Más de 21000 palabras eh? sí me tardo pero tampoco me hago mensa. Sí escribo.
Capítulo 15:
Mi hogar
Esa mañana sólo Dennis abordó la camioneta familiar.
Trató de sonreír lo más que pudo pero las bromas de sus hermanos sobre la familia rara de Albus no se la ponían fácil. Su padre y su abuelo iban en la parte de adelante de la camioneta y él tomaba la mano de su abuela quién le contaba un chisme de farándula. No se sentía bien dejando a Albus en Londres, pero tampoco se sentía bien estando en la misma habitación con él después de haber escuchado la verdad detrás de sus mentiras.
Le preguntó por el dinero. Después de que le contó sobre todo lo mágico que había en el mundo y de porqué debían ocultarse Dennis le preguntó por el dinero. Albus había mirado hacia abajo.
— No quiero decirtelo.
— ¿Lo robas?...Lo robas usando tu magia.
— No...
— Entonces de dónde lo sacas. Porque el puñetero regalo para el señor Fu se sale bastante de tu presupuesto usual.
Albus se había equivocado mucho al intentar hablar, se equivocaba mucho al tratar de decir una mentira más. Así que al final se puso a llorar. Y Dennis hubiese preferido que no le contase la verdad. Hubiese preferido pensar que era un ladrón y que era malo de verdad.
En una estación de descanso, justo en la frontera de Inglaterra con Irlanda del Norte se compró una cajetilla de cigarros y se puso a fumar un poco mientras su familia comía hamburguesas.
Su padre salió del restaurante de la estación y le pidió un cigarrillo.
— Hace mucho tiempo no te veía fumar...¿Cuanto llevas haciéndolo? — Le preguntó a su padre.
— Un par meses, en realidad no fumo tanto, sólo un par cada quince días ¿Y tú? No sabía que fumabas.
— Fumo desde los 16. — Dijo sin verlo a los ojos. Dejó caer la ceniza. Lo había dejado cuando llegué a Londres, no es como si tuviera el tiempo o el dinero para hacerlo. Además a Albus no le gusta el sabor del tabaco. La única vez que lo hice fumar le dolió la cabeza y sólo le había dado tres caladas.
— ¿Por qué no vino?
— Le pedí que no lo hiciera.
— ¿Confías en ese chico? Es decir, dejando de lado su absurda historia de vida, no es un chico que me dé buena espina. Parece cómo si estuviese lleno de secretos.— La comisura de Dennis se levantó formando una extraña y amarga sonrisa.
— No tienes idea.
— ¿Has peleado con él?
— No fue precisamente una pelea. Rompí con él pero no fue una pelea.
— ¿Es en serio?
— Tú lo dijiste, guarda muchos secretos. — Encendió otro cigarro.
— ¿Cuantos llevas?
—¿Con éste?...seis.
— No es precisamente un buen ejemplo para tus hermanos, recuerda que están en una edad difícil.
— Los dos fuman, te preocupas como si no supieras que su madre no les cuida de manera adecuada, además, para prohibirle a tus hijos fumar debes dar el puto ejemplo. — Dijo sin más. Su padre no sabía si abrir la boca de sorpresa o cerrarla de disgusto.
— ¿Estarás así todas las fiestas? Me refiero a ser cortante, grosero, insensible y odioso, porque se suponía que éstas serían las Navidades más perfectas de los últimos cinco años, tu madre por fin deja que tus hermanos las pasen con nosotros y...
— Me dijo que se acostaba con otros por dinero.— Su padre se calló completamente. — Y apenas intentó explicarme me fui a mi habitación a llorar. — Tiró el jodido cigarro al suelo y lo pisoteó.
— Ohhh querido. — Dijo su padre abrazándolo.
— Yo lo quiero tanto...y sólo de pensar que...después de estar con otros iba conmigo y hacía cosas...y...maldita sea, en fiestas los laboratorios no abren, si ese jodido asqueroso de mierda me ha pegado algo juro que lo mato...Toda la rabia salía sin control ni filtro. Me ha mentido tanto y todavía se hace la victima, se atreve a llorar delante de mi cuando yo he sido el engañado...Yo...no me merezco eso...justo cuando creí que había encontrado al indicado. Cada uno es peor que el anterior, Dios.
— Hijo tienes 18 años...las decepciones pasan. Gracias a Dios tu no tienes que preocuparte por niños y esas cosas pero...no tienes porqué cerrarte sólo porque el chico no sea el adecuado.
— No...no papá tu no entiendes. Lo que sentía por Oliver, lo que sentía por Chris...se queda pendejo a un lado de lo que siento por él y es el peor de todos. Es un mentiroso de mierda que les da 500 vueltas a las mentiras de esos dos cabrones y mi corazón...está hecho pedazos, te juro que sólo quiero hacerme bolita y desaparecer. Quiero morirme. Nunca nadie me había hecho sentir tan mierda.
—¿Entonces le sigues queriendo?
— Uno no puede dejar de querer a otro en dos segundos. No soy mi madre. — Dijo enojado mientras entraba al restaurante.
o-o-o-o-o
Albus se bebió el Brandi en el trascurso de la mañana del 24 de diciembre, llevaba desde el 22 completamente ebrio. Apagó los teléfonos para no recibir llamadas de sus amigos y se puso a hacerse pajas mentales mientras veía antiguas películas de Disney. Estaba nevando fuera y él podía ver el su aliento congelado. No quería pararse a prender la calefacción.
Pensó en la idea estúpida de matarse. No padres, no Scorpius, no novio y mejor amigo no disponible. La vida se la traía floja pero le daba pereza y repelús abrirse las venas, cualquier muerte se le antojaba grotesca en realidad. No quería ser una mancha en el pavimento, no quería arrojarse frente a un automóvil y no había de donde colgarse. Pensó que quizá era mejor morir asesinado.
Salió ha hacer compras de pánico a medio día. A penas y se podía sostener en pie. Fue con pantuflas y bata. Le importaba una mierda. Compró más vino, específicamente Vodka, un pollo preparado y algo de paella para su cena Navideña de una sola persona. Se rió ante su patetismo.
La cajera le vio mal.
— Mi novio me terminó. Deja de juzgarme y cobra. — Dijo extendiendo su tarjeta. La chica, que parecía de unos 24 años, bajó la vista y cobró los productos. Pagó por la bolsa y salió con sus tres botellas de Vodka, su pollo y su paella. Caminó de manera inestable hasta le estación del metro y regresó a su departamento.
El lugar estaba casi desierto, algunos chicos se quedaban en Londres, pero no más de seis. Saludó a unos, no vio a Tristán y mucho mejor.
Se tiró a ver el cisne negro.
Tendría que verla otra vez porque se sentía tan triste y tan borracho que no podía entenderla ni sentirla.
Se arrastró hasta el espacio de la cocina por poción anti-resaca pero no le sirvió de mucho ya que no tenía resaca, seguía muy borracho. Se quedó tirado jugando con la puerta de la alacena hasta que se quedó dormido.
Despertó a las nueve de la noche y le dolía la espalda por el frío. Mierda. Se le había pasado su medicamento. Se pasó la mano por la cara y gateó hasta su cama. Abrió su pollo y lo calentó con magia. Después lo comió en silencio pasándose la comida con tragos de Vodka.
Después volvió a acostarse sin lavarse los dientes.
o-o-o-o-o
El 24 de diciembre se armó una gran fiesta en Malfoy Manor, casi todos los invitados eran empleados mágicos de Grupo Malfoy y Scorpius lo estaba medio disfrutando, no les gustaba el ruido y como no podía beber tampoco se le antojaba la convivencia. Conocía a muchos de los invitados desde niño, sobre todo a las chicas de seguridad. Todas eran hermosas, altas y delgadas. Era algo extraño que su padres hubiese elegido a sus guardespaldas así, eran del corte de su asistente y no tenían expresiones faciales, parecían muñecas sin alma.
Entre los invitados también estaban los Quebec, los Nietz, los Blackqueen, los Peterson, los Lessing, los Aiken, los Carter, los Bain, algunas importaciones como los Müller y otras familias importantes procedentes de Alemania y Austria, todos con sus túnicas caras y vestidos ampones.
A Scorpius le entraban ganas de suicidarse cada vez que escuchaba las pláticas estúpidas de la gente sobre los viajes que planeaban hacer o los negocios que se cerrarían (y no estaba bromeando, él ya había intentado el suicidio una vez y sabía de lo que hablaba). Vomitaba internamente cuando lo metían a una conversación a la fuerza.
Lo único bueno de la fiesta era ver a Lily intentar apañárselas con los invitados. Claramente estaba incomoda. Había demasiado brillo y demasiada hipocresía para ella. Demasiadas platicas tontas considerando el promedio que tenía la niña, su querido Heffer no estaba ahí para sacarla del lugar y su padre estaba muy ocupado haciendo negocios para darse cuenta de que la chica se estaba ahogando con toda la mierda clasista que había en el aire.
La gente ya estaba murmurando cosas. Teorías conspirativas sobre el porqué un hombre como él se metería con una niña como ella. La reputación de ella estaba saliendo bastante más raspada que la de su padre por supuesto, las mujeres siempre tenían la culpa.
Él pudo haber hecho algo, pero no lo hizo. Se lo merecía.
A media noche decidió retirarse y entonces, al pasar por una ventana notó que una lechuza se dirigía a Malfoy Manor. Decidió cambiar de destino y fue hasta la lechuzería de su mansión.
¿Quién mandaba lechuzas el pleno 24? Tal vez era algo urgente. Cuando llegó a la torre sintió que toda la sangre le bajaba a los pies. Era Dakota.
La preciosa Dakota con sus plumas color arena.
— Hola preciosa. —Dijo acariciando a la mascota. — Dejame quitarte esto. — Comenzó a quitarle la correa que amarraba un gran paquete. Scorpius vio la tarjeta. Era un regalo de Navidad para Lily pero no venía con nada más que una nota que decía "Para Lily" y eso era todo.
Scorpius miró a la lechuza y le dio un beso en la frente.
— ¿Quieres pasar la noche aquí? — Le preguntó a la lechuza. — Me gustaría enviarle una carta a Albus pero no la tengo lista ¿Te parece si descansas hoy y se la llevas mañana?— La lechuza se frotó con él cual si fuera gato. Eso es linda, descansa. Dijo para después tomar el regalo e irse.
De camino a su habitación dejó el regalo dentro de la nueva habitación de su padre (al menos había tenido el detalle de conservar intactos los aposentos de su madre) y después se fue a su pieza. Se sentó en el escritorio y sacó pluma, tinta y pergamino.
o-o-o-o-o
Oliver Munro no se había imaginado así las navidades.
Scott y Adam estaban bastante a comedidos con sus abuelos, sus padres estaban siendo extremadamente dulces con los niños pero apenas Dennis entraba en la habitación todo se llenaba de un silencio incomodo. Sus hermanos aunque al principio trataron de bromear con el asunto de la rareza de Albus pero pronto se dieron cuenta de que no era un tema para bromear. Los ojos de su hijo estaban entre rojos y amoratados, casi no hablaba y salía a fumar todo el tiempo. Ni siquiera se peinaba.
Llevaba el celular en la mano pero no lo revisaba. Estaba esperando una llamada que Oliver ni siquiera estaba seguro de que llegaría.
El 26 Dennis le pidió las llaves de la camioneta. Oliver le dio las llaves a su hijo aunque por la expresión de su hijo dedujo de inmediato que no le devolvería la camioneta y que tendría que devolver a los chicos a Londres con el auto de sus padres. Ni siquiera empacó, sólo tomó su cajetilla de cigarros, sus llaves y la cartera.
Sus hermanos le vieron marcharse mientras se hacían los que no ponían atención pues supuestamente estaban jugando cartas con el abuelo pero en cuanto escucharon la camioneta arrancar detuvieron la farsa y literalmente pusieron las cartas sobre la mesa.
— Casi no lo vemos en Londres porque a mamá no le agrada pero siempre parece muy feliz. Es la primera vez que lo veo comportarse de esa manera. — Le dijo Scott.
— Mi amiga Mary tiene un hermano gay y dice que los gay son muy intensos...no sé, veo a mi hermano y no sé si sentir alegría o tristeza al saber que hay gente que se ame así, pienso que somos mucho más felices cuando no amamos.
— Eso es porque no te has enamorado Adam, eres muy joven. — Le dijo Oliver a su hijo mientras agitaba su cabello con una sonrisa. Adam retiró su mano con poca delicadeza, casi con fastidio.
— Eso no tiene nada que ver, tu tienes 45 y te puedo asegurar que si no la quisiste a ella que te dio tres hijos, no has querido a nadie y eres bastante feliz. O por lo menos bastante normal.
Oliver se le quedó viendo a su hijo menor y por primera vez se dio cuenta de que tan profunda había sido la herida que había dejado el divorcio en sus hijos.
Por supuesto que había amado a su madre pero por alguna razón las palabras no le salían de la boca.
o-o-o-o-o
Dakota lo despertó golpeando su ventana. Era 27 y le extrañaba que su lechuza no hubiese llegado antes, había mandado la lechuza desde el 23 para que llegara el 24, su lechuza debió haber regresado el 25 en la noche o a lo mucho el 26 si se quedaba a descansar.
Se levantó a abrirle y la lechuza se paró justo en la mesa, sin Dennis ahí no había razón para mantenerla enjaulada pero ebrio e inconsciente el moreno no reparaba en que la lechuza iba por ahí cagandolo todo. Albus saboreó el aliento de mierda que tenía por no haberse lavado la boca en días y beber y beber. Le dolían hasta los dientes. Dakota traía una rata muerta sobre la mesa.
— ¿La trajiste para mi preciosa? Le preguntó. — Albus hubiese jurado que la lechuza dijo que sí pero no podía afirmarlo. Se fue a la cocina y sacó las galletas para lechuza, aunque Dakota salía a cazar a Albus le gustaba consentirla y darle premios. Le dio una galleta y la lechuza la comió sobre la mesa dejando boronas a su paso. Entonces fue ahí que se dio cuenta de que llevaba un paquete pequeño amarrado en la pata.
Con los trabajos que daba estando borracho le quitó el paquete, era pequeño, como de unos 10x10 cm. La abrió y vio que en el interior de la caja venía un pergamino enrollado y un broche para túnica.
Se acercó el broche a la cara porque tenía la vista algo borrosa. Brillaba mucho pero estaba seguro de que no era de platino, más bien era plata. El broche consistía en dos piezas, una era una serpiente que de amable no tenía nada y la otra era un alfiler enorme con cabeza de cráneo para poder clavarlo. Le pareció genial la idea.
Después desenrrolló el pergamino y a penas puso la mirada en él supo que se trataba de una carta de Scorpius. Reconocería su caligrafía aunque estuviese drogado. Miró a su lechuza.
— Sabes Dakota, me hubiese gustado ser una lechuza como tú. — Le dio un trago al whisky de fuego que se compró en una escapada al callejón Diagón. — Es decir, entregas paquetes, vuelas, te dejan cazar, te dan galletas. La vida de lechuza es un jodido festín, te felicito, uno aquí, siendo mago, no tiene nada de especial, sólo tienes problemas en la escuela, con tus padres, con tu amor platónico y con tu novio. No es justo Dakota. De verdad que no.
Albus siguió hablando con Dakota por horas pero nunca leyó la carta, quería dejarla para después, le daba nervios leerla. Tenía miedo de lo que pudiera estar escrito en ella, de que dijera cosas horribles, o peor, que le hicieran sonreír y sentir cosas. No quería saber nada de Scorpius, si pudiera faltaría a la boda pero no quería dejar a Lily sola. No quería verlo. No quería verlo.
