La mañana las sorprendio aun en el barco, no habia rastro de la tormenta que las arrastro en la madrugada, aun así Jim Hawkins se quejaba en voz queda sobre el tiempo que los hizo perder la ventisca. Como si nada hubiera pasado la reina de Arendelle descansaba recargada sobre la barandilla, dejando que el viento agitara su cabello, esplendida como siempre la brisa marina enmarcaba sus movimientos, su piel resplandecia al igual que las joyas en su vestido.
Mérida no pudo mas que contener el aliento ante tan maravillosa vista.
-Te levantaste temprano- gruño acercandose a ella, esperando que su prescencia no arruinara la belleza que rodeaba a la reina.
- A decir verdad no dormi nada, pero no me siento cansada- murmuro aun de pie frente a las olas y Mérida maldijo para si misma, no habia dormido y aun asi mantenia el rostro de un angel, no importaban cuantos días pasaran, la prescencia de la reina no dejaba de alterarla - ¿ te pasa algo?- pregunto la rubia sonriendo, dejando entrever sus aperlados dientes, ¡Que agonia tan grande amar a una mujer tan hermosa¡
- Estoy bien- compuso Mérida pero su seguridad se desmorono cuando Elsa tomo su mano - solo... estas especialmente bella hoy- Elsa rió mientras un leve sonrojo -aparecia en sus pálidas mejillas - pronto llegaremos a Arendelle-
Una sonrisa aun mas grande aparecio en el rostro de Elsa, por fin volvería a casa, al palacio, a su cuarto, podría dormir en su cama y sentarse en su estudio; se imagino de nuevo en el amplio salón, sentada en su escritorio... le escribiría cartas a Mérida esperando la próxima ocasión en que su barco tocara puerto, su hermana tenía tanto que hacer y decidir, haría una esplendida recepción cubierta de hielo para el día de su boda, escarcha por todas partes, seguro a Kristoff le encantaria el detalle.
-Anna quiere que vuelvas para su boda- rió entre dientes, sabiendo que Mérida no podría negarse- planea que tu y Rapunzel sean damas en la ceremonia-
-¿la ceremonia?- la princesa repitió sorprendida -¿que?-
-La boda- explico Elsa y de pronto cayó en cuenta de que era la única persona enterada del compromiso de su hermana - Anna y Kristoff estan comprometidos, el se lo pidio anoche y..-
-Si los escuche- replico Mérida - solo no pense que se pusieran a planear los detalles justo ahora-
- conoces a Anna, seguramente ya tiene todo pensado pero cambiara de idea en una horas...-
Mérida rió, moviendose algo incomoda sobre si misma, recargando la espalda sobre la barandilla
-Ustedes si que tienen confianza...- se sacudio los zapatos- Mamá dice los que se comprometen antes de una guerra es por que no piensan sobrevivirla-
La princesa supo que sus palabras habían sido equivocadas, no solo por la aprehensión en el rostro de Elsa, ni por el hielo que cubrió sus pies, sino por el silencio que se propago entre ellas.
-todo este asunto terminara pronto- articulo la reina cuando fue capaz de hablar- recuperaremos Arendelle, Anna no correra peligro-
Mérida la miró sin decir nada, no quería alterarla de nuevo, Elsa era ingenua para ciertas cosas, la guerra era una de ellas; no sabía controlar sus emociones, para Elsa solo había calma o tormenta, cuando Arendelle fue invadido perdieron debido a que no supo controlar sus poderes, a pesar de contar Agraba como una victoria los poderes de Elsa tambien se habían salido de control y solo los utilizo porque su hermana estaba en peligro, pero la pieza desiciva había sido Maldovia, todo hubiera terminado si Elsa hubiera congelado el Oceano desde el principio, si hubiera hecho guardias para las puertas del castillo, pero la reina se negó a ser un arma, había demasiada compasión en ella, ni siquiera era conciente de que estan navegando hacía un campo deste batalla.
Apretó su mano, sabiendo el temor de Elsa a las batallas
- todo saldrá bien- Mérida susurro hacia ella - peleare, solo tendrás que usar tus poderes como último recurso- sin importar que sería más fácil de otra forma, ella acabaría esa guerra, ganaría con su propia espada.
