Rehab

— ¿Quién es usted? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi padre? —Preguntó rápido y asustado.

— Soy la doctora Dolores Elizabeth Baker, psiquiatra. Estás en una clínica en Castle Combe.

— ¿Castle Combe? Eso es Wiltshire…

— Así es, sigues en Wiltshire. Tu padre te trajo inconsciente, llevas dormido seis días.

— ¿Seis días?

— Sí, al parecer tomaste una sobredosis de algo llamado sueño de las flores, tu padre asegura que es algo inofensivo pero potente. —Dijo revisando aquellos papeles.

— ¿Por qué estoy aquí?

— Tu padre…ha decidido internarte aquí.

— ¿Qué? ¿Por qué? —Dijo con lágrimas en los ojos. —Yo estoy bien, lo juro. Llame a mi padre, estoy bien. En serio, por favor llámele.

— Le voy a llamar, pero porque creo que deben tener una conversación. Sin embargo no será de inmediato, será un premio si su comportamiento es adecuado. Además, su padre le ha internado de manera que usted no podrá salir de aquí hasta que no se le dé de alta.

— ¡Soy mayor de edad! ¡No puede encerrarme aquí en contra de mi voluntad! —Gritó.

— Sé que ya cumpliste 18 y eso es ser mayor de edad en tu mundo y en el mío, pero según los papeles que tengo aquí tienes todavía 16 años, claro que también te llamas Hyper Green, así que no son muy fidedignos.

— ¿Hyper Green? ¿Su mundo?

— Hyperion Greengrass acortado, al parecer tu padre no quería que nadie se enterara de que estabas aquí. No sé a qué se dedique, pero al parecer las apariencias son muy importantes para él, lo cierto es que estaba muy preocupado por ti, creo que le has dado un susto de muerte. Y sí, mi mundo, por si no te has dado cuenta esto no es un hospital para magos, es una clínica de rehabilitaciones muggle.

— ¿Cómo es que usted sabe de la magia? No se supone que debiera ser así…

— Mi hijo era un mago igual que tú. Era un Hufflepuff. Murió hace 26 años en la guerra contra Voldemort, en la llamada batalla de Hogwarts, tenía la misma edad de tu padre. Eran compañeros según me dijo. Lo estoy haciendo como un favor.

— ¿Dinero? —Preguntó sonriente. — No puede haber otra razón. Sé bien que mi padre no hablaba con Hufflepuffs y que odiaba a los sangremuggle, es imposible que usted le esté haciendo un favor.

La mujer sonrió.

— Tienes el mismo carácter ácido de tu padre, eres difícil de pelar pero por dentro no eres más que un chico amable al que le han hecho mucho daño. Por eso soy completamente franca contigo, tu padre era un paciente al que tenías que hablarle de manera directa porque sino, no entendía las cosas. No era un hombre de sutilizas.

— ¿Paciente? ¿Mi padre fue paciente de esta clínica?

— Estuvo internado aquí cerca de 4 meses. Tenía muchas ganas de salir. Iba a casarse y tenía un problema con el alcohol muy fuerte derivado de los traumas de la guerra, y que obviamente la novia no quería cerca. Incluso conocí a tu madre. Venía a verlo los fines de semana. Ya entonces vivía en Malfoy Manor, al parecer al comprometerse su familia le dejó tirada.

— Según lo que me dijeron, mis abuelos maternos creían que mi padre no era el mejor prospecto. Nuestro apellido no estaba en su mejor momento.

— No lo estaba ciertamente, mi Jonathan me platicaba mucho durante los veranos, me contaba sobre todas estas tensiones y distinciones por la sangre. Cuando tu padre llegó aquí ciertamente estuve a punto de negarme. Pero hice un juramento más importante que mi hijo, más grande que cualquier rencor que mi corazón pudiera tener.

— ¿Un juramento?

La mujer se irguió y levantó la mano y la cabeza adoptando una expresión respetuosa.

— Juro solemnemente consagrar mi vida al servicio de la humanidad. Mostraré a mis maestros el respeto y la gratitud que se merecen. Practicaré mi profesión con consciencia y dignidad. La salud de mis pacientes serán mi primer objetivo. Respetaré los secretos que se me confíen aún después de morir el paciente. Mantendré por todos los medios a mi alcance el honor y la noble tradición de la profesión médica. Mis colegas serán mis hermanos. No permitiré que conmiseraciones de edad, enfermedad o discapacidad, religión, origen étnico, sexo, raza, partido político, nacionalidad, orientación sexual, nivel social, ni ninguna otra se interponga entre mi deber y mi paciente. Tendré máximo respeto por la vida humana, no usaré mis conocimientos médicos contra los derechos humanos, ni las garantías constitucionales, ni bajo amenazas. Hago este juramento solemnemente, libremente y por mi honor.

— Es un juramento muy…bonito

— Es el juramento hipocrático. Lo hacemos todos los médicos y he tenido que recordármelo a mí misma más de una veintena de veces. Ha sido este juramento lo que ha guiado mi proceder y lo que permitió que me diera el tiempo de conocer a tu padre, verlo como en realidad es.

— Pero ¿Por qué estoy aquí? Porque no solo encerrarme en la Janus Tickey.

— Estoy segura de que en San Mungo hay médi-magos, creo que les dicen, muy capaces, pero lo que tienes tú no se cura con magia.

— No estoy enfermo.

— Tu padre dice que sufres de alcoholismo, y no sé cómo lo ven los magos, pero en el mundo muggle es una enfermedad. Una del sistema nervioso.

— Ni siquiera soy alcohólico y no sé qué coño es el sistema nervioso.

