Los personajes no son míos. U. A..
¡UNA ADVERTENCIA!:
Esta historia no es para menores, no es una historia de amor. Quien quiera leerlo adelante, pero ya lo he advertido.
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10ª. Hacker.
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Mousse en el secreto y lujoso refugio donde vivía, estaba leyendo las noticias en Internet, algo había pasado con Ryoga, estaba perdiendo sus empresas una a una. Su amante, Kodachi, había desaparecido, y el asistente, ese extraño Gosunkugi, había tenido un accidente mortal de coche. Aunque ese empresario psicópata lo había intentado ocultar, en Internet todo se sabe.
Tanto en los periódicos o en la televisión se dijo que había sufrido una operación en una pierna, una operación sin importancia, pero que se vio obligado a estar un mes sin poder moverse.
Mousse sabía que era mentira, tenía los medios para saber que todas las informaciones sobre Ryoga estaban censuradas y eran falsas. Le habían llegado rumores que ese importante hombre de negocios japonés había sido secuestrado y torturado.
Que alguien secuestrase a Hibiki en su propia casa, dejando inconsciente a los miembros de seguridad y raptado a Ryoga, y según rumores, al comisario Kuno, y nadie supiera quien, era algo que no entendía.
Su grupo del pueblo de las amazonas tenían vigilada la Mansión de Ryoga, y tampoco se dieron cuenta del rapto.
Cologne había hablado y chillado a las mujeres que estaban de vigilancia en ese momento, ese grupo era de los mejores, pero incluso ellas no se dieron cuenta de nada.
La vieja matriarca estaba asustada y preocupada, y a la vez intrigada. Había al menos otra persona que perseguía a Hibiki. Lo estaba atacando y ella no sabía quien era, sólo sabía que para escapar de la vigilancia de ella, era muy bueno.
Entró Shampoo, y vio a Mousse mirando el ordenador, aunque simuló indiferencia, se preocupó, Mousse apenas descansaba, no comía, se estaba matando buscando una pista sobre alguien que parecía una sombra.
-Mousse, vete a descansar- puso un tono irritante, como si no le importase el chico- eres muy importante para la aldea, uno de los pilares que la sustenta.
El chico se enfadó, sólo importaba por sus aportaciones.
-Sólo te importó porque soy el que alimenta la tribu, él que os salva cuando pasáis hambre o sed.
Shampoo supo que se había equivocado, no le gustó tratar así al joven, pero era su deber, no debía dar esperanzas amorosas a ese joven. Aunque le rompiese el corazón al joven, aunque se lo rompiese ella misma, debía hacer lo que le dictaba el deber.
-Eres muy importante, para la tribu, eres nuestro orgullo. Eres importante para tu madre, le debo lealtad a ella, si tú enfermasñ, ella se preocuparía, y sería un deshonor para mí por no cuidarte.
-¡Pero para ti no soy importante!, sólo soy tú trabajo, ¡alguien a quien cuidar!. ¡En esta expedición no le importó a nadie!.
Shampoo tuvo que girarse, y contener las lágrimas, estaba destrozando a ese joven y a ella también, de esa relación saldrían los dos rotos.
-Debes descansar aunque sólo un poco, hazme caso o haré que mi abuela te haga dormir- ordenó la joven.
-No puedo, debo averiguar quien secuestro a Hibiki, no ha destrozado nuestros planes de venganza. No hemos descubierto como murieron los Saotome, ni Akane Tendo. Tengo la seguridad que estuvieron implicado tanto Hibiki como Kodachi. No sabemos donde está ella, ¿Por qué ha desaparecido? Creo que en la desaparición de Kodachi como en lo que le pasó a Hibiki está relacionado el mismo personaje.
- Ya lo averiguaré- Cologne entró en la oficina, miró a Mousse- ¡ Vete a descansar! , ¡ Es una orden! No me obligues a dormirte, por qué lo haré.
-Tengo que averiguar que le pasó a esa víbora de Ryoga, que le pasó de verdad.
