La amiga de Gojou-sensei: Parte 2

Las gotas cayendo al agua que rodeaba el trono de huesos solo lo adormecían más de lo que ya estaba. El rítmico sonido del chapoteo se ajustaba a su respiración acompasada, provocando que poco a poco se hundiera en un sueño profundo.

¿En qué momento entró a este lugar? No lo sabía. ¿Por qué tenía tanto sueño? Tampoco lo sabía, lo único que llegaba a su mente era que debía dormir.

—Itadori-kun —esa voz, tan suave y melodiosa, justo como la que había oído antes de llegar a su "mundo interior", lo llamaba—. Itadori-kun.

—¿Quién…? —abrió los ojos, dándose cuenta de que estaba acostado en el suelo y unos orbes aperlados lo observaban preocupados, siendo Hinata quien estaba inclinada sobre él, arrodillada por encima de su cabeza.

—Al menos… —susurró con alivio—. ¿Puedes levantarte? —se apartó.

—Creo que si —se sentó tambaleante, experimentando un ligero mareo debido al sueño que todavía tenía—. ¿Qué ocurrió, Hinata-san? —al girar en su dirección, ahogó un chillido de miedo al ver a la mujer siendo abrazada por Sukuna desde la espalda.

La inusual escena causó un shock tan grande que lo hizo alejarse unos pasos de ella. Los brazos del Rey de las maldiciones la rodeaban por el estómago, ambos encontrándose arrodillados en la misma posición sin haberse movido ni un milímetro. Su "gemelo malvado" mantenía la cabeza oculta en el hombro izquierdo de la mujer, por lo que no podía ver su expresión.

—Por favor, Itadori-kun, necesito que te calmes —levantó las manos en un gesto de calma, sonriéndole levemente.

—Pe-pero…

—No te preocupes, está dormido.

—¿Do-dormido? —lejos de calmarse, se puso mucho más nervioso al no entender que ocurría.

—Te lo explicaré más adelante. Por ahora, necesito que te calmes —le dijo con total tranquilidad, como si un ser de pura maldad no estuviese aferrado a su cuerpo como un bebé a su madre, o más parecido a un koala, desde su perspectiva.

Pero gracias a eso, él mismo comenzó a relajarse, pareciendo que Sukuna no haría ningún daño y que la mujer tenía todo controlado.

—¿Me harías un gran favor?

—Claro. Eh… ¿Cuál?

—Necesito que golpees a Sukuna-san en el rostro.

Olvídenlo.

—¿¡Qué haga que cosa!? —toda la sangre desapareció de su rostro.

—Sé que suena muy drástica mi petición, pero si lo hago yo misma, no surtirá efecto alguno y solo hará que se aferre más a mi —como para comprobar lo que dijo, golpeó con su codo el costado del hombre-maldición lo más fuerte que pudo dada la posición, logrando solo sacarle un bufido y que se removiera un poco, acomodando su mejilla sobre el hombro femenino. Los brazos alrededor de su abdomen la estrujaron, acercándola más a él.

Con la nueva pose, Yuuji se dio cuenta que los ojos de Sukuna se mantenían entreabiertos, pero tenían la mirada perdida. Murmuraba algunas cosas, aunque eran inentendibles a sus oídos.

—Pero…

—Tranquilo, no te hará nada. No lo dejaré —le aseguró.

—No me preocupo por mí, sino por ti, Hinata-san —parpadeó sorprendida ante sus palabras y la mirada de preocupación pura que le dirigía. Sonrió enternecida, sonrojándolo.

—Estaré bien. Te lo prometo.

Se quedó unos segundos procesando la idea, pero al no tener nada mejor que hacer, asintió con un suspiro.

—Está bien… —se colocó en una mejor posición delante suyo—. ¿Puedes ladear la cabeza hacia tu derecha? Y no te muevas —obedeció, cerrando los ojos.

Tomó una respiración profunda mientras giraba su hombro para evitar tensiones, calculando la fuerza necesaria para golpearlo sin llegar a lastimar a Hinata en el proceso.

—Espera… si lo golpeo, existe la posibilidad de que lo mande a volar y podría arrastrarte con él.

—Solo moverás su cabeza.

—¿Cómo lo sabes?

—Podría decirse que ya he pasado por algo similar.

—¿Eh?

—Solo hazlo, Itadori-kun. Confía en mí.

—A la orden. ¡Ah! —juntando toda la fuerza que pudo, estrelló su puño en el rostro semideformado de su "doble", creando una onda expansiva que repelió por un instante el agua que los rodeaba, no obstante, apenas y movió unos milímetros la cabeza de Sukuna del hombro de la peliazul.

—Mocoso impertinente…—lo observó molesto, sintiéndose que la atmosfera se hacía cada vez más pesada—. ¿Cómo te atreves?

Tragó saliva, alejándose un poco de ambos.

—Sukuna-san, le agradecería mucho que me soltara.

—¿Uh? —la miró confundido, separándose como si lo hubiera quemado el tan solo hecho de tocarla. Al verse libre, se puso de pie—. Maldita Hyuuga. ¿Qué fue lo que me hiciste?

—Lo detuve antes de que atacara a los compañeros de Itadori-kun, Sukuna-san —caminó hasta ponerse delante del pelirrosado.

—No digas estupideces, zorra. Activaste tu territorio y entraste aquí, ¿solo para proteger a esos mocosos? No te creo.

—Así es —asintió.

Parpadeó una vez, luego otra y dos veces más, para comenzar a carcajearse histéricamente de un momento a otro. En algún punto se sostuvo el estómago sin parar de reír, mientras los otros dos lo miraban, el menor sin entender nada y la mujer con total calma.

—Fue tu peor decisión, mujer —se secó una lagrimita de uno de sus ojos.

—¿Lo fue?

—¿Acaso eres estúpida? Estás en mi territorio, puedo hacerte lo que yo quiera. Destruiré tu alma en miles de trocitos, tu cuerpo se hará pedazos en cuanto acabe contigo —bostezó—. No me importa que el mocoso mire, eso le enseñará que nada es color de rosa en el mundo y… ¿¡Qué carajos me hiciste!? —gritó al darse cuenta de que estaba acostado de espaldas sobre el suelo, con la cabeza en el regazo de la peliazul, quien se encontraba arrodillada y acariciando sus mejillas.