— Las mismas preguntas que tu padre. —Miró al cielo pidiendo paciencia. — ¿Es que a ustedes los magos no les enseñan nada en esa escuela suya?

o-o-o-o-o

Dos semanas después de haber establecido algún tipo de relación, Albus podía decir que un noviazgo no estaría nada mal si todos los noviazgos eran como lo que tenía con Dennis.

Albus no tenía abiertos los ojos pero podía sentir.

Estaba sentado en la cama y tenía a Dennis encima besándole en los labios. Se supone que ya tenía que irse. Algo de ayudar a limpiar la casa de sus abuelos o algo así había dicho. Pero se estaba quedando más tiempo, ya habían pasado como 10 minutos desde que supuestamente se tenía que irse y hubieran pasado más de no haber sido por alguien tocando a la puerta. Se separaron algo molestos pero Dennis revisó su teléfono y maldijo por la hora. Cogió sus zapatillas y se las colocó camino a la puerta.

Cuando la abrió ahí estaba Sam que llevaba una bolsa de plástico llena de paquetes de comida y se miraron sólo por unos segundos.

— Hola, Sam. Adiós, Sam. —Dijo Dennis yéndose rápido por el pasillo.

— ¿Se quedó aquí anoche? —Preguntó Sam cerrando la puerta con su pie y caminando hacia la ventana donde estaba la mesita.

— Dice que le gusta estar aquí.

— Una amiga de mi hermana mayor decía lo mismo. Era porque su papá le pegaba a su mamá. Pero no creo que aplique aquí, porque vive abajo.

— Igual no creo que sean ese tipo de familia.

— No, se ve más del tipo que viene de una familia desunida a la que le importa un cuerno si no llegas las pocas veces que van a estar juntos.

— ¿Estás enojado por algo? Por qué si es así, no te voy a decir que te vayas al carajo de aquí porque mi deber como amigo es escucharte, pero sí te voy a pedir que modules el tono. — Dijo levantándose con pereza y fastidio de la cama.

— Lo siento. Mucho me ha pasado entre ayer y hoy.

— ¿Cómo qué? Ayer te dejé practicando tu solo de canto en los cubículos ¿Aún no das la nota? Preguntó, pues Sam se frustraba mucho de no poder dar notas un tanto agudas por tener la voz gruesa.

— ¿Qué? No, sí, sí la di. —Empezó a acomodar en la mesita la comida japonesa que había comprado en un restaurante pop up. Sólo tengo que practicar más, afianzarla y gracias a dios tengo una semana. A veces te envidio, tú tienes talento natural para el canto.

— Tú me barres en la pista de baile. Dios da y Dios quita. Sacó un cartón de jugo y lo dejó en la mesa para después ir por los vasos. ¿Pero qué es lo que te tiene tan enfadado?

— Victoria.

— Ohhh…¿Qué? ¿Te hizo algo?

— Ayer cuando practicaba…ella se ha venido hasta mi cubículo y se ha burlado de que no había dado la nota, entonces me sonrió, como ella lo hace siempre y me dijo que me ayudaría, entonces empezó a tocar el piano esperando que yo siguiera cantando.

— Y lo hiciste. —No era pregunta.

— Y lo hice. Y estuvimos practicando hasta que di la nota. Y luego me miró, me miró como esa noche. Y nos besamos. Parecíamos un par de sanguijuelas y después ella se enojó de la nada y me dejó. Es que no la entiendo, joder. No me resulta nada agradable lo que ella hace. Me toma, me usa y me tira. ¿Qué clase de persona hace eso?

— Después de desayunar deberíamos practicar los ejercicios de concentración con las palmas. —Sam le miró a los ojos como suplicando que le entendiera, que entendiera su dolor, pero la cara inescrutable de Albus lee hizo desistir.

— Eres una perra sin corazón…

— ¿Qué puedo hacer? —Dijo mirando al piso apuntando al suelo con la palma abierta, como señalando algo obvio. Y por supuesto Sam siguió la mano con la mirada. —Se me cayó y se rompió ¿No lo ves?

Sam le miró serio. Luego se rió.

— Eres un idiota. —Dijo riéndose, pero Albus sólo sonreía con la boca, no con los ojos.

Lo había dicho en forma de broma, pero él se sentía así, como sin corazón, o más bien con un corazón triste, ya no lloraba, ya no pensaba en él cuando se encontraba sin quehacer, pero se sentía vacío.

Iba por la vida buscando razones para sonreír, pasándola bien con Sam, trabajando su expresión corporal, bailando, cantando, besando y follando a Dennis hasta el cansancio, mirando a otros chicos discretamente, pero siempre estaba ahí la sensación de que estaba besando a la persona incorrecta, de que miraba a personas indignas.

Estaba ahí, esa constante sensación de vació.

Un vacío que no podía llenar con nada.

Su corazón se había caído y se había roto y él sólo estaba tratando de coger los pedazos, pero no embonaban, y hacían falta piezas, se habían escondido en algún lugar del suelo, quizá estaban bajo la cama de Hogwarts o las habían barrido los elfos, otras tantas se habían vuelto polvo y por lo tanto habría resquebraduras, aunque lograra pegarlos.

o-o-o-o-o

— ¿Cuándo va a venir mi padre? —Dijo Scorpius entrando a paso fuerte en el despacho de la doctora Elizabeth.

— Cuando yo lo autorice. Será el premio de tu colaboración. No has querido comenzar tu tratamiento y me temo que no podemos seguir atrasándolo.

— No tengo porque contarle nada a nadie.

— Sí, bueno, me temo que mi trabajo es hacer que lo hagas y cómo pudiste ver no puedes salir por la puerta o las ventanas debido a la barrera mágica que puso tu padre alrededor de la institución. Además, aunque pudieras salir de aquí no tienes ni varita, ni dinero. No podrías volver a casa. —Dijo con una sonrisa burlona la mujer. — Me siento confiada en que pronto hablaras.