-Eso no es asunto tuyo- en la pantalla del ordenador apareció un encapuchado, era una videoconferencia, esa persona pirateó el ordenador de Mousse- dejad eso en mis manos, u os meteréis en problemas conmigo. Dejad que yo acabé con Ryoga y Kodachi.
-¿ Quien eres?, ¡No te netas en asuntos de las amazonas!- gritó Shampoo- Uno de esos dos mató a mi primo Ranma y a su familia. Akane Tendo murió por culpa de uno de esos dos. perdí personas que quería por culpa de esos dos… son míos. Vuestra venganza no es mayor que la mía.
Mousse intentaba hacerse de nuevo con el control de ordenador, pero el enmascarado que tenía delante se había hecho con el total control del aparato.
-Te enfrentas a la ira de las amazonas.
-Sé que Ryoga no os mató, que liquidasteis a los mercenarios que os mandó. Que torturasteis al único superviviente, que se mató.
Cologne miraba a ese enmascarado con interés, no era malo, era muy bueno, para enterarse de todo. Había atacado a Ryoga, había hecho desaparecer a Kodachi. Se había introducido en los programas informáticos de Mousse, los más seguros del mundo. Tenía interés en conocer esa persona.
-Sé que Daisuke se mató después de ser torturado por vosotros- la voz de esa persona se endureció, ese misterioso hombre debía conocer a ese mercenario- pensabais matarlo, como también tenía planeado Ryoga. Como tenía planeado la enfermedad que lo iba a matar. Le hicisteis un favor a Daisuke, su enfermedad lo hubiese matado en uno meses de forma muy dolorosa.
-¿Quién eres?- preguntó Cologne- pareces conocer a ese mercenario y a esos asesinos… y a nosotros.
El enmascarado rió.
-Conozco a mucha gente. Pero muchas de las personas que conocí me fueron arrebatadas por esas dos personas que tanto vosotros como yo queremos liquidar. Hibiki, Kodachi, y su hermano el comisario Kuno son míos. No os metáis por medio.
-¿Kuno?- preguntó Mousse?- ¿Que tiene que ver con esto?
-Está pagado por Ryoga. Esconde las pruebas que lo pueden incrementar.- El desconocido rió- aquí hay más gente enmiedrada que la que pensáis. Ryoga tiene muchos contactos, le he quitado varios negocios, lo he llevado a la ruina, pero aún tiene dientes y puede morder.
Y el desconocido desapareció de la pantalla. Mousse se volvió a hacer con el control del ordenador.
-¿Lo habrás rastreado? – Shampoo miró con rabia a Mousse.
-No he podido hacer nada, es un pirata informático de primera, me gustaría que trabajará para mi.
-¡Deja de admirarlo! Sabe que estamos vivos, debemos saber quien es y matarlo, se lo puede decir a Hibiki.
-No lo hará- Cologne hablaba con admiración- es un experto en lucha. Me he dado cuenta sólo con verlo. Secuestró a Ryoga en su casa, donde hay más seguridad que vigilando a el emperador. Lo dejaremos estar y que nos haga el trabajo.
-Y después lo matamos.
Cologne miró a su nieta, ese hombre era bueno haciendo su trabajo había hecho algo a Ryoga , lo que nadie pudo hacer. Tuvo un pensamiento, pero no pudo decir nada, no llegaba a creerse ese pensamiento.
-¡Será cabrón!- exclamó Mousse- me ha robado y borrado los datos del ordenador, incluso las fotos del viaje a Europa.
Unas fotos de un viaje que fue con Shampoo, el único viaje que ella aceptó ir con él. La mujer en bikini estaba muy sexy, eran las únicas fotos que tenía de ella.
Shampoo lo miró, sabía lo importante que eran para él esas fotos. Ella tenía unas copias, ya se la haría llegar, pero nunca le diría que ella fue quien se las dio.
Cologne miró a esos dos jóvenes, se amaban. Aunque su nieta ocultaba su amor por el joven, se amaban. Shampoo debía dejar de lado el deber y aceptar que era la mujer destinada a ese joven. No podía intervenir y debía apoyar a su nieta, aunque de ese apoyo saldrían dos corazones rotos.
