La amiga de Gojou-sensei: Parte 1

Bostezó ruidosamente, sacando algunas miradas molestas de sus compañeros, aunque de parte de Nobara fuese más por tener que estar junto a ellos en vez de andar paseando por las tiendas de Tokio, pero no, tenía que estar con Fushiguro e Itadori esperando a quien sabe quién por órdenes de su sensei, el cual, si se había ido cómodamente a los locales de los alrededores.

Le habían estado preguntando a Megumi, quien parecía ser el único en conocer a quien esperaban, pero solo había respondido que se llamaba "Hinata", nada de apellido ni como se veía, ni siquiera su sexo*.

Yuuji se recargó en las barandillas del exterior del aeropuerto Haneda, intentando distraerse de alguna forma. Por lo que les había dicho Gojou, la persona llegaría alrededor del mediodía, siendo esto hace diez minutos atrás.

Veían como la gente salía, pareciendo que por fin los dejaron salir del control de aterrizaje y podían retirarse. Miraron a Fushiguro, siendo el único en poder identificar a la susodicha persona. De pronto, notaron como el pelinegro se enderezaba en su lugar y extendía el brazo en forma de saludo; regresaron su vista al gentío, sin encontrar algún indicio de a quien saludaba, solo notando a una mujer de cabello índigo, quien traía una venda alrededor de sus ojos, tal y como el que usaba su profesor, siendo la única seña en particular.

—Oh, Hinata llegó —tanto Kugisaki como el recipiente de Sukuna se tensaron al de pronto oír a Gojou detrás de ellos, nunca sintiendo su presencia ni el momento en el que se había acercado, pareciendo ser Fushiguro él que estaba más acostumbrado a esos momentos al no tener más reacción que un suspiro exasperado—. ¡Hinata-chan! —puso las manos alrededor de su boca para poder gritar más fuerte. La chica con la venda volteó en su dirección, sonriendo aliviada.

—¿Mm? ¿Es ella, Fushiguro? —miró a su compañero, este asintió, suspirando al sentir su oído aún adolorido por el grito del mayor, él cual se dirigía hacia la recién llegada.

—Se nota que es de campo, su ropa lo demuestra —apuntó Nobara, mirando de arriba abajo la vestimenta de la peliazul, mientras esta era atrapada en un abrazo de oso por parte de su sensei, poniéndose colorada, a lo que se alcanzaba apreciar. Vestía una blusa larga color gris debajo de una camiseta color rosa, pantalones negros debajo de una falda color crema y un par de sandalias, además de la venda negra cubriendo la mitad de su rostro.

—Tú también eres de campo —la miraron con una ceja arqueada. La chica se sonrojó, cruzándose de brazos y mirando a otro lado avergonzada.

—Sí, pero yo no lo demuestro.

—Bueno, aún falta su ropa de misión. Es muy diferente a la que usamos nosotros. —les dijo sonriendo levemente (para sorpresa de los otros dos) cuando los mayores se acercaron a ellos.

—Chicos, les presento a Hinata —se paró al lado de esta, señalándola con los brazos como si fuese un trofeo del cual presumir, sacando una leve risilla de su compañera.

—Un gusto, soy Itadori Yuuji —hizo una reverencia algo exagerada, sintiéndose de pronto nervioso sin saber por qué.

—Soy Kugisaki Nobara, un gusto —a diferencia de su compañero, ella hizo una leve reverencia.

—Y a Megumi ya lo conocías.

—Hola, Fushiguro-kun —le sonrió dulcemente al pelinegro, quien le devolvió el saludo con un asentimiento y un "gusto de verte, Hinata-san" en un susurro—. Un gusto a los dos, Gojou-san no deja de hablar de ustedes —"miró" a los restantes sin quitar su sonrisa—. Soy Hinata. De momento, no necesitan conocer mi apellido, ordenes de su sensei.

—En realidad, por el momento no podrán saber nada más que su rostro... a medias. Luego conocerán más detalles sobre ella. Y Megumi tiene estrictamente prohibido mencionar algo referente a Hinata —dijo levantando un dedo y una sonrisa para nada inocente—. Excepto que le encantan los rollos de canela.

—Gojou-san —le susurró en reproche, sacando una leve risilla del peliblanco.

—Bueno, Ijichi nos espera en el estacionamiento, así que, vamos andando —comenzó a caminar, con la mujer a su lado preguntando por el conductor adelantándose unos pasos a sus alumnos, quienes los siguieron sin rechistar.

—¿Es una regla que los adultos tengan los ojos cubiertos? —preguntó el portador de Sukuna algo confundido, siendo que ya van varias personas que conocía con esa característica, tal como el director de la escuela, Nanamin y el propio Gojou.

—Ella tiene sus razones. No seas maleducado preguntando esas cosas —lo miró serio, incluso con algo de molestia.

—Señor, sí, señor —para hacer énfasis en su declaración, se enderezó en su lugar y colocó la mano derecha en su frente como un saludo militar, imitando el paso redoblado de un soldado. Megumi solo negó con la cabeza suspirando exasperado, mientras que Nobara rodaba los ojos.

—Tus alumnos parecen llevarse bien, Gojou-san —dijo la peliazul al hombre a su lado después de ver la interacción entre el trio.

—Eso parece. Digamos que han enfrentado algunas situaciones que los unió más.

—Eso es… favorable, hasta cierto punto —suspiró.

—Si. Esos son los chicos del futuro, después de todo —sonrió, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón.

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—¿Y-yo me sentaré do-donde? —se puso nerviosa, hasta el punto de tartamudear, algo que no hacía desde hace años, para completo deleite del jujutsu.

—En mis piernas —dijo como si fuese lo más normal del mundo teniendo una gran sonrisa en su rostro. Sus alumnos los miraban sorprendidos y algo incomodos, y ni se hable del pobre de Ijichi, quien parecía estar al borde del colapso por la situación que se presentaba ante ellos.

Cuando habían llegado al estacionamiento, Hinata saludó a Kiyotaka como si de un viejo amigo se tratase, lo que les hizo suponer a Kugisaki y a Yuuji que ya se conocían de hace tiempo, Fushiguro simplemente ignoró las miradas inquisitivas de sus compañeros.

Al recibir la orden de su sensei de subir, ocuparon los tres asientos traseros del auto. La de ojos vendados ladeó la cabeza extrañada y dijo lo siguiente:

—Vaya, no hay espacio para mí.

—Exacto —había contestado el peliblanco.

—Entonces creo que me iré por los te-

–Irás sobre mis piernas —la interrumpió antes de que acabara la frase, poniéndola nerviosa y provocando toda la escena anteriormente explicada.

—¿Y-yo me sentaré do-donde?

