Sea song.
Éste no es un mundo de caramelo. Les dijo su primer profesor a las 7 de la mañana. Era el mismo hombre que había dicho las líneas con él en el examen.
La chica con la que hizo el cast con él no estaba.
Eran quince chicos y quince chicas, todos con miradas que ocultaban detrás de ellos un mundo. No se podían amilanar, no podían parecer débiles sí el personaje no lo pedía, porque la profesión era dura.
— Esta carrera exige mucho, y da poco antes de que su momento llegue. Les voy a decir algo, pensé por lo menos diez veces en dejar la carrera y lo mismo les pasará a ustedes ¿Por qué? Porque habrá veces en que no tendrán ni tiempo ni dinero para hacer una comida en forma, porque habrá veces que no tendrán para pagar la renta, porque tendrán que ir a congresos y a talleres, porque perderán parte de sus almas para conseguir sus papeles, esta profesión en 50 por ciento talento, el otro 50 es picar piedra, no existe la suerte. Cuando estén ejerciendo ya sea en el teatro clásico, el dramático, el musical, doblaje, cine o televisión sabrán que todo valió la pena, pero habrá veces en que incluso si su padre o madre mueren tendrán que estar en el plato, poniendo buena cara para el público. Eso claro, para los que queden, cuando esta generación termine, solo diez de ustedes tendrá trabajo en esta industria.
Wow, eso sí que le asustó, sólo el 30%.
Les dio una plática bastante introductoria de cómo sería la dinámica de su clase, que era teoría y técnica dramática, se dio el tiempo para aprenderse los nombres. En esa clase casi todos eran blancos…sí, eso le parecía raro, pensó que habría más diversidad pero solo había un par de chicas y un chico negro, todos bastante normalitos excepto por una chica que parecía sacada de anuncio de revista de modas. Altísima, esquelética, rubia con los ojos azules perfectamente maquillados y con unos labios de ensueño, hasta él se sorprendió de haber pensado eso, pero era cierto, estaba buenísima.
Su nombre según las presentaciones en grupo era Victoria.
Sonrió cuando ella se presentó, era modelo desde niña, había tomado clases de técnica vocal y ballet desde que tenía tres años. Sonrió al pensar que era demasiado creída. Tenía un aire de superioridad y autoconfianza que se podía tocar. Ella le miró y le sonrió con arrogancia.
Él la miró de la misma manera, como diciendo, "Lo siento perra, la reina de aquí soy yo" y no se lo tomó a mal, se lo tomó como un reto. No era una creída cualquiera, era competencia real. Toda ella era la máxima expresión de una Slytherin.
Durante la siguiente clase, que era la de actuación una mujer de facciones bastante agradables y rellenitas les pasó un sombrero y una bolsa, el sombrero tenía frases bastante tontas, la suya decía me gustan las fresas, y la de la bolsa tenía la palabra triste.
— Ahora van a decirme la frase que les tocó según su emoción correspondiente. — Dijo y unos, la minoría, se quedaron con una extraña poquer face, él, que ya había tenido clases antes sabía bien de que iba la cosa. El chico negro fue el primero de los varones en hacerlo.
— Mi madre me compró un nuevo teléfono. — Gritó con rabia. Se llamaba Sam.
El segundo chico, le llamó la atención, era más bien de constitución pequeña, como la que él tenía cuando tenía catorce años, igual de delgado que Scorpius, pero también estrecho de espaldas y bajito. Tenía el cabello rizado y castaño claro, sus ojos también eran así.
— Te odio. — Dijo, con mucha dulzura.
Fue muy divertido todo. La profesora, Kate, era actriz de teatro, no se metía para nada con cosas como televisión, mucho menos cine, pero al parecer era una actriz muy respetada en el círculo teatral. Tenía como cincuenta años y estaba casada, cosa que se supo porque llevaba anillo no porque hablara mucho de ella misma. Hizo que formaran un círculo y comenzó con las presentaciones. Les habló de las dinámicas, de los talleres para créditos extra que había en la tarde y de su manera de calificar. Le gustaba esa profesora, le recordaba su abuela Molly en cuanto a personalidad.