—Nada, en realidad.

—¡Lo hiciste, maldita! ¡No acabaría así de la nada!

—Shh, Sukuna-san —pasó los dedos delicadamente por las marcas oscuras, delineándolas con sumo cuidado.

—¡No me calles, perra!

Itadori miraba estupefacto la escena, había visto con sorpresa cada uno de los movimientos de ambos sin siquiera parpadear, podía sentir como le ardían los ojos por lo mismo.

Mientras la maldición parloteaba, Hinata se había acercado a él tranquilamente y puso las manos sobre sus mejillas tarareando tan bajo que era casi imperceptible al oído inexperto. Se arrodillaron al mismo tiempo, pero había sido Sukuna quien se acostó y acomodó en el suelo, siendo el momento justo en el que se dio cuenta de la situación.

Por un instante, menos de un segundo tal vez, pudo ver la verdadera forma de la maldición, un hombre mucho más alto que su sensei, con lo que parecían ser dos rostros, cuatro brazos y una boca en su estómago, pero tan pronto como apareció se esfumó, dejando al Sukuna que copiaba su imagen, o simplemente lo que vio fue su imaginación. Tal vez el cansancio seguía haciendo mella en él.

Los insultos del hombre fueron bajando de nivel hasta quedarse en silencio, mirando somnoliento hacia los ojos aperlados de la Hyuuga.

—¿Qué ocurre contigo, Hyuuga? —susurró en un hilo de voz.

—Shh, descanse —le sonrió levemente—. Itadori-kun —lo llamó, sacándolo de su trance.

—¿¡S-si!?

—Usualmente escuchas los pensamientos de Sukuna-san, ¿no es así? —cuestionó sin apartar la mirada de los ojos principales del nombrado.

—Yo… eh… si… pero normalmente los ignoro.

—Bueno, podrás descansar de ellos al menos por un rato.

—¿A qué te refieres? —no recibió respuesta alguna, en cambio, ella volvió a tararear.

En el momento que Sukuna cerró los ojos, Yuuji despertó en el mundo real, levantando la cabeza de golpe y mirando a su alrededor. Todavía se encontraba en la última posición en la que quedó, arrodillado sobre el piso húmedo y desigual del gimnasio.

—¿Eh?

—Oh, ya despertaste —sus compañeros lo miraron, estando de pie a su lado.

—¿Desperté? —parpadeó varias veces hasta recordar todo de golpe—. ¿¡Y Hinata-san!?

—Allí —señalaron hacia donde se encontraba la mayor, platicando calmadamente con su sensei, aún de rodillas en el suelo.

Lo ayudaron a levantarse y mantenerse en pie.

—¿Qué ocurrió? —lo miraron curiosos, aunque en Nobara se notaba más que en Fushiguro.

—Hinata-san durmió a Sukuna.

—¿Cómo que lo durmió? —alzaron una ceja.

—Yo… no puedo explicarlo —negó con la cabeza, poniendo una mano en su frente—. Fue… raro…

—¿La oíste cantar?

—Si. Así fue como logró dormirlo.

—Entonces… ¿continuó con su territorio dentro del de Sukuna? —los observó sin entender—. Luego te explicamos.

—Chicos —los llamó su sensei—. Vayan saliendo, iremos a una cafetería por aquí cerca.

—¿Está Ijichi afuera?

—Nop. Iremos caminando —les sonrió—. Vayan adelantándose. Luego los alcanzamos.

—Pero…

—Vamos, Nobara —Megumi comenzó a caminar, seguido por Itadori y Kugisaki, quien hacia pucheros y se quejaba por lo cansada que estaba.

Al estar solos los mayores, la mujer se dejó caer contra el peliblanco respirando agitada, quitándose la venda de los ojos para descansarlos un poco.

—¿Cansada? —sonrió, acomodándola mejor sobre su pecho. Quitó algunos cabellos que caían sobre su rostro, notándola algo pálida.

—Un poco. Sukuna-san fue difícil de manejar.

—¿Difícil? ¿Para ti?

—Es demasiado fuerte. Además, ya había usado bastante energía al sacar a todas esas maldiciones, estaré bien en poco tiempo —levantó la mirada, encontrándose con la tela oscura que cubría sus ojos, aun así, sabía perfectamente que Satoru no perdía detalle alguno de su propio rostro. El solo pensamiento provocó un ligero rubor en sus mejillas.

Y claramente, él se dio cuenta. Levantó una mano y rozó suavemente con un dedo el pómulo sonrosado.

—Cierto. Eres muy buena en eso.

—No es verdad —intentó apartarse, pero el brazo que rodeaba sus hombros se lo impidió, acercándola más al mayor.

—Lo es. Ahora con lo que hiciste hoy y lo de hace un año, puedo decir con completa seguridad, que eres lo más cercano a ser una "diosa" para las maldiciones.

—Gojou-san…

—Ah-ah —con el mismo dedo que usó antes para acariciarla, la calló, rozando sus labios—. Estamos solos, Hi-na-ta~.

La peliazul se estremeció, sonrojándose más y haciendo que desviase la mirada.

—Satoru-kun…

—¡Así está mejor! —sonrió mostrando su perfecta dentadura—. Ahora, acepta el cumplido, no seas tan modesta.

No dijo nada, pero asintió. Conociéndolo tan bien como lo hacía, no pararía de elogiarla hasta que aceptara todo lo que dijera y aprovecharía cualquier oportunidad posible para avergonzarla más.

—Los chicos nos esperan, Satoru-kun. Hay que ir con ellos.

—Sip. Nos están esperando —seguía sin moverse ni soltarla.

—Sato-… —su reclamo quedó a la mitad gracias a los labios del peliblanco, que, aunque solo rozaron los suyos, sirvieron para dejar su mente volando en las nubes.

