Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.
Parte 3
"Encrucijada"
Capítulo 11 (49)
Entró en la tienda llevando consigo la maceta que contenía la flor blanca Lilium. Grande fue su sorpresa cuando Mai lo recibió en la puerta.
-¿Puedo preguntarte qué te sucedió hace unos momentos?
Mai sonaba desafiante, olvidando su papel de empleada y tomando su personalidad como la amiga más confiable de Yami.
-Necesitaba tomar aire fresco para despejar mi mente.-se excusó Yami, más sin embargo Mai sabía que no era cierto eso.
-¡No trates de jugar conmigo!-dijo Mai exasperadamente sorprendiendo a Yami-Sé cómo eres y tú cuando te comportas así es por algo más.
-Ya te dije que no es así.
Yami sabía que Mai era intuitiva y que conocía bastante sobre hombres, y sobre todo de él mismo.
-Si es verdad, tendrás que hablar con Serenity. Está muy preocupada por ti.
Con un dedo, Mai señaló en dirección de la oficina de Yami y esté no supo que decir al comprender que su comportamiento afectaba emocionalmente a Serenity. Apresuradamente, se dirigió a su despacho donde Serenity lo esperaba sentada en el sillón frente a su escritorio.
Cuando llegó, ella lo miró con un semblante que denotaba preocupación y miedo.
-¿¡Serenity!?
La pelirroja se puso de pie y sus ojos brillaron con un destello de amor mezclado con intriga.
-¿Qué te sucedió? ¿Dónde has estado?
-Fui a comprar unas flores para ti.-mintió Yami mostrando el Lilium que llevaba entre sus manos.
Serenity achicó los ojos con su rostro serio: no podían engañarla con facilidad.
-¿Por qué me miras de esa forma?-preguntó Yami extrañado.
-Mientes.
Yami quedó boquiabierto.
-Dime ¿qué te sucedió?-Serenity sonaba mortificada-Tú te comportas así; jamás dejas tu negocio de esa manera tan despreocupada y estoy segura que te pasó algo.
-No es nada. Te lo prometo, Serenity.
La joven parecía desconfiar.
-Sé que has vivido cosas terribles, pero quiero ayudarte a superar lo malo que pasaste durante esa guerra.
Yami se mordió los labios; Serenity estaba al tanto de que la guerra afectó mucho a los niños de ese entonces y estaba segura que Yami también fue lastimado en ese entonces. Pero aún había algo en su corazón que la alertaba de que Yami no se encontraba del todo bien con aquel pasado que parecía atormentarlo aún.
-Yami, por favor. Estoy segura de que algo te alertó y por eso te fuiste. No tengas temor de decirme la verdad.
Lágrimas se derramaron de los ojos de Serenity, Yami no resistió más y se acercó, dejando la maceta encima de su escritorio y estrechó en sus brazos a su prometida.
-Serenity, te he dicho varias veces lo importante que eres para mí.
Yami acarició el cabello rojo de la joven, suavemente. La joven correspondió al abrazo pasando sus brazos por detrás del chico y aferrándose a su espalda.
-Te prometo que no hay secretos guardados para ti. Estoy bien y es todo gracias a ti.
Yami era sincero con excepción del tema de los secretos: no podía contarle a Serenity sobre Anzu. ¿Para qué? De cualquier forma, Anzu estaba muerta y la chica que vio momentos antes sólo era alguien muy parecida a ella.
-Confió en ti, querido.
Serenity lo apretó con más fuerza y se mantuvieron unidos en ese cálido abrazo por largos minutos sin mirar el paso del tiempo, ni que aún estaban en la oficina de la tienda de Yami.
-¡Ah, por cierto!
Yami se separó de su novia y agarró la maceta con el Lilium.
-Traje esto para ti.
El rostro de Serenity reflejó una enorme sonrisa al ver el regalo que su novio le entregaba con mucho cariño.
-¡Yami! ¡Está hermosa!-tomó la maceta mirando la flor-¿La compraste en la florería de la esquina?
-Así es. Pasé por allí y decidí que era la flor más bonita para ti.
Serenity se paró de puntitas y le dio un beso en los labios a Yami.
-Muchas gracias. En verdad me gustó mucho.
Contempló la flor con ternura mientras Yami la veía, contento de tener el afecto de aquella joven de cabellos rojos; asintió con gusto y después acercó su cara al de la Serenity para devolverle el beso en la boca.
.
.
Leía tranquilamente una revista mientras descansaba sobre el sofá de la sala, cuando repentinamente la puerta se abrió dando paso a su marido que venía desde KC situación Japón.
-¿Cómo te fue hoy?-cuestionó Tea mientras se levantaba y caminaba hacia su pareja.
-Bastante bien. Estoy preparando todo para dentro de unos días cuando tenga que trabajar con el tipejo de Yami.
Kaiba hablaba con mucho desprecio cada vez que se tocaba el tema sobre Yami, a lo cual Tea pensaba que exageraba por mucho que de niños no se llevaran bien.
-Hablando de eso. Fui a su tienda justo como quedamos.
Kaiba lanzó una mirada seria a su esposa.
¿Y qué pasó? ¿Te descubrieron?
-Para nada.-dijo Tea enaltecida-Creyeron que era una clienta común y corriente y para disimular les compré un juguete para niños.
-¿Para qué? No tenemos niños.
-Pero Ishizu y Pegasus sí. Mañana se los enviaré por correo.
¿Y qué opinión tienes del lugar?-Kaiba mostraba mucho interés sobre el negocio de Yami.
-Su servicio es de primera. La atención al cliente es excelente y los productos son de muy buena calidad.