El joven Malfoy apretó la mandíbula y entrecerró los ojos y se fue.

Elizabeth suspiró.

— Igualitos los dos. —Dijo para volver a checar sus escritos.

o-o-o-o-o

— Moco. —Dijo Dennis.

— Perro. —Le siguió Albus.

— Gato. —Dennis.

— Avión. —Albus. Y así sucesivamente. Era la clase de técnica dramática.

— Avon. —Eran simples calentamientos en pareja de improvisación.

— Mierda. —Sobre el escenario no puedes estar callado o sin hacer nada.

— Sonoridad. — El tiempo muerto no existe.

— Somnolencia. — El público se aburre si no pasa nada.

— Gamberrada. — Gestos o palabras sin sentido.

— Austeridad. —No puede haber silencio. No puede haber falta de acción.

— Burro.

— Conejo.

Y así, sucesivamente, frente al profesor, frente a los demás alumnos.

— Basta, muy bien. —Dijo el profesor Matthew. El de lentes. —Barbie, tú con Sam. Nivel 3: frases completas.

Bárbara, una chica morena, culona (Y por lo que todo el mundo había visto, una mujer muy liberada) que siempre utilizaba lápiz labial color carmín se paró alegre frente a Sam y comenzó.

— El sol está brillando.

— Muy raro en Londres ¿No es cierto?

— Pero aun así siento frio.

— ¿No traes chaqueta?

— La he olvidado en casa.

— Está lejos.

— No me preocupa. Traigo automóvil. —Sam respiró pero sólo para pensar. Punto menos. La dificultad con este ejercicio es que la gente se corta por falta de habilidad mental o por miedo al ridículo.

— ¿Aquél rojo tan bonito? — Dijo al fin.

— Así es, que bien que te fijas.

— Imposible no fijarse. Es lindo. — La chica sonrió.

— ¿Te fijas en mi o en mi "coche"? — Sam sonrió. La clase entera lo hizo, excepto Victoria. Algo que no pasó desapercibido por Albus.

— Ambos están bien.

— Te lo presto.

— ¿Tu o el coche?

— Ambos están bien. —Todos rieron.

— Basta, chicos, parece que no les falta habilidad para ligar aquí ¿Eh? Collins, Damon, siguen ustedes.

— He olvidado la cartera. —Dijo Collins con muy poca imaginación, la chica a la que no le gustaba su nombre. Y eso le molestaba un poco a Albus, se llamaba Danielle, él se llamaba Albus Severus. Era el colmo de los colmos.

— No voy a prestarte. —Dijo Damon con expresión de irritación.

Y así siguió la clase. Bueno, no exactamente así porque después vieron algo de teoría y Matthew dejó de tarea que practicaran los ejercicios de palmadas para aumentar la concentración y les hizo el aviso de que la clase siguiente practicarían las 6 emociones básicas a profundidad. Ya las habían visto, pero obviamente no a todos les salió bien. Aparte de que es algo que se tiene que practicar todo el tiempo.

Ese día era miércoles y tenían que ir con Victoria a arreglar unos asuntos. El lunes habían firmado unos papeles después de una larga, larga conversación con el abogado de Victoria y les presentaron a sus agentes, el de Albus se llamaba George, un señor con presencia bastante común de unos 40 años y la de Sam era una chica que se llamaba Evelyn de veinte y muchos o treinta y pocos, tenía el cabello color chocolate y con luces; ambos parecían personas muy capaces. Y les dijeron que tenían que hacer unas pruebas y una sesión de fotos para hacer un Book.

Al principio Sam no quería, para no involucrarse con Victoria pero Albus le convenció de que era una oportunidad que no podían dejar ir.

— Las mujeres van después de hacerse un nombre. Todo por el Oscar. — Había dicho con magnificencia. Sam se rió. Estaba empezando y ya quería un Oscar. Eran jóvenes.

Los llevó al mismo edificio de antes, pero ahora en vez de ir a la parte de hasta arriba se quedaron algo así como entre los pisos intermedios. Fueron separados indudablemente, cada quién tenía un tercio de personas encima que los desvistieron y los toquetearon con extrañas herramientas.

Sam juraba que estaba siendo abducido por aliens. Albus, que no sabía lo que era un alien, juraba que estaba siendo utilizado como parte los experimentos de algún mago tenebroso pero al final. Vestidos, peinados y maquillados llegaron a la conclusión de que era mucho peor.

Habían sido raptados por chicas y un afeminado.

— Mi padre va a desheredarme. Dijo Sam mirándose al espejo. Estaba muy guapo con aquél traje blanco con corbata lila que le habían puesto. No era, por supuesto, algo que él habría elegido.

Albus se miró de espaldas tratando de ver la mayor cantidad de cuerpo posible. Llevaba un traje negro con pantalones cortos ¿A quién diablos se le había ocurrido eso? ¡UN TRAJE CON PANTALONES CORTOS!

— ¿Así se me ve el trasero? Está enorme. —Por otra parte, tenía muy buenas piernas, gruesas y musculosas. Lo único que le horrizaba era que se las habían depilado. Todo su masculino bello corporal había desaparecido.

— No lo tenías así, te creció con el baile. — Dijo Sam, que seguía horrizado por llevar color lila. —Estoy seguro de que en parte fue eso lo que impulsó a Dennis dar un paso hacia adelante. Los chicos gay mayores estaban comenzando a verte como hienas hambrientas.

— ¿En serio? —Preguntó con una sonrisa en el rostro.

— ¿No te has dado cuenta?

— No, te lo juro.

— Por el amor de Jesús Cristo, si hasta Oscar quiere enterrartela.

