Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.

Parte 2

"Reencuentro"

Capítulo 9 (24)

Los niños notaron que el aspecto de Martha era el de una persona deprimida, también se percataron de la ausencia de Tea y eso los inquietó bastante, pero supusieron que algo pasaba y decidieron no preguntar nada. Martha lucía deplorable al realizar sus quehaceres en el hospicio con su hija en prisión; no tenía recursos para sacarla de allí, sin agregar que debía también que buscar un lugar donde llevarse a los niños antes de la demolición del orfelinato. Tantas cosas la tenían angustiada y triste, pero debía ser fuerte por los pequeños que dependían de ella. Deprimirse no era algo que pudiera permitir en una situación tan caótica como en la que estaba ahora. No tenía ni idea de cómo pero vería la forma de sacar a su hija de la cárcel.

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Desde sus inicios en KC tenía la costumbre de llegar temprano al trabajo, mucho antes que Seto Kaiba; esa fue una de las cosas que provocó la atracción del CEO por ella previamente a convertirse en una pareja de amantes ocultos.

Ese día no era la excepción para cumplir con sus deberes laborales, pero sentía una opresión en el pecho al evocar a la joven de cabellos castaños rogando que la dejaran ver en persona al dueño de la empresa. En su corazón algo le indicaba que Tea era una mujer de confianza, valiente y decidida que no flaqueaba ni aún con el peligro evidente; eso era digno de admirarse.

Haber ido a una compañía de mucho dinero y prestigio para desafiar cara a cara al jefe era algo que pocos hacían. Fue entonces que, mientras caminaba a su despacho, tuvo una idea, un pensamiento surcó su mente y no pensaba dejarlo pasar.

En cuanto estuvo detrás de su escritorio marcó por teléfono al único lugar donde sus dudas podían ser aclaradas.

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Pacientemente esperaba con el corazón en un puño. Aunque su detención era sólo por dos días, se había mencionado que después de eso la mandarían a una prisión donde estaría por un mes encerrada; era un castigo por intentar golpear a un hombre con mucho dinero. Todo por proteger a su familia, mas sin embargo no se arrepentía si podía evitar que su familia se quedara desamparada. Falló, no lo logró, no pudo protegerlos y eso le dolía mucho.

Con el rostro hundido entre sus piernas, abrazándolas con miedo, deseaba que todo fuera una pesadilla de la que despertara en cualquier momento, abrigada en su cama con sus cobijas calientes, pero sabía que todo era real. La realidad era cruel con ella.

El ruido de puerta principal al abrirse la sacó de sus casillas. Giró la cabeza con el llanto cubriendo su rostro y vio a un policía que abrió la reja donde ella se encontraba.

-¡Sal ahora!

La idea de que un policía le abriera el camino a la aparente libertad hizo que su miedo aumentara en vez de confiar más. Sospechaba algo extraño en todo eso, así que continuo arrinconada en su sitio.

-¡Te digo que salgas de aquí!

Se apretujó más en el rincón donde estaba, sus ojos azules estaban dilatados y un leve temblor recorría su cuerpo enteramente.

-Han pagado tu fianza. Si no te vas le diremos a la señorita que te liberó que deseas seguir en prisión.

Entreabrió la boca con sorpresa, levantó su cabeza lanzando una mirada de confusión al guardia.

-¿La señorita que me liberó?

-Alguien vino especialmente a pagar tu fianza así que sal ahora mismo de aquí.

Su cerebro tardó en entender lo que significaba eso, no le quedó de otra más que obedecer. Se levantó lentamente y con la misma lentitud en su caminar salió de la celda. Conducida por el policía, fue llevada a la estación principal y grande fue su sorpresa al ver a la mujer de origen egipcio esperándola en la recepción.

-¿¡Usted…!?

Ishizu le sonrió mientras el rostro de Tea reflejaba confusión y desconcierto.

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Había niños corriendo en todas direcciones jugando y divirtiéndose, algunos estaban acompañados de perros que correteaban junto a ellos mientras sus padres los observaban a corta distancia. En una de las bancas principales del parque, Tea e Ishizu veían la actividad de los niños y un instinto maternal inundó sus corazones.

-¿Desde cuándo cuidas a los niños del orfanato?

-Prácticamente toda mi vida. A los siete años terminé viviendo en ese orfelinato.

Ishizu la miró con admiración; en el poco tiempo que llevaba conociendo a ese chica se daba cuenta del valor de ella, de la clase de mujer que era, se estaba ganando su confianza de una forma que no creía fuera posible.

-¿Has vivido toda tu vida en ese lugar? ¿Qué hay de tus padres?

Tea se mordió los labios, volteó fijando su mirada en la de Ishizu; no quería revelar nada sobre su memoria perdida.

-Murieron durante la guerra de hace 15 años.

Podía ser cierto, después de todo era plena guerra cuando fue golpeada en la cabeza provocando que sus recuerdos fueran borrados. Era mejor decir eso que explicar su situación real y generar prejuicios u opiniones cuando muchos no podían entender lo que alguien como ella vivía al no saber quién fue antes de ser Tea Gardner.

Fue entonces que la compasión, la admiración y la confianza se hicieron presentes en Ishizu. Lo primero que le vino a la mente cuando escuchó sobre la guerra fue Seto Kaiba; ambos tenían algo en común: la guerra.

Con ternura, le dedicó una sonrisa a Tea que desconcertó un poco a la joven.

-Tea ¿puedo proponerte algo?

La joven de cabellos castaños quedó anonadada con esa pregunta, sus ojos y su boca se abrieron de par en par.

