To understand my nightmares
Albus había descubierto otra cualidad negativa en él.
Siempre supo que era arrogante y de mal carácter, pero ese día mientras se preparaba para ir a la fiesta de…(no sabía su nombre...) un tío de la facultad de cine, descubrió que era un vanidoso. Se probó ropa distinta y se miraba constantemente al espejo. Sonriéndose.
Se veía muy guapo. La gente en la escuela le había dicho que se había levantado así y es que bastaba con una sonrisa para brillar. Se preguntó si Victoria se sentiría así todo el tiempo.
Su cuerpo había adelgazado por tanto bailar y estar de un lado a otro, paseando por Londres, ensayando, yendo a cast de modelaje, en los que no había conseguido mucho, pero Victoria aseguró que era porque en Londres había mucha competencia.
Albus supuso que estar todo el rato sobre Dennis también tenía que ver. Ahora tenía el trasero con forma de burbujas y las piernas bien duras y gruesas, su abdomen estaba muy plano y durito, pero no con músculos marcados tal vez porque lo trabajaba menos que las piernas y decidió que debía entrar al gimnasio con Sam para ser aún más perfecto.
Tomó su cartera, sus llaves y sus nuevos celulares, uno era para su vida privada y el otro para su agente. Se lo había comprado días atrás a petición del mismo. Casi estaba afuera cuando recordó que debía dejar a su lechuza salir a cazar, así que regresó pero dejó la puerta abierta. Se dijo que también debía mandar un mensaje para que no se le atrofiaran las alas así que escribió una carta para su madre. Abrió la jaula y su lechuza salió lentamente dando pasitos sin mover las alas para no lastimase con la puertilla de la jaula, cuando terminó de salir se posó en el brazo de Albus. Él se acercó a la ventana y con delicadeza y su varita ató la carta a la pata del animal.
—Escucha Dakota. Ve a cazar primero para que comas algo. Después lleva a esto a mi madre a Valle de Godric. Si te cansas mucho puedes regresar después de un día o dos, la carta no es urgente. —Dijo besando en la cabeza a su lechuza. La lechuza le miró con sus enormes ojos miel y parecía sonreírle.
Emprendió vuelo.
—Vaya, eso si que es interesante. Dijo una voz a sus espaldas. Albus sintió que el estomagó y la sangre se le caían al suelo y casí por instinto giró apuntando con su varita a la fuente de esa voz.
Era Victoria.
Ella le miraba sonriente pero se quedó extrañada al ver que le apuntaba con la varita.
—No te pongas violento. Sólo estoy aquí para recoger a Tristán.
—¿Y qué haces aquí? La habitación de Tristán está abajo. En el primer piso. —Dijo bajando la varita. —¿Qué fue exactamente lo que viste?
—¿Te refieres a que si te vi arrojar una lechuza por la ventana? —Ella entró sin ser invitada y se acercó a él. —Te vi, pero no le voy a decir a nadie. Sé que eres reservado con tus cosas. Y yo también soy una freak, aunque no tanto como tu porque al parecer usas un método muy medieval para comunicarte...Eso y el hecho de que me apuntaste con un palito de madera ¿Te crees Houdini o algo así? Dijo acostándose en su cama ¿Haces trucos de magia?
Albus supiró ¿Houdini? ¿En serio? ¿Tan ridículo se había visto?
—De nuevo ¿Qué haces aquí? Dijo dejando la varita por ahí.
—Vine a hablar...lo siento, pero tengo que hablar de esto o me volverá loca.
—¿Y por qué yo? Tienes muchas amigas.
—Aclarando...no tengo amigas, tengo muchas compañeras, y tú...bueno, porque eres gay carajo...eso es precisamente lo que necesito.
—Ohh vaya...¿Tiene que escucharte alguien gay porque sino no funciona?
—Exacto. Mira, es sobre...ohh vamos, yo sé que te lo ha dicho, eres su mejor amigo, nos hemos acostado unas cuantas veces.
Albus hizo un ligero gesto con la cabeza, como queriendo decir "Sí, me ha dicho algo, pero tampoco me ha dicho tanto". Primero porque no era quién para andar rebelando lo que Sam le decía y porque a final de cuentas ella era la implicada.
Lo cierto es que Sam había perdido el culo por ella y sus acostones ya eran algo que pasaba por lo menos una semana sí y una semana no.
—Bien, la situación es...mi novia regresó de Estados Unidos y vivimos juntas y no sé que hacer...porque hemos tenido relaciones y bueno...lo disfruto pero no me llena como Sam lo hace.
Albus hizo una mueca con la cara, no quería pensar en la vagina de Victoria y mucho menos acompañada por otra, es decir, ni siquiera se imaginaba como era el sexo lésbico y de verdad que no quería saberlo pero estaba seguro de que las dudas de Victoria tenían un componente más emocional que sexual.
—Vic...¿Tu quieres a Sam o sólo es un buen polvo? Por qué creo que es ligeramente de mal gusto decir que tienes relaciones con él y aparte con tu novia.
Victoria se pasó la mano por el cabello rubio y resopló.
—No pienses que soy una fresca ¿vale? Te juro que yo nunca...nunca había engañado a Cameron, llevamos juntas dos años pero Sam realmente me confunde. Yo nunca había mirado siquiera a un chico antes. Desde que tengo 12 años sé que me gustan las chicas por Dios. Pero desde el primer día, no sé, me gustó el color de su piel y la forma en que sus dientes blancos brillan cuando sonríe, su actitud tan modesta, cómo siempre tiene un chiste en la lengua o algo inteligente que decir. Y sus maravillosos pómulos. —Se jaló sus mejillas con desesperación.— Y tengo miedo porqué no sé qué significa eso. No quiero que al final del día si se lo digo a Cameron piense que no soy suficientemente lesbiana. He sido lesbiana toda mi vida ¿Qué significa Sam entonces? ¿Por qué me gusta? Es estúpido.
Albus se sentó en la cama con los brazos cruzados, no sé sentía con la suficiente confianza como para consolar a Victoria. Y tampoco sabía que decirle. Nunca se lo había planteado de esa manera, él era gay, muy gay ¿Qué pasaría si se enamorara de una chica? ¿Eso significaría que no era gay? ¿Una de las llamadas etapas de experimentación? Trató de imaginarse a sí mismo con una chica. Arrugó la naríz. No, tal vez él sería uno de los llamados Golden Gays.
