De padres e hijos

Albus desayunaba un pan tostado con mantequilla y azúcar, lo tomaba con un café con leche y lo comía frente a la única ventana de su cuarto donde también había una mesita. El día estaba precioso por eso no podía evitar mirarlo.

De repente escuchó que alguien tocaba la puerta.

Se preguntó si sería Tristan, un chico amigo de Victoria que conocieron el día de la bienvenida. Bueno, ella los presentó estando media borracha y se cayeron bien, había quedado de pasar entre semana. Tampoco es que estuvieran muy lejos Tristán vivía en el primer piso, él, en el cuarto.

Abrió la puerta y de pronto se encontró con la figura de su padre, quién a pesar de ser bajito emitía un aura muy pesada de poder, aunque su carácter fuera amable y bonachón.

— Albus. —Dijo su padre. —¿Me invitas a pasar?

Albus le sonrió y le dio el pase para después darle un abrazo.

— ¿Pasa algo?

— ¿Tiene que pasar algo para visitarte?

— No…—Dijo dudoso imaginando que eso era lo que su padre quería escuchar, en momentos cómo ese Harry veía más claro las diferencias entre Gryffindors y Slytherin, las serpientes eran siempre desconfiadas. —Es sólo que es muy raro.

— No me gusta mucho el mundo muggle. Londres puede ser apabullante.

— Un poco, sí. —Dijo haciéndose a un lado para que su padre pudiera pasar.

La habitación estaba un poco desordenada, pero nada por lo cual poner el grito en el cielo, sólo un par de pantalones y unas deportivas tiradas en una esquina y unos cuantos folios de papeles regados por el lugar, incluyendo la mesita frente a la ventana donde descansaba el desayuno de su hijo. Harry lo vio con detenimiento y sonrió al pensar que su hijo menor comía mucho mejor de lo que había esperado. Por alguna razón le venía a la cabeza las primeras visitas que le hizo a James y como las alacenas estaban llenas de galletas procesadas y sopas instantáneas.

— ¿Has leído el profeta últimamente?

— No estoy suscrito, debería hacerlo, sin chimenea será difícil hacerme de las noticias de casa a tiempo, mi lechuza no es tan rápida y no quiero enterarme que te han herido a ti o a James en alguna misión peligrosa.

— Lo bueno es que James no tendrá misiones hasta que sea hora de hacer prácticas. Y para eso todavía faltan un par de años.

— Tu nunca quisiste que James estudiara para ser Auror. —Dijo Albus sacando una silla plegable de debajo de la cama y Harry sonrió.

— No la verdad no. Esperaba que tú lo hicieras. —Albus miró a su padre con una expresión de extrañeza.

— Nunca lo dijiste. —Le ofreció la silla para que se sentaran juntos y le acercó un plato para compartir las tostadas. Harry tomó el folio de papeles que había en la mesa y le dio una mirada antes apartarlo para no ensuciarlos. Era un guion.

— No pensé que tuviera que hacerlo. —Dijo al fin. —Cuando estabas en quinto año, e hiciste esa magnífica actuación en la exhibición del club de duelo y fue WOW. Había muchos de mis hombres ahí, viendo a sus hijos cuya mayor ambición era llegar a ser como sus padres, estaba ahí sentado rodeado de tu madre, tu hermana, tus tíos y de los Aurores guarda. Y había duelos simultáneos, pero no podía dejar de verlos a ustedes dos. James es bueno también, pero su estilo, al igual que casi todos los Gryffindors radica en aplicar demasiada fuerza a los hechizos, cuando quedaron como finalistas realmente pensé en que él iba a vencerte y después de hacer la reverencia me encuentro con que lo venciste con únicamente tres movimientos de varita, nadie se lo podía creer. Habías dejado que atacara primero, esquivaste el ataque con la velocidad y la gracia de una serpiente y lo sacaste de balance con un hechizo a los pies, después un desarme, a continuación, lo amarraste con un incarcerus dejándolo de rodillas, para cuando todo acabó tenías la varita presionada justo en la garganta. La audiencia estaba muda y algunos estaban preocupados, tenías una expresión en la cara que decía que eras superior, superior a todos, incluso superior a tu hermano, que podrías hacerle daño si quisieras.

— Pero no quería.

— Yo lo sé, era tu cara de triunfo. Es sólo que la gente no está acostumbrada a ver tanta altanería.

— ¡Oye! — Harry se rio y Albus junto con él.

— En verdad esperaba que lo fueras. Contigo ahí no tendría que preocuparme por James, sabría que en una misión peligrosa tú te encargarías de traerlo a casa vivo y completo, o casi completo pero vivo, al fin y al cabo. — Al decir esto la sonrisa de Albus se borró y miró hacia un lado.

— ¿Tú nunca te diste cuenta verdad?

— ¿De qué?

— De cuanto llegué a odiar tu trabajo.

Harry no supo bien que decir, pero parecía que Albus sí lo sabía.

