El sexo nada tiene que ver con el amor
Había estado ahí antes, pero sólo para recoger a Albus cuando pasaba parte de las vacaciones con Scorpius y nada más. Le traía malos recuerdos además de que no tenía nada que tratar con esa familia.
Se acercó a la verja e inmediatamente apareció una elfina con unas tijeras de jardín en mano, al parecer estaba haciendo esculturas de unicornios con los arbustos. Según lo que había escuchado la elfina encargada de los jardines se llamaba Gona.
— Hola, buenos días. He venido a ver al joven Scorpius Malfoy. — La elfina giró la cabeza y le miró recelosa.
— Primero he de avisar a mi amo. —Espere aquí por favor.
— Desde luego. —La elfina desapareció con un crack y unos cuantos segundos después reapareció, chasqueó los dedos y las puertas se abrieron.
— El joven amo Scorpius le recibirá en la biblioteca de la sala de juegos.
— Sí, gracias Gona.
— Un placer servirle al gran héroe Harry Potter
Justo en la entrada le recibió un elfo joven, Azar.
— Yo le llevaré junto al joven amo. — Le dijo
El elfo de los salones, Azar lo llevó con Scorpius tras un medianamente largo recorrido y doblando una esquina se encontraron con un fantasma. Harry no sabía que había fantasmas en Malfoy Manor.
Era un chiquillo ataviado de príncipe y tenía manchas plateadas a la altura del estómago. Significaban sangre. A Harry le impactó un poco porque el niño era igualito a Draco cuando tenía doce años.
— Buenos días Azar. — Dijo el niño con todo el porte más militar y principesco que podía.
— Buenos días joven ama. — ¿Era una chica?
— Quiero que alguien me acompañe a cazar arañas.
— Gona, la elfina de los jardines ha terminado sus deberes. —Dijo el elfo. —Seguro que ella le acompañará. La niña torció el gesto.
— Está bien, estaré en los jardines. Nos vemos a la hora del té Azar.
— Como usted diga ama. —Dicho esto, la niña fantasma se fue flotando por el pasillo camino a los jardines.
— ¿Quién…quien era ella?
— Lady Lucía Malfoy. —Harry entrecerró los ojos. Trataba de buscar información de los escasos, recuerdos de las conversaciones que sostuvo con Albus sobre la mansión Malfoy pero nunca había mencionado a la fantasma.
— Murió joven. —Azar asintió. —¿Cómo murió? —El elfo le miró entrecerrando los ojos.
— No se nos permite hablar de ella. Dijo sin más.
o-o-o-o-o
Scorpius leía plácidamente en la biblioteca del salón de juegos. Leer y dormir era lo único que hacía desde que había salido de Hogwarts. Cuando Gona, la elfina de jardín le dijo que el señor Potter estaba de visita se sintió extraño, preguntó por Albus con el corazón en la garganta, pero la elfina negó con la cabeza y se corrigió.
— El señor jefe de Aurores. El señor Harry Potter. —Scorpius lo pensó un poco, podía argumentar que estaba enfermo y ciertamente lo estaba un poco, pero sabía que tenía algo que ver con Torres, su padre había hecho algo, pero no había dicho nada y los elfos no habían podido conseguirle ningún diario, tenían órdenes terminantes por parte de su abuelo de no traerle noticias del exterior. No iba a denunciar a su padre, por supuesto, pero quería saber, quería saber los detalles que su padre nunca le diría.
Cuando lo vio pasar sintió un ramalazo en el pecho, una pequeña y dulce agonía. Era igual a Albus, tan iguales, sólo que el señor Potter era un poco más bajito y usaba anteojos, incluso se dejaba una pequeña barba, en el largo exacto para no verse desaliñado. Le saludó con una débil sonrisa y el señor Potter al principio se quedó pasmado.
Scorpius no se veía bien, tenía ojeras y la piel grisácea, también parecía sudar y tener frio al mismo tiempo. Usaba sólo un ligero camisón y estaba cubierto con una frazada en las piernas. Había unas pantuflas de peluche en el suelo. Scorpius le dio la mano y le ofreció asiento.
— Disculpa, no sabía que estabas enfermo.
— No se preocupe señor Potter. Me dio una especie de fiebre estos últimos días. Mis defensas al parecer bajaron en cuanto salí de Hogwarts.
— Me sorprende que estés en casa, lo último que Albus me dijo de ti es que ibas a entrar a la facultad de derecho mágico, venía más con la intención de conseguir tu dirección. —Harry notó como Scorpius se tensaba, al mismo tiempo que su sonrisa. Harry en parte estaba mintiendo, se enteró por Percy, que era catedrático en esa facultad, que el rector había recibido una lechuza de Lucius Malfoy para pedir una prórroga por salud. No se lo había mencionado a Albus para no alterarlo y además era muy típico de los sangre pura ocultar ese tipo de datos. No les gustaba que los demás supieran de sus debilidades —¿No has podido asistir por tu enfermedad?
— No, mi abuelo cree que deben vigilar mi salud, en vista de que soy el único heredero. Así que este semestre no asistiré a clases. ¿Cómo está Albus? Yo…no he sabido nada de él y cuando se fue él todavía no sabía que estudiar.
— Ha decidido vivir con los muggles. — Dijo Harry viendo como Scorpius abría muy grandes los ojos.
— He traído té, joven amo. —Interrumpió un elfo.
— Gracias Louis. — Dijo mirando a la ventana. El elfo pasó a la biblioteca y sirvió dos pedazos de pastel y dos tazas de té, a Harry no se le pasó ver al elfo vaciando un pequeño gotero en la taza de Scorpius.
— Louis es un elfo de cocinas, es muy esplendido, yo había olvidado ofrecerle el té. — Tomó su taza de té, la olió y luego bebió de ella.
— No hay problema.
— Así que está viviendo con los muggles ¿Por qué?
— Está estudiando, actuación.
Scorpius frunció el ceño ligeramente.
— Nunca ha habido actores magos. —Dijo después de pensarlo. —Quiero decir, supongo que hubo algunos, pero era una profesión muy mal vista, hace un par de siglos se le comparaba mucho con ejercer la prostitución.