Sintió su rostro enrojecer por el abrazador calor que se extendió en este. Los ojos aperlados se encontraron el intenso azul de los orbes de Gojou, ¿en qué momento se había bajado la venda? No lo sabía, ni le importaba, perdiéndose completamente en el electrizante color que enviaba escalofríos por toda su espalda.

—Hay que irnos, ¿no? —sonrió pícaramente.

—¿A dó-dónde? —Kami-sama, cuanto odiaba su tartamudeo, pero no podía odiar al causante que lo hacía salir a flote.

—Con los muchachos. Nos están esperando, tu misma lo dijiste.

—¿Debemos? —parpadeó varias veces para salir de su hechizo cuando notó la sonrisa petulante que le dirigió—. S-sí. Debemos —miró para todos lados, menos al hombre que seguía apretándola contra él.

—Digo, puedo mandarles un mensaje de que te sentiste mal y que ellos coman algo por su parte, mientras te acompaño a tu habitación de hotel y te "cuido" personalmente —le guiñó el ojo, poniéndola aún más roja (si eso era posible).

—Ti-tienes razón. Nos esperan y no me gusta hacer e-esperar a los demás —se alejó cuando el agarre fue aflojado, cubriéndose de nueva cuenta sus ojos abochornada.

Salió con rapidez del gimnasio, dándose la vuelta al estar fuera para hacer una solemne reverencia hacia el interior, alejándose unos segundos después, todo bajo la atenta mirada de Satoru.

—Siempre tan educada, Hinata —negó para después imitarla, poniendo la tela oscura alrededor de su cabeza y saliendo. Luego le daría su reporte al director.

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—Getou~. Esto es tan aburrido. ¿Por qué tenemos que observar a los sacos de carne? —se balanceó en la baranda del puente, estando a punto de caer de espaldas.

El pelinegro a su lado, vestido como si fuese un monje, simplemente sonrió y abrió un ojo, mirándolo de reojo.

—Bueno, no hay nada mejor que observar la desgracia del día a día de los simios, ¿no crees, Mahito?

—No. Es aburriiiiiiido —siguió moviéndose de adelante hacia atrás sobre el tubo, mirando con un puchero hacia las personas que iban caminando por las aceras, hasta que dos cabezas le llamaron la atención—. Oye, ¿no es ese Gojou Satoru? Y viene acompañado de Itadori —sonrió, señalando al pequeño grupo que rodeaba al de cabellos blancos.

El hombre miró hacia donde apuntaba, parpadeando con gracia al ver que, efectivamente, era el mismísimo líder del clan Gojou acompañado del contenedor de Sukuna, además de una chica con cabello teñido y el chico pelinegro que le causó problemas a Hanami. Se encontraban lo suficientemente alejados como para que el peliblanco no los notase, por lo que los examinó tranquilamente.

—Por supuesto que lo es. Tal parece que está disfrutando el poco tiempo que le queda —sonrió maliciosamente, pero el gesto desapareció en cuestión de un segundo al ver una mujer más con ellos, apartándose rápidamente de la orilla del puente, halando consigo a la maldición.

—¡Oye! ¿¡Qué te pasa!? —lo miró molesto, arqueando una ceja al verlo nervioso, lo cual era demasiado extraño, en realidad, nunca lo había visto de esa forma—. ¿Getou?

—Hyuuga… —susurró.

—¿Uh? ¿Qué dijiste? —se acercó más a él, pero al no oírlo bien cuando lo repitió, estiró su oreja para hacerla más grande, cómicamente parecido a una caricatura—. ¿Puedes repetirlo?

—Hyuuga Hinata…

—¿Quién?

—La mujer que está con ellos… es Hyuuga Hinata.

Ladeó la cabeza, no había visto ninguna otra mujer además de la chiquilla que los acompañaba, por lo que intentó asomarse de nueva cuenta, sin embargo, fue retenido por el otro.

—No lo hagas.

—¿Por qué?

—Esa mujer… podría arruinarnos todo el plan si nos ve.

—Estamos lejos, dudo que siquiera ese tal Gojou Satoru pueda saber que estamos aquí —se encogió de hombros.

—No lo entiendes, Mahito —lo miró con seriedad.

—Explícame entonces…

—Esa mujer me conoce, bueno… a este cuerpo. Si me ve, todo se echará a perder.

—Ah, es eso… Sigo, estamos lejos, no creo que pueda vernos.

—Tiene un poder especial que le permite ver hasta ciertos kilómetros.

—¿En serio? ¿Existe algo así?

—El mismo Gojou tiene una habilidad parecida, pero la de ella… puede causarnos muchos problemas. Lo mejor es irnos.

—¿Eh? Pero…

—Vámonos… —y sin espacio a replicas, la maldición hizo un puchero y murmuro algo sobre "no ser divertido", alejándose por el puente. Getou dio una última mirada hacia donde estaba el grupo, viendo que entraban a una cafetería—. Hay algo extraño en ella… ni siquiera en los recuerdos de Getou hay algo más relevante que su Byakugan, pero lo presiento… hay algo que me atrae y eso no es bueno—entrecerró los ojos, no podía identificar que era, solo sabía que era algo más peligroso que sus poderes oculares.

Se dio la vuelta siguiendo a Mahito. Tendría que mantenerse alejado de esa zona hasta por lo menos saber que esa mujer se había marchado.

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—¿Hinata? —sostenía la puerta para que entrara a la panadería-café, los menores ya habían entrado, pero la peliazul de pronto se quedó quieta mirando hacia un punto a la lejanía.

—¿Uh? ¿Sí? —viró la cabeza en su dirección.

—¿Está todo bien?

—Si… solo... pensé haber visto algo —dio un último vistazo hacia el puente peatonal que se encontraba a unos metros de donde estaban. Tal vez fue su imaginación después de todo.

Le dio una sonrisa y entró. Gojou, por pura curiosidad, miró en la misma dirección, pero no había nada llamativo. Se encogió de hombros y entró después de ella, dirigiéndose a la mesa en la que sus alumnos se habían sentado, estando junto a la ventana.

Tomaron asiento frente a ellos, nadie habló ni dijo nada de lo que pasó allá atrás en el gimnasio, como si fuese una tranquila salida de dos profesores y sus alumnos a una cafetería para comer algo después de un arduo día de clases, a pesar de que Nobara e Itadori se morían de ganas por pedir explicaciones.