—¿No hay algo intermedio? —Preguntó Albus.
Victoria le miró cuestinandole con la mirada.
—Me refiero a qué no deberías preguntarte lo que eres sólo porque te gusta tal o cual persona, es decir, tu eres tú, independientemente de Sam o Cameron. Tal vez sólo te gustan los dos pero tienes más tendencia a uno lado que a otro.
—¿Estás diciéndome que tal vez sea bisexual?
Al meneó la cabeza de un lado a otro, lentamente para pensar.
—No lo sé, nunca me había preguntado ese tipo de cosas, sólo lo digo porque piensas que Sam atenta contra tu homosexualidad, él no atenta contra lo que eres, sólo te gusta ¿Por qué pensar que es malo si es sólo algo que abre tus posibilidades? Te siguen gustando las mujeres ¿no? Él no te ha quitado eso, sólo es un chico que te gusta.
Victoria se sentó.
—He renunciado a muchas cosas para defender lo que soy. —Dijo de repente. —Mis padres me tiraron de la familia sólo porque creían que era una enferma y un mal ejemplo para mis hermanos. Yo...lo dejé todo por Cameron...¿Y ahora resulta que ella no es suficiente?— Se rió burlona. —Igual tampoco aceptarían a Sam porque es negro y mi padre es uno de los cerdos racistas más grandes del mundo.
Albus entrecerró los ojos un momento. Nunca había escuchado a nadie hablar así de su padre. A lo mucho Dennis se quejaba de que su padre no le había pasado la pensión a sus hermanos, pero nunca le había llamado cerdo, quizá solo despotricaba contra la novia de su papá y le llamaba puta.
—¿Hay algo en ti que tu padre no odie? —Preguntó en voz alta y ella le miró para después reírse.
—No creo...incluso me parezco a mamá y ella es otra cosa que odia.
—Otra cosa que odia...
—Bueno, mamá es un bonito adorno pero no tiene mucha sesera, su estupidez fastidia a cualquiera.— El castaño rió incrédulo. Acababa de llamar a su madre estúpida. Wow.
o-o-o-o-o
Scorpius estaba en una especie de Linving Room, en la planta baja de la clinica. Era un lugar al que podían acceder todos los internos con buena conducta ya que conectaba con la puerta principal de la clinica y llevaba a la calle. Por supuesto estaba vigilada por enfermeras y además estaba frente al pasillo de consultorios.
Sentado junto a Boris (pero con el debido espacio entre los dos), un hombre de cincuenta y cinco años que llevaba un enorme reloj Rolex y se entretenía contestando el crucigrama del periódico, él leía Cumbres Borrascosas, una novela clásica que le había enviado su abuelo junto con un montón de libros más.
Le agradaba y le desesperaba a partes iguales, aunque por una extraña razón Cath, la protagonista, le recordaba a su abuelo, de hecho todas las protagonistas de ese tipo de novelas clásicas le recordaban a él, rebeldes, tercas y orgullosas. Pensó que sin todo ese entrenamiento de comportamiento Malfoy, su abuelo, quién se le antojaba demasiado apasionado, era capaz de rasgarse las vestiduras, enfermar de locura y de amor para después morir de tristeza. Después de todo había sido mortífago y sí algo les sobraba era dramatismo.
Estaba ya en la resolución del libro cuando comenzó a escuchar ruidos que venían de la calle. Agudizó el oído. Eran gritos. La enfermera que estaba en su cubículo de recepción salió a ver que pasaba y enseguida regresó, pero con destino a los consultorios.
Scorpius, con la curiosidad que le caracterizaba se levantó de su asiento y miró por una de las ventanas. Había un auto de lujo, un Porche negro y un par de hombres tratando de sacar a una mujer que gritaba y pataleaba.
—Suéltame, hijo de puta. Suéltame. No vas a volver a encerrarme. — Gritaba la mujer.
Escuchó pasos venir de arriba.
Eran Jason y Elíah, un par de enfermeros que sobresalían de los demás por tener el cuerpo de un ropero. Elíah no tenía buen temperamento, o no lo tenía con él pues siempre se mostraba malhumorado cuando se topaban en los pasillos. El enfermero lo miró y Scorpius supo que tenía que regresar a su sitio. En cuanto se sentó la puerta del consultorio de Elizabeth se abrió y fue escoltada por los enfermeros hasta la calle.
El rubio estiró el cuello para ver un poco desde la puerta y notó cuando los hombres que forcejeaban con la mujer la dejaron para permitirle el paso a Jason, quien la levantó como si fuera de papel y caminó como si nada con dirección a la entrada. Elizabeth le dio indicaciones a Elíah y éste entró después de Jason, quién ya llevaba a la mujer escaleras arriba, Scorpius apenas le había alcanzado a ver el color de pelo, rubio oscuro. Los rasgos estaban deformados por la furia.
Elizabeth caminaba lentamente junto a los dos hombres, entre más se acercaban más podía ver sus rasgos. Uno era un cuarentón de cabello rojizo, estaba entrado en carnes pero no demasiado y él otro era un chico de cabello rubio oscuro.
— No puedes esperar que se cure completamente, un adicto es siempre un adicto y los adictos pueden recaer en cualquier momento.
— Estuvo perdida por dos semanas Elizabeth. La policía la encontró desnuda y masturbándose en la banqueta. El doctor dijo que había encontrado muestras diferentes de semen ¿Qué es lo que le pasa? ¿Ya no le importa nada? ¿Ni siquiera Patrick? ¿Que tan bajo tiene que llegar para que quiera recuperarse?
— Eso sólo lo sabe ella. Patrick ¿Por qué no esperas en la salita? Yo estaré hablando con tu padre un rato en mi despacho.
El chico sólo asintió y caminó hasta donde estaban, los sillones, había varios lugares solos pero por alguna razón quiso sentarse entre él y Boris. Scorpius se estremeció, no le gustaba que los hombres se le acercaran, y menos si eran tan jóvenes, incluyendo a los enfermeros, le recordaban mucho a Torres y toda su esplendorosa fuerza física.
El chico, ya sentado, se inclinó sobre sí mismo apoyando los codos en las rodillas para después ocultar su cara entre las manos. Al poco rato comenzó a llorar.
