Los personajes no son mios. U. A..

¡UNA ADVERTENCIA!:

Esta historia no es para menores, no es una historia de amor. Quien quiera leerlo adelante, pero ya lo he advertido.


8ª. Nadie.

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Kodachi llegó a su casa, estaba cansada, todo el día había sido agobiante. Esos malditos chinos habían caído en la trampa de Ryoga, ya estaban muertos, no se lo había visto en semanas, pero la gente que fueron mandados a matarlos no habían vuelto, parecían que se mataron entre ellos.

Ryoga estaba preocupado, sólo había aparecido el cadáver de líder de los sicarios y su viuda se hizo rápidamente con él y lo incineró. El señor Hibiki no pudo averiguar nada.

Hacía semanas que su jefe la rehusaba sexualmente. No había tenido sexo en semanas y estaba desesperada, necesitaba relacionarse pronto, ya estaba harta de darse placer ella misma, ni su mano ni esos aparatos sexuales se podían comparar con un hombre. Lo pensó mejor con según qué hombre. Ryoga era bueno en la cana, uno de los mejores hombres que había pasado por su cama, pero no era el amante perfecto.

Estaba decidida a seguir con él hasta que se cansarse. Después tenía dos opciones desaparecer o matarlo. Sabía que ninguna de esas opciones le saldría bien. Ryoga tenía muchos contactos y ella no podría huir eternamente.

Pero si Ryoga se cansaba de ella… también estaría muerta.

Decidió salir en busca de un hombre, tendría que adoptar otra apariencia, Ryoga era celoso y no la dejaba estar con otros hombres, sólo se lo permitía para beneficio de ambos. Kodachi se acostaba con rivales y futuros socios de Ryoga para conseguir esos beneficiosos.

Pero si ella necesitaba una relación por placer, por necesidad… Kodachi se debía satisfacer ella sola.

Ryoga la tenía vigilada, las veinticuatro horas del día, más de un hombre había desaparecido por invitarla a un café, Hibiki le hacía saber cuando alguien moría sólo por saludarla. Era una advertencia hacía ella, un día ella desaparecería y le haría compañía a las dos mujeres de Ryoga. No era la primera amante de ese empresario y todas acabaron en paradero desconocido.

Kodachi era lo bastante inteligente para saber que debía tener mucho cuidado.

-Nadie me abandona, ¡Nadie!, todo el mundo a mi alrededor es mío. Mis trabajadores, el personal de mi casa. – le dijo una vez ese empresario- y tú… también. Todo el que trabaja para mí, es de mi propiedad hasta que muere. Nadie se jubila en mis empresas, sólo cuando mueren se jubilan. Tú también eres mía, como un jarrón de casa, y lo serás hasta que me canse de ti, y te dé vacaciones eternas.- y el hombre se rió como un loco.

Kodachi recordó ese momento, no sintió miedo, debía deshacerse de ese hombre, como hizo con los demás, pero debía actuar con más cautela, Ryoga era mucho más peligroso que todos los demás juntos.

Fue a su baño, se desnudó y se bañó, estuvo un rato en la bañera. Salió del agua se secó, se tocó la entrepierna, se depiló, debía estar muy seductora. Desnuda fue a su habitación, se sentó en el tocador, y se empezó a maquinar, se recogió el pelo. Cogió un sostén pequeño de color blanco muy transparente y un pequeño tanga. Se puso una peluca de color castaño, se puso lentillas que le cambiaron el color del pelo y se puso un traje largo con un sugerente corte en un costado.

Ya vestida, fue al armario, tocó en un punto y una puerta se abrió en la parte trasera del mueble. Kodachi entró, y cerró esa puerta. Allí había un ascensor, nadie sabía de él, no aparecía ni en los planos del edificio, quien hizo esa instalación había muerto, ella misma se encargó de mandarlo al otro mundo y que fuese recibido por los dioses.

Ese ascensor la bajó hasta un garaje que tampoco aparecía en los planos. Al abrirse la puerta se encendió las luces del local . Allí Kodachi tenía varios coches, se dirigió a uno de aspecto sencillo, no quería llamar mucho la atención, se montó en él, y salió a la calle.