—En mis piernas —continuó—. Regazo; falda, muslos. Como quieras llamarlo.

—Pe-pero…

—Tú lo dijiste, no hay espacio para ti, o por lo menos no en un asiento. El único lugar disponible es en mis piernas, porque conociéndote, no querrás ir acostada sobre los chicos —habló con engreída sabiduría. Los nombrados se encogieron aún más incomodos en su lugar, no porque ella pudiese ir acostada sobre ellos (aunque por parte de Nobara un poco), sino más bien por el hecho de que Gojou parecía disfrutar en demasía el nerviosismo de su amiga, y también molestar al pobre chofer, como siempre.

—No quiero incomodarte…

—Sabes que nunca lo haces —agitó una mano delante de él restándole importancia al asunto—. Anda. Además, debes estar cansada por el viaje, te serviré de cama en lo que llegamos.

Suspiró resignada.

—Está bien. Solo por esta vez, ¿de acuerdo?

—Por supuesto —sonrió más, entrando al auto y se le quedó "viendo", esperando a que se sentara en su regazo.

Sabiendo cómo era Satoru, se mordió el labio inferior, ignoró la alerta de su cabeza y, juntando todas las fuerzas para no salir huyendo, se sentó en sus piernas mirando hacia el frente, sintiendo su respiración en la coronilla cuando el mayor se movió para cerrar la puerta y abrazarla finalmente.

Al entrar Ijichi al carro, lo encendió y salió del aeropuerto, conduciendo a la academia. En el camino, la peliazul se quedó dormida sin poder evitarlo; hay que resaltar en su defensa que, para ella, Gojou era bastante cómodo. Casi estando por llegar a la escuela, el peliblanco la despertó susurrándole algo al oído, e inmediatamente ya estaba levantada aún más nerviosa.

Cuando llegaron a la entrada, bajaron del auto e ingresaron a la academia, despidiéndose de Ijichi.

—Bien, chicos. Los queremos ver en dos horas en la zona de entrenamiento, Hinata quiere probarlos en cuestión de pelea —el peliblanco les sonrió.

—¿Probarnos? —Nobara e Itadori ladearon la cabeza.

—Sip. Quiere evaluarlos en su desempeño.

—Oh —la miraron curiosos al no oírla pronunciar ninguna palabra, encontrándose con una dulce sonrisa y un suave asentimiento de su parte.

—Si encuentran a los de segundo, díganles que Hinata anda por aquí.

–—De acuerdo.

—Por mientras, son libres de hacer lo que quieran. Si me necesitan, mándenme un mensaje —les mostró el celular. Puso su mano izquierda en la espalda de la mujer, dándose la vuelta para alejarse junto con ella.

Inmediatamente, miraron a Fushiguro expectantes.

—¿Qué? —les devolvió la mirada con aburrimiento, comenzando a caminar.

—Son algo cercanos esos dos, ¿no lo crees? —la pelinaranja apuntó con el pulgar por donde se habían ido su sensei y la extraña.

—Algo, supongo —se encogió de hombros.

—Oh, vamos, Fushiguro. Tú los conoces más tiempo que cualquiera de nosotros, claramente sabes cuan cercanos son —golpeó levemente sus costillas con el codo, sacándole un gruñido por la molestia.

—Como él dijo, no puedo decirles nada.

—Pero es respecto a su relación con ella.

—¿Y no es eso exactamente lo que él dijo que no podía hacer?

—Touché —suspiró resignada, cruzándose de brazos.

Caminaron a las máquinas expendedoras por pedido de Itadori, encontrándose a los de segundo año comiendo tranquilamente.

—Ey —Maki levantó la mano como saludo al verlos, comiendo un onigiri relleno de repollo.

—Salmón —Inumaki imitó a su compañera, alimentándose con un onigiri de atún con mayonesa.

—Hola, chicos —Panda los miró comiendo un trozo de bambú entre sus garras.

—Hola, ¿cómo están? —Kugisaki se acercó a la peliverde, chocando puños con ella.

—No nos quejamos. Aunque, verles las caras a los de Kioto no es muy cómodo aún —apuntó a lo lejos, notándose la cabellera azul de Miwa Kasumi junto a sus compañeros—. Sigo preguntándome cuándo se irán.

—Bueno, aún están recuperándose del shock de la competencia, ¿no? –Yuuji los miró también, comiendo una rebanada de la pizza que acababa de comprar*, alzando la mano cuando Todou lo saludó de lejos.

—También nosotros —suspiraron—. Solo han pasado tres días desde la finalización del intercambio, claro que seguimos recuperándonos.

—Hablando de intercambio… —miraron a Megumi—. Hinata-san llegó hoy, está con Gojou-sensei quien sabe dónde.

—¿Hinata-san está aquí? —Maki sonrió, notándose bastante contenta, muy contrario a sus sonrisas de siempre, sorprendiendo a Nobara e Itadori.

—Salmón, salmón —Toge asentía emocionado.

—Así que Hinata-san está aquí —Panda los miró—. ¿Acaso va a hacerles la evaluación de desempeño?

—¿Uh? ¿Cómo sabes eso, Panda-senpai?

—Porque hizo lo mismo con nosotros el año pasado. Es como si Satoru quisiera presumir a Hinata-san.

—Entonces, ¿ustedes la conocen? —les brillaron los ojos.

—Sí, algo así. Ella-

—Panda-senpai, Gojou-sensei pidió que no se hablase a profundidad de Hinata-san, ella está de acuerdo —el pelinegro lo interrumpió, cruzándose de brazos.

—Oh, ya veo. Lo siento, si son deseos de ella, no puedo decirles nada —miró a los otros dos, a los cuales les cayó una nube de depresión encima.

—Nunca podemos saber nada —repetían una y otra vez.

—¿Sabes por qué, Megumi? —Maki lo miró.

—No, solo me dijo que no dijera nada más allá de su nombre de pila, ni siquiera su apellido puedo comentarlo.

—Mm… con que es así... —se cruzó de brazos, manteniendo una mano en su mentón.

—Alga.

—¿A qué hora será eso?

—Dentro de dos horas.

—Bien. Los acompañáremos. Queremos ver que tal les va a ustedes —sonrió algo burlona.

—Eso no me da confianza.

—Ahora que lo pienso… los de Kioto la conocen —el panda se rascó la oreja, mirando a los estudiantes de la otra escuela.

—¿En serio?

—Si.

—¡Tod-mmm! —Fushiguro le cubrió la boca antes de que pudiera gritar por completo, haciendo que el pelirrosa lo mirase confundido.

—Es probable que la conozcan, pero es mejor que ustedes dos no hablen con ellos hasta que el sensei y Hinata-san lo digan —lo soltó, viendo que hacia un mohín—. Lo digo en serio. O nos meteremos en problemas.