Compró algo de tequila pero para la fama que tenía la bebida no se había encontrado con gran cosa. Sin embargo la botella bastó para tirarlo todo el día junto a la carta que se negaba a leer.
No se despertó hasta que sintió un dolor horrible en plena cara.
o-o-o-o-o
Dennis había llegado a Londres después de cinco cajetillas de cigarro y casi dos días de camino. Normalmente no habría tardado tanto pero los caminos estaban congelados y en un tramo le había tocado algo de aguanieve. Le desesperaba no poder llegar y no era tan estúpido como para matarse en el camino. Tenía furia fría recorriendole las venas y sólo lograba calmarse fumando.
Cuando llegó a su edificio llamó a su padre y le avisó que ya había llegado, apagó su cigarro y se encaminó a la entrada. Tuvo que volver después de haber recorrido medio camino a la camioneta porque había dejado literalmente la puerta abierta. Lo cerró, le puso seguro y alarma. Después regresó a su objetivo.
En la sala común se encontró a cinco chicos reunidos, entre ellos Tristán. (Que no se había enterado de que Albus se había quedado en Londres).
— Hola D.
— Vete a la mierda. — Contestó completamente enojado tratando de subir las escaleras de manera rápida sin caerse. Los chicos se quedaron impactados, eso se lo esperaban de todos, incluso de Albus porque tenía un carácter volátill, de todos menos de él, que era casi un dulce.
Cuando Dennis llegó a la habitación de Albus tocó con fuerza la puerta fácil unas cuatro veces pero nadie respondía. Sacó sus llaves de la sudadera y buscó como desesperado la llave correcta pues tenía tres llaves iguales, la de Albus, la de él y la de el compañero que vivía a un lado de él (por que ese estúpido no perdía la cabeza porque la traía pegada). Cuando la puerta cedió se encontró con el tufo de su vida.
Olía a comida podrida, alcohol rancio, vomito y a animal.
El lugar no estaba tan terrible en si porque Albus no era desordenado, ni siquiera tenía muebles o adornos para desordenar, eran los olores del bote de basura desbordándose y de su mascota infernal Dakota que lo miraba con cara de "¿Qué estás haciendo aquí?". Dennis notó que el suelo y la formica de la "cocina" estaban llenos de heces de la lechuza. Después miró hacia la cama y ahí estaba Albus, dormido.
¿Como era posible? ¿Con lo fuerte que había tocado la puerta?
Se acercó y vio que junto a Albus había un papel amarillo muy grueso y de apariencia antigua.
Dennis la tomó y vio la pulcra caligrafía en ella.
Comenzó a leerla pero entre más avanzaba un gesto de incredulidad le siguió a otra. No llegó ni al final del segundo párrafo cuando con la punta de su cigarro encendió el papel y lo tiró dentro de la tarja.
— Que hijo de puta. — Le dijo a Albus pero éste siguió dormido. Patió la cama. — Te andas escribiendo cartitas de amor con otros mientras yo me la paso llorando...— De un momento a otro se subió en la cama y comenzó a zarandear a Albus. — Despiértate carajo. — Dakota se alarmó y comenzó a ulular exaltada. — Tú vete a volar lejos bicho, no tengo tiempo para ti. — Gritó enojado asustando a la lechuza.
Dakota, sabiendo que no era lo mejor estar ahí en ese momento salió por la ventana abierta.
Dennis siguió zarandeando a Albus pero éste no respondía y Dennis estaba enojado y asustado y tantas emociones le embargaban que lo golpeó en toda la cara. Y Albus por fin dio signos de vida.
— ¿Qué mier...?
Lo golpeó varias veces con lágrimas en los ojos y sollozos que le salían del corazón.
— Imbécil, pedazo de mierda, hijo de puta. — Le gritaba una y otra vez. Dennis buscó debajo del cabello negro y de la sangre los labios de moreno y le besó.
Probablemente era el peor beso que se hubiesen dado nunca. Tenía el asqueroso gusto a alcohol, vomito y sangre de Albus y el nefasto sabor rancio de la bilis por falta de aliento y el tabaco de Dennis.
Terrible.
Albus se sentía tan feliz que comenzó a llorar también. Abrazó a su rubio y le dio gracias a quién fuera porque Dennis estuviese ahí, y le estuviese abrazando y besando.
Fue el sexo literalmente más sucio, doloroso y raro que hubiesen tenido. Ambos tenían varios días sin bañarse, Albus incluso no se había cambiado de ropa, pero no les importó, lo hicieron rápido y en medio de lágrimas, no duraron ni los diez minutos cuando normalmente se tomaban el tiempo de darse amor y placer, ni siquiera hubo muchos besos. No hubo ni puto lubricante, Albus lo había penetrado sólo usando un poco de saliva saliva.
Fue cuando se acomodaron para dormir de cucharita que Albus reparó en el olor a pergamino quemado. Vio el humo salir de la tarja, era un humo espeso que revelaba el hecho de que el pergamino se había acabado de consumir. Dudo entre si levantarse a ver y abrazar a Dennis.
Tomó la decisión de abrazar. Si el pergamino se había quemado ni aunque usara su magia podría recuperarlo. Besó el hombro de su rubio y se pegó más a él.
o-o-o-o-o
Se despertaron a las 11 de la mañana del 28. Dennis miraba a su alrededor con cansancio sin saber si debía ducharse primero, recoger esa mierda o tirarse de cabeza de un puente por haber sido un pendejo y acostarse con su todavía ex.
Albus le abrazó y le beso el hombro. Dennis se lo quitó de encima con fastidio y se levantó. Llegó hasta la mesita junto a la ventana donde veía varias moscas volar y notó que había una rata muerta.
— Hay una puta rata muerta en la mesa.
Albus frunció el entrecejo tratando de recordar porqué había una rata muerta en la mesa donde comía todos los días.
— Ahh...fue Dakota creo.
— ¿Crees?
— No recuerdo bien.— Se tiró en la cama abrazando su almohada. — Pensé que ya no estabas enojado conmigo. Que por eso habías vuelto. Se supone que no regresarías hasta el tres...
— Estoy enojado contigo de aquí hasta la luna. — Dijo cubriéndose el rostro con las manos, estaba llorando otra vez. — Estoy tan enojado contigo, conmigo, con tu lechuza, con todos...
— ¿Entonces porqué regresaste? Pudiste haberte quedado con tu padre hasta año nuevo.
Dennis se puso a llorar más fuerte.
—Porque...porque te quiero...porque no podía dormir, no podía comer, porque ya me acabe mis putas uñas y quería estar contigo...carajo...soy tan patético...no puedo creer que he conducido dos días sólo para regresar a ti.
Albus miraba los patrones en la funda de su almohada, suspiró y se levantó para ir a abrazar a su novio, o su ex, lo que fuera. Ésta vez el rubio le aceptó el abrazo.
— Ven, vamos a ducharnos antes de que la resaca venga a mi. He estado bebiendo desde hace una semana sin parar.
Dennis dejó salir una risa ahogada para después limpiarse los mocos directamente con la mano.
— Yo apenas puedo respirar, siento congestionados los pulmones por el cigarro. Me duele todo aquí también.— Dijo tocándose la nariz, indicando que todas sus vías respiratorias estaban mal.
— ¿Cuanto fumaste?
— No quieres saber. — Albus sonrió y puso sus dedos sobre el esternón del rubio y dijo algo que le sonó a hindú e inmediatamente se sintió algo mejor, por lo menos ya no le dolía tanto pero se seguía sintiendo extraño, como si su cabeza flotara y su pecho estuviese caliente, no en el buen sentido, sino incomodo y con picor (aunque aún así era mejor que la resaca de cigarro). Después Albus buscó un pequeño frasco en la alacena de hasta arriba, detrás de las latas de té y sacó una pequeña cajita de piel color camello con una M bien grande con serifa real, debajo, en letras sanserif decía Mafoy Co.
En ella había varios frascos de gotero y Albus revisó las etiquetas pequeñas de cada uno hasta que encontró el que buscaba. Le dio el frasco a su novio.
— Toma lo de un gotero bien lleno.
Dennis lo hizo. Sabía a clorofila con miel. La sensación extraña desapareció y sintió fresco por dentro.
— Wow ¿Qué es esto?
— Brisa azul. Limpia los pulmones. Se usa mucho en el colegio cuando se tienen accidentes con fuego, que normalmente ocurren mientras la gente hace la tarea en la sala común. Ven, vamos a ducharnos.
La ducha era pequeña y color azul. Albus tenía una cortina de baño con estampados coloridos de peces y se dieron el lujo de desperdiciar agua mientras de abrazaban.
— Albus ya no quiero que lo hagas. No quiero que folles con otros y no quiero que me mientas, no quiero verdades a medias.
— No lo haré. Nunca más, no quiero perderte.
— ¿Me perdonas por pegarte?
— Me lo merecía. — Dennis se recargó en el hombro de Albus.
— Quemé tu carta. Lo siento ¿Era de alguien importante?
Albus cerró los ojos y pensó un segundo en Scorpius.
— No, no lo es.— Dijo para después tomar el shampoo y echar un poco en la cabeza de Dennis, en la suya y comenzó a tallar. Era mentira, una blanca, él nunca podría tener nada con Scorpius, eso lo sabía, no quería hacerse ilusiones y mucho menos ahora que tenía a Dennis. Gracias a él Albus no se sentía solo, se sentía querido y a veces hasta admirado, de nada servía decir que el autor de la carta era importante.
Dennis le platicó sobre cómo había arruinado la navidad perfecta de su padre y de lo mal que se sentía por ello.
— Podemos ir todavía a pasar el año nuevo. — Albus a esas alturas del baño estaba lavandole la espalda a su novio; no le interesaba mucho la navidad ni nada de eso, pero antes de haberlo arruinado todo Dennis había estado muy entusiasmado con ello.
— Las carreteras están imposibles. Podríamos morir camino a la frontera. — El moreno sonrió y abrazó a su hombre enjabonado.
— Vas a flipar cuando veas lo que un poco de magia puede hacer. — El rubio no sabía a qué se refería Albus pero no pudo evitar sonreír.
Cuando terminaron de ducharse se quedaron estancados en la puerta porque Dennis no quería salir.
— ¿Qué pasa?
— Hay mierda de Dakota en todos lados. No sé por donde pisar.
Albus miró bien la habitación y por primera vez vio las dimensiones del desastre que había sido su vida sin Dennis y sólo habían sido siente días.
— Verga...— Entonces levantó su mano y empezó a decir varias palabras que su novio no entendió pero al instante pudo ver como el grifo de "la cocina" se abría y de inmediato los trastes comenzaron a lavarse solos. La basura desapareció, un torrente de agua había salido de la mano de Albus y los productos de limpieza salieron de las alacenas. Un paño flotó en el aire para dirigirse a la ventana mientras un atomizador rociaba la misma con una solución azul. La rata obviamente también se fue. La ropa de cama se cambió en el aire.
Dennis miró incrédulo a su novio.
Albus le sonrió pero de inmediato fue golpeado por el rubio en el brazo.
— Auch.— Se quejó todavía con la sonrisa en la cara. — ¿Por qué me golpeas?
— ¿Si podías hacer eso por qué no hiciste eso con mi habitación? Hace meses que necesita limpiarse. — Dijo para después ir hasta el closet y sacar ropa limpia. El moreno se rió.
— Ahora que sabes que soy un mago podré hacerlo. No tienes idea de lo liberador que es poder hacer magia frente a ti. Todo el tiempo tener que ocultarlo...no es sano para el cuerpo, es por eso que a los magos nos gusta vivir alejados de los humanos comunes. Nos fastidia tener que ocultarnos.
— ¿Entonces tu familia realmente vive en un pueblo sin electricidad?
— No la necesitamos, además cuando se es niño no se tiene control de la magia y si un niño empieza a hacer berrinches las instalaciones eléctricas estallan, tampoco necesitamos gas, tenemos un hechizo para crear fuego, las tuberías las tenemos por puro lujo pero tampoco las necesitamos para vivir.
Ambos conversaban mientras se secaban y se vestían. Parecía como si jamás hubiesen peleado.
— ¿Cómo se llama realmente el lugar donde vivías?
— Valle de Godric. No te mentía todo el tiempo, sólo cambiaba las cosas para que sonaran menos raras D. Si te hubiese dicho que vivía en un pueblo literalmente mágico no me hubieses creído, y peor aún, hubiese roto las leyes por nada, me habrías dejado de inmediato creyendo que estaba loco.
— No te habría dejado...bueno sí, lo admito, lo hubiese hecho pero...¿Tan exigentes son esas leyes?
— Un poco, es decir...si esto hubiese pasado cuando todavía tenía 16 probablemente yo estaría siendo juzgado y encarcelado...a ti te hubiesen borrado la memoria y no te acordarías de mi.
— ¿Por qué?
Albus se mordió el labio tratando de ver por dónde comenzar.
— No recuerdo la fecha, no me preguntes, pero por ahí del 1600 se instauró una ley llamada coloquialmente "Estatuto Internacional del Secreto" en la que los congresos, ministerios y demás gobiernos mágicos del mundo acordaron resguardarse y mantener en secreto la existencia de la comunidad mágica, ahí establece que no puedes decirle a la gente que haces magia, ni tampoco puedes usarla libremente hasta los 17, que es cuando se cumple la mayoría de edad.
¿Por qué se ocultan?
— No nos lo dicen. Es decir, es super obvio pero no nos lo dicen, no viene en los libros de historia, lo poco que viene es mentira, no está permitido hablar de ello.
— ¿Qué es lo obvio?
— Que tenemos que mantenernos escondidos para que no nos exterminen. Suena horrible pero la naturaleza del hombre es destructiva, siempre destruye las cosas por las que se siente amenazado. Lo que viene en los libros de historia es que durante la edad media la quema de brujas no era más que una tontería de la que los magos reales podíamos salir bien parados con un hechizo para enfriar las llamas pero no todos tienen la habilidad de hacer magia sin varita, ni siquiera para llamar a su varita a la distancia y sólo menciona esos casos, nunca menciona a las brujas que murieron colgados, ahogados u otro tipo de muertes que se le dio a nuestra gente. En esos casos ustedes están mejor documentados que nosotros, a nosotros no nos dicen nada porque no quieren que nosotros nos pongamos idiotas a matar muggles.
— ¿Muggles?
— Personas sin magia...— Entraron al baño para lavarse ambos los dientes sin haberse puesto las camisetas. — Pero las familias más antiguas de magos tienen registros, nunca olvidan a los hermanos, a los padres o a los hijos que murieron a manos de los muggles. Después de la edad media nuestro numero número cayó. El exterminio incluso coincide con las fechas de la fundación de la mayoría de los colegios de magia de todo el mundo. Los colegios eran el lugar más seguro para los niños mágicos. Pero aún así no nos hemos podido recuperar, sobre todo porque también entre nosotros ha habido guerras.
— ¿Por qué?
— Mayormente son problemas de sangre, la familias antiguas dicen que sólo aquellos que vienen de familias mágicas deben estudiar magia, pero hay muchos magos nacidos de familias muggles, así que esto se torna en discusiones, los amigos se tornan en enemigos y de repente nos estamos matando a nosotros mismos. La última guerra a causa del estatus de sangre terminó en el 98 pero se había cocinado a fuego lento durante años. Ahora estamos supuestamente en tiempos de paz.
— ¿Supuestamente?
— Los magos no cambian de ideas, sólo las guardan mientras encuentran un líder y nuestra gente vive mucho, siempre recuerda. Sigue habiendo muchas familias antiguas en el poder, eso no ha cambiado con los años, sólo se muestran más serviles porque tienen miedo de morir a manos del salvador del mundo mágico.