Varios pacientes se fueron, casi todos menos unas mujeres a las que les encantaba chismear, Boris y él. Nadie quería consolarlo, todos tenían la vida demasiado hecha mierda como para sentir pena por otro y en él caso de Scorpius, él no tenía la confianza para ponerle la mano en la espalda y consolarlo pero tampoco quería dejarlo en su dolor.
— ¡Deténganla! — Escuchó un grito venir de arriba y a continuación un intenso zapateo por las escaleras. Era aquella mujer castaña con la cara llena de sangre pero una expresión de victoria. Se dirigía a la puerta. Casi de inmediato Patrick, el chico castaño se levantó como resorte y la interceptó por medio del cabello. Tiró con tanta fuerza que de un jalón la tiró al piso. Los enfermeros bajaron las escaleras corriendo pero no pudieron evitar el momento en que Patrick se sentó a horcadas de la mujer y le metió tal puñetazo que Scorpius sintió que se le había roto algo.
Elíah y Jason levantaron al chiquillo quién estaba furioso.
— Vete, muérete, desaparece, no me importa lo que hagas, pero no vuelvas más a casa. Vende tu culo como siempre lo haces y compra toda la droga que quieras, pero no vuelvas más. Ya no puedo soportar tener que vete a la cara.
— Patrick ¿Qué está sucediendo? ¿Qué pasó? — El hombre miró a la mujer en el suelo, estaba llorando — ¿Qué le hiciste?— El chico también lloraba.
—Lo que tu debiste hacer hace años. —Dijo el chico con toda la furia ácida que pudo y luego se acercó al hombre. — Darle un ultimátum. Y ahora te lo doy a ti.— Levantó su mano y utilizó su dedo indice para presionar sobre el pecho del hombre mayor. — Han sido cinco años, cinco putos años y ella no tiene ni la más mínima intensión de cambiar y aún si lo hace yo no la quiero ver más, esta vez está por su cuenta. Si sale de aquí como lo ha hecho otras veces, si mis abuelos chismosos la sacan de aquí y tu la recibes, te juro que soy yo quién se larga de la casa. No puedo más, no puedo creer siquiera que tu la quieras cerca de ti. No me puedo creer que aun la veas como tu esposa cuando se revuelca con vagabundos y vendedores de droga.
— Es tu madre.
— No es mi madre. Es solo una puta. Métetelo en la cabeza y ten dignidad. Estás advertido. —Dijo sin más saliendo de la clínica, rumbo al auto.
En cuestión de minutos parecía que nada había pasado. Los enfermeros se habían marchado junto con la mujer. La doctora se había ido a hablar con el chico al auto y los internos volvieron a ocupar sus puestos de lectura.
Boris bajó su periódico.
— Así que Paula está de vuelta. — Dijo con una sonrisa en la cara.
Scorpius lo miró pero no supo que decirle.
o-o-o-o-o
Era viernes y Albus corría por la calle. No tenía nada que hacer porque extrañamente ese fin de semana nadie había planeado una fiesta o algo. Sam estaba en una cita con Victoria pero estaba seguro de que en realidad estaba con la nariz metida entre las piernas kilométricas de ésta. Y Dennis había conseguido un pequeño papel en una obra infantil que se presentaba en hospitales y orfanatos, no solo de Londres, ahora estaba en Bath. Así que decidió ponerse a correr.
Un mes atrás, cuando Victoria llegó a la resolución de que era bisexual y que quería montar la polla negra de Sam hasta el cansancio, él decidió que quería tener un cuerpo maravilloso, no bonito como lo tenía ahora. Quería piernas de futbolista y abdomen de lavadero, con su buenos brazos obviamente, así que sí, entro al gimnasio, al mismo de Sam, pero le gustaba más correr por las calles que correr en una banda.
Le gustaba correr en la calle. Estar a punto de chocar con la gente pero no hacerlo, controlar la velocidad de sus piernas le hacía sentirse bien consigo mismo. Esquivar los hechizos de los graciositos de Gryffindor, huir del pasado de su padre, esas eran cosas en las que él era bueno, en comparación, correr sin atropellar a nadie no era tan difícil.
Se detuvo en una cafetería. He ahí lo malo. Había intentado una dieta el lunes siguiente a la cuestión Victoria y los dos primeros días había estado bien, tenía demasiada hambre pero creyó que era normal, comenzó a sentirse débil y su cuerpo adelgazó algunos kilos, era demasiado rápido, demasiado preocupante, Albus no sabía que podía estar pasando pero llegó al punto de que a la semana siguiente se desvaneció en plena clase de canto.
Se despertó en la enfermería de la academia, ahí estaba un médico de unos sesenta años llamado John y después de una plática sobre lo que comía antes y después de la dieta, de todas sus actividades, de medirlo y pesarlo él hombre lo regañó.
— Eres delgado y muy alto. Haces dos horas de baile diarios, asistes a otras seis horas de clase y más aparte haces ejercicio por fuera. Quiero que entiendas algo. Tu comías bastante balanceado antes de hacer dieta, dices que te gusta comer carne pero que también comes muchos vegetales y que por las tardes y noches comes frutas, y esto está bien, pero ahora tu cuerpo ha sufrido una descompesación, haces más ejercicio que antes y eso consume más energía y comes menos de la mitad de lo que hacías antes. Si fueras alguien con sobre peso se entendería que hicieras dieta para bajar algunos kilos, pero tu cuerpo está bien como está, lo único que has hecho es descompensarlo, si quieres seguir haciendo ejercicio con el ritmo con el que lo haces te recomendaría que comieras las mismas cantidades de antes pero más rica en proteínas si lo que buscas es aumentar tu masa muscular y quiero que tomes y necesitas tomar suplementos. —Le escribió algo en una hoja de papel. — Esta es la dirección de un nutriólogo, no soy especialista por eso no puedo recetarte nada, pero si vas con él te hará una dieta de acuerdo a tus necesidades y te dará los suplementos que necesitas.
