Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.
Parte 3
"Encrucijada"
Capítulo 24 (62)
La cena en la casa de los Kaiba se llevaba a cabo con normalidad; o al menos intentaban lucir lo más naturales posible uno para el otro.
Kaiba no podía decirle a Tea sobre su enfermedad. No sabía cómo reaccionaría ella con eso; lo que menos deseaba era preocuparla y darle un estrés más, especialmente después del golpe que ella había sufrido.
Por otro lado, Tea se encontraba en un conflicto que la tenía meditando todo el tiempo no importara cuantas actividades pudiera hacer para distraerse.
Quería hablar con Yami, decirle la verdad, confesarle su identidad y que lo amaba así como cuando eran niños. Sin embargo, no encontraba la manera de hacerlo; no estaba segura sobre acercarse sin más y confesar la verdad o pedir una cita para verlo en algún lugar.
Mientras cenaban los dos, un silencio pesado invadía el comedor ya que ambos pensaban en sus propios problemas.
Finalmente Kaiba vio la seriedad de su mujer, algo no muy común en ella, y decidió romper el silencio.
-¿Cómo te sientes del golpe?
-Bien, creí que sería peor, pero estoy aquí.
La respuesta de Tea era algo cortante y fría, lo que alertó a Kaiba.
-Hablé con Sigfried y mañana iré a Shroeder Corp. ¿Quieres comenzar a trabajar de nuevo?
-Preferiría quedarme en casa.
Kaiba se percató de la sequedad de las respuestas de Tea.
-¿Quieres que hoy veamos una película?
-No, gracias Seto. Quiero descansar un poco.
Kaiba frunció ligeramente el ceño.
-"¿Por qué te comportas así conmigo? ¿Te pasó algo por el accidente o te hice algo que no me quieres decir?"-analizaba Kaiba en su mente.
-Seto…-dijo Tea alzando la mirada-dime una cosa…
-¿Qué?
-Tú odiabas a Yami desde que eran niños, ¿verdad?
La mano de Kaiba tembló; hablarían sobre Yami de nuevo. Pero prefirió contestar ya que quería conversar de algo con Tea.
-Era un chico detestable.
No vio que Tea apretaba su puño debajo de la mesa.
-¿Y su amiga la que has mencionado antes?
-Ella me es indiferente, Tea. Sólo era la lacaya de ese niño cobarde.
El puño de Tea, escondido bajo la mesa, tembló y enrojeció mucho más de lo que ya estaba. Debía contenerse, al menos por un tiempo mientras encontraba una solución a su problema.
-Ya veo-agregó Tea con una sonrisa un poco fingida.
-¿Por qué te interesa saber sobre ese asunto si ya no son rivales para nosotros?
-Era curiosidad. Después de todo, como dices, ya no pueden contigo, amor.
Aunque trataba de actuar natural, Kaiba pudo percibir que el comportamiento de Tea no era normal. Imagino que podía ser un problema causado por el golpe.
-"Esperaré unos días y si sigue igual la llevaré con el médico de nuevo"
Como si la palabra trajera problemas al ser mencionada, incluso en la mente, Kaiba sintió una punzada de dolor en el estómago. Se llevó la mano al vientre y se agachó para que Tea no pudiera ver donde se agarraba, tapándose con la mesa del comedor.
Tea notó esos movimientos raros por parte del CEO.
-¿Te sucede algo?
-Me dolió un poco el estómago-dijo Kaiba disimuladamente.
-Seguro comiste algo con mucha grasa.
Tea trató de sonar interesada, pero Kaiba pudo percibir, en su voz el tono desinteresado y eso provocó que un vuelco en su corazón. Algo estaba mal y él lo sabía.
-Terminemos pronto y vayamos a dormir-dijo Kaiba con una sonrisa.
-Bien, hagamos eso.
.
.
Los brazos de Kaiba rodearon la cintura de Tea mientras ella se desvestía para ponerse su ropa de dormir. Kaiba recargó su cabeza en el hombro de Tea de una forma amorosa y dulce, le dio un beso en el cuello con ternura. Esperaba que, si estaba enojada con él, se calmara pronto.