—Dudo que Satoru les haga algo malo —el Cuerpo Maldito los miró, mientras su compañero asentía.

—Él no, el director es quien me preocupa. Sus peluches nos molerán a golpes si se entera que no obedecimos a algo que Hinata-san quería.

—Cierto. Los harán carne molida —todos asintieron de acuerdo con las palabras de la Zen'in. Suspiraron resignados, siguiendo con su comida y platicando para pasar el rato.

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Al ser casi las dos horas, entraron a la zona de entrenamiento, donde había una pista para hacer atletismo, encontrando a la peliazul junto a su profesor en el centro de la pista hablando tranquilamente. La mujer vestía diferente a como la conocieron al recogerla en el aeropuerto, usaba una blusa sin mangas tipo kimono de color lavanda oscuro, atado con un obi color purpura oscuro, resaltando su pequeña cintura, además de un pantalón corto azul marino, calzas negras translucidas a la mitad del muslo y unas largas botas negras con unas aberturas al frente que dejaban al descubierto sus dedos. En su pierna derecha había un vendaje con un extraño estuche pequeño rectangular.

—"Wow. Sí que tiene estilo" —pensó Kugisaki, viéndola de arriba abajo, quedándose prendida de su pecho —. "¿¡Dónde escondía esos senos!?" —gritó mentalmente al fijarse que la peliazul tenía una "delantera" bastante grande a comparación de cuando usaba la otra ropa.

—Hinata-san —los de segundo se acercaron, provocando una sonrisa de felicidad y dulzura en la mayor, quien les hizo una reverencia bastante elegante a ojos de Nobara.

—Me alegro tanto de verlos, han cambiado un poco desde la última vez que los vi —puso una mano en su pecho.

—Crecimos, podría decirse.

—Me enteré de lo que pasó durante la competencia, debió ser escalofriante.

—Bueno… algo…

—Creo que Rika era más tenebrosa, si hacemos la comparación —Panda ladeó la cabeza.

—Salmón —el más bajo asintió.

—Bueno, no todos los días se enfrenta a una clase especial y se sobrevive.

—En parte se lo agradecemos a Satoru.

—Aaw. Maki-chan se puso sentimental por su ex maestro, ¿no es eso tierno, Hinata? —Gojou se pegó al costado de la peliazul, manteniendo sus manos agarradas en alto y moviendo la cabeza de un lado a otro emocionado, sacando un gruñido y cara de asco por parte de la Zen'in.

—Solo digo algo lógico. Aunque Toge, Megumi, el tipo ese Kamo, e Itadori junto a Todou fueron los que más hicieron.

—Eh… pero salieron con vida para jugar un pacífico partido de baseball —la apuntó con los dedos, sonriéndole.

—Después de todo lo que pasamos —Panda se sentó en una banca —, fue algo refrescante ese partido. Aunque me pregunto... ¿Qué hubiera pasado si Hinata-san hubiese estado allí?

—Probablemente algo muy diferente —Gojou le sonrió misteriosamente, confundiendo aún más a los chicos de primero—. Bueno, a lo que vinimos —dio un aplauso, volteando hacia los menores—. Su prueba comenzará ahora. Primero: ¡Yuuji! —apuntó hacia este—. Eres el participante número uno.

—¿Eh? ¿Yo? —se apuntó a sí mismo, ladeando la cabeza.

—¡Así es! Hinata, es tu turno —fue junto a los demás chicos.

—Itadori-kun —le llamó la atención, notando que le sonreía dulcemente—. No te asustes por lo que te voy a pedir, ¿de acuerdo?

—Eh… de acuerdo —asintió dudoso.

—Quiero que dejes a Ryoumen Sukuna-san tomar tu cuerpo durante un minuto —la firmeza en su voz sorprendió a todos, menos a Satoru, quien solamente sonrió apoyándose en su mano sobre una pierna doblada.

—¿De-dejar a Sukuna a cargo por un mi-minuto? —la miró espantado, luego a su sensei y de vuelta a ella, sin saber realmente que hacer.

—Vaya —una voz ronca llamó la atención de todos, dirigiendo la vista a la mejilla izquierda del pelirrosa, viéndose un ojo debajo del de Yuuji y una boca extra—. Esto me trae un maldito déjà vu con ese idiota de pelo blanco. Pero, ¿un minuto? —sonrió—. ¿Crees que no podría matarte en menos de ese tiempo?

Ignorándolo, prosiguió con su pedido.

—Es importante que lo hagas. Si tienes miedo de que ocurra algo, Gojou-san interferirá para que no nos pase nada —señaló a este con la mano.

—Hazle caso, Yuuji, todo estará bien —le sonrió, para luego mirar a Panda y darle un cronometro—. Necesito que presiones el botón de inicio cuando veas que alguno de los dos haga el primer movimiento, y el de detener cuando Hinata haga el primer toque. Eres el que puede ver mejor sus velocidades y reaccionar de acuerdo a ellas.

—De acuerdo —acomodó mejor el dispositivo entre sus garras, sin hacer muchas preguntas, sabia más o menos de que iba todo eso.

El menor asintió. La pelinegra le dijo que se parase a tres metros de distancia, colocándose en una extraña pose de pelea cuando lo hizo. Extendió el brazo derecho hacia el frente, poniendo la palma derecha verticalmente, su otro brazo quedó a la altura de la cadera y la mano extendida hacia abajo, flexionó sus piernas levemente, dando cierto aire amenazante. Maki sonrió, puede que ella se manejase por medio de la pelea con armas, pero ver una pelea de cuerpo a cuerpo protagonizada por Hinata, no se veía todos los días.

—Ahora, Itadori-kun —el nombrado suspiró y cerró los ojos, sintiendo como un velo lo cubría y era jalado lentamente a la oscuridad, aunque aún pudiese ver y oír el exterior, sabía que Sukuna había tomado su cuerpo.

—Esa pose... —dijo con voz grave, apareciendo marcas parecidas a tatuajes en su rostro. Se estiró un poco, para luego peinar el flequillo rosado hacia atrás, sonriendo maliciosamente a la mujer—. Parece que es basada en artes marciales, pero no logro identificar de cual tipo.

—Sukuna-san —hizo un asentimiento con la cabeza en reconocimiento, confundiendo a más de uno, incluido al mismo Rey de las Maldiciones, después de todo, ese sufijo le hacía tener mala espina—. Tiene un minuto para atacarme de la forma que usted desee.

—¿Oh? ¿En verdad puedo? —su sonrisa creció, estrechando aún más el par de ojos debajo de los principales.