Ambos terminaron de vestirse y Albus guardó algunos cambios de ropa en una mochila de deporte. Revolvió su baúl en busca de ropa más cálida y envuelta en una sudadera de Slythern venía su pulsera de plata, la que estaba conectada con la de Scorpius. La miró por unos segundos y la metió en su chaqueta. La sudadera la metió en su mochila.
— ¿Tienen un salvador del mundo?
Albus asintió.
— El mismo Jesus resucitado. — Dennis lo golpeó. — Es en serio, el hombre volvió de la muerte para luchar contra su enemigo. Algo nunca antes visto. Tiene varios nombres pero normalmente le llaman "El niño que vivió", otros, un poco más oscuros le llaman "El maestro de la muerte" yo pienso que es el nombre más acertado.
— ¿Por?
— Al tipo le llaman así porque es dueño de las reliquias de la muerte...¿Cómo resumirlo? Hay una leyenda que dice que hubo una vez tres grandes magos que en una ocasión se toparon con la muerte, la humillaron y ésta les relgaló, a modo de trampa, un objeto mágico de gran valor a cada uno. La gente dice que es sólo una leyenda tonta para explicar que aquellos magos hubiesen tenido tales objetos, creen que los hermanos Peeverel eran tan poderosos que crearon ellos mismos esos objetos. Yo no lo creo, no existen magos con tal poder y si los hay posiblemente son monstruos. El caso es que aquél hombre era heredero y dueño legitimo de las reliquias y fue gracias a ellas que pudo volver de la muerte.
— ¿Entonces esa persona sigue viva?
— Dirige Inglaterra, bueno lo hace su mejor amiga que es bastante capaz pero todo el mundo la sigue porque él la respalda. Le temen y le respetan incluso en el exterior, pocos magos han vencido a Magos Oscuros de la talla de Voldemort, el malo de las últimas dos guerras, así que hacen todo para mantener a la ministra contenta.
— ¿Y cómo es? ¿Cómo se llama? — Se sentó en la cama para ver a su novio (¿A quién iba a engañar? cinco días sin él le habían destruido).
Albus se mordió la lengua antes de decir nada.
— Estuve a punto de decirte una mentira.— Dijo.— Estuve a punto de decirte que se llamaba James Evans, lo cual técnicamente es verdad, pero prometí que no diría verdades a medias así que...— caminó hasta su baúl a los pies de la cama y sacó su libro de Nueva Historia de la Magia, y se lo tendió. — Se llama Harry Potter, Harry James Potter, el apellido de soltera de su madre es Evans y es mi padre, ahí viene todo lo que pasó porque realmente no quiero hablar de él. Vienen cosas de las que te hablé antes de que te fueras, y cosas que estoy olvidando, pero creo que si me aceptas como hasta ahora no hay nada de lo que deba preocuparme.
— ¿Ese baúl está lleno de libros de magia?
— Todos, la mayoría de los magos los guarda para sus hijos porque no son muy baratos, se imprimen con la imprenta de Gütemberg todavía, los más exclusivos se escriben a mano. Hay tres cosas que los magos valoran, la familia, el conocimiento y el poder mágico, no necesariamente en ese orden.
— Ohh vaya. — Albus buscó en su baúl y sacó lo que al rubio le pareció un pincel y lo metió a su mochila. Después fue a la repisa donde guardaba sus discos y movió algunos para sacar una cajita larga como las que llevan joyas. Después saca de ella un palo de madera como del largo de una regla de 30 cm. Era marrón y parecía tener unas púas posteriormente limadas del extremo más grueso. Lo guardó en su chaqueta.
— Bien, ya está, vamonos. — Dijo tomando a Dennis de la mano. Bajaron a primera planta y después se dirigieron a la calle. Dennis le pasó las llaves.
— Al abrir la puerta de la camioneta el olor a tabaco les inundó los pulmones.
— Sí que fumaste maldita sea. — Dijo subiendose al asiento del piloto. Utilizó su magia para refrescar el ambiente.
— ¿Hay algo que la magia no pueda hacer? Digo, tu padre volvió de la muerte y quitaste el olor a cigarro de la camioneta de mi padre, ambas cosas me parecen bastante increíbles.
Albus trató de pensar en algo mientras acomodaba los espejos.
— No te enseña a conducir. — Dijo con una sonrisa.
—Ohhh...entonces cariño, creo que debemos cambiar de sitio. — Albus se rió.
— Para nada. Vigila que nadie venga.
— Nadie viene.
— Bien. Esto nunca lo había hecho antes en algo tan grande ni con otra persona así que tengo que usarla. — Albus sacó el palito de su chaqueta y golpeó el tablero de la camioneta.
— ¿Qué hiciste?
—Volví esto invisible.
— ¿En serio?
— En serio. Ahora, cariño, necesito que me prestes toda tu atención. Dame la mano. Necesito que me digas si en casa de tu padre tiene cochera.
— Sí.
— Bien, ¿Tiene más de un auto?
— No. Lo vendió en junio.
— Bien, quiero que cierres los ojos. Y te imagines todo el trayecto que tenemos que hacer de aquí a tu casa, hasta llegar al garage. Quiero que lo imagines bien, como se ve, como se siente pisarlo, como huele, todo, necesito que tengas esa imagen bien puesta en tu mente.
— ¿Cómo en los ejercicios de Frank? Albus sonrió.
— Sí, como eso. — Albus se sintió feliz de que su rubio no hiciera preguntas, estaban acostumbrados a los ejercicios de actuación donde tenían que imaginar las cosas a su alrededor. Dennis se relajó de inmediato en el sillón y empezó a hacer visualizaciones como cuando estaba en clase.
— Vas a sentir algo de frío en tu cabeza, no trates de detener la sensación, no te hará daño.
— ¿A qué te...? ohhh vaya, Albus esto se siente muy raro.
— No te preocupes, soy yo. No abras los ojos, quiero ver lo que tu ves. — Le dio un apretón de manos. — Tu concéntrate, vas a sentir raro el estomago también pero no debes abrir los ojos, ni tener miedo.
Albus se relajó en el asiento y movió su varita. De pronto sintió un torbellino en las entrañas.
— Ohh mierda.— Se quejó Dennis saliendo de inmediato del auto para vomitar. En cuanto miró al suelo para ver su vomito notó que no era el mismo suelo frente al edificio en Londres, éste era cemento pulido. Alzó la vista y vio las herramientas de carpintería de su padre colgadas en la pared, miró hacia la esquina y ahí estaban sus patines y su bicicleta. — No me jodas Albus.
Se giró sin darse cuenta de que el moreno estaba detrás de él, sonriendole.
— Esta cosita. — Dijo dándole en el labio inferior con la punta de su varita haciendo que el aliento de Dennis volviera a estar fresco. —Es el mayor tesoro de un mago. Bien, supongo que ahora hay que darle la sorpresa a tu familia.
Dennis besó a Albus un par de veces antes de darle un fuerte abrazo y buscar la puerta que conectaba la casa con la cochera. Al salir, o más bien, entrar a la casa, casi mata a Scott del susto pues llevaba muy sospechosamente un plato lleno de galletas y un vaso de leche.
— ¡Que mierda! — Gritó asustado casi derramando la leche.
— ¿Qué pasó? — Gritó Oliver entrando a la sala. ¿Dennis? Pero cómo...apenas me llamaste anoche.
— Él tiene contactos...— Dijo el rubio.— Y vinimos a pasar aquí el año nuevo.
— Ok...
Oliver no sabía muy bien cómo hablarle a Albus, sólo le miró, parecía un chico normal, no uno que se dedicara a algo como la prostitución, pero había engañado a su hijo y Dennis le estaba dando señales encontradas, se había ido con la cordura pendiendo de un hilo y ahora parecía haber cambiado completamente, el aspecto de su cabello, el movimiento de sus pasos, el tono de su voz, el color de su piel, el brillo de sus ojos. Era un sol radiante.
— Bien, apenas vamos a preparar la comida así que...
—Yo la hago papá ¿Qué quieres comer hoy?
— Compré ternera así que puede ser ternera Guinnes.
— Como digas. — Dijo entrando a la cocina.
— Deberíamos hacer Colcannon eso me gusta. O Coddle. — Albus iba detrás de él.
— Podemos hacer Coddle como guarnición. Yo sé que te gusta.
— Me gusta todo lo que cocinas.
Oliver se fue un poco confundido a su habitación y no regresó hasta que fue hora de la comida, él y los chicos se sentaron en repartidos en las seis plazas, él en la cabecera, Scott y Adam del lado derecho y Dennis y Albus del otro.
La comida estaba bastante rica. Había olvidado que su hijo cocinaba muy bien...no quería ni imaginar como había quedado la cocina porque Dennis era algo así como un desastre andante, así que mejor se puso a comer sin hacer preguntas.
Dennis estaba tranquilo porque después no tendría que limpiar, Albus no había usado su magia para ayudarle, claro que no, Albus era un maniático del orden y en cuanto desocupaba algo lo guardaba o lo lavaba. Eso era todo.
La mesa estaba silenciosa pero no parecía que nadie estuviera incomodo, sólo Adam, porque no dejaba de mirar a su hermano.
— ¿Pasa algo? — Preguntó Dennis.
— Estaba pensando que tu novio debe tener un pene de oro o algo así.— Dijo sin más y tanto Scott, como Albus que estaban bebiendo té de canela escupieron lo que bebían para ponerse a toser.
— Jesus Adam. — Se quejó el hermano mediano secándose la ropa con una servilleta.
— Ohh vamos Scott, tu pensaste lo mismo, se va hecho un zombie y regresa siendo el Tinkerbell. Es bastante perturbador. Prefiero pensar que el tipo es actor porno y no que mi hermano está en drogas o algo.
Albus comenzó a reírse.
— Bueno, yo no sé que es un actor porno pero gracias.
— Es alguien que tiene sexo por dinero. Deja que la gente lo filme y después la gente se hace pajas en su nombre.
Por un momento la sonrisa se Albus se paralizó pero en seguida siguió riendo.
— Sabes me recuerdas bastante a mi hermano mayor.— Dijo para después volver a comer. ¿Y cuanto gana esa gente? — Preguntó con interés.
— No lo sé...supongo que varios miles de libras. —Comenzó a comer de repente un poco apenado. El moreno sonrió de medio lado.
— Te haces pajas en nombre de otras personas bastante seguido supongo. ¡AUCH!. — Gritó cuando Dennis le pegó.
— No es conversación para la mesa, no con mi padre aquí. — Le dijo enojado.
— Ohh lo siento. — Rió.
La comida continuó en silencio y después de que cada uno lavara los trastes, Oliver se sorprendió de que la cocina no estuviera echo un desastre como todas las veces en que Dennis cocinaba.
Ya en su habitación, la cual estaba extrañamente con todas las cosas en orden pero llenas de polvo, Albus se sentó en la cama mirando las paredes color mandarina. Un color cálido, como el de su habitación en Londres, la habitación de Dennis en Londres era amarilla.
A Albus no le gustaban ninguno de esos colores, demasiado cálidos pero los aceptaba porque Dennis adoraba los colores, su ropa, sus muebles modernos, sus adornos, todo lo que era de Dennis era de colores, una fiesta. Él por el contrario tenía la habitación pintada de un monótono azul cielo, los muebles rústicos y ningún adorno mas que literalmente un par de fotos, en una salía con Sam frente a la escuela y en otra estaba abrazando a Dennis en una fiesta.
Tras de él, en la pared junto a la cama estaba un tablón de corcho, justo igual que Londres, y estaba saturada de fotos, un collage hecho de memorias. En él sobresalían fotos de Dennis y con su padre y con su abuelo, parecían estar de campamento y después había varias de Dennis con un chico cuyo cabello cambiaba de colores a cada foto.
Si no se equivocaba ese era Gaovan, el mejor amigo de Dennis, también había fotos de él en Londres. Había también otros chicos y chicas en las fotos, primos, amigos.
Albus miró al rubio que acomodaba algunas cosas en el tocador. No le hablaba desde que lo regañó por decirle cosas raras a Adam.
— ¿Estás enojado conmigo?
— Sí.
— ¿Por qué?
— No me gusta que mi padre sepa de mi vida sexual, no me gusta que bromees con mis hermanos sobre nuestra vida sexual, sobre todo con Adam, tiene 14 años y por encima de todo aquello, no me gustó que parecieras bastante interesado en saber cuanto ganan los actores porno.
— No estaba interesado en saber, pretendía que estaba interesado, ni siquiera he visto como son esas cosas y para que lo sepas tu hermano tiene exactamente la misma cantidad de imágenes sexuales en la cabeza que yo.
— ¿Te metiste en su cabeza?
— Sólo cinco segundos y créeme me bastó con eso para saber que no debía meterme ahí.
— ¿Qué viste?
En serio no quieres saber.
o-o-o-o-o
El día 29 se encontraba en su esplendor del medio día.
Scorpius estaba sentado en el balcón de su habitación. Miraba hacia los jardines. Los jardines siempre estaban hermosos en la mansión Malfoy. Era la primavera en pleno invierno, era como un globo de nieve, sólo que la nieve permanecía fuera. Todo era perfecto, incluso la ilusión que hacía de las nubes grises el sol más brillante. Lo único que la ilusión no podía cambiar era le frío.
Jugaba nervioso con la manga de uno de los suéteres más viejos que tenía, seguía siendo el mismo renacuajo escuálido que cuando tenía catorce años. Abrazó sus rodillas.
No envió ningún mensaje de vuelta.
No pudo evitar llorar un poco.
A Albus ya no le importaba.
No le interesaba su amistad, su arrepentimiento, no le interesaba su dolor. Planeaba pasar el resto del día ahí fuera, quería ver si podía morir de frío. Se rió lastimosamente y se cubrió los ojos.
¿De qué le servía toda la terapia si seguía pensando las mismas cosas? Necesitaba ver a Elizabeth. Necesitaba sentirse bien.
De repente, mientras se limpiaba las lágrimas sintió calor en su mano. Frunció el entrecejo y miró su muñeca derecha. Era la pulsera.
Se sentía cálida.
o-o-o-o-o
Dennis entró a su habitación. Llevaba sólo unos boxer azules y se estaba secando el cabello, acababa de bañarse. En la cama estaba Albus recostado con la mano derecha levantada. Estaba observando su pulsera de plata.
— ¿Y esa pulsera? Hace mucho que no te la veía puesta.— Albus giró su cabeza para verlo, tenía la expresión algo triste pero le sonrió.
—¿Puedes vestirte? ¿Quieres acompañarme a dar un paseo?
— ¿Con esta nieve?
— Los jugadores de Quidditch juegan con climas peores que éste. Anda.
— ¿Realmente existe ese deporte? — Preguntó comenzando a vestirse.
En cuestión de quince minutos Dennis estaba mirando hacia afuera, había 20 cm de nieve y seguía cayendo, se acababa de salir de bañar, no quería resfriarse pero Albus, que en ese momento se amarraba los zapatos parecía muy decidido a salir.
Su padre los miró raro.
— ¿A dónde van?
— A dan un paseo.
— Está nevando.
— Ya lo sé.
— Te acabas de salir a bañar.
— Sólo será un momento señor Munro. — Dijo Albus abriendo la puerta. Llevaba su sudadera Slytherin, cuando iba al colegio no la usaba mucho pero le encantaba usarla en casa porque su madre y su abuela compraban o hacían ropa para un Gryffindor genérico, la ropa que tenía en verder o gris él se la tenía que comprar por su cuenta con el dinero que ahorraba. Él era el único Slytherin en casa así que usaba esa sudadera para sentirse cómodo consigo mismo. El rojo no estaba mal pero le hacía sentir culpable vestir algo con los colores de su casa rival.