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El desconocido miró las fotos que robó a Mousse, aprendió mucho de ellas. Mousse estaba enamorado de esa mujer, y Shampoo dejaba de lado su amor por el chico por lo que ella consideraba deber.
Suspiró, si atacaba a uno el otro lo defendería, debía anular a ese grupo de amazonas sin hacerles daño. Tanto ellos como él buscaban el mismo fin, pero él trabajaba solo.
El hombre cerró la carpeta de las fotografías de Mousse y lo envió al ordenador de ese empresario chino, no quería esas fotos, ya había aprendido mucho de ellas, no las necesitaba para nada.
Apagó el ordenador, al día siguiente visitaría a Kodachi, como cada tres días. Le dejaría agua y comida. Lo bastante para un día, insuficiente para tres días.
La tendría un par de meses más y la dejaría ir. Pero a ella no le gustaría que la liberasen de la forma que lo haría ese hombre.
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Continuará...
Notas del autor
En muchos meses escribí un solo capítulo, y en pocos días he escrito tres.
Tengo ganas de acabar esta historia y continuar con las que tengo en suspenso hasta que acabe con esta.
Tener en suspenso no significa que las he abandonado, si no que por ahora quiero acabar esta historia y después me meteré de lleno en las otras, pasó a paso.
Pero si encuentro una idea para un one -short, me dedicaré a él.
No sé cuantos capítulos tendrá esta historia, puede que entre doce y quince.
He escrito los últimos tres capítulos seguidos, y me tomaré unos días de descanso.
A todos los que habéis leído está historia muchas gracias.
11ª. Prisionera
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Sucia y apestosa estaba Kodachi. Desnuda, ese animal que la tenía presa no le había dejado ropa, pasaba frío en ese húmedo y frío calabozo. Debía andar medio encorvada, el techo estaba muy bajo, y no le permitía andar de pie.
No tenía cama, dormía en el suelo, sin almohada, ni sábana. Esa mujer notaba que el frío y la humedad se le metían en los huesos, cuando saliese debería estar meses recuperándose de los males que le provocaría haber estado encerrada allí.
Se miró las manos, las tenía muy estropeadas, ya no eran suaves, las uñas rotas y en mal estado. El pelo se le caía. Aunque no tenía espejo sabía que su cara había perdido parte de su belleza, como la había perdido su cuerpo. Tenía las plantas de sus pies llenas de callos por ir descalza sobre este suelo, sucio, frío y húmedo. A parte el suelo al no ser firme, si no lleno de artistas le dañaban lis pies , y el cuerpo cuando se tumbada a dormir. O cuando caía al suelo.
La mayor parte del día estaba en la completa oscuridad, la única bombilla de ese sitio funcionaba cuando quería, ella sospecha que su secuestrador la mantenía a oscura para romperle los nervios, pero no conseguiría nada, ella no se rebajaría y cuando escapase mataría a su captor.
No sabía cuanto tiempo llevaba allí, esa mazmorra olía fatal, el primer día ya olía mal, pero ahorra olía peor, ya no soportaba esa peste. No pensaba que la mayor parte de esa olor ella era la causante. Su olor personal que ahora dejaba que desear, no se había duchado. ¿en semanas?, ¿meses?. Quien la mantenía presa no quitaba la comida que la mujer no se comía, esta comida se podría, el olor de sus necesidades física. Había vomitado muchas veces.
Últimamente pensaba que Ryoga la encontraría y la rescataría, pero enseguida rechazaba ese pensamiento, Ryoga no la buscaría, sólo lo haría para matarla. Si la encontraba sería mujer muerta.
Comía con las manos, no tenía utensilios para comer, y esa comida estaba asquerosa. Se dio cuenta que el techo cada, estaba más bajo. Pronto tendría que gatear, como si fuese un animal.
La mujer no lloraría, no se rebajaría, ni suplicaría. Nunca lo había hecho y nunca lo haría.
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Días después esa mujer ser comportaba casi como un animal, se abalanzaba sobre la comida y roía hasta los huesos. Se sentaba en el suelo sin ninguna vergüenza, aunque una vez saciado ⁶su apetito volvía a ser la mujer orgullosa y altiva de siempre
Su secuestrador la miraba satisfecho, no había destruido aún el espíritu de esa mujer, pero si su cuerpo, después de soltarla, sólo sería una mujer que nadie miraría sin sentido asco.
