Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.

Parte 2

"Reencuentro"

Capítulo 16 (31)

Finalmente llegó el día en que Ishizu abandonó definitivamente la empresa KC. Todos los empleados se reunieron en una gran fiesta de despedida en la que lloraban, sonreían y felicitaban deseándole suerte a la joven Ishizu. Ella correspondía a cada gesto con el mismo afecto y con una sonrisa amplia que iluminaba su rostro.

Pronto puso toda su atención en una mesa donde estaba un hombre solitario bebiendo café con un dejo elegante y déspota. Dudando un poco, se acercó a él y se sentó a su lado sin esperar a que él le diera permiso.

Kaiba le lanzó una mirada furibunda.

-¿Qué haces aquí?

-Vine a despedirme personalmente.-respondió Ishizu fingiendo que no vio el enojo del CEO.

-¿Para qué? Nuestra relación nunca fue significativa de todos modos.

-Tuvo importancia y lo sabes.

Seto volteó para verla. Ishizu le sonreía con gusto provocando aún más la ira del joven empresario.

-Sólo fuiste alguien que usé para obtener placer.

-Y apoyo emocional y espiritual.-agregó Ishizu y Kaiba no pudo negar que ella tenía razón.

Miró la mesa, evitando el contacto visual con la dama egipcia.

-Sé amable con Tea.

-Ya la he tratado mejor.-le lanzó ojos asesinos.

-No creo que de la noche a la mañana te hayas vuelto amable con ella.

-Pues lo soy, aunque no lo creas.

-Esa chica es especial.

-¿Por qué sigues pensando eso?

-Digamos que sólo sé.

Kaiba puso los ojos en blanco. La miró fríamente, como era su costumbre.

-Esa no es una respuesta adecuada para que bases tu opinión.

-Si platicas con ella más, entenderás por qué confió tanto en esa chica.

Entonces, Kaiba quedó sorprendido. Jamás pensó que Ishizu fuera de esa clase de persona; que al hablar con alguien adquiriera confianza. Pensó que seguramente Tea le contó algo a Ishizu que llamó la atención de está.

Con una inclinación de cabeza, Ishizu se despidió y se fue mientras Kaiba se sumía en sus pensamientos. Convencido de que ahora deseaba más que nunca poseer a Tea.

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Bebiendo lentamente vino, con miedo a caer borracha por ser su primera vez bebiendo, Tea observaba a todos los invitados con cierta desconfianza. Dos meses no eran suficientes ganar la confianza de todos; aún les tenía un poco de miedo. Aunque, para la buena suerte que tenía, algunos ya sentían cariño por ella y la trataban mejor de lo que ella esperaba.

La felicidad la invadió cuando vio a Ishizu atravesar el patio del salón hasta llegar a su lado y pasar un brazo alrededor del suyo.

-Me alegra que hayas venido. Extrañaré tu compañía.

-Igual yo con usted. Creo que tardaré en acostumbrarme a no tenerla conmigo.

-Lo harás muy bien. Has resultado ser una gran secretaria y eso es digno de admirarse.

Ishizu le sonría con mucha familiaridad, como si se tratara de su hermana menor. Tea no pudo evitar sentir esa atmosfera tan parecida a la que compartía con Martha. Le devolvió la sonrisa con la misma fraternidad mientras ambas se deleitaban en una plática femenina muy habituada a ellas.

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Pasó una semana hasta que Tea volvió a pisar la mansión del Seto Kaiba. Durante ese breve tiempo no estuvieron en contacto en la empresa, ni se miraron a los ojos, ni se llamaron por teléfono. Era como si no existieran mutuamente el uno para el otro. Ignorancia total de la presencia del otro. Kaiba consultaba todos sus asuntos empresariales con otra persona, mientras Tea recibía órdenes de otra persona para realizar sus tareas.

Ese día Kaiba le llamó por primera vez para que pedirle que se presentara en su casa para encargarse del aseo. Ella accedió con un poco de miedo, pero confiando que no sucediera nada.

Aún no podía olvidar lo del beso: su primer beso. Jamás imagino que su primer contacto con labios masculinos sería de esa forma; en un arranque de emociones extraño por parte de su jefe.