La tercera clase fue la que más le impactó, y no porque considerara la danza indispensable para la actuación. El profesor era un dios. Pero un DIOS. Era de piel blanca pero se le notaba el bronceado, se veía todo musculoso y duro al tacto. Una barba recortada lo suficiente para darle sombras interesantes en la cara y el cabello corto a los laterales de la cabeza, con el centro algo más largo. Se presentó, su nombre era Oscar y dijo los días que iban tener la clase y les pidió que se presentaran con ropa cómoda porque en esa clase iban a sudar mucho. No tenía que decirlo, Albus apenas lo vio comenzó a traspirar.
El profesor saludó a Victoria como si fueran viejos amigos y mientras el hombre seguía hablando de los mínimos que esperaba de esa clase Albus se quedó viendo fijamente a su trasero perfecto, las piernas gruesas, sus pantorrillas duras y altas, la espalda ancha, vamos que todo Oscar visto desde atrás era un deleite para la mirada, se vio acompañado claro de otras chicas y el chiquillo menudo que por andar de orejón escuchó que se llamaba Dennis.
Hicieron una pequeña prueba para ver que tal andaban, puso algo sencillo, algo muy pop sólo para ver como se movía cada uno.
— Hagan como que están en una fiesta. — Y una canción que nunca había escuchado pero que los demás al parecer sí, empezó a sonar.
— Canción más vieja. — Se quejó Sam a su lado empezando a moverse con el ritmo.
— ¿Cuál es? Está divertida.
— No tengo idea, mamá la escuchaba cuando era pequeño. Y luego empezó a cantarla.
She looks so perfect staned there. In my American Apparel underwear.
Albus se rio.
And I Know now, then I´m so down.
o-o-o-o-o
Scorpius no prestaba mucha atención a lo que pasaba en casa, faltaban unos días para entrar a clases en la facultad y no se había parado para nada en la casa en Londres. No había salido de la mansión y prácticamente sólo bajaba para comer.
Sabía que por alguna extraña razón sus padrinos se habían mudado a la casa porque los veía en todas las comidas y desde los ventanales de su habitación podía ver a los hijos de su padrino jugar en los jardines.
Su abuelo lo visitaba por las tardes, no se decían nada. Scorpius se la pasaba en cama y Lucius leía gruesas novelas de romance. Era un fanático. Aunque siempre se quejaba de que en ese tipo de novelas las chicas siempre dejaban al chico bueno para irse con el malote que siempre, SIEMPRE tenía un pasado oscuro o triste, le llamaba drama gratuito.
Una vez Scorpius le dijo que él era igual y que su abuela le había aguantado mucho y su abuelo le dijo que no, que su abuela se había casado con él cuando era joven y hermoso y con el historial limpio, los crímenes vinieron después pero que su padre, Draco, posiblemente sí llenara el perfil de amante trágico y sufrido, arrancándole una risa al chico en pijama.
Su abuela también iba a verle, a la hora del té. Saludaba a ambos con un beso en la frente y después se marchaba para irse a bordar servilletas con flores para venderlas en una subasta de mujeres ricas y sin quehacer que gustaban de demostrar a todos el poder económico de sus maridos comprando objetos comunes a precios exorbitantes.
Su padre iba verlo en las noches. Al parecer el abuelo había dejado caer el trabajo que su padre no estuvo haciendo durante un año sobre el escritorio, siempre le miraba raro. Scorpius sabía que su padre lo sabía, de otra manera su padrino no hubiese sabido cómo curarlo, ni siquiera sabría que le había pasado, pero lo sabía y eso quería decir que su padre también.
Se sentaba a su lado y le tomaba de la mano pero no le decía mucho, a veces le hablaba de los negocios y de lo mucho que estaba trabajando. Incluso durante las noches y eso le pareció sospechoso pues un día fue a su despacho por la noche y no estaba, al día siguiente le había preguntado dónde había estado y le había contestado con evasivas. La sospecha se intensificó cuando casualmente vio al tío Theo y al tío Greg salir del despacho de su padre. Esos dos nunca significaban nada bueno. Y es que amistades aparte, esos dos se dedicaban a algo bastante mal visto.