Una mesera se acercó con una sonrisa amable.

—Hinata-san y Gojou-san, que alegría verlos aquí de nuevo. ¿Les ofrezco lo mismo de siempre?

—Por favor, Yuri-san. Te lo agradeceríamos mucho —le respondió la peliazul mientras su acompañante asentía contento.

—Un placer. ¿Y para ustedes? —miró hacia los chicos.

—Un sándwich especial y una limonada —anotó la orden de Fushiguro en su pequeña libreta.

—Lo mismo, solo que una limonada con melocotón —asintió a Nobara.

—Eh… una hamburguesa estilo americana y una gaseosa de naranja.

—¿Papas fritas?

—Por favor.

—Bien. En unos minutos les traigo sus órdenes —les sonrió—. Las de ustedes tardará un poco, ya saben, los especiales —miró a los mayores, quienes asintieron.

—No hay problema.

—Regresaré en un rato, con permiso —se alejó.

—Creo que es hora de que les explique un poco sobre mí —habló la peliazul, llamándoles la atención—. Mi nombre completo es Hyuuga Hinata, soy kunoichi de Konohagakure —la miraron sin entender—, es una aldea secreta, no la encontrarán nunca en algún mapa y muy pocas personas del exterior conoce su paradero.

—¿Dónde se encuentra? —preguntó Nobara—. ¿Tienen tecnología?

La mujer rio con gracia, cubriéndose un poco la boca con la mano.

—No les puedo decir específicamente, pero está ubicada dentro de uno de los múltiples bosques japoneses y, si, tenemos tecnología. Mi aldea no es la única existente, hay otras cuatro repartidas alrededor del mundo, siendo las más representativas de los respectivos países.

—¿En serio? —los ojos de Itadori brillaron con curiosidad.

Asintió, sacando un pequeño cuaderno de su bolso trasero, poniéndolo sobre la mesa al abrirlo en una página con dibujos sobre los continentes.

—Por ejemplo, tenemos a Sunagakure que se encuentra en alguna parte del Sahara, África —señaló el dibujo de lo que parecía ser un reloj de arena, los otros, menos Gojou, le ponían atención—. Así como otras aldeas importantes se encuentran repartidas alrededor del mundo, América, Europa, entre otros continentes. Claro que existen más, pero son pequeñas a comparación y se toman en cuenta dentro de las principales.

—No sabía de eso…

—No mucha gente lo hace. Solo los más importantes de cada país lo hace y muchas veces son los que nos encargan trabajos.

—¿Les encargan trabajos? ¿Cómo cuáles? —Fushiguro alzó una ceja, conocía un poco de eso debido a lo que Hinata le había contado antes, pero nunca llegó a profundizar, prefiriendo que ella fuese la que hablase por sí misma en sus múltiples visitas a la ciudad.

—Todo lo que te puedas imaginar que hace un Shinobi, Fushiguro-kun.

—¿Espionaje? —cuestionó el recipiente, a lo que la mujer asintió—. ¿Secuestros? ¿Asesinatos? —volvió a afirmar a cada pregunta—. ¿Seducir?

—Eso… dejó de hacerse hace décadas, pero no falta quien lo haga dependiendo de la tarea. Volviendo al tema, nos movemos fácilmente entre la sociedad como personas "comunes y corrientes", sin embargo, somos diferentes, no solo de las personas no hechiceras, sino también de los mismos hechiceros —la miraron sin entender, Sukuna solo estrechó el ojo que estaba usando para verla—. Los Shinobi tenemos una energía que fácilmente podía competir con la energía maldita dentro de ustedes: el chakra.

—Chakra… —susurró Nobara, dejando que las letras se deslizaran por su lengua en un intento de evocar un sentido más claro.

—Al igual que para ustedes la energía maldita es utilizada en su mayoría, el chakra es elemental para realizar nuestras técnicas.

—¿No eres una hechiera, entonces? —Itadori ladeó la cabeza sin entender.

—Lo soy —asintió—, pero también soy una Shinobi. Tengo la capacidad de usar ambas fuentes de energía en mí, lo cual es demasiado raro para mi comunidad.

—Lo que Hinata quiere decir es que ella es un bicho raro —miraron con el ceño fruncido a su profesor.

—No se molesten con Gojou-san, lo que dice es verdad. En el mundo Shinobi es raro que alguien tenga ambos tipos de energías elementales, son considerados una rareza e incluso una maldición, valga la redundancia, pero no somos ajenos a lo que hacen ustedes, después de todo, tenemos nuestras propias maldiciones —hojeó el cuadernillo, mostrando los dibujos de unas bestias con múltiples colas—. Estos son los bijuu, puede que los hayan visto a lo largo de su vida en libros de mitos y leyendas del folclore japones.

Los tres adolescentes miraban cada dibujo con atención.

—Son chakra puro…

—Tal como las maldiciones son energía maldita pura —completó Megumi.

—Exacto —sonrió levemente—. Muchas veces también han sido considerados como maldiciones, su odio hacia los humanos logra que se cumpla esa condición —la mesera regresó con las bebidas que pidieron, dejando cada una a su respectivo pedido.

Agradecieron, esperando a que se alejara lo suficiente para seguir con la conversación.

—Estas bestias con colas pueden ser atrapadas y selladas, usando a personas como sus prisiones. Algo similar a lo que ocurre con Itadori-kun.

—¿En serio? —la observó con curiosidad.

—Si. Normalmente son personas con un chakra especial capaz de tenerlos en su interior.

—Vaya —se quedó mirando las burbujas de gas en su refresco, procesando esa parte de información, tal vez él tenía energía maldita especial capaz de atrapar a Sukuna en su interior.

—"No te creas la gran cosa ahora, mocoso" —escuchó en su cabeza, rodando los ojos.

—Entonces… ustedes son como hechiceros sin serlo realmente, ¿no? —preguntó Kugisaki antes de beber un poco de su limonada.

—Podría decirse de esa forma.

