*Si quieren saber que pasó entre Harry y Albus, leer la última parte del capítulo 16 de Lovely Lily
I try to make it through these lies
Draco y Scorpius se miraron el uno al otro. Era la primera vez que se veían en meses. Estaban en una cafetería de Castle Combe, rustica como todo ahí, pero linda y limpia. Olía a café y a cera para madera.
Scorpius vio a su padre algo diferente, estaba nervioso claramente, como si quisiera decirle algo pero también se veía feliz. Tal vez era porque ya no se tenía que preocupar de que él estuviera reptado las paredes en medio de un mar de lágrimas. Las primeras semanas lo había odiado, odiaba ese lugar, pero ahora se encontraba más tranquilo.
— ¿Cómo has estado? —Le preguntó su padre cuando la mesera les trajo a ambos su café. Draco lo tomaba caliente y Scorpius frío.
— Bien, por lo general es tranquilo arriba, en los primeros pisos hay gente muy...perturbada o tonta, Elizabeth dice que es porque las drogas muggles dañan demasiado el cerebro y después ya no pueden actuar de la misma manera que antes. Que a veces consumen tanto que les deja daños irreversibles.
— Sí...recuerdo que cuando fui internado había varias personas enganchadas a la heroína, la mayoría era de mi edad. Eso era lo de entonces.
— ¿Por qué jamás me lo dijiste? — Su tono fue tranquilo, no agresivo como lo esperaba. Draco lo miró y le sonrió muy sinceramente, su hijo era un chico muy dulce y sólo quería respuestas.
— Supongo que por vanidad o por vergüenza o un poco de ambas. De cualquier modo no he bebido desde entonces y eso hacen 24 años de sobriedad. La gente dice que un alcohólico siempre es un alcohólico pero la verdad es que no siento ninguna necesidad, tampoco lo extraño. Mi vida era muy triste entonces y sólo recordarla me da escalofríos, no quería que lo tuyo llegara al mismo extremos y que algún día, al mirar a tu pasado tuvieses algo de lo que arrepentirte.
— Hay muchas cosas de las que me arrepiento ahora mismo. —Dijo dándole un sorbo a su café.— En parte creo que este lugar me está ayudando en cosas en las que ni siquiera sabía que necesitaba ayuda.
—Elizabeth es muy buena desentrañando los nudos de la consciencia. Ella me hizo entender que todo está conectado.
— ¿Te molestaría si yo decidiera no estudiar leyes?
Draco le sonrió y negó con la cabeza.
— Yo sólo quiero verte feliz, incluso tus abuelos sólo quieren verte feliz. ¿Has pensado en algo?
— No todavía, supongo que tengo hasta que salga de aquí para pensar.
— ¿Elizabeth te ha dicho algo sobre darte de alta? Scorpius negó.
— Dice que aún necesito tiempo y que tengo que hablar de Torres...realmente no quiero ni acordarme de su cara.
— Está muerto. Háblale de él, ya no puede hacerte daño.
— Ya sé...es sólo que...siento como si estuviese vivo en mi piel. — Draco frunció el entrecejo. — Sé que suena raro...yo...sé que jamás hemos hablado de estas cosas y no estoy muy cómodo con eso, créeme, pero...no he podido masturbarme desde esa vez.
— Oh vaya, jamás creí que llegaríamos a esto, de verdad. — Dijo Draco haciéndose para atrás. — Es decir, no es malo, es una indicación de gran confianza entre nosotros y lo aprecio pero creo que eres el primer Malfoy en toda la historia en hablar de sexo con su padre. ¿Cómo pueden los muggles vivir con eso?
Scorpius se rió.
— ¿Tu nunca lo hiciste?
— ¡No! ¿Te imaginas a Lucius Malfoy hablando de sexo? ¿Te imaginas a Abraxas Malfoy hablando de sexo con su hijo? — Scorpius se rió de nuevo, una carcajada suave y melodiosa. Claramente recordando el retrato serio que estaba en casa.
— Merlín que horror.
— Lo sé. Pero dime ¿no has podido masturbarte porque te acuerdas de él? — El joven asintió.
— Es como...si ya no pudiese sentirme cómodo con mi cuerpo, como si me estuviese mirando, como si de repente fuera a salir de las sombras a tocarme. Odio esa sensación, ni siquiera puedo pensar en algo para excitarme. Inmediatamente mis pensamientos se van a esa noche y es imposible para mi...tener una erección. Me da mucho asco. Es horrible. Me siento como si nunca jamás fuera a darme ganas de hacerlo, o de siquiera que fueran a dar ganas de besar a alguien.
— ¿Por qué no le cuentas de esto a ella? No es hablarle de Torres propiamente pero está muy relacionado, tal vez ella te pueda guiar desde ahí.
— ¿Hablarle de mis problemas para volver a ser hombre?
— Sigues siendo un hombre.
— ¿Y porqué me siento como si hubiese sido castrado? Incapaz de sentir placer, incapaz de tener una erección, incapaz de imaginar otro cuerpo desnudo, de sentirme bien con mi propio cuerpo desnudo, o de sentirme tranquilo en la oscuridad.
— Porque la mente es poderosa. Scorpius, ella es la experta en cabezas y yo puedo escucharte pero no sé como ayudarte, ella sí, debes hablar con ella sobre eso y te sentirás por mucho, más tranquilo. A veces comprender por qué el cuerpo reacciona cómo lo hace, por qué la mente reacciona cómo lo hace ayuda a superar el problema.
Scorpius agachó la cabeza.
— No estoy muy seguro de que vaya a funcionar.
Draco se limpió los dedos con una servilleta de papel aunque no había nada que limpiar.
— Scorp...hay algo de lo que tengo que hablarte. — El menor se lo imaginaba así que sólo asintió. — De un tiempo para acá, he estado saliendo con alguien.— Ahí fue cuando Scorpius se irguió como si le hubiesen metido un palo por el culo .
— ¿Qué? ¿Estás de broma no? — Ahora si parecía alterado pero Draco no se dejó amilanar.
— Hemos estado juntos desde hace un año...más o menos. Y bueno...ha ocurrido un accidente.
Scorpius frunció los labios hasta que quedaron como una línea. Tenso como una cuerda.
— ¿Qué quieres decir con un accidente?
— Accidentalmente quedó embarazada y vamos a tener al bebé. —Dijo de tirón. Scorpius sin embargo se quedó callado, lo miró como si quisiera que se fuera de ahí, el color de sus mejillas bajó y al parecer se sintió débil porque se dejó caer en la silla como si se hubiese dado por vencido en la vida.
— ¿Vas a casarte? — Le preguntó después de unos minutos de duro silencio.
El mayor asintió.
— Ella lleva dos días viviendo en Malfoy Manor, quise decírtelo antes de que pasara más tiempo, no quería que creyeses que no me importa que estés aquí y que te dejaba de lado, de hecho no estaba contemplado decirlo todavía, queríamos esperar un par de semanas más para darlo a conocer pero las cosas se descontrolaron un poco. —Scorpius empezó a llorar quedito, haciéndose bolita en la silla frente a su padre. — Hijo, tu siempre vas a ser importante para mi, eres mi hijo y eres el primero, nadie va a arrebatarte tu lugar en mi corazón. Y tu madre siempre va a ser mi primer amor...nadie va a borrarla tampoco...pero han pasado cuatro años...
— ¡Mi bisabuelo no volvió a casarse nunca! ¡Mi abuelo no lo haría!
— Pero yo no soy ellos, y estamos en éste lugar Scorpius, lo cual es una muestra de que no somos perfectos, no puedes pretender que me arrastre por los pasillos llorando por tu madre. Lo hice ya, la amé mucho, lo sabes, no estaba en mis planes enamorarme de nuevo, sólo sucedió. —Scorpius trató de limpiarse las lágrimas pero eran muy abundantes. Draco tomó una de sus manos. —Voy a estar contigo siempre, y siempre te voy a querer, y puede que choques con ella en un principio, tu abuela lo hace claro, pero ella es muy joven y te acostumbrarás.
— ¿La conozco? ¿Es hija de algún socio importante? — Draco negó.
— Sí la conoces, pero no es hija de ningún socio.
— ¿Alguna becaria? ¿Tu secretaria? Ella siempre ha estado sobre de ti...aún cuando madre vivía.
— Es Lily Potter. — De nuevo, se instaló un silencio entre los dos, sólo roto por el sonido de la silla caer y del café derramarse.
Scorpius emprendió el camino hacia la clínica.
— Scorpius...espera. — Su padre iba detrás de él e intentó detenerlo tomándolo de la muñeca haciendolo voltear a la fuerza.
— ¿CÓMO TE ATREVES? VIENES AQUÍ, A DECIRME QUE VAS A TENER UNA BEBÉ ¡CON UNA NIÑA! ¿ES QUE ERES IMBÉCIL? ¡ES LA HERMANA DE ALBUS! ¿NO PUDISTE PENSAR QUE ESO ME IMPORTARÍA? ¡LA HERMANA DE ALBUS! ¡MERLÍN! — Gritó volviendo hacia su camino.
— Scorpius, por favor, ya te dije que no lo planee. Se dio y fue todo. Pero ahora estamos juntos y tienes que aceptarlo. — Estaba siguiéndolo, sorprendentemente sin agitarse.
— ¡¿CÓMO SE TE OCURRE DECIR QUE ME ACOSTUMBRARÉ?! ¡MI NUEVA MAMÁ ES DOS AÑOS MENOR QUE YO! ¡LA HERMANA DE ALBUS, PAPÁ!
— LO SÉ ¿VALE? LO SIENTO Y DE TODOS MODOS NO ES COMO SI FUERAS A VOLVER A VER A ALBUS.
Scorpius abrió bien la boca, indignado, insultado y sin saber que decir. Sólo se fue de ahí caminando lo más rápido posible para encerrarse en su habitación dentro de la clínica.
Draco suspiró dándose cuenta de que había dicho algo muy cruel. Se pasó la mano por la cara. Bien, por lo menos había salido mejor de lo que esperaba, tenía que trabajar con su hijo un poco más y tal vez aceptaría regresar a casa con él para la boda de Chimamanda que era a principios de Diciembre y para lo cual Chima había regresado a Gran Bretaña.
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Albus se quedó en silencio y con todo el esfuerzo del mundo intentó sonreír.