Tomó a Dennis de la mano y caminaron un poco incómodos entre la nieve porque a veces se quedaban atorados, llegaron a una zona que tenía bastantes arboles. No era como su casa en valle, la madriguera, Hogwarts o Malfoy Manor, no había tanto bosque a su alrededor pero lo había, cuando llegaron ahí Dennis quiso detenerse.
— ¿A dónde me llevas?
— A los árboles.
— ¿Por qué?
— ¿Quiero mostrarte algo?
— ¿Qué cosa? Albus, estamos muy lejos de la casa...hace frío y puede haber animales peligrosos ahí.
Albus se rió.
— No pasa nada, los hombres lobo que no tienen familia están en una reserva especial desde hace 10 años no hay nada de que preocuparse.
— ¿Estás jugando conmigo? Los hombres lobo no existen.
— No estoy jugando contigo...— Albus le miró. — Te dije que jamás te mentiría. Y existen, están regulados ahora pero...— le tomó ambas manos. — Es sólo que lo que quiero mostrarte es algo que no pueden ver los demás muggles. Anda, dame una oportunidad, te juro que te va a gustar.
El rubio se mordió el labio inferior.
— Te odio. — Dijo besándolo.— Pero te juro que dónde nos salga un oso te mato. — Albus se rió.
— En mi colegio, si te salía un oso en medio del bosque podías considerarte afortunado. — Tomó su mano fuerte y se dirigieron al bosque.
Unos 15 metros adentro Albus sacó el pincel de su pantalón. Extendió la palma y miró fijamente el pincel.
— Finite.— Dijo en voz alta, de repente la cosa creció. Dennis dio un paso atrás viendo con asombro como el pincel pasó a ser un objeto contundente.
— ¿Qué es eso?
— Una escoba.
— ...Albus.
— Es en serio.— Se rió. — No es precisamente la más nueva y tampoco es una escoba de carreras, pero es muy buena, la Estrella Roja 320 es resistente y sobre todo estable, no soy tan bueno como todos los que me rodeaban pero con los años me he convertido en un conductor decente. Ven. Sube.
— ¿Subirme?
— Ajá. — Se puso la escoba entre las piernas.
—¿Estás jugando?
— No, sube. — Dennis lo estaba mirando como si fuera un loco. — Anda, confía en mi. — El rubio lo miró directo a los ojos y su mirada se ablandó, no podía con esa sonrisa de niño, al final suspiró.
— ¿Cómo lo hago?
Sólo ponte detrás de mi y abrázame fuerte.
— Oh vaya. — Dennis hizo lo que le pidió y el moreno pudo sentir perfectamente cómo el rubio olfateó su cuello. Después ambos se relajaron. Entonces dio un golpe en la tierra con su pie, muy leve. Nada que ver con un jugador de quidditch ni nada. La escoba se elevó poco a poco. No tenía prisa y Dennis se apretó junto a él por el miedo. — ¿Qué pasa? ¿Qué está sucediendo?
— Se está elevando.
— Dios mío.
— No tengas miedo. Estamos juntos.— Cuando estuvieron 10 metros arriba Albus le pidió que mirara a su alrededor pero que no se asustara ni que lo soltara. Dennis lo apretó bien fuerte antes de mirar hacia los lados.
— Joder.
— Sí, algo. Lo estás haciendo muy bien. No pude usar mi escoba en la primera clase de vuelo, no respondía, y la primera vez que me subí no duré ni 15 segundos, me asusté y mi escoba perdió el control. Terminé en la copa de un árbol.
— No me das mucha confianza como conductor de escobas ahora. — Albus se rió y comenzó a avanzar lentamente, Dennis sentía que lo mecían las olas. Era muy tranquilo estar allá arriba.
— Han pasado siete años de eso, obviamente mejoré, el tío Charly me enseñó. Era él único que tenía la paciencia para enseñarme en casa.
— ¿Tus padres no te enseñaron?
— No, las primeras lecciones se dan en el colegio, el primer año pero como todo el mundo se burlaba de mi dejé de asistir a ellas. Había veces que me lastimaba a mi mismo para faltar. Cuando llamaron a papá del colegio le pedí que me dejara faltar. No lo hizo, así que me presenté a cada clase pero me negaba a subir a una escoba. Un viento fuerte les llegó por la izquierda pero la escoba apenas se tambaleó. Era estable. Un día durante las vacaciones de tercer año, mientras miraba a mi hermano y a mis primos jugar un partido de cazadores mi tío notó que yo me aislaba de los demás y me llevó río abajo para que nadie nos viera. Él es muy amable y me enseñó durante tres días seguidos. Fue divertido.
— ¿Pero por qué no te enseñaron tus padres?
— Papá no tenía tiempo y mamá no tenía la paciencia, ella era jugadora profesional, fue cazadora y buscadora de una selección llamada "Harpías de Hollyhead", además James tenía un talento natural así que se frustraba cuando trataba de enseñarme. Al final yo dejé de pedir ayuda.
Dennis besó su nuca.
— Supongo que los dos tenemos mamás que nos abandonan cuando más los necesitamos ¿Eh?. — Albus sonrió débilmente. Dennis no lo pudo ver pero lo sintió.
— Paseemos y luego nos vamos a casa. — Dijo para después aumentar la altura pero no la velocidad, Dennis dejó detener miedo pero aún así se aferraba a su novio. La sensación de la nieve cayendo sobre ellos y el viento golpeándoles en plena cara era relajante. Dennis parecía estar viviendo navidad de nuevo, pero esta vez de manera real.
Después de 20 minutos volando Albus se puso a buscar un lugar más cercano pero escondido para llegarr a casa rápido y no tener que caminar tanto de regreso.
o-o-o-o-o
El día 31 hubo una gran fiesta pero no la hicieron en Malfoy Manor, sino en una mansión en Francia.
Scorpius pudo notar que Lily parecía algo triste antes de la fiesta pero se animó en cuanto vio que entre los invitados estaba Thomas Heffer. El chico Hufflepuff. Era su mejor amigo y por lo tanto la familia Heffer había subido de categoría pero los padres no parecían muy cómodos (el padre era Auror y por lo tanto sentía que traicionaba a su jefe) y sinceramente a Scorpius no le podía importar menos porque los chicos parecían divertirse.
El estomago de Lily casi no se notaba aunque ya tenía casi cuatro meses de embarazo, era sólo un ligero bulto en su vientre que se disimulaba bien con amplios vestidos. La abuela le dijo que las mujeres delgadas eran así, a lo mucho podría pasar por una inflamación.
Él también se sentía mejor. La pulsera estaba cálida y Albus parecía estar pasando un momento feliz.
Estaba feliz desde la noche anterior cuando Scorpius trataba de dormir. Cerró los ojos y casi pudo oler el viento frío y la nieve, pudo sentir una cosquillita en el estomago, la misma cosquillita que sentía cuando cuando volaba con Albus a su espalda. Recordó con una sonrisa las veces en que se escapaban para volar sobre el bosque.
o-o-o-o-o
La fiesta de año nuevo en casa de los Munro era algo bastante más pequeña de lo que estaba acostumbrado. En Malfoy Manor siempre había fiestas gigantescas llenas de joyas y gente estirada y en la madriguera era un banquete para uno de los clanes más grandes de Reino Unido pero no había estado mal.
Dennis cocinó con ayuda de Scott; Oliver, Albus y Adam se la pasaron haciendo limpieza para recibir el año nuevo y los abuelos llegaron alrededor de las cinco para ayudar.
Adam y Scott no estaban muy acostumbrados a sus abuelos, Albus pudo ver perfectamente los estragos de los divorcios en vivo y a todo color, pero trataban de ser cariñosos en lo posible. Los abuelos de Dennis eran muy diferentes a sus abuelos. El abuelo era un tanto cascarrabias y Dennis se la pasaba besándolo en contra de su voluntad, apretándolo para mantenerlo tranquilo. Su abuela era muy guapo y coqueta pero también muy estática, sonreía todo el tiempo pero no parecía muy consciente de lo que pasaba alrededor.
Poco después de media noche, habiendo ya cenado y dado el brindis los abuelos se fueron a casa. Mientras los despedían Albus vio que algunas personas salían de una casa a unos 20 metros de distancia. Uno de los chicos, un tipo de cabello rojo artificial que le llegaba hasta el cuello levantó la mano saludándolos. El chico de hecho caminó hasta su casa y saludó a Dennis de un abrazo.
— ¿Cómo te va rubiales?
— Gaovan. — Dijo sorprendido regresando el abrazo que al parecer era muy fuerte. — Pensé que no ibas a venir, tus padres dijeron que seguías en Los Ángeles.
— Les quise dar una sorpresa a mis viejos. Mírate, te vez muy bien, me había preocupado. Mamá dijo que no te vio muy animado en noche buena.
— Ohh sí, papá.
— La fiesta se está poniendo bien. Señor Oliver ¿Le gustaría unirsenos? Hay bohemia y la invitación va para usted y todos sus hijos. — El señor Munro sonrió.
— Gracias, Gaovan. Pues si ellos quieren claro que iremos.
Adam y Scott alzaron los hombros haciendo como que no les importaba y Dennis reparó en que el pelirrojo lo seguía abrazando. No le molestaba pero no era lo "adecuado" por lo menos no hasta que se lo presentara a Albus que estaba ahí pero no parecía muy enterado de nada.
— Albus, este es Gaovan, es mi mejor amigo desde que papá y yo nos vinimos aquí a vivir. Estudia música en Los Ángeles.
— Ohh...— Dijo dándose cuenta de que le hablaban a él. — Mucho gusto. — El moreno extendió la mano y el pelirrojo la recibió con ímpetu y alegría.
— Un gusto. ¿Así que tu eres Albus? No te imaginaba tan alto y delgado, Dennis te describe como un osito de felpa y las fotos no te hacen justicia.
— Por lo general soy más gordo, pero estuve a dieta de pan y agua hasta hace unos días. Así que tu eres el famoso Gabriel Donovan. Dennis tiene un montón de fotos tuyas pegados en un pizarrón en su habitación.
— ¿El que tienes aquí? — Le preguntó el pelirrojo al rubio.
— Compré uno para Londres.
— Ahh...pues vamos. Mi tío estaba tocando unos boleros muy buenos.
o-o-o-o-o
La familia del tal Gaovan era...era de otro jodido mundo. Todo el mundo bailaba, todo el mundo tomaba, fumaba y más importante aún, cantaba, cuando alguien se cansaba otro más tomaba la guitarra y comenzaba a cantar, en algunas ocasiones varias guitarras se reunían y hasta un piano sonaba desde el fondo del salón. Algunos incluso cantaban en otros idiomas. Albus escuchó canciones en francés, en Alemán, Español, Catalán y en Italiano. Era maravilloso.
Dennis y él estaban sentados juntos. Dennis le aplaudía a un hombre gordito y de bigote que acababa de cantar un maravilloso tango. Por supuesto, lo cantó en español.
— ¿Su familia se dedica casi toda a la música o algo? — Le preguntó a Dennis.
— No, sólo la aman demasiado. Siempre han sido así, creo que por eso me gusta todo lo que tiene que ver con las artes, es imposible no volverse sensible cuando estás rodeado de gente que ama las cosas hermosas.
— Ya...
— ¿Ustedes gustan cantar? — Les pregunto Elissa, la madre de Gaovan. Dennis negó con la cabeza.
— ¿Por qué no cantas tu? Preguntó Adam refiriéndose a Albus. — Él canta bien. — Le dijo a Elissa.
— Ya...— Albus sonrió pensando que ese chico se parecía más a su propio hermano que nunca.— No he practicado. — Dijo.
— Ohh vamos. No seas tímido, aquí nadie es profesional.
— No sé qué cantar. No sé tocar guitarra, sólo un poco de piano pero...
— Anda, que alguien más te acompañará.
— No conozco muchas canciones, en serio.
— ¿Qué te gusta?
Albus sonrió de nervios.
— Apocalyptica...— Dijo, pensando en que la gente de ahí no lo reconocería pero la mujer se emocionó.
— Es maravilloso, a mi hijo también le encanta. ¡GABRIEL! ALBUS QUIERE CANTAR ALGO DE APOCALYPTICA.
Gaovan, de algún lado sacó la cabeza, como si fuera una avestruz.
— GENIAL, VOY POR EL CELLO. PATS, TU TAMBIÉN.— Dijo corriendo escaleras arriba con otro chico detrás. Minutos después ambos chicos traían su instrumento y el arco en mano. Era precioso, Albus no sabía de instrumentos pero eso ambos Cellos lucían como si estuviesen hechos de madera fina.
— ¿Cuál quieres que toquemos? ¿Cuál te sabes? — Le preguntó el chico junto a Gaovan afinando sus cuerdas.
Dennis rodó los ojos.
— Se sabe todas las putas canciones de Apocalyptica, las que no tienen letra las tararea.
— Ohh bien, ¿Te sabes las de Shadowmaker entonces o prefieres alguna de las Metallica o algún dueto en específico?
— Es mi álbum favorito. Sonrió Albus.
Dennis rodó los ojos.
Albus, Pats y Gaovan subieron a una pequeña tarima de donde se retiraban cuatro hombres con sus guitarras colgadas. La gente a su alrededor se puso atenta. Todos eran músicos y todos adoraban la forma en que Gaovan tocaba. Él era de los pocos profesionales en la familia. No sabían quién era el chico de cabello y ojos verdes, a Gaovan ni siquiera le importaba si el chico sonaba afinado o no, era una fiesta.
Adam pegó la barbilla a la mesa y Scott bajó su teléfono celular. Él no conocía de música y tampoco conocía muy bien a Gaovan, sólo sabía que tocaba porque Dennis le había dicho que estudiaba música, además jamás había escuchado un Cello, Adam y él estaban más en el hiphop.
Los cellistas se sentaron y acomodaron sus instrumentos de manera en que pareció que los clavaban en el suelo o esa fue la impresión que le dio a Adam. Ambos cerraron los ojos y empezaron a pellizcar las cuerdas, le recordaba ligeramente el sonido de una guitarra pero después de unos cortos segundos acomodaron sus arcos y se pusieron a tocar.
En el momento en que Albus abrió la boca uno de ellos siguíó pellizcando mientas el otro deslizaba el arco sobre las cuerdas pero el sonido era algo bajo.
Oliver disfrutaba de la canción. Albus la estaba sintiendo, los tres chicos la estaban sintiendo. Volteó a ver a Dennis para comentarle lo bien que cantaba Albus y se encontró con que el rostro de su hijo estaba molesto.
No le dijo nada y prefirió seguir mirando, sin embargo esta vez puso atención en la letra de la canción.
Slowburn
Era una canción de amor. Era apasionada, era resentida, era tierna y a la vez sensual. La forma en que miraba Albus a la audiencia...ni siquiera los miraba a ellos, parecía que estuviera en otro mundo, hundido en recuerdos.
Los otros chicos estaban serios. No se esperaban una voz como esa. Era suave y profunda, como si fuera algo intermedio entre un bajo y un barítono, un barítono muy bien entrenado porque hacía unos agudos muy buenos.
Gaovan miró por un momento a sus familiares y amigos. Estaban hipnotizados. Una prima que estaba al fondo por alguna razón estuvo a punto de llorar. Al parecer se sintió identificada con la canción.
Cuando terminó hubo aplausos y se les pidió que tocaran otra canción.
Patrick, convencido de que el chico se las sabía, comenzó a tocar una canción bastante conocida, inmediatamente Gaovan le siguió. Él quería ver lo que podía hacer una voz como esa.
Albus no se intimidó y se dejó llevar por las notas maestras de ambos chicos.
Bittersweet.
Si Oliver necesitaba algo más para saber que ese chico no era bueno para su hijo lo confirmó con esa canción. Esa canción era para otra persona.