—¿Y por qué nos cuentas eso? —miraron al pelinegro.

—Porque, como dijimos antes, yo soy una anomalía entre los Shinobi, pero soy incluso más rara entre los que tienen la capacidad de convertirse en hechiceros de mi gente.

—¿Exactamente por qué?

—Porque-

—Es un bicho raro, ya les dije —esta vez se ganó un golpe en el brazo de parte suya, sacándole una risilla.

—Porque mi hechizo es muy… diferente y riesgoso.

—¿Controlar las maldiciones? —asintió, mirando a Itadori, específicamente al ojo que la observaba con desdén.

—Nadie ha sido capaz de hacerlo, al menos no como yo lo hago y era riesgoso que alguien se enterase de eso, por lo que me mandaron a estudiar a la academia con Yaga-sensei, un viejo conocido de mi padre.

Satoru puso un brazo en el respaldo del asiento detrás de Hinata, sonriendo ligeramente; sus alumnos lo observaron con sospecha, pero él no dijo ni hizo nada más.

—Soy… lo que se podría decir un caso especial. Y… les quería contar a ustedes, principalmente a ti, Itadori-kun, que no tengan miedo en pedirme algún favor para controlar a alguna maldición.

—Oh, muchas gracias —el pelirrosa sonrió contento. Kugisaki asintió de acuerdo también con una sonrisa, tal vez no era tan malo tener a una senpai con tremendo poder. En cambio, Megumi la miró desconfiado, la conocía desde hace mucho, tal vez el mismo tiempo que a su sensei, sabia algo de sus poderes, pero no la magnitud de estos mismos. Sentía que el simple hecho de que se los contase venia con un gran pero, el cual no parecía llegar a descifrar cual era.

—Y para eso, es justo y necesario que les hable del cómo funciona.

—Aquí tienen —Yuri regresó con una porta charolas en el que acomodó la bandeja llena de comida—. Un sándwich especial —puso el primero frente al pelinegro—, otro más para la señorita —el segundo para Nobara—, una hamburguesa con papas fritas —colocó el plato frente a Yuuji, al cual se le hizo agua la boca, tenía hambre—. Hinata-san, sus rollos de canela y matcha, afortunadamente estuvieron rápido —le sonrió, la peliazul agradeció al recibir su comida—. Y, por último, Gojou-san, aquí tiene el helado mega-arcoíris-unicornio-frutifantástico —los más jóvenes miraron con total asombro (y algo de asco) el enorme tazón de helado de gran variedad de colores, suponiendo que serán diferentes sabores, crema batida, chispitas de colores, palillos pocky y una cereza negra para adornar. Podían jurar que el peliblanco era iluminado por una luz rosa debido a su emoción.

—Siempre tan perfecta la presentación, Yuri, gracias.

—Un placer —se sonrojó, haciendo una pequeña reverencia—. Que tengan buen provecho —se alejó, llevándose consigo las cosas que había traído.

—No entiendo como soportas comer eso —dijo Fushiguro—. Desde aquí puedo sentir la diabetes saliendo de ese tazón.

—Exageras, Megumi. Esto solo es la entrada —tomó una gran porción de helado con la cuchara, llevándosela a la boca.

La mueca de asco solo se agrandó, enfocándose en sus propias comidas para evitar que les diera un coma diabético de solo mirar a su profesor comer tanta azúcar en un plato hondo. Ni siquiera creían que eso pudiese ser comido por una persona normal sin morir en el intento, pero claro, Gojou no era una persona que se podría llamar "normal".

Después de darle una probada a un rollo de canela, Hinata continuó con su explicación, notándose más seria a pesar del tierno sonrojo que adornaba sus mejillas, producto del alegre placer que le provocó comer uno de sus postres favoritos.

—¿Saben cómo se hipnotizan a las serpientes? —comenzó con una pregunta, confundiendo a los chicos.

—¿Eh?

—¿Lo saben?

—¿Habla de cuando alguien toca una flauta y la serpiente hace un bailecito así? —Kugisaki simuló la cabeza de la serpiente con su mano y movió su brazo de forma zigzagueante.

—Así es.

—Pues… con la flauta, ¿no? —Yuuji ladeó la cabeza sin entender muy bien de que iba todo.

—No, la flauta solo es un medio para mantener a las serpientes atentas y dar la imagen de que están hipnotizadas, porque son sordas —corrigió el pelinegro.

—Exacto —sonrió la mayor—. Las serpientes son sordas y principalmente los encantadores de serpientes usaban una flauta como un engaño de que estas eran hipnotizadas por la música que tocaban, solo hacían ligeros movimientos frente a las serpientes y estas los seguían evaluando si era una amenaza —movió rítmicamente de lado a lado un tenedor, haciendo que los otros la siguieran sin darse cuenta—, justo de esta manera.

—Entonces… ¿haces eso con las maldiciones?

—Si y no. Al contrario de las serpientes, las maldiciones pueden escuchar incluso si parecen no tener orejas o algún conducto auditivo. Lo mío es más parecido a lo que Itadori-kun y Nobara-chan dijeron, mi voz es capaz de hipnotizar a las maldiciones.

—Si nos dimos cuenta.

—Pero eso no es todo, mi voz solo funciona para mantenerlas en un estado tan vulnerable que me permite tenerlas a raya, por sí sola no es capaz de atraerlas, se necesita un "anzuelo" que las haga acercarse lo suficiente para hipnotizarlas.

—¿Anzuelo? ¿Y qué sería eso? —arquearon una ceja.

—Yo. Mi energía, más específicamente.

Ladearon la cabeza sin entender.

—Es normal que las maldiciones se aferren a lugares o personas con energías negativas muy fuertes, tal como se vio hace rato en esa escuela, no solo eran de ahí mismo, sino que también fueron atraídas las maldiciones que rondaban los edificios de oficina.

—Eso es… un gran rango, ¿no? —preguntó Megumi al dar una mordida a su sándwich.

—Lo es, lo que significa que debe haber un punto mucho más atractivo para ellas y para eso se requiere mucha energía negativa.

—Pero eso significaría tener probablemente el mismo nivel que tiene el sensei.