— ¿En serio? —Preguntó sonrojado. El profesor de baile era su fantasía sexual favorita. Albus podía jalársela toda la semana pensando en él sin problemas.

— Albus, tú nunca te das cuenta de nada. Y de todos modos, ya tienes novio. Porque es tu novio ¿no?

— Bueno, sí, algo así, no sé lo que somos, sólo sé que nos va bien así.

— Deberías preguntarle.

— Ya, después…

— ¿Albus Potter? por aquí. —Le dijo un tipo con el cabello largo, grandes lentes cuadrados de pasta, y vestido de blanco. Y se lo llevó hacia una habitación. Lo último que vio del exterior fue a un hombre mayor vestido de negro llevándose a su amigo a otra habitación.

En esa habitación había un montón de luces, ventiladores y paraguas plateados. Albus no sabía lo que eran muchas de las cosas que estaban ahí y se sentía extraño, el fotógrafo comenzó a darle un montón de indicaciones extrañas. Se contradecían a veces y para él era difícil seguirlas. El hombre, llamado Richie, era comprensivo, ya le habían comunicado que era su primera sesión de fotos, pero se veía bien que era de paciencia corta así que Albus estaba dando su mejor esfuerzo.

Albus respiró, y cerró los ojos tratando de recordar sus clases con Kate, Matthew y Oscar.

Para dar presencia en un escenario tienes tres factores principales, el cuerpo, la voz y la imaginación.

En el modelaje y el baile se elimina la voz, así que tienes que dar un extra en los otros dos factores para comunicar.

El personaje no eres tú.

El personaje no eres tú.

Tú cuerpo sólo es lo que el director te pida que seas.

Te mueves como él te dice que lo hagas.

A la velocidad que él te dice que lo hagas.

Y dejas de ser tú.

Tu cuerpo ya no es el tuyo.

Tu cuerpo es un envase.

Tu rostro ya no te pertenece.

Le hicieron seis cambios de ropa y de fondos.

El segundo conjunto fue muy juvenil y colorido, hasta se podría decir que infantil, tenía que sonreír mucho y Richie incluso le contó algunos chistes que sí le sacaron carcajadas. Una que era juvenil, pero tenía como concepto más…no sabía cómo describirlo ¿empollón? Era algo que Scorpius usaría si fuera muggle, otra que ni loco usaría en Londres, no por rara, sino por descubierta, además era como de plástico amarillo, también un conjunto deportivo como los que usaba para las clases de baile, era color azul, le cambiaron el cabello a uno más rebelde que de hecho le recordaba el pelo anarquista de su padre y le pusieron jeans y chaqueta de cuero, lo complementaron con unas gafas de pasta cuadrada, el concepto era nerd is the new rude and sexy y finalizó con ropa interior...

Eso fue raro, no se lo esperaba, al principio tenía que mantener el rostro serio, mostrar seguridad e imponencia, también tenía que ser sexy, tenía que vender la ropa de forma en que la gente que la comprara pensara que así se iban a ver ellos sí consumían esa marca.

Luego, llevaron una cama con sábanas blancas y Richi ya no gritaba las instrucciones, ahora las susurraba, con un tono sexy y juguetón que llegaba acariciando sus oídos provocándole sonrisas ladinas que Richie capturó, una a una.

Durante la sesión Albus se maravilló con la profesionalidad de Richie, éste le fotografío de varios ángulos, incluso se subió en la escalera y también tomó desde el piso. No sabía que los fotógrafos hacían eso.

Salió como a las tres horas del estudio junto con todo el personal de ese estudió. Casi instantáneamente vio que Sam salía del otro estudio junto con Victoria. El fotógrafo hablaba con ella y se despidieron de buen agrado.

Sam le vio y caminó hacia él.

— Albus. Dios, pensé que no acabaríamos nunca.

— A mí me gustó. Richie es amable. — Dijo.

— Las fotos estarán listas en unos días. —Les dijo Victoria. —Les entregarán su Book con sus fotos propiamente pasadas por Photoshop. Albus asintió, aunque no sabía lo que era eso. — Estoy segura de que no necesitarán mucho arreglo, ambos son muy guapos, y el baile que hacemos ha hecho que tonifiquen sus cuerpos. Tengo hambre ¿Quieren ir a comer? —Ambos se miraron y asintieron más por educación que otra cosa, estaba claro que Sam se sentía incomodó pero no podían hacerle un desaire a una chica que les estaba haciendo un favor profesional tan grande.

Ella los guió por varias estaciones del metro hasta llegar a una zona muy a la moda, llena de gente que se veía que tenían poder adquisitivo mucho más grande que ellos. Entraron a un lugar llamado Veggie Vegan. A Albus le pareció un nombre chistoso y el lugar bastante elegante comparado con Ding Dong China y le siguió pareciendo chistoso hasta que vio la carta.

— ¿29 libras una ensalada? ¿De dónde traen la lechuga? ¿Del polo sur? —Preguntó sorprendido en voz baja hacia Sam, completamente escandalizado. — Joder ¿No hay aquí Sándwich de pollo? Preguntó revisando la carta. —Entonces tanto Sam como Victoria comenzaron a reírse.

— Es un restaurante vegano Albus. —Dijo la chica.

— ¿Y no tienen Sándwiches de pollo en los restaurantes veganos? — Los chicos se rieron hasta que comprendieron que, efectivamente, Albus no sabía que era un restaurante vegano.

— Albus, en los restaurantes veganos no venden carne o ni comida con cualquier derivado de los animales. —Le explicó Sam. —Venden comida preparada con verduras, frutas, semillas y sustitutos. Usan leche de soya o de almendras, queso de almendras, carne hecha de tofu o soya.

— A ver. —Dijo dándole vuelta a la carta. —Aquí dice tarta de chocolate. ¿Explícame como hacen pastel sin leche o huevos?