La letra era preciosa y hasta cierto punto triste, la voz del chico hablaba de un amor tormentoso. Era un amor angustiante, hermoso, deliberado y enfermizo. Los otros dos tocaban con desesperación. Las emociones eran grandes, la voz de Albus pasaban de notas bajas y sensuales a agudos claros y calculados para ser dulces en el oído.
o-o-o-o-o
En ese momento Scorpius estaba en uno de los balcones. Se puso las manos en los oídos. Su voz. Su voz estaba en su cabeza. Su corazón dolía y de repente empezó a llorar. La respiración era errática. Cayó al suelo de desesperación.
¿Por qué estaba sintiéndose así?
Le dolía.
Dolía de verdad.
o-o-o-o-o
Después de unas horas más de fiesta los Munro y Albus fueron a casa. Entraron y lo primero que hicieron fue quitarse los zapatos, los hermanos de Dennis se fueron a sus habitaciones y Oliver se quedó en la cocina buscando por un vaso para beber agua dandole una mirada un tanto recelosa al moreno. Albus no la notó o más bien quiso ignorarla. El moreno Albus siguió a Dennis a la habitación color mandarina y se quitaron los abrigos.
— ¿Pasa algo? — Le preguntó Albus mientras extendía su chaqueta sobre una silla.
— No pasa nada.
Albus rodó los ojos.
— Sabes, si quisiera ese tipo de respuestas saldría con una mujer.— Dijo sin la mínima intensión de ofender. Era una de esas frases hechas que usaba para fastidiar pero su novio no lo tomó así.
Dennis le lanzó su chaqueta a Albus en la cara con mucha fuerza. Era de piel, era pesada y tenía estoperoles con forma de picos y algunos adornos de cristal, los cuales lastimaron la cara de Albus. Dennis se preocupó cuando Albus cubrió su rostro y se acercó a él. Albus inmediatamente lo rechazó empujándolo.
— ¿Qué carajo te pasa? — Le preguntó con la voz alzada al rubio.
— Lo siento. — Sonó tan culpable que Albus, aún estando furioso trató de bajarle dos rayitas a su drama, no le gustaba para nada que le golpearan, mucho menos cuando no había hecho nada para merecerlo. Dennis cubrió su rostro y sus hombros parecieron subir y bajar. Dennis nunca lloraba bajo un escenario, y sí lo hacía seguro era por su culpa.
Nunca le había pedido tanta paciencia a Merlín como en ese momento.
Albus se sentó en la cama y jaló del brazo a su novio para que se sentara junto a él. Dennis se resistía pero lo jaló con más fuerza. Albus llevó su mano hasta la cintura del rubio para acercarlo.
— Si no me dices qué te pasa, no voy a saber si algo que he hecho te ha molestado. No voy a saber si hice algo mal, no sabré por qué cosa tengo que disculparme y puedo cometer el error de hacerlo de nuevo.
Dennis lloraba bajito pero comenzó a secarse los ojos con las mangas de su camiseta de manga larga. Albus esperó a que el chico se tranquilizara.
— Dime por qué lloras.
— Lo siento, yo sé que no debería. Pero Albus...desde que tu...me dijiste las cosas que hacías yo...cada vez que te veo con alguien comienzo a imaginarme cosas y siento que me vuelvo ebrio de celos...yo no quiero, pero no puedo evitarlo.
Albus abrió la boca indignado.
— D. Te juro que si me dices que te pusiste celoso de que me pusiera a cantar con tu amigo seré yo quien te pegue a ti en la cara.
Un comentario como ese normalmente pondría a reír a Dennis pero no lo hizo.
— No es por él. Ni por Pats. Ninguno de los que estaba en la fiesta. — Dijo. — Es por la persona en quién pensabas mientras cantabas.
El moreno inmediatamente se puso serio.
— Ya te dije antes que nunca hubo nadie antes de ti. Y los que vinieron mientras trabajaba era un negocio.
— Albus no me mientas.
— No te miento, tu eres el primero que...
— ¿Te has enamorado de alguien antes de mi? — Le interrumpió.
— ¿Al menos estás escuchándome? Tu eres mi primer novio, mi primera vez...no eres mi primer beso pero vamos, fue con una chica en un juego de botella, no veo porqué...
— Eso no fue lo que pregunté...¿Quién es ese chico? Albus yo puedo notarlo. También me dedico al jodido atletismo de emociones y te conozco, estabas pensando en alguien más.
Albus se mordió el interior de la boca. Y guardó silencio tallándose el puente de la nariz.
— Era mi mejor amigo, pero dejó de hablarme en cuanto descubrió que yo era gay y que me gustaba, de hecho lideró todo un movimiento para hacerme sentir como basura sólo porque yo era un maricón, eso fue hace un año. Me lastimó mucho, porque duró meses metiendo el puñal a la herida y dándole vuelta sólo por diversión y duele porque era mi mejor amigo desde que tenía 11 y confiaba en él y él me traicionó diciéndoselo a todo el mundo, me traicionó dejándome sólo. Claro que me duele todavía, era mi jodido "Primer amor" pero más que nada era mi único amigo, pero ya no es lo mismo, no lo he visto desde que dejé el internado ¿Entiendes? Fue hace mucho y ahora te tengo a ti y exceptuando mis errores y tus berrinches infundados lo nuestro es perfecto y está bien. Nos queremos, yo te quiero, y creo que te lo he demostrado diciéndote lo que soy, no es algo que pueda decirsele a cualquiera, sólo se lo puedes decir a la persona con la que estés dispuesta a pasar el resto de tu vida...— Albus se calló dándose cuenta de lo que había dicho.— Merlín que vergüenza.
Esas no eran cosas que se dijeran a la ligera tampoco.
Dennis miró a Albus, la cara de su moreno novio estaba roja. También sentía su cara roja.
Albus era un idiota y él era un idiota también. Sonrió.
Al parecer estaban hechos para estar juntos y no era sólo su imaginación.
Albus también lo quería. Se acercó para darle un beso en la frente y luego en la mejilla.
— Deja eso. — Le dijo irritado Albus.
— ¿Por qué?
— Porque entonces querré hacerte cosas y estamos en la casa de tu padre.
Dennis se rió y abrazó a su novio.
No importaba si no podían tener sexo en ese momento.
Podían abrazarse para siempre.
o-o-o-o-o
Oliver Munro observaba como Albus pelaba las papas con un cuchillo, Oliver no había visto jamás algo como aquello, todos usarían un pelador pero él parecía acostumbrado, relajado, como si una tarea repetitiva no fuera tediosa para nada. Los chicos habían ido por la compra y Dennis estaba quitando la nieve del jardín.
Albus notó que el hombre lo miraba así que le preguntó si pasaba algo.
— Me asustas. — Albus frunció el entrecejo como si no lo entendiera y luego lo miró directo a los ojos. Su mirada era un tanto fría, esas palabras no se las esperaba pero le recordaron tanto a su propio padre que no pudo evitar enojarse; Cuando Oliver dijo que le asustaba lo dijo por el estado emocional de su hijo pero con esa mirada tan fría llegó incluso a temer por la integridad física de su hijo, había algo en el chico que no le gustaba.— Me asusta la forma en que mi hijo te ama, me asusta las cosas que te perdona. Cuando llegamos aquí después de su pelea había noches que no dormía pensando que él podría hacer alguna tontería. Estaba muy mal y no quiero que le lastimes de nuevo.
— No lo hice a propósito.— Volvió a las papas.— Y yo tampoco lo manejé bien, pero si estoy aquí es porque él me lo está permitiendo.
— Él no sabe juzgar a las personas, ha habido otros antes de ti que le han lastimado también y ninguno lo derrumbó tanto como tú.
— ¿Y qué se supone que debo de hacer? ¿Alejarme de él? Eso no va a pasar. — Preguntó con una voz ácida y arrogante.
— No puedes venir a mi casa después de haber engañado a mi hijo y pretender que todo esté bien.
— ¿Cree que eso me hace asqueroso?— Comenzó una nueva papa, sus ojos parecieron humedecerse un poco. — ¿Qué eso me hace poco digno? Su voz estaba enojada y quebrada. — ¿O que me avergüenza? No sé, tal vez que tengo la moral muy baja.— Albus negó con la cabeza. — Sino fuera porque amo a su hijo lo seguiría haciendo con mucho gusto, pero lo amo y a mi también me asqueaba sólo pensar que besaba a su hijo con los mismos labios con los que había besado a otros, sí, tengo la moral algo flexible, siendo sincero sino fuera por él lo seguiría haciendo, mis horarios son exigentes y necesito el dinero, tengo una renta, un colegio, comida, transportes y medicamento que pagar pero, a diferencia de él, yo no tengo un padre que lo haga por mi. Tal vez usted piensa que no tengo dignidad pero dejando de lado pagar por la carrera de actuación la dignidad no vale nada sino tienes que comer, o dónde vivir.
— Elegiste el camino fácil.
— Disculpe si elegí el camino fácil pero fui rechazado en 15 lugares antes de decidir vender mi trasero. No es como si fuera lo primero que pasó por mi cabeza, pero tenía una gran pasión por no dejarme derrumbar. Le diré una cosa y que le quede bien claro, he hecho algunas cosas horribles en mi vida, unas más que otras, la más reciente no me permite regresar a la casa de mis padres, pero haberme vendido ni siquiera aparece en la lista, así que sí, no tengo moral, soy ambicioso, egolatra, egoísta, envidioso y manipulador, no me importa lo que la gente dice o deja de decir, ni siquiera me importa lo que piense usted, para mi, venderme fue sólo un escalón para conseguir algo que quiero, algo más grande y no estoy acostumbrado a no recibir lo que deseo, la cuestión aquí es que si su hijo desea o no acompañarme es decisión de él y usted no tiene derecho a meterse. Él me dejará cuando decidda hacerlo.
La puerta del frente comenzó a sonar. Era Dennis que no podía abrir la puerta.
— Abran. Tiene seguro. — Albus que estaba rojo de coraje respiró hondo y se relajó. Oliver vio como en un instante el color rojo de su rostro desaparecía y su mirada se volvía dulce y cansada. Nada que ver con la mirada iracunda y depredadora de antes. El moreno se levantó y tronándose el cuello fue a abrirle la puerta a Dennis.— ¿Por qué la cerraron? — Preguntó el rubio enojado
— Nosotros no fuimos, seguro fueron tus hermanos cuando salieron. — Dijo cerrando la puerta tras Dennis.
— Estás serio...¿Discutieron o algo? — Caminó hasta la mesa.
— Hablamos sobre que soy la peor persona del mundo, el anticristo resucitado. — Dennis frunció el ceño y miró a su padre.
— ¿En serio?— Le acusó.
— No pasa nada Den.— Le dio una palmada en la espalda, a la altura de la cintura y se volvió a sentar frente a las papas. — Son platicas de hombre a hombre que uno tiene que tener con su suegro para conocerse mejor. — Tomó la papa que había dejado inconclusa. — Tu no lo entenderías porque eres la chica en la relación.
Dennis abrió mucho la boca sorprendido y luego la cerró frunciendo los labios. Albus se encogió y rió justo cuando la palma abierta de Dennis le dio fuerte en la cabeza.
— No vuelvas a decir que soy una chica. Aunque me gusten las cosas femeninas los dos somos chicos, ese es el jodido punto de ser gay. — Caminó enojado hasta detrás de la barra para lavarse las manos. Frente a él estaba un frutero con platanos, manzanas y ciruelas.
— Te enojas por cosas taaaan tontas. Te amo.
— No son cosas tontas. No soy una chica. — Albus se rió y después le mandó un beso. — No hagas eso, estamos discutiendo. — Le arrojó una ciruela del frutero causándole más risas a Albus aunque le dio en el cuello.
o-o-o-o-o
El día dos de enero la familia Munro se dirigía a Londres en la camioneta familiar de Oliver, se detuvieron varias veces a hacer comidas y tanto Oliver como Dennis intercambiaron varias veces el papel de piloto mientras el otro descansaba.
Por la mañana Albus miraba hacia la ventana ignorando como los demás tenían su propia conversación. Él sólo miró hacia el cielo.
Nublado.
Los árboles carecían de hojas y agitaban sus vacías ramas gracias al aire.
Cuando llegaron a Londres era ya muy noche y lo primero que hicieron fue dejar a los chicos con su madre. Ohh vaya, era rubia y tenía esas graciosas ondas en el cabello, tenía los labios de los niños menores pero su cara parecía triste y 10 años más vieja que la de Oliver. No se la había imaginado así. Tan derrotada.
Oliver y ella se saludaron de mano y conversaron algo sobre un envío de dinero. Dennis se quedó en el auto revisando su teléfono. La mujer no lo miró. Incluso miró a Albus pero no a Dennis.
La conversación de dinero siguió.
Era civilizado y grotesco al mismo tiempo verlos charlar.
¿Cómo puede morir el amor de esa forma? ¿No era una tragedia darle la mano como si nada a una persona con la que se había tenido hijos? ¿No era triste no poder ver a los hijos todos los días a la hora del desayuno? Para él era normal, había estado casi 7 años en un internado pero no pensó que para los muggles fuera así. Los magos se casaban con su verdadero amor siempre, y los matrimonios sí que duraban hasta que la muerte los separara, había veces en que incluso si enviudaban jovenes nunca buscaban a alguien más, se quedaban sólos hasta que se fueran a reunir con sus amados.
Después de la charla Oliver los llevó a cenar. Los tres compartieron unas cervezas en un local de alitas. Al llegar al departamento ya era la una de la mañana del día tres. Ambos se lavaron los dientes, se desvistieron y se acostaron pero Albus no podía quedarse dormido del todo. Había pasado desde el año nuevo. La sensación extraña de tener algo que hacer, de tener que ir a algún lado, de correr.
Movió a Dennis con delicadeza y se puso ropa de deporte. Hacía mucho que no salía a correr, principalmente por los ensayos. Afuera estaba terrible, comprensible para el invierno britanico a las tres de la mañana, había viento que llevaba agua helada con él pero no importaba. Se puso un hechizo para calentarse, entonces comenzó a correr.
Necesitaba huir.
No sabía de qué pero necesitaba huir.
Algo estaba persiguiéndolo y él no podía soportarlo.
Había una constante presencia tras de él, viéndolo desde dentro.
Lo llevaba dentro de él.
o-o-o-o-o
El sastre tomaba las medidas para hacerle los últimos ajustes a su túnica de gala.
Era negra con rojo. Como si el rojo fuera un fondo y una capa de tela negra con patrones dejaba pasar el rojo haciendo interesantes diseños. Se le hizo también una corona de rosas rojas muy pequeñas. Era el elemento clásico de su atuendo. Sus abuelos usarían unas tiaras muy pequeñas de plata. Lily y su padre no usarían nada. Los novios tienen que estar libres de pretensiones, entregándose el uno al otro frente al altar en simples camisones blancos y descalzos.
Se miró en el espejo completamente embelesado de su propia belleza. Hace mucho que no se veía a sí mismo así de bien.
Sonrió ante la idea de haber recuperado algo de confianza.
o-o-o-o-o
Llevaban una semana de clases.
Comenzaron en nuevo semestre haciendo pagos pero algo se les presentó. Albus y Victoria habían sido seleccionados para llevar lecciones extra de técnica vocal a cargo de la facultad de música, Albus se sintió aterrorizado al principio porque eran dos horas más cada tercer día y él no tenía dinero y tenía que conseguir trabajo pero la escuela le ofreció una beca del 50%, 30% debido a su promedio del semestre anterior y lo demás era por parte de la facultad de música. Él no sabía lo que era una beca porque Hogwarts era gratuita así que le preguntó a su rubio novio lo que era y éste casí se caía de su silla de la impresión.