—Sí, solo le pido no romper la ropa de Itadori-kun ni hacer alguna tontería o será detenido al instante —soltó una carcajada.

—Está bien. No lo haré. En cambio, te destrozaré a ti, mujer —la señaló, ella solamente asintió sin decir nada más.

—¿Cómo es posible que hable tan tranquila con él? Yo me estoy muriendo del miedo —le susurró Nobara a su compañero, quien justamente, pensaba lo mismo. Miró de reojo a su profesor, después de todo, Gojou había reaccionado de una forma mucho más juguetona hacia Sukuna en su primer encuentro, pero Hinata lo hacía… ¿con respeto? Aun así, no parecía bajar la guardia ante él.

—Atento, Panda.

—Si.

Pasó tan rápido que ni sus cerebros pudieron registrarlo, solamente vieron una nube de polvo levantarse del suelo y de pronto, un golpe en seco de un cuerpo cayendo al piso, afortunadamente, Panda siguió las indicaciones al pie de la letra. Cuando el polvo se dispersó, miraron sorprendidos a Sukuna en el suelo, teniendo la misma cara que ellos, sin poder creer nada de lo que acababa de pasar.

—¿Quién… demonios… eres? —la miró de reojo, ya que no podía levantar muy bien la cabeza—. Descúbrete… los malditos ojos… ¡y deja que me mueva! —gritó enfurecido, sobresaltando a los alumnos.

Siguió cada movimiento cuando la vio arrodillarse frente a él, quitándose la venda, revelando unos ojos blancos con toques lavanda que lo miraban con tranquilidad.

—Hyuuga —susurró—. Eres… una Hyuuga…

—¿Hyuuga? Gojou-sensei, ¿a qué se refiere?

—En unos… —revisó su celular—, diez segundos te contesto, Kugisaki.

—Disculpe por presentarme de esta forma, Sukuna-san. Mi nombre es Hyuuga Hinata, estaré velando por la seguridad de Itadori-kun y suya durante un par de días —se inclinó. Iba a decir algo, insultarla y burlarse de ella, pero algo lo detuvo, que hizo que abriera grande los ojos y sonriera pasmado.

Esa mujer expulsaba una energía maldita exorbitante, tan parecida a una maldición de clase especial o más (si es que eso era posible), miró de reojo a los otros chiquillos, pareciendo ser que ninguno, a excepción de ese idiota de media cara tapada que le sonreía engreídamente, notaba tal perturbación de la energía. Gojou Satoru era el único en saber de la existencia de esa energía, no cabía duda.

—"Interesante. Muy interesante"—pensó, sintiendo como sus sentidos se adormecían, a sabiendas de que el mocoso retomaría su cuerpo, le sonrió sádicamente a la ojiperla—. Te… estaré vigilando, Hyuuga —su cabeza cayó al suelo en un ruido sordo.

—¿Itadori-kun? —ladeó la cabeza, esperando el momento en el que Yuuji volviese a la normalidad.

—Uh… ¿eh? —levantó la cabeza, mirándose asustado—. ¿¡Por qué no puedo moverme!?

—Tranquilo, Itadori-kun. Quédate quieto —puso una mano en su frente, logrando que la mirase y su expresión asustada cambiara a una confundida. Lo tomó de los hombros, volteándolo con cuidado aún en el suelo—. Byakugan —susurró y alrededor de sus ojos las venas sobresalieron, asombrando al chico. Se inclinó un poco más, colocando su mano derecha por encima a su pecho, dando un leve golpecito justo en el centro—. Listo, puedes moverte ahora —se separó sonriéndole, volviendo sus ojos a la normalidad. Se sentó sin dejar de observarla, estirándose levemente.

—Hinata, ¿podrías presentarte? —el peliblanco se acercó a ella, colocándose a su lado.

—Un gusto, mi nombre es Hyuuga Hinata. Soy una kunoichi de la Aldea Escondida entre las Hojas y amiga de Gojou-san, al igual de ser una hechicera graduada de esta academia —hizo una elegante reverencia.

—¿Kunoichi? ¿Aún existen? —Kugisaki ladeó la cabeza.

—Nunca han dejado de existir. Y Hinata es una prueba clara, después de todo, viene de una aldea shinobi.

—¿¡En serio!? —Yuuji se levantó del suelo, mirándola sorprendido.

—Así es. Puede que suene raro, pero es la verdad —le sonrió levemente.

—Wow. Espera… ¿Y qué quiere una kunoichi con Sukuna?

—Eso se los explicaremos luego —Gojou se acercó a Panda, tomando el cronometro, sonriendo al ver el tiempo marcado en la pequeña pantalla—. Dos milisegundos. Eso sí que fue rapidez.

—¿De qué habla, sensei? —los demás se asomaron por sus costados.

—Es el tiempo en el que Sukuna tardó en ser derribado. Y a mí me tomó más tiempo —hizo un puchero, poniendo su mano libre en el mentón.

—¿Tan… rápido?

—Creo que hubiera sido diferente si Itadori-kun hubiese consumido más dedos —Hinata se acercó—. Probablemente ni siquiera yo hubiese sobrevivido un segundo.

—No te subestimes —tocó su nariz, sorprendiéndola y sonrojándola por el gesto.

—Go-Gojou-san —se cubrió esa zona, mirándolo apenada—. Bu-bueno, continuemos —miró a los otros—. Los demás serán evaluados en una misión sencilla.

—¿En una misión sencilla? ¿En serio? —Kugisaki arqueó una ceja consternada. Había visto como en menos de lo que canta un gallo esa mujer había detenido a Sukuna como si nada, ¿para que solo les pusiera una misión sencilla como evaluación? ¿Quién se creía?

—Bueno, sencilla en términos generales —el peliblanco se encogió de hombros, sin decir nada más, manteniendo una sonrisa misteriosa que solo creó más molestia en sus dos alumnos más malhumorados. Mientras tanto, Hinata se despedía de los estudiantes mayores cariñosamente.

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Para los tres alumnos, la misión "sencilla" no parecía que realmente tuviese ese adjetivo, puesto que se encontraban frente a una escuela preparatoria abandonada desde los años sesenta rodeada de oficinas.

El lúgubre lugar, además de algunos reportes de desapariciones y asesinatos, solo daba señales de alerta para los menores, sintiendo la tensa y pesada atmosfera que transmitía. La ligera lluvia que caía no le daba un mejor aspecto, a decir verdad. Había maldiciones dentro y a los alrededores, podían sentirlo sin mucho esfuerzo, probablemente por todos los sentimientos negativos que se concentraban en un punto central, o séase, la escuela.

—¿En verdad esto es sencillo? —Yuuji dio un salto para atravesar la reja, mientras sus compañeros la escalaban.