Estaba en medio de un receso y aprovechó que Victoria se estaría comiendo a besos al pobre de Sam en alguna esquina del colegio así que se encerró en el baño y se apareció en el callejón Diagón. Necesitaba retirar algo de dinero porque ya no tenía medicamento, las vitamina no importaban tanto pero ya no tenía las del corazón y las de la tiroides casi se le acababan, pero ohh sorpresa, Moorlak, el duende a cargo de su cuenta le dijo que la cuenta había sido vaciada y cerrada. Dijo que todo fue bajo ordenes de su padre.
Albus intentó sonreír, en serio que se esforzó. Afortunadamente tenía algo así como 20 galeones encima por aquello de la precaución y decidió que lo mejor era cambiarlos por libras, el duende asintió y empezó a hacer las conversiones.
Le dieron 100 libras esterlinas, lo cual parecía ser mucho, pero con los precios que manejaban en Reino Unido a penas le alcanzaría para hacer las comidas y pagar el metro sólo por tres o cuatro días.
Sabía que su padre estaba furioso, pero no creía que tanto y lo peor era que dentro de dos semanas tenía que hacer los pagos de la colegiatura y de la renta. Cosas importantes porque resulta que eran los exámenes finales del semestre y la renovación del contrato de arrendamiento.
Se marchó de ahí con sus libras y volvió a aparecerse dentro del baño.
Durante el almuerzo convencieron a Victoria y a Dennis de ir a Ding Dong China, la comida no era buena para la dieta de Albus (ni siquiera era viernes) pero al estar en quiebra recordó que en el restaurante chino servía barato y mucho, además si no te lo acababas te lo podías llevar a casa y eso sería una comida menos en la que gastar, desafortunadamente vivía en le mismo edificio que Dennis y tenía que tomar el metro y eso costaba casi seis libras, si estuviera solo podría aparecerse en su habitación, pero no, ahora vivía como un muggle.
Trató de estar lo mejor posible hasta que, ya en el metro Dennis se recargó en su hombro.
— ¿Te pasa algo? Estás apagado.— Albus le tomó de la mano, lo que más le gustaba de Dennis era que al ser un gay declarado podía tomarle la mano en la calle, cosa que no pasaba con algunos chicos mayores que había visto, muchos se morreaban ya ebrios en las fiestas pero durante el día eran unos heternormados.
Albus consideraba que eso los hacía más maricones de lo que ya eran, Dennis era un chico valiente aunque la gente dijera que a veces se le salía lo loca. Y es que a Dennis a veces se le salía la pluma, pero a Albus le gustaba la pluma así que no había problema. La ventaja de ser abiertamente gay es que puedes ser un afeminado y nadie te juzga por ello...o bueno, si te juzgan algunos, incluso los otros gays, lo que es una soberana estupidez, pero eso a Dennis no le importaba.
— No realmente, es sólo que pasó algo en casa. Papá perdió su trabajo. — Dennis apretó su mano.
—Lo siento.
— No, está bien, pero me ha dicho que no tiene dinero para mandarme y eso me preocupa...se vienen los finales y la renta.
— Y los gastos del festival de navidad.
— Y los gastos del festival de navidad...mierda, gracias por recordarmelo.— El puto festival. Duraba tres días, de jueves a sábado y ahí se calificaban los finales, la primera facultad en presentar era la de arte dramático y por lo que había escuchado, era la muerte económica del bolsillo de los estudiantes.
—No hay de que...es sólo que cuando terminamos la clase de técnicas, el profesor me pidió que le ayudara a llevar unas cosas al salón de maestros y Pax comentó por ahí que quería que Victoria y tú hicieran intermedios entre los shows, unas cinco o seis canciones. Kate estuvo de acuerdo, no sé si no se pone a pensar que estarás muy cansado cuando llegue el momento de presentar nuestra obra pero se veía muy decidida, tal vez te lo pida mañana.
— Ohh mierda.
— Siempre puedes decirle que no.
— No voy a decirle que no...después de Kate, Pax es mi maestra favorita. Y quiero hacerlo, me encanta cantar.
— Pero puede que tengas que hacer cambios de vestuario y eso cuesta dinero...yo te puedo prestar, puedo decirle a mi padre o a mis abuelos que te presten algo de dinero pero no creo que alcance para la colegiatura.
— Dejalo...veré qué puedo hacer, tal vez le pida a mis tíos. — Dennis lo miró a los ojos y le dio un tierno beso en los labios. Después volvió a su posición en el hombro de Albus y con gestos muy gatunos se frotó contra éste, causándole risas al moreno.
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Por la noche fue a casa. Se apareció en Valle de Godric, en el patio trasero, la puerta conectaba a la cocina y cómo supuso su madre estaría haciendo la cena.
Tocó la puerta llamando la atención de su madre y por un momento ella se quedó estática sin saber que hacer. Albus tocó de nuevo y ésta vez Ginny caminó hacia la puerta y la abrió, pero estaba claro que no le dejaría pasar.
— Cerró mi cuenta en el banco.
— Lo hizo.
— ¿Por qué? Salvé su maldito culo y soy su hijo y necesito ese dinero. Se supone que esa cuenta era para mi, para solventar mis estudios, no tiene derecho a quitármelo.
— ¿Después de lo que hiciste aún crees que te mereces ese dinero?
— No vi que te quejaras cuando lo soltaron.
— No sabía lo que habías hecho para conseguirlo. Y si tienes ese problema de dinero puedes perfectamente hablar con él.
— Ya le pedí disculpas, ni siquiera me escucha. No quiere verme.
— Créeme Albus, en este momento hasta a mi me cuesta mirarte.
A Albus se le estaba formando un nudo en la garganta y de repente su mamá se dio la vuelta. El chico pudo ver como iba al comedor para después regresar con su baúl de Hogwarts. Lo dejó caer al suelo sin ningún cuidado.
— Tu padre dijo que iba a mandártelo pero ya que estás aquí puedes llevártelo. Son las cosas de tu habitación. Tus libros, los CD´s y lo que quedaba de tu ropa.
— ¿La ropa que dejé para usar en vacaciones? — Su madre asintió. — ¿Es en serio que me estás haciendo esto? Lo entiendo de papá ¿Sabes? Pero tú...se supone que eres mi mamá y yo...— Se le rompió la voz y no pudo aguantar más la picazón en sus ojos.
— ¡BASTA! — Gritó de pronto. — No me llames así por favor...Deberías irte de aquí Albus. —Se le quebró la voz. — Tu padre está a punto de llegar y James vendrá a cenar así que...necesito que te vayas. Necesito tranquilidad. De verdad, marchate.
Albus no podía creerlo, estaba tan conmocionado que lloraba, pero eso no ablandó nada a su madre y eso que pocas veces le había visto llorar. Ella siguió cortando vegetales esperando a que se fuera sin ser echado.
— Lo siento, no debí venir a molestarte...si...un día quieres venir a Londres a verme...papá sabe dónde vivo.
— Sólo vete Albus. Ya no quiero verte.
Después de esto salió de la casa con sus cosas y se apareció.
Ginny se dejó caer sobre el suelo de la cocina y se puso a llorar.
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Al día siguiente Albus desayunó un par de plátanos y se hizo un emparedado para llevar al colegio. Dejaría la comida china para la hora de la cena y entonces sólo tendría que preocuparse por la comida.
Hizo cuentas, su medicamento para el corazón y la tiroides le costaban 35 libras, no podía permitírselo, si se compraba las pastillas se quedaría antes sin dinero. Sin embargo se permitió el lujo de comprar un periódico en la estación de metro.
— ¿Qué buscas? — Le preguntó Dennis recargándose en él cómo siempre lo hacía.
— Un trabajo...no puedo ser una carga económica en este momento para mis padres y necesito pagar mis cosas.
— ¿Que sucedió con el dinero que te pagaron de adelantado del folleto de ropa?
— Tuve la genial idea de usar el adelanto para comprarme un minicomponente y ropa, el resto lo tendré en un mes. — Dijo pensando en que de todos modos cuando recibiera el resto de su pago sería demasiado tarde.
— Ohh Albus...no pasa nada. Te va a ir bien, si quieres, durante los recesos te ayudo a buscar algo...
— Gracias Dennis. — Dijo dándole un beso en los labios.
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Justo cómo Dennis le dijo, la profesora Pax le llamó, pero sólo a él, no a Victoria.
— Albus, puede que esto te moleste pero le he pedido a Kate que te saque de la obra de final de semestre.
— ¿Qué? Por qué hice algo que le molestara...— Preguntó asustado.
— No, que va, Albus tu eres muy bueno, Kate aceptó prescindir de ti porque te ha dado muchos protagónicos en las obras pequeñas y que hay chicos que también quieren intentarlo, yo, bueno, la verdad es que tienes una voz muy especial y me gustaría que cantaras en los intermedios, también me gustaría verte actuar, claro, pero son 24 canciones, cuatro al finalizar cada obra de teatro y tenemos un mes para pulirlas.
No era que no supiera que ya se lo iba a pedir, pero Albus creyó que podía cantar y actuar al mismo tiempo. No le molestaba hacer los intermedios, el problema era que sólo un puñado de gente se quedaba a ver los intermedios y él quería que lo vieran. Albus se limpió el sudor de las manos en la ropa y asintió.
No podía quejarse por tener papeles pequeños. Aceptar los papeles pequeños estaba bien para empezar. Además, el puñado de gente que lo iba a ver lo vería sólo a él, no a él entre un montón de gente.
— Está bien profesora. ¿No tendré que hacer muchos cambios de ropa o sí? — La maestra negó.
— Con uno o dos basta, pero si quieres puedes hacer más.
— ¿Y qué canciones serán?
La mujer sonrió sacando de su maletín un grueso folio de hojas. Eran partituras.
— Puedes elegir las que más te gusten Albus, cualquiera de éstas sonarán increíbles con tu voz. Las elegí para ti.
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Terminando las clases lo primero que hizo fue salir a comprar solicitudes de empleo. En el periódico vio que en todos los sitios lo pedían una y quería rellenar varias pero preguntaban cosas que él ni siquiera sabía porqué preguntaban. Como los hobbies y esas cosas ¿Si vas a trabajar por qué rayos quieren saber qué es lo que te gusta hacer cuando no estás trabajando? Fue a un par de sitios, en uno, de mesero en una cafetería, ya habían contratado a alguien y en el otro, demostrador de una tienda de ropa, necesitaban a gente con experiencia. Buscó en otro lugar como limpiador de pisos en un centro comercial pero era de tiempo completo y a menos de que pudiese partirse en dos no podría trabajar e ir a la escuela al mismo tiempo.