Ryoga no sabía de los coches de ella, ni que salía disfrazada a buscar sexo de una noche, no iba dos veces al mismo local, ni salía con el mismo aspecto. Tarde o temprano Ryoga se enteraría de sus salidas y sus días habían acabado, pero esperaba que para entonces ya tuviese un plan para deshacerse de ese empresario y quedarse con su fortuna.

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Miky se despertó y vio a su lado dormir un hombre, no conocía el nombre de esa persona, sólo que lo conoció en un bar, se dejó invitar y acabaron en la cama.

La mujer lo miró con desprecio, había hecho una pésima elección, ese hombre no era tan bueno en la cama como aparentaba. Kodachi, la falsa Miky, sintió repugnancia, no debía tener un fallo como ese, no podía irse con el primer imbécil que la inventarse, entre otras cosas podía ser uno de los hombres de Ryoga, no sería la primera amante de su jefe que era pillada por uno de los secuaces de Hibiki.

Kodachi movió la cabeza, no, eso no pasaría. Ryoga nunca dejaría que nadie tocase a sus amantes, podrían tomar copas con ellas, pero nadie era tan tonto para encamarse con una de las chicas del amo.

El hombre se despertó, miró a la mujer con quien compartía cama y sonrió.

-No ha estado mal, ¿Verdad?

Fue un comentario desafortunado, ella enfurecida de una patada lo mandó fuera de la cama. Él desnudo y dolorido, a los ojos de la mujer era menos que un animal, era una cosa, eso una cosa, como todas las personas que se cruzaban en su camino

-¡No he pasado una noche peor!, ¡No eres un hombre!- gritó furiosa- la tiene más pequeña que un bebé de días. No me has hecho ni disfrutar- lo miró con asco.

-Pero bien que gemías.- se justificó el hombre dolido en su orgullo.

-¡Eres un imbécil! Hice teatro- se rió viendo como la miraba ese humillado hombre- si tienes hijos seguro que no son tuyos, ¡ capado!. ¿Por qué no habrá un hombre que me satisface? Son todos unos eunucos.

El hombre humillado se iba a vestir, pero Kodachi le tiró un zapato.

-¡Vete fuera!, ¡Me das asco!, vístete en el pasillo. ¡No quiero volver a ver tu patética persona!

Él salió y la mujer oyó el sonido de la puerta al cerrarse

Ella rió, otro hombre que había humillado, otro ser que había rebajado, pero su mal humor no quedó satisfecho. Seguía acostada, desnuda, tapándose sólo con una sábana.

-Iré a la cafetería de enfrente, trabaja una antigua compañera mía del instituto. Me reiré de ella, haré que la despidan.

No sería la primera persona que hacía que la despidiesen del trabajo, sólo lo hacía por pura diversión, y ver la cara que ponían esas personas. El ser humano era tan patético.

-Es tan divertido ver la cara ver la cara de desesperación de la gente cuando son despedida por mi- y esa mujer se rió con maldad, como una loca.- lástima que no esté en la cafetería Ryoga, él también disfrutaría de ese momento, es más, lograría cerrar esa cafetería y mandar todos al paro.

-¡Tú y Ryoga sois despreciables!- dijo la voz de un hombre, Kodachi tardó en reaccionar, cuando quiso hacerlo tenía el hombre encima suyo, y este tapándole la cara con la almohada. La mujer se empezó a asfixiar. No sabía como pudo entrar en la habitación.

-¡Suéltame! ¡Te arrepentirás! No sabes lo puedo hacerte!, ¡te mataré!

- Para eso deberás saber quien soy, mi nombre para ti es Nadie – ese hombre se atribuyó ese nombre- si, eso, llámame Nadie, como si yo fuese Ulises y tú Polifemo renacido en el cuerpo de una persona, aunque Polifemo no era un monstruo tan grande como tú.

Kodachi no conocía esa voz. Debía ser un pariente cercano de alguien que ella había asesinado, imposible, con cada faena cambiaba de aspecto.

