La trifulca había llegado hasta su hogar. Le ordenaron a los civiles que se escondieran, se refugiaran en las montañas. El castillo de Arendelle pronto se convertiría en un campo de batalla.

Elsa sabía que sus soldados estaban ansiosos por la revancha, también sabía que muchos jóvenes se habían unido a sus filas desde la reciente invasión, un sentimiento de culpa la invadió ¿Cuántos de esos jóvenes no regresarían a casa?

Kristoff y Anna la observaban desde el otro lado de la habitación, ella con esperanza en sus ojos, el con las maletas en la espalda

"Dirijan a los civiles a las montañas, vean que estén a salvo" supo lo que su hermana iba a decir apenas termino, eso no hizo su respuesta menos angustiante

"Me quedaré contigo"

"Anna" Elsa suspiró cansada, no quería tener esa discusión, no quería explicarle a su pequeña hermana el miedo que le causaba verla cerca del peligro, lo inutil que sería su presencia

"Si tú te quedas yo me quedo" No había punto en discutir con ella, tendría que obligarla

"Nos dirigiremos hacia el norte" o tal vez no, Kristoff coloco sus manos sobre los hombros de su prometida mientras miraba a la reina a los ojos "Nos encargaremos de que todos lleguen sanos y salvos"

"¿Que?" Anna giró hacia el "No, me quedare aquí con mi hermana"

Pero ninguno de los dos la miraba a ella. Puedo ver con horror como Kristoff asentía ante la mirada de la reina

"Anna tenemos que darnos prisa, ya están evacuando la ciudad"

"Dije que me quedo aquí con mi hermana"

"Anna por favor" odiaba cuando le hablaban así "no hay mucho que tu o yo podamos hacer durante la batalla, no sabemos pelear"

"¡He peleado antes!"

"En circunstancias extraordinarias, no somos soldados, seremos más útiles guiando a la gente, tu gente, les levantará el ánimo tener a su princesa con ellos"

La joven parecío debatirse unos instante, sus palabras casi sonaba razonables

"No uses a mi gente en mi contra, no te atrevas"

"No estoy diciendo nada más que la verdad"

Anna cruzo los brazos y apretó los labios con fuerza "No voy a ningún lado"

"Si sucediera lo peor" habló Elsa, mientras sus mágicas manos se movían frente a la ventana, la nieve empezó a caer sobre Arendelle

"Si sucediera lo peor me necesitas a tu lado"

"Si el reino cae, eres tú a quien buscarán los príncipes, eres tú a la que intentaran tomar como prisionera, eres tú de quien dependerá Arendelle"

"¡Y eres tú a la que quieren matar!"

"¡Eso no va a pasar Anna!"

"¡Entonces no tengo porque alejarme!"

"¡Anna por favor!"

"¡No pienso marcharme!"

"No puedo pelear Anna!" Elsa exclamo, harta "No puedo pensar en congelar a nuestros enemigos mientras me preocupo si alguno de esos rayos pudiera llegar a ti" tomo las manos de su hermana "por favor, déjame lidiar con esto, ve a un lugar seguro…"

"Puedo estar cerca, quedarme en el palacio, no quiero… no podría soportar estar lejos ¿y si ocurre algo? ¿Y si me necesitas y no estoy ahí?"

Elsa suspiro profundamente "Puedes quedarte en el palacio, pero tendría que ser en un lugar seguro, no en el frente" sabía que Anna seguiría protestando y mientras se alejaba de ella hizo un esfuerzo por ignorar su voz, despacio se acercó al escritorio junto a la pared y abrió una pequeña caja adornada con los símbolos de la corona, adentro había un pesado manojo de llaves, jamás pensó que las volvería a utilizar.

"En el ala sur, detrás de las habitaciones principales hay una cuarto con cerradura, sus paredes son gruesas para que resistan el frío y las puertas están reforzadas, dentro hay comida para un par de días, los cristales de las ventanas resisten las más fuertes ventiscas, inclusive es a prueba de ruido"

"¿De que estas hablando?" Pero una vez más Anna se dio cuenta de que su hermana no le hablaba a ella

"Es el lugar más seguro del palacio" dijo mientras le entregaba las llaves a Kristoff "Cuida de ella"

El muchacho se giró incómodo, pero no fue capaz de negarse las exigencias de la reina.

"Siempre"

La princesa no pudo reaccionar cuando el muchacho la tomo entre sus brazos, ni mientras se iban alejando de la habitación del trono, no importaba cuantas veces Kristoff le repitiera que era por su bien, que volvería por ella apenas terminara la batalla, el hueco en su corazón no conseguía desaparecer.

Se quedó sola, el azul del papel tapiz era tan diferente al del resto del palacio, había viejos dibujos infantiles pegados a la ventana, estatuas de pequeños muñecos de nieve en las repisas, rasgaduras en los muebles, una sola cama para una niña solitaria.

Las dos personas que más quería en el mundo la habían dejado tras una puerta cerrada.