Llegó como a las siete a casa y cenó su comida china.
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Jueves por la mañana y se sentía ansioso, había pasado mala noche y había sudado a raudales. Lo odiaba, eran los síntomas del estúpido hipertiroidismo, era extraño cómo era que no se había dado cuenta antes de ellos, quizá se lo habian detectado a tiempo pero ahora era diferente, hasta le temblaban las manos pues había dejado el medicamento por cuatro días consecutivos y ya estaba haciendo estragos en él.
Respecto a la comida y transporte había sobrevivido gracias a la caridad de Sam y de su novio (cosa que hizo que Sam mejorara su opinión sobre Dennis), pero odiaba estar así, no le gustaba deberle nada a nadie, tenía que conseguir dinero, ya, tenía que pagar la renta y el colegio en un par de semanas y no sabía qué hacer, no había podido conseguir trabajo. La gente lo creía estúpido por no saber usar una computadora. No sabía porque los muggles lo consideraban super necesario pero ni siquiera tenía dinero para pagarse un curso y mucho menos para comprarse una.
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El viernes no entró a clase de baile.
El corazón le iba muy rápido.
La cuestión con el hipertiroidismo era que le aceleraba el corazón y sentía muchas palpitaciones. Prefirió decirle a Oscar que se encontraba mal y que quería quedarse a observar.
Oscar se extrañó, después de lo que había pasado habían seguido con la misma mecánica de siempre, incluso habían compartido uno que otro beso furtivo así que el hecho de que Albus faltara a clase, pensó el mayor, tenía que ser por algo importante que no tenía nada que ver con su acostón. El chico tenía mala cara.
A Albus le encantó que Oscar se dignara por fin a decir quienes iban a formar parte del espectáculo de su clase en el show navideño. Sin sorprenderse mucho Dennis y Sam fueron elegidos como parte de la escuadra de baile que representaría a su clase (no participaban todos, el colegio manejaba el baile como si fuera teatro, debía de haber suplentes por si las moscas, además de que había personas, como Victoria y Dennis que tenían varias cosas que hacer dentro del festival), Sam había obtenido un solo y estaba que no cabía en sí de felicidad.
Dennis obtuvo el protagónico en la obra de la profesora Kate, una adaptación teatral del zorro de Isabel allende y Victoria en la del profesor Matthew, Hamlet, en el papel de Ofelia.
Al finalizar el día Dennis le tomó de la mano hasta el tren y está vez fue Albus quien se recargó en un hombro ajeno. Se sentía mal. Dennis besó su frente y estaba seguro de que estaba húmedo como un pez. Pero no importó. Dennis le besó de nuevo, ésta vez, en la nariz.
La noche de ese mismo día Victoria y Tristán, quién al parecer era su mejor amigo, los invitaron a todos a un antro alternativo, es decir, de gays. Él iba a negarse, no tenía dinero y Dennis estaría viajando a casa de su padre esa tarde, era un largo viaje a Dublín, en Irlanda del norte, pero a Dennis le hacía ilusión que su padre le invitara a pasar el fin de semana con su familia. Y para qué mentir, se sentía como mierdecilla, pero Sam logró sacarlo de su cuarto con la excusa de que Victoria lo iba a pagar todo.
No entendió para qué Sam lo invitaba si iba a pasar la noche restregándose con Victoria en la pista de baile, no le gustaba para nada ser la tercera rueda, aunque hablando de terceras ruedas, eso no parecía molestar a Tristán que había llegado con un par de chicas, una rubia oxigenada de raíces negras y el cuerpo grande, no, no era gorda, era de esas mujeres muy altas y de espalda ancha, era una mujer grande; y otra era también caucásica pero con el cabello color azul pastel. A las dos besaba y metía mano. Se llamaban Yael y Tabatha respectivamente. Eran muy guapas, pero tenía la sensación de estar presenciando algo que no debía, así que decidió irse a la barra del bar a beber, Victoria le había dado dinero para pedirse sus propias bebidas.
El lugar tenía un aire muy industrial, parecía una bodega pero era bastante grande. En el lugar había unos cuantos chicos que bailaban dentro de jaulas y estaban medio desnudos o sólo con la ropa interior. Tenían unos cuerpos muy trabajados pero las caras de más de uno no le convencían. Él era muy de caras, Oscar y Dennis tenían unas caras preciosas en su propio estilo. Oscar tenía un rostro muy masculino, cosa que resaltaba su barba y Dennis tenía una cara muy femenina.
La barra estaba llena pero no como para empujarse para que le atendieran, después de un par de minutos fue su turno y pidió un Vodka, por alguna extraña razón pensó en Scorpius, el Vodka era la bebida favorita del rubio, se la tomaba como agua, quizá por eso bebió a su salud, dónde fuera que estuviera, según él, debería estar en Londres, estresado por lo cercano del final de semestre.
De repente un sujeto, mejor dicho un señor se acercó cuando pidió su segunda bebida.
— Uno igual, por favor.— Le dijo al barman y se quedó muy cerca de él, MUY CERCA. Si Albus no lo empujó tal vez era porque estaba relajado con la bebida o porque simplemente le daba igual.
Un tipo más, un tipo menos.
— Se te ve muy tenso...— Le dijo de repente.
— Algo. — Dijo sin mirarlo directamente pero lo vio por el cristal del estante de las botellas, que era una especie de espejo. Apuró su segundo vaso y pidió el tercero. Era un hombre de unos cuarenta-cuarenta y cinco años. Caucásico y rubio oscuro, bueno lo que le quedaba de pelo, era un tanto calvo. Alto y de complexión delgada pero con una visible panza de cerveza. Vestía como un padre de familia, uno que se dedicaba a uno de esos aburridos trabajos de oficina.
— ¿Vienes mucho aquí?
— No, de hecho no. — Dijo preguntándose qué querría aquél hombre. No era común para él que un desconocido le hablara.
— Oh...¿Dejarías que te invite algo?— De nuevo sobre de él, el hombre se inclinó sobre el hombro de Albus para susurrarle en la oreja. — Eres muy guapo y sé que tal vez es algo tarde pero si te quedas conmigo, te pagaré los tragos, puede que hagamos algo más y después te daré dinero para que te vayas en taxi a casa.
Albus miró hacia el frente, todavía sin creerse que un viejo así estuviese inventándole algo bajo esos términos. No creía una mierda. Estaba a punto de mandarlo al carajo cuando pensó que el tipo claramente quería algo más que sólo pasar el tiempo en el bar...en su vida podría salir con un chico con su aspecto. Leyó el ambiente del antro, había al menos 10 chicos en jaulas bailando sin ropa, y recibiendo dinero por ello y que después hacían tratos por fuera para hacer privados y follar. Dinero que él necesitaba.
Sexo por dinero, se sintió el terrible sólo verlo cómo una salida a su problema, porque sí, se lo planteó, antes de decir sí, decidió marcharse dejando al hombre con la palabra en la boca.
Se despidió de Tristán y las chicas, salió del lugar y se apareció detrás de dos automóviles. No quería quedarse ahí.
En casa se preguntó por qué no lo había hecho. No le quedaba ninguna razón para decir que no ¿Quién lo sabría? ¿A quién tenía miedo de avergonzar o lastimar?
Se echó en la cama y miró al techo. Si a sus padres no les importaba si conseguía sobrevivir por qué a él debería importarle. A nadie más que a él le importaba lo que pasara con su puta alma o su puto cuerpo. Y de momento su cuerpo la estaba pasando mal por la falta de medicamentos.
No era algo que él quisiera, pero Dennis y Sam tenían sus gastos muy medidos y él estaba siendo una carga. Jamás le pediría dinero a Victoria o a Tristán, no tenían esa confianza. Lo único que lo detenía era que si lo hacía tendría que hacerlo muchas veces, y estaba estudiando para hacer un trabajo donde la gente vería su cara, dios, en dos meses la gente lo vería en un folleto de ropa, si lo hacía puede que a futuro le trajera problemas.
Resopló.
Miró hacia un lado y ahí estaba su baúl. Se levantó curioso, no había terminado el séptimo año, pero sí que leyó el índice del libro de transformaciones a principios y recordó que venían hechizos glamour.
Se dio fuerzas a si mismo y se levantó.
Abrió el baúl con sus manos temblorosas y mojadas. Ahí estaban todas sus cosas; algunas estaban reducidas, era increíble la forma en que su padre había reducido su vida a una caja, como si no importara nada.
Albus sonrió con amargura. Su padre siempre había estado por ahí diciéndole lo mucho que le quería y le importaba. Tonterías. Tal vez nunca le importó realmente. Y al parecer ni siquiera le importaba a su madre.
Abrió el libro en la página del índice, uno de los últimos temas era precisamente el tema que necesitaba. Suspiró. Estaba a punto de dudar, pero luego vio que en el montón de ropa, reducida al tamaño de ropa de muñeca estaba su bufanda verde. La tomó entre sus dedos y la acarició con el pulgar.
Salazar de su parte nunca hubiese vendido el culo, pero Salazar sí que lo hubiese hecho si hubiese sido necesario. Nunca reparaba en nimieses como la moral.
Para Salazar, y bien lo decía el sombrero, el fin justificaba los medios.
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Habían pasado dos semanas desde la última vez que vio a su padre, pero sus abuelos le mandaban cartas todos los días. En el lugar no aceptaban mascotas pero él sólo tenía que abrir la ventana para recibir noticias de casa. Se preguntó por qué no le llegaban desde el principio, y después se dio cuenta de que era obvio, las cosas para él comenzaron a mejorar cuando comenzó a hablar.
La carta era de su abuela. Ésta le comunicaba que su tía Chimamanda se iba a casar finalmente dentro de dos días, que se fuera haciendo a la idea de que iba a salir de aquél lugar pero que obviamente no podía, ni debía, tomar una sola gota de alcohol, que los elfos le vigilarían y que iba a quedarse todo el fin de semana en casa pero que regresaría el lunes por la mañana a la clínica.
Lo comentó con la doctora Elizabeth, esperando una negativa o algo así para no tener que pararse frente a su padre pero ella dijo que estaba bien. Que debía regresar a la vida normal poco a poco para notar por si mismo las cosas que debía trabajar.