- no necesito que pelees mis batallas- respondió la reina y se enfado ante la risa de su compañera- te recuerdo que en tus últimas batallas he sido yo quien te ha salvado-
-y yo y te recuerdo que Eres incapaz de tomar una vida-
- asesinar no es algo de lo que debieras estar orgullosa!- salto Elsa, mientras el viento las agitaba
- pero es necesario en una guerra!- Mérida jamas se intimidada ante sus despliegue de poder, no podía seguir consintiendo la ingenuidad de la reina
- hay algún problema? ambas giraron ante la intromisión de Elinor, la mujer las observaba sobre la cubierta, de pie a los escalones
- no- se apresuró Elsa antes de que Mérida pudiera responder algo - estoy bien- pero Elinor no mostró señales de haberla escuchado, en su lugar miraba ha su hija buscando una respuesta
- Estamos bien- musitó la princesa bajando los escalones , alejándose de la reina de Arendelle - es mejor que dejemos de perder el tiempo- fue lo último que dijo antes de encerrarse en su camerino.
- Solo perdí un poco el temperamento- aclaro Elsa con la mirada perdida
-¿Te pasa muy seguido?- La voz de Elinor era cruda, indiferente, no deseaba que Elsa pensara que la estaba juzgando, pero rápidamente entendió que la madre se refería a la ventisca de la noche anterior.
- no- La reina de Arendelle escondió su duda- no recientemente, he aprendido a controlarlo, le aseguro que lo de anoche fue solo… un descuido, por lo regular evado las sorpresas- bajo unos cuantos escalones, buscando alejarse de Elinor, no se sentía cómoda con la conversación pero antes de irse agregó-Anna me ayuda, gracias, fue acertado de su parte pedirle ayuda- Elinor no respondió, en su lugar miró hacia el horizonte, donde minutos antes la reina de Arendelle había observado la salida del sol- sin duda es una mujer inteligente-
- no fue astucia - interrumpio Elinor, muy a su pesar- estabas fuera de control, cualquiera que intentara reconfortarte estaba en peligro, no tienes que agradecerme nada - respiro hondó, había desidido dejar de guardar las formalidades con Elsa - decidi que era mejor arriesgar la vida de tu hermana que la de mi hija-
Una brisa helada recorrió la proa, Elinor pudo reconocer la ira en el rostro de Elsa, despues duda, resentimiento, Hielo en sus pies, el mar se agito por un momento.
Lejos de ellas, Mérida dejo su cuarto, cargaba algunos pedazos de madera y su espada, la observaron colocarlos sobre el mastil, sacar su espada y arco. La princesa de verdad se estaba preparando para la batalla
-Aprecio su honestidad - murmuro Elsa con amargura
- lo lamento, fue un comentario desafortunado- replico Elinor - debe saber que la vida de mi hija es mi prioridad, sobre todo -
- Lo entiendo... - la reina de hielo evito la mirada de la mujer - compermiso me retiró, estoy cansada- con un paso mas aprisa de lo habitual Elsa se alejo de su compañia.
-llegará el momento en que no podrás evitarlo- Elinor hablo sin verla, haciendo que se detuviera en su huida- no solo por tus poderes, si no por tu posición, es deber de los reyes defender su reino-
- usted...?- la pregunta quedo incompleta pero Elinor rió antes de negar con la cabeza- entonces no puede culpar mi posicion-
- yo tome un esposo- aclaro Ella, llegando al tema que quería tratar - Fergus es el guerrero, yo hago la diplomacia-
-no necesito un rey para gobernar mi pueblo, y como ya le dije a su hija, no necesito que nadie pelee mis batallas- y sin dejarla decir una palabra más se alejo de su compañia.
Con rapidez Saludo a su hermana y Rapunzel quienes entusiastas observaban el dominio en las armas de la princesa de Escocia, pero ella no quería mirarla, necesita tranquilidad, necesitaba estar sola.
El sonido de su propia puerta cerrándose le era familiar, inclusive en una habitación desconocida.
Mérida no solo se preparaba para la batalla, la anhelaba; pensó en los muebles destrozados, las rabietas a mitad de la noche, los gritos y los principes muertos, la princesa dominaba las armas para domarse a si misma, eran una extensión de su cuerpo tanto como el hielo lo era de Elsa, la diferencia es que ella se aterrorizaba de lastimar a otros, porque una cosa era reaccionar al ser atacado, proteger a su familia, defender su trono, y otra muy diferente era lanzar una ventisca sobre sus enemigos; dejo el castillo de Maldovia por esa razón, se nego a ser el instrumento de la destrucción pero ahora no tenía opción, no importaba cuanto entrenara la princesa o cuantos ejércitos las apoyaran, llegaría el momento en que le pedirían actuar en contra de sus enemigos, destruirlos, masacrarlos... pero ella no era una conquistadora, no era una guerrera.