-Ahora te preguntas si soy un hijo de alguien a quien tú robaste su fortuna, o alguien que quiere vengarse de tu amo- hizo una pausa- te equivocas, soy él que os destruirá tanto a ti como a esa víbora de Ryoga.

Kodachi no lograba deshacerse de ese hombre era fuerte, más que Ryoga. Bien entrenado, no lograba salir de su agarre, se estaba quedando sin aire, en unos minutos moriría.

-Morirás de la peor forma, como sólo tú te lo mereces, morirás como has asesinado a tantas personas, y después mataré a Ryoga, también morirá sufriendo, con vuestra muertes se hará justicia, y muchos podrán descansar en paz al saberse vengados. Todos los que habéis asesinado os esperan en el otro mundo.

Kodachi aún quedándose sin aire se puso blanca, ¿ como ese hombre sabía tanto de ella y de Ryoga?, ¿Cómo podía saber de sus asesinatos? No podía dejarlo escapar, debía matarlo. Si Ryoga se enteraba de ese peligroso hombre y que ella no lo había neutralizado estaría muerta.

La mujer luchó con más fuerza para soltarse de ese hombre, pero él ejerció más fuerza, no escaparía.

-No escapará gatita- el hombre puso un tono socarrón- este es tu fin.

Fue lo último que oyó la mujer, antes de desmayarse.

Él quitó la sábana que tapaba el cuerpo desnudo de la mujer.

-Tú si has sido un desengaño, has sido el peor sexo que he tenido, no me ha costado hacerme el impotente. Eres francamente vulgar, detrás de la fachada de señorita educada no eres nada, sólo una asesina que va recibir su escarmiento. Después de hacer el… ¿amor? contigo iré hacerme análisis puedes haberme contagiado cualquier enfermedad venérea.-ese hombre era con quien Kodachi tuvo sexo, no salió de la habitación, sólo abrió y cerró la puerta, para hacer pensar a esa mujer que salió.

Ese hombre la drogó y la metió en un saco, metió la ropa de ella en otro y llevó los dos sacos a su coche.

Metió a Kodachi en el maletero, y al lado puso el saco con la ropa.

Ese hombre condujo durante casi dos cientos kilómetros, y paró el coche en una casa de aspecto lúgubre. Sacó el saco con la mujer y la bajó a un húmedo sótano, a la llevó a una mazmorra y le quitó la peluca y las lentillas.

Miró a la mujer y sonrió.

-A pesar de lo bella que eres, eres una serpiente venenosa.

Y procedió a cortarle el pelo, se lo dejó corto y mal cortado, lo cortó así de forma deliberada, quería humillarla, como venganza por los muchos que ella humilló. La dejó en el sucio suelo, allí se ensuciaría de barro.

-La primera parte del plan está acabada, sólo me falta destruirte. Y tú jefe y amante no te salvará- el hombre se rió con maldad- a él no le preocupas, ahora te buscará para matarte. Pero yo no dejaré que te mate- el hombre acarició la cara de la mujer- si lo hace no podré destruirte yo.

El hombre dejó a esa mujer en la celda y subió a su habitación especial, llenas de fotos, documentos y un par de ordenadores. Cogió una foto de Ryoga.

-Mientras cocino lentamente a Kodachi y la pongo en su punto, es decir mientras la destruyo lentamente como persona. Me dedicaré a ti Ryogita. Nos lo vamos a pasar muy bien. Disfruta las pocas horas que te quedan de lucidez, por qué en unas horas volveré tu vida en un infierno como le hecho a Kodachi, me vengaré de los dos por todo lo que habéis hecho.

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Continuará…


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Notas del autor:

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La persona quien ha estado vigilando a los personajes ha dado su primer paso, a tenido una mala noche de sexo con Kodachi, eso lo piensan los dos, y la ha secuestrado.

Ese hombre busca venganza, contra Kodachi y Ryoga, a la primera ya la ha secuestrado y ahora ira a por Ryoga.

¿Lo que planea contra Kodachi? En próximos capítulos.

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Agradecimientos:

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A quien lee esta historia.