Albus pudo respirar otra vez cuando le explicó que eso significaba que las mensualidades le costarían sólo la mitad. Sam y Dennis también habían tramitado su beca, la de ellos era sólo del 30% y Victoria sólo recibía la de música, no le interesaba tramitar la beca por promedio. No la necesitaba.
Dennis había vuelto a su trabajo como actor de obras infantiles así que entre los ensayos y la escuela no tenían mucho tiempo para estar juntos, sin embargo eso era bueno para Albus ya que su agente le había encontrado shootings muy buenos. Necesitaba el dinero, siempre lo necesitaba.
Por el momento sólo tomaba clases él sólo entre semana pero al parecer, a partir del sábado y sólo los sábados tendría clase de coro y practicaría con más gente.
El día seis le llegó Anaís, la lechuza de su tío Percy, llevaba un certificado de regalo para Madame Bovary, una tienda de túnicas muy exclusiva en el callejón Diagón, habían abierto sólo tres años atrás.
"La boda de Lily será en menos de una semana, estaría bien que vistieras algo hecho por magos para dejar bien parada a tu hermana frente a esos sangre pura" Albus rodó los ojos. Los Weasley siempre hablaban de ellos como si no fueran sangre pura.
Sonrió al pensar en su abuelo y sus amenazas en desheredarlos si se casaban con sangre puras.
Esa misma tarde fue hasta Madame Bovary y compró una túnica negra. Se pegaba a él como una segunda piel e iba de piso a cuello y tenía mangas largas que se ajustaban a su brazo hasta llegar a las manos donde se hacían amplias. Estaba hecha por partes de tela que variaban entre lo mate y lo brillante. Una túnica dramática.
Perfecta para un Slytherin.
Llegó al departamento con la bolsa en mano mientras revisaba los avisos de su manager y en cuanto abrió la puerta lo golpeó el olor a col con patatas.
Comida Irlandesa.
Sonrió al ver a su novio y a su caos. Dejó las bolsas justo a un lado de la puerta y fue a abrazar a su Dennis por la espalda.
El chico vestía shorts blancos, una camisa azul cielo bastante grande, pantuflas blancas con orejas de conejo.
— Hola hermoso.— Dijo dándole un beso en el cuello.
— ¿Dónde estabas? No contestabas el teléfono y le llamé a tu agente, me dijo que habías terminado a las siete. — Albus decidió ignorar el tono irritado de su novio, se ponía igual cada vez que lo tenía fuera de su vista. No creía que fuera sano para su relación, pero como no tenía nada que esconder no le importaba, sólo quería recuperar la cofianza de su novio y si para eso tenía que tragarse pequeñas escenas de celos lo haría.
— Fui a comprar ropa para una fiesta. La boda de mi hermana será en unos días y mi tío Percy me ha mandado un certificado de regalo para una tienda de ropa elegante. ¿Quieres verla? Es la túnica más bonita que he visto.
Dennis alzó una ceja incrédula pero hizo un gesto de "adelante" con la cabeza así que Albus fue a por la bolsa. Sacó la túnica y se la mostró emocionado a su novio.
Dennis procuró no reírse pero la burla estaba tatuada en su cara.
— ¿Te vas a poner "eso" en una boda?
Albus miró la túnica.
— ¿No te gusta? Yo creo que es muy bonita y moderna.
— Albus es un vestido, uno ajustado ¿Es así como visten los magos?
— Los magos ricos.
— Ohhh perdóneme señor príncipe de los magos. Por cierto ¿Cuándo me ibas a decir que te vas de fiesta? Digo, por lo menos avisa.
— Ah...bueno, no había tenido oportunidad. La invitación llegó cuando no sabías que yo era un mago, y estaba tratando de encontrar una excusa para desaparecer un día sin que te molestaras pero ahora que lo sabes te lo puedo decir. Mi hermana se casa con un mago de familia poderosa y te llevaría pero los muggles no pueden entrar a territorio magico sin autorización de los dueños y los dueños son antimuggles.
La mirada de Dennis se ablandó y se acercó para besar a Albus.
— Entonces está bien ¿Cuándo es?
— El sábado en la tarde. Probablemente regrese hasta el domingo, las fiestas de magos son bastante largas. En especial cuando se trata de una familia como la Malfoy.
— ¿Los Malfoy? — Dennis sonrió.— ¿No es esa familia que dice en tu libro de historia que son super malvados?
— Los libros los pintan peor de lo que son, además los que si eran malos de verdad vivieron hace mucho tiempo. Han pasado años desde que no matan a nadie.
— Con razón tu padre no quiere que tu hermana se case con él ¿Cómo es el hombre?
— Grande. — Dennis le dirigió una mirada de "eso ha sonado raro". — No ese tipo de...grandeza. No lo sé, no lo he visto, pero el tipo es de mi altura.
— Entonces es grande.
— Sí, pero es como más robusto. Como con muchos músculos que no se notan a simple vista aunque usa ropa como esta. — Dijo alzando la túnica.— Es rubio, tiene los ojos grises y es inteligente como un carajo, tan rico que podría dedicarse a gastar su dinero de aquí a cien años y ni así se lo acabaría.
— Suena como el marido de mis sueños. — Dijo sirviendo los platos.
Albus sonrió.
— Dennis, somos jóvenes.
— Lo somos. — Llevó los platos hasta la mesa, olía muy bien, olía a cerveza, carne marinada en cerveza y con salsa barbacue. Pure de patatas con col.
— Pero eres la mujer de mis sueños. — Dennis se rió enojado.
— Tu quieres que te rompa las piernas. — Dijo. Dennis amaba las cosas femeninas pero odiaba que ser refirieran a él como mujer. Le gustaba cualquier apodo, maricón, puto, afeminado, vestida, cualquier cosa menos mujer.
Albus sonrió más.
— Eres la mujer de mis sueños y tu quieres que nos mudemos juntos. ¿Tu crees que en un futuro...no tan lejano tu y yo nos casemos? — Dennis se sonrojó.
— No digas cosas que no van a suceder.
— ¿Por qué no habrían de suceder?
— No te voy a creer nada hasta que no vea un anilló en éste dedo. — Levantó el dedo medio.
— Es el otro dedo.
— Ohh...mi error. — Dijo con una sonrisa sentándose en una de las mesas junto a la ventana. La silla del lado izquierdo porque del otro lado la silla estaba junto a la jaula de Dakota, que estaba vacía, Dakota había salido a cazar pero si llegaba Dennis no quería abrirle la puerta de la jaula.
Dennis odiaba a Dakota.
Dakota odiaba a Dennis.
Dakota odiaba a todos los seres humanos, incluso a Harry Potter.
A todos menos a Albus y Scorpius.
Eso último Dennis no tenía porqué saberlo.
o-o-o-o-o
El día de la boda era Sábado.
Dennis viajaba con la compañía de teatro los fines de semana para las obras de caridad así que Albus se quedaba sólo desde temprano.
Era su primera clase de coro también, conocería a los otros chicos de la carrera de técnica vocal, por lo que había oído los chicos del área de música tomaban clases juntos pero eran clases como solfeo, historia de la música y coro, después cada uno tomaba clases de su especialidad en pequeños grupos de 5 o más personas y además llevaban clases individuales con esos mismos maestros para pulir habilidades individuales.
Su profesor durante la semana había sido Mister Ross, un hombre delgado y bastante guapo pero de semblante estricto con la mandicula dura y los labios delgados, intimidaba bastante y eso que lo veía tres veces a la semana.
Ahora, estaba sentado en una habitación acustica en gradas con otras 30 o 40 personas, un piano y no conocía a nadie. NADIE. Se sentía levemente inseguro pero su cara reflejaba emociones equilibradas, diciendo "Soy nuevo pero no me intimidan" De verdad que le gustaría que Sam estuviera con él, gracias al cielo Victoria llegó e inmediatamente se sentó con él.
— Hola guapo.
— Hola guapa.
— Sam me dijo que te preguntara si querías cenar con nosotros hoy que no está Dennis.
— Me encantaría pero voy a salir. Igual podemos comer o cenar juntos el domingo.
— Ohh bien. Nos llamas para ponernos de acuerdo ¿Cómo han estado tus clases?
— Mi maestro da miedo.
— Mi maestra tambien, me recuerda a mi profesora de ballet de cuando era niña.
Estuvieron platicando de cosas sin importancia y casi no ponían atención a la gente hasta que vieron pasar a un chico. Dos chicos en realidad.
Era imposible no voltear a verlos. Uno era pequeño y no muy apuesto pero tenía algo, unos hermosos y enormes ojos marrones, piel blanca pero con un tono que parecía haber sido besado por el sol, claramente había un mestizaje en su sangre. Tenía un movimiento ligeramente femenino cuando hablaba con el otro chico, las uñas las tenía largas y tenían manicura francesa, la cabeza rapada a los lados y un mechón de cabello negro cayendo en forma de pico sobre uno de los lados de su cara.
El segundo era rubio, su tono de rubio era parecido al de Dennis, pero el de Dennis tiraba más al castaño, y este era simplemente como si se degradara del negro al rubio, no sabía explicarse, tenía las cejas tan rubias que parecía no tener y la mandibula era bastante grande sin embargo era agradable de ver, un chico así, con cualquier tipo de ropa se vería bien. Era super alto, o bueno, de la misma estatura que Albus y Victoria y eso era ser muy alto, además era fornido, no que hiciera mucho ejercicio, sino que su complexión daba muy buen cuerpo.
Ambos chicos se sentaron en diferentes niveles de las gradas pero seguían platicando animadamente, ambos reían al mismo tiempo, le pareció dulce la risa de ambos, se miraban con mucho cariño y se preguntó si serían pareja. Tambien se dio cuenta de que él y Victoria eran los unicos sentados así, mezclados, los otros estaban divididos en filas enteras de hombres y mujeres. Y mantenían conversaciones con personas de otras filas pero no se sentaban juntos ¿Por qué?
Poco después llegó un hombre pequeño y delgado con el cabello un poco largo y gafas. Ropa de vestir algo gastada. El chico pequeño bajó un par de escalones en la grada hasta quedar en la primera fila. Algunas personas más se acomodaron.
Se paró frente al piano y dio la bienvenida a todos, felicitó a todos por su buen trabajo en el festival de navidad y después enfocó la vista en ellos.
— Ustedes deben ser Albus y Victoria, bienvenidos. Chicos, hoy tenemos material de importación, los señores Albus Potter y Victoria Gray.— Dijo señalandolos. — Ellos vienen de la facultad de Artes Dramatico y la LAMDA considera adecuado invertir en su formación como estudiantes de técnica vocal. Ahora, primero que nada, sus profesores Christine y Ross me han dicho que ustedes pertenecen a los tonos de contra alto y baritono, así que les voy a pedir que, usted joven Albus se suba un escalón en la grada, y usted, señorita Gray, se siente con las señoritas de este lado. Dijo señalando a las chicas del lado derecho.
Obedecieron, pronto Albus se encontraba en la misma fila que el chico rubio alto.
Entonces por eso todos estaban en filas. Los separaban por tonos de voces. Y él estaba en la fila de Baritonos.
Al principio, cuando Albus se presentó con el profesor Ross, el moreno pensó que no sería muy diferente de las clases de técnica vocal de actuación. Rayos no, eran diametralmente distintons, en actuación las canciones que estudiaban eran meramente existos pop o rock y no eran dificiles de cantar, para él, Dennis era otra cosa. Pero estudiar técnica vocal clásica era un infierno. Se cantaban completamente diferente, en idiomas que nada tenían que ver con el inglés. Además llevaban un libro de texto para los ejercicios de canto, él tenía uno especial para baritonos y bajos, con ejercicios unicamente para esos tonos de voz. Todo era más dificil.
Y al parecer la clase de coro no era nada distinta.
Se presentaron, el profesor, que se llamaba Richard, les dio unas hojas a todo el mundo, hicieron algunos ejercicios de calentamiento. Después fue el infierno, con su profesor iba a paso tortuga porque el hombre se tomaba el tiempo de explicarle como debían sonar las cosas, música no era su especialidad y no sabía leer las notas tan rápido como aparentemente todos hacían, además sus notas eran casi todas medias o bajas (que no tanto porque las notas que estaban cantando los bajos eran algo completamente fuera de liga para él), además de que el movimiento de su boca, y garganta no se parecían a los que hacía cuando cantaba normalmente.
Todo el mundo podía leer las notas y todo el mundo sabía cómo debían sonar esas notas, y el mayor problema de todos. Las más de 40 personas CANTABAN JUNTAS. Cada quién cantaba diferentes líneas y escalones abajo cantaban los tenores y se perdía. Y algo le pareció extraño, el chico pequeño cantaba casi tan agudo como las chicas.
Y no estaba hablando de las contra alto, cantaba como las soprano. Había otros tres chicos en primera fila que podían cantar agudos como él pero no tanto.
Al final de las dos horas clase les dio más hojas y les dijo que practicaran ambas canciones. Quería suicidarse.
Mientras guardaba sus hojas en la mochila Victoria se acercó a él e inclinó la cabeza sobre su espalda.
— Lo he hecho terrible. Hace años que no tomaba una clase como esta.
— Yo no podía dar con mis notas, me pierdo con los tenores.
— Hola, disculpen. — Ambos voltearon a ver quién les hablaba y tuvieron que bajar la mirada un poco para ver al chico. Era el chico castaño. — Soy Mitch Grassi. Contratenor.— El chico alto se acercó. — Y él es Scott Hoying. Baritono ligero. Sé que ustedes no son de nuestra facultad pero en quince días tenemos una fiesta de bienvenida y como estarán tomando algunas clases con nosotros queríamos invitarlos a asistir.— Mitch extendió la mano y el chico rubio buscó en su mochila sacando una carpeta de donde extrajo un flyer.
— Aquí está la dirección, será en mi casa. Busquenos si necesitan ayuda. — Dijo con una sonrisa amable, a Albus casi se le derretía el corazón, parecía un chico tan dulce y solicito.
— Nos vemos. Apurate Scott. — Dijo el chico bajito saltando de escalón en escalón hasta llegar abajo, el alto lo seguió pocos segundos después despidiendose con una asentimiento de cabeza.
— Notaste lo mismo que yo no noté.— Dijo ella.
— Lo tiene como a mi me tiene Dennis.
— La diferencia es que ustedes follan y ellos no. — Victoria se rió.
— Oye...— Iba a comenzzar a discutirle, luego vi que probablemente tenía razón. — Pobre tipo.
Se fueron a desayunar a una cafetería cerca, principalmente porque Ding Dong China abría hasta las 10:30 de la mañana y apenas eran las nueve, Victoria desayunó un tazón de fruta y un café negro, él pidió lo mismo pero además un brownie. Luego cada quién se fue a casa, todavía era muy temprano, las diez apenas.
Albus se tomó el tiempo de limpiar su departamento de manera manual e incluso metió a lavar tres cargas de ropa, la de colores claros (de Dennis), negra (de Albus) y los jeans (de ambos), luego fue al banco a sacar el dinero de su cuenta para tener efectivo y también cobró un cheque que le dio Dennis. Depositó lo de ambas rentas y después fue directo al centro comercial.
Sacó su lista de compra redactada con la letra descuidada de Dennis. Cosas sencillas, jabón de lavar, suavizante, detergente para trastes, descochambrador, jabón de tocador, crema humectante de bote grande, lubricante sabor durazno de bote extra grande, jamón ahumado, pan de caja integral, mayonesa, queso panela, machego y americano, galletas integrales, cereal de hojuelas de maíz, barras de arroz inflado. En la sección de verduras se tardó un poco más porque él era un maniático y le gustaba escoger pieza por pieza de vegetal, sólo las más bonitas y cómo la lista venía algo así como 1 kilo de zanahoria, pues se paraba frente a la bascula y metía pieza por cosa hasta llegar al peso ideal.