-Y pensar que alguna vez esa mujer me resultó atractiva.
Ese hombre miró a otra pantalla y miró el suplicio al que había sometido a Ryoga.
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Ryoga había despertado en la oscuridad, desnudo. Notó que estaba tumbado, se intentó levantar, pero se dio con el techo. Sus manos tocaron las paredes, estaban demasiado cerca. Se dio cuenta que estaba metido en un ataúd.
Intentó abrirlo, pero no pudo, su mente reaccionó en la dirección adecuada, no sólo estaba en un ataúd, también estaba enterrado.
Él que tenía miedo a ser enterrado vivo, ahora lo estaba. No sabía como alguien había adivinado su fobia, seguro que fue su psiquiatra, ¿o fue la psicóloga? para él fue una tortura asistir a esa doble terapia, su madre lo llevó su ver que su bondadosos hijo se volvía un rebelde.
¿El psiquiatra?, ¡noo!, murió de viejo, cuando el iba a sus terapias ya era un anciano,
¿El psicóloga?, ¡tampoco?, él le dio su merecido fin. La hizo desaparecer. Desde el día que la conoció la odio, era una mujer muy guapa, tuvo deseos sexuales con ellas, muy depravados. Ryoga sonrió, cumplió esos deseos cuando la secuestró, él disfrutó, ella puede que no dijera lo mismo. Ahora esa mujer servía de abono a sus rosas, al igual que el marido de esta abonaba a las margaritas.
No era tiempo de pensar en eso, debía pensar en salir de esa situación y vengarse, ¡SI!, ¡VENGARSE!. No era él quien debía estar en esa situación, ¡ÉL NO!, Se debían haber equivocado, lo habían enterrado por otra.
Respiró intentó calmarse, debía dejar de lado su fobia y pensar con racionalidad. Lo último que se acordaba era que se acostó a dormir, y de repente al abrir los ojos ya estaba metido allí. Era una venganza, seguro ¿ Quién podía haberlo metido? Tenía una lista con muchos de los posibles causantes, desde algún empleado de su casa a algún rival. Se dio cuenta que la mayoría de Japón lo odiaba, la máscara de buen hombre había caído y todos sabían que era cruel.
-¡Por fin te has despertado bello durmiente! Aunque eres el peor actor para ese papel.- Ryoga reconoció esa voz, pertenecía a su torturador personal. Ahora lo veía claro, sólo esa persona era capaz de secuestrarlo en su propia casa y meterlo en un ataúd h enterrarlo.
-¡Ya te has divertido lo bastante, ¡Suéltame!.- ordenó categóricamente el empresario, estaba acostumbrado a ser obedecido.
-¡No!- dijo de forma seca su interlocutor- te voy a tener en esa ataúd metido mucho tiempo. No te preocupes, tienes un tubo que va desde el ataúd hasta la superficie, por él tendrás aire y te meteré agua y comida. Debes racionalizarlos, sólo puedo venir cada tres días. Todo lo que te está pasando debes agradecértelo a ti mismo. Pudiste ser una buena persona, y no habían muerto tantas personas ni estaría aquí, pero fuiste cruel y tienes el castigo que mereces.
Ryoga estaba furioso, ese castigo era suyo, había enterrado a varios rivales vivos, salvo que no ponía un tubo, y miraba mientras sus rivales morían. Si ver a un rival morir enterrado vivo le pareció divertido, ahora que le hacían a él lo mismo no le pareció nada divertido.
Saldría de allí y mataría a su secuestrador, eso seguro.
Los días iban pasando y Ryoga seguía en ese ataúd, seguía furioso, cuando saliese daría a su secuestrador el castigo necesario.
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Pasaron varios días más, y al final un día la tapa del ataúd se abrió, y su secuestrador lo sacó sin contemplaciones.