—Efectivamente —les sonrió, dando otro mordisco a su postre—. No solo una al mismo nivel, sino una que actúa como un incentivo para atraerlos.

—¿Estás diciendo que eres como una luz en la oscuridad para las maldiciones?

—No lo había visto de esa forma, pero podría decirse que sí, Fushiguro-kun. Mi energía es… especialmente negativa, tanto como para ser mucho más atractiva para las maldiciones que el entorno a los que están atadas.

—No estoy entendiendo nada —le susurró Yuuji a su compañera.

—Yo tampoco.

—Veámoslo de esta manera, como si la idea de la flauta mágica que hipnotiza serpientes fuese real —tomó la cereza del plato de Gojou y la colocó en el centro de la mesa—. Imaginemos que esto es la presa de una serpiente servida en bandeja de plata y la serpiente se acerca sigilosamente a ella para comérsela —dio un manotazo en la mano del mayor, alejándola—. Y alguien —acercó su taza de cerámica con el matcha, metiendo una pajilla dentro—, digamos un encantador de serpientes, se pusiera a tocar la flauta y por arte de magia, la serpiente quedase prendada de la música y olvidase su anterior objetivo de alimentarse, ese sería un buen ejemplo.

—¿Cómo se adecua tu conjuro a esto?

—Que las serpientes son realmente maldiciones y el encantador de serpientes y la presa —introdujo la cereza dentro del té—, fuesen la misma cosa.

—Oye, mi cereza —se quejó el peliblanco con un puchero.

—Espera… ¿estás diciendo que… tu, la cereza y el encantador de serpientes… son lo mismo?

—Repetiste justo lo que ella dijo, Itadori —sus amigos lo miraron de forma obvia.

—Para las maldiciones, en el momento que yo libero mi energía me vuelvo una presa, algo de lo que alimentarse, pero justo al comenzar a tararear o cantar, funjo el papel del hipnotizador, tal como lo vieron en el gimnasio.

—Entonces… antes de que ellas te coman, las vuelves vulnerables, las dejas en un estado hipnótico.

—Así es.

—¿Cómo aplica eso a Sukuna?

—Es el mismo principio. Solo que depende mucho del nivel de las maldiciones de cuanto pueden durar en ese estado, hay algunas que se liberan en cuanto dejo de cantar y otras pueden durar para siempre bajo mi hechizo. Con Sukuna-san, al estar dentro de Itadori-kun es complicado saber con exactitud cómo funcionará realmente, por fuera pareció liberarse en un instante, pero dentro fue más sencillo —el chico asintió de acuerdo, recordando como se encontraba el tipo junto a la peliazul.

—Yo lo llamo "el canto de las sirenas" o "hechizo de bruja" —anunció Satoru con voz misteriosa.

—El de las sirenas lo comprendo si nos basamos en los mitos donde cantaban para ahogar a los marineros, pero ¿de donde sale el otro nombre? —Nobara bebió de su limonada.

—¡Yo sé! —Yuuji levantó la mano, emocionado, llamando la atención a más de uno dentro del local—. De Hocus Pocus, ¿no es verdad?

—¡Ding, ding, ding! ¡Tenemos un ganador, señoras y señores! —tanto Kugisaki como Fushiguro se cubrieron las caras con vergüenza de su profesor y compañero, Hinata-san se mantenía bastante tranquila comiendo su ultimo rollo después de sacar la cereza de su taza.

—¿De qué están hablando?

—¿No has visto esa película? Cuando Sarah, una de las hermanas Sanderson, comienza a cantar con una voz angelical en el manto de la noche sobre su escoba, los niños salen de sus camas y caminan por las calles en dirección a su posible muerte. Viéndolo de esa manera, queda muy exacta la descripción con lo que hemos visto de Hinata-san —Recitó con emoción.

—No pensé que le pusieras esa película en tu entrenamiento, Gojou-san —dijo con gracia.

—Es cultura popular —le sonrió orgulloso.

—¿No es eso algo… perturbador? —preguntó la pelinaranja después de oír tal descripción.

—El contexto entero de la película lo es —dijo el sensato del trio, sabía bien a cuál película se refería, después de todo, Satoru no dejaba de ponerla cada Halloween desde que lo conoce, pero no podía evitar estar de acuerdo con su amigo, ahora se imaginaba a la Hyuuga cantando la oscura canción mientras era rodeada por decenas de maldiciones hechizadas ante su dulce voz, igual a lo ocurrido en el gimnasio.

La miró de reojo, notando la suave sonrisa al acabar el panecillo, tomar entre sus manos de forma delicada y, elegantemente, beber de esta tan naturalmente. Su educación como una Hyuuga, de lo que ella le había llegado a contar algunas veces, estaba plasmado en cada uno de sus gestos inconscientemente.

—Vuelvo a preguntar, Hinata-san, ¿por qué nos cuentas esto? —la vio girar su cabeza hacia él, sintiendo su mirada a pesar de la tela.

—Porque este tipo de poder es muy codiciado y a la vez temido —la solemnidad en su voz lo hizo estremecerse—. No muchas personas saben que lo poseo y los que lo saben es muy raro que estén enterados del verdadero peligro detrás de él. No digo que llegase a pasar, pero nunca podemos ignorar las mínimas probabilidades, y eso es que yo lo use de manera incorrecta.

—¿Incorrecta? —los otros dos la miraron confundidos, Megumi tragó saliva, no le gustaba a donde estaba yendo la situación.

—Que me vuelva un jujutsu corrupto y ustedes sean los primeros en ser mandados a detenerme.

—Pero eso sería muy difícil, ¿no? —la voz temblorosa en Nobara no pasó desapercibida.

—Nunca podremos estar seguros del futuro —por debajo de la mesa, sin que ninguno de los menores se diese cuenta, tomó la mano de Satoru, sintiendo como este devolvía el agarre, la suavidad de su piel la tranquilizó un poco—. Es mejor que desde este momento sepan mis debilidades y tengan una idea de cómo detenerme. Hasta ahora vieron solamente una pequeña porción de mi hechizo, sin embargo, durante los próximos días serán entrenados para cubrir cada punto.