-Me alegra que estés aquí conmigo-dijo Kaiba y pasó su mano sobre uno de los senos de Tea acariciándola.
No pudo ver el rostro de ella que expresaba desagrado ante la idea de estar con él íntimamente. Una sensación de asco se apoderó de su ser al pensar en estar con el hombre que, durante su infancia, la tratara como si fuera una basura que debía estar en un contenedor.
Por más que intentó no actuar sospechosamente, su cuerpo en automático se alejó de Kaiba.
-Seto, perdóname, pero me siento un poco cansada con todo lo que pasó. Quiero descansar.
El corazón de Kaiba dio un vuelco al sentirse rechazado, por primera vez, por su amada Tea. No entendía qué sucedía con Tea para que se comportara. Si reflexionaba la actitud de su mujer, un golpe en la cabeza no provocaba que alguien actuara así.
-Tea ¿Qué sucede contigo?
La pregunta sonaba con reproche e indignación mezcladas. La aludida permaneció de espaldas a él. La atmosfera era fría y pesada. Su esposo esperaba una respuesta al porqué se comportaba de esa manera.
Y fue entonces que Tea supo que era una tontería ocultar por más tiempo la verdad. De cualquier manera, Kaiba tenía que enterarse de la verdad; debía aceptar que nada volvería a ser igual.
-Seto…¿en verdad…no recuerdas nada?
Kaiba frunció el ceño confundido.
-¿De qué hablas, Tea?
-¿De verdad…nunca notaste nada?
La voz de Tea sonaba apagada, consumida y sin sentimientos. Para Kaiba era sorprendente oírla hablar así; jamás había visto a su mujer comportarse como en ese momento.
-Tea, ¿qué quieres decir? Habla claro.
Esta vez Kaiba hablaba preocupado, deseoso de entender lo que le quería revelar su esposa.
-Tú me hiciste pasar por muchos martirios en el internado.
Kaiba alzó la ceja indicando confusión por su parte. Tea aún le daba la espalda mientras hablaba con esa sequedad que la caracterizaba allí mismo.
-No sabes cuánto sufrí cuando me separaste de Yugi al avisarles de nuestros encuentros.
El desconcierto era lo único que Kaiba expresaba en esos momentos.
Tardó varios minutos en comenzar a asimilar lo que Tea decía; y así su boca y ojos fueron abriéndose por el asombro al recordar a la niña de cabello castaño y ojos azules que le parecía la niña más odiosa del mundo.
El rostro de la pequeña se visualizó ante Kaiba mientras contemplaba el rostro de Tea.
-¿¡An…Anzu!?-preguntó con duda.
-¿Me recuerdas?
Hubo unos segundos de silencio total en los que ambos se miraban con atención, sin quitarse la mirada uno del otro.
-Tienes que estar bromeando-dijo Kaiba rompiendo el silencio con una sonrisa nerviosa.
-¿En serio te olvidaste de mí al grado que te casaste conmigo sin reconocerme?
La cuestión de Tea sonó dolida, casi al borde del llanto, aunque no sabía explicar qué era lo que le hacía llorar; el coraje de estar casada con el niño que la maltrataba de pequeña, el hecho de que él no la recordara o que se había enamorado de él sin recordar el pasado.
-Tea, ¿Yami te pidió que me hicieras una broma así? ¿Por eso preguntabas tanto por él y su amiga?
Kaiba se negaba a aceptar lo que Tea le estaba diciendo; para él era inconcebible que, entre todas las mujeres del mundo, se hubiera casado con la niña que molestaba de pequeño.
-Seto Kaiba…-llamó Tea haciendo una negación con la cabeza-¿No puedes aceptar que me odiabas cuando eras niño?
El cuerpo de Kaiba comenzó a temblar de pies a cabeza. Imágenes de recuerdos pasados pasaron por su mente de forma agolpada.
-Tea…tú no puedes ser…
-Lo soy-dijo con firmeza y seguridad la chica-. Mi nombre es Anzu Mazaki.