Greg era dueño de un bar en el callejón nocturno, "Dorian Grey´s Club"mucho más lujoso y mucho más peligroso que el cabeza de puerco en Hongsmeade, a ese lugar iban a hacer negocios personas con muchas cosas que ocultar, estaba bajo un fidelio modificado, no necesitabas una dirección sino una contraseña que cambiaba todas las noches, y las identidades de la gente que asistía estaba protegida por hechizos, pues cuando salías de ella te ataban la lengua, sólo tenía una treintena de clientes fijos quienes recibían la contraseña vía lechuza cuando la solicitaban y los demás eran invitados.
Theo era otro cantar, igual de exclusivo, igual de peligroso pero un rubro muy diferente. Compraba y vendía artefactos mágicos, imprimía libros prohibidos y traficaba ingredientes ilegales. Se especializaba en magia de sangre y por lo tanto era un pez gordo del bajo mundo. Muchos lo amaban y muchos lo querían ver muerto. Era el señor de la guerra con tubos de ensayo y capa negra. Era el amigo más cercano a su padre…después del tío Blaise que vivía en California. Y era terriblemente inteligente, pero no tanto como su padre quién había escrito ya unos cuatro libros (impresos claro, por la editorial del tío Theo, "Le Belle Sacra Morte") de los cuales había muy pocos ejemplares (porque son super exclusivos) y que sólo circulaban en círculos académicos y entre la gente poderosa con tendencia al coleccionismo, uno era sobre pociones oscuras, otro de maleficios y dos sobre alquimia.
Eso era algo que le intrigaba y le hacía sentir raro porque su padre no se involucraba en ningún negocio turbio, no al menos que él supiera pues se había pasado más de la mitad de su vida intentando limpiar el apellido familiar pero a la vez se sumergía mucho en el mundo de la magia prohibida y malvada aunque decía que era por pura curiosidad intelectual...después de decir esto, el abuelo Lucius que casualmente siempre pasaba por ahí decía "Curiosidad intelectual las nalgas de los elfos" y se iba para seguir leyendo sus novelas juveniles.
Scorpius se planteó que tal vez su padre ocultaba demasiados secretos en sus laboratorios y fábricas si su abuelo lucía tan descontento.
Después de la cena con invitados especiales como eran la familia del tío Theo y la familia del tío Greg, los adultos, exceptuando a su padrino y a sus abuelos, se encerraron en las mazmorras donde su padre había construido enormes laboratorios a los que nadie tenía acceso mas que él tenía acceso.
Por lo tanto se quedó en el salón de juegos con su padrino jugando cartas en una mesa frente a la ventana. Se sentía nervioso, porque él lo sabía. Lo que había pasado y lo odiaba, porque era algo vergonzoso. Que la gente lo supiera lo hacía sentir sucio.
Su padrino sonrió mostrando las cartas.
— Flor corrida. — Dijo el morocho.
Scorpius resopló, era malísimo.
— ¿Estás bien? — Le preguntó su padrino mientras volvía a barajear las cartas. Scorpius no lo miró a los ojos, porque desde que había vuelto de la escuela no había mirado a nadie a la cara. Eso le preocupaba a todos los adultos, pero tampoco había manera de cambiarlo.
Los magos estaban muy retrasados en cuanto a la rama del conocimiento de la psicología o de la psiquiatría porque a nadie le importaba un mago desequilibrado emocional o mentalmente. Si eran un peligro para los demás o para el secreto de la magia se les encerraba en San Mungo y asunto arreglado y las familias antiguas no sabían cómo hacer frente a ese tipo de situaciones.
La violación en el mundo mágico no era común, y mucho menos dirigidas hacia varones, en la antigüedad familias enemistadas por estos episodios terminaban vengándose por medio del derramamiento de sangre. Blaise pensó en sus amigos. Al parecer la mentalidad de los sangre pura de Inglaterra no había cambiado nada.