El fuego de Mérida siempre la había fascinado, pero ahora tenía miedo de que la consumiera.
Su cuerpo la traicionaba, sentía sus palpitaciones a travez de la piel cansada y decidio concentrarse en ellas. No podía levantarse, sus pensamientos se arremolinaban dentro de su cabeza, ya no sabía donde estaba, ya no distinguia el dia de la noche, solo sentía el vaivén del barco, el movimiento continuo la oprimia, la confundia, no sabía cuanto tiempo llevaba en altamar, cuantas lunas habían pasado desde su última comida.
La puerta de la celda se abrío y Elinor apenas pudo girar la cabeza, la cama en la que reposaba era dura y seca, la luz del exterior la cegó mientras un hombre entraba por la puerta, arrastra un vieja pata de palo y en el piso resonaban sus pasos cansados. La reina no pudo contener su sonrisa, aquel ruido le era tan familiar.
-Tomé- dijo una voz diferente a la de su esposo- bebá esto, le ayudara- con unos gruesos y gordos dedos el extraño le acerco un plato a la boca, la mujer respondió ante el alimento - rápido, el capitan no tardara en regresar- una vez que terminó de alimentarla el extraño busco algo entre sus ropas- tomé estos, son caramelos - los coloco sobre las finas manos de la reina y ella pudo sentir la grasosa piel de su interlocutor - le ayudarán a mantenerse fuerte, resista... faltan unas semanas para tocar costa-
La mujer estaba muy debil, entrecerraba los ojos sin poder distinguir a su salvador pero distinguia su cara redonda, sin exito busco unos ojos azules a travez de sus cachetes abultados.
-Fergus...- susurro cansada, agobiada por la broma cruel de su mente
- Esconda los dulces - repitio el extraño - debo marcharme- Tan rápido como llego ese fue, Elinor pensó en obedecerlo y esconder las golosinas pero apenas probó una deboró las demas, la cabeza dejó de dolerle y apenas se dio cuenta se quedó dormida, esperando que las visiones de sus sueños se hicieran realidad.
Tal vez pasarón una horas, quizas fue al día siguiente, de lo unico que tuvo certeza cuando las puertas de su celda se abrieron otra vez fue de la identidad de su captor
-Michael- lo nombró y se incorporo con la poca fuerza que tenía
- Majestad- contesto el hombre, con la barba descuidada por el viaje en altamar, con la sonrisa indiscutible de quien siente asegurada la victoria- veo que esta conciente -
-Lamento informarle - Elinor hablaba pausadamente en un intento por no desfachecer- que mi muerte no esta cerca -
-Me parece que alguno de mis hombres a desobedecido mis ordenes de no alimentarla- El principe arrugo la frente con desprecio- me encargare del insubordinado a su debido tiempo, aunque debe saber que su muerte no es el propósito de este encierro-
-no- la reina arrastraba la lengua- supongo que no es tan estupido-
Michael se levanto enfurecido y la mujer se encogio sobre si misma , temorosa
- cuide sus palabras- ese tono fanfarrón que lo caracterizaba - podrían ser las últimas- el principe camino hasta la puerta, sus botas retumbaban en el piso haciendola temblar con cada paso. El miedo no bastaba para describir su estado, se concentraba en no llorar, en mantener la esperanza viva; Mérida la encontraría, ¿o es que acaso era eso lo que Michael esperaba? ¿la usaba como carnada? "si me quiciera matar ya lo hubiera hecho" se repetia una y otra vez, no podía dejar que la quebrara.
-¿Qué es lo que quiere?- con todas sus fuerzas apenas alcanzaba a susurrar, aun así no tuvo dudas de que su captor la había escuchado, pero Michael no respondió, en su lugar azotó la puerta al salir.
Elinor se desplomo sobre la cama una vez mas, su largo vestido empezaba a quedarle grande.
Era de noche, lo supo porque al abrirse la puerta no fue cegada por la luz, tal vez aun estaba muy debil pero había algo tan familiar en el caminar de aquel extraño que la hacía sentir a salvo.
-Majestad- otra vez esa voz rasposa, otra vez esos dedos gracientos, sus manos cálidas.