— Pero no quiero verle.
— Tienes que hacerte a la idea de que la vida sigue y que tu padre tiene derecho a rehacerla con alguien más. Tú vas a hacer tu vida más adelante, con una persona a la que ames, dejarás el nido y le dejarás solo. No es nada justo Scorpius.
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Albus sentía las articulaciones un poco resentidas, como cuando comenzó el tratamiento de la tiroides, pero por lo menos eso significaba que las cosas marchaban bien. El medicamento estaba haciendo su trabajo.
— ¿Estás bien Albus?— Le preguntó la profesora Pax mientras abría las partituras en el atril del piano. Albus asintió y le dio una sonrisa. La mujer se la regresó y después siguió acomodando sus hojas. — Tenemos que darnos prisa Albus, sólo quedan diez días.— Dijo con voz animada, no se sentía presionada, Albus había demostrado tener un rango vocal alto y un don natural para la interpretación, su mayor problema era mantener una nota por demasiado larga, pero afortunadamente eso sólo pasaba en una canción.
Albus tomó asiento a su lado y sacó sus propias partituras.
Tenía que cantar 24 canciones y todas habían sido elegidas por él (dentro de una selección de cien canciones, de lo cual, lo que más le sorprendía era que la mujer tuviera un gusto musical tan variado y moderno) Pax claramente disfrutaba de su voz y disfrutaba de sus canciones. Ese sería el último día que practicaría con piano, según ella para terminarlo de afinar, pero a partir del día siguiente se enfrentaría a las pistas.
Algunas eran muy animadas, pero Albus era especialmente bueno dando tonos melancólicos, la profesora Pax decía que había algo en su voz que acariciaba el alma, Albus creía que exageraba pero nunca decía nada, sólo sonreía.
Se sentía bien cuando alguien le daba su aprobación. Sam decía que sentirse así no era del todo bueno, pero a él no le importaba. Disfrutaba cuando Dennis le decía que se veía guapo, o que los pantalones en color negro se le veían bien. Incluso disfrutaba cuando cuando las chicas que pasaban a un lado de él por la calle le veían de manera apreciativa, y eso que las mujeres no le interesaban para nada.
Él pesaba que mientras su ego estuviera contento, todo a su alrededor estaría bien.
Iba a abrir su repertorio con Moorlough Shore, una canción de Caroline Lavelle, le gustaba porque tenía violonchelos y por la letra, que hablaba de una mujer que esperaba a el regreso de un amor que desapareció en el mar. Era tranquila, pero la forma en que penetraba su voz con las notas bajas era increíble. De vez en cuando, cuando practicaban con la puerta del cubículo abierta la gente que pasaba se paraba a escuchar.
A mitad de la canción Dennis llegó y con sumo silencio se quitó la mochila de encima y se sentó en el suelo para escucharlo cantar.
Iba a escucharlo todos los días después de clases, a pesar de que las tomaban juntos tenían diferentes grupos de amigos y ambos eran muy independientes así que siempre parecía que a penas se veían, pero siempre estaba ahí cuando tenía tiempo entre sus ensayos.
Claro que Dennis ensayaba más los fines de semana, había dejado momentáneamente la obra de teatro que presentaba para niños enfermos para poderse quedar en Londres los fines de semana y participar en los ensayos de la obra de teatro y el baile que iba a presentar su clase en el festival.
En cuanto a él, bueno, había conseguido otros dos trabajos como modelo, uno era para una tienda de ropa on-line (Sam de veras se preocupó cuando le fue a preguntar qué era un tienda on-line), y el otro era un desnudo artístico para un fotógrafo que Albus no sabía bien si seguía en el mundo consciente porque tenía la mirada muy perdida. Le recordaba un poco a la tía Luna. Total que él seguía buscando cast, entre más trabajos de modelo tuviera, más pronto dejaría de trabajar de noche.
Los dos terminaban el día muertos y el sexo pasó a ser algo que se hacía cuando tuvieran más energía, pero entre los ensayos de Dennis y la búsqueda de trabajo que Albus se empeñaba en hacer a pie no había manera. Pensó que si Dennis hacía su esfuerzo él también debía de hacerlo, en parte sólo cantar intermedios no le parecía suficiente y ver a todos a su alrededor trabajando tanto le hacía sentir como un inútil así que "sacrificaba" sus piernas que se mantenían muy buen gracias a la caminata y buscaba trabajo como el resto de los mortales, y por otro lado no quería que Dennis pensara que era un holgazán.
Cantó la misma canción tres veces. Y después pasó a la segunda, que originalmente tenía un sonido bastante rock pero que no sonaba mal a piano. Be Yourself de Audioslave que hablaba más de seguir adelante que de aceptarse a uno mismo.
Dennis comenzó a menearse sentado en el suelo dejándose llevar por el sonido.
Ni siquiera supo desde cuando lo qué pensara Dennis le comenzó a ser importante, pero ahí estaba, un extraño sentimiento de complacencia donde le gustaba hacerlo suspirar, de que lo mirara sólo a él, de que se mordiera los labios en medio de una sonrisa causada por el sonido de su voz.
Incluso hubo un momento dónde supo que Dennis estaba teniendo una erección, se cubrió la entrepierna con su mochila. Albus sonrió. Pax estaba completamente ida en el piano, cerraba los ojos y se dejaba llevar por el sonido.
Dennis sólo se pudo quedar media hora, tenía que ensaya, pero le dio tiempo a escuchar la practica de otras dos canciones, like a Stone de Audioslave y No light, no light de Florence and the machine. Pero le dio a Albus un beso y sacó un tupper de su mochila, era una ensalada.
— Te la dejo para que comas. — Le dijo y sin saber porque Albus sintió maripositas en el estomago. También tenía una sonrisa estúpida en el rostro de la que no se dio cuenta hasta que le dolieron las mejillas de tanto sonreír.
Pax se rió de él cuando se puso a masajear sus mejillas.
— Creo que alguien se ha robado el corazón de mi pequeño cantante.
Albus no dijo nada pero sin quererlo volvió a sonreír, intentó detener su propia sonrisa con sus dedos y Pax volvió a reír.
— ¿Sabes? Me alegro, porque al principio no estabas así, ustedes dos parecían dos entes muy separados, obviamente había mucha atracción física pero cada uno lidiaba con sus propias ocupaciones y preocupaciones, sin embargo de unas semanas para acá se han puesto afectuosos, cómo si ya se sintieran del todo cómodos y pudieran ser ustedes mismos el uno frente al otro.
— No sabía que esas cosas podían notarse.
— Cuando te dedicas a observar te das cuenta de muchas cosas. Bueno, ya que tu hombre te ha traído alimento deberíamos comer, después continuaremos.
o-o-o-o-o
Albus terminaba sus actividades una hora antes que los demás así que cuando no estaba buscando castings de modelaje se dedicaba a perder el tiempo ayudando en Ding Dong China, el señor Fu, al enterarse de sus problemas financieros y entendiendo que no podía tener un empleo de tiempo completo le ofreció la oportunidad de llevarse un par de libras o una comida gratis por lavar los trastos o fregar los pisos y bueno, había tenido una abuelita muy exigente así que claro que lo aceptó.
Sam, Dennis y Victoria salieron del colegio en medio del frió. Albus les esperaba recargado en un auto con una bolsa rosada en las manos, eran paquetes de comida.
Se juntaron a cenar en el departamento de Victoria que era el más espacioso y más cercano a la escuela. Para ella llevó un arroz frito con verduras y champiñones así que no puso pegas, sonrió al ver que Victoria ya comía los platos enteros. Al parecer estar con Sam le resultaba beneficioso.
Sam iba a quedarse a dormir ahí, así que Albus y Dennis se fueron solos a la estación, tomados de la mano y platicaron muchas cosas, sobre una nueva película en el cine que no podrían ir a ver hasta que no terminara el asunto del show Navideño y sobre el Zorro, el personaje de Dennis. Antes de llegar a la estación, en medio de la calle Dennis le besó como si el mundo fuese a acabarse y Albus le respondió de igual manera.
En algún punto del beso Albus sintió que el tiempo se había detenido y que el aire pasaba a ser algo secundario cuando besabas a una persona que amabas.
Y es que fue extraño, porque había pensado en ello después de que Pax se lo dijo. La suya ya no era una relación hormonada ni para pasar el rato. Ambos estaban dando el paso a algo más serio y se sintió feliz, porque lo había logrado, había logrado arrancarse la espinita de Scorpius y lo había hecho de una manera tan sencilla como iniciar una relación y cuidarla como si de una plantita se tratara.
Lo suyo no fue un amor a primera vista o un descontrolado amor pasional. No había nacido con aquella follada ebria en una casa ajena, ni tenía la esencia de una relación necesitada de cariño. Había sido lenta y gradual y Albus podía decir perfectamente que le amaba. Y se lo dijo.
Se separó ligeramente, dejando sus frentes todavía en contacto y le dijo que le amaba. Dennis soltó una risita nerviosa y volvió a besarle.
— Yo también. También te amo Albus.
Después de eso siguieron besándose por un rato hasta que se dieron cuenta de que si no se daban prisa no alcanzarían el último tren.
o-o-o-o-o
Fue su abuelo quién llegó por él muy temprano en la mañana. Vestido de negro desde las botas hasta los guantes impresionó a bastante gente, tras encerrarse en su habitación levantó todas las protecciones que había puesto su padre y le tomó de la mano para llevarlo con aparición a las puertas de la casa.
— Te noto muy callado. — Dijo cuando las verjas se abrieron y les dejó pasar a los jardines, extrañamente Gona no estaba por ahí.
— Lo siento, no sé muy bien cómo reaccionar ante la realidad inminente de que tendré una madrastra más joven que yo.
— Entre los muggles sucede más a menudo. — Dijo su abuelo observando a uno de los pavos albinos que pasaban por ahí. — Pero debo admitir que actúas mejor de lo que yo hubiese hecho en tu lugar.
Scorpius sonrió.
Incluso Theo Nott hubiera reaccionado mejor que su abuelo.
— ¿Su familia ha venido a verla?
— No. Bueno, tengo entendido que su padre está furioso con ella y con Albus.
— ¿Con Albus?
— ¿Tu padre no te contó de aquél embrollo?
El menor de los Malfoy negó.