— Yo…al principio quería ser cómo tú. Ese día en la exhibición de duelo, yo era uno de esos chicos que querían ser como sus padres, los dos lo éramos, James y yo. Fue así toda nuestra vida. Cuando era pequeño, no lo decía a gritos como James, lo guardaba para mí, como un anhelo muy profundo y después entré a Hogwarts y me sentí frustrado, pensé que jamás sería como tú y que me convendría dejar atrás ese sueño, pero permaneció ahí. Permaneció ahí rodeándose de todas mis frustraciones hasta que sucedió lo de Delphi, fue ahí cuando pensé que si me esforzaba realmente podría hacerlo, todo estaba en mí. Entrené como si me vida dependiera de ello, puede que haya maltratado un poco a Scorpius para hacerlo, él no entró a la competencia por el quidditch, pero es muy bueno también. Y luego, en sexto año, apenas estábamos a la mitad del primer trimestre y McGonagall nos llamó a su oficina. Habías desaparecido en una misión junto con uno de tus Aurores Guarda, el Gryffindor de turno, hijo de Aurores, ambos de Gryffindor, se llamaba Evan McKlain. Mandaron sus restos al ministerio partido en pedazos a los trece días. Tu apareciste medio muerto dos días después cerca de Bristol.

Harry se movió incomodo en su silla. Albus de repente se había encogido en sí mismo parecía como si estuviera llorando. A él también le entraban ganas. Esas dos semanas fueron quizá las dos peores de su vida.

— Te encontró una niña muggle de ocho años tirado cerca del armario de las herramientas dónde guardaba los juguetes, sucio, con el brazo lacerado, la pierna derecha con fisuras y la piel del cuerpo entero amoratada. Su madre llamó a la policía y saliste en las noticas locales, fue así como te encontraron los Aurores. — Después se rio, como esas risas que uno suelta para no llorar. —Y la gente estaba tan feliz, el héroe había vuelto, estuviste inconsciente dos días más. Cuando despertaste no querías hablar. Y la familia de Evan se tuvo que tragar sus lágrimas, porque eran Aurores y aparentemente no tenían derecho a sentir, su padre sólo dijo que estaba orgulloso de que muriese cumpliendo su deber. Su esposa, una inefable de Ravenclaw, cogió la medalla al valor que le pertenecía al padre de su hija. Una niña de 4 años que no volvería a ver a su padre y que tendría que conformarse con ver su nombre en el monumento a los héroes…el pensar que estuve tan cerca de perderte, de ser un huérfano también, cambió bastante la perspectiva de lo que era ser un Auror. Comprendí porque casi no hay Aurores de Slytherin. A los Slytherin les gusta la vida.

— Eso explica porque casi todos los que están en el departamento siguen vivos, pelean como unos desgraciados mal nacidos sin moral, pero todos los Aurores Guarda de Slytherin están vivos.

Albus se rio.

— Hubiese dado lo que fuera para que no hubieses vuelto, pero al mes regresaste al departamento, fue una larga recuperación en estándares del mundo mágico, pero en San Mungo lo que más les preocupaba era tu estabilidad mental.

— No estaba tan mal.

— Mamá no podía tocarte, ninguno podía hacerlo. Te estremecías al contacto.

— Sufrí cosas horribles.

— No lo dudo. — Dijo calentándose su café con magia. —No lo dudo y por eso pensé que estabas cometiendo un error, sacrificándote para salvar desconocidos, cuando ni siquiera había una estúpida profecía que especificara que tenías que hacerlo.

— Supongo que es a lo que se llama vocación de servició.

— En Slytherin lo llaman de otra manera, pero no te voy a decir cómo. —Harry se rió imaginando los coloridos e inteligentes insultos y sobrenombres que debía tener entre la comunidad serpiente.

— Hablando de Slytherin, uno de tus compañeros…falleció hace unos días en una situación no muy clara.

— ¿En serio? ¿Quién? — Preguntó antes de darle una mordida a una tostada. Harry hizo lo mismo.

— No pareces muy preocupado.

— Además de los Quebec no había muchas personas a las que les dirigiera la palabra en mi casa.

Harry le miró.

— ¿No tenías más amigos?

— Sólo tenía a Scorpius y como ya te habrás imaginado no nos hablamos ahora. Pero no me preocupa él porque sé que su padre hubiese tenido la atención de avisarme.

Harry le dio la razón y tomó un largo respiro.

— Alexander Torres, graduado de Slytherin. —Albus levantó su negra ceja con un gesto que debió haber copiado de Scorpius y después dejó su café en la mesa, pero se quedó callado. —¿No vas a decir nada?

— Me gusta más que no sepas la clase de hijo que soy.

— ¿Tan malo era? ¿Tan malo que no te importase que él muriese?

— No creo que él se hubiese sentido mal de haber sido al revés.

— Acabamos de hablar de lo importante que es la vida.

— Él no es como tú o el Auror Evan McKlain, él es como los cretinos que lo asesinaron.

A Harry le vino a la mente el hecho de que su hijo dijera las cosas así, ya que a fin de cuentas Torres había sido asesinado por un grupo criminal. El ministerio ya estaba investigando a la empresa de importaciones de su padre, pero al parecer, de momento no había nada. Los hermanos poco hablaban con su hermano y ninguno le conocía amigos.

— ¿Tú no sabes si se juntaba con gente poco grata?