— Ya te lo dijo Sam, los veganos usamos sustitutos.

— ¿Usamos? ¿Tú eres vegana?

— Ajá.

— ¿Por qué?

— Pues porque es lo correcto. Nosotros no necesitamos consumir animales, ni ningún producto de derivado de los animales. Ellos no tienen que sufrir sólo para alimentarnos o vestirnos. Es muy egoísta.

Albus la miró como si Lord Voldemort fuera un unicornio bebé y ella la más grande de las aberraciones.

— ¿Entonces no comes carne?

— No.

— ¿Entonces cuando te invitamos a comer a Ding Dong China en realidad dijiste que no por eso?

— Así es.

— Que educada y mentirosa. Y dime ¿Cómo puedes vivir así? En el hipotético caso de que nos fuéramos a volver amigos, ni siquiera podría llevarte a mi casa. A mi abuela le daría un ataque al conocerte. La ensalada lleva jamón o tocino. ¿Te sientes bien siendo la persona incomoda de la familia?

— Mi madre es vegana y además llevo tiempo siendo la persona incomoda de la familia. —Dijo dándole una rápida mirada a Sam. En la mesa se instaló un silencio incomodo hasta que llegó el mesero y Albus pidió Ravioles con queso de almendras y espinacas. Sam una ensalada de fresa y Victoria una lasaña de lentejas.

— No sabe mal, pero el queso no sabe a queso. — Dijo al fin. Victoria sonrió levemente. Se notaba triste mientras jugaba con su comida.

Al final se despidieron de la chica y tomaron una línea de metro diferente.

— ¿Te fijaste que casi no comió?

— Era una lasaña de lentejas.

— Lo digo en serio Albus. Ella no comió. Las porciones son pequeñas pero ella soló tomó algunos bocados y después se la pasó moviendo la comida de un lado al otro.

— ¿Y eso está mal? Tal vez se le quitó el hambre.

— Es malísimo Al ¿Qué no lo entiendes? Dios, eres desesperante.

— Cálmate y explícame ¿Qué es lo que no entiendo?

— Tiene un desorden alimenticio. — Albus le miró sin comprender y Sam leyó la ignorancia en su gesto y le agarró por los hombros.

— ¿Puedo preguntar qué cosas te enseñaban en ese internado escoces? porque veo claramente que no tienes idea de lo que estoy hablando.

Albus tragó en seco. Miró al suelo. Por Herpo el loco, se había metido en una gorda.

— Era un…colegio religioso. No nos enseñaban esas cosas. — Dijo repitiendo una de sus clases de Estudios Muggles. Según él, en ese tipo de escuelas el sexo era tabú pero supuso que también se extendía a otro tipo de cosas. Sam lo soltó y miró hacia un lado.

— Debiste sufrir mucho…un colegio religioso no es el mejor lugar para un chico homosexual. —En verdad parecía apenado por él.

— No lo era. —Dijo pensando en Alex Torres. Su rostro se tornó tan triste que Sam le dejó pasar la ignorancia. Entonces comenzó a caminar rumbo a casa de Albus.

— Bien, un desorden alimenticio es cuando se tiene una severa obsesión con el peso corporal, la gente se siente insatisfecha con su aspecto y pueden dejar de comer por largos periodos de tiempo o comer mucho y vomitar. —Albus comenzó a seguirlo. —Ese tipo de conductas son muy peligrosas y dejan severas consecuencias físicas y psicológicas. Deforman la percepción que uno tiene de su propio cuerpo, te puedes mirar en un espejo y verte como una ballena cuando en realidad pesas 40 kilos. También los hay donde la gente come demasiado, lo hacen por ansiedad, para llenar vacíos emocionales…

El resto del camino Sam le dio toda una catedra de los desórdenes alimenticios, sus nombres, sus síntomas, lo difícil que era la recuperación y su preocupación por Victoria, pues según él, la industria de la moda estaba plagada de chicas con estos desordenes.

Albus se quedó en la cama pensando en todas las cosas del mundo muggle de las que no sabía, de lo triste que era que una chica como Victoria tuviera ese tipo de enfermedades siendo que era tan guapa y talentosa y del buen corazón que tenía Sam.

Sam era una persona para atesorarse. Pocas personas le habrían mostrado preocupación al ver que no conocía conceptos básicos de la educación primaria muggle y no sólo eso, sino que se dispuso a enseñarle.

Cosas como la anorexia o la bulimia no existían en el mundo mágico, ellos comían mucho y con mucha azúcar pues la magia consumía mucha energía, y tampoco se preocupaban mucho por su aspecto, sólo había que ver las mesas de Hogwarts durante las comidas y el hecho de que la mayoría de los chicos se conformara con estar limpios para impresionar. Las chicas sólo utilizaban maquillaje en ocasiones especiales y muchos usaban productos de higiene comprados en boticas, entre ellos esencias de hierbas para usar como perfumes.

Suspiró y cerró los ojos pensando en el dulce olor a moras del jabón de Scorpius y en su perfume de hierbas y especias. De cómo olía su cabello después de la ducha. De cómo olía su piel mientras dormía calientito a su lado y de cómo olía la almohada cuando se levantaba.

— Voy a volverme loco. — Dijo al darse cuenta del tren de sus pensamientos que sin duda llevaban destino hacia el sur.

Esa noche Albus hizo algo que no había hecho desde hace meses. Pensar en Scorpius mientras se tocaba. En el color de su piel, en su cuerpo mientras tomaban la ducha juntos o cuando lo veía cambiarse en los vestidores de quidditch, en su sonrisa, en sus labios, en sus ojos, su nariz perfecta e incluso sus orejas algo grandes.