— Digamos que meterse con una menor de edad no es nada legal, pero a que al, gracias a Merlín, inteligentisimo Harry Potter le pareció mejor tomarse la justicia por su propia mano casi cruciando hasta la muerte a tu padre por lo cual estuvo a una pestaña de ir a la cárcel pero Albus, con obviamente más sesos que sus progenitores, encontró un vacío legal donde ambos podían librarse de Azkaban, claro que para eso tuvo que poner un imperio sobre su padre y ahora los Potter-Weasley y derivados lo creen Voldemort resucitado.
— ¿Albus imperió a su padre?
— El fin justifica los medios.
— Pero abuelo, eso es horrible. El hombre se encogió de hombros.
— Tal vez. Pero ese no es nuestro asunto.
Scorpius estaba a punto de replicar pero entonces escuchó la vocecita de niños pequeños. Eran Honoré y Friederich, que habían salido a jugar al jardín siendo perseguidos por por Lily, en cuanto la vio Scorpius sintió un retortijón en el estomago.
Vestía un pomposo vestido blanco con azul estilo princesa, parecía un pastel y lo único ajustado era la linea del pecho, ya que debajo de estos el vestido se abría, Scorpius estaba seguro que era para que su estomago de embarazada se sintiera mucho más cómodo. Los niños, vestidos del mismo modo, eran como angelitos mulatos jugando a su alrededor. Sintió algo de rabia.
Ella también notó su presencia y se quedó quieta. Se llevó las manos al pecho como si se sintiera algo incómoda. Los niños también se detuvieron y luego miraron hacia dónde ella lo hacía. Después enormes sonrisas se instalaron en su rostros y corrieron hacia él gritando su nombre.
El rubio intentó poner su mejor cara, los niños de su padrino siempre eran así y ellos no se merecían que les tratara mal sólo porque estaba enojado.
Los abrazó, les dio vueltas en el aire y el abuelo terminó diciéndoles a todos que ya era hora de ir a arreglarse. Los niños inflaron sus mejillas con un puchero y Lily se acercó inclinando su cabeza en una ligera reverencia hacia el abuelo y no miró a ninguno de los dos a los ojos. Parecía tenerle algo de miedo a Lucius. Eso estaba bien, el respeto todavía existía, por lo menos.
Él no dijo nada, sólo siguió el camino de piedra hasta la entrada y sus elfos le recibieron, ahí estaba Gona también, al parecer estaban todos limpiando la mansión.
— ¿La boda será aquí? — Preguntó extrañado.
— No, es sólo que tu abuela quiere la casa limpia antes de salir. Ven, vamos a tu habitación. — Scorpius asintió y siguió a su abuelo por las escaleras, conforme iban llegando Scorpius se ponía nervioso. No sabía por qué, pero de todos modos se forzó a sí mismo a abrir la puerta. Cuando entro la vio como siempre, los mismos colores, la misma ropa de cama. Sintió las rodillas débiles y decidió sentarse en ella. Su abuelo le miró.
Parado ahí, todo imponente y él sentado en la cama creaba un gracioso efecto de magnificación, se sintió pequeño.
— Bien, ahora que estamos solos podemos poner algunas cosas en orden. — Dijo quitándose un guante. Scorpius no entendió el porqué hasta que recibió una bofetada que lo tiró directamente hacia atrás. El menor se llevó la mano a la mejilla, sorprendido y lo que le sigue, porque su abuelo jamás le había pegado, ni siquiera su propio padre lo había hecho nunca. A continuación Lucius le tomó del brazo para jalarlo como si fuera un vil muñeco y le abrazó. — Iba sólo a abrazarte, pero no quería que te confundieras, aún estoy muy molesto contigo. Sé que lo que te pasó es muy fuerte, que lleva tiempo reponerse, pero eres mi nieto y lo tienes todo, desde comodidades económicas hasta el amor de tu familia, y nada de eso te ha detenido de hacer tontería y media, me he comunicado por correo con la tal Elizabeth y quiero que te quede claro que no voy a decidir por ti, pero en enero las universidades mágicas abren otro periodo escolar, y puedes entrar a la escuela que tu quieras, puedo comprarte la entrada a dónde sea, o puedes no entrar y quedarte en casa, esperar a hacer los exámenes de manera apropiada y todo eso, pero tengo que advertirte que entonces tendrás que verle la cara a la niña Potter todos los días, así que queda en ti.
Dicho esto Lucius se acercó al armario y lo abrió. Había toneladas de ropa que sabía que antes no tenía.
— Ahora arréglate. Tu tía no te ha visto y quiero que estés presentable en el tercer día más importante de su vida. — Dijo para después salir de la habitación y dejar que se vistiera a gusto.
No estaba muy seguro de qué es lo que había pasado pero pensó que era mejor no cuestionar a a su abuelo.
Se levantó de la cama aún con el dolor en la mejilla y se paró justo frente a su ropero. Había un montón de ropa bonita, no sabía si iba a usarla, una que otra era muy ajustada, él no era de ese tipo de ropa, no le gustaba que la gente pudiera ver la forma de su cuerpo, porque era muy delgado y detestaba no tener masa muscular, incluso estaría bien tener algo de grasa. Suspiró.
Tomó algo en negro y una corbata verde de seda. Era una estupidez tal vez, pero los magos salidos de la casa de Slytherin eran muy ubicables en el mundo mágico, como que creían que sólo esos colores se veían bien, la prueba estaba estaba en que sus abuelos tenían un esplendoroso outfit mezclando prendas sólo esos colores. Se estaba peinando cuando alguien tocó a su puerta.
— Pase.— Dijo y en el espejo pudo ver el reflejo de su abuela, una dama maravillosa con un vestido elegante y sobrio, en un vestido color verde oliva.
— Mira lo guapo que te ves. Tu abuelo y yo acertamos completamente eligiéndolo para ti.
— Hay cosas muy bonitas ¿Lo eligieron para mi? Gracias.
La mujer sonrió y ladeó la cabeza.
— Supusimos que era un bonito regalo para cuando volvieses, aunque fuera sólo para los fines de semana.
— ¿Los fines de semana?— La mujer asintió.— Elizabeth le dijo a tu padre que lo ideal era que te reintegraras a la vida normal poco a poco. Dice que ahora te encuentras mejor y puedo verlo, está todo en tu cara, te ves mucho mejor ahora.
De repente Scorpius entendió todo lo que su abuelo le había dicho antes, estaba próximo a salir de la clínica, empezarían a llevárselo los fines de semana. Pero él no quería eso, no quería estar en casa y ver a Lily por ahí.
Le sonrió a su abuelita y le dijo que tenía que seguir arreglándose, que en un momento bajaba. La mujer asintió y salió del cuarto. Scorpius se sentó en la cama, no le importaba arruar los pantalones. Miró al frente y trató de mover las neuronas lo más rápido que pudo.
Quería tomarse tiempo para elegir lo que fuera que pudiera mantenerlo fuera de casa el mayor tiempo posible. Su abuelo se lo había prometido y él sólo quería su bien, además, francamente a esas alturas a Scorpius ya le importaba una mierda si obtenía el lugar en alguna facultad con transacciones de dinero de por medio. Él sólo quería alejarse de ahí.
o-o-o-o-o
— ¿Qué tal me veo? — Le preguntó Dennis.
Albus estaba sentado en las sillas de una zapatería cualquiera, tenía una paleta de dulce en la boca y las piernas abiertas como si no le importara nada, vistiendo como no, pantalones ajustados color verde, playera blanca sin adornos, botas de casquillos de caña alta y una chamarra de cuero con estoperoles, como parte del conjunto llevaba unas gafas negras que Dennis usaba siempre que fumaba de alguna droga.
Dennis, frente a él, lucía un unos pantaloncillos cortos en color gris, traía una playera blanca a la que parecía que alguien le había arrancado varios pedazos a mordidas, incluso tenía estampada una imagen de Rocky Horror Picture Show que Albus quería quitarle simplemente porque su pecho era mucho mejor sin ropa, pero no era eso lo que Albus debía de verle a Dennis, no, debía ver si le quedaban bien unos tacones cerrados de 12 cm de alto, eran bonitas, muy elegantes en color blanco.
Albus le sonrió. La verdad es que estaba un poco ebrio. Era sábado en la mañana y extrañamente no tenían ensayos ni nada que hacer, los profesores les habían dado ese fin de semana libre, así que tras haber pasado una noche fogosa en la habitación de Dennis, que siempre estaba desordenada como un carajo (razón por la cual Dennis prefería la habitación de Albus), por la mañana procedieron a beberse una botella de brandy asqueroso. Luego, a Dennis le salió la genial idea de comprar tacones y ahí estaban, le sorprendía que pudiera caminar derecho con esas cosas, ambos estaban como una cuba.
Se rascó la cabeza buscando algo inteligente que decir.
— Me gustan.
— ¿Te gustan? ¿Nada más? — Preguntó ofendido con un gesto afeminado, signo inequívoco de ebriedad.
— ¿Qué quieres que te diga?— Dijo con burla.— Dennis, no estoy muy elocuente, si te dijera lo que quiero decir en voz alta la gente nos echaría de aquí.
— ¿Ahh sí? ¿Cómo qué?— Albus se levantó y caminó como pudo hasta Dennis, entonces lo beso sin importarle que ahí estuviera una mujer mayor probandole zapatos a su nieta.
— Quiero que me los pongas de aretes. — Dijo cuando se separó de rubio. La viejita hizo un ruido indignado y rápidamente se fue hacia donde se encontraba una de las mujeres que trabajaban en la zapatería.
— Eres un puerco. — Le dijo Dennis para después besarle la barbilla y luego la frente. Justo después de eso la viejita se encaminó hacia ellos con una mujer.
— Disculpen, señores...— Albus puso su mano en alto indicando que parara.
— Si dice una pendejada en cuanto a mi comportamiento le aseguro que le acusaré con su gerente por discriminación, yo no tengo porqué esconderme de nadie, le demandaré por ello ¿Entiende? Será despedida. Así que no diga nada, sea buena, y traiga unos de estos. —Dijo levantando unos botines negros, solo un par de cm más bajos que los elegidos por Dennis.— En numero 8, los otros póngalos en caja, los vamos a llevar.— Las mujeres no dijeron nada. Albus había hablado muy fuerte y claro, con su voz profunda y con un tono enfadado que daba algo de miedo. La empleada, haciendo la boca como si fuera un pez tomó el zapato y se fue de ahí. La viejita se quedó ahí mirándolo. Albus bajó su gafas negras y gruñó. — ¿Y usted que espera? LARGUESE. — Hasta Dennis cerró los ojos por la manera tan cortante en que Albus habló.