Albus se lo tomó a bien y ese mismo día hizo cita con el nutriólogo. Se llamaba Donovan, y era un hombre mulato, pero no tanto, no era tan negro como Sam, se veía que habían pasado por lo menos dos o tres antepasados blancos para haber aclarado su piel de esa forma. Se saludaron y tuvo maso menos la misma conversación que tuvo con John pero Donovan tomó sus propias medidas y peso, y le dijo que efectivamente, como le había dicho John, había descompensado a su cuerpo, que por su altura en relación con realación a su peso en realidad estaba por debajo de su indice de masa corporal y que si seguía con la dieta que había llevado esas semanas lo que iba a pasar era que al no haber grasa en su cuerpo, los músculos iban a consumirse y que debía hacerse unos exámenes hormonales porque al parecer tenía el metabolismo muy rápido. Le dio una dieta de una semana que era una dieta nutricional para volver a subir de peso su cuerpo y la libertad de consumir pequeños snacks.
Se hizo los exámenes y efectivamente tenía hipertiroidismo, el medico en cuestión le había explicado que era una enfermedad hormonal que hacía que su metabolismo ir por las nubes y al parecer se debía a una predisposición genética.
Donovan y él tuvieron una larga conversación sobre su familia materna. Obviamente no le dijo que eran magos pero si hablaron mucho de las grandes cantidades de alimento que consumían y del nulo sobrepeso que presentaban pues todos sus tíos y primos seguían siendo delgados.
También le dijo que el endocrinólogo le había dado un medicamentos para regular su tiroides y Donovan había hecho una dieta que satisficiera las restricciones del endocrinólogo y las necesidades calóricas de alguien que hacía ejercicio de manera regular.
Había pasado sólo dos semanas y media medicándose y ya sentía su cuerpo diferente. O más bien, su interior estaba diferente, ya no le daba hambre a todas horas, y ya no se sentía como un pozo sin fondo a la hora de comer. Sentía como si su cuerpo hubiese comenzado a estirar la comida para que le durara más el efecto de satisfacción. También notó que su cuerpo se volvía más grueso, no gordo, grueso, porque sus músculos crecían, no se desvanecían.
Se miró frente a los cristales del café.
Santo Merlín, que nalgas tenía.
Decidió Entrar. Donovan le dijo que ahora que su metabolismo se estaba normalizando ya no podía comer snacks, que con las colaciones de nueces y almendras tenían que bastarle pero que los fines de semanas podía permitirse un gustito.
Era viernes, se lo merecía.
Desde la fila observó el menú con los ojos especialmente brillantes y una sonrisa amplia. Tenía tantas ganas de un frapuccino. Mientras se soñaba con su café unas manos firmes rodearon su cintura. Albus giró para ver de quién se trataba y se encontró con la sonrisa hipermasculina de Oscar, su profesor de baile. Por cómo lucía, al parecer no era muy diferente la idea de ambos tenían de cómo pasar la tarde de un viernes. Ligeramente despeinado, ajustada ropa de deporte y sudando a chorros como él.
Albus no pudo evitarlo. Sonrió como un imbécil.
— Hola Albus. —Dijo el profesor sin quitar las manos de la esbelta cintura de Albus. De hecho atrajo ligeramente el cuerpo del menor hacia el suyo.
— Hola Oscar. —Dijo con la sonrisa más grande del mundo. No podía llamarle profesor, era demasiado joven, demasiado guapo.
— No sabía que tomaras este tipo de cosas, es decir, con lo delgado que estás últimamente.
— Me permito algunos caprichos. —Tenía la expresión más coqueta del mundo.
— ¿Todos tus caprichos Al? —Dijo con voz sugerente. Albus sentía que se sonrojaba, de verdad que Oscar le ponía. Demasiado. Cerró los ojos y sintió el cálido aliento de Oscar sobre sus labios, una risa pequeña le salió desde muy en el fondo y después fue besado.
Él también se aferró a la cintura ajena. Sintió como su pene flácido crecía. Entonces escuchó una leve tos, una tos entrometida y molesta. Albus dejó el beso para mirar a su alrededr
Un hombre de mediana edad los miraba no muy feliz. Oscar le dirigió una sonrisa y el tipo pareció asustarse. Oscar era demasiado alto y musculoso como para meterse con él pero la mueca de asco no desaparecía del todo y eso incomodó a Albus, detestaba cuando la gente le miraba así. Llegó su turno y Albus pidió su frapuccino, Oscar un frapuccino moka. Salieron del lugar y Albus sintió una ráfaga de viento frío, su cuerpo, caliente por el ejercicio apenas había notado la baja de temperatura pero ahora después de haber reposado sintió como se le erizaban todos los bellos del cuerpo.
— ¿Quieres ir a mi departamento? Creo que tenemos que resolver uno que otro asunto Albus. — Le dijo el mayor.
Albus podía decir sí o no. Y de verdad que se lo planteó la respuesta cómo algo filosófico. Oscar estaba como una moto, ambos estaban calientes y se deseaban quién sabe de cuanto tiempo atrás, pero él jamás se había planteado ser infiel, había visto a Scorpius serle infiel a Michelle, y se había enterado de que James le había puesto el cuerno a una de sus novias y las dos cosas le habían puesto furioso. Pero eso había sido cuando era un niño idiota y romántico, un mes antes Vico le había dicho de su juego a dos bandas con su novia y Sam y no le había importado, casi. Ahora sabía lo que era el sexo y él lo deseaba. No estaba enamorado de Oscar, ni siquiera estaba enamorado de Dennis ¿Por qué carajos iba a serle fiel entonces?
Oscar acarició la mejilla de Albus como una pequeña medida de presión y su pulgar buscó la comisura de los labios del chico. Albus sintió cosquillas y una sonrisa traviesa se instaló en sus labios. El pulgar pronto se introdujo entre ellos y Albus lo mordió levemente.
— Vamos entonces. — Le respondió Albus. Caminaron un poco, con la debida distancia entre ellos para que si gente de la academia los viera no lo hiciera en un momento comprometido. Al llegar al edificio fue diferente. El lugar se veía como un viejo hotel, de esos lujosos viejos hoteles de antaño con una gran recepción con decorados sobrecargados en dorado.
Después de apretar el botón del elevador Oscar lo empujó levente hacia la pared que estaba a un lado del elevador y besó suavemente a Albus. Todo lo hacía lento, todo lo hacía con gracia, era como si llevara la delicadeza de un bailarín de ballet a todos lados.
El elevador llegó hasta la planta baja y ellos subieron en medio de risas y besos delicados a los que Albus se podría hacer adicto fácilmente.