Harry se acomodó en el asiento, curioso, nunca había pensado en porque en el mundo mágico no había actores teniendo tantos efectos especiales a la mano.
— ¿Y eso a que se debe?
— En parte porque algunas historias eran consideradas profanas, demasiado pasionales para presentarse, demasiado intimas, los magos son muy celosos con sus emociones después de todo. Además, era bien sabido que a veces, tanto hombres como mujeres eran tentados con regalos para ofrecer otro tipo de servicios. Al final, todo el mundo quiere estar con un famoso y si tienes dinero para permitírtelo ¿Por qué no? Por supuesto acabó siendo una profesión tan mal vista que no ha habido actores mágicos desde hace unos 400 años.
Harry veía un poco extraño a Scorpius, demasiado ido, con la mirada turbia. El rubio notó que lo estaba observando, se sonrojó y cerró los ojos esforzándose en centrar sus pensamientos.
— Lo siento, la medicina me hace sentir mareado y me pongo a decir estupideces.
— ¿Tomas medicamentos fuertes? —Scorpius asintió con una sonrisa tonta.
— Calmantes, a todas horas, por lo menos ya no tomo ningún tipo de antibiótico, antes sí que estaba adormilado. Los diluyen en el té o la comida en general. — Levantó la taza. Supongo que vio como Louis lo ponía en esta taza. —Dijo sonriendo para después beber. — ¿Qué necesita de mi señor Potter?
— Venía a preguntarte si no sabías algo de un ex compañero tuyo. Alex Torres.
— ¿Torres? —Preguntó con una sonrisa adormilada, se recargó en el sillón, al parecer los elfos se habían pasado con el medicamento. — ¿Qué pasa con él?
— ¿No has leído el profeta? —Scorpius negó.
— Papá nunca permitía que leyera los periódicos, me alteran. Muchas cosas feas para mi corazón frágil, dice.
El rubio parecía algo borracho.
— Perdóneme, en unos minutos pasará el efecto inicial.
— No te preocupes. ¿Te dan dolores fuertes, o por qué tomas calmantes?
— Me duele sí, pero la medicina no lo cura...sólo lo hace más…aguantable. — Sonrió. —Vamos ¿Qué pasó con Torres? hace mucho que no hablamos, ni por lechuza. —Scorpius bebió un poco más de té. Se estaba poniendo nervioso.
— El joven Torres…el joven Torres falleció hace unas semanas en su propiedad de Londres.
— ¿Murió? ¿Natural o…?
— Murió asesinado. —Scorpius se quedó un poco inexpresivo.
— …Sabía que no andaba en buenos pasos, pero no creí que fuera para tanto. Dijo como para sí mismo pero consciente de que había llamado la atención del padre de Albus.
— ¿Sabes algo sobre con quien se juntaba?
— No, Torres no hablaba cosas con nadie, de vez en cuando recibía lechuzas con mensajes de fuera y no los recibía a la hora normal del correo, pero nunca se los mostró a nadie. —Mintió. —Sin embargo, es del tipo de persona que haría lo que fuera por dinero. —Eso si era completamente cierto. —El tipo de persona que hace las cosas de manera incorrecta. No me sorprendería que se metiera con algo que no pudo manejar.
— ¿Tenía amigos en Hogwarts?
— Ninguno, era del tipo odioso, pero era buen jugador de quidditch.
— Cada vez que recibo esa respuesta siento que voy hacia ningún lado.
— ¿Puedo preguntar cómo murió? ¿Sufrió? Era odioso, ya lo dije, pero espero que su muerte haya sido rápida.
Harry negó.
— No voy a mentirte, su muerte fue dolorosa. Es claramente un ajuste de cuentas. No creo que se lo mereciera. — Scorpius se tragó una carcajada, ni siquiera cruzó su garganta. Sólo se la tragó ahogándola en bilis.
— ¿Le torturaron? — Preguntó afligido.
— No puedo decirte, pero no es algo que nadie merezca, era joven y es una tristeza. Espero que al menos su familia logre encontrar un poco de paz. Y sobre todo espero poder darle justicia.
Scorpius asintió. Harry miró su reloj.
— Scorpius, lo siento, tengo que irme ahora. Me esperan en el ministerio. Espero te recuperes pronto.
— No se preocupe señor Potter. Mis elfos le acompañaran.
Harry se despidió no sin antes darle una mirada preocupada al chico y después, los elfos lo escoltaron hasta la verja según su jurisdicción. Cuando Azar llegó de nuevo al salón se encontró con su joven amo arrojando la tetera hacia la pared.
— ¡Al final no me ha dicho nada! —Se lamentó el rubio en medio de un grito.
— ¿Se encuentra bien amo? —Azar estaba preocupado, su amo a veces estaba muy tranquilo y a veces estallaba de ira, angustia o de tristeza. Había cambiado mucho desde que había regresado de la escuela.
— Sí, ve a ver si Mer ya tiene limpia mi habitación, aquí hay demasiada luz y no puedo dormir. Contestó con fastidio.
— No debería dormir tanto.
— ¡No me importa! ¡No hay mucho que hacer si ni siquiera puedo pasear por los jardines!
— Todo es por su bien.
— ¡No me importa! —Le arrojó una taza asustando a su elfo.
— Enseguida iré. —Dijo el elfo desapareciendo dejando al rubio llorando de impotencia en la salita.
Scorpius se sentía cada vez más inestable. Las pociones no estaban funcionando, sólo le hacían sentir peor. Se supone que debían hacerlo sentir mejor y no hacían más que hacerle sentir adormilado y cómo si su consciencia se hiciera pesada y lechosa, sin consistencia sólida y odiaba esa sensación. Era como estar borracho y a la vez no, estando borracho por lo menos se sentía feliz, sentía como si flotara pero ahora que los elfos lo vigilaban día y noche ni siquiera podía intentar robarle alcohol a su abuelo.
o-o-o-o-o
Ese mismo día Albus hizo algo que no espera hacer tan pronto. Fue a la biblioteca del mundo mágico, se encontraba en Valle de Godric, cerca de casa pero estaba completamente seguro de que no habría nadie que le abriera la puerta.