—¿No es eso contraproducente? Si nos enseñas esas debilidades, sabrás como minimizarlas o neutralizarlas.

—Es difícil para un hechicero con años de experiencia cambiar su conjuro ya establecido, por eso se buscan maneras de ocultar las debilidades. Claro que existe la adaptabilidad en batalla, pero eso no significa que yo realmente vaya a entrenar más allá de mis conocimientos actuales, y si llegase a ser ese el caso, Gojou-san es el único que podría mantenerlos al corriente, puesto que es la única persona en el mundo además de mí que sabe el completo funcionamiento de mi conjuro.

Se quedaron observando sus platos vacíos sin saber realmente que decir o que pensar, ¿halagados por la oportunidad? ¿Asustados? ¿Con ganas de salir huyendo?

—Oigan —les llamó la atención, haciendo que la mirasen, encontrándose con su dulce sonrisa y sus cálidos ojos aperlados, se había bajado la venda solo para decirles lo siguiente—. Sé que puede ser difícil pensar en siquiera una misión así, a la cual todavía siquiera saben si van a ser mandados, pero no están solos. No quisiera ponerles este peso sobre sus hombros, pero hablando con su sensei, con Yaga-sensei y con otros, llegué a la conclusión de que es lo mejor.

—¿Ser posiblemente asesinada por nosotros? —asintió ante las palabras de Megumi.

—Lo quieran o no, ser un jujutsu no es tarea simple. No es ir solo a dar un golpecito en la frente a una maldición y espantarla, verán morir a gente inocente, a sus compañeros y es posible que lleguen a ser los verdugos de estos mismos —el agarre por parte de Satoru se apretó—, es obvio que no es algo fácil, pero sabrán superarlo, de alguna u otra manera lo harán.

—¿Por qué Gojou-sensei no lo hace?

—También tengo esa misma orden, Yuuji —lo miraron sorprendidos—. Desde hace años que Hinata tiene la soga al cuello, si llega a cometer algo fuera de la norma, yo, ustedes o alguien más jalará la palanca que la hará caer directo a su muerte.

—¿Los de segundo año…?

—También se les pidió esto desde el año pasado.

—Creo que se me revolvió el estómago…

—Y a mi…

—Lamento hacerles sentir mal —negaron.

—Después de todo, en algún punto pasaría, ¿no es así? —ambos adultos se quedaron en silencio.

—Tengo una última duda —todos miraron al pelinegro—. ¿Tu conjuro funciona en personas?

—No realmente. Al parecer solo funciona en entes hechos de energía maldita.

—Pero los humanos…

—Sé que también tienen, la gente normal suele tener una mínima porción, y si hablamos de hechiceros, la cosa cambia. Pero para que mi conjuro funcionase en humanos, estos tendrían que ser muy susceptibles a mi energía y voz, algo muy difícil de que ocurra.

—Pero no imposible.

—No imposible —asintió—. Hasta ahora no ha habido algún caso en específico en el que ocurra algo por el estilo.

—¿Qué hay de Itadori? Él reaccionó a tu voz.

—Itadori-kun es un caso especial —miraron hacia este, poniéndolo nervioso—. En su interior contiene a una maldición de alto rango, ninguno de nosotros puede asegurar que no haya sido influenciado porque Sukuna-san cayese en mi conjuro.

—En todo caso, tenemos unos maravillosos días para probar esa hipótesis, ¿quién sabe? Tal vez Yuuji sea un caso de uno en un millón —habló el peliblanco con alegría, desentonando con el ambiente tenso—. ¿Qué tal si comemos un postre para alegrarnos? —sus alumnos volvieron a mirarlo con asco—. ¿Qué?

—No, gracias —dijeron a la vez.

—Están cansados y tienen mucho que pensar. Mejor vayan a descansar y nos veremos mañana, ¿qué les parece? —la miraron con agradecimiento—. Ijichi-kun los espera afuera —voltearon a la ventana, encontrándose el auto de la academia aparcado afuera—. Por favor, pídanle a Yuri-san la bolsa para llevar y dénsela a Ijichi-san, ella sabrá a que me refiero —volvió a cubrirse los ojos—. No se preocupen por la cuenta, nosotros invitamos.

—Que quede consté que yo no estuve de acuerdo —rio al recibir un golpe por parte de la peliazul.

—Pueden irse, chicos. Descansen —les sonrió.

—Hasta luego, Hinata-san —dijeron al unísono y se levantaron, haciendo lo que les dijo la mayor antes de salir, entregándole el paquete al chofer, quien lo recibió con una alegría nostálgica y los llevó de vuelta a la academia.

—Te dije que no se lo tomarían bien —reclamó la Hyuuga.

—Nadie lo ha hecho —se levantó, sacando su billetera para pagar la comida de todos.

—Solo tu —se puso de pie. Gojou sonrió, notando que no había ni una gota de reproche en lo que dijo, saliendo del local después de despedirse de la camarera.

—Eso fue al inicio —metió las manos en los bolsillos de su chaqueta.

—¿Y ahora? —caminaron tranquilamente hasta el hotel en el que se hospedaría.

—Es… algo de lo que prefiero no pensar —la sonrisa desapareció, dejando una mueca seria en su lugar.

—Lo sé.

Ninguno dijo nada durante el trayecto.

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—¡Vamos, muévete, Getou! —siguió a Mahito con molestia por la puerta del departamento, con Hanami y Uraume detrás de él; Jougo y Dagon habían salido anteriormente con el peliblanco, poco después este último regresó gritando incoherencias, las cuales, no tenía la paciencia ni de escuchar ni de entender, por lo que simplemente lo acompañó afuera al no tener de otra.

La noche había caído hace un par de horas sobre Tokio, dejando que las luces artificiales iluminaran el cielo ocultando el brillo de las estrellas.

—¿Y bien? ¿Qué es lo que tanto querías que viera? —se cruzó de brazos, notando a las otras dos maldiciones mirando a una dirección con los ojos perdidos—. ¿Qué ocurre? —un escalofrió placentero, por extraño que pareciese, le recorrió la espalda. El aire se sentía cargado por una extraña sensación, no peligrosa, sino… ¿de ensueño?