— Papá, estás hablando de gente de Slytherin, ahí las generalidades de gente poco grata se diluyen con las de la gente grata. —Dijo con cierta molestia en la voz. — Las personas con las que era más cercano eran los chicos del equipo de Quidditch.

— ¿Puedo preguntarte quienes estaban en el equipo? —Albus dio un suspiro, a veces creía que su padre nunca se quitaba su túnica de Auror.

— Scorpius, los hermanos Quebec, Ethan Avery, Leonard Nietz, Eire Mars, Otto Pearson.

— ¿En qué cursos están? —Le preguntó, ninguna de esas familias a excepción de los Quebec y Avery tuvieron algo que ver con los mortifagos.

— Los Quebec y Nietz están en sexto, Ethan Avery es de mi generación, Mars y Pearson están en quinto.

— ¿Se llevaban especialmente bien?

— Sólo Scorpius pasaba tiempo con él fuera del campo, los otros no creo, lo respetaban como jugador, nada más.

— Vale…mira Albus…— Algo le interrumpió. El sonido de alguien tocando la puerta. Albus se levantó y la abrió. Era Sam.

— Hola.

— Hola. — Albus le dejó pasar y Harry se levantó. — Papá, este es Samuel Wrigt. Es mi amigo de la academia. Sam él es mi papá Harry Potter.

Sam alzó la mano para saludar y Harry la aceptó, se sintió raro, la gente al saber su nombre perdía la cabeza, esta era una sensación más agradable.

— Hola. Gusto en conocerlo. — Sam se sacó la mochila y la dejó en la cama para después sentarse en ella.

— ¿Has visto la nueva revista de Vanity Fair?

— No es una revista que haya comprado alguna vez. — Albus se puso a servir más café con leche en una taza para Sam. El chico negro sacó una revista rápidamente de la mochila. En la portada estaba la foto de una mujer muy guapa.

— No...

Albus dejó la taza de café y le quitó la revista de las manos.

Harry de repente se sintió ignorado.

— No sabía…dijo que modelaba, pero no pensé que tanto como para salir en este tipo de revistas.

— Victoria Gray. —Comenzó a leer Albus en el índice y luego pasó a una página como a la mitad de la revista. — Victoria Gray, la conocida top model juvenil, hija de la supermodelo Teressa Gray y del magnate petrolero Eddart Gray rebela que piensa formalizar sus estudios como actriz en la academia de arte dramático de Londres. — Albus miró a Sam y éste lo miró a él— ¿Lo mencionó alguna vez?

— No sé si lo has notado Al, pero no habla mucho de sí misma y sí lo hace no es precisamente a mí.

— Albus. —Le llamó la atención su padre, una llamada de atención muy leve, pero Albus volteó y se dio cuenta de que se había olvidado de su padre.

— Ohh lo siento.

— No te preocupes, de igual manera yo me voy, llegaré tarde al…a atender los asuntos que tengo aquí en Londres. — Dijo recordando que estaba frente a un muggle. —Tu hermana te manda saludos. Ve a observar a James de vez en cuando, tengo miedo que muera por no alimentarse bien y que un día encontremos su cadáver siendo devorado por ratas. —Dijo amablemente. — Nos vemos después Sam. —Extendió la mano.

— Nos vemos señor Potter. —Sam la cogió y se despidió del señor con una sonrisa en la cara.

En cuanto se fue Sam miró a Albus de arriba abajo.

— Si no fuera por los lentes y la barba hubiese creído que era tu gemelo.

Albus lo empujó, pero no estaba molesto, en cambio siguieron leyendo la revista. Victoria estaba llena de secretos.

o-o-o-o-o

Harry Potter iba a seguir con el trabajo, no había conseguido mucho yendo con su hijo así que decidió hacerle una visita a Scorpius, que era al que tenía más acceso, a los otros tendría que hacerles un citatorio formal.

Hizo aparición y de repente estaba en la Wiltshire, más concretamente en Malfoy Manor.


Christine C: Bueno, eso lo veremos, sí es sobre Lily pero no sé muy bien en que fic ponerlo ya que es algo que afecta a ambas historias. ¿Tú qué piensas? Ya que bueno, viendo el estado de Scorpius puede llegar a ser algo muy complicado. Gracias por tu review.

Sombra88: Las cosas pasan por algo, y a veces pasa hasta en las mejores familias. Sí, algo bueno le pasará, espero no pase mucho tiempo para eso, le falta un poco más de drama pero creo que luego le daré algo de paz interior y estabilidad, se lo merece. Bye. Gracias por el review.

Tsuruga Lia1412: Bienvenida chica, te había extrañado, ya ni quería actualizar porque no estabas tú ¿Y que hay de tí? Me dejaste plantada con tu DraxLily. Nos leemos Tsuruga.

Rebe Maraurdere: Wow chica, me impresiona que te hayas dado la tarea de comentar cada capitulo, muy lindo de tu parte, ojala más hicieran como tú, me has inspirado para hacer lo mismo porque generalmente yo empiezo a comentar desde donde comienzo, pero como he visto lo bonito que se siente lo haré desde ahora. Nos leemos, besos.