El extraño le llevaba alimento de vez en cuando, no hablaba mucho pero siempre se veía nervioso, compartía con ella su miedo hacia el capitan pero a diferencia de la reina no se molestaba en ocultarlo, dedujo que era el cociero por su delantal sucio y su acceso a las sobras de comida, no soportaba ver a nadie morir de hambre , le repetía y se excusaba de ello para alimentarla.
Al igual que el cocinero Michael la visitaba casi cada día, eso cuando volvio a poder contar los días, pronto descubrio que lo que Michael buscaba, al igual que su hermano menor, era un reino para si mismo.
- La mano de mi hija no es algo que este dispuesta a negociar- a pesar de la comida furtiva Elinor aun estaba debil, pero sus energías se reanimaron al descubrir las intenciones del principe, imaginar a su hija casada con ese hombre... , Merida se molestaria tan solo con la mención de la posibilidad y sintio el fuego que veía tan seguido en el pecho de la princesa arder en si misma - ¡mátame de una vez porque mi respuesta será siempre no¡-
Arrojó el pergamino con la declaración a los pies del principe, ese hombre jamas tendría la mano de su hija, jamas osaria poner sus dedos en la corona de su esposo.
-Si el lo que quiere- sintio las manos de Michael sujetarla con fuerza y arrastrarla fuera de la celda, por primera vez desde su captura estaba en la proa del barco, la brisa marina le golpeo el rostro, saboreo la sal con amargura, observo la reluciente madera y a la repugnante tripulacion, pero nada le causó mas desesperanza que la bandera pirata ondeando sobre el mastil.
Todos los marineros la miraban y la potente voz de Michael resonaba atravez de la embarcación.
-Es su ultima oportunidad Elinor- habló el principe arrojándola sobre el piso- solo tiene que firmar-
El terror se denotaba en sus manos temblorosas, pero estaba decidida, ofrecería su vida por defender la corona de su reino, ¡con gusto daría su ultimo aliento por la libertad de su unica hija¡
Michael saco su espada, era una navaja ancha y corta, brillama carmesi con la luz del sol, el principe camino despacio, dando vueltas alrededor de ella. La mujer se puso de pie, altiva, como la reina que era, pero no llego a sentir el frío en su cuello, en su lugar le temblaron las piernas cuando se dío cuenta de la victima del principe.
El cocinero sangraba en el piso tras el ataque de Michael, el mismo extraño que la había alimentado y cuidado, una vieja pata de palo, un gancho por mano y un ojo de vidrio; aquel hombre daba pena por si solo, no necesitaba el terror en su rostro o la sangre en su brazo, con su unica mano se sujetaba la cortada y con apenas un hilo de voz suplicaba por su vida.
-¡Detente¡- suplico la reina - no tienes por que lastimarlo -
-¿no?- Michael rió como solo podía hacerlo una bestia - esta sabandija de mar a desobedecido mis ordenes - acerco la navaja al cuello del marinero quien sollozaba aterrado - ¿quiere salvarlo majestad?- pateo el pergamino de nuevo a hacia ella.
¿Cuanto valía la vida de aquel extraño? ¿mas que su reino? ¿Mas que su vida? ¿Mas que su hija?
El cocinero intento levantarse pero resbalo con la pata de palo, el golpe lo hizo gritar de dolor, de angustia y Elinor vio en su rostro la mueca que Fergus hacia cada vez que caía, recordo aquellos días en que su pierna perdida era una novedad, cuando aun no se convertia en un mito su batalla con Mordú, recordo al hombre que renegaba sentado en el borde de la cama, al hombre que lloraba de coraje ante la injustica, el rostro que jamas dejaba ver cuando se ponía la corona.
Fergus... extrañaba su olor y su voz, por primera vez extraño su fuerza y su sed de sangre, Elinor se arrodillo en el piso y tomó el pergamino entre sus dedos, tomo la pluma y firmo con dolor, un papel no importaba nada... la espada del rey se encargaría de borrar su tinta.
Antes de que pudiera levantarse ya estaba de vuelta en su celda y antes de que pudiera sentirse a salvo lo vió reir.
- Debo sentirme honrado majestad- una voz distinta, una persona diferente- me alegra que se haya tentado el corazón por tan humilde servidor- aquel hombre se pavoneaba como si la herida en su brazo fuera un mero incidente, el mismo hombre hacía unos instantes suplicaba por su vida
Elinor retrocedio sin dar credito al horror de sus actos
Todo había sido un truco, una trampa, un horripilante ultraje a sus emociones, los escucho reir mientras rozaba el alba, aprendio el nombre y rango del lider pirata, sus tratos con las islas y su fama de mentiroso.