—Por supuesto que lo es —su sensei dio un suave toque en la puerta principal, provocando que se abriera de golpe ante él y la Hyuuga.

—¿¡No pudiste haber hecho eso antes!? —gritó Kugisaki entre respiraciones entrecortadas.

—No se esperaron —comentó con total inocencia, sacando un suspiro de su acompañante—. Ahora, caminen. Tenemos que ir hasta el gimnasio y está bastante lejos.

Y el hombre no bromeaba, la escuela era inmensa y para llegar al susodicho lugar tuvieron que atravesar más de medio terreno.

—¿Por qué no simplemente tiran abajo este sitio?

—Elemental, mi querido Yuuji. Las maldiciones y las leyendas urbanas que rodean la escuela, además de todos los incidentes aquí ocurridos, imposibilita cualquier acción de demolición.

—Ha habido planes para hacer un centro comercial aquí durante mucho tiempo, pero todos los inspectores que han venido, simplemente desaparecen —explicó la peliazul, manteniendo sus ojos vendados.

—¿Y hasta ahora la academia decidió hacerse cargo? —los miraron confundidos.

—Oh, claro que ha hecho algo, pero cada vez que mandan a alguien, simplemente desaparece también. Y con el hecho de que no hay tantos hechiceros de rango alto en la ciudad, no se ha podido hacer un exorcismo como se corresponde, solo advertir al público que se mantenga alejado.

—Pero… nosotros no somos de rango alto…

—Están acompañados de dos —sonrió—. No les pasará nada… espero.

—Gojou-san, deja de asustarlos.

—No lo hago —hizo un puchero. Ella solo suspiró nuevamente, pareciendo bastante acostumbrada a su actitud infantil.

—No les ocurrirá nada, pero deben saber enfrentarse a diferentes adversidades y esta preparatoria es una de ellas —los "miró" con una amable sonrisa, calmando a Itadori y a Nobara.

—Y aquí estamos —abrió las puertas, siendo recibidos por el olor a humedad y moho del sitio que no ha recibido ningún tipo de mantenimiento durante décadas.

Lo que alcanzaban a ver gracias a la poca luz exterior por el cielo nublado, era el piso de madera, antiguamente pulcro y brillante, ahora lleno de bultos por el agua filtrada, charcos por aquí y por allá, escuchándose el chapoteo cuando alguna gota caía desde el techo.

—Pisen con cuidado —les advirtió la mujer, internándose en la oscuridad como si nada, seguida de Satoru.

Se miraron entre ellos y, con un suspiro resignado, los siguieron.

Las puertas dobles azotando al cierre sacó un grito de susto de la chica más joven, llevándose las manos al pecho para comprobar que seguía latiendo, aunque más rápido de lo normal, y asegurarse de que no había sufrido un ataque al corazón.

Y las luces encendiéndose de pronto provocó otro sobresalto, pudiendo distraerse al ver el desfavorable lugar en el que se encontraban:

El suelo lleno de curvas debido al deterioro y la humedad, lleno de agua como antes se había alcanzado a apreciar; las gradas rotas; lo que antes era un poste para canasta de basquetbol solo era un palo de metal en uno de los extremos de la estancia, mientras que en el otro lado no había nada, lo cual era bastante extraño. Las ventanas con vidrios rotos empeoraban la sensación térmica dentro, sintiéndose frio el edificio.

Pero hubo algo que les causó demasiada incomodidad, por casi todo el lugar, había ropa de diferentes épocas y estilos regadas por el piso, las gradas y ventanas con manchas oscuras que les dio mala espina. Las paredes tenían manchas cafés, incluso negras, que no supieron identificar que las causó, mas no eran grafitis.

—¿A dónde nos trajo, sensei? —Nobara se abrazó a si misma al sentir un escalofrió horrible bajar desde su nuca hasta la planta de los pies, y creía firmemente que no solo era por el frio que se sentía.

—Esto es… ¿sangre? —Yuuji olfateó el aire, percibiendo un suave, casi imperceptible, aroma metálico.

—No hagas eso, Itadori —le reprochó el pelinegro, examinando detrás de las gradas, alejándose con una expresión de asco al encontrar el tubo que correspondía a la otra canasta faltante, teniendo lo que parecía un gato clavado en el suelo—. ¿Seguro que aquí no hay un útero maldito? —miró con sospecha a los mayores.

—Nop. No lo hay. Pero vinimos antes de que se comience a crear uno —puntuó el peliblanco—. Ahora vengan, les explicaré como será esto.

Lo siguieron hasta estar justo delante de las gradas, sentándose en donde no estuviese tan destruido, siendo Hinata quien se quedase de pie justo en el centro del gimnasio sin moverse.

—Esta escuela fue construida durante el tiempo de la Primera Guerra Mundial, siendo tanto una institución académica como militar. Hubo algunas muertes por los duros entrenamientos que aquí se llevaban, y ni hablemos de los suicidios —se cruzó de brazos—. Al final de la guerra, se continuó como una escuela preparatoria normal y corriente, pero de vez en cuando ocurrían accidentes por aquí y por allá. Los alumnos y maestros comenzaron a creer que era culpa de espíritus malignos de los aquí muertos, que, a decir verdad, no estaban tan errados.

Luego vino la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose a tiempo completo en una militarizada, pero fungiendo también como un hospital al que mandaban a los heridos cercanos a la muerte.

—El lugar se llenó de mucha carga negativa, ¿no?

—Exacto, Yuuji. ¿Y qué ocurre cuando pasa eso? —preguntó como si estuviese hablándoles a unos niños de primaria—. Se crean maldiciones, ¡muy bien! Cero a todos —dijo después de unos segundos al no recibir respuesta alguna, sacándole una risilla discreta a Hinata—. Pero estas ya existían desde tiempo atrás, solo se hicieron más fuertes y se crearon nuevas. Alrededor de la década de los cuarenta, comenzaron a construirse las oficinas de los alrededores.

—El estrés laboral, junto al pánico y odio por la guerra solo crearon más negatividad —comentó la peliazul.

—Todo explotó junto con la bomba atómica en Hiroshima —habló con seriedad—. La gente de este lugar desapareció sin dejar ningún rastro más que sus pertenencias, camillas y vendas ensangrentadas de los heridos. Nadie supo más de ellos, justo aquí, en el gimnasio. En un principio se pensó que habían huido temiendo que en un lugar como este ocurriría lo mismo, pero pasó en Nagasaki —suspiró con pesar—. Luego de eso, llegó el fin de la guerra nuevamente y la escuela volvió a abrirse como un centro de aprendizaje.

A lo largo de los años venideros, se reportaron múltiples desapariciones y suicidios, encontrándose siempre alguna prenda que le pertenecía a los afectados, pero nada más de ellos.