Salío de ahí dos horas después.
Curiosamente le tocó la misma chica de coleta rubia que lo atendió en uno de sus peores momentos. La chica le sonrió un poco y siguió haciendo su trabajo.
Era un extraño acuerdo mutuo entre extraños de no mencionar lo que pasó pero las miradas hablaban de más y en la mirada de la chica había algo así como "me alegro de que estés mejor" En agradecimiento Albus se portó amable y usó su voz de buena persona para agradecer su trabajo.
El moreno llegó a la casa, le dio una galleta a Dakota y se puso a ordenar la despensa. Puso las frutas en un frutero, la verdura la metió en el refrigerador, la carne en el congelador y todo lo demás fue a las alacenas cuidando de que todo quedara acomodado por tamaño y orden alfabético. Igual Dennis lo iba a mover todo cal momento cocinar pero era algo que no podía cambiar. Esa manía la había heredado de su madre.
Pensó en su madre cuando se metió a bañar. Se preguntó si iba a verla en la boda, si iba a ver a su padre. Lily dijo que había mandado las invitaciones pero que no habían respondido. Albus quería creer que su padre al final asistiría a la boda. No porque él quisiera verlo, había pasado tanto tiempo que él ya había dado su relación por perdida pero Lily...Lily había sido una princesa a ojos de su padre. Podría odiar al novio pero seguía siendo su padre.
Se puso a escuchar música mientras se vestía pero no se puso la túnica, todavía faltaban horas para la fiesta y no quería arrugarla.
Decidió marcarle a Sam.
Dos tonos y contestó.
— Hola.
— Hola Al.
— ¿Estás haciendo algo?
— No ¿Por?
— Por nada, voy a ir a una fiesta en unas horas pero por el momento no tengo nada que hacer.
— ¿Tu solo?
— Sí.
— ¿Dennis sabe?
— Sí.
— Ohh, entonces está bien.
— ¿Por qué la sorpresa ne tu voz?
— Bueno, ha estado muy raro por un tiempo. Como irritado. Al menos así lo veo.
— Sí, lo ha estado.
— ¿No te incomoda?
— No, soy yo el que tiene la culpa, me molestaría si el no tuviera razones.
— ¿Las tiene?
— Le engañé y se lo dije. Me perdonó pero está así desde entonces.
— Ohh vaya...¿Ustedes los gays son mucho de engañar no? Quiero decir, así conocí a mi novia...No sé si es por ser LGBTQ o es sólo que la monogamia murió en algún punto de este siglo.
— No sabría decirte...en mi caso fue algo así como...sacar dinero para la renta y esas cosas.
— Oh...OHHHHH...¿Él lo sabe?
— Sí.
— No sé que decirte acerca de eso, me parece triste degradarte de esa forma, porque estoy seguro de que no lo hacías por gusto, y no te estoy juzgando, Dios sabe que le has batallado para encontrar trabajo, y el modelaje no te da para todo, la colegiatura es cara aún con la beca, agradezco que tengas la confianza de decírmelo a mi pero en cuanto a decirle a Dennis la verdad...rayos Albus...cuando metes la pata, la metes a fondo...
— Lo sé, ahora no sé cómo volver a ganarme su confianza, estoy pegado a él casi todo el día cuando no estudio o trabajo para que se haga a la idea de que no tengo tiempo para engañarlo, lo llevé incluso a la sesión de fotos de ayer.
— Bueno, eso no hace mucha diferencia porque siempre has sido un novio atento, incluso cuando no estabas enamorado siempre estabas al pendiente. Te has impuesto tu propio mínimo, él espera siempre lo mismo de ti.
— Ya sé...es difícil mantener a mi novio feliz.
— ¿Por qué no lo llamas? Tu nunca lo llamas cuando está trabajando, sería bueno que le llamaras de vez en cuando cuando sale a hacer sus visitas en hospitales, si crees que no podrá contestar siempre puedes mandarle un mensaje o algo. Tu sabes, hacerle saber que piensas todo el rato en él y así.
— Mmmm...bien, tienes razón ¿Es grosero si te cuelgo?
— No, de todos modos me tengo que arreglar porque voy a salir con Victoria.
— ¿A donde?
— Buscar departamentos.
— ¿Para cual de los dos?
— Para ambos.
— WHOA, WHOA, WHOA ¿Es oficial? ¿Se van a mudar juntos?
— Sí, lo platicamos en año nuevo, sé que llevamos poco tiempo juntos, menos de medio año pero...hay algo especial entre nosotros, vamos a mudarnos a un departamento más pequeño, porque queremos algo donde ambos podamos aportar lo mismo, no me sentiría bien si mi chica tuviera que mantenerme.
— Claro que no, tu eres un caballero. Entonces te dejo Sam, tengo que llamarle a Dennis.
— Saluda a D. de mi parte. Que te la pases bien en la fiesta.
— Vale, nos vemos.
Albus revisó su reloj y vio que faltaba media hora para que empezara la presentación de Dennis. Tomó su teléfono y marcó.
— Hola cariño. — Le contestó el rubio al tercer timbrazo.
— Hola...— Albus sonrió al acostarse en la cama. Dakota revoloteó por el departamento.
— ¿Pasa algo? Es raro que me llames.
— No, sólo quería escucharte, es muy duro pasar el tiempo separados. — El moreno no lo veía pero casi pudo imaginarlo con una sonrisa boba en la cara.
— Mañana llego a primera hora. ¿Tu vas a llegar temprano?
— El domingo después de medio día supongo, he ido de compras.
— ¿Conseguiste todo lo de la lista?
— Sí. También puse a lavar tres cargas de ropa. Pagué las rentas. Limpié la casa y ordené la alacena.
— Ohh que hombre tan eficiente.
— Y tu que no quieres casarte conmigo.
— Tenemos 17 años.
— Tú cumples 18 en mayo.
— Preguntamelo cuando tengamos 28, si no rompemos antes claro.
— Yo haría un juramento mágico en este momento, un juramento inquebrantable, de amarte para siempre.
— Wow, eso suena intenso e irrompible ¿En que consiste? ¿Por qué es inquebrantable ese juramento? ¿Qué diferencia tiene con los votos de boda comunes?— Escuchó su risa, Dennis no le creía nada aun cuando sabía de la magia.
— El juramento inquebrantable técnicamente es inquebrantable porque te mueres cuando rompes tu promesa.
— Ohh...— Su voz se puso seria. — ¿Estás jugando conmigo o algo así? Porque no es gracioso Albus. La vida es muy importante para apostarla por un amor adolescente.
— Ustedes los muggles están acostumbrados a romper promesas...entiendo que creas que digo las cosas a la ligera, te mentí antes y tus padres están separados después de haber tenido tres hijos y prometido estar juntos hasta que la muerte los separe y eso te hace sentir inseguro sobre mis sentimientos o la duración de estos, pero los magos no somos iguales a ustedes, nuestras firmas son indelebles, los contratos son imposibles de romper, nuestros testamentos son irrefutables, nuestros votos de boda son un contrato mágico que nos liga a nuestras parejas.
— Así que ustedes no pueden traicionarse los unos a los otros.
— Podemos, no somos santos, pero no podemos hacerlo si hay un juramento de por medio. Al final la magia toma partido, hace de juez, abogado y jurado y te castiga según tu falta. Es nuestra versión del karma.
— ¿Sí haces eso sólo te afectará a ti?
— ¿Piensas que dejarás de amarme en un futuro cercano?
— No...pero tienes algo de razón cuando dices que lo mis padres me afectó, sobre todo porque fui yo el que hizo que se separaran...fue a mi a quién mi madre dejó de amar primero, sí ella pudo dejar de amarme ¿Cómo sé que tu no lo harás o que yo no lo haré? el tiempo pasa y las personas cambian y dejan de amarse. No me gustaría apostar por la vida por un amor adolescente, ni aunque fuera sólo la tuya. Además, en estos tiempos pienso que pagar por el acta de matrimonio en el registro civil ya es bastante muestra de amor.
— Yo daría la vida por ti y por el momento mi vida es lo único que tengo para darte.
— ...esta es una conversación bastante incomoda de tener por teléfono Albus.
— ¿Por qué? Creo que es importante que sepas lo que siento por ti.
— Porque dices cosas que cualquier idiota dice para que te perdone, son frases hechas y es estúpido decirlas después de lo que hiciste ¿Sabes? Nunca hicimos promesas, ni siquiera hablamos de exclusividad, pero creí que estaba implícito en la palabra noviazgo y tu simplemente traicionaste mi confianza, no puedes esperar que esté de buen humor para hablar de juramentos inquebrantables de manera seria cuando para mi no es más que basura. Ni siquiera creo en ti lo suficiente como para apostar una de mis uñas a que no me volverás a engañar o a que realmente me amas.
— Así que pasamos días en con tu familia en Irlanda soportando la mirada incomoda de tu padre y regresamos a ser otra parejita feliz en la escuela y quieres mudarte conmigo pero tu realmente no crees que en mi lo suficiente como para apostar una sola uña a mi fidelidad o a mis sentimientos. Eras tú el que quería mudarse conmigo.
— Hablamos de mudarnos juntos antes de saber que me habías engañado. Ya no pienso lo mismo.
— ¿Entonces qué hacemos juntos? ¿Para qué regresaste a mi si ya no piensas lo mismo? ¿Quieres tenerme como novio hasta que encuentres a alguien que sí valga la pena para no sentirte solo mientras esperas?
— No lo sé. Tal vez. — Albus le escuchó llorar. — No sé qué sentir cuando te veo. Sólo sé que no es lo mismo, antes era como si en Londres hubiera sol cada día y ahora sólo me siento así de vez en cuando, pero por lo general estoy triste o siento rabia.
— Entonces hay que terminarlo, si no eres feliz de nada sirve alargar la relación, no tienes que pretender que me amas, sólo somos un "amor adolescente".
— Bien, entonces terminamos.
— Como quieras. Ahh y una última cosa...sólo para aclarar.
— Adelante.— Le retó.
— Antes de empezar a venderme yo no sabía bien lo que sentía por ti, seguía hasta el cuello de tristeza por mi amor no correspondido...y por ese trabajo tuve sexo, probé muchos, muchos penes, besé muchos labios y fue así como supe que tu eras diferente y lo mucho que significas para mi. Entendí que eres especial y que te mereces el mundo. Siento mucho que tengas asco y desconfianza de mi sólo porque yo cobraba por el servicio pero te recuerdo que la primera vez que lo hicimos apenas sabíamos nuestros nombres y tu te me ofreciste por nada y sé, porque me lo has dicho a la cara, que también pasaste por muchas camas, dices que no sabes lo que sientes pero tú más que nadie deberías entender la diferencia entre lo nuestro y una simple follada.
Albus colgó. Respiraba rápido y le punzaba la cabeza. Arrojó el teléfono contra la pared. El teléfono se partió, Albus no supo si en las piezas que se podía separar el teléfono de manera natural o si no tenía arreglo pero le daba igual. Volvió a acostarse mirando al techo con los ojos nublados por las lágrimas. Su pecho le dolía y prefirió dejarlo salir dándose la vuelta para llorar abrazando a su almohada.
Dakota lo veía preocupado.
De alguna manera Dakota relacionaba a Dennis con las lágrimas de Albus. En algún momento incluso deseó ser humana para poder abrazar a su amo, pero la maldición de sus pequeñas alas era que no podía dar un abrazo a alguien del tamaño de Albus, así que decidió acariciar su cabeza con sus plumas.
o-o-o-o-o
Horas después Albus decidió usar maquillaje para cubrir los estragos de la tristeza en su rostro, no podía usar magia para cubrirlo, los Malfoy eran muy desconfiados y si las defensas detectaban cualquier hechizo para cambiar la apariencia de la persona lo más probable es que saltaran las alarmas.
Se puso su brazalete, puede que no pudiera perdonar del todo a Scorpius pero tampoco quería ir en tono de mala sangre. Pensó en encogerlo para usarlo como originalmente había quedado al momento de separarlo, un simple anillo, sin embargo lo dejó como brazalete.
Sintió calor.
Se puso su túnica nueva y emprendió el camino dejando un hechizo en la ventana para que se abriera y cerrara cada que quisiera Dakota y ésta pudiera salir a cazar, le dejó un bote con agua y otro con galletas para lechuza en la barra de cocina por si le daba pereza salir.
o-o-o-o-o
Los invitados comenzaban a llegar y tomaban asiento después de haber saludado a los Malfoy. Las bodas mágicas tradicionales poco tenían que ver con las bodas muggles, el novio no esperaba por la novia en el altar, ambos se encargaban de recibir a la gente mientras se acercaba la hora.
No era en algún templo o gran salón, era en una cueva húmeda, oscura y fría, únicamente se alumbraba con antorchas y las únicas flores en el lugar estaban sobre la cabeza de la novia.
Los novios iban descalzos y únicamente vestían un camisón blanco casi transparente con nada debajo pero ninguno de los invitados se ponía de morboso a ver.
Scorpius sintió algo en las defensas, sonrió mientras se llevaba la mano al pecho al reconocer la calidez. Se aproximaba.
Lo buscó en la entrada y ahí estaba él, asomándose a la cueva. Se veía algo perdido y Scorpius sonrió caminando hacia él.
— Albus. — Le llamó y el moreno le miró, es como si en ese momento todo se hubiese detenido, incluso ellos.
Estaban a metros de distancia pero ninguno se movió.
Estáticos como si estuviesen congelados pero sintiendo el calor en sus muñecas.
Alguien, una señora muy arreglada se aproximó a Scorpius para felicitarlo por el matrimonio de su padre y entonces Albus decidió caminar hacia ellos.
— Hola. — Dijo estando frente a Scorpius cuando éste había despachado a la señora.
— Hola, me alegro de que estés aquí, eres el único de su familia que ha venido, tu tío Percy iba a venir pero hace una semana el ministerio lo nombró embajador y ha tenido que marcharse a Suiza, sin embargo tu tía y tus primas sí que están. Tu tío le escribió a Lily y le mandó un vestido hermoso y una capa para bebé bordada con el escudo de los Weasley.
— Eso es atrevido.
— Considerando las circunstancias lo es.
Hubo un pequeño silencio. A Albus le hubiese gustado decir que era incomodo, le hubiese dado una excelente razón para alejarse, pero no. Era como si el tiempo no hubiera pasado.
Había cosas evidentes, algo en ambos había cambiado, Albus ciertamente no era el mismo pero podía leer claramente a Scorpius y sabía que el rubio tampoco, sin embargo todavía se seguía sintiendo como hogar.
Scorpius había adelgazado, ocho o diez kilos al menos, él también los había bajado pero a base de ejercicio y por lo tanto su cuerpo mostraba más músculos que antes aunque su figura era esbelta, sin embargo Scorpius los había bajado de mala manera, como si hubiese enfermado. Su mirada también estaba triste y su sonrisa era débil pero era Scorpius. Y se veía terrriblemente guapo en su túnica roja y negra. Era elegante y sexy.
El rubio le dijo que casi era hora de la ceremonia y que era mejor estar cerca de los novios para cuando llegara el enviado del ministerio a realizar la ceremonia.
Albus vio como Scorpius acomodaba un mechón de su cabello tras la oreja, se había dejado crecer el cabello, antes lo tenía muy corto, o por lo menos en los lados. Ahora tenía un montón de cabello rubio rebelándose y un anillo en su dedo. Al por un momento temió que fuera una anillo de compromiso o algo así, pero no, recordó que Scorpius siempre llevaba un anillo en ese mismo dedo y era el de la familia, pero ese era diferente. Sin pedir permiso tomó la mano de Scorpius para verlo de cerca. Era un cráneo mordiendo una gema y éste era mordido por serpientes al mismo tiempo.