Simplemente fue, en un acto, no sabía si morboso o masoquista, pero tenía la intención de revisar la hemeroteca. Entró, preguntó por el área de hemeroteca y utilizó su varita para atraer los periódicos que hablaran sobre Alex Torres.
Estos eran cinco, todos en primera plana.
— Vaya, vaya. Dijo leyendo los detalles. "Shadow Maker" Frunció el ceño y se puso a leer los periódicos.
Cuando terminó devolvió lo utilizado a su lugar y salió de ahí con una sensación extraña.
Aunque los Aurores habían dicho a los medios que la asesina había sido una mujer pequeña y de cabello negro trabajando para algún nuevo señor tenebroso, a Albus le dio la impresión de que no era cierto pero lo único que lo llevaba a esa conclusión era el nombre del supuesto nuevo señor tenebroso, para él, Shadow Maker era el título de una canción, de un disco. Se rió ante su propia estupidez.
Era el disco favorito de Scorpius y seguro era él quien menos razones tenía para matar a Torres, después de todo era su amigo.
No se permitió sentirse mal por eso. Ni aunque se pudiera sentir mal por la pérdida de Scorpius iría a darle el pésame, Torres no valía la pena. Miró su brazalete y respiró hondo. Miró hacia arriba y luego regresó a su brazalete. Lo tomó con su otra mano y lo giró sobre su muñeca.
Recordó todo el dolor que le había causado amar a Scorpius y decidió que no valía la pena. Ellos no volverían a verse nunca y él tenía que seguir con su vida, así que mirando al cielo y derramando sólo un par de lágrimas sacó el brazalete de su muñeca. La guardó en el pantalón y caminó hacia su casa. No iba a tirarla, simplemente la guardaría junto al álbum de fotos en casa de Valle de Godric, para no tener ninguna tentación de usarla de nuevo.
Para evitar pensar en él de nuevo.
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Apenas eran las dos de la tarde y Scorpius sintió que podría dormir hasta el día siguiente, pero en cuanto su cabeza tocó la almohada comenzó a llorar. Lo sabrían, si el señor Potter descubría quién había asesinado a Torres lo sabría, todo el mundo lo haría. Se haría publica su más grande vergüenza. Su padre iría a la cárcel y él se convertiría en una burla y en una deshonra.
A Scorpius no le gustaba estar despierto. Porque todo el rato recordaba como Torres le había violado. Recordaba como lo había tocado, como lo había invadido. Empezó a frotarse el cuerpo para quitarse esa sensación de suciedad, pero sólo se hacía más fuerte, entonces armado con sus propias uñas comenzó a tallarse con fuerza, abriéndose la piel. El llanto se hizo cada vez más incontrolable hasta el punto de que tres elfos llegaron a la habitación alertados por sus alaridos. Estos se asustaron al ver el estado de su amo en el mismísimo borde de la locura.
Intentaron detenerlo, pero él les arrojó lejos y después les lanzó cosas para que se fueran y le dejaran solo. Juguetes, almohadas, adornos, cuadros, libros. Lo que fuera, él sólo quería desaparecer. Gritaba histérico.
Uno de sus elfos desesperado lo lanzó hacia el librero con demasiada fuerza y los otros dos se subieron sobre él para inmovilizarlo.
Entonces, el elfo Louis sacó una botella grande de líquido azul, claramente no era una de esas botellitas o viales donde las pociones se dosificaban, sino una de tamaño familiar y le obligó a tragar. Dejándole inconsciente, pero a la poción sólo había que darle un trago y él se bebió poco más de un cuarto de botella.
Dormiría, por fin podría dormir por días.
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Un jueves cualquiera Albus comía en Ding Dong con Sam. El señor Fu, dueño y cocinero ya les conocía bien, se sabía de memoria lo que ordenaban siempre y ellos le sonreían todo lo que podían porque a veces el señor Fu les regalaba unas cuantas galletas de la fortuna.
Sam le comentaba sobre un partido de Bayer Leverkusen de la Bundesliga, y Albus no sabía qué carajo era eso, pero hacía como que entendía. Incluso había dado gracias a Merlín por comprado un televisor, le servía no sólo para ver películas, sino también para estudiar el mundo muggle, porque ¡Ohh sorpresa! Nada de lo que vio en estudios muggle le sirve en el mundo real, nadie te pregunta sobre quien inventó las armas de fuego, nadie pregunta si sabes quién era Galeno, o las leyes de la física, de la cual a los magos sólo les dan la definición de lo que son y ninguna fórmula ¿Por qué para que rayos querría saber la fórmula para sacar la velocidad de un objeto en caída libre si puedes usar un puñetero aresto momentum o un wingadium leviosa y evitar que caiga? Y aunque se los enseñaran nadie anda preguntando eso por la calle para saber si eres como ellos.
Estaba atado a su televisor desde entonces, porque de otro modo ni siquiera se podría expresar adecuadamente. Poco habían avanzado los magos en el lenguaje desde el 1800 y para empeorar las cosas tenía el tercio del acento de granja de los Weasley, el terció del acento escosés de su padre, el tercio del acento aristocrático malfoyizado.
Por alguna razón su amigo se calló. Albus que miraba su Chop sui volteó a verlo y notó que estaba recto como una vara mirando hacia la entrada. Albus miró también allí y vio a la flamante Victoria Gray entrar con su femenina y elegante falda de vestir larga y su suéter rosado de muñeca caminar hacia ellos.
— Hola chicos. —Dijo alegre parándose frente a ellos.
— Hola Victoria. —Dijeron en el tono que usarían niños de kínder para recibir a su profesora. Ella les sonrió.
— Iba a pedirles un favor. Como saben, hace unos días me asaltaron en el centro. —Esto obviamente no lo sabían porque Victoria jamás hablaba con ellos. —Y bueno, me da un poco de miedo ir sola por ahí ahora. Quería apelar a su flamante virilidad y pedirles de favor si me podían acompañar a un lugar, mis amigas tenían que irse y me he quedado sin nadie.