Llegaron al piso 8, y Albus se tomó la libertad de ver que había cuatro puertas en el piso, eso indicaba cuatro departamentos. El departamento de Oscar se abría con una tarjeta y una contraseña, era el numero 803 y Albus por primera vez se permitió sentirse algo inseguro.
No por no querer tener sexo con Oscar, claro que quería, el problema era que Oscar no tenía para nada la pinta de pasivo que tenía Dennis y él nunca había hecho de pasivo antes. A Dennis sólo le gustaba que le dieran pero eso todavía le excitaba más. Quería probar de pasivo, si a Dennis le gustaba tanto por algo era.
El departamento era algo extraño, había esperado algo liso, minimalista y de colores brillantes como la ropa de deporte de Oscar, pero era muy clásico, como el resto del edificio y estaba lleno de detalles de herrería que le encantaron, después de tantos años de vivir en Hogwarts su concepción de el arte y el buen gusto era bastante clásica. El papel tapiz hasta le recordaba un poco las habitaciones de Gryffindor en donde había estado un par de veces para ayudarle a su hermano con una redacción de transformaciones cuando éste se estaba preparando para los EXTASIS.
Mientras él admiraba el papel tapiz tan royalesco de la sala Oscar se le arrimó por atrás, literal, le tomó de las caderas y le dio una penetración simulada, para que pudiera apreciar lo duro que estaba. Albus cerró los ojos, Oscar acababa de empezar a comerle el cuello a besos y comenzar a arrinconarlo hacia un sillón.
— ¿Quieres que lo hagamos aquí? — Preguntó Albus en un suspiro para después recibir a Oscar en sus labios. Las manos del mayor fueron hasta los ajustados pantalones de licra para acariciar el paquete.
— ¿Dónde lo quieres?
— Aquí.— Gimió el castaño dándose la vuelta para besarlo con más ganas. Oscar le volvía loco, quería hacer con él un montón de cosas nuevas, nunca lo había hecho en un sofá, así que qué mejor.
Oscar tenía un sabor salado, igual que él seguramente, ambos se habían estado ejercitando antes pero el hedor del sudor no le resultaba desagradable. Ya estaban acostumbrados a olerse de esa manera, las dos horas diarias de baile los habían entrenado bien. El mayor llevó las manos hasta el trasero del chico, ohh bien, eso se sentía bien. Como las amasaba en sus manos, le gustaba sentirse así, como un objeto de placer. Deseado.
Albus le quitó la parte superior del chándal y se quedó maravillado con el pecho de Oscar, amplio, fuerte, le gustaba el color de su piel, ligeramente más oscura que la suya, y sus pezones eran muy oscuros. No puso evitar besarlos. Oscar hizo lo mismo con él pero en vez de besarle el pecho bajó para besarle el abdomen. Acarició los muslos de Albus por encima de la ropa y bajó los pantoncillos negros de tirón junto con la ropa interior que eran unos Calvin Klein muy ajustados. Su semierección salió disparada y eso le hizo sonreír porque Oscar ya la veía felizmente.
— No sabía que te depilabas.
— No lo hacía, trabajo. — Dijo antes de que Oscar, con las manos fuertemente agarradas de los muslos le repartieras unos pequeños y dulces besos en el pene.
— Eres precioso Albus. Quiero follarte en medio de cada maldita clase. — El profesor lo sentó en el sofá y le quitó la ropa que se había quedado atorada en los tobillos por culpa de las zapatillas de deporte. Le quitó todo excepto los tines. Entonces le separó las piernas y comenzó lo que Albus llamaría para siempre jamás la mejor mamada de su vida.
Albus al principio sólo quería dejarse llevar, pero no quería verse tan pasivo ¿O sí? Tal vez quería ser un pasivo empoderado, la idea le hizo sonreír. Acarició el cabello de Oscar y después enredó sus dedos en el cabello de su profesor marcandole un paso, no era como si el ritmo que tenía hasta el momento fuera malo, pero el quería todo un poco más busco. Le gustaba que lo tratasen mal de vez en cuando.
En algún momento Oscar le mordió la punta del pene, esto hizo que se sobresaltara y se arqueara por la culpa del escozor y se estremeció al sentir pequeñas mordiditas al rededor de toda su extensión, dolía como la mierda pero le excitaba por partes iguales, a esto se refería, quería un poco de dolor.
Albus abrió bien sus piernas, Oscar había decidido dejar por un tiempo su pene y se dirigió lentamente dejando un camino de saliva marcado por su poderosa lengua desde la base del pene hasta el culo. Albus se mordía los labios, eso estaba yendo demasiado bien. En ese momento le importaba un carajo que el hombre fuera 10 años mayor, o que fuera su profesor.
Oscar había comenzado a lamerle pero después le miró fijamente.
— Al, no me dirás que eres virgen ¿Verdad?
Albus, quién se masturbaba lentamente le vio incrédulo.
— ¿Te parezco virgen?
— Tu culo está apretado como un...no tengo idea de que pueda ser tan apretado como tu culo pero sí, no has metido nada aquí. Albus sonrió.
— A Dennis sólo le gusta recibir, nunca lo he hecho de pasivo, pero quiero intentar.
— Entonces sí eres virgen.
— Sólo del culo ¿Eso va a detenerte?— Oscar le sonrió.
— No.— Dijo levantándose para darle un lánguido beso en la boca. —Sólo voy a ser cuidadoso.
— No...quiero que lo hagas duro.
— No te va a gustar.
— Sólo hazlo, si me gusta o no es mi problema. — Dijo un tanto irritado. Oscar le dio otro beso.
— Pareciera que estas enojado, ven vamos a quitarte lo enojado entonces. —El hombre se levantó y le hizo un gesto para que Albus también se levantara. Entonces fue él quién se tumbó en el sofá terminando de quitarse la ropa el solo. Oscar estaba ahí, en todo su esplendor, bronceado y con vello desde el pubis hasta el pecho. — Siéntate en mi cara. —Dijo sin más. Albus sonrió, sabía de esas cosas. Dennis se sentaba en su cara bastante seguido. le gustaba hacer el 69.
Se subió encima de Oscar dejando su trasero a la altura del profesor y estuvo a punto de llevar su rostro hasta los genitales de éste cuando Oscar le detuvo.