— Pareces disgustado con papá. — Blaise sonrió mientras repartía las cartas.
— Buena manera de desviar la conversación. — Dijo con cierto orgullo. — Tu padre dijo que querías ir a ver a tu amigo Potter. — Scorpius abrió la boca indignado.
— Eso ha sido un golpe bajo. — Su padrino le miró.
— Pero también la has esquivado. ¿Es que acaso ya no quieres verle? — Scorpius se hundió en su silla.
— No…
— Scorpius lo que sea que te haya echo ese maldito, no fue tu culpa y tu amigo no te juzgará por eso. — Scorpius soltó una risotada burlona y momentos después empezó a sollozar.
— Claro que fue mi culpa… — Dijo con la voz quebrada. — Le dejé acercarse demasiado. Confié en él lo suficiente como para permitirle darme algo de beber. No me caía bien, pero no era la primera vez que bebíamos juntos, no debí bajar la guardia. La gente siempre quiere lastimarnos, quieren lastimar a los Malfoy, lo olvidé y fue un error.
Blaise miró largamente a su ahijado y se recargó en su asiento, no podía decirle que estaba en lo incorrecto, la desconfianza era algo que no quería para su ahijado, pero vivido lo vivido no conocía otra manera de sobrevivir.
Miró en interior y apareció la imagen de su padre con un hilo de sangre saliendo de su nariz y de sus oídos.
— Sabes Scorp…no puedo darte una catedra de confianza. Mi madre no fue un buen ejemplo y…honestamente no sé qué decir. Pensé que el mundo era mejor ahora.
— Bueno, mi mundo ya estaba arruinado antes de empezar ¿no? Dejando de lado todo el asunto de la muerte de mi madre es una maravilla que la mansión Malfoy sea gigantesca porque antes de los once años era mi mundo. Papá nunca me sacó de aquí a menos de que fuéramos a salir del país, me dijo que los Malfoy era una familia inglesa con raíces en Francia, para mí esto era Inglaterra y la mansión de París era Francia, la mansión de los Blackqueen era Lyon. Viajé por el mundo, pero lo único que hice fue aprender a reconocer los trabajos de diferentes arquitectos y diseñadores de interiores. Ni siquiera sabía que existía la gente pobre o que la comida se tenía que comprar. Un día me dicen que todo el mundo va a odiarme por cosas que no son mi culpa pero que tenía que portarme bien y ser amable con todos, me ponen en un tren con una bolsa de dulces y esperan que tenga una vida feliz. En las mansiones todos me adoran y en el callejón Diagon todos me escupen. Es como una gran mierda. Una gran bola de mierda.
— Ellos te hablaron del pasado de la familia.
— Pero no dijeron que la gente iba a odiarme. No dijeron que la gente me llamaría hijo de Voldemort. No dijeron que todos iban a mirarme con desprecio, por encima del hombro. ¿Sabes? A veces estaba tan cansado de fingir ser amable con la gente que era grosera conmigo que enterraba mi cara en una almohada rogando a Merlín porque se acabara el día. Si Albus no hubiese estado ahí…no lo sé, tal vez me hubiese convertido en todo lo que la gente dijo que iba convertirme. Es la única razón por la que no le rogué a mis padres que me sacaran de Hogwarts y me enviaran a estudiar en Beabatonx o dejarme estudiar en casa.
— Ahora que lo mencionas Albus no se ha pasado por aquí.
— No va a hacerlo.
— ¿Le has dicho que no venga? — Scorpius miró hacia la ventana.
— No va a venir. No quiero verle. No quiero que él me vea. — Blaise miró largamente a su ahijado, no sabía que pasaba detrás de aquella mirada plateada. ¿Cuándo fue que el chico comenzó a encerrarse dentro de sí mismo? No era por el asunto de la violación, eso venía de antes. Siempre había sido transparente y de repente le recordó a Draco a su edad. Con esos ojos grises que tienen una tormenta detrás pero a la cual jamás podrás tocar porque la ha puesto detrás de un duro cristal.
o-o-o-o-o
Era la hora de la salida miró al cielo y aunque plomizo no le deprimía se sentía bien. Durante el almuerzo se había escondido en un rincón de un restaurant de comida china llamado "Ding Dong China" cercano junto con Sam.