Llegó al lugar citado, suspiró hondamente antes de abrir la puerta y, para su asombro, Kaiba estaba leyendo el periódico sentado en uno de los sillones grandes de la sala. Levantó la mirada en cuanto la vio.

-Comienza a limpiar. No pierdas el tiempo.

Obedeció sin reproche, tal vez por primera vez desde que trabajaba con Kaiba. Ahora que lo pensaba, Kaiba no había mencionado nada del orfelinato desde que sucedió el incidente de la cicatriz. Optó por tomar el silencio de CEO como si todo estuviera bien con ese asunto; después de todo, no deseaba sacar el tema a colación.

Aseó cada rincón de la casa como era su trabajo, incluso se encargó de la limpieza de la piscina. Durante todo el proceso, Kaiba ni se limitó a mirarla siquiera; su vista estaba fija en el periódico. A pesar de eso, Tea se sentía un poco incómoda con el silencio presente entre ambos.

Finalizó sus deberes. La única opción era informar a Seto Kaiba.

-Ya terminé, señor.

Seto no contestó. Siguió adentrado en su lectura, mientras Tea esperaba un poco fastidiada.

-Si me disculpa, señor, pero hoy quisiera retirarme a mi casa.

-No te irás.

Boquiabierta, Tea lo miró sorprendida. Hablaba con firmeza sin despegar la vista del periódico.

-¿Disculpa?-interrogó exasperada.

-No te dejaré irte hoy.

La furia se acrecentó en Tea al escuchar el tono altanero que no aceptaba reproches del CEO.

-¿Qué es lo que quiere que haga ahora?

-Siéntate a mi lado.

La sangre se agolpó en la venas de Tea.

-¿Qué quiso decir con eso?

-Lo que oíste. Que te sientes a mi lado.

Le señaló con una mano su lado izquierdo y siguió leyendo. Con el ceño fruncido, Tea no tuvo más remedio que sentarse, temiendo que algo malo pasara.

Transcurrieron varios minutos sin que hubiera reacción por parte del CEO que no paraba de leer; o más bien, de fingir que leía las noticias. Tea movía sus piernas nerviosamente, comenzando a impacientarse.

-Señor…yo…

Por fin, Kaiba dejó el periódico y la miró detenidamente con los brazos cruzados.

-¿Hace cuánto trabajas en mi empresa?

-Hace dos meses.

-¿Cómo consideras tu sueldo?

-¿Disculpa?-estaba extrañada de la pregunta.

-¿Crees que tu sueldo es bajo, alto o medio?

Tea se vio obligada a asimilar la pregunta del CEO.

-Responde honestamente.-la voz de Kaiba era firme y sus ojos severos.

-Bajo.

Silencio. Las manos de la chica sudaban por el miedo.

-De acuerdo. Entonces pediré que te suban el sueldo lo más alto posible.

-¿Qué?-anonadada.

-Lo que oíste. Aumentaré tu sueldo. Desde ahora te contrato en mi empresa.

Una sonrisa enorme iluminó el bello rostro de Tea.

-Gracias. Muchas gracias, señor Kaiba.

Estaba agradecida. Todas las cosas malas que le hizo pasar quedaban atrás, o al menos eso creía Tea. Deseaba no vivir con más tensión por obra del empresario.

-No te emociones. Tengo una condición.

La alegría se borró de la cara de la joven. No apartó sus ojos de él; Kaiba achicó los ojos al sentir la mirada penetrante de la mujer.

-Si quieres ese aumento, deberás ser algo parecido a mi dama de compañía. En caso de no aceptes disminuiré tu sueldo el doble de lo que te dan ahora.

-¿Qué cosa?

Tea supuso que estaba oyendo mal, porque Kaiba no podía pedirle una cosa así.

-Necesito una dama que esté conmigo y tú eres mi mejor opción así que esa es la condición que pongo.

-Señor Kaiba, yo no puedo aceptar algo así.

-¿Prefieres estar en pobreza antes que pasar las noches conmigo? Puedo notar que eres demasiado tonta para ser alguien que ha resaltado en mi compañía de prestigio.

-Lo lamento, pero no planeo vender mi cuerpo ni por usted, ni por nadie.

Con todo el valor que obtuvo, Tea se levantó del sofá, pero una mano la agarró y la jaló hacia el cuerpo de Kaiba.

