calor de su cuerpo fundido con el suyo durante las noches en que esas pesadillas regresaban para atormentarlo e impidiéndole conciliar el sueño.
Siempre eran los mismos sueños, las mismas pesadillas: una oficina bañada en sangre. Cadáveres por doquier, el piso cubierto por una capa roja de líquido que salía de dichos cuerpos sin vida. Él malherido en medio de ese desastre mortal.
Durante 15 años esas pesadillas lo acongojaban sin poder desaparecer de sus memorias: los recuerdos vivos de aquella noche en que su padrastro acabó con el pequeño Moki y con una parte de su alma. En algunas contadas ocasiones podía controlar su miedo y las imágenes ya no pasaban por su mente, pero en las noches eran siempre un problema. Lo despertaban en plena noche con la visión clara del cuerpo de su hermano entre el charco rojo que cubría la superficie de la alfombra.
En los últimos 5 años, Ishizu se había convertido en la única que podía "controlar" que esos temores no se hicieran presentes con tanta frecuencia como antes en sus momentos de juventud.
De ahí que Ishizu era su consuelo, un apoyo para él. No la amaba, desde el principio quedó claro entre ambos que no buscaba enamorarse; ni siquiera sabía si podría usar la palabra "amor" o "enamoramiento" con ella. Sólo era un simple acto de misericordia y compasión, necesita estar con alguien que pudiera calmar su estrés.
Casi desde que entró a trabajar con él, Kaiba e Ishizu sostenían esa relación de forma privada e íntima disfrazándola ante todos como algo más sencillo y profesional: jefe y empleada. Ishizu también era consciente de que no debía amar a Kaiba, siempre supo que sí lo hacía sufriría mucho: su deber era apoyarlo en lo que necesitara.
A escondidas del mundo se veían en hoteles de vez en cuando, otras veces en la mansión Kaiba donde se deleitaban en lo más placentero del ser humano, pero al mismo tiempo controlando que sus sentimientos no se volvieran más intensos el uno por el otro.
Ahora era el momento de que todo eso finalizara, si ella se casaba no podría continuar de esa manera. No era correcto, relacionarse con una mujer casada, sostener relaciones con ella, tranquilizando lo más posible sus nervios.
¿Qué haría sin Ishizu? ¿Cómo podría sentirse mejor? Los brazos, el calor, el contacto con la piel morena de Ishizu lo apaciguaba cuando venían los ataques o había padecido de unos en la noche.
Ishizu ya reconocía cuando Kaiba sufría de esos recuerdos. Temblaba, se veía estresado todo el día, se enojaba más fácilmente que antes. En cuanto lo veía así, corría hacía él y arreglaba todo para pasar la noche con Kaiba y brindarle todo el apoyo que merecía.
Su mente se sumergió en estos pensamientos, preocupado de que pronto volvería a sufrir como antes de conocer a su consoladora carnal y espiritual. Hundió su rostro en su dedos entrelazados con el temor comenzando a apoderase de su ser.
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-¡Ya le dije que quiero ver al CEO de esta compañía! ¡Es urgente!
-Lo siento señorita, pero no puede pasar sin una cita.
-No hay tiempo para citas. Necesito hablar con él ahora.
Por más que trataba era inútil, Tea no convencía a nadie de lo importante que era para ella discutir con Seto Kaiba sobre la posibilidad de salvar su casa hogar. Mientras entraba al vestíbulo escuchó que el dueño era un hombre llamado Seto Kaiba, así que directamente en la recepción pidió hablar con él.
-El señor Kaiba está muy ocupado como para atender asuntos sin ninguna importancia.
-¿¡Sin ninguna importancia!?-la voz de Tea alertó a varios de los presentes que giraron para verla-¿¡Acaso un asunto sin importancia es el hecho de que vayan a dejar a unos niños sin hogar sólo por una tontería como construir un nuevo parque de juegos!?
En el instante en que Tea gritaba a los cuatro vientos su inconformidad con los ideales de Kaiba, una hermosa mujer morena cruzó el vestíbulo hacía la salida de la empresa cuando escuchó la voz descontrolada de la castaña y, curiosa, volteó a ver mejor la escena.
-¿Son tan desconsiderados que no pueden permitir que hable con el dueño de esta compañía?
-Ya le expliqué que primero debe programar una cita para ver al señor Kaiba-la recepcionista parecía cansada de discutir sobre lo mismo con la extraña.
-¡Tenemos una semana antes de que acaben con el orfanato! No tengo tiempo para citas. ¡Debo verlo ahora!
Ishizu recordó que Kaiba mencionó algo sobre un orfanato como "estorbo", fue entonces que entendió lo que pasaba: las consecuencias que le comentó a Seto iniciaron.
-Señorita, si no se retira tendré que llamar a seguridad.
-No me iré sino habló con el dueño.
Ishizu caminó a la recepción y una vez allí la trabajadora se inclinó para saludarla como si se tratara de la mujer del jefe. Tea volteó hacia atrás y se sorprendió con la presencia de la mujer.
-¿Qué está pasando?
-Señorita Ishizu, esta joven exige que le permitan hablar personalmente con el señor Kaiba sin una cita.
La castaña no respondió, sus ojos estaban fijos en la mujer de aspecto egipcio que le sonrió de lado.
-Yo me encargo de esto desde ahora.-dijo Ishizu a la recepcionista.
Continuará...
Si no respondo comentarios es por falta de tiempo, no por desinterés. Saludos y bendiciones. Gracias por leer y apoyar la historia.