La viejita pegó un brinco del susto y llamó a su nieta para que se fueran.
— No tenías porqué hacer eso.— Le dijo Dennis algo bajito. No quería discutir pero claramente no le gustaba que Albus le hablara así a la gente. No era que lo hubiese hecho antes, pero no quería que se repitiera. Albus se talló la cara con fuerza.
— Lo siento, pero es que me saca de mis casillas. Nosotros somos cómo somos y nadie tiene el derecho de decir algo al respecto.— Albus abrazó a Dennis por la cintura, quedaron frente a frente, nariz con nariz, ambos podían oler al otro, olerse ese curioso aroma a brandy barato. — Eres maravilloso y quiero besarte todo el tiempo. La gente puede irse a la mierda sino les gusta. — Dennis sonrió. Era muy difícil para él enojarse con Albus, sobre todo estando ambos borrachos.
Al poco tiempo llegó la empleada con los zapatos que le pidieron y Albus se sacó la bota y el calcetín izquierdo para probarse el zapato. Cuando se abrochó la correa estiró su pierna para ver cómo le quedaba.
— Se ven bien.
— Se ven bien con tus pantalones.
— Todo se ve bien con estos pantalones. ¿Me puede traer el otro por favor? — Le pidió a la mujer había estado en silencio todo ese tiempo. Lo dijo con una voz tan suave y dulce que la mujer se sobresaltó. Albus entrecerró los ojos y Dennis comenzó a reír por lo bajo.
Al salir de la tienda, ambos en tacones, Dennis seguía riéndose colgado del brazo de Albus.
— Ya para. — Dijo exasperado pero con una sonrisa en la cara.
— Lo siento. Es que sólo tú asustas más a la gente siendo amable que siendo grosero.
—Supongo que creyeron que estaba loco o algo.
— Podría ser, encajas en la descripción.
— ¿Qué descripción?
— La otra vez estaba viendo un blog en Internet y decía que los novios psicópatas tienen ciertas características...que son encantadores al principio y que después tienen cambios de humor bastante fuertes...—Dijo con cierta burla.— Además son muy atractivos y buenos en la cama...
— Vaya, es un retrato calcado...—Dennis se rió y le abrazó.
— No me importaría...eso lo haría más divertido. — Albus hizo una mueca extraña. —Piénsalo. Todo serían emociones desbocadas. Pero bueno, me gustas aunque seas bastante normalito. Supongo que eso fue lo que me gustó de ti para empezar, joven granjero católico.
— Sam dice que fue por mi trasero.
— Mahhh...algo así. — Dijo haciendo un gesto con la mano.
o-o-o-o-o
Las bodas entre magos de familias antiguas se llevaban a cabo en una capilla labrada en el interior de una cueva, supuestamente para agradecerle a la tierra el don de la magia. El altar estaba lleno de símbolos celtas y pudo ver por primera vez el ritual de unión de magia que hacían los magos para tomar sus votos. Nunca antes había visto uno, su padre siempre lo sacó lo menos posible de casa y por ello nunca había presenciado algo parecido (además de que llevar niños a celebraciones de ese estilo estaba mal visto). Se sentía la magia en el lugar, no tenía nada que ver con los rituales del ministerio que consistían en firmar unos papeles frente a un juez y un par de testigos.
Después fue hora de la fiesta y todos los invitados se trasladaron mediante aparición a un salón de fiestas en Edimburgo, parecía un palacio de cristal.
Scorpius trató de pasar desapercibido.
La fiesta parecía uno de esas fiestas atrapadas en el tiempo entre el siglo XV y el siglo XVIII, hombres con ropa discreta y elegante, reuniéndose en grupitos hablando de negocios, fumando y bebiendo y las mujeres con vestidos enormes vivoreando a los demás cubiertas por sus abanicos.
Casi no había ingleses, si a acaso la familia del novio, de la novia, sus tíos (los amigos de su padre) y uno que otro colega de trabajo del novio, Scorpius pasaba entre las mesas y todo el mundo parecía estar hablando un idioma diferente.
El había llegado con sus abuelos, su padre se había marchado antes pues era padrino de boda y tenía que estar antes.
Le escoció un poco ver a Lily del brazo de su padre, él la estaba presentando ya como su prometida y les prometía a muchos de los hombres de negocios que pronto les enviaría las invitaciones para la boda.
Alguno que otro alababa su belleza y de vez en cuando enrojecía, seguro algún pervertido había dicho algo fuera de lugar. Genial. Todo el mundo le adoraba. Incluso las señoras mayores.
¿Por qué era tan pequeña?
Eso sólo la hacía ver frágil y eso hacía que los otros quisieran protegerla. Es cómo manipulación inconsciente.
Estupido.
La odiaba.
Miró a sus espaldas. Los elfos seguían cada uno de sus movimientos. Quería irse a casa. Quería desahogar algo de su frustración en alguna almohada y pensar...en cualquier cosa, ni siquiera le importaba mientras no fuera en ver cómo su padre besaba a Lily en los labios.
Buscó en las barras de bebidas y aperitivos algo para picar y curiosamente había cantidades extraordinarias de Drapple, por supuesto había bebidas alcohólicas, pero la formula del Drapple era tan buena que todo el mundo quería un vaso, te daba ese delicioso sabor a fermentado, el dulzor de la manzana, la espumosidad de la champaña y un regusto amargo bastante placentero.
Tres hurra por su padre que había inventado una bebida que te hacía sentir sofisticado sin ser un borracho. Pensándolo bien merecía una medalla por no darse cuenta antes de la razón por la cual su padre no bebía.
Tomó una botella y se sentó en una mesa al fondo del lugar, quería estar solo.
Empezó a beber de la botella sin importarle lo poco educado que fuera pero quería estar alejado de todo, se dedicó un buen rato a ver los patrones dibujados en las servilletas. Seguro cada servilleta había costado su buena pasta.
— Disculpa. — Le llamó alguien. Alzó la cabeza y vio que se trataba de un muchacho. Era extraño, tenía el cuerpo grande y una barba larga y espesa. Sus cejas eran pobladas y tenía unos rizos espesos y negros. Su cara era cuadrada y tenía la nariz grande. — Hola.
— Hola.— Dijo con total extrañeza.
— Me llamo Matin Einsberg, tu debes ser Scorpius Malfoy.— El rubio asintió.— Mi padre es...
— Russel Einsberg, dueño de calderos Einsberg, Norteamérica.— Scorpius dijo el nombre de memoria, de niño su padre le había hecho memorizar los nombres de todos los empresarios importantes, todos aquellos que fueran útiles, todos aquellos a los que tenía que tratar bien a la fuerza.
El chico sonrió.
— Vaya, es cierto lo que dicen de los europeos, todo lo tienen bien estudiado.
— La información es poder.
— El lema de los Parkinson. — Scorpius sonrió.
— Entonces también haces tus tareas.
— Mi padre da mucha lata con eso, desde que se firmó el acuerdo Nott de comercio intercontinental en 1832 mi familia hace muchos tratos con Inglaterra y siempre es bueno saber quién es nuestro aliado.
— Es cansado a veces.
— ¿Puedo sentarme?
— Adelante. — El muchacho hizo lo indicado y se sentó a un lado del rubio. Scorpius retuvo una mueca de disgusto justo a tiempo. No le gustaba que los hombres se acercaran a él. Había otros ocho asientos desocupados ¿Por qué diablos se sentaba junto a él?
— Vi que pronto tendrás competencia. — Dijo estirándose los puños de la camisa.
— ¿Competencia?
— Bueno, ahora tendrás hermanos, me supongo. Ha de ser triste saber que en cuanto ese niño nazca el dinero de los Malfoy ya no pertenecerá sólo a ti en el futuro, debe ser frustrante. Es bien sabido que en si los Malfoy dejaron de tener más de uno o dos hijos por las cuestiones monetarias, a nadie le gusta repartir ni recibir migajas.
Scorpius miró al muchacho directo a los ojos.
Jamás, en la vida había conocido a alguien que hablara de esa forma. Podías criticar a una familia a sus espaldas por como vestían o por cómo manejaban el dinero, pero decir que una familia tenía pocos hijos por no repartir el dinero era un tontería. Y más cuando su familia tenía una fortuna tan inmensa.
Era desagradable.
— Debe ser muy triste. — El tipo le puso una mano sobre el hombro. Scorpius sintió un escalofrió. — Yo no sabría que hacer si de pronto me saliera un hermano.
— ¿Sabes lo que es triste?— Le respondió Scorpius.— Nacer en una familia dónde repartir el dinero entre los hijos sea una preocupación. Es muy de...pobres.— Scorpius tomó la mano del tipo y la quitó de su hombro. — Y lo siento, pero mi familia nada en galeones. No quiero convivir con gente que me pueda contagiar la falta de abundancia. — Se levantó, tomó su botella de Drapple y estaba dispuesto a largarse de ahí cuando el tipo le jaló del brazo.
— ¿Cómo te atreves? Maldita lagartija albina.
— Suéltame. — El tipo le estaba destrozando la muñeca. Y él tenía miedo...
— Te crees la gran mierda sólo porque tu papi hace negocios con muggles. Si sólo fueran negocios de magos no serían tan ricos. — De repente el tipo se calló, una serpiente de metal se enredó en su cuello y no pudo seguir hablando. Cayó de rodillas y Scorpius pudo ver que detrás de éste estaba Draco con una expresión fría como el hielo, llevaba el bastón del abuelo Lucius en la mano. Sólo con la parte de madera, faltaba el mango de serpiente de plata. Scorpius miró hacia el suelo, el chico se estaba asfixiando y todos miraban pero nadie hacía nada hasta que de pronto se escuchó a un hombre llamando a Martin.
Era un hombre muy parecido pero con el cabello ya encanecido. Cuando llegó hacia ellos el hombre se inclinó hacia su hijo.
— Pare, pare esto por favor.— Le rogó a su padre.
Draco miró al muchacho, y al señor, como si ya nada pudiera tocarle el corazón. Pero suspiró y alzó la mano para detener a la serpiente. Esta por medio de un accio volvió a posarse sobre el bastón y a ser un mango muy elegante.
