Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.
Parte 2
"Reencuentro"
Capítulo 8 (23)
Descendió del auto, pasó una tarjeta de registro por una máquina para verificar la identidad y entró en cuanto la puerta se abrió. Cruzó el patio mientras le llegaba la fragancia de unas flores provenientes del jardín. Una vez estuvo dentro de la mansión se sentó en la sala a esperar al verdadero propietario del lugar leyendo de momento una revista.
No pasó mucho tiempo antes de que Kaiba azotara la puerta de entrada con un gran golpe.
-¿Pasa algo?-preguntó angustiada levantándose de un brinco del sillón.
Kaiba la miró furibundamente.
-¡Tú eres la que tiene la culpa de que esto sucediera!
Los gritos de Kaiba traspasaron los oídos de Ishizu haciendo que tuviera que cubrirlos con los dedos.
-Baja la voz.
Seto se dirigió a la cocina con Ishizu detrás de él.
-Dime ¿qué te sucedió?
-¡Esa chica estúpida se atrevió a intentar golpearme!
-¿Hablas de la chica que vino hoy a la empresa?
La egipcia se sorprendió con la afirmación de Seto; Tea no se veía de las personas que agredieran a otros solo porque sí.
-¡Esa imbécil casi me golpea! Sin mencionar que también me insultó en frente de la policía.
-¿¡Policía!? ¿¡Llamaste a la policía!?
Ishizu parecía alarmada. Ella misma sabía que era un acto exagerado, pero conocía que cuando Kaiba se enfurecía se comportaba de forma extremista hasta por algo mínimo y sin sentido.
-¿¡Cómo no lo iba a hacer!? Un acto de agresión contra es algo que no puedo permitir que se dé o perderían el respeto que me tienen.
Seto había entrado a la cocina mientras discutía, agarró para tomar agua y bebía a grandes tragos haciendo sonidos guturales.
-Conociendo lo fuerte que eres ni siquiera creo que te haya tocado.
Ishizu cruzó los brazos mirándolo pensativamente, Kaiba giró los ojos a ella y dejó el vaso vacío en la mesa.
-Si algo pido es que se me de respeto. Si permito que una mujerzuela venga a mi empresa sólo para insultarme y atacarme en poco tiempo todos los ineptos pobres también querrán hacer lo mismo.
-Sé muy bien cómo eres. Estoy convencida de que dijiste algo que la hizo enfurecer e intentó descargar su furia en ti.
-Yo no dije nada.
Ni la firmeza en la voz de Kaiba hizo que Ishizu cayera en los engaños de su amante.
-A mí no puedes engañarme. Sé que eres muy grosero cuando te enojas. ¿Qué le dijiste?
El CEO se mordió los labios; en ocasiones se comportaba muy infantil.
-Me pidió que no acabara con el orfanato y entonces le dije que no tengo la culpa de que esos niños están huérfanos y que no tengan familia.
Ishizu arqueó una ceja y negó con la cabeza repetidas veces mostrando inconformidad.
-¿Qué?
-¿Acaso lo has olvidado?
-¿De qué hablas?
-Tú también fuiste de esos niños sin hogar ni familia.
Un nudo se formó en la garganta de Kaiba impidiendo que pudiera hablar, un vuelvo hizo que su pecho se sintiera comprimido y acongojado. De súbito fragmentos de su niñez surcaron por su mente en la que se vio a él mismo y a Mokuba peleando con otros niños que los maltrataban cruelmente.
Retrocedió unos pasos y chocó contra el refrigerador, Ishizu supo que tocó la sensibilidad de Kaiba: él no podía recordar su pasado sin sentirse nauseabundo y nostálgico.
-Perdóname, Seto.-se lamentó Ishizu, pero no se movió de su lugar.
No tenía pensado consolar entre sus brazos al ricachón, al menos por el día de hoy.
-No importa-dijo Seto tratando de serenarse.
Unos minutos después tragó saliva y sirvió más agua en el vaso. Bebía demasiado, la sed era fuerte en su garganta.
-Estás tratando de chantajearme.-afirmó Seto mientras volvía a llenar de agua el vaso por tercera vez.
-No, sólo te pido que recapacites y no te conviertas en la persona que juraste que nunca imitarías.
-¿Tratas de decirme que me comporto como Gozaburo?-gritó iracundo.
-Eres muy despiadado, justo como él.
Las palabras de Ishizu pudieron mucho con él; podía soportar cualquier cosa menos que le dijeran que era igual a él, al hombre que destruyó su vida para siempre. Apretó el vaso en su mano conteniendo el deseo de aventarlo contra el suelo para convertirlo en añicos debido a esa furia floreciente en su fuero interno.
-Yo no me parezco a ese hombre.
-Si es verdad entonces no destruyas el orfanato.
-¡Tengo que hacerlo! Ese lugar estorba en el terreno donde quiero construir mi parque nuevo.
Ishizu arqueó una ceja viendo lo ilógico del pensamiento de su amante.
-Destruir un refugio para niños sin hogar para tu propio beneficio y así construir un parque donde vengan niños a jugar.
-Tú y yo sabemos que los sacrificios son necesarios para hacer crecer una empresa. ¿Qué tendrían de importantes unos niños si una mayor cantidad de ellos podrán disfrutar de juegos?