-No te irás de este lugar hasta que aceptes.

Kaiba aumentó la fuerza de su agarre. Tea se quejó de dolor, pero no podía dejar que eso la intimidara.

-Temo que prefiero renunciar antes que hacer algo así.

La ira se reflejó en Kaiba. Ella intentó zafarse, sin embargo sus esfuerzo fueron en vano. Kaiba se levantó y la apretó contra su cuerpo aprisionándola.

-¡Suélteme! ¡Basta!

-Si intentas algo, la pagará tu gente.

Dejó de forcejear. El orfanato, Martha, los niños. Todos podían perder su casa por culpa de ella. Los brazos de Kaiba la mantenían atrapada, sintiendo el calor del pecho del CEO junto a su cuerpo.

-Ahora obedece lo que te digo.

-Usted es un monstruo.

Con brusquedad, Kaiba la tomó por los hombros apartándola de él. Por segunda vez, Tea probó los labios del CEO que se apoderaron de los suyos en un ósculo profundo y agresivo. Intentó soltarse, pero de nuevo fue imposible. El CEO la levantó y la llevó cargando al sofá más grande donde la depositó con una cierta delicadeza. Besó su cuello con esa misma pasión frenética que estaba experimentando.

-Señor Kaiba…

Tea temblaba; estaba muy asustada. Las manos de Kaiba pasaron por todo su cuerpo y sintió cómo le desabrochaba la blusa.

-No…no, por favor.

Esas manos masculinas recorrieron todo su cuerpo hasta que llegó a las piernas. Le acarició la entrepierna y Tea se estremeció, luego esa mano pasó por su muslo hasta llegar a su braga y comenzó a bajarla poco a poco.

-NO. BASTA. DETENTE.

El grito y los movimientos de Tea detuvieron a Kaiba que la miró fijamente. Respiraba agitada, con el miedo reflejado en sus ojos, con el corazón latiéndole a mil por hora. El empresario sólo se dedicó a contemplarla hasta que entendió todo. Se ruborizó.

-Nunca has hecho esto ¿verdad?

Tea lo pensó mucho antes de contestar. Movió la cabeza negando.

-¿En serio? ¿Eres virgen?

Tea contestó con otro movimiento de cabeza, esta vez afirmativo. Lágrimas se derramaron de sus ojos.

-Perdóname, no creí que tú aún…

Se levantó soltándola de su feroz agarre. Ella no se inmutó, sólo lloraba.

-Lo siento mucho, en verdad. Jamás podría hacerte daño.

-Sí, claro.-contestó ella sarcásticamente.

Tea se irguió en el sillón, abrochó su ropa y se disputo a marcharse cuando otra vez sintió el apretón del agarre.

-¡Déjeme en paz! No quiero verlo de nuevo.

Tea pensó en atacar con golpes. No fue necesario. Ante su sorpresa, Kaiba la abrazó con sutileza, con sumo cuidado como si de una rosa se tratara.

Tea quedó paralizada, con los ojos abiertos de par en par; este agarre era distinto al otro. No era agresivo, sino con dulzura: algo que ella jamás había visto, hasta el momento, en Seto Kaiba.

-Lo siento mucho. Solo quiero estar contigo. Solo eso pedía.

En ese instante, Tea comprendió algo. Pudo sentir la necesidad de Kaiba, una gran necesidad que lo consumía por dentro. Que lo mataba desde el interior, algo que todos los seres vivos queremos pero que pocos suelen encontrar en medio del viaje llamado vida: amor.

Kaiba rogaba, pedía, suplicaba, clamaba por amor. Por tener amor, por recibirlo, por darlo. Era un hambre insaciable de amor acompañado de una sed que no se podía saciarse fácilmente.

Con esa misma delicadeza, abrazó al CEO. La primera vez que ella mostraba esa actitud con él.

-Todo estará bien.

Lo consoló. Kaiba sintió en su pecho ese consuelo que lo reconfortó enormemente. La tensión de momentos atrás se disipó por completo.

Y en ese instante, en medio de ese abrazo caluroso entre dos seres que sufrían, Tea le oró a Dios que ella pudiera darle a Seto Kaiba ese amor por el que rogaba tanto su alma.

Continuará...