— No, sólo tócate mientas lo hago.— Lo dijo con una voz tan aterciopelada y gruesa que Albus se estremeció. Entonces comenzó el juego, sus manos acariciaban sus muslos, su propia erección y su pecho mientras sentía como Oscar jugueteaba con su trasero, sintió de todo, saliva, dedos, lengua, como le separaban las nalgas para llegar a algo más y las sensaciones le estremecían hasta tal punto en que agradecía estar sentado porque estaba seguro de que las piernas le temblaban. Sentía que podía correrse sólo con eso. No, no podía, tenía que durar más, no podría perdonárselo si por su culpa acababa pronto. Trató de concentrarse en otras cosas, como el tatuaje que llevaba Oscar cerca del ombligo, era un lobo.Y el pearcing que tenía bajo el escroto. Tenía que hacerse algunos.
— Ahh...— Gimió cuando Oscar metió ya no uno sino dos dedos. — Mierda. —El mayor tenía razón, estaba jodidamente apretado. Eso le había dolido un poco, pero ambos estaban tocándose. Y a Albus ya no le importaba, tenía que hacer algo, por lo tanto se inclinó para poder meterse la erección de Oscar en la boca. Que maravilloso pene, un tronco delicioso, grande y un glande de lo más lindo, rosadito y lustroso. Besó los testículos del mayor, succionandolos de vez en cuando, lo que más quería era darle placer.
— Párate, ya estás listo. — Dijo Oscar después de un rato de jugar a meter y sacar sus dedos. Eso estaba bien porque a Albus ya había comenzado a dolerle la mandíbula, mamar semejante instrumento cansaba.
Ambos se levantaron y se besaron con pasión sintiendo las erecciones del otro apretaditas entre sus vientres. Después Oscar le dio la vuelta, le puso en cuatro haciendo que alzara bien el culo para poder recibirlo. Le abrió las nalgas y se lo metió de a tiro, nada de metersela de a poquito, estaba consciente de que le iba a doler un montón y que debía tener cuidado pero Albus le obligaba a sacar un lado animal que creía dormido. Uno que quería bestialidad.
— Hijo de puta. —Gritó pero fue callado con un beso, después le estrelló la cara contra el sofá y comenzó a entrar y salir del culo de su estudiante una y otra vez aún cuando sabía que le estaba destrozando por dentro. Algo bestial se apoderaba de él, quería follarlo tan duro que no pudiese bailar durante las clases del lunes. Albus gritaba pero en ningún momento le pidió que se detuviera o que fuera suave.
Él quería eso.
Quería que le enterrara el pene hasta los huevos, tan duro, tan rápido como pudiera. Quería sentir.
Oscar era igual, también quería sentir. Por eso lo hizo, por eso le desgarró el ano y ni siquiera le pidió disculpas, a final de cuentas se corrió.
Por lo menos tuvo la amabilidad de mandarlo en un taxi hacia el hospital para que lo cocieran. Y Albus, que pudo haberse curado en casa con un hechizo o una buena poción prefirió quedarse así, ir a que le cocieran, bajar del taxi y hacerse unos moretones con su propia magia, decirle al médico una mentira, decirle que su novio se había pasado porque estaba un tanto ebrio. Le gustaban esos momentos de incomodidad. La preocupación del hombre por los moretones, la forma de decirle que sí su novio había abusado él debía poner una denuncia, su preocupación al decirle que no vivía con sus padres sino con su novio y ahora no tenía a dónde ir. Sólo imaginarse la falsa y momentánea preocupación que sentiría cuando se diera cuenta de que había desaparecido. Eso también le hacía sentir.
o-o-o-o-o
— Claro que es importante para mi, para un mago el apellido es lo más importante sólo después de la magia. No importa si eres un criminal, si eres pobre o si pierdes la vida o el juicio, todo se trata de tu apellido.
— ¿Por eso quieres devolverle su antigua gloria? ¿Es por eso que quería estudiar leyes? ¿Para limpiar tu apellido?
— Es lo más fácil. Mi padre es un gran empresario y apenas ha conseguido nada, sólo el respeto de unos cuantos hombres de negocios más. Pero si estudio leyes podría llegar a escalar posiciones dentro del ministerio, entrar al Wizegamot, la mayoría de los que respetan a mi familia se encuentran ahí, porque son de las familias más ricas. No ha habido nunca un Malfoy en el Wizegamot, nunca nos ha interesado pero ahora es necesario.
— Scorp...si sólo fueras un chico normal, uno cómo mi hijo, de familia muggle sin un apellido que defender ¿Que te gustaría hacer?
Scorpius miró al techo, luego a ella, luego al techo otra vez.
— No lo sé, Auror me imagino...
— ¿Auror? — Scorpius asintió
— Fue uno de mis sueños de la infancia, es cómo cuando uno dice que quiere ser jugador profesional de Quidditch, sueños de niños. Cuando eramos pequeños Al y yo jugábamos a que íbamos a ser aurores. —Dijo con una ligera sonrisa en los labios. —Fuera nos molestaban y se burlaban de nosotros pero no podían entrar en nuestra habitación, y era muy grande. Albus era algún mago tenebroso. Leíamos sobre ellos en libros viejos y la forma de actuar que tenían, había retratos y los libros describían desde su nacimiento hasta su muerte así que devorábamos los libros y actuábamos como si fuéramos mago oscuro versus héroe mágico de turno. A Albus realmente le salía bien hacer de tipo malo. Es algo que tenía en los ojos, como una travesura maliciosa. La gente creía que yo era hijo de Voldemort pero cuando lo veían a él le temían, le molestaban porque se sentían incómodos, la magia lo sabe, cuando alguien es poderoso, era torpe y poco estudioso pero es poderoso, conmigo a su lado y con esa mirada. La gente sólo pensaba lo peor porque su magia se sentía amenazada. Yo podía verlo, puedo ver la magia, sentía como le rechazaba. Pocos magos se pueden sentir cómodos con él, la profesora McGonagall, mi padre, su padre...a veces. Sólo aquellos con magia poderosa pueden estar con él como un igual.
La mujer se le había quedado viendo, no por lo que decía, sino por cómo lo decía, con una sonrisa grande en la cara.
— Es la primera vez que me hablas de Albus tan fluidamente.