-¡Sal basura!- gritó ese hombre, iba con un casco de motorista, y debajo llevaba un pasamontañas, ocultaba el rostro- ¡sal o te sacó a arrastras!- Ryoga miró a ese hombre enfurecido, lo atacaría a traición, cuando estuviese distraído y lo llevaría a su mansión y allí lo torturaría por meses.
- ¡Te mataré!- la furia del empresario era grande, el otro hombre, lo miró de arriba abajo y rió con ganas.
-No puedes, no te quedan fuerzas. Ya no eres la amenaza que eras.
-¡Tengo influencias!, ¡Te queda muy poco de vida- Ryoga no se achacaba, aunque débil aún se sabía fuerte.
-Ya no viejo. Eres un viejo inútil. Ya no sirves para nada. Te lo he quitado todo.
El presunto motorista miró al otro hombre, aunque le había dado una lección, ese hombre no estaba vencido, como tampoco lo estaba Kodachi, un pequeño fallo y estaría acabado.
-¡ Tu tiempo para huir ya ha comenzado, ¡ Huye o te mató aquí mismo!.
-¡No tienes los bastantes cojo…!- El enmascarado lo golpeó en el pecho.
-No soy una de tus presas, pero tampoco doy como tú. Te he dado mi palabra de que si llegas a la ciudad más próxima estarás libre, por hoy. Cumpliré con mi palabra, es más, si llega a un lugar como el hospital, una granja, o una parada de autobús no acabaré contigo- se acercó al otro hombre- al menos hoy.
Hibiki al ver que el otro hombre no mentía, huyó, como lo hicieron sus víctimas al verse obligados a jugar al macabro juego que ahora estaba jugando, pero hoy lo hacía como presa no como cazador. Cuando lograse librar de esa cacería y reunirse a sus hombres, quien lo había secuestrado y torturado durante tanto tiempo sufriría su venganza.
Esa noche Ryoga sufrió, escapando por muy poco de los disparos del depredador que lo seguía, no se dio cuenta que ese hombre sólo quería asustarlo, que aún no iba a matarlo.
Por primera vez en décadas lloró, le dolían las plantas de sus descalzos pies, tenía frío por ir sólo en calzoncillos, hasta que un disparo certero de quien lo perseguía lo rompió esa prenda, sin rozarlo al él, y corrió desnudo por el bosque.
Horas después lo encontró una patrulla de policías.
Aunque le dieron una manta y algo caliente que beber, ese hombre tan maleducado los gritó. Acabó en una celda, pensaban que era un demente
Pasó varios días en un psiquiátrico. Al salir del centro, las drogas que le suministraron y los demás pacientes lo volvieron aún más paranoico de lo que estaba, por su boca salieron impropios para todo el mundo, los culpaba de sus desgracias.
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Su secuestrador lo vio salir de ese centro, se rió, había hecho un buen trabajo, Ryoga ya no era quien fue. Pero aún no había acabado con ese hombre, no tenía bastante, quería más, ese cerdo se merecía más. Todo el castigo que podría infligir a Ryoga no era bastante para compensar el mal que ese ser infligió a tantas personas.
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Continuará...
Notas del autor:
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Ryoga ha sufrido un cruel castigo, el mismo que él usaba con otros, pero su perseguidor no era tan cruel como su él.
Creo haber visto en alguna película ese "castigo" que sufre Ryoga, de ahí saqué la idea.
En este capítulo, como él de Kodachi, he querido ser cruel con esos dos personajes.
No me gusta Ryoga, en el fondo es una mala persona, en el manga también, esconde sus fallos para echarle la culpa a los demás, quien siempre su víctima esa Ranma. Ranma, en el manga, tiene la culpa de todo lo que le pasa, desde ver qué su rival ha conquistado el corazón de Akane, a perderse en una selva a la ni él supo como llegó.
Kodachi vagaba por la calles, sucia y harapienta, sólo vestida con un ruido traje, que el viento y los daños, dejaban ver algún que otro trozo de su cuerpo, que en otro tiempo fue tan deseado, ahora era una escuálida y sucia mendiga.
Al principio pensó que era una pesadilla, pero pronto se dio cuenta que era peor que eso, era la cruel y sucia realidad. Pero aún pensaba que podía liberarse