No se tiro a llorar a su cama, no dejo que la vieran herida, sufrió en silencio y en ese silencio juró venganza.
-No tenias que explicarme nada- Mérida se acerco a su madre quien hablaba sentada sobre el borde de la cama, sin atreverse a tocarla estaba cansada de haber entrenado todo el día, se había preocupado cuando al caer la noche su madre le había pedido hablar a solas - mama- no sabía que decir, sabía lo que tenía que hacer, pero no quería decirlo - no tenemos por que honrar ese pacto, no tendría sentido que...-
-eso ya lo se- replico Elinor- lo entendí a los pocos días, empezaron a alimentarme despues de ello, pero mi firma lo hace legitimo, todo es una excusa para su acción expansionista, para su brutalidad - la mujer temblaba de coraje - cuando anclamos en Maldovia me presentaron con el sultan de Agrava, todo era un intento por hacerle ver que Michael era un aliado poderoso, que Elsa era una amenaza, yo le explique que todo era un conflicto entre Arendelle y Las Islas del Sur, un juego de poder entre los hermanos y que Escocia y Agraba habían quedado atrapados en el medio, no creo que haya entendido la situación en la que me encontraba, que se haya convencido de que era una rehen-
Elinor continuo hablando sobre guerra y politica, sobre estrategia y posibilidades, pero Mérida ya no la estaba escuchando, no necesitaba hacerlo, sabía porque su madre le estaba contando aquello, conocia la orden implicita detras de sus acciones, solo había una opción.
-voy a matarlo- exclamo apenas su madre guardo silencio - voy a matarlos a todos-
-Lo sé - replico conteniendo el llanto, ese era su mas grande temor, ese el porque de que no les entrenara en armas a las princesas, porque cuando tu hija sabe como manejar una espada entonces no puedes alejarla de la guerra, pero la guerra había llegado entre ellas, se arrastraba a su alrededor y las condenaba, pero debían de ser fuertes, esta era una batalla que Elinor no podía pelear por ella, un territorio que para ella era desconocido, ninguna madre espera ver a sus hijos desaparecer en el campo de batalla, pero una reina podía exigirle a su princesa defender su corona, proteger su mano, vengar su honor.
Se abrazaron sabiendo que lo peor estaba por venir, Elinor se recosto y Mérida no abandono la habitación hasta que se hubo asegurado de que su madre estubiera dormida, con cuidado cerró la puerta y se encontró con la oscuridad de la noche, encendió unas linternas y camino por el barco, acomodo el muñeco con el que había estado practicando por la mañana y una vez mas saco su espada.
Pero esta vez lo hizo con cuidado, casi con ternura, el filo de la hoja replandeció con la tenue luz de luna, se ato el cabello por encima de la nuca, y empezó la danza que conocía mejor que ninguna otra.
Se sintió estupida por pensar que el fín estaría cerca, por pensar que la captura no dejaría cicatrices en su madre, por tardar tanto en ir por ella, por fallar aquel tiro.
Se concentró en su respiración, en el peso de la espada, en que el cuerpo se moviera, cada golpe con cautela, preciso, cuello, nuca, corazón.
Debío dispararle Michael a la cabeza cuando tuvo la oportunidad, debío dejarlo desangrarse en las costas de Maldovía, si hubiera honrado su pacto con Hans, si no lo hubiera traicionado tan solo por el placer de verlo sufrir, se había dejado llevar por el capricho, perdió su oportunidad de matarlo con su arco. ¿era un castigo divino por faltar a su palabra?
¿si lo combatia de frente tendría oportunidad? sus entrañas se retorcieron, sus movimientos se hacían cada vez mas rápidos, sus gritos cada vez mas intensos.
Lo mejor hubiera sido matarlo a la distancia, dispararle desde lejos ¿tendría una oportunidad como la que dejo ir? ¿chillaria al morir igual que Francis lo hizo?
Aun escuchaba las suplicas del joven príncipe, en sus pesadillas Francis todavia rogaba por su vida, veía la sangre de Albert en su espada, el horror en el rostro de Hans, todos eran unas sabandijas, todos habían caido por su culpa, tal vez Hans no estaba muerto, tal vez la pequeña escoria aun se arrastraba en algun lado... pero Francis y Albert eran una historia diferente y Michael pronto tendría el mismo destino que sus hermanos, todos se encontrarían de nuevo en la otra vida.