—Ohh bueno, sí…SÍ. — Respondió Sam tartamudeando un poco. Victoria sonrió y Albus como que conocía esa sonrisa. Era…muy parecida a la de Scorpius. Albus miró su plato y se preguntó qué demonios le pasaba. Le molestaba que todo le recordara al rubio. Miró a Victoria y su vista de águila se enfocó en la miradita que le echaba la rubia a su amigo Sam, que estaba cada vez más nervioso. Albus ladeó la cabeza. Victoria miraba a Sam como si fuera un bebé unicornio.
Pensó en declinar la oferta pues haría el papel de la tercera rueda, pero Sam se desmayaría si le dejaba sólo con la bella Victoria. Si con él ahí podía verle el corazón intentar salirle de la camiseta. Patético.
—Sólo espera a que terminemos ¿vale? Le dijo Albus a Victoria dando un bocado y ella le sonrió. ¿Quieres?
Ella miró los platos y negó con la cabeza.
— No, son muchas calorías. Ya me comí mi manzana y mis almendras, no puedo salirme de la dieta.
— Qué triste existencia. —Dijo él dando otro bocado pues siempre había sido delgado y comía como un cerdo de tamaño mediano. Carita de Potter, altura y metabolismo Weasley.
— Sí, lo es, especialmente porque tengo mucha hambre. —Dijo con genuina tristeza mirando a la comida y agarrando su inexistente estómago.
— Pero sí eres muy bonita. No tienes por qué matarte de hambre, seguirías siendo bonita aún con diez o quince kilos más, es más, cómo que te hacen falta. —Sam abrió la boca ante las palabras de Albus. Le impresionaba que le hablara tan natural a Victoria. Ella sólo se rió.
— Sí, ya sé, mi nutriólogo dice que estoy debajo índice de masa corporal (otra cosa de la que Albus no tenía ni idea), pero es el peso debo tener por mi carrera. Esto. — Levantó la manga izquierda de su suéter y jaló un poco de su piel. — Es bonito. —Albus y Sam trataron de entender por qué se suponía que las mujeres debían vivir con puro hueso bajo la piel para sentirse bonitas.
Cuando acabaron de comer caminaron tras Victoria quien parecía tener las piernas muy largas y que además llevaba unos tacones de 12 cm alargando su zancada. Caminaba como si fuera la mujer más bonita del mundo.
Bajaron al metro y ya ahí ella les pidió que le esperaran, que iba al tocador.
Se quedaron ahí, uno junto al otro. Albus miró a Sam y se partió de risa. Sam le miró sin entender.
— ¿De qué te ríes?
— De ti. — El moreno intentó ponerse serio. —Sam, Victoria te está tirando los canes bien intenso y tu ni en cuenta.
— ¿A mí? ¿Victoria?
— Sam, que sólo hay que ver cómo te mira. Por amor a Morgana.
— ¿Quién es Morgana? —Preguntó extrañado, entonces Albus paró de reír y miró serio a Sam.
— No es nadie, nada, lo siento, a veces digo cosas raras. —Dijo dándose cuenta de que había metido la pata.
Se quedó serio el resto del tiempo y un par de minutos después Victoria regresó, pasaron su tarjeta del metro y lo esperaron en el andén.
Abordaron y Albus no pudo evitar pensar en porqué alguien con tanto dinero como Victoria viajaría en metro como el resto de los mortales.
Cinco estaciones después llegaron a su destino en el centro de Londres. Caminaron varias cuadras en un sector que ellos no conocían, eran como empresariales. Y llegaron a un edificio de unos siete pisos. Pasaron por la recepción donde Victoria no tuvo que dar ni nombre y los metió a ambos en un ascensor.
Al salir se encontraron con un agitado ambiente de oficina. Corriendo para todos lados. Caminó con ellos de la mano hasta una oficina de cristal y abrió sin tocar.
— Jackie, los he traído. —Dijo ella sonriente. En la oficina, un hombre de cabello negro y piel bronceada, estaba al teléfono y miró hacia Victoria, le sonrió y comenzó a disculparse con la persona al teléfono para después colgar. Se levantó de su asiento y caminó hacia ellos intimidándolos un poco.
Sobre todo cuando tomó el mentón de Sam y le giró para ver sus dos perfiles.
— Madre mía, que pómulos tan más perfectos. —Luego miró a Albus y éste se sintió incomodo, examinado de arriba abajo. —Desciende de judíos. —Dijo de repente. —Mira ese perfil, esos ojos preciosos. —El tal Jackie caminó a su alrededor, literalmente le giró para verles el trasero. Silbó de la impresión. Guapisimos los dos Victoria. Son perfectos para la campaña.
— No han firmado con ninguna agencia. —Dijo la rubia. Ambos miraron a Victoria y luego se miraron a sí mismos.
— En ese caso llamaré a Lewis, él sabrá a quién derivarlos. —Dijo yendo a tomar el teléfono nuevamente. —Deberán venir el lunes, haré que Lewis tenga los papeles para entonces.
— Vale, le diré a Hammer que funja como su abogado mientras ellos consiguen el suyo. —Poco después de otro cruce de palabras Victoria se los llevó de ahí, con una sonrisa triunfante.
— ¿Qué-fue-eso? — Le preguntó Albus soltándose de su agarré.
— Les conseguí su primer empleo. Pueden agradecerme después con una caja de coca cola light cada uno, no soy exigente.
— ¿Pero cómo? ¿Por qué? Preguntó Sam. Y sin decirnos nada.
— Porque es bueno para ustedes. Escuchen, estoy en el negocio desde los 3 años. Es difícil hacerse un nombre como actor, pero pueden empezar a hacer contactos y atajos. Sacar la carrera implica mucho sacrificio y puede que sus padres les apoyen ahora, pero se les irá haciendo más duro con el tiempo. Tendremos que tomar cursos de idiomas, de equitación, de artes marciales, esgrima. Todo para incrementar las posibilidades de conseguir un papel, sino se aplican ahora, sino comienzan a trabajar ahora, cuando salgan se les hará imposible conseguir empleo.
— ¿Y qué es lo que ganas tú? —Preguntó Albus con su típica desconfianza de serpiente.