Cuando terminó ni siquiera se molestó en limpiarse, embarró su semen en su abdomen y su pecho y meditó. Meditó porque no sabía ya cómo es que no podía quitarse a Scorpius de la cabeza, ni siquiera sabía cómo es que había terminado pensando en él. Y aunque se lo negaba, claro que lo sabía.

Sam era como Scorpius. Era bueno, intrínsecamente gentil e inteligente. Claro que no sentía atracción alguna hacia Sam, de hecho pensaba en él más como un hermano y era mucho mejor porque él lo había elegido, se habían elegido mutuamente para ser hermanos en una ciudad atemorizante que ninguno conocía bien. Era una clara división, Scorpius siempre había sido su amigo, Sam también era su amigo, pero el sentimiento hacia ambos era muy diferente. Desde el principio Scorpius le había hecho sentir cosquillas en el estómago, era simplemente que era muy niño, no lo entendía y ahora, ocho años después se daba cuenta de que había confundido sus sentimientos.

Llevaba ocho años enamorado.

¿Qué tan patético te hacía eso?

o-o-o-o-o

Scorpius entró al consultorio, vestido con un suéter café un pantalón de chándal gris. No combinaban, pero no se veía mal. Estaba despeinado y ojerosos.

— ¿Y bien? — Dijo la doctora Elizabeth sentada como siempre en su silla.

Scorpius se acostó en el diván.

— Ahora tengo que hablarle sobre mi patética existencia ¿No?

— Sería lo mejor, aunque no me gusta que te refieras a ti como patético. ¿Dime, porque crees que eres patético?

Scorpius miraba hacia el techo, el sólo sabía que quería salir de ahí y no saldría de ahí sino hablaba, quería ir a su casa, quería ir con su padre, hablar con sus abuelos.

— No sé…—Dijo comenzando a llorar. —Sólo sé que lo soy ¿Vale?

Scorpius casi no dijo nada y pasó cerca de una hora llorando sorprendiéndolo incluso a él mismo. Antes había llorado y había llorado bastante, pero esta vez ya no sentía que lloraba por lo que le había hecho Torres, sino que lloraba por algo más y él no sabía qué era pero la doctora estaba ahí. Con él. Y le daba pañuelos para limpiarse la nariz. Permanecía en silencio, pero estaba ahí y él sabía que ella no se iría.

o-o-o-o-o

Al otro día, esta vez con un suéter azul cielo pero los mismos pantalones de la vez anterior, Scorpius se sentó en el diván con más calma aunque no sabía bien de qué hablarle. La mujer pareció saberlo y le puso una mano en la rodilla sobresaltándolo un poco. Scorpius la miró, ella le veía fijamente con unos ojos azules inquietantemente claros.

— Dime Scorpius. ¿Cómo es?

— ¿Cómo es qué?

— La magia. —Dijo ella con una sonrisa dulce.

Scorpius de pronto no supo cómo explicarse. La magia era algo que había estado con él siempre.

— La magia es…no sé, una energía, es preciosa, no sé cómo describirla, usted nunca ha tenido magia y yo nunca he estado sin ella. No se puede contrastar. Es una energía que recorre el cuerpo y que viaja desde los pies hasta la punta del pelo. Cuando tocas una varita te hormiguean los dedos y lo mismo pasa con los labios cuando pronuncias un hechizo, aunque sea no verbal. Tampoco se puede contabilizar. Es como…es como vida y tiene colores y presencias. —Dijo emocionado.

— ¿Colores? ¿Los hechizos tienen colores?

— Sí, algunos, pero no me refiero a eso. Me refiero a que la magia de una persona tiene colores y una especie de firma como de consistencia, siento que tiene que ver con las personalidades del mago y de su varita. Cuando veo a un mago hacer hechizos puedo ver la magia salir, también puedo ver los residuos que deja la magia.

— ¿Puedes verlos? Jonathan nunca me habló de eso.

— No todos pueden hacerlo…y es raro, en la familia de mi padre no es una habilidad común, pero supongo que en la de mi madre sí, una vez ella dijo que mi padre tenía una magia preciosa. Es como azul cielo, y es cálida y nebulosa. Es como la mía, la de Albus es más parecida a la de mi abuelo, como ver un montón de destellos verdes. Energía pura corriendo. La de mi abuela es color dorado, tiene el mismo color que la del padre de Albus.

La mujer sonrió y Scorpius se dio cuenta de que estaba hablando de personas que no conocía.

— ¿Cómo son tus abuelos Scorpius?

Scorpius movió sus ojos, como acordándose de cosas y ordenando lo que iba a decir.

— Mi abuela es una señora. No cualquier señora, es LA señora. Ella me enseñaba matemáticas y geografía cuando era pequeño, también me enseñaba modales y a comer queso, eso es muy importante, no tiene idea de las salvadas que te puede dar el hecho de saber sobre quesos en la alta sociedad. Es muy guapa y elegante, siempre deslumbra a la gente con sus vestidos y joyas, es muy propia cuando habla, incluso es capaz de dejar en ridículo a la gente sin siquiera decir ofensas o algo así.

— Es como una bofetada con guante blanco. —Dijo la mujer. —Scorpius lo pensó un momento y asintió, sí, así era su abuela. — ¿Y cómo es tu abuelo? —Scorpius se incomodó un poco y miró hacia el cielo, pero no buscando palabras, esas ya las tenía. Lo que no tenía era entereza para decirlas.

— Es como perfecto. —Dijo después de un tiempo.

— ¿Perfecto?