Kaiba retrocedió unos pasos mientras el terror se apoderaba de su alma; aún trataba de pensar que todo era una broma de mal gusto.
-Entonces…recuperaste tus recuerdos…
-Por lo que veo tu también. Ahora sí te acuerdas cuando me delataste con las profesoras para que me castigaran por escapar todas las noches con Yugi.
Kaiba sentía que se le salía el corazón del pecho al oír las palabras de Tea.
-Anzu, ¿lo recuerdas todo?
-No me llames por mi nombre.
Las palabras que salían de la garganta de Tea estaban llenas de odio y rencor, algo que nunca había visto Seto en su mujer.
-¿Aún recuerdas como me humillabas por ser de clase baja? Como me golpeaste la cara con tu puño ¿Qué te parece haberte casado con la chica que no estaba a tu nivel?
Tea dijo la última frase con un toque malicioso y vengativo, como si disfrutara hacerle daño.
-Tea…
Kaiba hizo un esfuerzo por hablar, pero las cuerdas vocales no parecían funcionar correctamente ya que no salían ningún sonido de su boca, más que el aire de su respiración.
-No sabes la repulsión que sentí cuando recordé todo.
Los ojos de Tea brillaron por las lágrimas que querían salir y empapar su cara.
-Tea…yo no…no sé qué decir…yo…
-No me digas nada. En este momento no sé qué hacer con mi vida.
Se volteó dirigiendo sus pasos al buró para sacar el corazón tallado en madera y colgarse en su cuello.
-Creo que después de todo esto no puedo estar contigo en la misma casa.
Agarró la blusa que había usado en el día y se la puso de nuevo sin fijarse si llevaba ropa interior o no. Salió de la recámara con paso firme dejando a Kaiba paralizado sin poder seguirla.
Pasaron unos minutos en los que Kaiba sentía su cuerpo como si se hubiera convertido en piedra. No podía moverse, su respiración era entrecortada.
Tardó un rato en escuchar los ruidos de Tea buscando su bolsa para marcharse y eso lo distrajo de su mente adormecida temporalmente.
-¡Espera!
Guiado por su impulso, corrió hacia la salida sólo para descubrir a Tea con un gran saco que le tapaba el cuerpo y su bolsa para salidas ya puestos para salir de la casa.
-¡Tea! ¡No hagas esto! ¡Es peligroso que salgas de noche después del accidente!
Tea detuvo sus movimientos después de escuchar esas palabras. Su mano estaba colocada en el cerrojo de la puerta dispuesta a escapar de su vida como Tea, al menos mientras encontraba una solución.
Sonrió con un dejo de burla.
-¿En serio te preocupa que salga de noche? Deberías de sentirte ofendido por estar casado conmigo.
La chica de cabello castaño no se atrevía a mirar a Kaiba a los ojos, le daba la espalda para evitar el contacto visual con él. ¿Por qué lo hacía? ¿Para no ver la expresión de Kaiba y sentirse culpable?
-¿Cómo puedes pensar que me sentiría ofendido?
La seguridad, mezclado con el ofendido con que Kaiba lanzó su pregunta, le provocó un nudo en la garganta a Tea.
-Tienes que calmarte y hablemos del asunto.
-No pienso quedarme contigo-gritó Tea volteando su rostro hacia él.
Las lagrimas salieron de sus ojos y Kaiba quedó boquiabierto.
-¿No lo entiendes? Siento asco de mí misma en este momento por ser tu esposa después de lo que me hiciste en el internado.
Esta vez fue Kaiba el que se sintió lastimado y herido emocionalmente, pero no dijo nada; ya no podía impedir que su amada se fuera. Permitió que Tea cruzara la puerta sin mirar atrás mientras él se quedaba observando todo con un gran peso en el corazón.
Una vez hubo desaparecido tras pasar por la puerta, Kaiba se dejó caer en el piso llevándose las manos al pecho y golpeándose con el puño repetidas veces. Respiraba con mucha dificultad y tenía los ojos abiertos de par en par.
Recordó a la niña que siempre acompañaba a Yugi a todos lados, esa niña de cabellos castaños y ojos azules como él. El rostro de la niña cobró vida en su memoria con tanta intensidad que pudo compararla con la cara de su esposa.
