He pasado mas de un mes sin actualizar y me siento culpable, este es un fragmento del capitulo siguiente, lo posteó porque tengo mucho trabajo y no creo poder terminarlo pronto, asi que para que vean que sigo aqui, alla va un mini capitulo :D.


El camino rocoso se alzaba por la montaña, madre e hija caminaban por entre las colinas, el azul brillaba en el cielo y hacía resplandecer la nieve a su alrededor como si de joyas se tratara.

La niña se maravillaba ante la belleza de su entorno, corría alrededor del camino, tomaba la nieve entre sus dedos y la aventaba sobre su cabeza, en un momento se arrojo al piso haciendo angeles con sus brazos.

-¡Mérida¡- grito Elinor mientras corría detrás de ella, la nieve blanca cubria el paisaje por lo que no tenía problemas divisando la característica melena de la princesa, ademas de que en la superficie quedaban marcados sus pequeños e impacientes piesecitos.

La mujer no compartía el impetu de su hija, el frío le había entumecido las extremidades y no estaba segura de cuanto tiempo podría continuar andando.

-¡vuelve¡- le ordenó cansada, sabiendo de antemano que la infante no la escucharía- ¡Mérida¡ ¡no debemos alejarnos del castillo¡- le advirtió sin ningún éxito.

Detras de ellas el castillo de Dumbrogh se alzaba imponente.

La madre suspiro con resignación y continuo detras de ella, para colmo la princesa ni siquiera se habia molestado en ponerse la capa, andaba como si fuera primavera por lo que Elinor se vio obligada a cargar la pesada capa de oso que con tanto esfuerzo su esposo había conseguido para su hija.

Despues de un rato la alcanzó, la niña se encontraba de pie ante una cueva, mirando la entrada embelezada.

-¡Mérida¡- repitio la mujer cansada- ¡debemos volver¡ - se agacho para estar a la altura de la pequeña y puso la capa sobre sus hombros; el ropaje le quedaba excesivamente grande pero por alguna razón fue incapaz de notarlo - hace demasiado frío para estar jugando afuera- dijo con dulzura.

-no tengo frío- se quejó la pequeña- ¡quiero entrar¡- chillo con voz de capricho

-no- contesto con severidad

-no te estoy pidiendo permiso- respondio con la voz de una joven y Elinor quedo de pie mientras la muchacha se adentraba a lo desconocido.

La vio perderse entre la oscuridad, volteo hacia atras y alcanzo a divisar el gigantesco castillo de piedra, las murallas y el sonido del mar, debieron haber caminado por horas aun asi le parecio distinguir a los trillizos a travez de las diminutas ventanas.

El frio comenzaba a calarla, casi no sentía los dedos.

Siguio a su hija por el oscuro sendero, escucho su voz a la distancia, un sonido agudo entre el miedo y la sorpresa que la hizo andar aun mas rápido.

El frío iba en aumento

Perdio el aliento cuando encontro a la pequeña, con la capa de oso arrastrandole, picando a una serpiente con un palo.

-¡deja eso¡- le grito sujetándola entre sus brazos pero la niña grito y pataleo con fuerza -¡no Mérida¡ ¡es peligroso¡-

La serpiente las observaba con ojos grandes que brillaban color esmeralda, su piel era negra con anillos rojos que parecían moverse, era viscosa y repugnante.

La niña hacia todo por acercarse pero la madre la detenía

¿por que era tan insistente? La desesperación se fue apoderando de ella, la niña era demasiado fuerte para su tamaño, demasiado pesada.

La miro a los ojos y se quedó sorprendida: no era una niña, ni siquiera era una joven, eran los ojos de un adulto, tenia aun la capa de oso, botas y armadura de combate, aun mas extraño le parecio notar la corona del rey sobre su cabeza.

-Lo siento- la voz de Mérida había cambiado, era profunda y resonó con el eco de la cueva - no podemos volver ahora-

Elinor no supo qué contestar , tenía un nudo en la garganta y más cansancio del que podía soportar.

-quiero…- continuó la princesa

-¡no importa lo que quieras¡- le gritó por fin sosteniendola de los hombros, sorprendiendose por que tan alta era - ¡tenemos que volver¡ ¡tu padre nos está esperando¡ -

Le pareció escuchar la risa de los niños a la distancia y se le encogió el corazón, pensó en sus hijos y la culpa que la atormentaba por las noches arañó su conciencia: debería pensar más en los chicos.

Pero el frío… el frío no la dejaba concentrarse

Mérida se soltó de sus brazos y volvió a andar, Elinor furiosa la siguió arrastrando los pies.

-Mira..- susurró de nuevo la niña asomándose al abismo- mira mamá… son hermosas-

No había una serpiente en esa cueva, eran casi una docena, todas con ojos verdes y franjas rojas, enroscándose, arrastrándose.

-Vámonos, por favor…- suplicó la mujer y se horrorizó cuando de nuevo la pequeña niña corrió hacia ellas, serpentearon entre los pies de la infantil criatura y Elinor se apresuró hacia ella.

Con los brazos helados la levantó en el aire evitando que las serpientes tocaran a su hija.

Sintió el veneno escarbar por entre sus piernas

-Lo siento- escucho la voz de Mérida adulta- mamá en verdad lo siento-

Pero la reina no pudo contestar, el frío le congelaba los labios y el veneno le adoloria los músculos, todo su esfuerzo estaba en mantener a la niña en lo alto, aunque era un esfuerzo inútil, los animales comenzaron a subir por su cuerpo, pronto alcanzarían a la pequeña, por más que lo intentaba no podía moverse, por mas que lo intentaba no podía gritar.

Estaba completamente congelada.

Una vez más le pareció escuchar la risa de los niños a la distancia.


Se despertó contrariada, temblando de frío.

La cobija estaba tirada en el piso y el viento helado se colaba por la ventana.

Se levantó mareada por el movimiento del barco y ni siquiera se sorprendió cuando encontró vacía la cama de su hija.