— Lo sé...es sólo que lo tengo que hacer en cualquier momento ¿No? Se me han agotado las razones por las cuales ser un Malfoy puede ser traumático para un niño, ya no sé que decirle con respecto a eso. Ahora sólo quedan ellos dos...Albus y Torres y lo peor de todo es que al parecer no tengo bien ordenadas las prioridades porque ni siquiera quiero hablar de Torres. He estado aquí suficientemente tiempo para pensarlo y Torres está tan muerto cómo se puede estar. Y yo no paro de pensar en Albus.
— Lo de Torres te afecta más de lo que crees y lo verás en cuanto salgas de aquí, pero si estás preparado para hablar de Albus me parece adecuado que hablemos de él. ¿Cuándo se conocieron?
— En el expreso a Hogwarts el primer año. — Dijo sonriente. — Estaba nervioso, papá me había dicho sólo un día antes que la gente iba a intentar meterse conmigo por ser un Malfoy, entonces yo lloré mucho porque quería hacer amigos, no tenía amigos de mi edad, los conocidos de mi familia tenían o hijos muy mayores o hijos muy chicos y yo no tenía a nadie con quién jugar en casa salvo el fantasma de Lucy, pero a ella le gustaba salir al campo a cazar insectos. La mañana antes de salir de casa mamá me dio una bolsa llena de dulces. Me dijo con una canción infantil que los dulces ayudaban a hacer amigos así que le sonreí mucho. Fui de los primeros a subir al tren y esperaba realmente que alguien quisiera estar conmigo en el compartimento, pero la gente se quedaba clavada en la puerta y daba la vuelta, comencé a desanimarme un poco hasta que llegó él con su prima Rose, ella se fue enojada porque él quiso permanecer en el tren conmigo, me pareció genial que fuera tan directa, lo único malo era que ella me odiaba sólo por ser Malfoy, así que comenzamos a hablar de dulces. Me preguntó muchas cosas sobre mi casa, sobre si se usaba la habitación que había utilizado Voldemort durante la guerra y sobre el ghoul que dicen que hay en mi casa.
— ¿Un ghoul? ¿Un espíritu necrófago?
— Sí, una casa de magos sin un ghoul o un poltergeist no es casa de magos...a Albus le enojaba que dijera eso porque en su casa no hay nada. Es nueva, la construyó su padre cuando su madre se embarazó de James así que no tiene ninguna historia detrás. En la mía hay hasta Boggarts y confieso que me hice en los pantalones más de una vez cuando niño. Se consolaba cuando le recordaba que en casa de sus abuelos vivía uno.
— Parece un chico un poco...— Elizabeth trató de usar una palabra que Scorpius no encontrase ofensiva.
— ¿Egoísta?— La mujer asintió
— Sí, lo era, también era un egolatría, un envidioso y un odioso. Le gustaba odiar a la gente, era su pasatiempo, y detestaba ver cómo sus padres besaban el suelo que pisaba James.
— ¿Quién es James?
— Su hermano mayor, era un pesado con Albus pero siempre se detenía cuando estaba a punto de rebasar la línea, como dije, la magia lo siente. Es un inútil, excepto que es buen estudiante y gran deportista, ahora estudia para ser auror, está en su tercer año.
Elizabeth se rió
— ¿Porqué dices que es un inútil si era buen estudiante?
— Por qué no perdía la cabeza porque la traía pegada, era tan torpe y tan desesperante. Además siempre estaba diciendo cosas fuera de lugar, un especialista en sacar a las personas de sus casillas y sus padres hacían siempre una clara diferencia entre los dos.
— ¿No crees que exageras las cosas? Tal vez todo lo veías desde el punto de vista de Albus y...
— No, yo no soy de los que ven cosas dónde no las hay o de los que son parciales y sólo ven lo que quieren ver, ellos hacían diferencias, desde los regalos de cumpleaños hasta en las muestras de afecto. Siempre parecía que estaban perdidos en cuanto a qué decirle o cómo si tuvieran que pedirle permiso para abrazarlo, no tenían idea de que suelo pisaban y terminaban volcando toda su atención hacia sus otros hijos para no tener que mirarlo a los ojos. Tenían muchos problemas de comunicación.
— Dime si él era tan así...con todas esas características negativas porqué querías ser su amigo.
— ¿Características negativas? — Dijo él en medio de una pequeña risa...— Él era el perfecto Malfoy, el perfecto Slytherin, tanta ambición y determinación en un envase pequeño con una cara perfecta. Tenía una personalidad tan...como mi abuelo que cuando se conocieron congraciaron completamente.
— Entonces te gustaba. — Dijo ella intentando no referirse a la sexualidad del chico pero él perdió la sonrisa casi enseguida.
— Me gusta un montón...yo...habíamos prometido estar juntos siempre, ser amigos siempre y yo lo arruiné, le dije cosas horribles porque tenía miedo.
— ¿De qué tenías miedo?
— De lo mucho que lo amaba. Papá piensa que estaba confundido y tal vez lo estaba pero ahora sé lo que soy, claro que lo sé, me comportaba cómo un idiota porque tenía que alejarlo. Él era peligroso para mí.
— ¿Peligroso? ¿En qué sentido?
— Yo sentía que por él podía hacer cualquier cosa. Tenía tanto poder sobre mi que sí el decidía arrojarse de un tren en movimiento yo lo hacía, no estoy bromeando, no sonría de manera condescendiente, no es algo tierno, no soy otro adolescente estúpido con miedo a enamorarse, yo tenía miedo de él. Realmente saltamos de un tren, hicimos un montón de cosas que no debíamos, le robamos a alguien, nos metimos con magia que no podíamos controlar, cometimos errores que le costaron a un chico la vida y a él...nunca le afectó, no cómo a mí. A él sólo le bastaba con que los dos estuviéramos juntos y el mundo podía irse al carajo y volverse cenizas. Eramos amigos y esa era la barrera, pero yo le amaba entonces y dejé que lo hiciera, dejé que me arrastrara y había momentos en que yo también olvidaba que había consecuencias para todo lo que hacíamos. Me estaba perdiendo en él. Cuando me besó lo supe, él era un montón de emociones descontroladas, si yo permitía que las cosas siguieran así, él me arrastraría a un infierno, lo sé, él es del tipo que vuelve locos a quienes lo aman. Mantenerme alejado ya me estaba volviendo loco. Remordimientos, culpas, deseos, todos mis sueños, todo lo estaba acomodando alrededor de él y después intenté acomodarlos lejos de él y aún lejos...no se va de mi maldita cabeza. No puedo hacerlo desaparecer.
o-o-o-o-o
Albus fue a ver a James, era miércoles por la noche y había pasado ya un tiempo desde que su padre le había pedido que fuera a Grimmauld Place de vez en cuando para ver si su hermano estaba vivo. Acababa de hacer una sesión de fotos para un catálogo de ropa de un almacén de ropa para gente de clase media, no era precisamente modelar para Armani y había sido un día duro, la sesión había sido mucho más larga que para su book, pero al menos había adquirido más experiencia y agrandado un poco su curriculum y su portafolio.