-Entonces tendremos que superar eso.-afirmó Kaiba con los ojos encendidos.
-Lo sé. Sé que podrás que hacerlo.
El CEO se animó un poco más al recibir el apoyo de su compañera de vida. De pronto, Kaiba achicó los ojos ligeramente y luego se fijó en algo inusual que estaba sobre la mesa de la sala.
-¿Y esa flor?
Tea volteó hacia donde la vista de Kaiba apuntaba.
-Es un Lilium. Lo compré cuando volvía de la tienda de Yami Yugi.-miró a su esposo sonriendo-Creí que te gustaría para decorar la casa.
Kaiba observó de lejos la flor: era hermosa y la blancura le recordaba a su mujer por la pureza de ella. Giró la cabeza a un lado disimulando una pequeña sonrisa en las comisuras de su boca.
-Si te gusta a ti, déjala y ya.
Se alejó y subió las escaleras calladamente. Tea sonrió sabiendo que, por mucho que fingiera no darle importancia, para Kaiba resultaba lindo el detalle de que su esposa pensara en él todo el tiempo. Sobre todo que nunca perdiera de vista los detalles que le gustaban de él.
.
.
Finalmente, el día esperado llegó. De su auto se apeó Seto Kaiba seguido de Tea y ambos miraron el gigantesco edificio donde trabajarían unidos a Schroeder y "Anzu".
-¡Wowww! Sí que es grande este lugar.
Tea se encontraba admirada al ver tal lugar en el que se vería obligada a trabajar por tiempo indefinido ayudando a Seto.
-También creo que es enorme.
Sin agregar más, Kaiba y Tea entraron al edificio, se registraron y se subieron por el elevador a la oficina principal donde estaba Sigfried esperándolos. Mientras hacían el recorrido al despacho del dueño de la empresa, Tea no dejaba de contemplar el edificio por dentro, fascinada con tal belleza y orden en una compañía como esa.
Mientras, en la parte de abajo, estacionando su auto detrás de la limusina de Kaiba, Yami llegó en compañía de su novia a Schroeder Corp. Desde la ventana del auto, los dos miraron la majestuosidad del edificio.
-Años desde que esta compañía se fundó y por primera vez la veo en persona.-comentó Serenity con gran admiración y sorpresa mirando el lugar.
-Tampoco conocía esta empresa de juegos hasta hace poco.-agregó Yami igualmente maravillado.
La chica giró hacia su novio.
-No importa que veas ni con quien trabajes, tú esfuérzate al máximo.
Yami no pudo hacer más que sonreír al recibir el apoyo de la mujer con la que compartiría su vida para siempre. Con afecto, tomó la mano de la joven y la apretó con delicadeza.
-Haré todo lo que esté en mi alcance para que Kaiba no me humille frente a nadie.
Tras dedicarse una sonrisa mutuamente, descendieron del auto y caminaron a la entrada. Una vez se identificaron, subieron por el elevador hasta llegar al piso indicado; al bajar de él, se pararon frente a la puerta principal de la oficina de Sigfried y respiraron hondo.
-No te tenses, amor. Todo saldrá bien.
Las palabras de Serenity atravesaron el corazón de Yami que estaba nervioso y estresado por lo que pasaría cuando la puerta fuera vierta y entrara en esa oficina. Yami estaba siendo dominado por los nervios, pero el calor que Serenity le proporcionaba a su alma lo tranquilizaba en gran manera.
-Estaré tranquilo para no caer en el juego de ellos.
Del otro lado del despacho, Sigfried estaba sentado frente a una gran mesa en la que lo acompañaban Kaiba y Tea.
-Me acaban de informar que el señor Yami Yugi y su prometida han llegado. Dentro de poco los veremos aquí.-dijo Sigfried colgando una teléfono.
La mano de Kaiba formó un puño debajo de la mesa, Tea lo notó y sin que Sigfried lo viera, deslizó su mano por debajo de la mesa y tomó, amorosamente, la mano de su esposo. Kaiba se estremeció ligeramente al sentir el tacto de su mujer, pero sonrió de medio lado.
Inesperadamente para los presentes, la puerta de la oficina se abrió de par y par y Sigfried sonrió enormemente.
-¡Wowww! Señor Yami, me alegra verlo.
Yami asintió con un movimiento de cabeza, miró al tipo de cabellos castaños que le daba la espalda.
-Creo que lo correcto sería que se presentaran nuevamente, esta vez como compañeros de trabajo oficialmente.
Kaiba se levantó y giró hacia Yami. Lo primero que miró fue a la joven de cabellos rojos que acompañaba a Yami: debía tratarse de su prometida. Ligeramente nerviosa, Tea también se puso de pie y dio la vuelta hasta quedar frente a frente de los recién llegados.
Yami y Serenity creyeron que sus ojos los engañaban al reconocer a la chica que fue a su tienda unos días atrás y compró un juguete para niño.
Tea pensó que estaba en medio de una pesadilla como las que tuvo durante su infancia y adolescencia hasta que conoció a Kaiba. La vendedora que la atendió ese día estaba allí presente junto a Yami: lo que significaba que ella era la prometida de Yami.
Un silencio sepulcral invadió la sala mientras Yami, Serenity y Tea estaban petrificados sin dejar de mirarse. Kaiba sólo podía pensar que las cosas se complicarían al trabajar junto al chico que más odiaba de niño.
Continuará...
Cote Dark Dangerous Love: Yo estoy igual, con tiempo limitado y cada vez escribo menos. Pero mis historias seguirán hasta el final de cada una de ellas. NO he visto ese cliché que mencionas, pero es absurdo con solo leerlo. Habrá muchas sorpresas con esta historia; no tienes ideas de cuantas.