Él pensaba pasarse el resto de la carrera como lo había pasado el último año en Hogwarts, sólo con su soledad solitaria. Jamás había sabido lo que era que alguien amablemente le diera una palmada en la espalda y le dijera ¿Desayunamos? Porque antes, durante y después de Scorpius nunca nadie lo había hecho. Sabía que tenía una personalidad poco agradable para los demás y aunque en ese momento se sentía muy torpe socialmente dijo que sí, no iba a rechazar a su único prospecto de amigo además de que se veía agradable.
Sam lo miró de arriba abajo durante el almuerzo.
— Nunca te he visto en castings. — Dijo al fin.
— Nunca había hecho uno. El de la academia fue el primero.
— Sí, claro. — Dijo con incredulidad.
— ¿Por qué lo dices como si no me creyeses?
— Estás de acuerdo en que es la escuela más importante de actuación en Reino Unido y me estás diciendo que no has actuado antes en ningún lado. ¿Dónde tiene eso sentido?
— Bueno pues, no lo sé, la única vez que actué fue en un curso de verano en un pueblo cercano al mío, soy un chico de campo y por mi rubro no hay nadie que haga esto.
— ¿De dónde eres?
— Un pueblo en West Country. Se llama Valle de Godric pero es tan pequeña que no aparece en los mapas.
— ¿West Country? Una vez fui de vacaciones a Devon, ¿Eso queda cerca de tu casa?
— No, pero queda cerca de la casa de mis abuelos.
— Mucho campo.
— Exacto.
— ¿Y qué hacen los buenos jóvenes granjeros de West Country para divertirse? ¿Vas a ir a la bienvenida?
— No lo sé, supongo que sí y en cuanto a cómo nos divertimos los granjeros… realmente no conocí las labores de campo salvo cuando iba de visita, desde los once años viví en un internado en Escocia cerca de Dufftown.
— ¿Internado?
— Tradición familiar. — Se encogió de hombros. Les estaba diciendo la verdad, dentro de lo que podía. Tampoco iba a inventárselo todo. Siguieron conviviendo durante las clases y se despidieron con buena vibra. Había sido un buen día, pero aun así no pudo evitar mirar su brazalete.
Se sentía frio. No como cuando Scorpius se lo quitaba y eso lo sabía porque el brazalete tenía un extraño hechizo de conexión al ser uno parte del otro, era un frio extraño como el que había estado recorriéndole desde que finalizó el año escolar.
No podía leer las emociones del objeto a la perfección pero algo le pasaba a Scorpius. Algo gordo. Se planteó mandarle una lechuza pero luego se dijo así mismo que no podía hacer eso. Había renunciado a el mundo mágico y mucho más importante, había renunciado a Scorpius. Lo que fuera que tuviera tenía que resolverlo solo o con ayuda de su flamante nuevo mejor amigo. El ácido estomacal le subía a la garganta de sólo pensar en Torres.
o-o-o-o-o
Theo fue de visita y le regaló a cada niño en la mansión una bolsa de chocolate, y le llevó el suyo a su habitación.
Scorpius estaba en pijama mirando al techo con expresión ausente desde el suelo. En el aire se escuchaba una canción con cierta tonada deprimente. Una canción de amor aparentemente. Theo no le puso mucha atención, pero vio que el niño tenía en su mano la caja del CD muggle. Cuando se dio cuenta de la presencia de Theo éste ya estaba viéndolo de cerca.
— Shadowmaker. Lindo título para un álbum.
— Tiene lindas canciones.
— No lo dudo. Ten, chocolate.
— Gracias.
— Iré con tu padre. Asuntos que arreglar.
Scorpius frunció el ceño.