— Rivales. Rivales que valgan la pena. — El profesor Frank dijo que al final sólo diez de nosotros tendrán trabajo en esta industria y me niego a que Michael sea mi competencia. —Yo ya estoy ahí, quiero ver a los otros nueve, y ustedes son buenos. Pero tienen la timidez de una colegiala de doce años. Les voy a decir una cosa. He modelado en ropa interior desde los quince años, tengo experiencia en esto, pongan atención. La vergüenza, en un escenario, no te lleva a ningún lado. Yo que ustedes aceptaba el empleo. —Dijo dirigiéndose al elevador. — Claro que depende de ustedes, si quieren ser algo más que mediocres. —Ellos pasaron a la caja de metal para irse juntos.
Sabían que ella tenía razón, eso no podían discutírselo, lo único malo eran los métodos. Más que nunca, a Albus le pareció que Victoria era un perfecta Slytherin, mira que llevarlos con mentiras.
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Albus estaba en medio de una fiesta con su mejor camiseta color azul marino, en la casa de uno de los chicos de la clase de actuación. Se llamaba Jason y tenía la casa libre todo el fin de semana. Al parecer había guardado todos los adornos en una habitación y había cerrado todos los cuartos con llave. Buena precaución, la gente estaba demasiado ebria y apenas eran las doce de la noche.
Entró a la cocina para buscar hielos y se encontró con Dennis sacando una bolsa de tan preciado bien del congelador. Se veía tan guapo. Llevaba jeans color celeste y un suéter naranja.
Era de complexión pequeña y delgada y su cabello rizado le recordaba algo al de sus tíos Percy y Charly, sólo que Dennis era rubio y tenía unos labios preciosos, como de corazón y esa noche se veían especialmente lustrosos. Se acercó con la sonrisa más normal que le pudo dedicar en su estado de ebriedad y le dijo que él también quería hielos.
Dennis le sonrió. Que magnifica sonrisa.
Tomó los hielos que necesitaba sintiéndose terriblemente sonrojado, aunque no sabía si era a causa del alcohol o de la vergüenza que le daba que Dennis le viera en ese estado. Se prepararon sus bebidas en silencio y Albus estaba a punto de regresar a dónde estaba Sam hasta que sintió como alguien le tomaba del brazo.
— Albus ¿No te gustaría ir arriba?
— ¿Arriba? — Albus se giró sobre sus pies y miró confundido a Dennis, quién tenía los ojos enfocados al suelo con las mejillas muy rojas.
— Sí, ya sabes…arriba.
Arriba…
— Ahh…ahh, sí, c-claro. —Dennis despegó los ojos del suelo y le sonrió acercándose a él.
— Vamos…—Le dijo tímido saliendo de la cocina. Albus le siguió completamente enajenado. Sam sólo le vio pasar y le siguió con la mirada hasta que comenzó a subir las escaleras tras Dennis.
Sam hizo una expresión que decía algo cómo "Bueno, al menos uno de los dos va a picar".
Llegando a la planta alta Dennis rio nervioso y sacó una llave del pantalón y abrió una de las habitaciones invitándole a pasar.
— Le dije a Jason que me prestara la llave. Y bueno, él sabe que me gustas.
Albus se quedó unos segundos perdido, intentando figurarse la confianza que tenía Jason en Dennis como para confiarle una de las habitaciones. Después asintió y caminó hasta llegar a la cama seguido de Dennis.
Siempre se dijo que se reservaría para Scorpius o por lo menos para alguien a quien quisiera de verdad. Pero había visto suficientes cosas ya como para no haberse dado cuenta de que eran patrañas. Estaba cansado de machacarse la mano dándose pajas. Quería dejar de ser un jodido virgen y Dennis le gustaba un montón aunque realmente no se conocían bien. Los te quiero no eran necesarios. Se deseaban, eso era lo importante.
No supo si fue el alcohol o un arranque de valor por parte de su sangre Gryffindor, pero se acercó al rubio y tomó su rostro delicadamente con sólo la temblorosa punta de los dedos y le dio un pequeño beso a Dennis.
No era el beso del año, estaba nervioso porque quería perder su virginidad, era su primer beso en serio y sus manos comenzaron a traspirar, pero eso a Dennis no le importó. Era más que obvio que tenía más experiencia porque fue él quien llevó el beso a algo más. Besó primero su labio inferior, luego el superior y llevó sus manos hacia las caderas de Albus pegándolas a las suyas.
Poco a poco Albus notó como los miembros de ambos crecían, y como eran de la misma estatura éstas chocaban entre sí, se rozaban de una manera deliciosa. Dennis metió las manos por debajo de la camiseta de Albus y tras acariciarlo un poco levantó aquél obstáculo dejando al moreno con el pecho expuesto. Dennis dejó escapar un suspiró, Albus estaba buenísimo. Era el perfecto twink.
Con el pecho blanco y el abdomen durito pero sin marcar, el ombligo perfecto y los pezones pequeños, oscuros y duritos. Era un sueño.
Volvieron a besarse y ésta vez de una manera intensa. Albus comenzó a tantear a Dennis por los muslos y después sujetó su trasero meneándolo, era pequeño, pero era perfecto y deslizó las manos hasta llegar a la hebilla mientras su boca hacía lo mismo en la zona del cuello del rubio.
Desabrochó el cinturón y dejó caer los jeans que Dennis se encargó de pisar para deshacerse de ellos. Albus se rió y se sentó en la cama mientras Dennis se quitaba el suéter anaranjado quedando sólo en bóxer negro. Se sonrieron y el rubio se abalanzó hacia el moreno besándolo con pasión. Pasando las manos por su pecho, acariciando ligeramente el pezón izquierdo de Albus con el pulgar y restregándose con la parte baja del cuerpo.
Albus trató de quitarse los pantalones solo, pero Dennis le ayudó. Estaban ansiosos y sus movimientos eran ligeramente erráticos, pero cuando ambos estuvieron en ropa interior fue como una liberación espiritual, dejaron la ansiedad para dar paso a la glotonería. Duraron minutos interminables restregándose a través de las únicas telas que quedaban entre ellos e incluso usaban sus dedos para trazar pequeños círculos sobre sus erecciones.