—¡Eso! ¡Mira! —la maldición producto del odio de la humanidad señaló a la lejanía.

Levantó la vista, abriendo los ojos lo máximo que pudo debido a la sorpresa; en un edificio alto, que supuso era un hotel en la Prefectura de Minato por la estructura tan característica que tenía, era rodeado, en todo el contexto de la palabra, por múltiples maldiciones, no sabía con exactitud si eran algunas decenas o incluso centenas por la cantidad tan exagerada que se veía. Podía calcular que gran parte era de grado bajo, pero las de mayor rango se mantenían flotando en los pisos superiores y en algún punto, quiso acompañarlas.

Se propinó a sí mismo una bofetada, despertando de su ensoñación. Parpadeó varias veces hasta tener la vista clara, mirando a sus subordinados quienes se mantenían fijamente viendo la escena tan inverosímil, incluso Uraume estaba en un estado de quietud no común en su persona. El espectáculo, aterradoramente maravilloso, era algo que nadie, ni en su juicio más sano, podría creer aunque lo estuviese viendo con sus propios ojos por sí mismos.

—Hay algo ahí que me llama —miró a Jougo, quien se había pegado a la barandilla, como si esta fuese lo único que lo retuviese de ir a ese enigmático lugar.

—Getou~, ¿podemos ir? —Mahito señaló hacia el hotel.

Ahí estaba ocurriendo algo que no le gustaba para nada, las ganas de ir aumentaban a cada momento y es justo cuando lo oyó, una suave y melodiosa voz, se escuchaba tan bajito, pero ahí estaba, lo llamaba, lo invitaba a seguirla y acompañar a las demás maldiciones y girar alrededor como lo estaban haciendo las que ya estaban presenten en el lugar.

—Adentro —ordenó de manera estrujada, apenas y podía pensar mientras la voz aumentaba su canto, haciendo que su autocontrol comenzara a flaquear.

—¿Eh? —todos lo miraron somnolientos.

—¡Adentro! ¡Ahora! —señaló a la puerta, algo debajo de la voz le gritaba que se alejara lo más que pudiera y rápido, o seria su fin.

Al ver que nadie se movía, los empujó a todos como pudo, sintiendo sus piernas querer girar y dirigirse a cualquier costo al otro lado. Entre quejas, hizo que cada uno ingresara y, cuando él estaba por entrar, escuchó más fuerte la voz, como si le susurrara al oído y quisiera meterlo bajo su hechizo.

—Ven, ven a mi —y el miedo le recorrió por primera vez en mucho tiempo, esto era nuevo, algo nunca visto o sentido. Ese miedo fue lo que lo impulso a entrar por completo y cerrar la puerta de golpe, dejándose caer contra esta mientras intentaba retomar el aliento que, sin darse cuenta, había estado conteniendo.

—¿Qué fue eso? —Uraume miró con confusión a todos lados, enfocándose en el pelinegro—. ¿Getou-sama?

No le respondió, tratando aún de controlar el miedo que seguía recorriendo su cuerpo e intentando entender el por qué lo sintió en primer lugar, sin embargo, comprendió que era algo primitivo, ese miedo era la respuesta a un peligro inminente, uno que le decía que, de haber hecho caso a la voz, su vida, su larga vida se habría acabado: tuvo miedo de obedecer a lo que sea que le pertenecía dicha voz y eso no lo podía permitir en ningún caso.

Tendría que buscar respuestas y rápido, no quería que sus planes fuesen arruinados por un tercero incluso antes de comenzar la fiesta principal, pero no hoy, otro día en el que estuviese seguro de que, lo que sea que haya sido, no hiciera eso de nuevo.


N/A: Hola a todos! Ya es algo cansado pedir disculpas por la tardanza, pero es algo que se merecen y que yo debo de dar, asi que, una disculpa por haberme tardado tanto. Quería subir este capítulo lo más rápido posible antes de que la segunda temporada iniciase (el jueves 6 de julio), por lo que me apresuré a terminarlo y subírselos, espero que lo disfrutasen.

Hoy les traigo la segunda parte del primer capitulo, el cual continua con lo visto en el anterior y nos llena de mas intriga con respecto a Hinata ¿Qué les pareció? ¿Alguien la creyó tan poderosa? ¿Le entendieron a sus poderes o están de la misma forma como yo cuando leo el manga sin entender ni un pio de lo que se está explicando? Pues no se preocupen, el siguiente capitulo ahondará mucho más en esto porque… ¡Veremos el pasado de estos dos!

Si, así como lo has leído, es el momento de saber cómo es que estos tortolitos se conocieron, y no solo eso, sino el cómo su relación ha evolucionado hasta tener la que ustedes acaban de leer. ¿Qué otros misterios esconderá Hinata? ¿Por qué tiene un pie en la tumba si se vuelve "corrupta"? Eso y más, lo descubrirán en el siguiente capitulo.

Y díganme esto… ¿quieren saber que fue lo que experimento "Getou" (créanme que me aguanté poner el spoiler, pero a la próxima no seré tan misericordiosa) y por qué las demás maldiciones actuaban de esa manera? Además, ¿desean ver el entrenamiento que Hinata y Gojou les tienen preparados a los chicos?

Por cierto, la película a la que se refieren Itadori y Satoru es, como bien se dice en el capítulo, Hocus Pocus (o Abracadabra como se le conoce en México), la canción a la que se hace mención pero no se nombra es "Come little children" cantada por Sarah, pueden buscarla como hocus pocus Sarah's theme, o con dos de los covers que más me han gustado escuchar interpretados por "The Hound + The Fox" y la otra por "Erutan", pero si nunca han visto la película, ver la escena original con Sarah les dará una idea del por qué quise mencionarla y hasta se podrían imaginar a Hinata haciendo exactamente lo mismo, pero con maldiciones.

Los estaré leyendo~. Y no se preocupen, estaré subiendo este otro capitulo antes de que inicie Shibuya, ¡necesito hacerlo si o si!

En fin, aquí me despido. Los quiere mucho, TsukiShiro22 ❤️