— Sí, es que…él es un Malfoy, él es todo lo que los ideales que un Malfoy representa, es decir, todo el mundo, bueno, sólo en Gran Bretaña piensa que está loco, que es peligroso, malvado y que es un criminal. Pero en casa es…es como si uno nunca pudiera estar a la altura. Cuando entra a alguna habitación es como si trompetas tocaran para él. Tiene una mirada que te hace sentir muy pequeño, cómo si tú no supieras nada y él sí. Y se la pasa leyendo, le gusta mucho leer, me lo inculcó mucho, él me enseñó a leer y escribir, también me enseñó historia y bueno, luego está la habitación…—Dijo esto último un poco decaído.

— ¿Qué habitación Scorpius?

— Hay una habitación, justo a un lado de su oficina. Es una habitación llena de trofeos que ganó en Hogwarts, copas de la casa y copas de quidditch, también tiene trofeos de concursos interescolares de encantamientos e incluso tiene unos al premio de la mejor mandrágora y al mejor lazo del diablo en concursos de jardín locales. Yo solía entrar con él y verme reflejado en las copas de oro. Y después, cuando crecía me fueron dando pesadillas, él me decía que yo tenía que ser mejor que él, que tenía que superarle, y yo soñaba…que las copas se multiplicaban y caían al suelo y me ahogaban. Era horrible, y no se crea, con el tiempo supe que significaba y sabía que no debía ofuscarme por tratar de ser mejor, que aún así mi familia me quería, aunque sólo fuera un patoso chico tartamudo y nervioso. Sin embargo no puedo evitarlo. Llegué a un punto en que lo intenté todo para dejar de ser un fracasado y dejé muchas cosas de lado.

— ¿Cómo qué cosas?

— Como estar con mi padre. Él se puso a dar clases para pasar tiempo conmigo, pero yo estaba tan ocupado haciendo otras cosas, el quidditch, sacando las notas, pasando el rato con mis compañeros, haciendo mis trámites vía lechuza para la universidad. Quería ser el tío guay y responsable al mismo tiempo, lo quería todo y dejé que el tiempo pasara.

— ¿Te arrepientes?

— Sí. Ahora está en casa pero trabaja todo el rato, no puede estar conmigo porque tiene cosas que hacer y yo no aproveché el tiempo que nos estaba dando a ambos. —El rubio comenzó a tensarse y la mujer lo notó.

— ¿Quieres hablarme de algo más Scorpius? — El chico negó.

— Quiero retirarme a mi habitación.

— Está bien, puedes retirarte. —Scorpius se levantó, pero antes de salir se recargó en el marco de la puerta.

— ¿Puedo preguntar porque estoy aquí por "alcohólico" si no estaba borracho cuando llegué? No he tomado en meses. ¿Además qué relación tiene hablar con dejar de beber? Es algo que no entiendo.

La mujer sonrió.

— Te lo diré sólo porque eres de los pacientes que menos trabajo para comprender las cosas tienen. Verás, los alcohólicos se dividen en cinco grupos. — Levantó la mano para que viera los cinco dedos. —No te voy a decir en que consiste cada grupo, sólo te diré el que concierne. Tu grupo es el alcohólico tipo Beta, el grupo beta consiste en bebedores sociales que consumen esporádicamente, no son dependientes de la sustancia, pero que consumen mucho hasta llegar a tener resacas, mareos, lagunas mentales, sin embargo por ser sólo bebedor social no creo que tengas que pasar por los doce pasos, además de que los doce pasos involucran la creencia en un poder divino y como traté antes a tu padre sé que ustedes no practican ningún tipo de religión. Tu abuelo hizo algunas anotaciones aquí. —La mujer levantó unos papeles. — Dijo que solías desaparecer las botellas cuando ibas a visitar a tu amigo Albus, que es algo de lo que tenemos que hablar después, pero beber con amigos no es nada anormal considerando que eres joven, por eso no lo tomó como algo preocupante, pero tú situación cambió.

Scorpius frunció el entrecejo y tensó la mandíbula.

— Tú sabes a qué me refiero, sé que no estás preparado para decirlo, pero a partir de ese incidente te volviste inestable, tuviste un intento de suicidio y después, aunque no era una sustancia mortal, la consumiste hasta quedar dormido por varios días. Y ahí es cuando entra el problema. Estabas ansioso por consumir algo que te hiciera sentir mejor, que te hiciera olvidar, que te desconectara del mundo. Ahí es cuando un simple bebedor social se convierte en un bebedor crónico, ahí es cuando se desarrollan las adicciones, que es lo que yo trato en este lugar. Scorpius, las adicciones no se quitan sólo dejando de consumir por largos periodos de tiempo, las adicciones son sustitutos para llenar vacíos emocionales, nosotros odiamos sentirnos débiles, por eso los ignoramos, pero estos vacíos se vuelven la mayor debilidad emocional posible.

— ¿El tratamiento busca llenar vacíos? ¿Para eso tenemos que hablar?

— Las cosas suenan diferentes cuando salen de tu boca, les prestas atención y les haces reales. El tratamiento hace que te conozcas a ti mismo, a que te quieras a ti mismo, a que tú mismo rellenes tus propios vacíos. No completamente, no, hay heridas muy profundas que no se pueden curar aunque pases años encerrado en clínicas de rehabilitación. Pero puedes hacer el intento en mejorar lo más posible.

— ¿Cómo fue que papá lo hizo? Yo…me siento tan débil, todo el tiempo, tan triste, enojado. Ni siquiera sabía que se podía sentir tantas cosas al mismo tiempo.

— Él pensaba mucho en tu madre y en cómo sería su vida juntos. Él sabía que no podía estar con ella si no dejaba de beber. Pero no es para poder complacer a otros que dejamos de beber. Aquí tu padre se encontró a sí mismo, se perdonó por muchas cosas que había hecho, aunque las hubiese hecho por temor, se desligó del qué dirán y se abrazó a la felicidad que estaba por venir con la mujer que amaba, con los amigos que le quedaban, con sus padres por los que estaba agradecido de conservar.