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Estaba tan ensimismado en su trabajo que no había notado la ausencia de Ishizu en las labores de la empresa. Sus deseos de verla se habían terminado, al menos por ahora; cuando se enojaba con alguien generalmente le guardaba rencor por días enteros, así que no deseaba compartir su tiempo privado con Ishizu hasta que se le pasara lo enojado.

Al día siguiente llegó a su compañía y, tras ser recibido por sus empleados que lo saludaban cordialmente, con sumisión y respeto, buscó con la mirada a Ishizu. Fue en esos instantes en que resultó extraño para él no verla, recordó que el día anterior tampoco se hizo presente en ningún momento.

Arqueó una ceja y entró en su oficina. Allí, marcó el número del despacho de Ishizu, pero nadie respondió. Colgó molesto.

-Ella siempre ha sido puntual. Faltar a su trabajo sin avisar es algo que ella no haría.

Inquieto, volvió a marcar el número: nada. Comenzaba a sentirse enojado con una mezcla de preocupación. Entonces llamó a la recepción.

-Corporación Kaiba, buenos días.-respondió la voz de la recepcionista.

-Habla Seto Kaiba.

La tonalidad amable de la joven cambio a una más temblorosa acompañada de miedo y desconfianza.

-Señor…Kaiba…¿en qué le puedo ayudar?

-¿Ishizu Ishtar se presentó ayer a trabajar?

-Sí, ella vino temprano como siempre, pero se fue tan pronto como llegó.

-¿Sabes a dónde?

-Temo que no, señor. Dijo que era un asunto personal urgente.

Lo personal sólo podía significar que el prometido de Ishizu estaba en problemas; él no se involucraba en ese tema por su propia seguridad y la de la mujer egipcia.

-De acuerdo.

Colgó sin decir ni una palabra más. Se mantuvo meditabundo por algunos minutos mientras cavilaba sobre el asunto de la chica y el refugio para niños sin hogar. De pronto creía que Ishizu tenía razón en decir que se parecía a su padrastro; deseaba que se tratara de un error.

La sola idea de que se semejara a ese hombre le producía una sensación de asco a su propia persona, un desprecio intenso que no podía soportar.

Entonces supuso que lo mejor sería retirar la orden sobre derrumbar el orfelinato. Sin embargo, tan pronto llegó ese pensamiento a su mente, sacudió su cabeza para eliminarlo por completo.

-Los sentimentalismos no son parte de mi vida.

Sacó su celular y marcó a Ishizu; si no podía encontrarla en su oficina intentaría hacerlo personalmente. Si el problema era con el prometido se excusaría diciendo que le llamaba por el trabajo, nadie sospecharía de esa forma, aunque tampoco era mentira que los deberes labores empresariales lo motivaban a buscar constantemente a Ishizu.

El auricular sonó del otro lado, pero no obtuvo respuesta hasta varios segundos después.

-Señor Kaiba.-la voz de Ishizu sonó serena.

-Ishizu ¿no piensas presentarte en la empresa?

-Estoy yendo hacía allá. Sólo tuve un contratiempo, pero voy en camino.

-Entonces en cuanto llegues preséntate en mi oficina.

-Lo haré. De cualquier forma, necesito hablar con usted de algo suma importancia.

-Espero que no sea de lo que hablamos la última vez que nos vimos.

-Se lo comunicaré en cuanto nos veamos, señor Kaiba.

Kaiba iba a protestar, pero la egipcia colgó el teléfono dejando con las palabras en la boca. La personalidad de Ishizu le hizo pensar que tenía que ver con el orfelinato; no planeaba ceder ante los sentimientos de amor y compasión de Ishizu. Ni por ella, ni por nadie.

Pasaron unas cuantas horas en las que Seto Kaiba trabajaba sin cesar en su despacho cuando sonó el teléfono.

-¿Qué desean?

-La señorita Ishizu solicita ir a su ofician personalmente.-dijo la recepcionista.

-Dile que pase.

Continuo escribiendo en su computadora como si nada hubiera pasado. Su rostro no mostraba expresión, parecía indiferente al mundo y a todo. Finalmente, la puerta se abrió y dio paso a Ishizu, Kaiba levantó la mirada de la PC para lanzarle chispas por los ojos.

-¿Puedo saber porque te fuiste ayer y hoy tardaste en venir?

-Disculpe mi comportamiento-Ishizu hizo una reverencia-, pero estuve resolviendo un quehacer urgente del que hablamos anteriormente.

-Ya te dije que no pienso ceder a tus caprichos.-elevó la voz furioso.

-Señor, primero escuche lo que tengo que decir.

Seto se percató de algo extraño: le hablaba muy formal. Como cuando estaban en la presencia de alguien desconocido y debían ocultar su relación.

-¿Qué tratas de decirme?

Ishizu no respondió de momento y giró a la puerta cerrada tras ella.

-Pasa ahora.

Kaiba frunció el entrecejo sin entender qué pasaba. Por segunda vez, la puerta se abrió de par en par y Kaiba quedó anonadado con lo que vio.

Una bonita chica bien arreglada de cabellos castaños y ojos azules entró en la oficina principal, su rostro denotaba timidez y un poco de miedo.

-¿¡Qué es esto!?-gritó Seto levantándose de su silla golpeando la mesa.

-Señor Kaiba, le presento a Tea Gardner, la secretaría personal que quedara en mi lugar dentro de dos meses.

-¿¡QUÉÉÉÉÉÉÉÉ!?

Tea sonrió tímidamente encogiéndose de hombros mientras veía los ojos desorbitados de Kaiba.

Continuará...