— Debería hacer que su hijo cuidara mejor su lengua. Desafortunadamente en Reino Unido no está bien vista la mugglefobia. De hecho es causa de sospecha así que será mejor que le cosa los labios cuando lo lleve al ministerio. Negocios Internacionales e Inversión extranjera es un departamento especialmente sensible a cualquier tipo de discriminación. Un error y puede costarle el permiso para pasar su mercancía.
Le tendió la mano a su hijo y Scorpius la tomó. Inmediatamente Draco lo llevó a los jardines.
— No se me ocurre mejor excusa para pedir que te deje ir a casa.— Dijo soltándolo al fin. Scorpius lo miró a los ojos. — Te he visto toda la noche y estás más rígido que un palo. Si quieres puedes irte, los elfos se irán contigo, pero quiero que quede claro que como Malfoy darás una muy mala impresión sobre tu carácter.
— ¿Entonces?
— Entonces has lo que quieras...realmente no quiero hacerte pasar malos ratos. Sé que tu y yo tenemos una platica pendiente, y que te incomoda estar cerca de ella y aunque lo correcto es que te sentaras en una mesa a comer tapas o sacar a bailar a alguna que otra jovencita no quiero que te pongas incomodo. Recuerda. Tu puedes hacer lo que tu quieras, no quiero presionarte en nada, quiero que seas feliz. Y que me importa un rayo si me interesa lo que dicen los demás.
Scorpius miró a su padre, miró al salón, luego el suelo.
— Quiero ir a casa...pero no puedo irme.
Draco sonrió.
— Entonces no quieres irte, quieres ser un Malfoy.
Scorpius se sonrojó.
— ¿Fue así que lo decidiste?
— ¿Qué cosa?
— Que estudiarías negocios y no medimagia. Decidiste ser un Malfoy.
— Hay tiempo para todo. Yo me enfoqué demasiado en tu madre, y no me arrepiento, pero tu no tienes esas preocupaciones, además estoy joven y tu abuelo sigue quitándome algunas cosas de las manos cuando está aburrido, tu tendrás tiempo de ejercer lo que tu quieras y después podrás tomar los negocios.
— ¿Puedo ser Auror?
o-o-o-o-o
Albert desde el nombre era la mitad de una verdad y la mitad de una mentira. Todo el mundo lo sabía, era una fantasía nada más.
Albert era un chico pelirrojo. De un rostro fino y labios color durazno. Los ojos eran grandes y azules. La ropa ajustada y negra.
Esperó muy poco tiempo, en Holbeck, aunque muy concurrido por la competencia era un buen lugar para conseguir clientes, la gente ya sabe a lo que va y las autoridades se hacen de la vista gorda. A algunas personas que pasaban por ahí ya los ha atendido, sólo se paraban frente a él y le invitan un par de tragos o directamente le llevan a su hotel. Muchas personas, sobre todo las prostitutas se dejaban hacer en los autos o en los callejones entre edificios. Pero después de un par de experiencias no gratas descubrió que él era más de cama, o sofás, la verdad.
En esa ocasión le tocaron el hombro a Albert para llamar su atención.
Trabajó un segundo en sus expresiones hasta conseguir una relajada y se volteó a ver al sujeto, bien visto no tenía una cara fea, pero seguía siendo muy calvo para su gusto.
El hombre se sorprendió un poco al ver su cara. Albert para él se veía hermoso, con su cara tan equilibrada, los labios durazno, la piel blanca y sus cabellos rojos y sus pecas. Tragó en seco.
— ¿Qué servicios ofreces? — Le preguntó cuando se le bajó la impresión.
Albert sonrió.
— 35 libras por una mamada, 75 por el servicio de pasivo si tienes el lugar y 100 si lo quieres con hotel.— El hombre lo sopesó, no era tanto como ya le había pagado a otros chicos antes, pero tampoco era una cantidad pequeña. Metió las manos a los bolsillos y le dio una buena repasada con los ojos. Albert sabía que estaba de muerte así que no le quitó los ojos de encima. Contacto visual. Al final el hombre asintió. Y le hizo una seña para que le acompañara.
Cruzaron la calle hasta llegar a un auto, Albert lo vio con atención, era de color negro, un auto común y él no sabía de marcas de autos pero el logotipo, parecía un grifo o un león, como el de Gryffindor. Primer punto negativo para el cliente. Se subió al auto y el hombre empezó a preguntarle de su vida. Le preguntó su nombre y Albert decidió decirle uno falso.
Albert, como todo él, mitad verdad, mitad mentira.
Estaban a punto de entrar a un auto-hotel cuando el hombre comenzó a meterle mano y Al reía tontamente ante estas atenciones, la verdad es que quería cruciar al tipo. Tal vez sólo debería desmayarlo y robarle todo su dinero.
En cuanto estuvieron registrados entraron a su habitación, el hombre comenzó a besarlo en el cuello. Al se sintió algo asqueado, por la forma en que besaba supo que era ese tipo de hombres, no es que odiara a los hombres que se tomaban su tiempo, es sólo que él quería irse y con los que simplemente estaban calientes, lo follaban y lo dejaban ir. Pero ese tipo de hombre no. Y lo odiaba porque aunque era un trabajo le hacía sentir incomodo cuando regresaba a casa para besar a su novio, no quería besos, no quería cariñitos, sólo necesitaba el dinero.
Acarició al hombre por dónde pudo, era bastante dominante y a penas podía moverse, le gustaba tenerlo con las manos sobre la cabeza la mayor parte del tiempo. También le pidió que no dijera nada, que sólo gimiera.
— Tienes un cuerpo maravilloso.— Le dijo el hombre después de que le hubo pasado la lengua por todos lados. Albert sonrió porque era cierto, lo único que cambió fue su cara, el color de sus vellos corporales. Y él sabía que estaba maravilloso.
Albert se dio la libertad de besar al hombre en agradecimiento por el cumplido. Uno lento y lánguido.
Después, a lo que iban. Lo cogió, y no lo hacía tan mal pero no era algo sorprendente. Todo es cuestión de hacer el movimiento pélvico de manera adecuada.
Durante el tiempo que había estado trabajando en eso se dio cuenta de que existían más posiciones para tener sexo, pero no todas eran cómodas y alguna vez sintió que le lastimaban, procuraba tomar notas mentales cuando algo sobresalía porque así podía aplicarlo después para complacer a Dennis.
Cuando terminaron el tipo parecía estar teniendo dificultades para respirar, al parecer no estaba en forma. Albert se levantó de la cama y comenzó a vestirse.
— ¿Ya te vas?— El pelirrojo asintió.
— Me gustaría quedarme pero tengo cuentas que pagar y eso significa que tengo que sacar al menos otros cuatro trabajos esta noche.
— Tu vida es dura.
— No es para tanto. — Dijo poniéndose las botas.
— ¿Tienes algún teléfono? Definitivamente vales las 100 libras.
Albus sacó de su chaqueta negra un tarjetero, las había impreso mediante magia. Las tarjetas eran negras y venía su "nombre" y el número de celular personal escrito con una tipografía caligráfica escritos con tinta dorada.
El hombre guardó la tarjeta en su cartera al tiempo de que sacaba los billetes para pagarle.
— Supongo que yo también me voy.— Dijo para después levantarse y comenzar a vestirse.
Albert salió de la habitación y caminó hasta la entrada del hotel. Tomó camino hacia la izquierda y se encamió a la carretera, tenía que alejarse de las cámara de seguridad para poder aparecerse.
Justo cómo predijo, consiguió 4 servicios más y uno de ellos, el último fue un trío, por lo tanto cobró doble.
Volvió a casa a las 4:30 de la mañana. Y tras aparecerse en medio de su habitación su rostro cambió, uno más cuadrado y menos delicado, con su cabello negro algo despeinado y sus labios que eran rosas tiraban más al color purpura que al durazno.
No se durmió, si se acostaba ya no se levantaría. Tomó una ducha, uso su magia para cerrar su ano, por que OBVIAMENTE no dejaría que Dennis viera los cambios en su región trasera, y es que cuando hacían el amor se pasaban lo lengua por todos lados, también tomó un redbull y se puso a ver una película. El camino hacia el dorado. Le dio un poco de curiosidad porque los protagonistas decían haber salido de Barcelona, pero según él los barcos que iban hacia el nuevo mundo salía de la región de Cadiz o por ahí. Es decir, si hubiesen salido de Barcelona tardarían mucho, mucho más.
A las seis y media Dennis tocó la puerta, ya estaba listo para salir, estaba nervioso. Ambos lo estaban, faltaban sólo cinco días para la gran presentación. El show navideño de la Academia. El nombre de la LAMDA les pesaba un poquito en ese momento, pero ambos estaban felices. Era su primera presentación que harían con un público ajeno a sólo la escuela. Incluso irían periodistas.
Aunque caminaron juntos todo el pasillo al llegar a las escaleras bajaban de uno en uno porque las escaleras eran estrechas. Albus llegó primero abajo y Dennis aprovechó para subirse en su espalda. Albus se rió y aseguró bien las piernas del rubio para que no se cayera.
En el primer piso había pocas habitaciones porque estaba la sala y una cocina común de los estudiantes, Dennis y él nunca pasaban tiempo ahí pero a veces se detenían a saludar a alguien.
Tristán, el mejor amigo de Victoria salía de la cocina con una taza de café en mano. Se veía terrible.
— ¿Cómo van tus finales?— Le preguntó Dennis.
— Gracias a Dios terminamos de grabar ayer.
Tristán estaba en el programa de dirección de cine, de hecho sus chicas, porque Albus se enteró de que las dos son sus novias, eran siempre parte del equipo técnico de sus proyectos, Yael estaba estudiando para ser ingeniero en luces y Tabatha ingeniería en sonido. Les faltaba año y medio para graduarse y ambos ya habían visto algunos de sus trabajos. Eran buenos. Estaban trabajando en un mediometraje. Una película de 40 minutos que se presentaría el segundo día del festival navideño, les tocaba antes que a los chicos de la facultad de música.
— ¿Cuanto llevará la postproducción? Preguntó Albus.
— Tenemos esta semana para terminarla...probablemente, trabajando a cómo lo hemos estado haciendo hasta ahora, terminaremos en la madrugada de ese mismo día.