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Pateo la puerta con desesperación, la golpeo con sus puños hasta que estos empezaron a descarapelarse, busco sus botas de montar y con la punta de metal empezó a arrematar contra la clavija, después de unos minutos las uniones entre la madera comenzaron a ceder. No había puerta que pudiera contenerla.

Merida salió victoriosa, confundida, pero victoriosa

Llamó a su madre sin mucho exíto ¿Por qué la había encerrado? Elinor tenía un plan, siempre tenía un plan, pero ¿Por qué encerrarla? ¿Por qué engañarla? ¿Por qué no explicarle las cosas? La espada de la princesa resplandecía colgada en la pared, se acercó a tomarla pero se detuvo… ¿Valía la pena esperar una explicación de su madre?...

La temperatura descendió dramáticamente, el techo y las paredes se vieron cubiertas por una fina capa de hielo, escuchó los vitoreos de los soldados en los pasillos: la reina de Arendelle se estaba preparando para la batalla.

El corazón de Mérida se agitó con fuerza… por la ventana podía observar los barcos enemigos allí, en el barco insignia estaba Michael, era el mismo barco en el que lo había visto golpear a Hans. No podía no pelear, no podía no responder al llamado.

Mérida repasó mentalmente todo lo que sabía de Michael. Había sido un soldado toda su vida. Tenía el hombro lastimado. Era conocido por su crueldad y brutalidad física. Lo había visto pelear, era rápido, fuerte, grande. Era orgulloso, calculador.

Debería pedir refuerzos, al menos los chicos de los clanes ¿Sería capaz de vencerlo sola? ¿Por eso la había encerrado su madre? Si no estuviera tan furiosa daría media vuelta. El frío empezaba a calarle los huesos

Ni siquiera había podido despedirse de Elsa

No, no estaba caminando hacia su fin, iba hacía una batalla de la que saldría victoriosa, triunfaría sobre los usurpadores y después volvería a los brazos de la reina, le entregaría la cabeza de sus enemigos y ella la recibiría con nada más que admiración y cariño.

Mientras caminaba hacia el frente los soldados se formaban a su espalda. Arendell le estaba proporcionando los refuerzos. Esos hombres la habían visto pelear, les habían contado de sus hazañas, habían sido instruidos por la reina misma para seguir cada una de sus órdenes. El aire se llenaba de electricidad.

¿Por qué la había encerrado su madre?

No, no dejaría que las dudas entraran a su mente. Ella vencería al príncipe con sus propias manos, como debió haberlo hecho desde el principio.

Si hubiera estado en aquella torre durante el primer atentado a Arendelle, si hubiera clavado su espada contra su espalda antes de que el pudiera reaccionar. Si hubiera disparado contra Michael en lugar de traicionar a Hans.

Había desperdiciado tantas oportunidades para derrotar a sus enemigos.

Observo a los hombres descender de los barcos y se giró hasta la torre más alta del castillo, justo donde estaba el salón del trono, donde sabía sin ninguna duda que Elsa estaba observando, con una mano levanto la espada con la insignia de su padre, con la otra sujeto el dije de hielo que colgaba de su cuello, el pequeño oso que jamás se derretiría y con un grito de batalla dio la orden de ataque.

Elsa observo desde la ventana como Mérida levantaba su espada, como comandaba a sus propios soldados a la batalla. Se sintió inadecuada, temerosa por la vida de la princesa, debería haberla encerrado junto con Anna, pensamiento que la atormentaban, debería estar a tu lado. Pero sabía que no podía, sabía que el ruido y la emoción terminarían por llevarse lo mejor de ella.

Desde lo alto veía los barcos, alcanzaba a congelarlos con un movimiento de su mano. El hielo había cubierto las paredes del palacio, era como estar presente en todos lados. Gigantescos muñecos surgieron de la nieve que se había acumulado en los fiordos, Mérida trepo a uno de ellos y saco su arco, su puntería era envidiable, su talento incuestionable, era increíble que no hubiera magia en sus manos, no… debía concentrarse en el panorama completo, la nieve se conviritó en ventisca, calma, calma… los hombres de nieve atacaban, el paisaje blanco estaba salpicado de rojo. Soldados que nunca volverían a casa. Controla la ventisca, conviértela en agua… Sus mágicos dedos se movían pero cada vez era más difícil.

El príncipe Michael derribo a uno de los hombres de nieve, el y su comitiva se dirigían hacia Mérida, sentía como algunos soldados intentaban forzar las puertas del palacio. El control sobre los hombres de nieve se deslizaba entre sus dedos.

Mérida disparo a Michael varias veces pero el esquivaba las flechas con su escudo, Michael corto la piernas del hombre de nieve.

Las puertas del castillo se rompieron

Los soldados dentro del palacio estaban preparados para recibir a los invasores, el frío solo se haría mas intenso mientras mas se acercaran a la reina

Perdió de vista a Mérida

Al menos su hermana estaba a salvo.

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Pues si tarde otro par de años

Ya no se cuantos capitulos queden para acabar pero de verdad de verdad de verdad quiero terminarlo, le he dedicado demasiado amor y tiempo a este fic como para no acabarlo.

Muchas gracias a cualquiera que siga leyendo :D