— ¿Eso significa que yo volveré a ser feliz? Aún después de lo que me pasó…

— Hay heridas que dejan cicatrices. Pero dejan de doler…y entonces uno se da cuenta de que la tristeza y el enojo no sirven para nada, tú no tuviste la culpa, es algo que debes repetirte a ti mismo. No tuviste la culpa. Debes aceptarlo, debes perdonarlo, debes perdonarte, y cuando lo hagas vas a poder encontrarla Scorpius, estarás listo para encontrar tu felicidad.

— ¿Extrañas a tu hijo?

— Cada día. Pero no fue culpa de nadie, bueno sí, de Voldemort, pero las personas que no pueden sentir afecto, amor o empatía…siempre terminan así. No hay nada más triste en el mundo que una persona que no puede sentir. Sí las cosas hubiesen sido diferentes, pudo haber conseguido la inmortalidad, pero nunca habría sido feliz, la ironía está en que hubiese vivido más si no se hubiese empeñado en ser inmortal. Así, como ese chico. Provocarte sufrimiento fue su manera de intentar sentirse lleno, para sentir placer y le excitaba sentirse poderoso sobre ti, pero no era feliz, uno no puede ser feliz cuando se lastima a los demás.

o-o-o-o-o

— Está mirándote. —Le dijo Albus a Sam. Sam tenía un guion en plena nariz. Ambos estaban sentados en una jardinera de la academia y quedaba paralela a donde estaba sentada Victoria con su sequito de amiguitas.

— No me está mirando.

— Te está mirando. — Dijo con burlón. Entonces Sam sin aguantarlo más bajó el guion y miró hacia Victoria, ésta, al verse descubierta se clavó en su propio guion sonrojada hasta las orejas.

— Dios mío, es desesperante ver cómo se gustan y que no se hablen. —Dijo a gusto consigo mismo por aprender a usar la frase "Dios mío" o "Oh por Dios" o "Jesús Bendito" y le costó eh, le costó dejar de decir "Por las barbas de Merlín" o "Por los calzones de Morgana" y claro que por supuesto "Salazar Bendito".

— Ay sí, sólo porque ya estás mojando con Dennis ya te sientes el Don Seguridad, el todo lo puedo.

Albus se rió.

— Es muy fácil gustarte cuando sabes que le gustas a los demás.

— ¿No crees que es muy triste ir por el mundo con esa mentalidad? No tienes por qué intentar gustarle a nadie, con que te gustes tú es suficiente.

— Tú siempre le gustaste a la gente ¿no? He visto tu habitación, está llena de fotos de gente de todos tamaños y colores y todos sonriendo, abrazándote, pasándola bien. Y cuando estás en la computadora y el teléfono, siempre estás hablando con gente.

— ¿Y eso que tiene que ver? La gente me quiere porque soy autentico.

— Yo fui autentico toda mi vida Sam, nadie me quiere por mi yo autentico. Ni siquiera mis padres, no del todo. Me dieron ese tipo de amor incondicional que se les da a los hijos porque no tenían más opción, pero si vieras cómo se le ilumina el mundo a mis padres cuando aparece mi hermana, cómo les salen fuegos artificiales por James, cómo se preocupan por él porque es un grandísimo inútil. Siempre fui…una constante decepción para todo el mundo. Y llegué aquí porque sabía que si me quedaba ahí yo iba a ser alguien muy infeliz, frustrado, y porque quería llegar lejos por mí mismo y ser otra persona. Ser mejor. Creo que por eso me gusta la actuación, puedo fingir se otras personas, puedo perderme en los personajes y dejar de ser yo.

— Debes trabajar en tu autoestima de mierda. Y también pensar en que los problemas y los miedos no huyen, se quedan a vivir contigo y duermen en la misma cama. Además, pienso que debes tener cuidado con eso de perderte en los personajes, por alguna razón Kate siempre te asigna personajes muy pasionales, actúas muy bien Albus, el Lestat de Tom Cruise le chupa un huevo a tu Lestat, pero creo que debes poner una barrera entre tú y tu caracterización, no vaya a ser que no puedas volver a ser tú del todo. Aunque te comprendo la parte de los favoritismos de los padres, ellos siempre lo niegan, pero siempre hay un hijo al que quieren más. En mi familia soy yo. —Dijo con una amplia y blanca sonrisa.

Albus soltó una risa burlona y se acostó en la banca.

— Nunca me dijiste que te había gustado mi Lestat. Eso es muy lindo.

— En ese momento estaba demasiado aterrorizado para decírtelo.


Por cierto, estoy escribiendo un nuevo fic Se llama razones para vivir, ojalá tengan tiempo de pasarse. Es un Drarry aunque al principio le quiero dar peso a otro personaje. Nos leemos.

Afrodita

Hey, Afrodita, creo que es la primera vez que me escribes, que genial. Gracias por el review. Pues sí, le está yendo bien. Esperemos que así siga.

TeddyMellark

Sí que puedo, pero no lo voy a hacer, además escribo cada semana, sólo que a veces me retraso…jamás os dejaría así a propósito.

Christine C

Ese es el "Me gustó mucho..." menos emocionado que he visto XDDD pero no te lo tomaré a cuenta.

¿Cómo estás?

Espero que te guste este nuevo capítulo y bueno sí, Albus ya se merecía estar bien, esperemos le siga yendo bien y pues estate atenta porque sus destinos se cruzaran, no pronto, a menos de que haga algo tipo "dos años después" que habrá un momento que sí lo haga, pero quiero explicar bien cómo es que las cosas llegan a ser lo que llegan a ser.

Y gracias por comentar como siempre. Adiosin.