Efectivamente: eran la misma persona.
De pronto, Kaiba comenzó a reír con ironía; su risa se fue convirtiendo en carcajada sonora que se hizo cada vez más potente hasta resonar en la estancia. Luego, inesperadamente, la carcajada fue cesando poco a poco, bajando el volumen de su intensidad, y luego se volvió un llanto incontrolable.
Por primera vez en mucho tiempo, Kaiba experimentó una tristeza muy similar a la vivió cuando Gozaburo mató a su hermano menor. Un gran peso se formó dentro de su pecho, oprimiéndolo al punto de cortarle la respiración.
El dolor era incluso más fuerte que el que sentía cuando su estómago y su vientre se retorcían por sus células enfermas que mataban su cuerpo lentamente.
Kaiba cubrió su rostro con sus manos, las lágrimas continuaron desbordando de sus ojos azules. Incluso él mismo se sorprendió de su gimoteo descontrolado.
Nuevamente volvieron a pasar por sus memorias los tiempos de la infancia en que él, Yami y Anzu discutían y peleaban sin cesar. Siempre odio a Yami y su amiga Anzu; por eso buscó la manera de separarlos cuando recibió un golpe por parte de ellos.
Los consideraba gente de clase baja, personas que no estaban a su nivel intelectual ni económico.
Y luego vio a su esposa, esa misma niña que odiaba se había convertido en su mujer. Se enamoró de la persona que más odiaba en el mundo.
-Que ironía de la vida-dijo Kaiba sonriendo con burla hacía sí mismo-Esa niña detestable se convirtió en mi mujer.
"Me casé con la niña que siempre me pareció molesta y tonta".
Pero así como había malos recuerdos de esa infancia perdida, los buenos momentos surgieron de la nada. Su primera vez haciendo el amor juntos, las cenas compartidas, las noches viendo películas encerrados en la casa.
Cuando ella descubrió que tenía en su espalda una cicatriz ocasionada por Gozaburo, nunca lo rechazó; ella le demostró la calidez de su alma al aceptarlo con su pasado triste.
-No sé qué fue lo que le sucedió para tener esa cicatriz, pero ver que alguien sufre hace que yo también recuerde las cosas difíciles que he vivido y no puedo dejar que alguien más pase eso.
-Tal vez nunca me hubieras amado si tan sólo no hubieras perdido la memoria.
Kaiba se llevó la mano a la cabeza en un inútil esfuerzo por calmar sus nervios. Comenzaba a sentir dolor de cabeza por la impresión de todo lo acontecido.
.
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Las calles estaban casi vacías, aunque se podían ver a personas saliendo de sus trabajos o entrando a bares nocturnos para divertirse hasta altas horas.
Tea corría por las calles sin parar. No frenaba porque quisiera ir más rápido a su destino, sino porque estaba deseando escapar de todo cuanto conocía.
Su única opción y anhelo era ver a Yami, platicar con él, confesarle lo que sentía, había tantas cosas que deseaba charlar con él después de tantos años de no verse.
Volvió a pensar en Kaiba, lo que había pasado, su revelación hacía él, la repulsión que sentía hacia ella misma, más sin embargo también aparecían las vivencias buenas que había vivido con Kaiba y eso la lastimaba aún más.
En algún punto se detuvo a descansar y se percató de que su cara estaba cubierta por el llanto. No entendía el motivo por el que lloraba.
¿Era por Kaiba? ¿Por ella? No estaba segura qué sentía por Seto Kaiba; una parte de ella estaba asqueada de haberse casado con el hombre que la trataba mal de niña, pero otra parte de su corazón le hacía pensar en las cosas buenas de Kaiba, en todas esas experiencias que ambos compartían juntos en complicidad marital.
Volvió a correr caminando hacia el único lugar en el mundo donde quería estar. Sólo necesitaba hablar con esa persona para aclarar su mente y su corazón.
Necesitaba ir a la juguetería que compartía su verdadero nombre.
CONTINUARÁ...
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