—¿Conocen la leyenda urbana de Hanako-san? —miraron a la mujer, asintiendo.

—En toda escuela existe una.

—Bienvenidos a la primera escuela con tal leyenda.

—¿Eh? ¿En serio? —Itadori abrió grande los ojos—. Entonces, si voy en este instante al baño de niñas y la llamo, ¿me contestará?

—Por supuesto, pero es probable que te mate —dijo divertido el mayor—. Es cierto que aquí comenzó la leyenda, allá por los años cincuenta. Una chica de 16 años, con una linda falda roja que destacaba de entre las demás, fue atacada dentro de los baños de chicas del segundo piso y asesinada en estos. Su cuerpo fue encontrado en el cuarto cubículo a partir de la puerta de entrada. En un principio, al ser un espíritu vengativo, solía asustar a los que la molestaban, pero con el pasar del tiempo y la contaminación de negatividad, se convirtió en una maldición que comenzó a asesinar. El primer lugar clausurado de la escuela fue justo ese baño de niñas.

Tragaron saliva pesadamente, era mucha información para solo un pequeño momento y la atmosfera solo aumentaba su pesadez.

—El segundo fue el gimnasio. Los chicos reportaban que siempre veían algo extraño por el rabillo del ojo, sombras ir de aquí para allá, una enfermera de la guerra sentada en las gradas saludándolos o escuchaban quejidos en cada rincón.

—¿Qué pasó para que lo clausuraran?

—Un estudiante en las duchas se volvió loco y sacó una navaja de su mochila, comenzando a apuñalar a todos con quienes se encontraba. Cuando lo atraparon, dijo que las voces le gritaban en los oídos que matara a todos y no lo dejaban en paz, lo creyeron esquizofrénico.

—¿Lo creyeron? ¿No lo era? —Nobara arqueó una perfecta ceja depilada.

—Claro que no, porque otros estudiantes reportaron haber escuchado las mismas voces, pero siempre huían y no volvían a entrar jamás. En 1961, después de accidentes similares, decidieron cerrar la escuela.

—Gojou-san, comenzaré de una vez.

—Adelante, Hinata —sonrió en su dirección, justo en el centro del gimnasio.

—¿Qué hará Hinata-san? —Fushiguro lo miró curioso.

—Atraerá a todas las maldiciones.

—¿Eh? —los otros dos lo miraron sin entender, pero el pelinegro se puso pálido de pronto.

—Kugisaki, Megumi, necesito que estén pendientes de Yuuji, no sé cómo reaccionará a esto.

—¿A qué se refiere?

—Espera, ¿no pondrás una cortina?

—No será necesario, ya lo verán. ¡Hinata!

Tomó una respiración profunda y comenzó a exhalar el aire en un suave tono con su voz, confundiendo aún más a Nobara y a Yuuji. En cambio, el Rey de las maldiciones abrió uno de sus ojos en el rostro de su contenedor, mirando todo con atención. La voz de la mayor se escuchó tan claro a pesar de encontrarse unos metros alejados de ellos.

I know you, I walked with you once upon a dream
I know you, that look in your eyes is so familiar a gleam

—¿E-está cantando? —la pelinaranja no creía lo que sus ojos veían, como ¿por qué alguien cantaría de la nada? ¿Y que tenía que ver su canto con las maldiciones? Aunque no podía negar que su voz era muy bonita, no era su estilo, menos cuando se escuchaba con un tono depresivo.

And I know it's true, that visions are seldom what they seem
But if I know you, I know what you'll do
You'll love me at once
The way you did once upon a dream

El ambiente alrededor de ellos se volvió mucho más pesado de pronto, cargándose de tanta negatividad, que el aire les comenzaba a faltar.

Del suelo, techo, paredes y gradas salieron maldiciones de distintas formas y tamaños, poniéndolos en alerta.

—Tranquilos, no nos harán nada —miraron al peliblanco, luego a los espíritus, dándose cuenta de que todos parecían pasar de largo de ellos, yendo directo hacia la peliazul y dar vueltas a su alrededor, sin hacerle nada, simplemente flotando o caminando en círculos en torno a ella.

Ah, ah, ah
Ah, ah, ah, mmm

Yuuji agitó la cabeza, sintiendo como los parpados le pesaban, tal como si tuviese demasiado sueño. Su respiración se acompasó en un ritmo tranquilo y lento, no pudiendo quedarse consciente por más tiempo.

But if I know you, I know what you'll do
You'll love me at once
The way you did once upon a dream

Tanto Megumi y Kugisaki no podían apartar la mirada del frente, era aterrador el extraño actuar de las maldiciones, que bien podrían ir desde el grado 4 a especiales, no podían saber con exactitud. Tampoco podían negar que había algo de belleza en tal situación, dado que algunas se atrevían a acercarse más a la Hyuuga y rozar su cabeza contra la de ella en un gesto que parecía más el de un cachorro pidiendo una caricia de su amo, en vez de ser algo amenazante.

Parecía algo sacado de una pintura del oscurantismo, bellamente escalofriante.

Sus ojos se centraron en Itadori cuando este pasó a su lado con dirección a la insólita escena. Lo llamaron, sin recibir alguna respuesta o señal de que se detuviera.

Kugisaki, algo molesta, lo tomó del brazo y lo jaló de vuelta a ellos, soltándolo con un grito ahogado al ver las marcas que delataban la posesión de Sukuna sobre su cuerpo, las cuales se desvanecían y volvían a aparecer en un parpadeo.

—¿Qué le sucede, sensei? —miraron al peliblanco, volviendo a sujetar al chico cuando volvió a tratar a caminar.

—Curioso —susurró más para sí mismo que para sus alumnos—. Luego lo averiguaremos. Por el momento, no dejen que se acerque al círculo.

—¿Por qué?

—Solo háganlo. Pero preferiblemente que algo lo sujete, ustedes estarán ocupados dentro de poco.

Fruncieron el ceño sin entender, pero se pusieron de acuerdo en que Nobara usara uno de sus muñecos vudú para dejar al joven incapaz de moverse, por lo que tomó un cabello rosado de Itadori, lo puso en el muñeco y luego lo amarró a un tubo expuesto en la pared al lado de la puerta, dejando al chico atado en el aire.

I know you, I walked with you once upon a dream
I know you, that gleam in your eyes is so familiar a gleam
And I know it's true that visions are seldom all they seem
But if I know you, I know what you'll do
You'll love me at once
The way you did once upon a dream

—Muy bien, chicos —dio un aplauso para llamarles la atención a los más jóvenes—. Aquí hay maldiciones desde el grado más débil al más fuerte, su misión, es intentar llegar a Hinata y darle, por lo menos, un roce. Porque dudo mucho que puedan incluso golpearla.