— Que el señor los bendiga.— Le dijo Dennis y Albus no supo si lo decía en broma o no, porque Dennis no era muy religioso, pero la edición era muy tediosa, sobre todo para alguien tan perfeccionista como Tristán y necesitaban a todas las deidades de su parte. Además Tristán, a pesar de llevar una relación "pecaminosa" sí era muy devoto. — Vamos Albus llegaremos tarde. — Se movió sobre su espalda y el pelinegro asintió. Se despidieron de Tristán y el chico asintió e hizo un gesto con la mano como diciendo que no se preocuparan por él mientras se empinaba la taza de café. Pobre tipo, se veía destrozado.
En la entrada del edificio Dennis se bajó de su espalda pero le tomó de la mano.
— Me hace sentir bien que no solo nosotros estamos dándolo todo. Eso habla muy bien del nivel de la escuela. Dos de los chicos que participan en su película también participan en la obra conmigo.
— Me siento mal por no haber obtenido ningún papel. Es decir, si canto tan bien como dice Pax ¿Por qué no me dejó actuar en el musical? Se lo mencioné un par de veces y lo descartó totalmente.
— Porque nosotros todavía no vemos teatro musical. Es como correr antes de caminar Albus. Pero estoy seguro de que llegado el momento te elegirán. Eres de los mejores actores de la clase. Tal vez no había un personaje con tu typecasting.
— ¿Typecasting? Ni siquiera he debutado como tal ¿Como puedo tener un Typecasting?
— No lo sé, tal vez por culpa de Kate. Los profesores sólo te han visto como villano o personajes con problemas mentales, para empezar, interpretar a Lestat como tú lo hiciste no es algo...normal, yo personalmente, aunque tenía una erección del tamaño del Everest no podía dejar de estar aterrado por tus expresiones faciales, no eras sólo el demonio detrás de una cara de ángel, eres como una serpiente. Te veía en el escenario y sentía que en cualquier momento ibas a soltar una mordida. Tal vez deberías tratar de no aceptar esos papeles por un tiempo. Demostrar que puedes interpretar ternura, o romance...bueno, romance no, pero todo lo demás lo puedes hacer.
Albus sonrió.
— ¿Por qué romance no? ¿Acaso no somos profesionales? Sino recuerdo mal, tu personaje se besa con Barbara.
— Barbara es mujer...no me gusta nada. Y yo soy muy profesional sobre el escenario...no me pidas que sea profesional bajo de él.
Albus miró a su novio con amor. Le detuvo un poco para darle un profundo, largo y lento beso, que hizo que ambos corazones palpitaran bastante más rápido de lo normal. Al finalizar tomaron un poco de aire pero no de manera exagerada, sino más bien buscaron la tranquilidad de aspirar el aire cerca del otro, Albus sobre los rizos de su rubio y Dennis en la manzana de Adán.
— Creo que la próxima vez que me beses así me moriré de amor. — Dijo el rubio. Albus no estaba lejos de compartir ese sentimiento. Sino fuera por el asqueroso trabajo que hacía algunas noches sería el chico más feliz del mundo.
Se dieron un fuerte abrazo y después se tomaron de las manos, Dennis apretó su mano con fuerza cuando llegó el momento de cruzar la calle.
o-o-o-o-o
Después de un día agotador más Albus y Dennis llegaron a los dormitorios completamente rendidos. Dennis fue directamente a su habitación a tomar una ducha y le dijo a Albus que lo esperara para cenar juntos. Cenaban a las ocho o nueve de la noche, eso para cualquier británico era muy tarde, pero era cuando tenían tiempo. Albus entró a su habitación y lo primero que notó es que una pequeña lechuza marrón estaba tocando la ventana.
Extrañado se dirigió hacia ella y de cerca pudo ver que se trataba de Armenia, la lechuza de Lily. Abrió la ventana y la lechuza se metió para pararse sobre la mesita. Estiró la pata para que tomara el mensaje. Era extraño, tenía dos, una venía en un sobre atado a su pata y otro venía en su porta mensajes, un especie de tubo negro que servía para enrollar un mensaje sin necesidad de usar un sobre y además protegía el mensaje de la lluvia. Abrió el porta mensajes, y desenrolló el recado. Se sorprendió, era una carta realmente larga.
Hola Albus...sé que en estos momentos debes estar pasándola mal y todo por mi culpa. Papá ha dejado de hablarme y aunque me he carteado con mamá es claro que ya no es lo mismo. También me he escrito con los abuelos y al parecer están muy disgustados, especialmente el abuelo, claro está que Lucius Malfoy representa algo para él mucho más que una persona con la que simplemente se lleva mal...y James...bueno James dice que no me odia, ni que te odia a ti, pero que en este momento las cosas están muy mal en casa y que quiere mantenerse lejos de los problemas, vaya valeroso Gryffindor ¿eh?
Eso me entristece mucho, y lo peor es que ya no puedo hacer nada para remediarlo. También la estoy pasando...no mal, pero si raro, porque los padres de Draco son muy estrictos, su madre se la pasa sermoneandome sobre mis modales y su padre siempre me hace sentir como una tonta, su prima directamente no me habla e incluso un fantasma que se pasea por aquí todo el tiempo se burla de mi. Draco no está mucho tiempo del día, tiene mucho trabajo y cuando está siempre está viene con sus amigos. Pocas veces podemos estar juntos y aunque es muy dulce todo el tiempo cuando me quejo de sus padres siempre dice que es por mi bien, porque ellos quieren que yo esté a la altura de su apellido y eso me hace sentir muy mal porque siento que no soy nada.
A veces sólo me entran ganas de llorar y pienso que cometí un error muy grande, y luego pienso en mi bebé y me siento aún peor porque soy débil y tonta. sé que Draco me ama pero me siento muy sola sin papá y mamá a mi lado.
No sé muy bien qué voy a hacer Albus.
En el sobre viene la invitación a mi boda, será el 10 de enero del año que viene, aunque ya casi no queda nada del 2025 ¿no? cuestión de días. Narcissa quiere que me case antes de que se me note demasiado el embarazo, pero es obvio que el mundo entero ya lo sabe, lo que hizo papá no fue exactamente discreto.
El padrino de mi boda va a ser Thomas, mi compañero de Hufflepuff, porque al parecer Draco quiere que Gregory Goyle sea el padrino de nuestro primer hijo. Te quería pedir de favor que me llevaras al altar el día de mi boda, ya que por obvias razones papá no quiere hacerlo. Le pregunté a Scorpius y dice que no tiene problema con que vengas, que de todos modos siente que tiene que hablar contigo de algo importante. Parece muy ansioso por verte.
También quiero que me digas cómo lo estás pasando. ¿Has tenido muchos problemas con mamá o James? ¿Has hablado con los abuelos?
Nos vemos luego hermanito.
Albus se recargó en la pared sin saber muy bien que pensar.
Sus padres definitivamente habían perdido la cabeza. ¿En serio no iban a asistir a la boda de Lily?
No abrió el sobre pero uso un accio sin varita para atraer la golosinas de lechuza y le dió una a Armenia. La lechuza voló mientras el le daba una revisada más a la carta.
¿Scorpius quería hablar con él?
Una risa cortada y gutural le salió de la garganta.
¿Para qué? ¿Para insultarle de nuevo? ¿Cuales habían sido sus palabras? Ahh sí.
"¿Para qué vas a presentar los EXTASIS Potter? Todo el mundo sabe que cómo mago no vales nada."
O sus maravillosas últimas palabras.
"Lo siento Potter, tengo cosas que hacer, puedes dejar tus mariconadas para más al rato ¿No?"
Comenzó a llorar y no supo ni porqué. pensó que ya lo había superado.
¿Iba a disculparse o sólo iba a humillarlo otra vez?
Se levantó porque recordó que tenía que ducharse antes de que llegase Dennis. Guardó las cartas en un cajón y sacó a Dakota a que fuera a cazar su cena.
Laura
Hola Laura, la verdad es que estuve esperando tu comentario XD
Y también estuve muy ocupada con los exámenes...
Sí, la verdad es que muy pocos entienden, digo nadie se pone a pensar que el pobre de Scorpius literalmente se arrojaría a un vacío si Albus se lo pidiera. Bueno, yo que soy más Slytherin que Salazar hubiese dicho "¿estás tu piche loco qué?" Y cómo leíste en el otro fic, Scorpius fue muchas veces ratoncito de laboratorio de Albus, de verdad que se daba muchas libertades.
Mmmm no tanto como eso. A Elíah no le gusta que la gente que tiene tantas oportunidades en la vida se desperdicien por culpa de las adicciones, recordemos que trabaja en un lugar a dónde sólo entra gente de dinero, una clínica muy exclusiva. Y te lo digo por aquí porque nunca lo voy a mencionar en el fic o tal vez sí pero mucho después, le he puesto nombre al personaje porque dentro de algunos años volverá a aparecer, y no, tampoco será para algún romance, sino para complicarle la vida a Scorpius con su sí romance.
Jajaja no te culpo, a veces yo también me salto los lemon. Y eso que los hago cortitos. Y bueno, sí, la cabecita de Albus nunca ha estado bien y sus padres de verdad que no ayudan, él apenas estaba construyendo algo de confianza y se la tiraron de golpe. Tanto Harry, como vimos en Lovely Lily, como Ginny aquí.
No me quiero imaginar el dolor de Albus, de verdad, porque ahora el trata de sobrellevarlo, pero mientras más tiempo lleve con una carga más pesada se volverá y él siempre se ha sentido algo solo aún sabiendo que su familia estaba ahí para él, sin embargo ahora tiene toda la certeza de que lo está y que no habrá nadie ahí para él.
No quiero quitarle el merito a Dennis porque el chico se da a querer y Albus lo adora, porque es único, es talentoso y buena gente, pero creo que Albus se está agarrando a lo único que tiene.
Jajaja jamás pensé que llamarían cavernicola a Harry por hacer las cosas a lo mago.
PD: no sabía como contestarte porque no quería spoilearte. Me encantan tus comentarios largos.
Rebeca
Hola Beca, jojo, pues ya he actualizado, espero que te guste mucho.
Y bueno, él quería hacer esas cosas con Scorpius pero no sé dejó ¿Qué podemos hacer?
Christine C
Gracias por tu review Christine, es bueno saber que siempre estás ahí chica, fuiste la primera en enviar un review, me pones feliz.