Tocó el timbre y su hermano le abrió, al parecer iba a salir, parecía apurado. Estaba claramente sorprendido de que estuviese ahí y le entendía. Sino fuera porque se lo había pedido su padre no vería a James por lo menos hasta navidades, pero ahí estaba.
— ¿Vas a algún lado? — Le preguntó en la puerta, no quería pasar a la casa si él se iba a marchar.
— Acabo de mandarte a mi lechuza. Sé que no tienes chimenea, te he enviado a Cristobal hace nada.
— ¿Papá está bien? — Preguntó alarmado.
— Está detenido en el ministerio. Mamá acaba de llamarme por chimenea.
— ¿QUÉ? ¿POR QUÉ?
— Ha intentado matar al señor Malfoy hijo. De hecho le ha cruciado varias veces.
— ¿PERO POR QUÉ?
— PORQUE EL MUY HIJO DE PUTA EMBARAZÓ A LILY.
A Albus se le secó la boca.
Lily, su hermana Lily. Su pequeña Lily. Albus sintió que tenia que sentarse.
— Mierda...¿El señor Malfoy está bien?
— ¿Eso es lo único que vas a preguntar pedazo de imbécil? Saber si tu papi adoptivo está bien.
— El imbécil eres claramente tú, porque por si no te has dado cuenta Gryffindor idiota, si ha dejado mal al señor Malfoy mi padre será condenado por el Ministerio, ya de por si el uso de imperdonables está condenado con 10 años frente a los 3 con los que se condena es estupro, ya que si no lo hace la familia Malfoy podrá acusar al ministerio de corrupto, recuerda que la ministra es nuestra tía y hay conflicto de intereses, sí el hombre está bien cabe la posibilidad de una negociación la familia para que retire los cargos. Piensa James, no todo se trata de arrojarse a la palestra, para todo hay medios legales, incluso para lo que el señor Malfoy le hizo a Lily. Si es que le hizo algo.
— ¿A que te refieres?
— Ellos pasaban mucho tiempo juntos y tu hermana no es una inocente florecilla, es joven, no estúpida. Mira, ve al ministerio con mamá, yo iré a San Mungo a ver si podemos tratar con la familia Malfoy.
— Debería ir yo, o un abogado.
— Tú sólo nos meterías en aprietos James, no sabes tratar con Slytherin y mucho menos con los Malfoy, iré yo.
— Pero Albus, si algo te pasa...
— No me atacarán, no son animales James. Nos vemos en unas horas. Dijo el chico tomando la varita en su bolsillo para usar la aparición.
o-o-o-o-o
Scorpius caminaba por las noches entre los pasillos, no podía dormir porque se la pasaba pensando y como no era un interno problemático los enfermeros casi no le prestaban atención. Se fijó entonces en que la gema de su anillo Malfoy comenzó a brillar. No sabía bien que significaba aquello. Siguió caminando pero se fastidió pronto porque ya había estado en los cinco pisos de la clínica, y se aburría mucho.
Estaba irritado porque al final de su terapia Elizabeth le había dicho que debía dejar la idea de estudiar leyes para satisfacer a los demás o tratar de ser alguien importante para limpiar el apellido de su familia, que lo que debía hacer era hacer algo que le llenara porque sino no iba a ser feliz. Y le irritaba porque no sabía qué es lo que tenia que hacer. Entendía el punto, pero él no tenía idea de en qué podía ser bueno. O más bien, era bueno en muchas cosas pero no sabía que era lo que le gustaba en realidad. Fuera Quidditch o maestro de pociones, nada le apasionaba tanto como para dedicarse a eso. Era más fácil si se apegaba al plan ya establecido.
Al poco rato comenzó a sentir frío y decidió regresar a su habitación.
Rebeca
Gracias a ti por escribir Rebe...¿Te gusta que te diga más Rebe o Beca? Nos leemos chica espero que disfrutes este capitulo tanto como a mi me gustó escribirlo y no sólo por el lemon ;)
Laura
Realmente no sé cómo responder tu review, lo he intendado ya unas tres veces y como que no me sale XD ésta es la definitiva.
Sí, la familia Malfoy es sin duda mi favorita porque pueden parecer unos hipocritas pero no lo son tanto, si alguien no les cae bien simplemente lo desprecian, así, libremente XD pero también son una familia que ama mucho a su manera, son muy posesivos y recatados en su manera de amar y puede que Scorpius sea diferente en su caracter blando pero se lo ataño a la madre. Y bueno, Albus, sí, todo el mundo dice ohh Albus la lleva genial ahora, pero tu lo has desmenuzado muy bien, eso me gusta, entiendes a Albus a la perfección y a la razón por la cual he decidido que no ésten juntos todavía. Es cierto que los Malfoy están dandolo todo por Scorpius, pero tampoco es que los Potter se sienta muy feliz de desacerse de su hijo mediano. Es sólo que ellos no le entienden, no saben lo solo que se siente, no saben que los necesita y lo vulnerable que es, como dijiste, es un especialista en el autoengaño y probablemente se llevará esos demonios con él durante mucho tiempo, recordemos que él no sabe lo que es un terapeuta, lo sabrá después, pero no ahora. Es como el dicho, quién demuestra que puede hacer las cosas solo amenudo se encuentra haciendo las cosas solo.
Y bueno, en cuanto al problema gordo, pues aquí lo tenemos XD
Afrodita
Gracias a ti por escribir un review, de verdad me encanta cuando la gente me escribe, me hace querer escribir más y más. Me he tardado un poco porque no sabía cómo escribir este capítulo pero lo bueno es que ya está arriba.
Nos leemos Afrodita.