—¿Ah? ¿No confía en nosotros, sensei?

—No es que no lo haga, pero las más de treinta maldiciones no los dejarán acercarse.

—Ahí hay de rango especial —informó el pelinegro.

—Oh, por esos no se preocupen. Ella no permitirá que los toquen, son demasiados y podrían dejarlos en un estado fatal.

—¿Cómo estas tan seguro?

—Lo sé. Ahora, continúen —se cruzó de brazos sin dejar de sonreír.

Se miraron algo inseguros e idearon un plan; el pelinegro usaría su Nue para electrificar a las maldiciones que estaban en el suelo sobre algún charco de agua, mientras que ella los atacaba con sus clavos, así podrían eliminar probablemente a la mitad gracias al agua esparcida por el gimnasio. Después, podrían usar al lobo de jade para atacar los restantes con rapidez y acercarse con seguridad a la peliazul.

Con eso en mente, el chico hizo la forma correspondiente al shikigami eléctrico y lo invocó, mandándolo a hacer un vuelo alto y atacar a las maldiciones tal como habían planeado, pero ambos se llevaron una gran sorpresa cuando la invocación no solo no atacó, sino que sobrevoló sobre Hinata para luego quedar a su lado y restregar su cabeza contra la suya, dejando que ella le acariciara con dulzura.

—¿Q-qué acaba de pasar?

—No lo sé…

—¿No puedes hacer que la ataque?

—No… no me obedece —abrió los ojos en compresión—. Hinata-san controla a las maldiciones… pero los shikigami…

—Son maldiciones artificiales —completó el mayor, llamándoles la atención—. Por supuesto que puede controlarlos.

—Pero… ella no está cantando. Los controla por medio de su voz.

—¿Su conjuro es cantar? —preguntó confundida.

—¿Acaso tiene que cantar a todo pulmón para hacerlo, Megumi? —volvieron su vista hacia la mujer, quien los saludó con una sonrisa.

—¿Está... está tarareando?

—Puede ser. No es necesario que nosotros la oigamos, lo importante es que las maldiciones lo hagan, y siendo que los shikigami son una forma física de la energía maldita de un jujutsu, es normal que puedan ser susceptibles al conjuro de Hinata. Pero eso se los explicaré después, su misión sigue en curso y tienen que terminarla.

—Pero… esto nos cambia todo. No podemos utilizar a los shikigami de Fushiguro. ¿Acaso no lo sabias de antemano? —lo miró con reproche.

—Sabia un poco, pero no tenía el conocimiento de que mis shikigami de sombras podrían ser afectados por su conjuro —deshizo al Nue, arrugando la frente al pensar en un nuevo plan.

—¿Entonces?

—Tendrá que ser de frente —sacó una espada romana de alguna parte detrás de él, tomando una posición ofensiva—. Iré primero, tu serás mi apoyo atacando de lejos con tu martillo y clavos.

—De acuerdo —preparó sus herramientas, tomando aire.

—¿Lista?

—No.

El pelinegro salió disparado hacia el frente, cortando un espíritu maldito por la mitad, agachándose justo a tiempo para que otro, con una extraña apariencia entre una lagartija y un gato, le acertara un golpe, no obstante, este cayó al suelo gracias a los tres clavos impregnados en energía maldita con los que Nobara le clavó en la cabeza.

Bien, dos menos, quedan muchos más, pensaron con pesimismo. Esto sería pesado.

Mientras los jóvenes avanzaban lentamente al centro del gimnasio donde se encontraba la Hyuuga, esta misma daba ligeros roces en las maldiciones de grado especial que se le acercaban hipnotizados, desvaneciéndose al ser exorcizados poco después, todo bajo la atenta mirada de Satoru.

—"Veo que continúas dándoles una "muerte" tranquila, Hinata… ¿Por qué?" —ladeó la cabeza ante su silenciosa duda y haciendo una pequeña, casi imperceptible, mueca en la comisura de los labios.

—¡Kugisaki, cuidado!

Se tiró al suelo ante la advertencia, esquivando por muy poco el ataque de lo que parecía ser la imitación barata de Pingu* pero en grande. Molesta por el sorpresivo ataque, lo golpeó en el estómago con su martillo, mandándolo a volar hasta la pared contraria y comenzando a desintegrarse. Con ese, si no se equivocaba, llevaban once enemigos derrotados.

Megumi tomó una respiración profunda intentando volver su ritmo cardiaco a la normalidad, comprendía que era una misión de fatiga y lo estaba logrando, en los pocos que llevaban exorcizando, ambos ya comenzaban a mostrar signos de cansancio, más que nada por el esfuerzo físico de esquivar y golpear.

Ahora entendía porque Maki inicio un entrenamiento intensivo de fatiga después de una misión con Hinata el año pasado, pudo suponer que habían hecho lo mismo que estaban haciendo ellos, aunque claro, ellos eran cuatro en ese tiempo y en este momento solo eran Nobara y él.

Además de que no estaba usando sus shikigami y el esfuerzo físico, del cual no estaba aún muy acostumbrado, solo ocasionaba que se agotara más rápido.

Se hizo a un lado para evitar que lo golpearan, lanzando un ataque con la espada y cortando a la maldición por la mitad. Miró de reojo a su sensei, teniendo un tic nervioso en el parpado derecho al ver la carismática sonrisa que le dirigía, comenzaba a creer que el ingrato gozaba de verlos sufrir.

Un movimiento brusco le llamó la atención, enfocando sus ojos en Itadori. Las marcas de Sukuna seguían yendo y viniendo en su rostro mientras continuaba tratando de liberarse de las ataduras invisibles del conjuro de Nobara.

¿Por qué actuaba de esa manera? Podría ser que el canto de Hinata estuviese afectando a Sukuna y este quería liberarse para acercarse a ella. Lo que no entendía, es el cómo era posible que ocurriese eso. ¿Acaso su voz era tan poderosa como para atravesar la conciencia de su compañero y llegar hasta el Rey de las maldiciones? ¿O existía otra razón?

—¡Fushiguro, deja de estar en las nubes y pelea! —los gritos de la pelinaranja lograron sacarlo de sus pensamientos justo en el momento antes de que lo aplastaran.

Lo mejor sería pensar después en Itadori, por ahora, su preocupación eran las maldiciones frente suyo, luego habría más tiempo para eso.

Diez minutos después, con las respiraciones agitadas y sudando a más no poder, se encontraban frente a la Hyuuga. Sus extremidades temblaban y apenas podían mantenerse en pie, por alguna extraña razón, al seguir avanzando y exorcizando, más y más espíritus aparecían hasta el punto de parecer que no habían hecho nada, pero por fin estaban delante de ella, ideando un plan dentro de sus cabezas exhaustas.