Albus fue el primero en dejar el beso, con la respiración entrecortada bajó el elástico de la ropa interior de Dennis dejando ver el pene del rubio con un hermoso arbustillo de pelo rizado coronando la base.
Era el primer pene que Albus veía en su vida y se le antojó maravilloso. Era un pene muy lindo, no tenía circuncisión así que Albus lo tomó para recorrer el prepucio hacia abajo arrancándole un sonido bastante gutural y un estremecimiento a su compañero.
— Es maravilloso. —Dijo moviendo su mano hacia arriba nuevamente.
— Tu mano es maravillosa Albus. —Dijo alzando la cabeza completamente extasiado. Eso era bueno, pensó Albus, las pajas eran un territorio conocido para el moreno. De ahí en fuera no sabría qué hacer, pero bueno, lo descubriría en el camino. Su erección pegaba a su propio ombligo, pero Dennis no le tomó en cuenta hasta después de unos minutos.
Se dieron un beso tierno y lento y después Dennis tomó su pene haciéndole una paja lenta pero placentera y Albus tomó ese mismo ritmo para complacer al rubio. Un beso pequeño en los labios. Otro en la barbilla y de repente Albus fue consciente de como su cuerpo estaba húmedo por el sudor.
— Joder…—dijo cuándo Dennis le apretó la polla.
— Sí Albus, vamos a joder muy rico. —Le dijo al oído para después darle un beso en el cuello y bajar depositando otros dos antes de llegar a su destino, uno en medio del pecho y otro un centímetro abajo del ombligo.
Albus tiró la cabeza hacia atrás cuando el rubio se bajó de la cama para quedar hincado y besar la punta del pene de éste. Acarició su propia mejilla con aquél instrumento de carne y le dio una pequeña estirada para comerle los testículos al moreno.
— Dios, Dennis vas a matarme. — Albus trató de incorporarse, pero sólo pudo apoyarse en los codos para ver como Dennis paseaba la lengua por su falo y apenas pudo mantener los ojos abiertos cuando se lo metió en la boca hasta la mitad para después volver a subir.
Dennis se había enamorado del pene de Albus, el pene de Albus lo era todo, quería tenerlo en su interior, su culo se lo pedía. Sus caderas comenzaron a menearse hambrientas y podía sentir su ano contraerse ansioso. Sacó el pene de su boca y continuó masturbándolo mientras escupía en su mano la cual llevó hacia atrás por dos motivos, el primero era dilatar su entrada y el segundo calmar esa hambre con sus dedos.
La respiración errática de Albus lo llevaba continuamente a cerrar sus ojos. Mierda, como le deseaba.
En algún momento Dennis se paró del suelo y le empujó para quedar bien acostado en la cama, después se sentó a horcadas en sus caderas. Tomó su erección y se la colocó dentro. Así, sólo la tomó y la llevó a su orificio soltado una maldición en el proceso.
— Maldición Albus la tienes gruesa, hijo de puta. —Albus ni siquiera había reparado en eso pero tenía razón, si comparabas ambas pollas la Dennis parecía una salchicha de asar y la de Albus, circuncisión aparte, parecía un pequeño tronquito que se hacía más gruesa en la parte de en medio, como si hubiese engordado.
El moreno se mordió el labio.
— Verga Albus. —Siseó Dennis que de repente había comenzado a subir y bajar más rápido. —La tienes bien rica. Dios. — Albus movía sus caderas para encontrarse en el camino con las de Dennis ayudándose con las manos para mantener el ritmo de las caderas del rubio y este decía un montón de cosas sucias en voz alta prendiendo al moreno cada vez más. Estuvieron así hasta el punto en que Dennis parecía sufrir. —Ven aquí Albus. —Dijo deteniéndose y bajándose de Albus posicionándose a mitad de la cama. Albus se giró y casi se le va el aliento cuando se encontró de cara con el culo de Dennis quien se masajeaba el ano con los dedos. —Ven aquí. —Repitió Dennis. — Tómame como a un perro. Ven. —La saliva de Albus se le juntó en la boca, nunca había visto nada tan apetecible. Sabía que tenía que meter la polla, pero de repente se le ocurrió llevar ahí a sus labios y probar ese agujero que le estaba proporcionando tanto placer.
Al sentir la lengua de Albus, Dennis gimió e hizo un sonido bastante salvaje.
— Dios, que hijo de puta. —Dijo moviendo su traserito al sentir el delicioso contacto con esa lengua. Apretó las sabanas hasta que de repente se las tuvo que tragar para no gritar cuando Albus le enterró la pija hasta los huevos. — Verga, sí. —Chilló para después seguir mordiendo las sabanas pues al moreno le había dado un no sé qué, que le decía en la cabeza que se lo tenía que follar lo más duro que pudiera.
— Dennis…—Dijo con voz lastimera. —Tienes el mejor culo del mundo, te lo juro. —Le dio una palmada en el trasero y se lo siguió follando hasta que después de una letanía de sonidos animales e insultos Dennis se corrió salpicando las sabanas un montón dejando un gruñido fuertísimo atrás. Albus se salió de él no sabiendo que era lo que se tenía que hacer cuando la pareja se venía. Dennis se dio la vuelta y Albus pudo ver sus ojos llorosos de agradecimiento y le besó, le besó mucho y muy fuerte, aunque Albus había tenido la lengua en su culo. Y después bajó y se la mamó duro hasta que le sacó el alma por el pito.
Ambos se acomodaron en la cama tratando de calmar sus respiraciones. Los dos tenían sonrisas estúpidas en el rostro, como si no hubiesen hecho nunca nada mejor en su vida que echarse ese polvo.
Había sido bueno, realmente bueno, Al jamás pensó que el sexo fuera así de divertido, él había tenido en mente algo mucho más íntimo, romántico, algo que sería personal y que involucraría sus sentimientos. Después, sólo por unos segundos se permitió pensar amargamente en Scorpius quién se acostaba con chicas a las que no quería y pensó "Ohh bueno, eso explica muchas cosas" pero no quiso seguir pensando en él. Miró a Dennis y éste tenía cerrados los ojos pero mantenía la sonrisa en la cara.