— Es lindo. — Dijo. Scorpius sonrió.
— Es el nuevo anillo familiar. — Albus frunció el ceño pero tenía una sonrisa en los labios.
— Se ve más peligroso.
— Es más peligroso, lo único contra lo que no es a prueba es al avada kedavra.
— Te adora.
— Lo sé.
— Pero tu no estás contento. — Dijo leyendo las emociones en los ojos de Scorpius.
— No.
— No quieres que se case. — Scorpius miraba hacia el suelo.
— No.
— Tienes miedo de que se olvide de tu madre.
Los ojos del rubio se humedecieron. Su mano y el brazalete estaban cálidos pero había mucha tristeza.
— Quiero que sea feliz...pero simplemente no puedo soportar...verlo con alguien más.
Albus sentía toda esa tristeza a través del brazalete y no pudo evitarlo, simplemente atrajo a Scorpius hacia él y le dio un abrazo.
Draco observaba todo esto a lo lejos y no dijo nada, no estaba precisamente feliz, pero el hecho de que su hijo se dejara tocar por alguien que no fuera su médico (Blaise) era algo bastante bueno.
Scorpius al principio se paralizó pero el aroma tan familiar, aquél que tanto había extrañado estaba ahí, cerró los ojos con fuerza para llenarse de coraje, levantar las manos y corresponder el abrazo.
Te quiero. Perdóname.
Eran las únicas palabras que querían salir de su boca pero no podía hablar.
Durante la ceremonia ambos se pararon uno junto al otro mientras se tomaban las manos.
Después de la ceremonia todos los invitados se trasladaron vía aparición al salón de invierno de la mansión, la fiesta comenzó, había música en vivo tocada por una orquesta de cámara. Canciones felices y tradicionales. Fuentes llenas de comida y jarras llenas de cerveza de mantequilla, en realidad parecía más una fiesta de pueblo que una fiesta Malfoy, la gente parecía divertirse realmente y había muchos chicos de Slytherin esa noche.
Al parecer los padres habían pedido permiso para sacar a sus hijos de la escuela ese fin de semana porque había desde los más jóvenes hasta los más mayores.
Albus platicó mucho con Andros y Ginos. Los hermanos Quebec ya no parecían enojados entre ellos, pero la cara de Andros tampoco mostraba alegría, era como si tuviera miedo de todo y de nada, él de verdad no quería que su hermana se dedicara a ser Auror, el moreno estaba seguro de que el gemelo estaba rogándole a Merlín porque su hermana cambiara de opinión en el proximo año y medio, después de todo estaban en sexto.
Scorpius se dedico a hacer buena cara a los invitados y platicó bastante con los Blackqueen, una familia muy poderosa y bueno, más que nada a hacerle platica a Rebeca Blackqueen que estaba en su ultimo año y que también platicaba mucho con su abuelo Lucius, al parecer toda la familia tenía buena cabeza para los negocios y ella realmente parecía admirar a los hombres como Lucius y Draco.
Después de un rato de comida, danza y bebida Scorpius salió a los jardines bucando a Albus. Lo encontró en la fuente de las tortugas.
— ¿Estás bien? — Le preguntó en cuanto lo vio. — Los elfos acaban de sacar una fuente de helado. — Albus le sonrió.
— Yep, sólo estoy algo cansado, he estado levantado desde temprano, mi novio se fue de madrugada y me gusta desayunar con él así que estoy despierto desde las 3:30 de la mañana.
Esa frase paralizó unos segundos a Scorpius.
— ¿Novio? — Preguntó casi con miedo pero Albus no lo notó. Estaba demasiado metido en sus propios problemas. Casi como siempre.
— Técnicamente ya no es mi novio. Terminamos ésta tarde...por teléfono. Lo cual me parece algo innecesariamente triste...y burdo.
— ¿Qué es un teléfono? — Preguntó más relajado al oír del rompimiento, caminó un poco más y después se sentó a su lado.
— ¿Recuerdas la cosa que había en nuestra habitación en el hotel en Londres? La que usaba para pedir servicio a la habitación...Y los aparatos que usan los muggles en los conciertos para grabar...son teléfonos. El punto es que soy soltero...lo cual es horrible porque soy la persona más necesitada de atención y validación del planeta, detesto la soledad, y lo odio sobre todo porque pensé que él era el indicado. No era un crush, no era un enamoramiento de temporada, él y yo luchamos por eso, construimos nuestra relación, constante y firme. Pero como siempre, soy un imbécil y lo cagué todo, como si estuviera programado para hacer eso con todas las relaciones a mi alrededor. Vine a la boda sinceramente porque no quería arruinar la relación más importante, que es la que tengo con mi hermana. Papá y mamá no tienen idea de lo que ha hecho al no presentarse.
— Ella les perdonará.
— Claro que les perdonará. Pero para cuando lo hagan será tarde, porque él día de hoy ya ha pasado, y según tengo entendido ya no hay más giratiempos, no después de lo que hicimos, para cuando mis padres hagan a un lado su resentimiento y su orgullo, sí, vendrán, pedirán disculpas y ella le dirá que todo está bien. ¿Pero la has visto? ¿Realmente la has visto? Ella les dirá que todo está bien mientras viste como una muñeca, mientras bebe el té en porcelana china del siglo IX con su meñique levantado, con el cabello recogido de manera elegante y una mirada fría. Entonces mis padres mirarán a su alrededor y verán las fotos de la boda, fotos donde ellos no estarán, donde el hombre que sonríe junto a ella es Lucius Malfoy, donde ríe junto a Narcissa Malfoy, donde el que baila con ella es Thomas Heffer, donde abre los regalos del tío Percy. En ese momento volverán a mirarla y se darán cuenta de que ella no es la misma, de que es sólo una extraña, y no importa cuantas cenas familiares tengan a partir de ese momento, nunca podrán recuperarla porque se perdieron el día más importante de su vida.
Scorpius miró hacia el frente.
— Eso es completamente horrible...y lo que lo hace horrible es que es completamente factible. Por otro lado me ha parecido genial la manera en que ya te has inventado un posible futuro, una novela entera en pocos segundos...te has vuelto creativo.
El moreno rió. Era obvio que Scorpius intentaba quitarle el hierro al asunto.
— Es por las clases de improvisación supongo. Dejando de lado eso...¿Cómo has estado tú? Antes de pelearnos papá me había dicho que habías enfermado. Por como te ves supongo que sí, estás muy delgado.
Scorpius rodó los ojos hacia arriba.
— No tienes idea de cuanta comida he tenido que meterme las últimas dos semanas para llenar esta túnica.
— ¿Tu túnica talla cero?
— Ohhh cierra la boca, entre papá y la abuela no he podido descansar las mandíbulas, es sólo que dormía mucho y fue como si dormir me consumiera por completo.
— ¿Estuviste en cama?
— Bastante, perdí el semestre en la facultad de derecho.
— Ohh lo siento. ¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que te dio? — Scorpius miró a Albus a la cara y lo miró como si estuviese preguntando la cosa más estúpida del mundo. Pero luego pensó...pensó que había una oportunidad de que no lo supiera, Torres era un cretino, podía ser así...entonces levantó su mano y la llevó al rostro de Albus.
— Al...necesito entrar a tu cabeza.
— ¿Por?
— Nada importante. Sólo quiero saber algo. — El moreno entrecerró un poco los ojos pero asintió.
— Sólo trata de ser gentil, sabes que mis defensas...
— Pueden lastimarme si te asustas, lo sé, cuando sientes que te pueden hacer daño se levantan y atacan. Lo sé.
— La ultima vez que alguien lo intentó...fue papá y comenzó a sangrar por la nariz, creo que mi magia afectó mucho su cuerpo yo...no quiero hacerte daño.
— Todo está bien.— Dijo sacando su varita de su bota izquierda. La levantó con su mano zurda y comenzó con la legeremancia. Albus cerró los ojos y lo dejó entrar. Scorpius nadó en un mar de recuerdos, la cabeza de Albus estaba organizada, el problema era que sus emociones eran muy intensas y difíciles de sobrellevar. Era como si las emociones se te clavaran en la piel, intoxicantes y quita aliento.
— ¿Estás bien? — Le preguntó Albus después de un rato. — ¿Qué es exactamente lo que estás buscando? — Scorpius se mordió el labio, estaban a nada de distancia, habían apoyado sus cabezas sobre la otra, literalmente frente a frente.
Después de unos minutos de no haber dado una respuesta Scorpius se separó y abrió los ojos. Albus le miró extrañado cuando el rubio se levantó y cerró las manos en puños.
— ¿Scorpius qué pasa?
— Nada...— Dijo rompiendo en llanto. — Es sólo que estoy muy enojado, buscaba algo en especifico y no lo encontré, pero me enoja más lo que sí encontré...
— No tengo nada de lo que avergonzarme.
— ¿Hablas en serio?
— Es mi cuerpo...y sí puedo usarlo para conseguir lo que quiero por qué habría de negarme ciertos lujos.
— Puedo ver porqué ese chico te dejó.
Albus no se lo podía creer.
— No lo traigas a la conversación. No sabes nada de nosotros.
— Sólo sé que si fuera yo te habría castrado.
— Ohhh ho ho...Vaya..hace tiempo que no escuchaba al verdadero tú salir por esa boca. Siempre tan perfecto.
— Callate mierda. Tu haces que me salga de mí.— Le golpeó en el hombro.
Albus se rió.
— Nadie es perfecto Scorpius, no tiene nada de malo reconocerlo. Estar viviendo entre muggles me hizo darme cuenta de todos los defectos que tengo, y que tienen los demás, los que buscarn la perfección acaban muy jodidos.
— Yo sé que no tengo que ser perfecto. — Dijo recordando a Elizabeth a los intensos meses de terapia.
— ¿En serio? — Albus respondió y después dio un largo respiro. — Donde estudio hay una chica que dice lo mismo, y que también dice que no le importa lo que la gente dice de ella, pero en realidad le importa, ella es hermosa, tiene la cara más bonita del mundo, es delgada y muy alta, no sólo eso, tiene talento, canta, baila, actua, toca la guitarra y el saxofón, y tiene mucho, mucho dinero por que ha trabajado desde niña y ella...ella no es feliz con eso, tiene amigos, tiene novio, tiene fans, el mundo la ama y ella siente que no merece ese amor, ella piensa que no es suficiente, siempre quiere más y más, quiere ser perfecta. Ella me recuerda a ti. Tan seguro en unas cosas y tan inseguro en otras, es desgarrador.
— Ella debería ir con un psicólogo o un psiquiatra.
— ¿Qué rayos son esos?
— medi-muggles, de la cabeza. Tu deberías saberlo, eres tú el que vive con muggles.
— ¿Te abren la cabeza? — Scorpius lo miró.
— No...no creo, pero tal vez haya medi-muggles que sí te abran la cabeza, no lo sé, son muy raros, tienen doctores para todo porque uno solo no se puede encargar de varias cosas. Están muy perdidos, quizá es un signo más de la grandeza de los magos.
— Ese fue un comentario muy supremacista de la sangre.
Ambos se rieron y permanecieron en silencio.
Extrañaban eso, extrañaban el silencio agradable que les proporcionaba estar con una persona que era una extensión de ellos mismos.
— ¿Volveremos a vernos? — Le preguntó Scorpius mirando hacia el cielo. Había estrellas y se preguntó sino sería parte de otro hechizo de su padre para tener la boda perfecta. — No pongas esa cara de "¿Qué?"— Dijo sin siquiera mirarlo, sabía perfectamente cómo lo estaba mirando, ellos eran prácticamente la misma persona.— Acabo de estar dentro de tu cabeza, sé que no quieres volver a verme después de esta noche.
— ¿Por qué me preguntas si ya sabes la respuesta?
— A diferencia de tu novio...realmente preferiría que me mintieras. Albus no tienes idea de cuanto lo siento...Sé que debes odiarme, la forma en que te traté yo...
Albus miró hacia el suelo con una sonrisa triste.
— No te odio Scorpius. Es sólo que...es muy tarde, por más que...tu sigues siendo la persona más importante para mi, en el mundo, creo que incluso eres más importante que lo que mi familia significó para mi alguna vez. Ese sentimiento no ha cambiado, créeme, sigues debajo de mi piel, por eso mismo no puedo, no puedo volver a ser tu amigo, las cosas no pueden ser igual que antes, por más que te disculpes...porque tu eres mi herida más profunda. El tiempo pasó, no puedes tragarte tus palabras y yo no puedo olvidarlas. Sí tan solo lo hubieras hecho...antes de lo que sucedió en ese estúpido vestidor con el estúpido de Torres todo sería diferente, ese fue el momento de no retorno Scorpius, fue ahí cuando me rompiste.
Scorpius había empezado a llorar en medio de su discurso. Albus se levantó de la fuente y le dio un beso en la frente.
— Siempre voy a quererte Scorpius. Siempre llevaré esto. — Dijo alzando la mano, mostrando su brazalete. — Espero que lo atesores de la misma manera porque estos son seis años de amistad, seis cumpleaños, seis navidades y seis veranos, pero no puedo volver. Quizá dentro de un tiempo, cuando ya no me duela podamos volver a ser amigos. Me despides de mi hermana. — El rubio asintió limpiándose las lágrimas sólo para ver cómo Albus se desvanecía en el aire.
Eran las 3 de la mañana y se apareció en medio de su habitación, estaba oscuro pero se dio cuenta de que había alguien en la cama por la luz que venia del alumbrado publico. Entrecerró los ojos y reconoció los rizos de Dennis.
No pudo evitarlo, quería tocarlo así que se acercó a la cama y acarició sus rizos. Dennis se despertó casi de inmediato. No podían verse del todo bien, pero no lo necesitaban, Dennis se acercó y abrazó a Albus.
— Lo siento...yo sé que rompimos, pero yo...quería llegar antes, quería regresar a casa y dejé a los chicos antes y llegué aquí porque mi piso no es mi casa, porque ahí no estás tú y aquí por lo menos está tu estupido pajaro y yo...me retracto, no quiero romper contigo, yo te amo Albus.
El moreno tenía las lágrimas en la garganta.
— Yo sé. Lo sé, tu también eres mi hogar Dennis.
Review:
Christine Malfoy, eres Christine C? porque ella de repente desapareció cuando tú apareciste.
Como fuera, gracias por leer y comentar. Perdón por tenerte esperando.
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Ok, sólo diciendo, de aquí en adelante se abre la segunda etapa del fic. Es algo así como temporada dos XD porque bueno, ya resolvimos algunas cosas importantes. A menos de que me quieran comentar sobre algo que se haya quedado inconcluso, además de la situación Dennis y la situación Potter family, porque de eso hablaremos en esta nueva etapa.
Cabe resaltar que a pesar de que el fic lleve el nombre de Albus seguiremos de cerca la vida de Scorpius, porque sus vidas están conectadas, siempre lo van a estar. Pero obviamente como ya se habrá visto por la proporción de narraciones de cada personaje, el moreno es nuestro protagonista. Además pienso que será interesante ver el desarrollo profesional de Albus y de sus amigos, especialmente de Victoria, que como se han dado cuenta no es una chica normal. Y otra cosa interesante va a ser ver la recuperación de Scorpius, él ya recogió algunos pedazos de sí mismo pero tiene que volver a armarse lo mejor que pueda. Además, su vida en la academia es algo de lo quiero escribir.
En cuanto a Lovely Lily, estoy atrasada con ese fic un poquito, como dos capitulos, pero es porque ha sido dificil encontrar la inspiración para escribir sobre la vida que lleva con los Malfoy, sin embargo creo que para e de noviembre voy a tener publicado el nuevo capítulo que sospecho será largo, porque voy en la introducción y el perro ya va en 5000 palabras.