—Con eso está bien, chicos —miraron con odio al peliblanco.

—Dijiste que debíamos atacarla…

—Si la atacan, ella responderá y ustedes ya están al borde del desmayo.

—Es suficiente con lo que acabo de ver —les sonrió amable—. Para ser dos personas y con limitaciones en sus conjuros, pudieron hacer más que un hechicero de grado 1.

—¿En serio? —la miraron, dejándose caer en el suelo sin importarles mojarse.

—¿O estás siendo condescendiente con nosotros, Hinata-san?

—Lo digo de todo corazón, he visto gente más capacitada casi morir con oleadas de este estilo —unos pasos rápidos se escucharon sobre los charcos de agua, dándose vuelta para ver a Yuuji acercarse con velocidad hacia ellos y una clara sed de sangre—. Se liberó —susurró perpleja.

Ambos estudiantes se quedaron congelados en sus lugares, ese no era su compañero, sino más bien el ser que habitaba dentro de él, e iba directo hacia ellos con la clara intención de desaparecerlos de la faz de la Tierra. Tal parece que Kugisaki se había relajado lo suficiente como para que el conjuro sobre el muñeco vudú perdiera efecto.

Gojou se puso delante de ellos, sabiendo que algo así pasaría. Aunque confiaba plenamente en Hinata para lo que haría a continuación, él solo se interpuso como un escudo humano por si acaso.

Un canto angelical se escuchó a sus espaldas y sintieron que sus cuerpos se relajaron, el agua fría bajo suyo se volvió cálida e incluso sentían como si estuviesen sentados sobre el más suave colchón.

Vieron como el cuerpo de Itadori caía de rodillas al suelo y quedaba con la cabeza colgando, sin alcanzarse a divisar su rostro, pero la respiración que subía y bajaba la parte superior de su torso era lenta y pausada, como si estuviese dormido.

—¿Qué… qué pasó?

—¿Hinata-san lo calmó? —miraron a la mayor, encontrándola en la misma posición que el chico—. ¿Qué ocurrió?

—¿No lo sintieron? —ladeó la cabeza hacia ellos —. Activó su territorio —parpadearon sorprendidos.

—¿Estamos dentro de su territorio? —observaron su alrededor, encontrándose aún en el destartalado gimnasio.

—No. Solo lo activó para calmar a Sukuna. En pocas palabras, utilizó una pequeña porción de su Expansión Territorial, como un Territorio Simple para entrar al suyo.

—Oh… ¿¡Entró a donde está Sukuna!? —lo miró alarmada.

—Si —contestó con simpleza y un pequeño puchero en los labios.

—¿E-estará bien?

—Claro. No se preocupen por ella, la tendremos de vuelta en unos minutos. Por mientras, recuperen el aliento.

Alternaron las miradas entre Hinata e Itadori preocupados. Satoru se aproximó a la peliazul y acercó su mano a ella, notando una pequeña nube negra rodeándola.

—"Ten cuidado, por favor" —suspiró por lo bajo.


N/A: Hola, hola! Aquí les dejo este primer capitulo que, por mucho que no lo esperaba, se alargó de más y ahora se ha convertido en uno con dos partes! Disculpen la tardanza, pero lo largo espero que recompense mi posteo tardío y, además, que no los abrume un primer capitulo tan largo, aclaro, largo en cuestiones de como estoy acostumbrada a entregar primeros caps de mis fics.

Ahora, hay algunas palabras o cosas con un asterisco (*), esto quiere decir que es algo a lo cual tengo que dar una pequeña explicación:
Nombre de Hinata: por el titulo y porque conocemos al personaje, se sabe que estamos hablando de una mujer, pero Itadori y Nobara no, dado que en Japón, el nombre "Hinata" es unisex, o séase, que ambos sexos pueden utilizarlo, tal es el caso como Hinata Shouyou, que en realidad, es su apellido, pero ustedes me entienden XD
Pizza de Itadori: esta, por si acaso, sale de una maquina expendedora XD. Sorprendentemente, en Japón existen maquinas expendedoras a las cuales se pueden acercar y conseguir comida recién hecha, y quien dice que en la academia no tienen algo parecido? XD. Si no me creen, pueden buscar videos en YouTube o artículos en internet. Con decirles que existen maquinas expendedoras de pantis, algo que, viniendo de Japón, no me sorprende ya XD.
La vestimenta de Hinata: por si se lo preguntan o no les suena mucho, toda la vestimenta que porta Hinata, tanto la de civil como la de misión, son justamente las que porta en la película de The Last, en caso de que haya alguna duda con eso.
Conjuro de Hinata: Sobre esto... puede que les moleste, se les haga raro o incluso no les guste mucho, pero Hinata tiene un poder muy "curioso", que es el cantar y muchos podrían suponer que esto les afecta a las maldiciones tal y como se ve en el capitulo. En esta parte no ahondé demasiado sobre ello, ya que en la siguiente es donde se explicara mejor como funciona y en los próximos capítulos de su pasado será aun mas descrito, esto debido a que su trasfondo es mucho más profundo de lo que se cree. Además, si están al tanto con el manga, no parece tan descabellada la idea de un conjuro por medio del canto, no creen? XD. Y ya que la Seiyuu de Hinata, Nana Mizuki es cantante, hay que aprovechar el talento.
Por si quieren saber, la canción se trata de "Once Upon a Dream" de Maléfica interpretada por Lana del Rey, el porqué la escogí, también se explicará después, pero solo puedo decirles que es por el tono algo depresivo que tiene.
Pingu: es una serie animada de origen suizo-británico escrita por Silvio Mazzola y dirigida y animada por Otmar Gutman. La serie consiste en la vida de una familia de pingüinos que viven en el Polo Sur, y más concretamente las historias tratan sobre el hijo mayor Pingu, y su amigo Robbie la foca. Quise utilizar esta comparación porque dudo que, si hubiese puesto al maestro Yoda, Nobara realmente captara la referencia, dado que no la veo tanto de ver Star Wars o ese tipo de películas.

Una disculpa por no escribir una respuesta apropiada a todas las personas que comentaron el prologo, pero les agradezco infinitamente sus palabras, más al saber que apoyan mis locuras con la preciosa de Hinata, no se porque tengo la manía de meterla a otros universos y emparejarla con quien menos me lo espero y que no soy la única XD

Mil gracias y espero que les guste esta primera parte del capitulo uno, nos vemos a la siguiente y ténganme paciencia Q3Q. Un abrazo y un beso, los quiere su amiga TsukiShiro22 n.n