— Ha sido bueno…—Dijo y Dennis volteó a verlo soltando una risa.
— Sí, ha sido bueno. —El rubio se movió un poco para darle un beso. — Tal vez deberíamos salir ¿Sabes? No exactamente lo que se dice novios, pero tenemos buena química en la cama y bueno, no pareces un mal tipo. No me molestaría conocerte más.
— Sí ¿Por qué no? —Y es que Dennis tenía razón, ninguno tenía pareja, tenían los mismos horarios y saliendo juntos podrían conocerse más y podrían tener más sexo. —Salgamos...pero hablemos de esto después porque me muero de sueño.
— Ya somos dos, me dejaste exhausto. — Ambos se acomodaron bien, cada quién en un lado de la cama y se dispusieron a dormir.
Al día siguiente bajaron después de haber tomado una ducha y se encontraron con varios semi-cadáveres conservados en alcohol. Dennis incluso pateó el brazo de un chico que estaba tirado en la entrada de la cocina y éste ni se inmutó.
— Sí me preguntas no creo que éste chico dure mucho en la carrera. —Dijo Dennis mientras Albus dejaba en el suelo una bola de colcha y sabanas. Dennis le había dicho que tenían que meterlas a la lavadora antes de irse.
— ¿Por? —Albus buscó en el refrigerador y encontró un cono de leche nuevo. Le ofreció a Dennis con un gesto y éste asintió. Procedió a servir dos vasos.
— Lo veo en cada fiesta que voy y me entero de que va a muchas más y siempre termina igual. Es triste. Beber no es malo, me encanta beber, pero hay límites. —Albus le dio su vaso de leche y Dennis guardó silencio para beber mientras Albus se dirigía al patio a meter a lavar la ropa de cama.
Cuando regresó Dennis se estaba sirviendo más leche.
— Sé que no debería terminarme el cono, pero yo lo necesito más que Jason.
— Sí, él tiene que comprender que tú eres más aficionado a los lácteos. — Dijo Albus tomando se propio vaso. Dennis se rió y casi saca la leche por la nariz.
— Eres un puerco. — Dijo empujándolo entre risas cuando terminó de pasar la leche. Albus también se rió y después le plantó un beso en los labios. Lento y lánguido.
Dennis no era un mal prospecto a novio, sabía que se llevarían bien cuando se conocieran más.
Cuando regresó a su departamento era cerca del mediodía, era sábado así que no tendría nada que hacer pero bueno, tal vez podría limpiar un poco y luego ver una película. Justo cuando iba a abrir la puerta sonó su teléfono celular, que se había comprado más que nada para hablar con Sam. Era él, de hecho.
— Hola Sam, perdona por dejarte ayer tirado. —Dijo girando la llave.
— Sí, bueno, tengo un par de cosas que hablar contigo, ¿estás en tu departamento?
— Acabo de llegar. — Albus tiró la mochila a la cama.
— Vale, llegó en quince. — Colgó.
Sam parecía ansioso por contarle algo, así que bueno, se puso a hacer un pequeño desayuno-almuerzo para ambos consistente en huevos con tocino y fruta picada, él preparó los huevos mientras un cuchillo hechizado cortaba plátano, melón y fresas en un tazón.
Cuando Sam llegó agradeció el desayuno y se sentaron juntos a comer en la cama. Frente a frente, sentados a lo indio con el plato en el regazo y los vasos de jugo a un lado de la cama.
— ¿Y cómo te fue anoche con Dennis? —Albus no pudo evitar sonreír.
— Es un buen chico. —Dijo. —Y bueno, quedamos en que saldríamos para conocernos mejor. No novios exactamente, pero podemos acostarnos. —Una voz cantarina y feliz salió de su boca en esta última parte de la conversación y luego miró a Sam con una chispa en los ojos. —¿Y tú? ¿Qué me tienes que decir?
— Bueno, me enteré de dos…tres cosas. Extrañas y contradictorias. Y no sé si sentirme afortunado o desafortunado. —Albus tragó un buen pedazo de tocino.
— ¿Cómo qué cosas?
— Uno: Victoria es lesbiana; dos: tiene novia y también es modelo; Tres: No es tan lesbiana como dice o eso creo porque nos acostamos. —Albus se atragantó con el huevo y comenzó a toser desenfrenadamente. —Sí, así me sentí yo cuando me lo dijo.
— ¿Cómo pasó todo eso? —Preguntó tomando jugo.
Sam miró hacia arriba, le costaba hablar sobre eso, Al se dio cuenta.
— Ayer cuando me dejaste, pensé en sólo quedarme unos minutos más y luego irme. Cuando salía me la encontré fumando en el jardín. Odio a la gente que fuma ¿Sabes? Así que sólo me despedí por ser educado y ella me dijo que esperara. Dijo que quería platicar conmigo. Me pareció tan extraño que me dijera eso que miré hacia los lados para cerciorarme de que no le hablaba a alguien más. Ella se rió y me dijo que me sentara a su lado. Me dijo que se sentía sola y que quería hablar de cualquier cosa. Intenté hacerme el gracioso y le hablé sobre la granja de hormigas que tenía de niño, y ella me hablo sobre su labrador que se llama Naruto y su gato Sasuke. Y eso me pareció terriblemente gracioso, yo veía esa serie de niño. No estábamos ebrios, ninguno de los dos. Me preguntó sobre mi familia, pero ella no me habló de la suya. Dijo que hace mucho no sabía de ellos. Le pregunté por qué y me dijo que su padre le había echado de casa cuando se enteró de que era lesbiana.
Albus, que no había conocido a unos padres capaces de hacer eso abrió la boca como pez.