-Los niños que esa joven apoya no tienen padres y están en espera de que los adopten.
Las razones de Ishizu perforaban el corazón quebrantado del CEO dejándolo callado, meditando lo dicho por su compañera. Sí, él aún recordaba esos momentos tristes en los que él y Mokuba esperaban con ansia que alguien los adoptara para liberarlos de la horrible vida del orfanato. Desafortunadamente, nadie quiso brindarles un hogar y una familia llena de amor y ternura, lo que a esa edad más necesita un niño.
-No cambiaré mis planes por una tontería sentimental.
Depositó el vaso vació de nuevo y sin agregar más se dirigió a su alcoba, pero al pasar junto a Ishizu habló severamente.
-Más vale que no permitas que esa chica regrese a la compañía.
La mujer egipcia se extrañó por eso y volteó hacía el CEO que estaba muy cerca de las escaleras.
-¿Dónde está la chica?
Kaiba detuvo su caminar casi a punto de subir el primer escalón, sonrió con malicia y habló en un tono triunfante.
-Está recibiendo su castigo.
Comenzó a subir las escaleras dejando a una desconcertada mujer de tez morena en medio del vestíbulo. A medio subir se detuvo.
-Por cierto, hoy no quiero pasar la noche contigo. Retírate de mi presencia.
Continuo su avanzar e Ishizu gruñó por lo bajo. Aunque Kaiba aprendió a respetarla como mujer, en diversas ocasiones mostraba su lado apático con ella, en especial cuando hablaban de la intimidad que compartían para ofrecerse un apoyo y un sostén en las dificultades.
Enfurecida, con los dientes apretándolos unos con otros, Ishizu se marchó de la mansión cerrando la puerta de un portazo. Estas serían sus últimas visitas, en cuanto se casara no volvería a entrar nunca más a dicha mansión, mucho menos volvería a dejar que Seto la tocara, que se acostara con ella, que la besara de forma salvaje mientras se deleitaban en sus placeres y por lógica no dejaría que esto arruinara su matrimonio. Estaba enamorada de su novio, se había convencido de que lo amaba, pero lo que sentía por Kaiba no pasaba de ser sólo apoyo, consuelo y ayuda emocional para calmar al ricachón.
Mientras abandonaba la mansión se preguntó si alguna vez Kaiba llegaría a sentir amor verdadero por alguien. Si alguna vez podría despertar ese sentimiento en el corazón frío del joven empresario que vivía amargado con todos los seres vivos que se cruzaran en su camino.
Subió a su limusina y ordenó la partida sin poder quitarse de sus pensamientos tanto los pesares de Kaiba como lo que Tea estaba viviendo justo en esos momentos injustamente.
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Se vistió con su ropa de dormir que consistía solamente en unas prendas sencillas, pero que por ser viejas no le gustaba usarlas frente a todos, además de que eran de mala calidad y bajo presupuesto; lo que más detestaba era lo barato.
Sintiendo el cuerpo pesado, se tumbó en la cama sumergido en sus pensamientos. Lo que Ishizu le dijo lo tenía traumado y preocupado. Lo que menos deseaba era ser semejante a su padrastro; no podía usar la palabra "padre" después de lo que hizo con su hermanito. No estaba dispuesto a tolerar que lo relacionaran con Gozaburo.
Por su mente asomaron los recuerdos de su infancia en el orfanato donde dicho hombre cruel los adoptó gracias a una partida de ajedrez donde lo humilló con una gran derrota a pesar de ser un niño pequeño. Por momentos se arrepentía de haber apostado todo para que ese terrible hombre lo sacara del orfelinato; era mucho mejor estar allí que con ese monstruo.
Ahora no había vuelta atrás, el pasado no se podía cambiar y su vida fue arruinada por Gozaburo. Pensó que tal vez Ishizu tenía razón en que exageraba; esa chica sólo buscaba proteger a los niños huérfanos.
No sabía qué hacer, si seguir sus principios como empresario y destruir el orfelinato o ser una persona bondadosa y construir su parque en otro terreno.
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Con la espalda recargada en la pared fría de la celda asignada para ella y abrazando sus piernas, Tea mantenía su cabeza hundida derramando lágrimas en silencio. Estaba aterrada y enojada; no por ella sino por Martha y los niños. Era injusto que la encerraran por culpa de un rico creído que buscaba dañar a otros sólo para su propio beneficio. Su comportamiento violento no tenía justificación, sintió una rabia intensa cuando Kaiba dijo esas crueles palabras, pero tampoco era algo justo que él la acusara cuando ella tuvo sus buenas razones para atacarlo.
La culpa se apoderó de su corazón, no podía proteger a las personas más importantes para ella y eso la lastimaba más que estar presa por las acusaciones de ese tipejo engreído.
Sus hombros temblaban mientras el llanto brotaba a flor de piel. Le había fallado tanto a Martha como a los niños.
Continuará...
Cote Dark Dangerous Love: Saqué el lado oscuro de Kaiba en este fic, jijijijijiji. Aunque las cosas nos son como parecen en esta historia. Pues sí, Tea lo odia igual que cuando eran niños, XDDDDDD.
SamCR87: Sí, el deceso de Mokuba lo afectó muchísimo, pero siempre se pueden sanar las heridas. Aún las más profundas, sólo que requiere tiempo.