— De acuerdo, nos vemos tío. — Volvió a su posición anterior dejando los chocolates cerca pero sin tomar ninguno.
o-o-o-o-o
Dennis vivía en el piso de abajo. Se llevó una gran sorpresa al descubrir eso. Sobre todo cuando le sonrió de esa forma. No sabía si eran mariposas en el estómago, pero algo estaba migrando hacia el sur.
o-o-o-o-o
Algo interrumpió su canción, bueno, su segunda canción favorita. Era una lechuza picando la ventana, frunció el ceño pero de todos modos se levantó. Abrió el ventanal y entró una lechuza parda que no reconocía posándose en una silla levantando la pata. Era un pergamino sellado con cera pero sin sello familiar. Eso se le hizo extraño. Él nunca recibía lechuzas y está ni siquiera estaba identificada. Abrió el pequeño pedazo de pergamino y vio que solo tenía un par de líneas.
Decidí que estaba muy aburrido. Así que le mandé copia de las fotografías. No sé cómo reaccionó, pero me hubiese gustado ver su cara.
Nos leemos.
Sus manos temblaron y él se deslizó lentamente hacia el suelo. La lechuza salió de la habitación tranquilamente sin siquiera fijarse en la reacción del humano al que había entregado mensaje.
No vio cómo se tapaba la boca para ahogar su grito ni como gruesos canales de lágrimas comenzaron a surcar las mejillas pálidas del mismo.
o-o-o-o-o
Era un chico tierno.
Le gustó. Pero tal vez era muy tímido hasta para él.
Se encogió de hombros y dio por sentado muchas cosas.
Que tenía tiempo para conocerlo, que quizá eso iba a ir para algún lado, que tal vez no era el indicado pero que podía serlo otro, que tal vez era cierto que un clavo sacaba otro clavo. Que ahora iba a comenzarlo todo de nuevo.
o-o-o-o-o
Scorpius bajó como autómata por el balcón de la casa, con el máximo silencio posible pero empezó a tararear en su mente. A cantar en su mente.
Cuando dices mi nombre.
No tiene importancia para mí.
Donde coloques tu culpa.
No tiene importancia para mí.
Por donde podrías estar caminando
No tiene importancia para mí.
Llegó descalzo y en pijama a la zona donde estaba la piscina. Una gran e inmensa piscina donde había pasado el tiempo con Albus cuando no querían estar en su habitación o en el salón de otoño, donde se sintió avergonzado de mirar a Albus con otros ojos. Cuando el otro lucía su cuerpo más grueso y formado que el suyo, donde se fijó en la línea de vello que llevaba de su ombligo hasta debajo del bañador y entonces ya no sólo cantó en su mente, sino que una ligera melodía salió de su garganta rota.
Tú te adentraste.
Tú te adentraste.
El mar te llama de vuelta.
Tú te adentraste.
Tú te adentraste.
El mar te llama de vuelta.
o-o-o-o-o
Un chico castaño sonreía mientras acariciaba su lechuza nueva.
Le recibió en el balcón donde él ya se encontraba saboreando una deliciosa botana de nueces de indias. Le dio uno a su lechuza y sonrió.
Había estado aburrido durante toda la tarde y ahora que era de noche le sonrió a las estrellas sólo de imaginarse el delicioso dolor que Scorpius sentiría. Sobre todo, porque no había mandado ninguna foto. No conservaba ninguna, no quería pruebas en su contra, sólo era un seguro para que el rubio no hablara. Bien sabía Torres todas las estúpidas ideas que tenía Malfoy sobre sacar su apellido adelante. Se rio.
Sólo de saberlo infeliz él se sentía exultante.
o-o-o-o-o
Cuando es de noche y se está debajo del agua no se puede ver. No hacía falta. Así que cerró sus ojos y aún estado en una simple piscina sintió la canción del mar.
Toma mi malvado corazón
No tiene importancia para mí.
Dale la vuelta a mis retorcidas palabras
No tiene importancia para mí.
Por lo que estés aquí esperando no tiene importancia para mí.
Hacia dónde vas a ir no tiene importancia para mí.
Hacia dónde vas a ir.
El mar te llama de vuelta.