— Ya sé, es increíble, en pleno 2025. Y bueno me quedé impactado y en parte como que me resigné, dije, bueno, es lesbiana, que triste, definitivamente no era para mí. Y platicamos un poco más, me platico de su novia que estaba en Los Ángeles haciendo un trabajo para Vogue y que se habían peleado antes de que se fuera dos semanas atrás porque su novia quería hacer pública su relación y ella no. Y hablamos de más cosas, temas más felices, como su comida favorita y los lugares de Londres que más le gustaban. Después me pidió que le acompañara a casa y cómo soy un caballero lo hice. Llamamos un taxi y nos llevó a una zona donde los departamentos seguro cuestan más que la casa de mis padres en Bath y su auto juntos. Era enorme, bonito y moderno y me invitó a pasar. Platicamos un poquito más y yo ya quería irme, para lamer mis heridas principalmente, y ella de repente me besó. Y nos besamos, y nos besamos y nos besamos, hasta que me llevó a su habitación y lo hicimos, y fue maravilloso. Fue como si el tiempo se hubiera detenido para mí y pensé que era importante para ella porque era su primera vez con un hombre, ella me lo dijo, iba a ser la primera vez de los dos. Pero entonces, esta mañana me dijo que lo sentía y que tenía que irme, porque ella tenía novia y todo había sido un error. ¿Tienes idea de cómo me sentí Albus? Es como…como que sólo me usó Al, yo iba a respetarla Albus, me educaron bien, si una chica es lesbiana no la tocas, ni te le insinúas, no le faltas al respeto, pero ella, ella me hizo pensar que yo le gustaba. ¿Qué rayos haces cuando te pasa eso? —Dijo soltando una lagrima.
Se avergonzó y miró hacían un lado para después limpiarse aquella lagrima rebelde.
Albus miró su plato, él lo entendía. Sam había tenido la primera vez que él por mucho tiempo había fantaseado con Scorpius, una donde los dos se querían y eran el universo del otro. Pero había sido una mentira y ni siquiera eso porque Victoria jamás le había dicho que le quería o algo. Victoria había lastimado a Sam de una manera muy cruel pero no lo había hecho con la intensión.
— No debería ser tan gilipollas, ya me habían dicho mis hermanos como eran las chicas de Londres.
— No es que seas gilipollas, y tampoco que las chicas de Londres sean así. —Dijo poniendo su mano en la rodilla de Sam. —Es sólo que ella se sentía sola y tú estabas ahí. La soledad a veces hace que hagas tonterías. Estoy seguro de que ahora ella está muy avergonzada y culpable, no creo que sea de las personas que se anda acostando con cualquiera, pero lo cierto es que no debes esperar nada de ella.
— ¿Debo dejarlo pasar?
— Sería lo mejor.
— ¿Y qué pasa con lo que siento? Yo sí la quiero Albus.
— Sam, suena horrible lo que te voy a decir, porque yo lo sentía horrible cuando me lo decían. Pero me di cuenta justo anoche y creo que lo debes tomar en cuenta. El sexo no tiene nada que ver con el amor. Y de todos modos lo que tu sientas ella no lo va a poder sentir de vuelta. Ahórrate esa mierda. De verdad, no vale la pena. — Dijo llorando de repente. Se secó las lágrimas él también. —Créeme, sé lo que te digo.
o-o-o-o-o
Scorpius despertó, pero era un lugar que no reconocía. Estaba acostado en una pequeña cama y la habitación era color azul, un azul extraño, era oscuro, pero pasteloso, como opaco, le relajaba, pero a la vez le asustó no saber dónde estaba. Trató de levantarse, pero no podía. Se dio cuenta de que estaba amarrado, eran correas acojinadas que sujetaban sus pies y sus manos, y no sólo eso, de su mano salía una manguera conectada una bolsa llena de líquido que estaba sobre un palo de metal junto a la cama. Eso sí que le asustó y comenzó a moverse desesperado pues quería liberarse.
¿Dónde estaba? Eso no era San Mungo, estaba seguro.
Minutos después de comenzar su lucha vio una puerta y en ella una ventanita.
— ¡Por favor! —Gritó. — Sáquenme de aquí. Por favor. —En eso unos ojos se posaron en la ventanita. Esos ojos se entrecerraron y luego desaparecieron. —POR FAVOR, SÁQUENME DE AQUÍ. —Gritó desesperado comenzando a llorar, luchando con más fuerza.
Casí de inmediato apareció otro rostro en la ventanita y se escuchó el sonido de unas llaves. La cerradura cedió y la puerta se abrió y dio el paso una mujer mayor, bastante delgada y mayor de cabellera gris. Vestía una bata blanca sobre un traje sastre color azul marino que y llevaba una tabla con papeles en las manos.
— Hola querido. Tranquilízate por favor, tenemos que hablar.
Chan chan chan...
Bueno, tengo que decir una cosa, hace aproxiamadamente dos años que no escribo un lemon homosexual, porque de hecho hace dos años que no escribía una historia. Comencé esta historia como el Spin off uno de mis primeros fanfic después de una larga retirada pero ahora creo que vuelvo a las andadas, de hecho casi todo mi trabajo lo había hecho en otra pagina y exclusivamente yaoi, así que es super bonito volver a escribir sexo gay. Pero no estoy segura de como me quedó, repito, hace un montón que no escribía lemon homosexual.
Ahora sí, reviews
Sombra88: Como te dije, sí, muchas cosas malas les han pasado pero a partir de ahora Scorpius sólo va a ir para arriba. Hay luchas que no puedes hacer solo, y pienso que la doctora Elizabeth va a ayudarle mucho. Scorpius tiene muchos traumas que superar, además de la violación, como por ejemplo la muerte de su madre, la situación de celar a su padre, las expectativas de sus abuelos, de la sociedad, su alcoholismo, aceptar su homosexualidad. Él es un gran nudo de cosas sin resolver, no son cosas que desaparezcan por arte de magia y es algo que Draco sabe. Pienso que tomó una buena decisión. Ruego que no veas a Draco con malos ojos.
Christine C: Sip, una recaída, una gran recaída, pero cuando caes sólo puedes levantarte. Gracias por el review Chris. Besos. Me dices si te gustó el lemon...
Rebe Marauder: Hola Rebe, gracias por tu review nuevamente, y pues sí, Torres que se vaya al infierno, yo disfruto del teatro o de cualquier tipo de actuación, soy gran fan de la actuación del doblaje, y pues obviamente del cine. Espero que te guste este cap Rebe. Nos leemos
